Contacto Humano

Het
NC-17
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3
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planificada Maxi, escritos 319 páginas, 130.425 palabras, 22 capítulos
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18. El Cortejo III

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Hola a todos: Les dejo el decimoctavo capítulo, lo terminé antes de tiempo, supongo que la inspiración a veces no es tan evasiva. Continuamos con la convivencia entre Agasha y Albafica, también veremos a Pefko y Teneo comiendo dulces y un poco más de la diosa de la agricultura. Sean bienvenidos los nuevos lectores(as), de antemano les agradezco su tiempo de lectura, y por favor, háganme saber su opinión con un review. *Minueto, Gavota y Contradanza: Son los bailes de moda que existían en la Europa del siglo XVIII. Eran muy populares entre la clase alta, pero también en zonas menos urbanas existían variantes de los mismos. Se caracterizaban por ser ejecutados en pareja con pasos elegantes y agraciados. Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. Los OC son de mi autoría personal, así como la historia, la cual solamente escribí por gusto y diversión.

***

Capítulo 18: El Cortejo III Rodorio. El agradable aroma del dulce ya comenzaba a empalagar a Pefko. Teneo y él, habían estado un buen rato visitando los puestos de dulces y otras conservas, degustando todas las muestras de frutas locales y exóticas. El chiquillo en verdad estaba encantado, ya que no siempre podía disfrutar de dichos productos, debido a su elevado precio cuando los llevaban a la isla de los curanderos. —Suficiente, ya no puedo comer nada más— exhaló el Santo de Tauro después de terminarse el último pedazo de una fruta cristalizada. Teneo también había disfrutado bastante comer dulces. Algo que siempre hacía cuando podía, dado que, en su niñez, él y los otros huérfanos no pudieron hacerlo. Así que no tuvo problema alguno en aceptar la encomienda del Patriarca. —El día de mañana, vas a llevarte a Pefko contigo. Cuando lleguen a Rodorio, lo convencerás para que vayan al área de dulces, necesito que ambos estén apartados de Agasha y Albafica. Ellos deben tener libertad para iniciar su cortejo— había mencionado Shion. Tauro no tardó en razonar de qué se trataba el asunto. Era muy probable que el amigo del Patriarca, Albafica, ya conociera a Agasha desde antes. Y ahora que por fin volvió al Santuario, se establecería una relación entre ambos. Cosa que alegró al guardián zodiacal, dado que la florista enviudó muy joven. —Yo tampoco, ya me empalagué— mencionó Pefko con una sonrisa. —Espero no me duela el estómago al rato. — —Entonces vayamos a caminar un poco para hacer algo de digestión— propuso Teneo, levantándose del banquillo. —Veamos qué venden los artesanos, necesito comprar algunas cosas. — El adolescente asintió y ambos emprendieron el camino entre la gente.

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Monumento de Athena. Agasha y Albafica se mantuvieron en silencio por un par de segundos, perdiéndose en la mirada del otro. Ella aún mantenía sus manos en el rostro masculino, y por un instante se quedó así, observando su expresión sorprendida y al mismo tiempo emocionada. El Santo de Piscis tenía un brillo especial en las pupilas. Casi podría jurar que ese breve acercamiento había provocado un cambio en su persona. Pero después de la locura inicial, la comprensión le llegó de golpe: Había besado a Albafica sin su consentimiento. La vergüenza la hizo retroceder de inmediato y desviar la mirada. No comprendía por qué hizo eso y temía haberse equivocado. —Yo… lo siento… no debí hacerlo— murmuró nerviosa. —Gracias— pronunció en voz baja el Santo, haciendo que ella volteara a mirarlo con sorpresa. —Gracias por haberlo hecho. — De pronto, Agasha sintió que los brazos masculinos la envolvían, y antes de poder entender qué sucedía, ya se encontraba apretada contra el pecho de Albafica. El caballero de Piscis la estaba abrazando con una devoción tan intensa, que ella podría asegurar que ni siquiera se daba cuenta. En ese momento, pudo escuchar su corazón, el cual latía muy rápido, prueba inequívoca de que se encontraba sumamente agitado por el beso. Sin lugar a dudas, esa breve caricia había desencadenado una intensa emoción en Albafica, y