Maldito narcisista.

Het
NC-21
Finalizada
1
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
102 páginas, 51.783 palabras, 1 capítulo
Descripción:
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Maldito narcisista.

Ajustes
Notas:
Todo era grandioso, casi perfecto. Aquel ser endiosado percibía aquel instante como la culminación de algo largamente esperado, una cima construida con paciencia, cálculo y sacrificios innumerables. La sensación que lo recorría no era solo poder, sino un éxtasis extraño y profundo, una vibración que se extendía por cada una de sus piezas mientras se erguía por encima de todo. A su alrededor, los juguetes permanecían inmóviles, diminutos ante su presencia, reunidos como testigos emocionas leales por ver su ascenso. Su grandiosa divinidad, como el salvador y como su dios. Al alzar aquella extremidad hacia la luz que caía desde lo alto, el resplandor descendió sobre su cuerpo mecánico como un juicio silencioso, iluminando cada cicatriz, cada unión forzada, cada pieza arrancada y vuelta a colocar, en donde él mismo tuvo que modificarse para tener el cuerpo perfecto, para su grandeza. En ese brillo implacable, por un breve instante, supo de inmediato que por fin estaba en la cúspide de su vida, estaba tan extasiado que no pudo evitar abrir la boca, con aquella sonrisa permanente. Su estructura vibraba, no solo por la energía que recorría sus sistemas, sino por el peso de su propia inteligencia y planes que por fin había dado fruto, para traer aquella anhelada libertad y ahora podía proclamar esos dominios como suyos. El poder latía en su interior, denso y abrasador, pero junto a él emergía una emoción peligrosa, ahora podía ascender aún más, en especial cuando esos pequeños juguetes inferiores lo idolatraban solo aumentaba más su éxtasis. Miró hacia abajo y percibió las presencias diminutas a sus pies, los juguetes que lo rodeaban, le rezaban y eran testigos silenciosos de su victoria y recordatorios vivientes de todo aquello que había destruido para erigirse sobre las ruinas. Uno de estos seres diminutos no dudo en caminar hacia él, admirando a su dios y amándolo como se supone que debería ser, para tocar una de sus patas metálicas, estaba tan cegado por su devoción extrema, que pensaba que al hacerlo podía sentirse mejor al tocar aquel salvador. El contacto fue leve, casi imperceptible, pero suficiente para alterar algo en su interior. El Prototipo sintió aquel toque como una confirmación silenciosa de la imagen que había construido de sí mismo. Un dios y un salvador. Una presencia benevolente que merecía ser venerada. Que no dudo con una precisión cuidadosa, impropia de una criatura hecha para destruir, descendió su mano, la cual había asesinado tantas personas y juguetes que era impropio de él actuar de esa manera y lo tocó con una delicadeza calculada, como si temiera romper aquello que había decidido “proteger”. Luego lo alzó, sosteniéndolo entre sus piezas metálicas con una suavidad que contrastaba con su tamaño colosal. Lo mantuvo allí, en la palma de su mano, no como a un igual, sino como a un símbolo. Un gesto claro y estudiado de benevolencia y confianza, una promesa muda de protección que, en el fondo, también era una afirmación de control. No era un acto desinteresado, era una demostración de poder envuelta en compasión. Una manipulación tan obvia para alguien que lo conocía perfectamente, pero sus seguidores no lo veían de esa forma. Alrededor, los juguetes lo observaron en silencio, y ese silencio pronto se quebró. Uno a uno comenzaron a acercarse, atraídos por la escena como por una fuerza inevitable, hipnotizados por su deidad. Algunos extendieron las manos temblorosas para tocarlo, otros inclinaron la cabeza, y muchos cayeron de rodillas sin siquiera comprender del todo por qué. La fe se propagó rápido, alimentada por la esperanza, las creencias, la necesidad desesperada de creer en algo superior Las plegarias comenzaron a surgir, susurros rotos que ascendían hacia él como ofrendas. No eran palabras ordenadas, sino ruegos nacidos del cansancio y del terror que alguna vez vivieron, pero en aquel Dios encontraron libertad, las promesas de lealtad salieron de sus bocas y aquellas súplicas de salvación se escucharon a su alrededor. El Prototipo los percibió todos, cada voz superpuesta a la otra, y en ese coro devoto encontró una satisfacción profunda. Allí estaba la prueba irrefutable de su divinidad, no solo lo obedecían, lo adoraban. Y mientras los mantenía postrados a sus pies, con aquel pequeño símbolo aún en su mano, el Prototipo reafirmó su papel. Benevolente a los ojos de sus seguidores, absoluto en su verdad, convencido de que aquella devoción no era producto de la manipulación, sino el orden natural de un mundo que, finalmente, había aprendido a inclinarse ante él. Pero, aun rodeado de seguidores y envuelto en la devoción que le ofrecían, existía alguien que jamás caería a sus pies. Ella lo conocía demasiado bien, con una claridad que atravesaba la ilusión de divinidad que él había construido, y por ello no lo veneraba, al contrario, lo despojaba de grandeza con solo mirarlo. En medio de su momento de gloria, incluso el mismísimo dios no pudo ignorarla. Con su único ojo la distinguió a la distancia, aquella hembra que no se arrodillaba, que no rezaba, que lo observaba con desaprobación y una seriedad implacable, como si viera no a un salvador, sino a la verdad que se escondía tras el mito. Poppy observaba a una distancia considerada, estando en un segundo piso, donde podía ver en primera fila como El Prototipo se enardecía con aquellos devotos fieles. Aquella pelirroja se encontraba recargada en una de las paredes, mientras cruzaba sus brazos, portando ese precioso vestido azulado semi ajustado similar a una princesa, mientras remarcaba su figura de una adulta tan bella y con un cuerpo, que, sin aquella prenda, solo hacia pecar a cualquiera de lujuria. Sus ojos azulados no paraban de ver como él se comportaba como un dios falso, siendo alabado como un salvador. No era un protector ni un redentor, sino un tirano disfrazado de benevolencia, alguien que, de continuar así, los conduciría inevitablemente hacia una destrucción severa. Y mientras los demás se arrodillaban, Poppy permanecía erguida, observando con desaprobación, consciente de que era la única que no se dejaría engañar. Fue entonces que ella noto que él también la miraba y sus miradas se cruzaron, lo que hizo estremecer aquella muñeca porque sintió escalofríos cada vez que el la observaba, haciéndola sentir como una maldita presa indefensa, porque El Prototipo podía hacer que cualquiera se volviera débil ante su presencia, era el diablo mismo disfrazado de dios. Él sabía exactamente lo que ella pensaba. La conocía mejor que nadie, y esa certeza, lejos de tranquilizarla, la aterraba. Poppy lo sintió con claridad, no había pensamiento suyo que le resultara oculto. Esa sensación solo hizo que por instinto retrocediera y una de sus manos, tocara su pecho para tratar de controlar su corazón, que comenzaba a sentir miedo. Como si hubiera comprendido cada juicio silencioso que ella le lanzaba desde la distancia, el Prototipo abrió la boca y dejó al descubierto aquella sonrisa desquiciada, enferma, extasiada y cargada de