ID de la obra: 1267

Contacto Humano

Het
NC-17
En progreso
3
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planificada Maxi, escritos 209 páginas, 85.130 palabras, 15 capítulos
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13. La Incertidumbre

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Hola a todos: Lamento el retraso, la inspiración se me fue por completo para el fanfic desde la última actualización. Respecto al reencuentro, algunos estaban muy insistentes con dicho tema, pero no sé si les gustó o no, dado que no me dejaron sus opiniones. Espero se animen a hacerlo, eso me ayuda a saber si debo cambiar algo, o mejorar otra cosa. Agradezco mucho a los lectores que me escribieron sus comentarios, en verdad me alegran el día. Espero poder volver a las actualizaciones quincenales a partir del próximo año, pero no se extrañen si escribo capítulos cortos de pronto, ya que mi trabajo me deja muy poco tiempo libre. Recuerden, esto es sólo una historia de mi loca imaginación, no se tomen en serio lo que leen aquí. Sean bienvenidos los nuevos lectores, agradezco de antemano el tiempo que le dedican al fanfic y los reviews que gusten regalarme. *Sauce Blanco: De las hojas de éste árbol se extrae la salicilina, el componente principal de las aspirinas actuales para controlar la fiebre y los dolores corporales. Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. Los OC son de mi autoría personal, así como la historia, la cual solamente escribí por gusto y diversión.

***

Capítulo 13: La Incertidumbre Rodorio. Estelios y Calíope caminaban de regreso a donde tenían su espacio para vender. Tan pronto el alcalde Aristo terminó su discurso de bienvenida, toda la gente se distribuyó para disfrutar de la comida, la música y los espectáculos. Entonces el florista aprovechó para cobrar los honorarios correspondientes por la decoración de girasoles. —Vaya, pensé que pondría peros para pagarles— mencionó la costurera. —El hombre es un poco tacaño con algunas cosas, pero no en todo— sonrió Estelios. —Además, nos dio unas monedas extra por haber decorado el altar de la diosa Athena. — Ambos doblaron en la esquina y caminaron hacia sus locales. —Mira, ¿Qué estará sucediendo? — dijo Calíope, señalando a varias personas cerca del carromato de flores. —Vamos a ver— contestó el hombre, sintiendo de pronto una sensación nerviosa. Agasha no atendía el puesto de flores, y algunos comerciantes y turistas merodeaban la entrada del callejón. Cuando Estelios se acercó un poco más, pudo ver a un trío de soldados rasos del Santuario. Estaban levantando a un hombre desmayado, en cuya mano derecha tenía una cimitarra. —Es un pirata— alguien murmuró. —Ayer su barco atracó en el puerto de Rodorio. — —Esos malhechores también se pasean por el pueblo en estas fechas, lo mejor es tener cuidado— mencionó una mujer. —Avísenle al alcalde, para que pueda solicitar más vigilancia— comentó un anciano. —¿Qué sucede? — preguntó Estelios al hombre mayor. —Al parecer, hay piratas rondando. Unos niños que paseaban por aquí, vieron a ese sujeto tirado en el callejón y llamaron a los soldados. — El florista dio un vistazo rápido alrededor, buscando a su hija, pero no la encontró. Se acercó al carromato y empezó a revisar las flores, luego vio el banquillo tirado. —¿Dónde está Agasha?, no la veo por aquí— mencionó Calíope. —No lo sé, todo en la carreta está intacto, no falta nada— el hombre estrechó la mirada hacia el marinero, quien ya estaba despertando. —¡Tengo que hablar con él! — alzó la voz, llamando la atención de los vigías. —¡Ese sujeto no es un habitante del pueblo y no debería estar aquí! — miró a uno de los soldados. —Por favor, interróguelo, mi hija Agasha no está en su lugar y se me hace muy sospechoso. — El guardia asintió, sujetando al gigantón por la solapa y zarandeándolo un poco. —¡Oye, vas a responder unas