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Aprovechando que empleados del Instituto Anatómico Forense estaban por el hospital para llevarse a otros cuerpos que analizar, Jou fue requerido para llevarse también a Hiroaki, puesto que su muerte debía ser investigada al haber sido provocada por una explosión. Mientras esperaba que sus colegas del hospital arreglaran el papeleo, Ken entró a la zona de urgencias con él. –No le has dicho que son hermanos, ¿verdad? –adivinó Jou apartando un poco la sábana que cubría a Hiroaki provisionalmente. Entonces, cayó un pequeño trozo de metal que Jou recogió sin que Ken se percatara. –Yamato ha salido ileso de la explosión. –dijo Ken, que no encontraba explicación a aquello. –Se curó a sí mismo. –dijo Jou. –Vi cómo lo hacía. Puede curarse, aunque nos hizo creer que no podía. Matarlo será un poco más complicado. Tendrías que acabar con su cerebro y su corazón a la vez, o volarlo en mil pedazos. En cualquier caso, el método que elijas tendría que ser instantáneo. –Claro, el único que puede matar al hombre con la mano de Dios, es el que posee la mano del Diablo. –dijo Ken cayendo en la cuenta.00000000
Tras salir del hospital, Yamato se marchó a un parque que estaba muy cerca. Necesitaba reflexionar sobre los últimos acontecimientos y asumir la muerte de su padre. A pesar de haberle recriminado el haberle abandonado, nunca quiso que acabara así. Finalmente, se dio cuenta de que su padre sí le quería realmente cuando confesó que hizo lo que hizo por protegerle de morir en manos de su hermano, y que de alguna manera, él también vivió condenado. –¿Te duele algo? –le preguntó un niño pequeño que andaba correteando por el parque. El niño tenía una herida en la mano que seguramente se había hecho jugando. –Aunque eres grande estás llorando. Sora, que andaba buscándolo después de haber hablado con Kenta, lo vio allí sentado junto a un niño de unos cuatro años, y se escondió tras un árbol para no ser vista. –Sí. Duele mucho. –admitió Yamato. Sora nunca había visto a Yamato de aquella manera. Siempre se mostraba frío y calculador y allí sentado, junto aquel niño, se le veía roto y abatido, y no sabía por qué. –Te cantaré “Cura sana”. –dijo el niño con toda su inocencia cogiéndolo de la mano. –Cura sana, cura sana, culito de rana, si no se te cura hoy, se te curará mañana. Después de cantarle, Yamato se marchó. Fue entonces que la madre del niño lo buscaba para marcharse. –¡Mamá, mi mano se ha curado! –exclamó el niño contento corriendo hacia su madre. –¿Qué? ¿Cómo?00000000
Mientras tanto, Takeru, que deambulaba por el hospital hacia la salida, intentaba asumir que Hiroaki Tatsumi era su padre biológico y que Yamato no lo hubiera curado.00000000
Yamato salió de Tokio para dirigirse a su lugar de origen. En lo alto del monte veía el río en el que estaba la presa de Ryukoku. Después deambuló por el bosque hasta encontrar el monolito de la cruz con el dragón que le era tan familiar.00000000
Tras haber visto aquella escena en el parque, Sora se dirigió a la comisaría. Tal y como dijo Kyotaro, la clave para comprender muchas cosas había estado en Kenta Ninomiya. Por eso, cuando lo abordó a las puertas del hospital, pidió ayuda a una unidad para que se lo llevaran a comisaría. Había llegado la hora de interrogar a Kenta. –Hemos recopilado artículos del lugar de la explosión. –le dijo Kyotaro a Sora entrando en la sala de interrogatorios. –Hemos acordonado y precintado la zona para que Ken no pueda meter sus narices. –Sobre las pruebas contra Ken... –comenzó a decir Sora, pero Kyotaro la interrumpió. –Sería muy aburrido si nos lo contara de inmediato. Los misterios hay que resolverlos paso a paso, ¿verdad? –tras decir, eso, salió de la sala, dejando a Kenta y Sora a solas. –¿Cómo está Yamato? –preguntó Kenta. –Está bien. –dijo Sora, refiriéndose a su estado físico, porque no tenía tan claro que en el plano emocional estuviera demasiado bien al haberlo visto tan afectado. –¿Y el padre? –volvió a preguntar Kenta. –¿El padre de quién? –De Yamato, por supuesto. Hiroaki es el padre de Yamato. –dijo Kenta para sorpresa de Sora. –Se dice que los ancestros de Ryukoku son extranjeros que llegaron para cazar ballenas. Abandonaron los barcos y se escondieron allí. Eran católicos ocultos que veneraban a Cristo en secreto. Por eso, los lazos con otros pueblos eran prácticamente nulos. El lugar en el que nació Yamato parecía un santuario sintoísta, pero en realidad era una iglesia. En Ryukoku había una leyenda. Una vez cada varios cientos de años nace una persona capaz de curar cualquier herida o enfermedad con su mano. La iglesia guardaba un shintai,una mano momificada que según la leyenda, contenía el espíritu de Dios. Pero todavía hay más. Al nacimiento del niño con la mano de Dios, le sigue el nacimiento de otro que puede arrebatar la vida con su mano: la mano del Diablo, el hermano pequeño de Yamato. Se dice que pertenecía a un hombre con la mano de Dios durante el periodo de guerras de hace quinientos años. –¿Me estás diciendo que Yamato y Takeru son hermanos? –preguntó Sora. –Exacto. Su nombre real es Takeru Ishida.El niño con lo mano del Diablo no podía ser mantenido con vida. Su abuelo y los jefes del poblado ordenaron secretamente a su padre disponer de Takeru. Era el deber del padre matarlo y enterrarlo. Si él no podía, otra persona debía hacerse cargo. Y no pudo. Su madrecogió a Takeru y se marchó. A las afueras del pueblo, junto al lago Ryu,encontraron sus pertenencias. Descubrimos que había cogido a Takeru para ahogarse juntos en el lago. Pero de alguna manera, parece que Takeru sobrevivió.00000000