burla. En esa mueca torcida no había desafío ni ira, sino una certeza absoluta. El mensaje era claro, devastador en su calma, ya era demasiado tarde. Nada de lo que ella hiciera o pensara podría cambiar lo que estaba por suceder. El destino estaba en marcha, y Poppy solo podía ser testigo de cómo el paraíso que creo para ellos se encaminaba, inevitablemente, hacia lo que él había decidido. Fue entonces que Poppy apretó sus manos hasta hacerlos puños, y gruño mientras apretaba sus dientes y lo mostraba, llena de ira descontrolada. Porque significaba que ese bastardo le había mentido en absoluto. —¡Maldito Narcisista! —Susurro con rabia, mientras inconscientemente su puño se estrelló contra la pared que estaba a su lado, por supuesto a diferencia de su otra contraparte ella no tenía la fuerza para romper las paredes, por lo que sabía que si no fuera por la adrenalina le hubiera dolido ese golpe, pero por supuesto ella no lo sentiría después de un rato. Poppy le dedicó una última mirada, cargada de repugnancia pura, sin rastro de miedo ni duda. Luego, sin inclinar la cabeza ni ofrecerle la satisfacción de una reacción mayor, le dio la espalda y comenzó a caminar, alejándose de aquel espectáculo de falsa divinidad como si ya no mereciera ni un segundo más de su atención. Porque ahora su rabia y su enojo, estaba a su máxima capacidad, en especial porque ahora entendía lo que pasaba con el Prototipo y sus planes, entendió que ahora ya no le quedaba absolutamente nada que ser ahí. Sus pasos resonaron en el pasillo superior, firmes, apresurados, impulsados por una mezcla de rabia y decepción que le oprimía el pecho. No miró atrás. No necesitaba hacerlo. Sabía que él la observaba, y esa certeza solo reforzaba su decisión de marcharse. —¡Poppy, espera! —la voz de Kissy rompió el aire detrás de ella. La muñeca rosada salió tras su figura casi de inmediato, alcanzándola con rapidez, preocupada por su hermanita y asustada por lo que había visto—. ¡Poppy, detente! —Insistió, extendiendo una mano para sujetarla del brazo. Poppy se detuvo, solo para mirar hacia atrás y al notar a Kissy sus facciones se suavizaron, al mismo tiempo que miro hacia abajo un poco apenada porque ella la había visto de esa manera. Kissy aquel juguete rosado similar a Poppy, hasta eso había sido construida asemejándose a otra humana, pero lo único que la diferenciaba de la perfección de Poppy era como ella poseía una boca larga y antinatural. Además de poseer unas orejas largas y puntiagudas similar a las de un elfo, a parte de su cabello rosado, peinado de una forma como si tuviera dos cuernos en su cabeza. —No vale la pena —Poppy solo suspiro y murmuró entre dientes, con la voz tensa—. Ya no queda nada que hacer aquí. — Poppy… ¿Por qué te fuiste?, ¿Qué pasa? —Pregunto Kissy realmente alarmada porque su amiga se veía de esa forma. Poppy alzó la vista, sus ojos azules aún encendidos por la furia—Porque entiendo lo que pasara ahora Kissy… lo que sé es que debemos irnos de inmediato. —Explico con amargura mientras tomaba distancia y miraba a la lejanía, notando a los juguetes a su alrededor que caminaban algunos, y otros comían aun partes humanas de los cuerpos podridos que habían cazado ya hace tiempo. —¿Por qué? —Pregunto Kissy sin entender comenzando a ponerse nerviosa y dudar de lo que había visto, si Poppy lo decía, no iba a dudar de ella. Después de todo ella fue tan sabia y siempre buscaba de hacer las cosas que a todos beneficiaran. Hubo un silencio tenso entre ambas. Poppy cerró los ojos por un instante, respirando hondo, intentando controlar el temblor que comenzaba a recorrerle el cuerpo. Cuando volvió a abrirlos, su expresión seguía dura, pero algo en ella había cambiado. —Porque me di cuenta de que me mintió…—La pelirroja susurro mientras se llevaba su mano en su cabeza, pero luego observo a los demás juguetes que comenzaban a observarla con desconfianza. — Y no solo a mi…—Poppy sabía que debía irse de ese lugar de inmediato, por lo que ella tomo la mano de Kissy y comenzó a caminar rápidamente lejos de ese lugar. —Vamos a mi habitación… aquí no es seguro. —Explico Poppy mientras caminaba lejos de ese lugar, mientras Kissy la seguía detrás de ella, aun con sus manos conectadas. —Yo no pienso quedarme a ver cómo los conduce a la destrucción este lugar. —Dijo Finalmente Poppy, mientras llegaban a aquella instalación, donde estaba ese único camino de metal, donde la conducía a su habitación, su único lugar seguro de ese maldito infierno. Al abrir la puerta, se reveló un lugar que contrastaba brutalmente con el resto de la fábrica, no era una simple habitación, sino algo más cercano a un pequeño departamento. Había muebles funcionales, estantes con objetos personales, una mesa ordenada, luces cálidas y rincones que delataban que alguien había intentado construir normalidad dentro del caos. Sin decir una palabra, Poppy cerró la puerta tras ellas y deslizó el seguro con un clic seco y definitivo. Avanzó directo hacia su habitación mientras Kissy la seguía de cerca, observando cada movimiento con creciente inquietud. —Poppy… —la llamó con voz temblorosa—. ¿Por qué dices esas cosas? ¿Por qué dices que miente? —preguntó, incapaz de ocultar la ansiedad que le oprimía el pecho. La pelirroja no respondió enseguida. Abrió un armario, sacó una mochila y la colocó sobre la cama. Sus movimientos eran rápidos y precisos. Comenzó a guardar algunas de sus pertenencias más importantes, documentos, herramientas pequeñas, ropa, objetos personales que claramente no estaba dispuesta a abandonar. Kissy se quedó inmóvil por un segundo, observando la escena, hasta que la comprensión comenzó a filtrarse lentamente—. ¿Te… te estás yendo? —preguntó, incrédula. —Tenemos que irnos —respondió Poppy al fin, sin mirarla—. Y rápido. —¿Irnos? ¿De la fábrica? —la voz de Kissy se quebró—. Poppy, ¿de qué estás hablando? —¡Haya afuera es peligroso! —respondió asustada mientras retrocedía. — Él nos lo dijo. Poppy apretó la mochila entre sus manos y por fin levantó la vista. Sus ojos azules estaban serios, cargados de una urgencia que no dejaba espacio para la duda—¡El Prototipo nos va a condenar a todos Kissy! —Expreso aquella pelirroja. — Sus planes no son lo que dice que son. Nada de esto es salvación, me di cuenta porque cuando no te como actuaban los juguetes y ver como ellos devoraban, a las personas… supe que sin administración y sin guía adecuada, todos ellos se volverían peor…—explicó con firmeza—. Si se queda en el poder, todos van a morir. No es una posibilidad, Kissy… es el resultado inevitable, porque no le importa si mueren ustedes… Kissy sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo—. Pero él dijo que… que nos protegería… —Eso es exactamente lo que quiere que crean —la interrumpió Poppy—. Hoy lo entendí todo… él me lo hizo entender… y no quiero ver como todo se reduce a cenizas. —Pero Poppy… ¿Qué pasara con los huérfanos? —volvió a preguntar Kissy muy preocupada por los niños. —Cuando salgamos de aquí, buscaremos a alguien para que vaya a sacarlos… no pienso quedarme a qui y arriesgarme que me maten… aun sabiendo que puedo hacer algo para sacar a los niños. —Contesto Poppy mientras suspiraba estando lista para irse de ese lugar tan horrible. El silencio cayó pesado sobre la