cuantas preguntas! — El marinero continuaba aturdido por el golpe recibido en la nuca y la saliva se le escurría de la boca, así que solamente pudo asentir con un movimiento torpe. —¿Dónde está la joven que atendía el puesto de flores? — Estelios preguntó sin rodeos, intuyendo lo peor. —Se… la llevó… el herrero— balbuceó lento, su mirada estaba desenfocada. —Un… hombre… vestido de negro… cabello azul… él me golpeó. — Lo que decía el pirata no tenía lógica y Estelios no comprendía a quién se refería exactamente. Pero escuchar la mención de un herrero lo dejó pensativo. —¡Quién más está contigo! — exigió otro soldado, amenazándolo con su propia cimitarra. —¡Malditos filibusteros, se equivocaron de pueblo!, ¡Si algo le sucedió a esa joven, lo van a pagar muy caro! — La gente de alrededor comenzó a murmurar irritada. El pueblo de Rodorio era muy pacífico, pero también eran muy poco tolerantes con los ladrones y gente de poca monta. No en vano el alcalde Aristo hacía tratos constantes con el Patriarca Shion para solicitar vigilancia y protección para todos. Sobrevivir a una guerra santa los había hecho muy recelosos, y si uno de los habitantes acusaba que su hija no aparecía, inmediatamente se tomarían cartas en el asunto. —¡No por favor! — alzó la voz el torvo sujeto, sudando frío ante el filo de la hoja. —¡Estoy solo, el herrero me pagó para ayudarlo!, ¡Pero luego, apareció ese extraño sujeto! — Estelios y Calíope se miraron entre sí, pues no entendían lo que estaba pasando. Pero esto debía ser reportado de inmediato. —Voy con Aristo— dijo el florista. —Te encargo el puesto de flores, por favor. — —Escucha, no sé si Agasha te dijo algo al respecto, pero el otro día, Zarek estaba molestándola— explicó rápidamente la costurera. —Tómalo en cuenta, y no te preocupes, yo me encargo del local. — Estelios asintió, tomando nota mental de lo mencionado por la mujer. Emprendió el camino hacia la oficina del alcalde en compañía de uno de los soldados, mientras los otros se llevaban al marinero a las celdas del edificio ministerial. La gente comenzó a dispersarse, ellos pasarían la noticia de que un barco pirata estaba en el puerto, para alertar a la población en general.

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Santuario, edificio Patriarcal. Shion y los demás aparecieron justo en medio de la estancia principal. De inmediato, se dirigieron hacia el área de enfermería, pues Albafica estaba sudando bastante y su sufrimiento era notorio en las expresiones faciales y en los temblores de su cuerpo. —Vamos, el dispensario no está lejos— dijo el Patriarca, andando con paso rápido. —Pefko, dime qué vas a necesitar, para poder darles indicaciones a las enfermeras. — El curandero caminaba a su lado con gesto nervioso, mientras sujetaba la muñeca del Santo de Piscis para tomarle el pulso. —Es necesario disminuir su temperatura corporal, así que debemos llevarlo a las termas— explicó, al mismo tiempo que sacaba otro frasco pequeño de su morral, el cual estaba lleno de unas hojas blanquecinas. —También necesitaré mi mochila con todo lo que traje, y agua caliente para hacer una infusión de sauce blanco, ya que debe estar sintiendo bastante dolor y fiebre. — —Está bien, me encargaré de que todo te sea proporcionado de inmediato— confirmó el lemuriano. Agasha iba un poco más atrás de ellos. Tenía el corazón latiéndole demasiado rápido, pues estaba asustada por lo que sucedía con Albafica. Ella sabía que algunos contravenenos tenían efectos secundarios en quien los consumía. Pero no estaba segura de la situación del Santo, aunque le bastaba ver la expresión de dolor en su rostro para preocuparse todavía más. —Él… estará bien, ¿Cierto? — preguntó nerviosa. Pefko la miró con gesto serio, pero al mismo tiempo, amable. —Haré todo lo posible por ayudarlo, la madre de las flores me otorgó esta misión. — La florista se