Tras salir del hospital, Takeru fue a su apartamento a ducharse y cambiarse para dirigirse posteriormente a la casa de sus padres. Tenían una charla pendiente, por lo que toda la familia se sentó para aclarar su pasado. –He conocido al que se supone era mi padre biológico. ¿Es cierto? –confesó Takeru, que prácticamente estaba preguntando si era adoptado. –No sé nada de él. –admitió Shinji. –Sin embargo, es cierto que no tenemos relación consanguínea. –¿Cómo?¿Estáis diciendo que Takeru no forma parte de esta familia? –preguntó Shiho. –¿No estás contenta? No somos hermanos. Este poder no tiene nada que ver con vosotros. –dijo Takeru, hablando como si fuera un motivo de tranquilidad no estar emparentado con él. –Takeru. –dijeron los tres. ¿Cómo podía considerarse un monstruo? –Hace veintitrés años conocimos a tu madre biológica en el lago de Ryukoku. –explicó Shinji. Flashback. Un bolso de mano de mujer junto a unos zapatos, así como una pequeña mochila de niño con calzado también de niño estaban en la orilla del lago de Ryukoku. Una mujer que sujetaba a un niño de la mano, se encaminaba hacia el fondo. El niño no tendría más de cuatro años. Cuando al niño le empezó a cubrir el agua por la cintura, la mujer lo cogió en brazos y siguió adentrándose hacia el fondo. El agua cada vez los cubría más y más. –¡No lo haga! –gritó Natsuko entrando en el lago y cogiendo al niño. Fin del flashback. –Aquel niño eras tú. –explicó Shinji. –Al encontrarte, me salvaste. –dijo Natsuko. –En aquel entonces, tu madre sufrió un aborto después de haber tenido dificultades para quedarse embarazada. –explicó Shinji. Shiho se sorprendió al no saber ese detalle de sus padres. –Estábamos muy deprimidos, especialmente ella. Así que, para intentar animarnos un poco, decidimos hacer ese viaje para disfrutar de la naturaleza. O quizás lo hicimos para morir juntos. Y entonces, te encontramos. –Le hicimos una promesa a tu madre biológica. Le prometimos que pasara lo que pasara, te cuidaríamos. Flashback. –Según la leyenda del pueblo, este niño podría poseer la mano del Diablo. Cuidad de Takeru, por favor. –dijo la madre biológica de Takeru. Fin del flashback. –Eres nuestro hijo, de Natsuko y mío. Y también el hermano de Shiho. –enfatizó Shinji. La aludida también asintió con la cabeza. –Takeru, teneros a los dos me hizo mucho bien. –dijo Natsuko. –Creo que me siento muy afortunado y feliz de teneros, pero todavía tengo que poner en orden mis sentimientos. Voy a volver a mi apartamento. Necesito tiempo para pensar. –admitió Takeru mientras se levantaba. –Por supuesto. –dijo Shinji mientras que Natsuko asentía con la cabeza mientras le corrían lágrimas por el rostro. Comprendían perfectamente que Takeru tenía que digerir muchas cosas. –Gracias. Me alegro de ser vuestro hijo. –dijo Takeru a modo de despedida.00000000
Después de haber recorrido los alrededores del pueblo, ya que el pueblo en sí estaba sumergido, Yamato subió a la presa de hormigón. En lo alto, también se aprovechaba esa barrera para que hiciera de puente para comunicar un lado del río con el otro a modo de carretera. –Bien, ¿empezamos el final del juego? –preguntó Yamato girándose. Allí, había una cámara sobre un trípode. Tras la cámara estaba Koushiro Izumi. –¿El final del juego? –preguntó Koushiro sin comprender muy bien qué pretendía Yamato. Una vez que estaba frente al objetivo, Koushiro le dio a grabar.00000000
–Once, doce, trece, catorce peldaños. Adiós. –se despidió Aiko de sus amigos de la escuela de verano al final de la escalera. Fue entonces que la niña se percató de que Yamato estaba allí sosteniendo un ramo de flores. –¡Es el mago! Contenta de verle y teniendo en cuenta que debía esperar a que llegara su madre, decidió acompañarlo a un cementerio cercano. Una vez que llegaron, Yamato dejó las flores sobre la tumba de Hiroaki Tatsumi. Al haberse cambiado el apellido, ahora ese era su nombre oficial. La tumba estaba llena de ramos que seguramente habría dejado gente a la que Hiroaki había ayudado en Futaba. –¿De quién es esta tumba? –preguntó la niña. –De alguien a quien desprecio. –contestó Yamato levantándose tras haber dejado las flores. –No deberías decir algo como eso. –dijo Aiko antes de empezar a toser. –¿Estás bien? –Sí, pero mañana tengo que volver a quedarme en el hospital. –dijo la niña. Yamato se agachó para ponerse a su altura. –Aiko, ¿no hay nadie que no te guste? –No. –¿Nunca has tenido una riña con nadie? –Sí, pero hicimos las paces rápidamente. –dijo la niña recordando una pequeña riña con alguien del colegio. –Entiendo. –¿Has tenido una pelea con alguien? –preguntó Aiko. –Sí. –dijo Yamato levantándose. –Dame tu mano. –dijo Aiko extendiendo su mano. Yamato le hizo caso. –Si tienes una pelea, debes estrechar la mano de la otra persona así para resolver el problema. ¿Entendido? Yamato sonrió enternecido por la inocencia de la niña. Ojalá fuera todo tan fácil, pero al menos la niña le hizo sentirse mucho mejor. Mientras Aiko le seguía estrechando la mano, durante un instante la mano de Yamato adquirió el tono rojo con el que se manifestaba su poder, pero en seguida, la niña se soltó al escuchar a su madre. –¡Aiko! –la llamó Sora. –¡Mami! –dijo Aiko yendo hacia ella abrazándola. –Espérame aquí, cariño. –le dijo Sora, que se dirigió hacia Yamato. –Escuché a la enfermera decir que ese sacerdote se negó a que lo curaras. Dime, ¿por qué no le dices la verdad a Takeru? –Mientras me odie, la tristeza será más fácil de manejar. –razonó Yamato. –¿Y no te importa que te odie? ¿Acaso no es tu hermano de sangre? –preguntó Sora. Yamato la miró sorprendido de que supiera aquello. –Es Takeru de quien estamos hablando. Creo que puede comprender tu soledad. –¿Por qué no te metes en tus asuntos? –preguntó Yamato. –Deja de actuar como nuestra madre. Dicho aquello, Yamato se alejó, pero se detuvo al escuchar a Aiko. –¡Señor mago!¡Recuerda estrechar la mano!¿Vale? –dijo la niña haciendo el gesto de dar la mano a alguien. –Entendido. –dijo el sonriéndole.00000000