aunque no tenía experiencia en relaciones con otras personas, sospechaba que quizás sus instintos lo guiarían. —¡Esto es muy intenso! — pensó la florista. Se quedó quieta, permitiendo que la envolviera, que experimentara lo que era abrazar a otro ser humano, otorgándole la oportunidad de aprender y disfrutar. Quizás era un poco intenso su apretón, pero de ninguna manera la dañaba. Por el contrario, su cercanía comenzaba a ponerla un poquito inquieta. Es decir, Piscis era alto, tenía el físico de un guerrero, y su elegante porte dejaba sin aliento a cualquiera. Todo en conjunto la abrumaba. —Agasha… no sé cómo expresar mi sentir— volvió a murmurar el Santo, hablándole muy cerca del oído, provocándole un sutil escalofrío. —Por favor, guíame… quiero saber, deseo aprender. — El corazón femenino tuvo otro vuelco ligeramente doloroso. Albafica se expresaba con una sinceridad que casi le dolía a ella. Sin lugar a dudas, la florista estaba muy lejos de imaginar lo difícil que fue su solitaria vida, y lo increíblemente duro que debió ser para él mirar la interacción de otras personas y no poder experimentarlo en carne propia. Su petición no podía tomarse a la ligera y ella debía pensar con mucho cuidado su siguiente paso. El guerrero de Athena requería de ayuda para superar su pasado. Precisaba de una guía para aprender a relacionarse, y más que nada, necesitaba mucho contacto humano. Así que, finalmente, asintió contra su pecho, llevando al mismo tiempo sus brazos alrededor del torso masculino para corresponder el abrazo. —Lo haré, te ayudaré— habló con voz suave. Albafica sonrió al escucharla, su bella florista era todo lo que necesitaba para adaptarse a su nueva vida. Poco a poco aflojó los brazos, siendo consciente hasta ese momento, de que la había abrazado con demasiada efusividad. El color tiñó su rostro cuando sus manos recorrieron automáticamente la cintura de ella antes de retirarlas. Todo era tan nuevo para él, que se sentía avergonzado por el más mínimo comportamiento inconsciente que hacía. Pero ya era tarde para arrepentirse, y el hecho de que Agasha mantuviese la cercanía con su propio abrazo, le decía que no estaba disgustada en lo más mínimo. La joven alzó el rostro tan pronto se sintió libre, encontrándose con la mueca apenada del Santo. —P-Perdón, yo… — —Albafica— lo interrumpió con una sonrisa. —Abrazar a otra persona no tiene nada de malo, en especial si es alguien cercano y te ha dado la confianza para hacerlo. — —P-Pero tú no… — quiso disculparse otra vez. —Acabo de robarte un besito— el rubor se expresó en sus mejillas, mientras se apartaba despacio. —Creo que el abrazo ha sido muy equitativo. — El hombre sólo atinó a sonreír de nuevo, percibiendo que las emociones se agitaban erráticamente dentro de él. La florista se expresaba con mucha serenidad a pesar de sus mejillas sonrojadas. En definitiva, debía confiar en ella. —Yo… es decir… no me importaría repetirlo— las palabras se le escaparon sin querer, y cuando se dio cuenta, su rostro ardió incluso más. La joven abrió los ojos en grande, sorprendiéndose por su sinceridad, la cual no tenía nada de malo. Albafica estaba ansioso por aprender y ella sabía perfectamente que los nervios pueden ser traicioneros con los pensamientos y las palabras. No había razón para juzgarle. Le sonrió con suavidad y asintió despacio. —Claro que sí, lo repetiremos— subió sus manos hacia el cuello de la camisa y empezó a acomodarlo. —Pero no es recomendable que sea aquí, por la cantidad de mirones y chismosos. — El Santo de Piscis echó un vistazo a su alrededor. Era cierto, la cantidad de gente había aumentado muy rápido y no era buena idea estar en medio de la plaza, besuqueándose en el monumento de Athena. Una sonrisa nerviosa se dibujó en su rostro. —Perdón, no fue mi intención ponerte en una situación tan comprometedora— se disculpó. Agasha terminó de acomodar los olanes de la tela. —No te preocupes, a estas alturas de la situación, alguien ya debió haberle dicho a mi padre que me vieron con un hombre muy apuesto, paseando por las calles de Rodorio— soltó una risita. —Y créeme, no me importa en absoluto lo que digan, es más, esto resulta benéfico para mí. Después de todo, muchos de los habitantes creían que yo… — De repente, se quedó en silencio, bajando la mirada y no queriendo decir nada más. —¿Qué