ID de la obra: 1389

Tu espalda es cálida

Het
PG-13
Finalizada
1
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
6 páginas, 2.739 palabras, 1 capítulo
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Descripción:
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Tu espalda es cálida

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Notas:
Año 413 del calendario Transbaal… – No puedo creer que hayas conseguido regatear con ese sujeto. – ¿Qué puedo decir? Cuando se trata de armas, conozco algunos trucos para negociar. Además, no podía dejar pasar la oportunidad de tener uno de estos bebés. El "bebé" en cuestión era un revólver muy raro y antiguo, pero que estaba en perfectas condiciones. Una pieza de colección para una experta como Forte Stollen, cuya afición a las armas de proyectiles sólidos era bien conocida por todos. Su novio, Takuto Mayers, le habló sobre una tienda de armas que conocía en su planeta natal, donde tal vez podría encontrar algo para su colección, aunque advirtiéndole que el dueño era bastante agarrado con el dinero. Claramente, había subestimado los dotes de negociadora de la pelirroja. – Sabes, a mí no me habría importado pagar la mitad del precio original. – comentó Takuto. – Te habría ahorrado un poco más de ese modo. – Eso habría sido muy dulce. – dijo ella con una sonrisa. – Pero oye, ya estás pagando mucho por ambos en estas vacaciones. Y aún te debo algunos de los almuerzos que me invitaste en el Elsior. Takuto tuvo que reprimir una risita. Decir que se los "invitó" era estirarse un poco, ya que más bien Forte y el resto de la Brigada Angel le habían echado encima la cuenta de sus almuerzos en la cafetería de la nave sin preguntarle (lo que a menudo le hacía sentir ganas de llorar con lo que sufría su billetera por ello). Y no sólo eso, sino que a menudo ella le robaba bocados de su propio almuerzo (especialmente cuando ordenaba oden). Y él sólo lo aguantaba ya que al ser su comandante él era responsable del bienestar del escuadrón, pues éste afectaría su rendimiento en batalla, literalmente. Con todo, desde que él y Forte habían empezado a salir, ya no le afectaba tanto gastar un poco más de dinero en ella. Después de todo lo que ella había hecho por él durante ese tiempo, ningún precio parecía demasiado caro para hacerla feliz. Parecía increíble, pero en menos de un año Takuto sentía que ya había tenido más emociones de las que podría haber deseado para toda una vida. Cuando se enlistó en la academia militar, intencionalmente buscó hacer el mínimo esfuerzo para graduarse y que le asignaran a un trabajo lo más sencillo posible, para vivir su vida sin complicaciones. Y así fue por un tiempo, que simplemente se dedicaba a patrullar las fronteras del Imperio Transbaal, donde nunca ocurría nada interesante. Incluso cuando le llegaron las noticias del golpe de estado perpetrado por Eonia en la capital, tenía la completa certeza de que nada de eso lo iba a encontrar en ese lugar tan remoto. Qué equivocado estaba. – ¿De verdad ya ha pasado un año? Cómo vuela el tiempo. – dijo distraídamente, mientras miraba al cielo estrellado sobre él. – Sí. Es una pena que nos hayamos perdido la fecha de nuestro aniversario. – comentó Forte. – Oye, así tendremos más tiempo de preparar el siguiente. – le dijo él. – Mientras no haya más viajes al otro espacio, claro. Todo había pasado tan rápido que parecía inimaginable. Cuando las Angels llegaron a buscarlo, y sin mucha ceremonia ni fanfarria se había encontrado como el nuevo comandante de la nave más poderosa del imperio. Admitiéndolo, la mayor razón de haber aceptado la propuesta de su viejo mentor era el prospecto de tener bajo su mando a un escuadrón de mujeres hermosas y encantadoras, y no tuvo miedo en decirlo en voz alta. Por supuesto, las cosas no fueron tan sencillas como creía. Pero de nuevo, tampoco se imaginó que conocería al amor de su vida entre esas chicas, así que bien que había valido la pena. Incluso en medio de todas las tragedias que sucedieron en el camino. – Oye, si no está mal que te pregunte… ¿cómo te hiciste tan aficionada a las armas de fuego? – preguntó Takuto. Forte volteó a mirarlo, levantando ligeramente una ceja detrás de su monóculo. No entendía por qué lo usaba, pero de nuevo, tampoco le preguntó jamás a Lester por su parche. Sin embargo, ese pasatiempo suyo le parecía intrigante, y hacía mucho tiempo que quería hacerle esa pregunta. – Es… una historia larga y algo complicada. – dijo Forte. Por alguna razón, le parecía que había cierta melancolía en su tono. Takuto se preguntó si estaría tocando algún tema sensible. – Si