En la comisaría, una hilera de bolsas de plástico con pruebas recopiladas tras la explosión de la iglesia estaban dispuestas a lo largo de una gran mesa. –El objeto que tanta intriga ha despertado ha aparecido. –dijo Kyotaro cogiendo una de las bolsitas más pequeñas para mostrársela a Sora. Tenía una pequeña chapa rectangular. –Es parte de un teléfono móvil, y es una pieza que según la policía científica no incluyen los teléfonos normales. Sirve para prevenir que intercepten llamadas. Ciertos departamentos de policía pueden utilizar este dispositivo especial. –¿Ciertos departamentos? ¿Puede ser esta la prueba de la que hablaba Kenta? –Creo que Ken es nuestro hombre. –afirmó Kyotaro. –Tenemos que ir con cuidado. No debemos caer en sus trampas. –¡Jefe, Sora! –dijo Iori entrando al lugar con un portátil con dos agentes más y sentándose para colocar el ordenador. –Mirad. Yamato Ishida salía en un vídeo dando un mensaje. Como de costumbre, vestía completamente de negro. De fondo, salía un río y el emisor del mensaje estaba en la presa de Ryukoku. –Este mensaje va para todo el mundo. A partir de ahora voy a dejar de utilizar mi poder. Pero antes de hacerlo, me gustaría curar a todo aquel que quiera ser curado. –dijo Yamato con semblante serio. –En dos días, es decir, el veinticinco de septiembre, curaré a cualquiera que quiera venir. Sin embargo, hay una condición. ¿Qué haréis por mí? Encontrad la respuesta y venid. El lugar y la hora, la diré más adelante.00000000
El mensaje de Yamato se había extendido por todo el país. Evidentemente, los lugares donde más expectación había creado ese mensaje era en los hospitales. Pero por supuesto, Yamato volvió a causar revuelo por su manera de actuar. Nada más finalizar el comunicado, Maki llamó a Yamato muy enfadada. –¡Esto no es lo que habíamos acordado! –exclamó Maki. –Para empezar, no tenías intención de aplicar la Ley de la mano de Dios en ningún momento, ¿o me equivoco? –respondió Yamato desde la azotea del hotel. –¿De qué hablas? –Intentas amarrar los deseos de la gente a la ley cuando de hecho, lo consideraste imposible y te das por vencida desde el principio. Por eso he interferido. –Maki seguía callada, lo que la delataba. –He decidido divertirme, puesto que comienza el juego final. –¡Espera! –pero Yamato había colgado. –Lo único que me queda es esperar a mis contrincantes. –dijo Yamato para sí mismo.00000000
–El lugar en el que está grabado el vídeo es donde solía estar el pueblo de Yamato, Ryukoku. Hemos cortado las carreteras y todos los accesos a la presa para que la gente no se acerque. –informaba Ken a Maki, con la presencia de Daigo. –Sin duda, es una declaración de guerra. Considero que debemos deshacernos de él. Causa demasiados problemas. –¿Pretendes matar a Ishida? –preguntó Daigo. –No morirá con mecanismos normales. Puede curarse a sí mismo. –dijo Ken. –¿Entonces? –Necesitaremos una carta mejor. –La mano del Diablo. –dijo Maki comprendiendo a lo que se refería Ken. –He descubierto algo fascinante. Takeru Takaishi es el hermano pequeño de Yamato Ishida. Son hermanos biológicos, aunque Takeru todavía no lo sabe. –dijo Ken. –¿Planeas hacer que Takeru mate a su propio hermano? –preguntó Maki. –El primer asesinato de la historia de la humanidad fue entre dos hermanos: Caín y Abel. –dijo Ken como si eso lo justificara. –El hermano mayor mató al pequeño. Esta vez será al revés. –Takeru no es alguien que te haría caso tan fácilmente. –opinó Daigo. –Al ser alguien que se preocupa tanto por su familia y Hikari Kamiya, hay muchas formas de convencerlo. –dijo Ken. Daigo y Maki estaban sorprendidos por la frialdad que mostraba Ken. –Alguien se está interponiendo en su camino: su hermano de sangre, que lo separó de su padre. Y si quitamos la relación sanguínea, Takeru se convertirá en un dios de corazón frío e insensible. Considerad esto como la oportunidad de completar el arma definitiva.00000000
Al día siguiente, Aiko fue ingresada de nuevo tal y como le dijo la niña a Yamato el día anterior. –Aiko, te dejo aquí los pijamas. –le dijo Sora a su hija mientras colocaba los pijamas perfectamente doblados en el armario de la habitación del hospital. –Vale. –dijo la niña. Esta vez fue ingresada en una zona en la que había más niños. Aiko se sentó en la orilla de su cama y se quedó mirando al niño de la cama de al lado. El niño era algo menor que Aiko. Llevaba un vendaje en la cabeza y un brazo en cabestrillo. Con la otra mano jugaba a tirar la pelota hacia arriba y a cogerla. –¿Te gusta el béisbol? –el niño asintió con la cabeza. –Entonces, cuando te recuperes, jugaré contigo a atrapar la pelota. –Vale. –dijo el niño. Aiko tenía una habilidad especial para congeniar con todo el mundo. Sora, mientras preparaba las cosas de su hija, no podía evitar sonreír. Incluso con lo pequeña que era, era muy protectora con los demás. –¿En qué curso estás? –le preguntó Aiko. –Voy al último curso de la escuela infantil. Tengo cinco años. –dijo el niño. Entonces, entró la madre del niño, vestida con un traje de ejecutiva color gris claro. Era Jun, la asistente de Maki Himekawa. –Shota. ¿Has hecho una