sucede? — preguntó él. —¿Hay algo que deba saber? — Ella lo dudó por un momento. Pero quizás era conveniente ir aclarando algunas cosas, dado que, si iban a formar una pareja, los secretos no debían guardarse. —Si no me equivoco, Shion ya te platicó algo de mi pasado— respondió, sin alzar el rostro. —Él debió haberlo hecho antes de reencontrarnos. — Albafica recordó de inmediato la anécdota. El Patriarca le platicó que la florista estuvo casada y que ahora era viuda. Eso no era complicado de entender para él. Pero, por la reacción que mostraba, seguro había algo más en aquella historia personal. —Así es, Shion me dijo una que otra cosa— colocó su mano bajo el mentón de ella para hacer que lo mirara. —Dime qué ocurre, ¿Por qué te pusiste así? — La joven dirigió sus ojos hacia los de él. Su llamativo color azul reflejaba muchas intenciones, pero la que más resaltaba en ese instante, era la preocupación por ella. Tal vez se debía a un reflejo inconsciente, pero le agradó mucho el poder distinguirlo, y eso le otorgó la confianza para hablar. —Años atrás, hubo personas que me juzgaron por no poder darle hijos a mi difunto marido, incluso él mismo me reclamó— su expresión se volvió triste. —Y cuando enviudé, las burlas pasaron a ser comentarios sobre mi nefasta situación. Ellos decían que me quedaría sola por el resto de mi vida, que ningún hombre se fijaría en una mujer incapaz de procrear. — Albafica sintió una fuerte contracción en el estómago. Comprendía bien a qué se refería la joven. Los tiempos eran difíciles, y sin un compañero, lo eran aún más para una mujer sola. Y si a eso se le agregaban los rumores de que no podía concebir, simplemente el destino de esa persona quedaba marcado de forma permanente. El portador del pez dorado entendía en buena parte el sentir de Agasha. Él mismo conocía lo que era el rechazo de los demás y la soledad que eso traía. Si bien, la situación era diferente entre un hombre y una mujer, el guerrero de Athena no estaba dispuesto a permitir que la tristeza se apoderara de ella. Sin pensarlo dos veces, sus brazos nuevamente se ciñeron alrededor de la florista, quien respingó ante sus acciones. La atrajo hacia él, en un gesto evidentemente protector. —Tú nunca te quedarás sola— susurró Albafica. —Yo no lo permitiré, y si alguien se atreve a decirte algo o a burlarse de ti, se las verá conmigo. — La joven sintió que el corazón se le detenía. Escucharlo hablar de esa manera le provocaba una sensación agradable, pues un Santo dorado siempre expresaría su deber como protector. Pero en éste caso, su voto no era para la diosa de la sabiduría, sino para ella, una sencilla pueblerina, a la que abrazaba con indudable calidez. Sonrió contra su pecho y no pudo evitar que los ojos se le humedecieran. —Agradezco tu promesa— contestó finalmente. —Pero por favor, no golpees a nadie. — Piscis soltó una pequeña risita sin dejar de abrazarla. Por Agasha haría cualquier cosa, lo que le pidiera. Pero si alguien osaba decir algo que ofendiera a su futura esposa, él no se contendría para ponerlo en su lugar. —Como tú desees— dijo, mientras la soltaba despacio. La florista tomó un poco de aire, se frotó los párpados y luego sonrió con dulzura. —¿Sabes bailar? — El Santo abrió los ojos en grande y no supo qué responder, pues no sabía bailar. Aunque en varias ocasiones pudo ver cómo lo hacían las parejas en otros lugares. Es decir, en sus misiones, no solamente cumplía con su deber, sino que también se tomaba pequeños recesos para observar el mundo, a los demás, sus costumbres, sus acciones cotidianas, etc. Así que, tenía conocimiento de muchas cosas, pero no práctica. Negó con el rostro sin poder evitar otro sonrojo. —No importa, yo te enseño — la joven mantuvo su expresión amable. —Ven, iremos al otro lado de la plaza— su mano aferró la del hombre. Albafica tragó saliva, no estaba seguro de poder complacerla. Le encantaba verla sonreír, pero se sentía nervioso con éste tipo de cosas y temía equivocarse. Pero, incluso así, la siguió, proponiéndose intentarlo. Ahora se arrepentía de no haberle prestado atención al modosito de Dégel cuando, años atrás, le propuso enseñarle a bailar para que se distrajera de su soledad. Ambos llegaron al otro lado de la plaza, la cual estaba un poco despejada. No muy lejos, se hallaba el escenario principal, donde