habitación. —Tenemos que largarnos de aquí —continuó Poppy, ajustando la mochila sobre su hombro—. Antes de que sea demasiado tarde. Antes de que este lugar se convierta en una tumba. —Pero tu si puedes… irte… yo no puedo Poppy… solo mírame… me harán daño si salgo. —Dijo Kissy mientras comenzaba a llorar y a sentirse bastante miserable, al pensar que nunca podría irse de ese infierno, pero Poppy no se lo permitió al tomar sus manos y unirlas con las suyas. —¡Kissy!, ¡No pienses así! —Contesto Poppy mientras la miraba con esos ojos azulados llenos de compasión y cariño. —Escucha… tú y yo somos lo más parecidos a humanas, te prometo que nadie nos hará nada, podemos vivir como humanos, solo debemos aparentar… —Podemos ocultar tus orejas, y tu boca… igual yo puedo ocultar mis defectos. —Poppy solo separo una de sus manos para mostrarla y dejar ver como estaba formada, porque realmente parecía el de una muñeca, estaba segmentada de los dedos y de su muñeca. —Puedo decir que es una prótesis… tú y yo realmente tenemos una oportunidad de vivir a fuera…—La muñeca estaba bastante esperanzada y lo comprendía a la perfección, no se iba a dejar llevar por las palabras huecas de su contrario. Kissy respiró hondo, dejando que las palabras de Poppy se asentaran poco a poco. Sus lágrimas no desaparecieron de inmediato, pero el temblor en sus manos comenzó a ceder. En su mirada aún había miedo, sí, pero también algo nuevo, frágil y luminoso, esperanza. Si Poppy lo decía con tanta convicción, entonces quizá… quizá no todo estaba perdido. —Yo… —murmuró Kissy, secándose el rostro con torpeza—. Si tú crees que es posible… entonces confío en ti. Siempre lo he hecho. —Alzó la vista y asintió con decisión—. Me iré contigo. No quiero quedarme aquí esperando a que él decida cuándo destruirnos. Poppy exhaló aliviada, apretando sus manos con fuerza solo un segundo antes de soltarlas. —Bien —dijo Poppy con urgencia—. Entonces no hay tiempo que perder. Tenemos que ir ahora mismo a tu habitación. Empaca solo lo necesario, nada que te retrase. Kissy abrió los ojos con determinación—. Está bien. Solo… dime qué llevar. —Lo indispensable —respondió Poppy mientras se dirigía ya hacia la puerta—. Algo de ropa, comida, cualquier cosa que no puedas reemplazar. Lo demás no importa. Lo único que importa es salir de esta fábrica lo antes posible. Kissy se secó las últimas lágrimas, enderezó la espalda y la siguió sin mirar atrás, por lo que no dudo en tomar la mano de su hermana y ambas comenzaron a caminar a pasos apresurados hacia la puerta, ya que habían salido de la habitación de Poppy. Apenas cruzaron el umbral, el aire cambió. No fue un sonido inmediato, sino una presencia. Un peso aplastante que pareció comprimir los pasillos, como si la propia fábrica contuviera el aliento y entonces lo vieron. El Prototipo estaba allí. Su cuerpo colosal ocupaba casi por completo la entrada del departamento, avanzando con una lentitud antinatural, calculada, como si cada movimiento hubiera sido ensayado mil veces para no destruir aquello que tocaba. Sus extremidades se plegaban y desplegaban rozando paredes y marcos sin romperlos, demostrando un control que resultaba aún más perturbador que la fuerza bruta, tal vez su naturaleza de bufón lo hacía jodidamente sigiloso, lo que hacía que Poppy se sintiera alarmada y ansiosa, porque había llegado en un horrible momento. No entendía nada, se supone que debía estar con sus devotos y seguir enardeciéndose mientras lo tocaban y alababan, debería estar afuera endiosándose como era costumbre de ese imbécil narcisista. Entonces no podía comprender porque él había decidido aparecer en especial en su único lugar de descanso, aunque claro no era la primera vez que entraba a su hogar, después de todo a veces se quedaba ahí por horas o por días, lo que hacía que tuviera que convivir con él de forma forzada y actuar como si todo estuviera bien. Poppy no quería lidiar con él en especial cuando sabía que había una posibilidad que el sospechara lo que iba a ser, por lo que se maldijo infinitamente de ir a esa reunión, porque probablemente con su mirada había delatado lo que planeaba hacer, pero no ayudaba que tenía una mochila colgando en su hombro. Él no debía estar ahí, no en ese lugar, ni ahora. El corazón de Kissy se detuvo, de inmediato. El pánico la atravesó de golpe, helado y paralizante. Sus dedos se aferraron con desesperación a la mano de Poppy, su respiración se volvió errática y superficial, y por un instante creyó que sus piernas no responderían. Aquello era lo peor que podía haber ocurrido. Habían sido descubiertas y no por cualquiera. Poppy reaccionó de inmediato. Sus ojos recorrieron la escena con rapidez, y entonces lo notó, la puerta estaba forzada. El metal presentaba una hendidura precisa, casi limpia, como si alguien hubiera introducido algo delgado y resistente en el mecanismo. Uno de sus dedos, lo había usado como una llave improvisada. La rabia le encendió el pecho, porque el maldito lo había hecho y se regañó mentalmente por no haber atrancado la puerta, porque sabía que nunca funcionaba poner seguro cuando se trataba de él, siempre buscaba una manera para entrar a su espacio, visitándola casi siempre, como si ese maldito también hubiera decidido tomar el lugar de Poppy como su hogar. Algo que Poppy le desagradaba de sobre manera, pero no podía decirle nada sin sufrir consecuencias o que intentara chantajearla, metiendo a su amado padre que había decidido de adoptar a ese psicópata. Siempre sacando la carta de ser una familia, de ser los únicos, que deben estar juntos para no pasar la eternidad solos. Pero Poppy ya estaba harta de eso, ella no quería pasar la eternidad con un imbécil, que lastimaba a sus seres amados como una muestra de afecto y sobre todo que podía condenarla a vivir horrores que ni siquiera en sus peores pesadillas podía imaginarse. Sintió como las manos de Kissy temblaban, y supo que tenía que hacer algo de inmediato. Sin pensarlo, dio un paso al frente, colocándose entre Kissy y él un gesto instintivo de protección. Podía sentir cómo Kissy temblaba detrás de ella, cómo el miedo comenzaba a consumirla. El Prototipo se detuvo, ya que al observar a Poppy de forma defensiva se le hacía tan gracioso y casi tan patético. Luego, con un movimiento lento y deliberado, inclinó su estructura hacia ellas. Su único ojo se posó primero en Poppy, analizándola, desarmándola con aquella mirada inhumana que parecía ver más allá de la piel. Después descendió hasta Kissy. El silencio era insoportable. Cuando habló, su voz no se elevó. No lo necesitaba. Era profunda, controlada, impregnada de una autoridad cruel que no admitía réplica, utilizando aquella voz distorsionada para ordenar. —Tú —ordenó aquella deidad maquiavélica, dirigiéndose a Kissy—. Vete. Fue un mandato absoluto. Kissy dio un respingo. Su mirada pasó de él a Poppy, llena de terror y confusión. Su cuerpo no respondía, cada parte de ella le gritaba que no se moviera, que no la dejara sola, pero quería correr y llorar, buscar a Huggy con desesperación y abrazarlo para que sus fuertes brazos la protegieran de ese horrible ser que amenazaba con acabar con todo. —P-Poppy… —susurró El Prototipo con la voz quebrada, dirigiéndose a ella, mostrando su molestia. Poppy apretó