quedó atónita al escucharlo. De inmediato comprendió que se refería a la diosa Deméter, y no pudo evitar que varias preguntas se generaran en su cabeza. Apenas si había asimilado la noticia de la resurrección de Albafica unos días atrás, y ahora que por fin lo veía de nuevo, toda la avalancha de emociones y dudas estaba sobrepasándola. Al parecer, ella no era la única que formaba parte del extraño plan de la deidad. Todos llegaron a la enfermería. Las mujeres que estaban ahí, pronto se aproximaron al ver que el Patriarca llegaba con alguien en brazos. —¡Necesito ayuda, éste hombre está en una situación delicada! — comenzó a dar instrucciones. —¡Llamen a la encargada principal! — … Momentos después, Albafica fue llevado a una zona apartada. Pefko y otras enfermeras se quedaron con él. La joven florista no pudo pasar a dicha área, a pesar de que pidió estar presente. Sin embargo, Shion se encargó de llevarla a otro lado para hablar con ella. —No te preocupes Agasha, él estará bien. El niño que viste, es un curandero muy hábil. — —¿Qué está sucediendo Patriarca? — ella lo miró directo a los ojos, ya no podía con la incertidumbre. —Todo esto ha sido demasiado precipitado. El otro día, la diosa de la agricultura apareció ante mí. Me dijo que el señor Albafica volvería de la muerte y… — Se quedó en silencio de pronto, temblando levemente. El lemuriano la miró con gesto comprensivo, ya intuía que la florista también estaba al tanto del plan de las diosas. Y también comprendía su confusión y ansiedad, dado que no tenía todos los detalles. —Ven conmigo, tomemos un poco de aire— la guio hacia el patio del lugar. La sombra de un frondoso árbol refrescaba esa zona, así que tomaron asiento en una banca de piedra que había ahí. —Para empezar, te voy a pedir que te calmes, que tomes un respiro, y me digas lo que sabes al respecto, para luego poder explicarte mi versión— ella asintió y el Patriarca prosiguió. —Si Deméter ya te visitó, me imagino que ahora comprendes la situación. — Agasha inhaló y exhaló profundamente, intentando tranquilizarse. —La diosa… ella me visitó sólo una vez hace seis años, el mismo día en que murió el señor Albafica. Me encargó cuidar la rosa que él me regaló, dijo que un día volvería, cuando llegara la fecha correcta para un ritual— hizo una pausa lenta y se llevó las manos a las sienes para sobarlas un poco. —No volví a verla, hasta el viernes pasado, cuando me visitó en mi casa, quería ver el regalo de Piscis. Se mostró encantada con el rosal y luego… me dijo que Albafica hizo un pacto con ella… para volver y saldar su deuda… y yo debo ayudarle, es decir, él y yo… — Ella dejó de hablar nuevamente. No estaba segura de cómo expresar lo que faltaba. Además de que un leve sonrojo se presentó en su rostro. —Entiendo, no es necesario que digas más— habló Shion, mirándola condescendiente. —Ahora, permite que te explique lo que desean las diosas. — El Patriarca lo hizo, detallando todos los sucesos con calma. Le platicó de la visita en sueños de Athena y su misión de apoyo para con Albafica. De la encomienda que recibió Pefko, el chiquillo de la isla de los curanderos, para encontrar la cura de la sangre venenosa. Y finalmente, el pacto que hizo el doceavo Santo con la madre de las flores para poder salvar a Rodorio, recuperar el arte de las rosas demoníacas, y por supuesto, iniciar un nuevo linaje de Piscis. La florista miraba sorprendida al guardián de Aries. Las divinidades habían planeado todo desde hace seis años, y ella era parte de esto, junto con Albafica. —Agasha, comprendo que dicha situación sea muy abrupta para ti— continuó hablando. —Pero, si no me equivoco, las diosas no te eligieron sólo porque recibiste una rosa de Albafica— hizo una pausa, para recalcar sus palabras. —Tú y él, tuvieron una “relación” hace seis años, y eso no pasó desapercibido para Deméter, ni para mí. — Ella