no quieres contarme, no tienes que… – No te preocupes. – lo interrumpió Forte. – No es que me avergüence ni mucho menos, es sólo que… habías tardado mucho en preguntarme. Takuto se rio algo nervioso. Admitiéndolo, ser aficionada a las armas de fuego no era un hobby muy inusual para alguien que estaba en la milicia, así que quizás por eso no se imaginó que habría alguna historia extraordinaria detrás de eso. Forte, por su parte, respiró profundo antes de comenzar a relatarle. – En mi planeta natal, las cosas estaban muy difíciles cuando yo era niña. Debido a su ubicación tan remota, todavía estábamos sufriendo los efectos del Chrono Terremoto. No era fácil sobrevivir en ese lugar. Mis padres habían muerto en un accidente, y mi hermana pequeña y yo nos quedamos sin hogar. – Wow… jamás me lo habría imaginado. – No éramos las únicas. – prosiguió Forte. – A decir verdad, terminamos uniéndonos a una pequeña pandilla de huérfanos que se convirtió en nuestra nueva familia. Teníamos que robar comida y cualquier cosa que pudiéramos conseguir para sobrevivir. Era difícil, pero… nos las arreglábamos, y éramos felices con lo poco que teníamos. Hasta que… Takuto reprimió el impulso de tragar saliva. Con toda certeza ahora venía la peor parte de la historia. – Colarnos en el escondite de la mafia de la ciudad probablemente no fue la mejor idea que podríamos haber tenido. Esos sujetos no se tomaron a bien que un montón de mocosos se metieran a robarles. En retrospectiva, fue un milagro que haya salido viva de allí. Supongo que tal vez… la rabia que sentí cuando uno de ellos le disparó a mi hermana fue lo que me movió. Le salté encima y le mordí la mano para quitarle el arma… Un escalofrío bajó por la espina del comandante del Elsior. Era difícil hacerse la imagen de una Forte que actuara de esa manera, cuando siempre la había visto en total control y calmada. Incluso durante las batallas, que se emocionaba al derribar al enemigo, nunca perdía la compostura. Debió haber pasado mucho para poder superarlo y convertirse en la mujer que era ahora. – B-bueno, él te quitó a tu hermana, tú le quitaste el arma. Yo diría que fue un trato justo. – comentó Takuto. – Tal vez. Aunque después de eso, rara vez usé esa pistola para dispararle a alguien. Sólo la tenía para intimidar. No fue sino hasta que finalmente la milicia vino a poner orden que las cosas empezaron a mejorar para mí… y realmente me enseñaron cómo utilizar armas de fuego. A partir de allí, Forte comenzó a relatar cómo se vio arrestada, pese a ser menor de edad, cuando la milicia hizo una redada en un edificio abandonado donde ella se estaba escondiendo y una pandilla de contrabandistas había hecho su base. Al principio casi creyeron que era una de ellos, y no ayudó que le encontraran el susodicho revólver cuando la registraron, pero afortunadamente uno de los oficiales parecía más dispuesto a darle el beneficio de la duda. Ese mismo oficial fue el que le tendió la mano, ofreciéndole enlistarse en la milicia, y posteriormente se convirtió en su instructor, enseñándole cómo se usaban las armas de fuego. Fue a partir de allí que comenzó a tomar más interés en ellas, coleccionarlas, aprender cómo funcionaban, etcétera. Por supuesto, también le había enseñado otras lecciones relacionadas, y más importantes. – Mi instructor me dijo que las armas deberían ser usadas para proteger a otros, no para lastimar o asesinar a sangre fría. Todo depende de quién las utilice y cómo. – Sacó el revólver que solía utilizar para práctica de tiro en el Elsior. – Cuando me gradué de la academia me regaló esto, y me dijo que confiaba en que sabría utilizarlo correctamente. – Wow. – dijo Takuto asombrado una vez que terminó su relato. – Suena realmente profundo. Eso le daba mucho más sentido a los eventos de hacía unos meses. Cuando el Happy Trigger fue saboteado, y abrió fuego contra el Elsior en contra de la voluntad de Forte, no era de extrañar que la hubiese dejado traumada al punto de no poder siquiera sostener una pistola. Las armas, además de ser su pasatiempo, eran también su manera de protegerse a sí misma y a las personas que amaba. La Brigada Angel, todos en el Elsior… y por supuesto él. Los dos continuaron caminando en silencio por un rato más. La noche empezaba a caer sobre la ciudad, y en ese momento él sólo quería regresar al hotel para poder descansar y relajarse. Después de su pequeño paseo por la ciudad, la idea de una cena tranquila con Forte, y bañarse en las aguas termales antes de ir a dormir sonaba demasiado tentadora para desaprovecharla. Con todo lo que ha pasado, ambos se lo merecían.