los dientes. Podía sentir la atención del Prototipo sobre ella, pesada, expectante. Sabía que, si Kissy se quedaba, él podía lastimarla. No necesitaba levantar una mano para hacerlo, ella tenía un pánico horrible por lo que le haría a su hermana, ya lo había visto de primera mano, cuando ese sociópata transformo en una aberración horripilante, a un juguete que quiso pretenderla, no quería saber lo que le haría a Kissy por desobedecer. —Vete —repitió él comenzando a girar su cabeza de forma mecaniza como si fuera un maldito títere, esta vez con una leve inflexión en la voz, suficiente para helar la sangre—. Es una orden. Poppy giró apenas el rostro hacia Kissy, sin dejar de interponerse entre ella y ese monstruo disfrazado de dios, tenía que sacarla de inmediato. —Kissy… vete ahora mismo —Respondió Poppy con una voz quebrada y llena de miedo como de nerviosismo, pero fue firme al hacer esa petición, aunque por dentro se estuviera rompiendo—. Ve y oculta… —Pero tú… —Kissy negó con la cabeza, las lágrimas volviendo a brotar, sintiendo que estaba fallando, no quería dejar a Poppy a lado de ese monstruo—. No puedo dejarte. —Sí puedes —respondió Poppy con dureza contenida—. Y debes hacerlo. Confía en mí. Hubo un segundo eterno de duda. Luego, temblando, Kissy dio un paso atrás. El Prototipo no se movió para detenerla. No lo necesitaba. Su sola presencia bastaba. Mientras ella se alejaba, con pasos inseguros y el corazón golpeándole el pecho, pasando a lado del Prototipo, con desconfianza, tomando la puerta y saliendo mientras la cerraba detrás de ella, y solo se escuchó sus pasos rápidos desaparecer, él mantuvo la mirada fija en Poppy. Cuando Kissy desapareció por el pasillo, el silencio se volvió aún más opresivo. Poppy levantó la vista lentamente, enfrentándolo. Sabía que, desde ese momento, estaba sola con la peor criatura que jamás debió haberlas encontrado. Poppy permaneció inmóvil, con el cuerpo tenso y la espalda recta, negándose a retroceder un solo centímetro. Sentía su presencia frente a ella como una pared imposible de escalar, una sombra que lo cubría todo. El Prototipo avanzó apenas un poco más. El metal de sus articulaciones emitió un murmullo bajo, controlado, como el suspiro de algo que se contenía a propósito. Su tamaño hacía que el espacio pareciera encogerse, que las paredes del departamento se volvieran frágiles, insignificantes ante él. Aun así, se movía con una delicadeza inquietante, consciente de cada centímetro que ocupaba. —Eres tan predecible—dijo finalmente, con una calma que resultaba más aterradora que cualquier grito, mientras iba a la pequeña cocina, y hacia un gesto a Poppy para que hiciera, lo que se supone que tenía que hacer cada vez que él llegaba, lo que hizo que Poppy solo apretara los dientes y sus puños, porque odiaba su puta actitud de mierda, pero era de suponerse cuando el seguía pensando que por ser una dama Devia actuar como una y saber servir. Su único ojo se fijó en ella, escrutándola con una intensidad insoportable, como si estuviera diseccionando cada emoción que trataba de ocultar. Poppy sostuvo la mirada, aunque el miedo le ardiera en el pecho. No le daría la satisfacción de verla quebrarse, por loque avanzo mientras, soltaba la mochila y la escondida en un rincón, al mismo tiempo que tomaba parte de su vestido y lo alcazaba para caminar, como siempre lo había practicado cuando estaban solos, una jodida farsa que habían diseñado hace bastante tiempo, cuando aún eran hermanos, cuando Elliot los hizo enraizarse con el uno del otro. Pero esos tiempos habían terminado, ahora El Prototipo había distorsionado tanto sus sentimientos que Poppy por desgracia también lo había hecho, ni siquiera se habían dicho hermanos desde hace años, más por sus nombres o más bien él le decía por su nombre y ella por cómo se consideraba un “Prototipo”, él le había prohibido decir su antiguo nombre. La dama de rojo, solo camino hacia su cocina y como si fuera algo habitual y un ritual, tomo su tetera que lleno de agua, luego abrió un cajón donde tenía un poco de sobres de té, que había guardado cuidadosamente, para ponerlo en la tetera y comenzar a hervirla, al colocarla en el horno a llama media. El sonido del agua al caer dentro de la tetera rompió el silencio con una normalidad casi ofensiva. Cada gesto de Poppy era exacto, automático, aprendido a la fuerza a lo largo de años que prefería no recordar. El ritual continuaba, aunque por dentro todo en ella gritara que aquello debía terminar. Ajustó la llama con cuidado, como siempre, consciente de que cualquier movimiento brusco sería observado, analizado, interpretado. El Prototipo no se sentó. Nunca lo hacía. Permaneció de pie, ocupando el espacio como una presencia absoluta, apoyando apenas una de sus extremidades contra la barra que divide la cocina de la sala, lo suficiente para dejar claro que no necesitaba descansar. La observaba en silencio, con esa atención calculada que la hacía sentirse desnuda, vulnerable, atrapada. —Sigues haciéndolo perfecto —comentó al fin, con un deje de satisfacción porque no iba a negar que es un placer visual, ver como Poppy obedecía y actuaba como una dama, con esos movimientos elegantes y fluidos—. Incluso ahora. Poppy no respondió. Se limitó a sacar dos tazas del estante, colocándolas sobre la superficie. Sus manos temblaron apenas un instante antes de que lograra controlarlas, no pensaba darle ese triunfo, mientras ponía una enfrente de 1006 después de todo él le gustaba este ritual y era lo más cercano que podía hacer para calmarlo un poco, porque presenta que no terminaría bien su platica. —Es curioso —continuó él, avanzando un poco más dentro del departamento—. Me odias… pero me sigues tratando con calidez. Aquello fue como una bofetada. Poppy cerró los ojos un segundo, respirando hondo, luchando contra el impulso de arrojarle la tetera hirviendo al rostro, por supuesto que tenía que hacerlo o él se encargaría de obligarla a tratarlo con afecto. Cuando volvió a mirarlo, su expresión era fría, contenida, peligrosamente serena, porque ella también podría ser peligrosa y El Prototipo lo sabía, porque él entendía que lo más peligroso que tenía Poppy, no era su fuerza, ni su cuerpo frágil, era su puta astucia que lo metía en aprietos muchísimas veces, esa maldita zorra astuta sabia jugar sus juegos mentales y sabia actuar. —¿Por qué estás aquí? —Pregunto Poppy cruzando sus brazos, mientras lo miraba con fastidio. — ¿No se supone que debes estar con tus súbditos?, deberías festejar… lo has logrado, por fin has ganado… te llevaste a los humanos que quedaban… lograste liberarnos… y ahora los juguetes festejan. —A pesar de que la boca de Poppy soltara palabras hermosas, el Prototipo podía ver atreves de sus mentiras. El Prototipo inclinó la cabeza apenas, como si evaluara aquella respuesta. El movimiento fue lento, medido, casi curioso, y estuvo acompañado por un silencio que se estiró más de lo necesario, uno de esos silencios que no buscan respuesta, sino incomodidad. Su único ojo no se apartó de ella ni un segundo. —Festejar —repitió finalmente, con una entonación suave, burlona aquella deidad—. Siempre tan hábil con las palabras… y tan ingenua al creer que no sé cuándo mientes. Avanzó un poco más, lo suficiente para que