se ruborizó una vez más, llevándose las manos a la cara para ocultarlo. —Yo… no puedo asegurar semejante escenario— dijo nerviosa. —Hace seis años, lo que sucedió fue amistad y respeto mutuo. El señor Albafica era un hombre amable y de corazón noble. Yo sólo tenía quince años, mi admiración por él… eso fue… algo platónico. — Shion sonrió. Quizás ella tenía razón en expresar aquel tipo de dudas. Pero lo que él pudo ver como mero espectador y cómplice, no era sólo amistad entre ellos. En especial con Albafica, ya que Piscis dejaba entrever demasiado con su lenguaje corporal y sus limitadas palabras. Aries siempre supo leer entre líneas, y aunque su compañero de armas nunca confirmó nada, era evidente el aprecio que tenía por la joven florista. El detalle ahora radicaba en que ella pudiese reconocer sus sentimientos como algo real, y no platónico. —No deberías cerrarte a esa idea— comentó el lemuriano. —Y quizás yo no debería decirte esto, porque es un secreto que Albafica no quería que supieras, pero… — ella se descubrió el rostro para mirarlo. —Él también empezó a desarrollar sentimientos por ti hace seis años. — Agasha abrió los ojos en grande y el aire casi se le atoró en los pulmones. —Pero… el señor Albafica nunca… — —No podía— la interrumpió con suavidad. —Albafica no tenía el valor en ese momento para aceptar lo que estaba sintiendo, porque jamás había tenido la oportunidad de que alguien como tú, se le acercara. Como sabes, el linaje del pez dorado siempre ha cargado con la maldición de la sangre envenenada, debido a las rosas demoníacas. La soledad de Piscis pesaba demasiado en él, y su duro pasado lo complicaba todavía más— exhaló despacio. —Asimismo, la amenaza de la guerra santa fue otro gran obstáculo. Todos los Santos dorados sabíamos que posiblemente moriríamos en batalla. ¿Ahora lo comprendes?, el haber confesado cualquier sentimiento, por mínimo que fuese, hubiera sido contraproducente para ambos. — Los ojos verdes de la joven parpadearon rápidamente y una sutil sonrisa se dibujó en sus labios. Aquella confesión era sorprendente, pues jamás imaginó que sus vagos presentimientos, respecto al comportamiento de Piscis, hubieran sido reales. —Sí… creo que puedo entenderlo— soltó una corta exhalación. —Pero esto es tan precipitado, aún no termino de asimilarlo. Incluso llegué a pensar que la visita de Deméter había sido un sueño, tal y como dijo mi padre— de pronto, hizo una mueca de preocupación. —¡Mi padre!, ¡Él no sabe que estoy aquí, ni lo de Zarek! — En ese momento, Shion recordó al sujeto que encontraron desmayado en el callejón. Entonces, prestó más atención al rostro de ella. No lo había notado, pero tenía la marca de un golpe en su mejilla derecha. —¿Qué fue lo que sucedió en esa callejuela? — acercó despacio su mano y le tocó la zona lastimada. —Ese sujeto que estaba tirado en el suelo, ¿Te agredió? — su expresión se endureció de repente. Agasha le platicó todos los eventos. El hostigamiento previo del herrero y cómo ella lo golpeó. Luego sus represalias y malas intenciones cuando el marinero se la llevó al callejón. Y finalmente, el rescate por parte de Albafica. El guardián de Aries tenía un gesto serio. Aquel sujeto debía pagar ante la ley por la agresión hacia la joven. Aunque seguramente Piscis ya le había dado un buen escarmiento. Se puso de pie. —No te preocupes, me encargaré de que encuentren a Zarek y le apliquen la ley— empezó a caminar. —Quédate aquí, voy a hablar con el alcalde, y de paso, le avisaré a tu padre que estás aquí— entonces desapareció con la ayuda de su teletransportación. Ella respiró aliviada al escucharlo, no deseaba que su padre se preocupara, y menos por el idiota forjador. Volteó hacia la entrada de la enfermería y no pudo evitar sentirse inquieta. Deseaba ver a Albafica, ayudarlo de ser posible. Pero también comprendía que lo mejor era esperar.