***

Ya de vuelta en el hotel, antes de ir a las aguas termales Takuto y Forte fueron a su habitación para que ella pudiese guardar la nueva pieza de su colección en su maleta. Para su sorpresa, cuando intentó meterse al baño masculino, Forte bloqueó su camino, y le dijo que entrarían al baño mixto, juntos. Un muy nervioso Takuto intentó negociar, pero Forte le dijo que ambos ya eran adultos y que ya era tiempo de que comenzaran un acercamiento un poco más "íntimo", especialmente ahora que estaban solos. Era extraño; pese a que formalmente él era su superior, cuando se trataba de su relación fuera del trabajo parecía que ella era la que llevaba los pantalones. Takuto aceptó a regañadientes, aunque se esforzó mucho por mantener los ojos cerrados para resistirse al impulso de mirar más de lo que debería. Ambos terminaron sentándose en todo el centro del pequeño estanque, espalda con espalda. Estar así le trajo recuerdos a Takuto, que aún seguían muy frescos en su mente. – Hacía mucho que no nos sentábamos de esta manera. – comentó Forte, tras un largo silencio. – Tus hombros están más anchos de lo que recuerdo. – ¿Tú crees? – respondió él. – Bueno, no sé si sea por el calor del agua, pero… tu espalda se siente más cálida también. Oyó que Forte se reía de su comentario. Ambos sabían muy bien de lo que estaba hablando, ya que no era la primera vez que ambos se sentaban de esa forma. Jamás lo olvidaría; en ese momento él estaba muy preocupado por la situación, y no estaba seguro de si debía compartir sus sospechas con el resto de las Angels, por temor a echar abajo su moral. Forte al parecer se dio cuenta de esto y tras decirle que fuera a verla en el cuarto de la ballena espacial, terminaron poniéndose a jugar en el agua como niños, y luego se sentaron a conversar, igual que ahora, espalda con espalda. – ¿Recuerdas lo que te dije entonces? – preguntó Forte. – Me dijiste muchas cosas. – replicó Takuto. – Recuerdo algo como… que alguien que no valora su propia vida no tiene derecho a cuidar de otros. – Sí, eso dije. No iba a permitir que llevaras esa carga tú solo. Podía ver lo mucho que te preocupabas por nosotras, y por el resto de la tripulación. No estaba segura si era mi lugar, pero… parecía que en ese momento necesitabas una mano. – Y te estoy muy agradecido por ello. – respondió él. En retrospectiva, tal vez ese fue el momento en que comenzó a desarrollar sentimientos hacia la pelirroja. Todas las Angels eran chicas hermosas y encantadoras a su manera, pero Forte fue la primera persona que activamente buscó acercarse a él de esa manera. No tuvo reparos en decirle lo que pensaba de él, pero en lugar de juzgarlo, se esforzó por entenderlo, y darle empujones en la dirección correcta para ayudarlo a mejorar. Sin ella cuidándole las espaldas, no habría podido llegar tan lejos como lo había hecho. Forte Stollen sin duda era una mujer increíble. Entre más la conocía, más atractiva le parecía. Y había tantas cosas que todavía no sabía de ella, pero el misterio sólo le hacía desear conocerla aún más. El Almirante Luft tuvo razón cuando le dijo que su decisión en el baile de Fargo podría determinar su futuro. A partir de allí, ya no serían simplemente un oficial al mando y su subordinada; en ese momento ya no vio más a Forte como la líder de la Brigada Angel, sino a la mujer que se había ganado su corazón. Lo que creyó que sería un baile para despedirse resultó ser sólo el inicio de una nueva etapa para ambos. Más que