un grupo de músicos ejecutaba canciones tradicionales con un ritmo tranquilo. Había muchas parejas siguiendo la melodía, ensimismados en su propio mundo. Piscis se sintió aliviado al ver cómo se movían, dándose cuenta que en realidad no estaban realizando un baile complejo como el minueto, la gavota o la contradanza. Simplemente se dejaban llevar por la oscilación natural de una pareja abrazada. Entonces sintió que Agasha se detuvo y cuando volteó a mirarla, pudo notar su lindo sonrojo. —Primero, coloca tus brazos aquí— pidió ella. —Y por favor, no te pongas nervioso, que no estás haciendo nada malo— le aclaró una vez que lo hizo abrazarla por la cintura. El hombre sintió que la saliva se le atoraba en la garganta al notar la proximidad de la joven y su silueta delineándose bajo su tacto. Ella permanecía bastante cerca, demasiado para él, provocándole otro tipo de nervios. Pero se obligó a sí mismo a no reaccionar tontamente, aceptando que lo rodeara por el cuello, reafirmando esa cercanía que, de un momento a otro, se le hizo fascinante. —Vamos a comenzar— volvió a explicar en un tono cordial. —No te preocupes, esto no es una danza elegante, sino más bien, algo sencillo e informal. Primero, da un paso a tu derecha. — La florista se deslizó con lentitud, dándole tiempo al caballero de imitarla. Albafica, dudando un poco, dio ese paso lateral, y claramente notó que sus manos se aferraban más a ella, casi como otro reflejo involuntario. Se quedaron quietos. —Muy bien, ahora regresamos con otro paso a la izquierda— de nuevo la joven se movió. Él volvió a repetir la acción, sin dejar de mirarla. Esto era un poco raro para el guerrero zodiacal, pero poco a poco, se dio cuenta que no era tan difícil, y que las otras parejas, estaban haciendo lo mismo, oscilar calmadamente. —De nuevo, derecha y luego izquierda— se aferró un poco más a su cuello. —Es todo lo que haremos, permite que el movimiento nos haga girar. — Albafica confirmó, a la vez que hacía una pequeña sonrisa. De un lado a otro con calma, consiguiendo que sus pasos los fueran llevando en una rotación parsimoniosa, tranquila y cercana. Toda una experiencia para recordar, ya que era la primera vez que bailaba con una mujer. La primera vez que sujetaba una cintura femenina. La primera vez que no se sentía solo entre tanta gente. A decir verdad, todo lo que hiciera con la florista a partir de ahora, sería su primera vez. Aquel pensamiento lo tenía muy en claro, y a pesar de que le generaba ansiedad, sabía que era algo que en verdad deseaba. Vivir todas esas nuevas experiencias con Agasha. Por su parte, la joven no cabía en sí misma de la felicidad que le calentaba el corazón. Estar aquí y ahora, bailando con un hombre como Albafica, rodeados de personas, y viendo que él se relajaba poco a poco, era un sueño hecho realidad. Efectivamente, los nervios le cosquilleaban en el estómago, su respiración se pausaba por breves momentos, y el color de su rostro se había quedado en el rojizo. Pero todo eso podía soportarlo, y más, tan sólo por la satisfacción de verlo feliz. Sus ojos azules tenían ese lindo brillo desde hace rato, el cual indicaba que Piscis estaba contento. Ya no había rastro alguno de la triste melancolía que alguna vez opacó su mirada. Tal vez estaba inquieto por lo precipitado de la situación, pero era normal, y eso iría esfumándose lentamente. Debía reconocerlo, él Santo dorado había hecho notorios progresos en muy pocas horas, sorprendiéndola bastante. Incluso ella misma estaba desconcertada con su propio comportamiento. En otras circunstancias, no se hubiese tomado tantas confianzas con un hombre. Pero Albafica no era cualquier hombre, y todo lo que hacía en éste momento, era con el objetivo de que se adaptase a la nueva vida que le otorgaron. Casi podría asegurar que esto también era un regalo para ella. Sonrió encantada con ese pensamiento, manteniendo la vista en el rostro masculino. Él ya no desviaba la mirada, a pesar del intermitente sonrojo que lo asaltaba. Eso era una buena señal, el doceavo Santo se sentía en confianza, lo que le facilitaría asimilar los siguientes pasos de su relación. Así que ambos continuaron bailando lánguidamente, dejando que un par de canciones pasaran. No había prisa, la tarde apenas llegaba y Agasha se sentía a gusto posando el rostro en su