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Rodorio, oficina del alcalde. Estelios ya hablaba con Aristo, informándole sobre la desaparición de Agasha. El soldado raso igualmente dio su reporte respecto al marinero detenido. —Y también quiero que investiguen al herrero Zarek, me comentaron que lo vieron molestando a mi hija— finalizó el florista. El magistrado asentía a sus palabras mientras tomaba nota. No esperaba que una situación de éste tipo se presentara en pleno inicio de los festejos de Rodorio, pero no lo podía tomar a la ligera. Si reportaban el avistamiento de piratas, él debía hacer algo al respecto, antes de que trajeran problemas. —De acuerdo Estelios, asignaré a alguien para que investigue, y mandaré un aviso al Patriarca, solicitando que un grupo de soldados vaya al puerto. — —No hay problema señor Aristo, ya estoy enterado de todo— se oyó la voz de Shion. El lemuriano iba entrando a la oficina, haciendo una inclinación con la frente a modo de saludo para los presentes. —¡Su excelencia, bienvenido! — saludó marcialmente el soldado raso. —Regresa al Santuario y habla con Teneo de Tauro, que manden un grupo de reconocimiento al puerto. Si hay un barco de piratas, encárguense de ahuyentarlos, tienen mi autorización para usar la fuerza si es necesario— ordenó Shion con seriedad. El soldado asintió y se fue de inmediato. —Gracias por venir de nuevo Patriarca— habló Aristo. —Justo ahora estaba revisando la situación de la joven desaparecida. — —No se preocupe alcalde, ella está bien— volteó hacia el florista. —Señor Estelios, Agasha está en el Santuario, cuidando de la persona que la salvó— inmediatamente vio al hombre relajar su gesto de preocupación. —Según palabras de su hija, el herrero Zarek fue el que planeó secuestrarla con la ayuda de un marinero, debido a que ella rechazó su cortejo y él no se lo tomó a bien. — —Ese muchacho imbécil— gruñó Estelios. —Cuando lo vea, voy a romperle la cara por acosar a mi hija. — Si bien el florista había visto con buenos ojos al forjador por ser un buen partido, eso no quería decir que toleraría su enfermiza insistencia. Si Agasha no lo aceptaba, entonces debía resignarse y no molestarla más. Ahora tenía un motivo de peso para meterlo a prisión o pedir que lo exiliaran del pueblo para siempre. —Yo me encargo Estelios, tú ve con tu hija— intervino el magistrado, terminando de anotar sus registros. —Me alegra saber que está bien, gracias Patriarca Shion— hizo un gesto de gratitud. El lemuriano asintió y se despidió. —Señor Estelios, venga conmigo por favor. — … Momentos después, ambos hombres caminaban por una de las calles más despejadas. —Agasha se encuentra cuidando de alguien— hizo una pausa, no estaba seguro de cómo decirle que se trataba del doceavo Santo. —¿Quién ayudó a mi hija?, quien quiera que sea, tiene toda mi gratitud. — —Bien, esto sonará un poco extraño señor Estelios— le dirigió una media sonrisa. —Pero se trata del antiguo Santo dorado de Piscis, Albafica. — El padre de Agasha se detuvo en seco y observó al guardián de Aries con un gesto de incredulidad. —Patriarca, ¿Está usted bromeando? — entonces recordó la anécdota que su hija le platicó el otro día, acerca de la visita de la diosa de la agricultura y la resurrección del caballero. —Eso no es posible, él murió en la guerra santa. — Shion se rascó la cabeza, pues no estaba seguro de cómo explicarle la situación. Sabía que éste hombre también era una de las personas que reconocerían a Albafica después de ser revivido. —Las diosas Athena y Deméter tienen una razón para hacer esto, así que es real. El Santo de Piscis ha vuelto a la vida, yo fui testigo de ello— hizo una pausa, mirando con serenidad al florista. —Él salvó a su hija, pero en éste momento, se encuentra un poco delicado de salud, porque ha comenzado a tomar un antídoto para curar su sangre envenenada. — El hombre mayor lo observó desconcertado, no podía creer lo que escuchaba. Pero decidió que le daría el beneficio de la duda, así que tomó un poco de aire y luego exhaló resignado. —Bien, supongo que debo creerle, ya que mi hija también dijo lo mismo— sonrió un poco. —Al menos me quedo tranquilo al saber que está a salvo en el Santuario. Por favor dígale que la espero en casa, o si va a quedarse allá, que me avise. — —Así lo haré— confirmó Aries, para luego despedirse y desaparecer. El florista se alzó de hombros, realmente todo esto resultaba un poco alocado. Pero si lo pensaba más a detalle, quizás se trataba del destino entrelazado que a veces compartían algunas personas.