nueva amiguita? –preguntó la mujer al ver que había interrumpido la charla de los pequeños. El niño asintió con la cabeza. –Hola. –saludó Aiko. –Hola. –saludó Jun. Tras las presentaciones oportunas, Jun y Sora salieron a charlar a una sala de espera del hospital. Tras explicarse mutuamente por qué sus hijos estaban ingresados, para sorpresa de Sora, Jun le contó que era la asistente personal de Maki. –¿Eres la asistente personal de la ministra Himekawa? –preguntó Sora. –Sí, hasta que empecé a serlo, sólo era una madre soltera pasando por momentos muy difíciles, pero cuando acudí a un grupo de ayuda en el que estaba ella, Maki me dijo que quería crear una sociedad en la que las mujeres como nosotras podamos vivir con tranquilidad. Entonces era apasionada, tenía ideas muy claras y la admiraba. Me gustaría que volviera a ser como antes. Pero no debería decir estas cosas. Al fin y al cabo, soy su asistente personal. –dijo Jun. Entonces, Jun vio a Maki caminar hacia ella y se levantó. Llevaba un regalo en la mano. –Señora ministra. –He oído que Shota está ingresado. Me quedé preocupada, así que he venido a ver qué tal está y le he traído esto. –dijo Maki mostrando el paquete. Aquel detalle hizo sonreír a Jun. No esperaba que hiciera eso, puesto que sentía que había cambiado respecto al principio de conocerse. –Gracias, ministra. –entonces, Jun miró a Sora, que también se levantó y la saludó educadamente. –Su hija también está ingresada en la misma habitación que Shota. –Vaya, lamento oírlo. –dijo Maki. –Es por aquí. –dijo Jun, indicando a la ministra hacia la habitación de los niños. –Enseguida voy. Necesito ir al baño. –dijo Sora.00000000
Yamato entró a la habitación que le habían dicho en recepción que estaba Aiko Takenouchi ingresada. –¡Oh, Yamato! –dijo la niña alegrándose de verlo. –Le he visto en la tele. –dijo Shota. –¿Por qué estás aquí? –preguntó Aiko con curiosidad poniéndose frente a él. –He venido a decirte adiós. –contestó él. –¿Por qué?¿Vas a alguna parte? –Sí. Esta será la última vez que nos veamos. –dijo Yamato. –¿De verdad? –preguntó la niña con expresión triste. –Sí. Por eso, voy a curarte para agradecerte lo que me has enseñado. –dijo Yamato recordando todas las pequeñas charlas que había mantenido con ella. –¿De verdad vas a curarme? –Sí. –asintió él. Entonces, Jun y Maki llegaron a la habitación, sin esperar encontrárselo allí. Yamato puso su mano sobre la cabeza de Aiko. –No. –se negó Aiko. –No tienes que curarme. –Sabes que no me llevaré lo más preciado para ti. –dijo Yamato para que la niña accediera, especialmente sabiendo que lo más preciado para ella era su madre. –No es eso. En vez de a mí, cura a Shota. –dijo la niña girando la mirada hacia el niño, que permanecía allí sentado mirándolos. –Le he prometido que jugaría con él al béisbol cuando se recuperara. –¿No quieres que te cure? –preguntó Yamato sorprendido por la generosidad de la niña –No. –respondió Aiko. –Eres igual que tu madre. –dijo Yamato con ternura. Entonces, se giró hacia Shota y extendió su mano para posarla sobre su cabeza. –Eres un chico con suerte. –Yo tampoco quiero. En vez de a mí, cura a Haruki. –se negó Shota señalando a otro niño cuya cama estaba al otro lado de la habitación. Un niño con un gorro que tapaba la calvicie provocada por la quimioterapia. –¿Tú tampoco quieres que te cure? –preguntó Yamato. –No. –Yo estoy bien. –dijo Haruki.El niño señaló a una niña que estaba al lado suyo en una silla de ruedas. –Cura a Miki. –En vez de a mí, cura a la profesora Hasebe.Es nuestra maestra en el hospital. Siempre sufre porque se le tensan los hombros. –dijo Haruki el niño del gorro. –¡Sí, que cure a la profesora Hasebe. –dijo Shota. –¿Estáis seguros de que es lo que queréis? –preguntó Yamato. –¡Sí! –asintieron los niños. Entonces, los niños guiaron a Yamato al aula hospitalaria, donde se estaba desarrollando una clase con otro grupo de niños. La profesora Hasebe, que ya tenía cierta edad, permanecía sentada contando un cuento a un pequeño grupo de niños pequeños mientras otro grupo de niños algo más mayores realizaban otro tipo de actividad. –El Señor Oso dijo: “¡Tengo un problema!”. –Narraba Hasebe. –¡Profesora Hasebe! –entraron los niños, con Shota a la cabeza de la “expedición”. –¡Chicos!¿Qué hacéis aquí? Todavía no es vuestro turno. –dijo Hasebe levantándose. Entonces vio a Yamato. –¿Es usted la profesora Hasebe? –preguntó Yamato. –Sí. –asintió ella. Sin decir nada más, extendió su mano hacia ella.00000000
Cuando Sora volvió a la habitación y comprobó que estaba vacía, se dirigió al aula hospitalaria. Allí, Maki, todavía con el regalo de Shota en la mano, estaba intentando asimilar aquello de lo que había sido testigo. Sora se asomó. Los niños jugaban alegremente y con mucha energía, como si no estuvieran enfermos. –¡Mamá! –exclamó Shota. –¡Estoy curado! –¡Shota!¿No te duele? –preguntó Jun. Pero los saltos que pegaba el niño le confirmaban que estaba en perfectas condiciones. –¡Mamá! –dijo Aiko yendo hacia su madre, que se agachó para ponerse a su altura. –¿Sabes qué? El mago ha usado su magia y nos ha curado a todos. La niña se abrazó a su madre contentísima mientras Sora intentaba digerir lo que había ocurrido. Cuando volvió a la realidad, se dio cuenta de que Yamato, de alguna manera, siempre se había preocupado por su hija. De hecho, casi siempre que se habían encontrado, había preguntado por ella. –Los adultos sólo queremos controlar el poder. Pero los niños han renunciado a él orgullosos por ayudar a los demás. –reflexionó Maki sorprendida por la generosidad mostrada por los inocentes niños. Esa lección marcaría el modo de actuar de Maki y la ayudaría a volver a ser quien era antes de convertirse en una persona sin escrúpulos.00000000