pecho. No era necesario hablar, sólo disfrutar. Pasaron los minutos y la música finalizó, los artistas se tomarían un descanso. La pareja se detuvo. —Creo que ya no podremos seguir bailando— dijo él, mirándola detenidamente. —Bueno, quizás más al rato continúen tocando. Por ahora, podemos seguir recorriendo los puestos de artesanías— se apartó despacio sin dejar de sonreír. Ambos estuvieron de acuerdo, encaminándose rumbo a otra calle. Esto había sido entretenido y Piscis estaba agradecido con la florista por su paciencia. Así que hizo una nota mental: Pedirle ayuda a Shion para aprender a bailar, y más adelante, darle una sorpresa a Agasha. —¡Señor Albafica, Agasha! — una voz conocida los llamó. Pefko y Teneo se aproximaban por una de las otras calles. Ambos cargaban algunas cosas y una canasta de bollos. —Hola muchachos, ¿Cómo les ha ido? — preguntó ella. —Muy bien, ha sido bastante divertido, ¿No es así, Pefko? — habló Teneo, mientras el curandero confirmaba con una mueca alegre y mordisqueaba uno de los panes. —Tienen que probar esto, los trajeron de la isla de los curanderos, son panecillos de miel y están deliciosos— ofreció. La pareja aceptó los bollos y empezaron a comerlos. Eran suaves y muy aromáticos, lo que de inmediato agradó al Santo de Piscis. —Son muy dulces, creo que deberíamos comprar unos también— miró a la florista, quien asintió. —Señor Albafica, espere un momento— Pefko buscó algo en su morral. —Tenga, ya es hora de la comida, así que debe tomar la dosis que sigue— le ofreció un pequeño frasco con la porción correspondiente del antídoto. —Es verdad, gracias Pefko— tomó el contenedor y lo guardó en su bolsillo. Ahora que lo pensaba, era buena idea comer algo más para acompañar la dosis y de esa manera continuar con el tratamiento. Afortunadamente, en todo el tiempo que llevaban ahí, no había tenido molestias evidentes. Sólo el ardor en sus venas persistía, pero no era algo que le incomodara demasiado. —El local de bollos está en esa dirección— señaló Teneo. —Les recomiendo que vayan de una vez, porque se están acabando. Nosotros vamos a ver a los gitanos. — —¡Sí, quiero que me lean las cartas! — el joven sanador parecía bastante emocionado. —Nos vemos después— se despidió de la pareja. Albafica sonrió, definitivamente le debía más que un par de cervezas a Shion. Miró a la florista y no pudo evitar suspirar al verla terminar de comer su panecillo. Ella era linda en todos sus gestos, incluso comiendo. —¿Vamos? — le preguntó. —Claro, voy a comprar unos cuantos para mi padre también— se acercó y le rodeó un brazo. De nuevo el sonrojo se hizo patente en el rostro del Santo, pero poco le importó. Así que se dirigieron al lugar indicado para comprar los bollos de miel. … Un par de horas después. Albafica y Agasha no sintieron el paso del tiempo, centrándose en curiosear por cada local, en disfrutar de otras demostraciones artísticas, y en olvidarse de todo lo demás. Consiguieron lo que querían antes de que se acabara, y Piscis aprovechó para tomar el antídoto junto con unas piezas de pan y un poco de jugo de frutas, que también andaban ofreciendo gratis. Más tarde, los dos recorrían las calles menos ajetreadas, llegando a una plazuela, donde había una gran fuente de agua que el doceavo caballero reconoció de inmediato. —Éste lugar… — murmuró. —Es la fuente comunal más grande que tiene Rodorio, todos venimos aquí por agua— explicó la florista. —Es de las pocas cosas que se salvaron luego del ataque del Espectro. — Caminaron hasta la construcción de piedra. El hombre se le quedó mirando y no tardó más de un segundo en ubicar la pared, detrás de la cual, se escondió para mirar por primera vez a la florista tiempo atrás. —Hace seis años, desde aquí te observé con tus flores, les cantabas mientras las regabas— le sonrió abiertamente. La mujer hizo una mueca de asombro. —¿Me oíste cantar? — se avergonzó otra vez, llevándose las manos al rostro. —¿Cuándo fue eso?, ¿Por qué no me di cuenta?, ¡Ay no, seguramente fue horrible escucharme! — —Agasha— la llamó con un tono cariñoso. —Tu voz es una de las cosas más bellas que he escuchado en toda mi vida— se acercó, bajando el rostro para quedar a su altura. —Y desde que les hablaste con ternura a tus flores, supe que tú eras muy especial. — La joven retiró sus manos para encontrarse frente a frente