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Santuario, zona de enfermería. La florista caminaba de un lado a otro desde hace rato. Ya estaba aburrida de esperar, así que recorría el patio una y otra vez. Entonces escuchó pasos, y al voltear, vio al curandero saliendo del edificio. De inmediato se acercó para interrogarlo. —¿Cómo está el señor Albafica? — —Ya logramos estabilizar su temperatura, pero no volverá a la vigilia por un rato— sonrió Pefko. —No se preocupe señorita, él es muy fuerte y sé que pronto podrá superar los efectos del antídoto. — —Por favor, llámame Agasha— le regresó la sonrisa. —¿Qué edad tienes y cómo conoces al caballero de Piscis? — El muchachito se sonrojó de pronto, no estaba acostumbrado a que una mujer tan bonita le hablara de esa manera. —¡Perdón, que grosero soy! — extendió su mano para saludar. —Mi nombre es Pefko, tengo 14 años y soy un sanador de la isla de los curanderos— ella aceptó el ademán sin dejar de sonreír. —El señor Albafica me salvó la vida hace seis años, cuando unos Espectros de Hades me perseguían. — La joven se sorprendió. Escuchar que el chiquillo fue ayudado por Piscis, era muy semejante a un acontecimiento que ella vivió en el pasado, y en el cual, Albafica también intervino. —Vaya, eso es increíble— señaló la banca de piedra, indicándole que tomaran asiento. —Podrías por favor, platicarme acerca de la cura para su sangre venenosa, estoy muy intrigada al respecto. — —¡Claro que sí! — contestó emocionado el adolescente, pues estaba encantado de conversar con la futura esposa de Albafica, así que inició su relato tan pronto se sentaron. —Todo empezó cuando me enfermé inesperadamente y mi maestro Luco… — Agasha escuchó con atención. Pefko no tuvo problema alguno en sincerarse respecto a lo ocurrido con Luco y Albafica en la isla de los curanderos hace seis años. Asimismo, la joven comprendió que la diosa Deméter estaba muy comprometida en ayudar a Piscis, dándole la flor calavera verde al niño para elaborar el antídoto. Ahora todo se aclaraba un poco más. Los giros de la vida estaban resultando ser fascinantes por todas las personas implicadas en el plan de las deidades. Y ella podía notar que, en el interior de su corazón, una sensación cálida latía cada vez con más fuerza. El saber que existía una posibilidad de que Albafica se librase de su maldición, era algo que la hacía sentirse feliz. Porque en el pasado, la joven logró comprender un poco la tristeza del doceavo guardián, debido a su obligada soledad. Esa vida tan dolorosa que opacaba su mirada azul. Aquellos ojos tan melancólicos que Agasha nunca pudo olvidar. Pero ahora, quizás ese tonto deseo de querer verlo sonreír, podría volverse una realidad. —Por eso estoy aquí, ahora que ha comenzado a tomar el contraveneno, debo vigilar el tratamiento y su evolución— concluyó Pefko. La mujer le sonrió una vez más, ese muchachito era muy maduro para su edad. —Gracias por platicarme todo esto, ahora me queda claro que el señor Albafica ha recibido una oportunidad magnífica gracias a las diosas. — —Así es señorita Agasha— asintió el chico, tomándole confianza rápidamente. —¿Y usted cómo conoció al señor Albafica? — —Pues yo… — desvió la mirada. —La primera vez que lo vi, fue cuando él paseaba por el pueblo de Rodorio junto con otros Santos dorados, lo observé a la distancia— se sonrojó sutilmente. —Después mi padre y yo, fuimos reclutados para proveer de arreglos florales al Santuario y al Patriarca Sage, así que de vez en cuando, podía verlo a la distancia. Supongo que es una manera de decirlo— soltó una pequeña risita, recordando que, era el doceavo guardián quien la miraba a ella y no al revés. —Eso suena genial— se mostró emocionado el curandero. —¿Y cuándo van a casarse? — La florista se quedó en blanco ante esas palabras. —¿Qué… dijiste? — Pefko se tapó la boca con ambas manos en gesto de vergüenza, creyendo que se había equivocado. —¡Ay no, ¿Era una sorpresa?! — se levantó y empezó a dar de vueltas de un lado a otro de forma graciosa. —¡Ay, perdón, perdón!, ¡No debí haber mencionado eso, quizás el señor Albafica iba a decírtelo apenas!, ¡Que tonto