su sombra se proyectara sobre ella y la cocina quedara parcialmente sumida en penumbra. Aun así, cuidó cada movimiento, como si el lugar fuera frágil, como si ella lo fuera. Esa contradicción era lo que más la irritaba y la hacía sentir peor, mientras escuchaba como el agua hervida. —No estoy aquí por ellos —continuó aquel ser—. Los juguetes ya hicieron su elección. Se arrodillaron sin que yo tuviera que pedirlo. Eso… —hizo un gesto vago con una de sus extremidades— eso fue sencillo. Poppy apretó los brazos contra su cuerpo, manteniendo la postura desafiante, aunque su pulso se acelerara, porque odiaba como hablaba así de ellos. —Entonces, ¿es por mí? —escupió Poppy tratando de sonar obediente como a él le gustaba todo para tenerlo contento y la dejara en paz—. Qué honor. —Contesto buscando sonar convincente, pero ni ella se creía sus propias palabras sarcásticas. El Prototipo dejó escapar algo parecido a una exhalación lenta, casi un suspiro, y volvió a acomodarse frente a la barra con una calma inquietante. Su atención se desvió apenas un segundo hacia la cocina, notando que el té ya estaba listo. Ese detalle trivial, doméstico, contrastaba de forma grotesca con la tensión que impregnaba el ambiente. Poppy tomó la tetera con un trapo, cuidándose de no quemarse, y comenzó a servir el líquido humeante en ambas tazas, cada movimiento preciso, controlado, como si aferrarse a esa rutina fuera la única manera de no quebrarse. —Siempre ha sido por ti. La frase cayó como un peso muerto entre los dos, densa, incómoda, cargada de un significado que Poppy detestaba con cada fibra de su ser. El Prototipo avanzó un paso más, acortando la distancia al sobrepasar la barra, hasta quedar cara a cara, invadiendo su espacio personal con aquella presencia dominante que parecía deformar el aire a su alrededor, obligándola a respirar con cuidado. —Eres la única que no celebra —continuó aquel ser—. La única que no reza. La única que observa todo esto… Su único ojo brilló con una intensidad antinatural, y su voz comenzó a distorsionarse, superponiéndose con ecos de otras voces, profundas y discordantes, revelando la irritación que ya no se molestaba en ocultar. —…y piensa en huir. El vapor del té se alzó entre ambos como una cortina frágil e inútil, incapaz de suavizar el peso de aquellas palabras. Al escucharlas, la firmeza de Poppy se resquebrajó. La seriedad que había sostenido con tanto esfuerzo se disipó, sustituida por un pánico inmediato que se apoderó de sus ojos. Él lo sabía. Sabía lo que planeaba. La revelación la golpeó con más fuerza que cualquier amenaza directa. No era solo miedo por ella misma, sino por lo que podía hacerle… o peor aún, por lo que podía hacerle a su hermana. La incertidumbre era lo más aterrador, no saber cómo reaccionaría el Prototipo, qué castigo elegiría, hasta dónde estaría dispuesto a llegar. Poppy sintió un nudo asfixiante en el pecho al recordar a otros, retorciéndose y suplicando bajo su voluntad, pagando culpas que nunca les pertenecieron. No podía soportar la idea de que alguien más sufriera por su decisión, por su tardanza. En ese instante se maldijo en silencio por no haber huido antes, por haber creído, aunque fuera por un segundo, que aún había tiempo. El silencio que siguió fue insoportable. Poppy sintió cómo el aire se volvía espeso, difícil de respirar, y su corazón comenzó a latir con tanta fuerza que le dolía el pecho. Sus manos temblaron de manera involuntaria, y tuvo que apoyarse apenas en la barra para no flaquear. La certeza de que él lo sabía todo la desarmaba por dentro, ya no había máscaras y tampoco había juegos. —¿Qué… qué vas a hacer? —preguntó al fin, con la voz quebrándose pese a su esfuerzo por mantenerla firme. El Prototipo no respondió de inmediato. Con una lentitud exasperante, estiró una de sus extremidades y tomó una de las tazas de té. El vapor aún ascendía en suaves espirales mientras él la alzaba con un cuidado casi refinado, como si estuviera en la calma absoluta de un momento cotidiano. Dio un pequeño sorbo, sin apartar su único ojo de Poppy. Aquello fue peor que cualquier amenaza. Poppy sintió un nudo cerrársele en el estómago. La tranquilidad con la que bebía, el contraste obsceno entre su serenidad y el caos que ella sentía por dentro, la empujaron un paso más cerca del colapso. No podía creer que pudiera estar así de tranquilo mientras la miraba desmoronarse. —Eso —dijo al fin el Prototipo, dejando la taza sobre la barra con un leve sonido seco— depende de ti. Poppy negó con la cabeza, desesperada, dando un paso involuntario hacia él. —No… no la involucres —suplicó Poppy, sabiendo que ahora iniciaría un castigo por desobedecer, estaba prohibido irse y como Kissy era una aliada de ella, sabía que también sufriría consecuencias graves peor que ella—. Por favor. Sabes que ella no tiene nada que ver con esto. Si hay consecuencias, que sean para mí. Yo… yo las acepto. Su voz se quebró por completo. Sabía cómo operaba. Sabía que rara vez la castigaba de forma directa. Prefería algo mucho peor, hacer sufrir a otros, usar sus gritos y su dolor como un arma contra ella, porque eso la destruía lentamente, sin dejar marcas visibles, pero un ataque psicológico que provoca en Poppy que se agregara un trauma más a su lista, cada vez que pasaba algo que a él no le parecía con ella, siempre alguien que amaba sufría las consecuencias por ella. —Escucha fue mi decisión decidir huir y yo involucre a Kissy en esto… así que si vas a castigar a alguien, dámelo a mi… yo soy la que quiere huir. —pidió la muñeca sintiendo que su orgullo se quebraba, pero no le importaba si eso significaba que Kissy estaría a salvo de ese retorcido psicópata. El Prototipo inclinó la cabeza apenas, observándola como si analizara una reacción esperada. No reacciono, no se burló abiertamente, pero su quietud revelaba algo más perturbador, estaba disfrutando el momento. El silencio se alargó de nuevo, cruel, deliberado, mientras Poppy sentía que cada segundo era una cuenta regresiva hacia algo terrible. —Las decisiones —EL Prototipo hablo finalmente— siempre tienen consecuencias. Dio un paso hacia atrás, ya que necesitaba darle un respiro o terminara por desmayarse por su presencia que la aplastaba sin tocarla. El té seguía humeando a su lado, intacto, como un recordatorio de lo poco que le importaba su miedo. —Y tú siempre has sabido —añadió con calma— cuál es la consecuencia que más te duele. Poppy sintió que el mundo se le deshacía bajo los pies. Su respiración se volvió errática, su mente saltaba de un pensamiento aterrador a otro, incapaz de aferrarse a nada. No sabía cuándo actuaría, ni cómo, ni contra quién… y esa incertidumbre era la peor tortura de todas. Mientras ella temblaba al borde del colapso, porque los recuerdos insanos de su pasado y como recordar escuchar los gritos de sus amigos, culpándola, pidiendo ayuda, llorando, mientras eran descuartizados por 1006 o experimentados sin anestesia, mientras ella estaba amarrada en una silla, con la boca tapada y un tipo de casco que 1006 había diseñado específicamente para ella, para que no cerrara los ojos, y no pueda mover su cabeza para que evite mirar mientras aquella deidad que los juguetes catalogaban como salvador, torturaba a sus amigos en aquel laboratorio. O