Yamato nunca se había sentido tan reconfortado como en aquel momento. Aiko había resultado ser un bálsamo para él. Desde el primer día esa niña se había ganado su corazón. Quizás fuera porque era igualita que su madre, que, a pesar de sus circunstancias, mantuvo su cabeza fría para no claudicar ante su poder, por muy tentador que fuera. Pero ahora, no podía pensar en ellas dos. Debía terminar con el juego.00000000
–Me alegro de que hayas tenido la iniciativa de venir hasta aquí. –dijo Ken al ver entrar a Takeru, con Daigo Motomiya expectante. –Me has ahorrado mucho tiempo. Hay alguien además de mí que quiere deshacerse de Yamato. Tu padre también quería. –No digas tonterías. –dijo Takeru seriamente. –Intentó matar a Yamato y se sacrificó para ello. El poder de Yamato sólo provoca desorden en el país y no podía dejar que algo como lo que ocurrió en Ryukoku volviera a ocurrir. Estaba intentando cumplir su destino. –explicó Ken. –¿Y si me niego? –¿De verdad hace falta que te lo diga? –¿Me estás amenazando? –como respuesta, Ken sonrió de forma maligna y se giró, pero Takeru le puso su mano del Diablo en la espalda. –Si mato, no sólo será a Yamato. Yo decidiré si acabo con él o no. –le advirtió Takeru. –Pero tú, irás primero. –¡Quietos! –apareció Sora apuntando con una pistola, seguida de dos agentes de Ken, que creían que Sora seguía trabajando para la Agencia Nacional de Policía. Maki le había dicho a Sora dónde podría encontrar a Ken Ichijouji y permanecía escondida mientras Sora intentaba controlar la situación. Además, no era conveniente para ella que Ken supiera que lo había delatado. –Aparta tus manos del Director Ichijouji. –Sora. –dijo Takeru. Los agentes entraron pensando que podrían detener a Takeru, pero entonces, Sora les dio el alto. –¡No os mováis! No hay necesidad de que utilices tu poder. En cuanto a Ken, voy a arrestarlo. Director Ichijouji, le pido que venga conmigo. Quiero que me cuente muchas cosas sobre la explosión de la iglesia. –¿De qué estás hablando? –preguntó Ken. –En el lugar de la explosión se han encontrado piezas de móvil un poco especiales. Las dejó Kenta Ninomiya cuando le ordenaste manipular el detonador de la bomba. –explicó Sora. –¿Y? ¿Tienes una orden de arresto? –preguntó Ken sin desmentirlo. –¡No tienes autoridad para detenerme!¡Lo que estoy haciendo es por la seguridad del país!¡Tendríamos problemas si tuviera que ocuparme de asuntos policiales como tú! –¿De qué hablas? –¡Cualquiera que quiera crear una sociedad fácil y limpia de escoria debe tener a alguien que se ocupe de la basura! –exclamó Ken. –¡Y eso no puede hacerse con métodos limpios! No te niego que como oficial de policía tienes mucho valor, pero con el poder insignificante que tienes, no podrás alterar mis planes. No lo olvides. –¡Señor Director! –apareció otro agente de Ken, sin esperar aquella escena. –¿Qué pasa? –preguntó este. –Ishida ha anunciado el lugar y la hora. –informó el agente. Aquella información distrajo a todos los presentes, momento que aprovechó Ken para revolverse y empujar a Takeru. Los agentes de Ken no tardaron en sacar sus armas y tomar el control. Mientras, Ken encendió la televisión. –Yamato Ishida acaba de anunciar el lugar y la hora a la que pondrá a su disposición su milagrosa habilidad. Aquí tenemos el vídeo. –anunciaba el presentador de informativos en un avance de última hora dando paso al nuevo mensaje de Yamato, que estaba grabado desde el mismo lugar que el anterior. –El lugar serála presa de Ryukoku, en la Prefactura de Fukushima,mañana a mediodía.–dijo Yamato. –Mucha gente ya está intentando llegar al lugar, pero la autopista y las carreteras de acceso están cortadas por la policía. –decía el periodista. Ken apagó la televisión. –Hablaremos allí. Vamos. –le dijo Ken a Sora, pero antes de continuar, se giró hacia Takeru. –Por cierto, Yamato puede curarse a sí mismo. Su muerte debe de ser instantánea. El hombre poseedor de la mano de Dios sólo puede ser eliminado por el que posee la mano del Diablo, o sea, tú. Tu padre no consiguió parar a Yamato, así que, ahora es tu destino. Tras decir aquello, Ken y los agentes se marcharon, dejando solos a Daigo, Sora y Takeru. –No deberías utilizar tu poder según le convenga a Ken. –le dijo Sora. –Yamato es… –No pintas nada aquí. –le dijo Takeru fríamente, antes de que Sora pudiera confesarle que Yamato era su hermano. –Utilizaré mi poder siguiendo mi propio juicio. –Yo te llevaré. –se ofreció Daigo. Cuando se marcharon, Maki salió de su escondite. –¿De verdad pretendes arrestar a Ken? –preguntó Maki. –Sí. –asintió Sora. –Si quieres hacerlo, no me importará echarte una mano. –le dijo Maki. –No, gracias. –dijo Sora tras una pausa. –Siento que confiar en ti no está bien. Siento que debo hacerlo por mí misma. Después de todo, es mi trabajo. –Veo que eres una mujer muy fuerte. –dijo Maki sin tomarse a mal que hubiera rechazado su ayuda. –Gracias. Si me disculpa. –dijo Sora antes de marcharse.00000000
–¿Estoy haciendo lo correcto, Taichi? –se preguntó Sora como si Taichi fuera a darle la clave de todo. Era en momentos como aquellos que lo echaba especialmente de menos. Flashback. –Eres torpe como yo y no puedes ser otra cosa que detective. Si tienes tiempo para pensar en cosas inútiles, entonces ve al lugar de los hechos directamente. –le dijo Taichi en uno de los tantos consejos que le dio en vida. Fin del flashback. Alentada por el recuerdo de Taichi, Sora se montó en su coche y se fue a casa. El día siguiente sería un día muy largo.00000000