con el guapo hombre. La respiración se le detuvo por completo y sintió que se desmayaría de nuevo. Él estaba tan cerca, que de inmediato se sintió inquieta y ansiosa por volver a besar sus labios. ¿Sería muy pronto para hacerlo de nuevo? Albafica dijo que deseaba intentarlo otra vez, entonces… No lo pensó demasiado. Sus manos se movieron solas, tomando las mejillas del Santo, y antes de que se arrepintiera por su nuevo desliz, volvió a besarlo. Pero en esta ocasión, Albafica no se quedó inmóvil por la sorpresiva acción. Un segundo después, él imitó su gesto, correspondiendo abiertamente al beso. Ambos cerraron los ojos, mientras sus labios se encontraban en un roce superficial que poco a poco se intensificó. —Sígueme… — susurró Agasha. —Sólo imita lo que yo hago… — Y así lo hizo el portador del pez dorado. El corazón le brincó descontrolado, advirtiendo que su nerviosismo inicial se transformaba en otra cosa que aún desconocía. Pero no quiso razonarlo demasiado, sólo se dejó guiar por el instinto, adaptándose rápido a la manera en que ella acariciaba sus labios, encandilado por los efectos. Comprendió que jamás podría volver a privarse de tan sublime contacto. La suave fricción de sus bocas se mantuvo por unos instantes más, reconociéndose mutuamente. Esto permitió que los nervios sensitivos transportaran los estímulos eléctricos a sus mentes. Provocando una agradable y etérea sensación que les recorrió todo el cuerpo. Hasta que finalmente, aquella breve unión, finalizó con un lento distanciamiento. Albafica tenía la respiración alterada y el corazón le dolía de la emoción. Agasha estaba encantada con lo que acababa de ocurrir. El Santo de Piscis respondía cada vez mejor al acercamiento físico, y era evidente que, en ambos, los sentimientos latían cada vez más fuerte, reafirmando su relación. Una risita tierna delató el nerviosismo de ella, así que desvió el rostro una vez más. —Perdón, lo volví a hacer— se disculpó, aunque su voz no tenía nada de arrepentimiento. —No me molesta— su mano se acercó a la mejilla femenina para hacer que lo mirara. —Tú puedes robarme los besos que quieras, no sabes lo feliz que eso me hace. — Ella se perdió momentáneamente en aquellos iris azules. La mirada de Albafica destilaba ternura y en verdad se podía apreciar algo diferente en él. —No sé qué decir— suspiró. —Esto ha sido muy precipitado y emocionante. — —Estoy de acuerdo contigo, ¿Te parece bien que continuemos paseando? — Piscis le ofreció su brazo. —Creo que un poco de distracción hará que disminuya tu rubor. — La florista mantuvo su expresión divertida, se abrazó a él y ambos reiniciaron su recorrido por las calles. No era necesario entrar en detalles, sino dejar que todo fluyera naturalmente. … El crepúsculo llegó. La celebración continuaba, y aunque muchos ya se habían ido, otros más llegaron. La música alegre se dejó escuchar y el baile nocturno dio inicio. Pero ahora había demasiadas parejas, niños y personas en general danzando por toda la plaza central. Los espectáculos artísticos terminaron por ese día, así que los gitanos y otros comerciantes se unieron al jolgorio. No obstante, para esa hora, Agasha ya estaba agotada y el Santo de Piscis, aunque no lo hacía evidente, también necesitaba un descanso. Es decir, las emociones habían sido bastantes por ese día, así que quizás era momento de volver al Santuario. Además, la florista deseaba evadir a su padre, pues la costurera Calíope y él, gustaban de ir al baile final. Entonces, debían escabullirse pronto. —Creo que debemos volver, ya me duelen los pies— dijo Agasha, sentándose un momento en una silla. —De acuerdo, pero si gustas, te puedo cargar— propuso Albafica con sinceridad. —Que amable eres, pero todavía puedo caminar. Además, si me cargas aquí, podría pegarle a alguien— soltó una risita. En ese momento, se escucharon las voces de Teneo y Pefko. —Buenas noches— saludó el Santo de Tauro. —Vaya, que rápido se fue el día, ¿Qué tal estuvo su paseo? — —Todo ha sido muy agradable— respondió Albafica, mirando luego al chiquillo, quien tenía cara adormilada. —Pefko, ¿Estás bien? — —Creo que comí demasiado— hizo un pequeño eructo, sonrojándose sin querer. —¡Perdón! — Todos se rieron por el chascarrillo, para luego encaminarse a la salida del pueblo. Era tiempo de regresar y tomar un merecido descanso.