que también que este la obligara a comerse a sus propios seguidores, sirviéndolos en un plato, hervidos o calentarlos vivos, para que ella pudiera disfrutar de su comida, y si ella no se comía a uno, entonces él mataría a otro para volver a servirlo y amenazarla que si no los devoraba entonces aumentaría su porción y los guardaría hasta que se terminara la comida. Pero si ella se atrevía a vomitarlos, entonces el castigo era peor para ella, porque ahora él se encargaría de hacerla comer incluso su vomito. Por muchas razones era obvio que ella no podía evitar tener ataques de pánico, cada vez que el mencionaba de imponerle un castigo, porque no sabía qué clase de castigo tendría o sería peor que el anterior. El Prototipo permaneció frente a ella, bebiendo con parsimonia, dejando que el miedo y la espera hicieran lo que él no necesitaba ejecutar aún. Realmente se veía la fascinación que tenía por atormentarla. —No te preocupes —dijo el dios al fin—. Mientras obedezca, no le pasará nada. Su voz era baja, controlada, casi indulgente, como si estuviera calmando a una criatura caprichosa. Poppy sintió cómo esas palabras, lejos de tranquilizarla, le helaban la sangre. El alivio momentáneo por Kissy fue inmediatamente aplastado por lo que vino después. —Pero tú… —añadió, haciendo una pausa calculada, pesada, cargada de intención—. Tú sí que eres decepcionante. El silencio que siguió fue asfixiante. —Nos construí un hogar, Poppy —Él seguía hablando haciendo que Poppy solo sintiera terror—. De lo que una vez fue una prisión. Al decirlo, extendió una de sus extremidades, señalando el departamento, la cocina, los objetos cuidadosamente acomodados. No lo hacía con orgullo abierto, sino con una expectativa amarga, como si esperara gratitud y solo encontrara rechazo. Poppy sintió un nudo cerrársele en la garganta, ese “hogar” se había vuelto un infierno, lleno de masacre y un canibalismo extremo que le repugnaba. Al notar que ella no se desmayaba, que no se rompía como quizá había esperado, el Prototipo avanzó un paso más. Solo uno. Pero fue suficiente para reducir la distancia entre ambos a algo peligrosamente íntimo. Su sombra la cubrió por completo. Poppy se mantuvo firme, clavada en el lugar, aunque cada fibra de su cuerpo le gritara que retrocediera, que huyera, o que le aventara la taza. —Deberías agradecerme, querida —El Prototipo siguió con su “charla” y esta vez la frustración se filtró en su tono, tensándolo—. Pero en lugar de eso… Inclinó ligeramente la cabeza como una marioneta, haciéndolo más tenebroso, su único ojo fijo en ella, brillante, escrutador. —…prefieres morder la mano que te alimenta —concluyó aquel ser—. ¿No es así, niña? Poppy apretó los puños con fuerza, las uñas clavándose en sus palmas. Su respiración se volvió lenta, forzada, controlada a duras penas. Ya para ese punto estaba llorando, sollozando y su corazón latía como loco, doliéndole que sentía que iba a romper su pecho. Lo miró de frente, con una mezcla peligrosa de miedo y rabia, pero el problema es que no podía ser agresiva como antes, ya no podía, la vida de Kissy dependía de eso, no quería ver una nueva cabeza empalada en los dedos del Prototipo, en especial que lo trajera como castigo. No soportaría perder a otro amigo más. —Supongo que tendré que arreglarte… —dijo con calma cruel el bufón— para que seas más obediente. La sentencia cayó pesada y definitiva. Antes de que Poppy pudiera reaccionar, su mano se alzó y tomó su rostro sin brusquedad aparente, pero con una fuerza incuestionable. Sus dedos se cerraron lo suficiente para obligarla a alzar la cabeza, forzándola a mirarlo. No fue un gesto impulsivo, sino deliberado, íntimo y humillante, como si quisiera recordarle quién tenía el control. Poppy sintió cómo el pánico le recorría la espalda, cómo su respiración se volvía corta y tensa, pero aun así sostuvo su mirada. Si tenía que suplicar o gritar, ese era el precio para mantener a Kissy a salvo, lo pagaría… aunque por dentro se estuviera rompiendo en silencio. —Espero que, con esto, puedas entender que tu lugar es a mi lado. —Mientras pronunciaba aquellas palabras el bufón, sus dedos se tensaron un poco más sobre el rostro de Poppy, no lo suficiente para causarle dolor físico, pero sí para dejarle claro que podía hacerlo cuando quisiera. Su pulgar se deslizó lentamente por su mejilla, un gesto casi cuidadoso que contrastaba de forma grotesca con la amenaza implícita, como si estuviera marcando algo que ya le pertenecía. Poppy sintió un escalofrío recorrerle la piel. Su cuerpo permaneció rígido, obligándose a no apartar la mirada, aunque cada fibra de su ser le suplicaba huir. Él inclinó apenas la cabeza, acercándose lo suficiente para invadir su espacio, para que no hubiera duda de que aquella frase no era una sugerencia, sino una imposición absoluta, sellada con la cercanía asfixiante y el peso invisible de las consecuencias que aún no se atrevían a tomar forma. Poppy cerró los ojos con fuerza, como si al hacerlo pudiera apagar el mundo. Las lágrimas descendieron sin control por sus mejillas, calientes y silenciosas, cargadas de una impotencia que le oprimía el pecho hasta doler. En su mente comenzaron a agolparse recuerdos que jamás quiso volver a tocar. Imágenes de Harley, infligiéndole un daño tan profundo e irreversible al Prototipo que terminó quebrándolo desde la raíz, moldeándolo a base de miedo, castigo y humillación, hasta convertir su capacidad de sentir en algo torcido, enfermo, distorsionando por completo un concepto de amor que nunca debió aprender así. Luego pensó en su padre, Elliot. En su abandono, en su frialdad, en cómo sembró en él una inseguridad brutal, un terror patológico a quedarse solo, una herida abierta que jamás cicatrizó y que Harley terminó de desgarrar y contaminar con crueldad. Miedo y dolor se mezclaron hasta crear algo monstruoso. Una combinación letal y ahora todo eso recaía sobre ella. Poppy se dio cuenta, con un nudo en la garganta, de que estaba sola. Completamente sola. Enfrentando las consecuencias de lo que esos dos hombres habían creado sin hacerse cargo. Un niño roto atrapado en un cuerpo destructivo. Un ser que cree que amar significa hacer sufrir, que el dolor es una prueba de afecto, y que obligar a alguien a quedarse, aunque sea a costa de destruirla, es lo correcto. Y Antes que el estampara su boca contra los labios de ella, Poppy decidió detenerlo con unas simples palabras, porque era demasiado cruel para ella, que Oliver le mintiera de esa forma, cuando había sido bastante en claro con sus acciones, que él no iba a compartir su trono. —No a tu lado —corrigió ella, mientras abría sus ojos y observaba al que antes llamaba hermano, con desprecio y tristeza—. Debajo de ti. El Prototipo se detuvo en seco, como si el aire mismo se hubiera tensado a su alrededor. Su movimiento fue abrupto, antinatural, y por un instante todo quedó en un silencio sofocante. —Qué elección tan peligrosa de palabras… —murmuró al fin. Su voz era baja, controlada, desprovista de emoción, y precisamente por eso resultaba infinitamente más aterradora que cualquier grito o estallido de furia. El Prototipo la observaba con su único ojo fijo, inmóvil, como si pudiera leer cada pensamiento y cada miedo que cruzaba su mente. El silencio