soy! — sujetó algunos mechones de su cabello cenizo y comenzó a tirar de ellos. —¡Tonto, tonto! — Agasha lo miraba entre sorprendida y divertida, el adolescente en verdad se veía muy apenado. —Oye Pefko, tranquilízate, no has dicho nada malo, es sólo que… — hizo una pausa, intentando no verse tan nerviosa por dicha noticia. —Eso ya me lo había dicho la diosa de las flores, más o menos. Pero aún no lo digiero por completo— de nuevo el rubor tiñó sus mejillas con más fuerza. —¡Ay, por favor no le digas nada al Patriarca Shion o al señor Albafica! — corrió hacia ella y se arrodilló para aferrarse a su vestido. —¡Yo no quería arruinar la sorpresa! — —¿De qué sorpresa hablas Pefko? — interrogó alguien. Shion ya caminaba hacia ellos, mirándolos con un gesto curioso. —¡Perdón, no fue mi intención! — dijo el sanador, ocultándose detrás de Agasha. —No pasa nada— mencionó ella con media sonrisa. —El pequeño Pefko cree que acaba de arruinar una sorpresa. La sorpresa de que, voy a “casarme” con Albafica— alzó una ceja en gesto interrogante para el lemuriano. Aries rodó los ojos y quiso reírse. Pero era consciente de que Agasha no estaba del todo enterada de los planes de la diosa Deméter para su ritual de fertilidad. “Casarse” con Albafica no implicaba exactamente una ceremonia religiosa como la que ellos conocían. En términos de rituales divinos, eso era un mero trámite de palabra. Lo que realmente importaba, era la unión física y sentimental que debían llevar a cabo, para que la deidad pudiera bendecir al futuro linaje de Piscis. Pero bueno, éste no era el momento adecuado para hablar de ello. —Comprendo— mantuvo su expresión serena. —No te alarmes Pefko, no has arruinado ninguna sorpresa— el sanador se asomó discretamente. —Albafica sabe que debe “casarse”, y también está un poco nervioso, así que ambos pueden fingir que todavía no saben nada— le guiñó un ojo a la mujer. —Esa ceremonia se llevará a cabo, pero no de inmediato. Primero hay que atender otros asuntos, que sólo atañen a la pareja. Por lo tanto, no menciones nada del futuro matrimonio. — Pefko asintió, ya más tranquilo y haciendo un ademán de taparse la boca con un dedo. Agasha comprendió el mensaje implícito del lemuriano. El tema de unirse con el caballero de Piscis era algo que debían platicar ellos dos a solas, y únicamente había desviado la atención del adolescente hacia otra cosa. Ahora le quedaba en claro que ni ella ni Albafica, estaban listos para el plan de las diosas. Pero de una u otra forma, debía llevarse a cabo. Definitivamente, necesitaba hablar de nuevo con Deméter, para aclarar un par de dudas. —¿Pudo avisarle a mi padre que estoy aquí? — —Sí, el señor Estelios ya está informado de lo acontecido, sólo quiere que le avises si te vas a quedar o regresas a tu casa— confirmó Shion. —¿Le dijo acerca del señor Albafica? — —Así es, tú padre ya sabe que él ha regresado, y aunque tiene sus dudas, se quedó más tranquilo— la vio suspirar aliviada. —Y también me encargué de hablar con el alcalde para que arresten a Zarek e investiguen lo del barco pirata. Ya no tienes que preocuparte. Y si no me equivoco, Albafica debió dejarle muy en claro que no debe acercarse a ti de nuevo. — La florista asintió. Aquella experiencia fue desagradable, pero ahora estaba segura que ya no debía temerle a nada. —Muchas gracias— entonces volteó hacia Pefko. —¿Crees que pronto podamos ver al señor Albafica? — El chiquillo observó el reloj solar del obelisco. —Tal vez en una hora más, el té medicinal que le di después de controlar su fiebre lo dejó dormido. — —Entonces vayamos a comer algo en lo que esperamos. Agasha, ¿Nos acompañas? — ofreció el Patriarca. Ella aceptó gustosa y los tres se encaminaron rumbo al edificio Patriarcal.

***

Continuará… Espero me dejen saber su opinión, y en el próximo capítulo, veremos el tema pendiente de la promesa que le hizo Albafica a Agasha cuando le dio la rosa. Mis mejores deseos para todos, sé que no ha sido fácil con esta situación de la pandemia, pero no queda más remedio que continuar. Que tengan excelente inicio de año. 29/diciembre/2020
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