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Santuario, edificio Patriarcal. Shion los recibió complacido. Sabía muy bien que el plan había dado resultado, y más cuando notó el insistente sonrojo de Albafica cada vez que miraba a la bella florista. —Me alegra que se hayan divertido— dijo el Patriarca. —Me imagino que ya no van a cenar. — Todos negaron, era evidente que habían disfrutado de la comida ofrecida en la celebración. Entonces Agasha hizo un gesto de estiramiento y liberó un pequeño bostezo, se le notaba el cansancio. —Yo me retiro, buenas noches a todos— Agasha se despidió en general y le regaló una sonrisa al Santo de Piscis. —Buenas noches Agasha— la observó hasta perderla de vista en el pasillo. —Shion, deja de mirarme así— rodó los ojos al notar que su amigo lo evaluaba con una sonrisa enorme. Aries se alzó de hombros, haciéndose el distraído. —Yo no he dicho nada, pero bueno, ya mañana me platicarás cómo te fue— volteó hacia el Santo de Tauro. —Gracias por tu apoyo Teneo. — —De nada gran Patriarca, que pasen buena noche, señor Albafica, Pefko— hizo una reverencia para despedirse y luego abandonó el salón. El adolescente bostezó con notoriedad y también se despidió para ir a dormir. —Tengo mucho sueño, así que también me voy— buscó de nuevo en su morral. —Le dejo la siguiente dosis señor Albafica, creo que no habrá ningún problema si la toma sola— le entregó otro frasquito. —Mañana pasaré con usted para actualizar mis notas— otro sonoro bostezo escapó de su boca. —Descansa Pefko, gracias por todo— le alborotó el cabello cenizo. El sanador se fue, dejándolos solos. Ese breve silencio motivaba a platicar de muchas cosas, pero Shion no sabía si su compañero de armas podría sincerarse ahora mismo. De lo que sí estaba seguro, era de que Agasha tuvo un efecto muy poderoso en Albafica, porque a éste, se le notaba claramente. —Veo que tu mundo ha cambiado— dijo el lemuriano. —Se distingue en tu mirada y en todas tus expresiones. — El doceavo Santo lo miró y no pudo disimular una mueca alegre. —Es verdad, todo está cambiando vertiginosamente para mí— soltó un suspiro, poniéndose serio de repente. —No obstante, aún tengo miedo. — —Debes confiar en Agasha— respondió Shion, posando su mano en el hombro de su amigo. —Y tienes que seguir adelante, recuerda que sólo quedan dos días. — Piscis rodó los ojos y liberó un bufido frustrado. —¿Crees que no lo sé? — se frotó la frente con insistencia. —Agasha es tan linda y paciente conmigo, pero… — hizo una pausa. —Tengo miedo de hablar con ella sobre lo que desea Deméter, me preocupa su reacción. — El lemuriano también exhaló cansado, pues comprendía el temor y la aprensión que sofocaban a su amigo. Lamentablemente, no había nada que pudiera hacer, ahora todo dependía de ellos. Y aunque no deseaba ser ave de mal agüero, debía hacerle una advertencia. —Albafica, si no hablas con ella, no podrán cimentar su relación para dar el siguiente paso. Y lamento decirte esto, pero la diosa de la naturaleza también puede tener su lado oscuro— dijo con un matiz serio en la voz. —Los mitos cuentan que sus castigos no eran muy agradables, en especial cuando usaba al dios Limos para ejecutarlos. — El Santo de Piscis rodó nuevamente los ojos. —Conozco sus castigos, he leído suficiente, pero no creo que Athena esté de acuerdo con eso. — —Supongo que no, pero será mejor no averiguarlo— le dio unas palmaditas en la espalda. —Ve a descansar, no pienses más en esto, mañana las cosas podrían ser diferentes— le sonrió condescendiente. Albafica se despidió, encaminándose a la enfermería. Tomaría una ducha rápida y después se acostaría para descansar, pues ya no tenía ganas de pensar en el trato con Deméter. Sólo deseaba repasar los agradables momentos con Agasha. … El Patriarca se quedó solo. Se dirigió a una de las terrazas para mirar el cielo nocturno y la luna plateada, que casi estaba completa. Se apoyó en la barandilla de piedra, pensando que esta situación era demasiado tensa para su amigo. De repente, algo llamó su atención por el rabillo del ojo. Cuando giró despacio para ver qué era, se encontró con un pequeño búho que lo miraba atentamente desde la otra esquina de la baranda. —Me imagino que eres un mensajero— murmuró Shion. El ave torció levemente su cuello y luego desplegó las alas para salir volando, perdiéndose en la noche.