era absoluto, pero pesado, cargado de una presión que aplastaba a Poppy desde dentro. Cada segundo sin palabra ni movimiento era un martillazo en su pecho, no había gritos, no había reproches… solo él y la certeza de que estaba completamente a su merced. Y eso era peor que cualquier golpe. —Debajo de mí… —susurró él, arrastrando cada sílaba como un filo invisible que cortaba el aire entre ellos. Sus dedos se cerraron sobre su rostro con una fuerza medida, y luego, sin aviso, la soltó. No con indulgencia, sino con un control absoluto, como si liberar a alguien fuera una demostración de poder, no de bondad. Poppy dio un paso atrás, respirando con dificultad, sintiendo un escalofrío recorrerle la columna, la ausencia de castigo la aterraba más que cualquier golpe. —Veo que tienes razón… —dijo él, ladeando apenas la cabeza, su mirada penetrante clavada en ella—. No creas que me molesta que lo sepas. Al contrario. Se movió lentamente hacia ella, y Poppy pudo sentir el calor de su presencia, el leve zumbido de sus sistemas bajo la piel artificial. Cada paso era un recordatorio de que no había escapatoria y el aire se volvió denso, casi imposible de respirar. —Si aceptas tu lugar… —Su abusado hablo con ese tono meloso de un niño para torturarla, en su voz baja, cargada de una serenidad cruel—… entonces aceptarás también las consecuencias de tus actos. Poppy retrocedió, intentando escapar de la presión física y emocional, pero él fue más rápido. Un solo movimiento, y estaba frente a ella otra vez. Su ojo brillaba con una intensidad que la obligaba a enfrentarlo, obligándola a confrontar su miedo más profundo. —Te daré a elegir —dijo finalmente, y cada palabra parecía aplastar el aire a su alrededor, marcando un territorio invisible del que no podía huir. —¿Elegir qué…? —susurró Poppy, temblando, chocando con la estufa que ya había apagado con anterioridad, incapaz de comprender—. ¿Elegir qué vas a hacerme? El Prototipo inclinó apenas la cabeza y se acercó aún más, hasta que la respiración de ambos se mezcló en un espacio imposible de ignorar. Su ojo no parpadeaba, no había emoción humana, solo un control absoluto que la mantenía atrapada. —No —dijo la deidad—. Elegir a quién. —¿Quién…? —preguntó Poppy, con la garganta seca, incapaz de moverse. —Tú… o Kissy Missy —replicó él, con la calma más aterradora que Poppy había sentido jamás. El nombre atravesó su pecho como un puñal. Su cuerpo se tensó, sus pensamientos se agolparon, Kissy, vulnerable, inocente, atrapada en la misma pesadilla que ella, por supuesto que iba a lastimarla terriblemente y no quería eso. —No… no la metas en esto —susurró ella, la voz rota, incapaz de apartar la mirada de él—. Esto es entre tú y yo. —Siempre hay consecuencias —respondió el Prototipo, con un leve toque de su mano metálica sobre su hombro, un contacto mínimo pero cargado de intención—. Y siempre alcanzan a otros. Incluso a Kissy e Incluso a ti. El toque era ligero, pero suficiente para que Poppy sintiera que cada respiración, cada latido, cada micro gesto, estaba bajo su control. La observaba, evaluando cada miedo, cada duda, cada vacilación. —Elige —repitió, cada palabra un martillo invisible, rozando su brazo con un tacto que mezclaba amenaza y dominio—. Tú… o Kissy. Poppy jadeó, paralizada. Cada palabra era un golpe directo a su mente, cada movimiento suyo estaba medido por él. Sus manos temblaban, su corazón golpeaba con fuerza en su pecho, y la habitación parecía encogerse a su alrededor, como si el mundo entero girara solo para ese momento. La presencia de la deidad, hacia que Poppy sintiera opresiva, y sus dedos rozaron la mejilla de ella, un toque mínimo, exacto, calculado para recordarle que estaba atrapada, que cualquiera de sus movimientos podía ser interpretado y manipulado. —Tú… o Kissy —susurró de nuevo, su voz baja, casi íntima, mientras su ojo único la atravesaba, viendo cada pensamiento. Poppy sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Sabía que no habría respuestas, no habría indulgencia. Cada decisión tenía un precio, y el nombre de Kissy estaba grabado en su mente, un recordatorio de lo que podría perder. Su respiración se volvió errática, sus manos temblaban, y la certeza de que estaba completamente bajo el control del Prototipo la aplastaba con una intensidad insoportable. No había escapatoria. No había salida. Solo él, su decisión y el terror absoluto de que cualquiera de las dos saliera lastimada. Pero ella no dudo en su respuesta, porque a pesar de todo, ya había elegido desde un principio. —Y-yo… yo elijo el castigo —pronunció Poppy en un hilo de voz, bajando la cabeza hasta que su cabello cubrió su rostro, un intento instintivo de protegerse, de desaparecer ante la mirada penetrante del Prototipo. Él la observó en silencio durante un instante que pareció eterno, observándola como si leyera cada pensamiento, cada miedo, cada culpa que ella intentaba ocultar. No se movió, no habló, solo la dejó sumida en su propio terror, obligándola a sentir la magnitud de su decisión. El Prototipo permaneció inmóvil por un instante más, como si hubiera escuchado algo celestial. Un destello de éxtasis recorrió sus gestos mecánicos, apenas perceptible, pero suficiente para que Poppy lo sintiera en cada fibra de su cuerpo. Era como si su obediencia, su aceptación del castigo, lo hubiera colmado de un placer extraño, frío, absoluto, que no necesitaba palabras para expresarse. —Bien… —susurró finalmente, su voz baja, medida, casi ronca, y la calma que transmitía era más intimidante que cualquier amenaza—. Muy bien. Se acercó a ella con pasos calculados, y su mano extendida indicó un gesto imperioso, debía seguirlo. Poppy lo miró, un reflejo de duda cruzando su rostro, pero su propio cuerpo obedeció casi instintivamente. Cada músculo parecía congelado, cada respiración contenida mientras lo seguía. Su corazón latía tan fuerte que sentía que él podía escucharlo, sentirlo, medirlo. —Camina —dijo, su tono combinando mando y un extraño deleite—. Hazlo de forma obediente y sin problemas. Poppy bajó la cabeza, sintiendo el peso de su decisión y la opresiva presencia de él detrás de ella, mientras daba pasos lentos pero firmes. Cada movimiento era medido, cada gesto suyo observado y evaluado. El miedo se mezclaba con un extraño temblor de anticipación, no entendía por qué, pero algo en su cuerpo respondía a su mandato, y esa obediencia era exactamente lo que él deseaba. La condujo hacia el cuarto de Poppy, y un escalofrío recorrió su espalda al darse cuenta de adónde la llevaba. Cada paso suyo hacía que la ansiedad se enredara más en su pecho, aquel era su espacio más íntimo, su refugio, y jamás había permitido que él cruzara ese umbral. Siempre había respetado al menos eso, dándole un mínimo de privacidad. —¿Por qué… a mi cuarto…? —musitó, apenas un hilo de voz, sintiendo cómo el terror se mezclaba con la confusión y la vulnerabilidad. Cada palabra se le atoraba en la garganta, como si pronunciarla hiciera real la intromisión que no había pedido. Su corazón latía con fuerza desbocada, y el pulso de miedo y sorpresa se combinaba con la sensación de exposición absoluta, cada pared, cada rincón que antes la hacía sentir protegida, ahora parecía cerrarse sobre ella, amplificando la presión de su