Takeru fue a la Institución Futaba. Por suerte, sólo quedó afectada la zona de la iglesia, mientras que la zona residencial había quedado intacta. Allí le dijeron dónde habían enterrado a Hiroaki, por lo que se dirigió allí antes de ir a la presa de Ryukoku. Flashback. –La mano del Diablo existe para eliminar a la mano de Dios. –le confesó Hiroaki. –Ese es tu destino. Fin del flashback. Flashback. –¿Qué haréis por mí? Encontrad la respuesta y venid. Fin del flashback. Tras mirarse la mano frente a la tumba de su padre biológico, Takeru tomo una decisión y se dirigió hacia el coche de Daigo. Allí, en el lugar acordado, lo esperaba tanto Daigo como Daisuke. Takeru se sorprendió de verlo allí. Además, no vestía con ropa propia de un pandillero como solía, sino que llevaba un traje de chaqueta, aunque sin corbata. –Voy a disculparme con las Kamiya. He decidido cambiar mi vida. –dijo Daisuke. –Es lo que ha decidido y como padre, es mi responsabilidad apoyarle. Yo también asumiré mi culpa, lo que ocasionará algunos problemas a la ministra Himekawa.–dijo Daigo asumiendo su parte de culpa, hablando de las contribuciones ilícitas. –Nos has salvado, Takeru, y tenemos la oportunidad de redimirnos por nuestros errores. No dejaremos que Ken vuelva a interponerse en nuestro camino. –Señor Motomiya, eso no es algo que deba hacer usted. –Takeru se acercó a Daigo, que pensó que iba a matarlo, pero Takeru sólo le sacó una pistola que tenía en el interior de la chaqueta. –Por favor, espere a que vuelva su hijo. Esa es su obligación. –Tiene razón, papá. –dijo Daisuke. Sin decir nada más, echó a andar al lugar donde se refugiaban las Kamiya. –¡Te esperaré, hijo! –le dijo su padre. Daigo y Takeru se montaron en el coche y se dirigieron a la presa de Ryukoku.00000000
Cerca de Ryukoku se agolpaba una multitud deseosa de que Yamato Ishida ejerciera su poder sobre ellos para que les curara sus enfermedades y dolencias. Pero la zona estaba cortada por la policía, que le costaba cada vez más retener a las masas. Mientras tanto, Kenta y Sora, cuando llegaron a una zona por la que ya no podían avanzar más, siguieron caminando por el monte. –Podremos llegar a la presa por aquí. –dijo Kenta al pasar cerca del monolito con la imagen de la cruz abrazada por el dragón. –Cogí esta ruta secreta para marcharme de aquí con Yamato. –¡Eh, vosotros! ¡¿A dónde creéis que vais?! –dijo un policía con uniforme que vigilaba la zona y había percibido movimiento. Entonces, sin ni siquiera dejar a Sora enseñar su placa, Kenta fue corriendo y se abalanzó sobre el policía. –¡Corre!¡No te preocupes por mí! –dijo Kenta para que Sora pudiera seguir avanzando. –¡No volveré a esconderme más!¡Salva a Yamato!¡Dile que pagaré por los crímenes que le obligué pagar a él!¡Venga, date prisa!¡Salva a Yamato! Convencida por Kenta, Sora siguió corriendo por el monte.00000000
–Gracias por traerme. –le dijo Takeru a Daigo mientras se quitaba el cinturón y salía del coche. Ya no se podía avanzar más, porque estaba todo repleto de coches y lleno de policía. –Takaishi. –le dijo Daigo haciendo que se detuviera. –De nuevo has vuelto a salvarme. ¿Vas a matar a Ishida? Tú eres… Pero Takeru sólo asintió con la cabeza y comenzó a andar. Entre las personas que se acercaban, había personas que ayudaban a sus familiares enfermos. Entonces le sonó el móvil. –Hikari. –Takeru, no te lo vas a creer. Flashback. Cuando Hikari abrió la puerta de su nueva residencia, no esperaba ver a Daisuke Motomiya allí parado y vestido de manera muy formal. Al principio se puso en alerta, pero el chico tenía una expresión de perro apaleado. –Daisuke. –dijo Hikari. Al escuchar a su hija, Yuuko se apresuró a salir, pero a diferencia de la última vez que se encontraron con él, éste tenía una verdadera expresión de arrepentimiento. Sin decir nada, Daisuke se arrodilló y agachó la cabeza hasta apoyar su frente en el suelo. –Lo siento mucho. –se disculpó Daisuke. Hikari lo tocó del hombro para hacerle saber que estaba todo perdonado. Fin del flashback. –Me alegro mucho, Hikari. Ahora podéis respirar tranquilas. –dijo él. –Takeru, ¿de casualidad no habrás ido donde está Yamato? –preguntó Hikari, que intuía la respuesta. Pero Takeru ya no contestó. Colgó y se abrió paso entre la multitud. Como había subordinados de Ken allí por si llegaba, dieron instrucciones a los policías que retenían a la multitud para que lo dejaran pasar. –Dejadle pasar. –ordenó un Agente de la Agencia Nacional. Los policías abrieron las vallas y los antidisturbios que estaban en la retaguardia también lo dejaron pasar. En seguida, el agente avisó a Ken por radio. –Takaishi acaba de pasar el cinturón de seguridad. –informó el agente. –Perfecto. –dijo Ken, que estaba en una zona más alta desde la que podía ver lo más alto de la presa, donde estaba Yamato. A su lado, tenía un rifle preparado.00000000