elegir a su cita para el baile, en ese momento eligió a la mujer con quien querría compartir el resto de su vida. – Oye, Forte… – ¿Hmm? – Sé que te he dicho esto muchas veces, pero… gracias. – ¿Y ahora por qué me agradeces? – dijo ella, algo divertida. Tenía sentido; él siempre encontraba razones nuevas para agradecerle. – Por estar conmigo todo este tiempo. – replicó Takuto. – No debe ser fácil tener que estar cuidando de alguien como yo. – ¿Alguien como tú? ¿Qué insinúas con eso? – ¿Sabes por qué estaba un poco reacio a aceptar el mando del Elsior? – preguntó bastante enfático. – ¿Porque querías un trabajo sencillo y tranquilo, sin preocupaciones ni complicaciones? – replicó Forte. – Jaja, sí, estaba eso, pero había algo más. – confesó. – Si te soy sincero… nunca me sentí capaz de estar al frente. No quería aceptar promociones a rangos más altos porque no creí que sería capaz de manejar la responsabilidad. Siempre creí que… la autoridad socava las relaciones y hace que la gente se distancie. Esa era otra de las razones por las que había pedido a la Brigada Angel llamarle por su nombre en lugar de su rango. Quiso establecer con ellas una relación más cercana, como amigos… y quizás si se daba la oportunidad, un poco más. En realidad, en el fondo no creía que llegaría a eso, pero se había equivocado. – Pero conocerlas a ustedes cambió todo. Sabes, una cosa que me dijo Wein me hizo pensar… ¿cómo pudo una mujer como tú fijarse en alguien como yo? Aunque me hizo dudar un poco, me di cuenta que si me aceptaste, tú debías haber visto algo en mí, algo que yo no podía ver. – Takuto… – Me dijiste que confiabas en mí, que yo podría cuidar tu espalda. Así que me dije a mí mismo que tengo que ser mejor. Mejor de lo que soy ahora para poder estar contigo. – Oye, no te infravalores. Tú también estás aprendiendo a cuidar de mí. – respondió ella. – ¿O te olvidas cómo me llevaste a la enfermería y me obligaste a descansar? – Jaja, cierto. ¿Eso te incomodó? – No, para nada. – bajó la voz hasta casi un susurro. – Se me hizo muy… varonil de tu parte. Un respingo bajó por la espina de Takuto. No podía evitar reaccionar de ese modo cada vez que hablaba con ese tono seductor, y no era sencillo resistirse al impulso de darse la vuelta para tomarla en sus brazos. Aunque en ese momento, algo en él le decía que tal vez no se molestaría si lo intentaba. – Te has vuelto un hombre maravilloso, Takuto. – continuó Forte. – Pero sé que puedes serlo aún más. – ¿Tú crees? – Tendrás que serlo. – dijo Forte muy determinante. – Después de todo, estoy segura el futuro nos depara muchos nuevos desafíos. – Tienes razón. – asintió él. – Liberamos a EDEN de los Valfasq, pero quién sabe que podría estar esperándonos más allá de las fronteras del imperio. O si volverán por otro intento. – Bueno, sea lo que sea, lo afrontaremos juntos. Igual que todo lo demás. Takuto asintió. Así era como habían salido adelante todo este tiempo. A pesar de lo que creían, y de que derrotaron al emperador de los Valfasq, ellos sabían perfectamente que los conflictos no terminaban con la caída del líder supremo. Así había sido con Eonia, y como los Valfasq seguían allá afuera, haría falta mucho esfuerzo para lograr verdadera paz. No sería fácil, pero tampoco imposible. Fuera lo que fuese que les deparaba el futuro, lo enfrentarían juntos. Él siempre cuidaría de la espalda de Forte, y ella de la de Takuto, sin importar nada. FIN.
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