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En alguna parte del bosque cercano al Santuario. El búho descendió con lentitud hasta llegar a un claro, donde una figura femenina ya lo esperaba. Se posó mansamente en el brazo extendido de la mujer y comenzó a ulular. —Ya veo— sonrió ella, comprendiendo bien el mensaje del animal. —Pobre de mi querido floricultor, no creo que pueda expresarse adecuadamente ante su futura esposa— chasqueó la lengua y se llevó la otra mano al mentón en un gesto de meditación. —Pero, por lo que me dices, Agasha lo ha hecho bien, un par de besos es muy buen avance, mas no el suficiente. — El pequeño búho se quedó en silencio, y luego de torcer otra vez el cuello, inició el vuelo. —Bien, creo que debo hacer algo al respecto. —

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Zona de habitaciones. Después de tomar un baño caliente y cepillar su cabello, Agasha estaba a punto de acostarse para descansar. El día fue grandioso y todavía sentía la emoción constriñéndole el estómago. En su cara se dibujaba una sonrisa de felicidad que era imposible de suprimir. Se recostó en la cama, pero un súbito aroma a flores la puso en alerta, haciéndola incorporarse. —Eso es… — sus ojos recorrieron el lugar. En medio de la recámara, una estela dorada comenzó a danzar. La florista supo de inmediato que la diosa de la agricultura la visitaba de nuevo. —Hola pequeña Agasha— saludó sonriente. —Bienvenida mi señora— hizo una inclinación respetuosa. La deidad se acercó a ella y con una mano le acarició un mechón de cabello. La joven tragó saliva con nervios, pensando que tal vez la divinidad venía a reprocharle su falta de compromiso. Pero es que no era tan fácil. Si bien, el cariño por Albafica era intenso, aún no estaba segura de cómo abordar el tema de la intimidad con él. —No te preocupes querida, sé que no es fácil tratar con un hombre como Albafica— habló Deméter, leyendo otra vez sus pensamientos. —Así que he venido para decirte una sola cosa— le sonrió. —Continúa tratando cordialmente al Santo, lo haces muy bien. Yo me encargaré de lo demás. — La florista se quedó pasmada ante las palabras de la diosa. No necesitó más de un segundo para comprender que Deméter estaba al tanto de lo ocurrido ese día, y únicamente le pedía que prosiguiera con su trato afable hacia Piscis. Pero, ¿Qué significaba lo último?, ¿Posiblemente la madre de las flores tenía algún nuevo plan en mente? —Mi señora, yo… — intentó decir algo. —Nada nada, mi querida florista, tú haz que se relaje y acepte su nueva vida, hazlo sentir la confianza para convivir con los demás y… acércate más a él— le guiñó un ojo casi con malicia. —A partir de mañana notarás algo distinto que te ayudará, así que aprovéchalo— le acarició la mejilla y luego se apartó. —Hasta luego Agasha. — Tan pronto como vino la diosa de las flores, ésta desapareció, en medio de luminiscencias doradas y verdes, dejando con la boca abierta y totalmente desconcertada a la pobre muchacha. —Suficiente, necesito dormir— exhaló, dejándose caer en la cama. El sueño abrazó a la florista y la noche continuó su marcha.

***

Continuará… Espero que les haya gustado la actualización. A partir del siguiente capítulo, el romance continuará, pero ya voy a comenzar con las situaciones sensuales, y más por lo que hará la diosa Deméter, así que prepárense. Hasta la próxima. 13/Marzo/2021
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