Cuando Yamato sintió llegar a Takeru, se dio la vuelta para ponerse frente a él. Takeru llevaba un vaquero azul y una camisa blanca remangada, mientras que Yamato, como de costumbre, vestía con una camisa negra y un pantalón azul marino. –Te he estado esperando, Takeru. –dijo Yamato. –Tienes dos opciones: la primera es matarme aquí mismo. –¿Y la otra? –Contarle al mundo tu poder y convertirte en un dios conmigo. –dijo Yamato. –Un dios no sólo trae milagros y felicidad a la gente. A veces también castiga duramente. El poder de administrar vida y el poder de administrar muerte. Si se juntan, se convierten en la mano de Dios, capaces de cambiar el mundo. Sin embargo, para convertirse en Dios y cambiar el mundo, es necesario despojarse del corazón. –¿Despojarse del corazón? –¿Empezamos aquí, o acabamos aquí? –preguntó Yamato dando a elegir a Takeru. –¿Convertirse en dios significa deshacerse de nuestras emociones como seres humanos? ¿Significa cortar el vínculo con la gente que te importa y que amas, como tus padres, hermanos, tus amigos o tu pareja? Si es lo que realmente quieres, te mataré. –dijo acercándose unos pasos hacia Yamato. Cuando fue a posar su mano en el cuello de Yamato, un disparo al aire lo evitó. Era Sora. –¡Para, Takeru! –dijo Sora acercándose a ellos. –Yamato es… –¡No! –la interrumpió Yamato, que no quería que Takeru se enterara de la verdad. –Lo sé. –dijo Takeru. –Tu amor es demasiado profundo. Lo hiciste todo por mi bien. Eres mi hermano mayor, ¿verdad? –Si lo sabes, no lo mates, por favor. –le pidió Sora. –La razón no importa. ¡No puedes matar a tu propio hermano! –Es precisamente porque somos hermanos. Me has hecho enfrentarme a mi poder y a vivir sin que me utilicen. Lo has hecho como otro ser humano con un poder especial; lo has hecho como mi único hermano. Esta es la última vez que me pruebas. Tu último deseo es que acabe contigo. Si es así, no puedo huir. Con la mano del Diablo, eliminaré a la mano de Dios. Takeru volvió a poner su mano en el cuello de Yamato. Tras mirarse a los ojos, Yamato cerró los suyos esperando el inevitable desenlace. Pero el final no llegaba, por lo que volvió a abrirlos, viendo brillar los de su hermano. –¿Por qué dudas? –preguntó Yamato. –¡Mátame ya! –¡Para, Takeru, no lo hagas! –le pedía Sora, a la que se le empezaban a saltar las lágrimas. –Tienes claro qué es lo que anhelo: mi soledad. Sólo con eso puedo morir en paz. –Yamato asió la mano de Takeru para ajustarla mejor a su cuello. –Mátame. Déjame volver a ser un ser humano normal. Takeru apartó su mano del cuello de Yamato. –¿Por qué no lo mata? –se preguntó Ken desesperado dirigiéndose hacia los hermanos a paso ligero y armado con el rifle. –¡No hace falta ningún dios! Ken apuntó a Yamato, que estaba de perfil y no lo vio, pero Takeru sí, interponiéndose en el disparo. Takeru recibió un balazo en el hombro derecho. –¡Takeru! –exclamó Sora al verlo caer al suelo. Ken volvió a apuntar a Yamato, pero Sora, que seguía teniendo su pistola en la mano fue más rápida y le disparó en la pierna. Al caer, Sora se dirigió hacia Ken para controlarlo. Yamato se agachó junto a su hermano. La camisa blanca de Takeru comenzó a teñirse de rojo en la zona del disparo. –No tienes que curarme. –le dijo Takeru respirando con dificultad cuando percibió que Yamato dirigía su mano a su hombro. –Me prometiste que no utilizarías tu poder en mi presencia. No uses ese poder en mí. –Podrías morir. –dijo Yamato, omitiendo el hecho que ya rompió su promesa cuando lo utilizó para que no muriera por la explosión de la bomba de la iglesia. Mientras tanto, Sora apuntaba con su arma a Ken, todavía en el suelo herido en su pierna izquierda. –¡Takenouchi! –exclamó Ken. –Tu orden de detención ya ha salido. –le dijo Sora. –¿Qué? –He recibido una llamada de la ministra Himekawa. –le dijo Sora. Flashback. –He hablado con la Agencia Nacional de Policía. –le dijo Maki desde su coche oficial, llevando un traje rosa palo. –Si arrestamos a Ken, entonces su posición… –No te preocupes por eso y cumple con tu deber. Es por el bien del futuro. –dijo Maki. Fin del flashback. –¡La ministra me ha traicionado? –musitó Ken. –Los poderes especiales vuelven loca a la gente. –dijo Sora bajando el arma. –Pero quien más ha perdido… –No me he vuelto loco. –dijo Ken, a pesar de que su cara demencial reflejara todo lo contrario. –¡Hércules matará al perro de Ortros! Ken cogió el rifle en un rápido movimiento y disparó a Yamato, acertando en la zona baja de las costillas de su lado izquierdo. Debido al disparo, Yamato retrocedió hacia atrás, apoyando su espalda en la baranda que protegía de caer al agua del río. Al verlo, Sora le dio una patada a Ken desarmándolo. Cuando este estiró el brazo para recuperar el arma, Sora le puso uno de los grilletes de las esposas en el brazo que tenía más atrasado. –¡No me esposes! –exclamó él. Pero ella no hizo caso y lo terminó de esposar. –¡Sólo yo puedo crear una sociedad ideal! Kyotaro y Iori, que aparecieron por detrás, lo agarraron de las axilas y se lo llevaron. Sora se alegró de que por fin llegaran los refuerzos para perder de vista a alguien tan maligno como Ken. Al ver que Ken estaba controlado por sus compañeros, Sora giró la cabeza y vio que Yamato se estaba desangrando apoyado en la baranda. –Me alegro de que al fin lo hayas conseguido. –le dijo Yamato a Sora de forma entrecortada, debido a la debilidad causada por su herida. A pesar del dolor, Takeru por fin consiguió levantarse y ponerse junto a Yamato, que seguía apoyado en la baranda. –¿Estás bien? –preguntó Yamato. –No te preocupes por mí. Tu herida es mucho peor que la mía. –dijo Takeru. Era cierto, la zona del disparo de Yamato era mucho más delicada. –¡Rápido, cúrate! –Te lo prometí, ¿recuerdas? Te prometí que no usaría mi poder. –No seas idiota. –Es la misma sensación de antes contigo. Por fin nos comprendemos. Cuando era niño, lo que me salvó de mi soledad fueron tus sonrisas y las de mamá. Quiero volver a aquellos años. –confesó Yamato. Entonces, tras mirar al lugar donde el pueblo debía estar sumergido, miró a Takeru a los ojos. –Por favor Takeru, sácame de esta miseria con tu poder. Quiero que le pongas fin a esto. Tras pedirle eso, a Yamato se le escapó una lágrima. Takeru, que realmente veía anhelo en los ojos de su hermano, también se le comenzaron a aguar los ojos. Cuando fue a alzar el brazo para llevar su mano al cuello de Yamato, el dolor del hombro por el disparo se lo impidió. –Pareces un bebé. –dijo Yamato al ver la debilidad de su hermano. Así que, posó su mano en la herida de Takeru y se la curó, volviendo a romper su promesa. Una vez curada, Takeru, esta vez sin ningún tipo de dolor, llevó su mano al cuello de Yamato mientras este lo seguía mirando con cariño y anhelo. –¡No, Takeru!¡Para, por favor! –gritó Sora corriendo hacia ellos. –Hermano. –dijo Takeru. Cuando la lágrima se le escapó, Yamato, al ver la duda en Takeru, fue él mismo quién se dejó caer hacia abajo, pero Takeru logró retenerlo agarrándolo de la mano antes de que pudiera caer al vacío. –Déjame ir. –le pidió Yamato, mirando la cara de esfuerzo de Takeru, que intentaba que no cayera al agua de la presa. –¡Ni hablar!¡Ahora que nos comprendemos no voy a dejarte! –dijo Takeru. –Takeru. –Mientras estemos juntos, todo estará bien. –dijo Takeru, al que se le derramaban las lágrimas. Takeru agarró a Yamato más fuerte para subirlo, pero su pie de apoyo resbaló, cayendo los dos hermanos al agua. A pesar de la caída de gran altura, los dos hermanos seguían vivos bajo el agua. Yamato volvió a sujetar la mano de Takeru, que se había soltado con la caída, mientras que se comunicaban con la mirada. –Quiero morir por tu poder, tal y como dice la leyenda. Las manos agarradas de los hermanos, adquirieron color azul durante un instante. Finalmente, las manos se separaron.00000000
Sora miraba asomada por la baranda esperando a que salieran a la superficie, pero los minutos pasaban y ninguno salía. –¡Nooo! En el bordillo desde el que Takeru había intentado subir a Yamato, estaba el amuleto de la suerte.00000000
Un año después. –¡Para conseguir la felicidad, no hacen falta poderes especiales!¡La grandeza está en ser insignificantes!¡Yo he vuelto a la casilla de salida!¡No tengo nada salvo mi poca fuerza, pero con la que intentaré cambiar las cosas a mejor! –decía Maki en un pequeño mitin con poca gente a las puertas del metro.Desde lo que presenció en el hospital, renunció a la presidencia del gobierno y decidió volver a empezar con humildad. Por lo que decidió que de momento, se presentaría a la alcaldía y poco a poco volvería a escalar posiciones de una forma más humilde y menos egoísta.00000000
Sora estaba trabajando en uno de sus casos cuando recibió la llamada de Jou. –A Aiko le ha bajado la fiebre y está mucho mejor. –le dijo Jou. –¿Qué tal te ha ido el cambio a pediatría? –le preguntó Sora una vez que Jou le aseguró que su hija estaba bien de un catarro que había cogido. –Estoy inesperadamente bien con los vivos. –dijo Jou, que pidió el traslado al ala pediátrica de un hospital. Nada más colgar, la llamó Koushiro. –Hoy se disuelve el equipo de análisis de ADN de Yamato. –le dijo Koushiro desde el laboratorio. –Todo lo que hemos averiguado es que eran seres humanos completamente normales. No tenemos que depositar nuestra fe en Yamato. Asumiré el reto de fabricar nuevos tratamientos por medio de la investigación. –Buena suerte. –le deseó Sora mientras caminaba por la calle. –Sora, ¿quieres tener una cita conmigo? –preguntó Koushiro armándose de valor. –Ni hablar. –se apresuró a decir ella sonriendo antes de colgar. Por fin, llegó al nuevo instituto en el que trabajaba Takeru. Cuando los alumnos salieron, Sora entró en el aula de Takeru. –Dime. ¿Qué ha sido de Yamato? Su cuerpo jamás fue encontrado en la presa. Tal y como decía la leyenda, ¿tú… –Tengo la sensación de que la leyenda se equivocaba. –dijo Takeru interrumpiendo la pregunta de Sora. –¿Qué? –Quizás, para que mi mano eliminara a la mano de Dios, no significaba que tuviera que matar a mi hermano, sino sólo eliminar su poder. –dijo Takeru. –Entonces, ¿Yamato perdió el poder de la mano de Dios? –También mi poder. –¿Ha desaparecido? –No lo sé. –dijo Takeru sonriendo. Su poder sería mucho más difícil de comprobar a no ser que quisiera matar a alguien. –Pero lo siento así. Al eliminar el poder de la mano de Dios, mi mano ha cumplido con su deber. El único trabajo que puedo hacer es el de profesor. Ver a los chavales crecer día a día y animarles a seguir adelante. Ese es mi destino ahora. Sora le ofreció una cálida sonrisa al ver que por fin, estaba volviendo a ser quien era. Si era cierto lo que Takeru decía y Yamato seguía vivo, quizás intentara dar con su paradero. No sería difícil con su trabajo. Todavía no había borrado de su mente aquel beso que le robó. Pero sobretodo, no olvidaba lo dulce que era con su hija. Estaba segura que Aiko le robó el corazón al frío y calculador Yamato.00000000
Cuando Takeru volvía a su apartamento, vio una caja en la que había un cachorro de perro. –Oye, ¿a quién tenemos aquí? –dijo Takeru agachándose para acariciar al pobre perro. Si por él fuera, se lo llevaría, pero en su edificio no permitían tener animales. –Espero que te adopte una buena persona. Apenas unos segundos después, Yamato Ishida, que daba un paseo, escuchó el gemido de un cachorro. Al mirar, vio una caja y al asomarse, vio dentro a un pequeño cachorro de Shiba Inu abandonado. Entonces vio que tenía sangre en su patita delantera. –¿Estás herido? –preguntó Yamato. Puso su mano sobre la patita herida y le sonrió. Pero ya no podía curar. Lo que sí que podía era entender mejor que nadie cómo podía sentirse ese perrito, porque él también fue abandonado de niño. –¿Quieres venir a casa conmigo? Yo te cuidaré. Te llamaré Gabumon.Fin.