presencia detrás de ella. El Prototipo se detuvo un instante frente a la puerta del cuarto de Poppy, observando el espacio con la precisión de alguien que calculaba cada movimiento. Su tamaño colosal hacía que incluso el simple acto de entrar fuera un riesgo, un paso en falso y podría romper muebles, estanterías, o cualquier objeto que ella apreciara. Sin embargo, sus movimientos fueron delicados, cada paso estaba pensado para no dañar nada, pero al mismo tiempo para dejar en claro que ahora estaba allí, dentro de su santuario. —Entra —ordenó con suavidad, su voz baja pero cargada de autoridad. Poppy dudó un instante, tragando saliva, sintiendo cómo su corazón golpeaba con fuerza. La idea de que él cruzara su espacio y lugar seguro, la llenaba de una mezcla de terror y vulnerabilidad. Sin embargo, el magnetismo de su presencia la obligó a obedecer. Dio un paso dentro del cuarto, sus manos temblando ligeramente, el pelo cayéndole sobre el rostro como un escudo improvisado. El Prototipo la siguió, cada movimiento pesado pero cuidadoso. Sus enormes patas arácnidas apenas rozaban el suelo de manera que no derribara nada, y sus manos colosales se movían con una delicadeza inquietante para no tocar nada que pudiera romperse. El contraste entre su tamaño imponente y la precisión con la que evitaba dañar su cuarto hacía que Poppy sintiera una mezcla de asombro y miedo, él podía destruirlo todo en un instante, pero elegía no hacerlo… por ahora. Cuando ambos estuvieron completamente dentro, el Prototipo se giró y, con un movimiento lento y seguro, cerró la puerta del cuarto con un golpe seco que resonó en la habitación. El seguro hizo clic. Poppy dio un pequeño retroceso, llevándose las manos a la boca y dejando escapar un jadeo ahogado. Su respiración se volvió rápida y superficial, y su cuerpo se tensó por completo. La sensación de estar atrapada, de que nadie podría entrar o salir sin su permiso, la hizo estremecerse. Ahora estaba sola con él… dentro de su propio refugio y ahora su lugar de pesadilla. El silencio se asentó dentro del cuarto como una losa pesada. El Prototipo avanzó apenas un poco más y entonces ocurrió algo que Poppy no esperaba en absoluto, por primera vez desde que lo conocía, su cuerpo colosal descendió hasta el suelo. En un movimiento bastante cuidadoso. Las enormes extremidades mecánicas se plegaron con precisión, articulaciones chirriando suavemente mientras acomodaba su peso contra la pared, ocupando una parte considerable del espacio sin romper nada. Su torso se inclinó apenas hacia atrás, como si se permitiera una forma de descanso que no necesitaba, pero que elegía adoptar. El contraste era inquietante, una entidad diseñada para no fatigarse, actuando como si reposar fuera un lujo concedido, no una necesidad. Desde esa posición, su ojo quedó a la altura justa para observarla sin levantar la cabeza. Sin imponerse desde arriba… sino desde la calma absoluta. —Ven —ordenó con voz baja el Prototipo—. Abre tu armario. Poppy se tensó de inmediato. Sus dedos se crisparon a los costados de su vestido, y una oleada de ansiedad le recorrió el pecho. Aun así, obedeció. Caminó despacio hasta el armario y lo abrió con manos temblorosas, sintiendo su mirada fija en cada movimiento. —Saca el vestido rosa —continuó él—. El que mantienes al fondo. Y póntelo. El mundo pareció detenerse. Poppy se quedó completamente quieta. El aire se le atascó en la garganta y su corazón dio un salto doloroso, ese vestido no era cualquiera. No lo usaba frente a nadie, no lo mostraba. Era… privado, demasiado, muy pecador y supo de inmediato que debió quemarlo cuando Kissy se lo trajo, mientras se lo hacía poner pensando que sería lindo, pero lo único que provoco fue que Poppy se avergonzara de sí misma porque solo resaltaba sus rasgos de una mujer adulta. —¿C-cómo…? —susurró la pelirroja incapaz de terminar la frase. Una sensación fría le subió por la espalda. Entonces la idea cruzó su mente como un relámpago enfermizo, retorciéndole el estómago. La sola posibilidad la hizo sentir expuesta, violada en algo que ni siquiera sabía cómo nombrar. Giró el rostro apenas hacia él, con los ojos abiertos por el miedo. —¿Tú… revisaste mis cosas cuando yo no estaba…? —preguntó con la voz quebrada, más aterrada por la respuesta que por la pregunta en sí. El Prototipo no negó nada ni siquiera mostró vergüenza. Su ojo brilló con una serenidad perturbadora. —Corrección —Contesto el bufón—. Tengo pleno derecho a revisar tus pertenencias. Cada palabra cayó con peso absoluto. Era una maldita afirmación que helo a la chica. Poppy sintió que algo dentro de ella se rompía lentamente. Aquel cuarto ya no era suyo. Su ropa ya no era suya, ni siquiera sus secretos lo eran y al mismo tiempo que supiera un más de ella en sus momentos más íntimos. Todo lo que creía privado existía solo porque él había decidido permitirlo… hasta ahora. —Hazlo —añadió con calma—. No termines mi paciencia niña… Las manos de Poppy temblaban mientras se giraba de nuevo hacia el armario. El vestido rosa seguía allí, intacto, pero ahora todo estaba mal, tenía miedo a donde iba a llegar esto y la enferma obsesión de Oliver no ayudaba en pensar en cómo liberarse. El vestido ahora estaba contaminado de un recuerdo vergonzoso a uno donde el terror la marcaria por el resto de su vida, ahora su intimidad que había dejado de pertenecerle. Y mientras lo tomaba, con el corazón latiéndole con fuerza descontrolada, comprendió algo con un terror profundo y silencioso, le inundo la mente, él quería verla humillada y deshumanizarla como lo había hecho con otros y ahora por fin había llegado su propio castigo. Y eso era infinitamente peor. Poppy sostuvo el vestido rosa entre sus manos durante unos segundos que se sintieron interminables. La tela le parecía más pesada de lo que recordaba, era una maldita prenda transparente en forma de vestido mientras dejaba ver su vientre y su pelvis, la cual no cubría ni una mierda. Pero al menos la parte del corpiño si la cubría, no entendía como es que Kissy había encontrado esa prenda tan reveladora, pero por supuesto se notaba que no era para salir. Utilizarlo sería humillarse, porque es demasiado vergonzoso llevarlo. Tragó saliva y, sin atreverse a mirarlo directamente, porque sentía que sus mejillas se calentaban por la ira, la humillación y la venganza, habló con la voz rota. —P-por favor… —pidió Poppy—. Voltéate. Solo… solo un momento. El silencio que siguió fue denso, casi cruel. El Prototipo no se movió ni un solo centímetro. Su cuerpo colosal seguía apoyado contra la pared, aparentemente relajado, mirándola con una atención absoluta, divertido de ver sus reacciones. —No —respondió él. La palabra fue corta pero definitiva. Poppy levantó la mirada con incredulidad, el bochorno apretándole el pecho. —Es… es mi cuarto —susurró Poppy tratando de recuperarse—. Es… es privado… El Prototipo inclinó apenas la cabeza, un gesto mínimo que, aun así, se sintió como una presión aplastante. —Precisamente —dijo con calma 1006—. Eso es lo que estás perdiendo. Su ojo la recorrió sin prisa, no como una mirada humana, sino como una inspección consciente, diseñada para hacerla sentir expuesta incluso antes de obedecer. —Pediste el castigo —continuó El Prototipo—. Y el castigo comienza cuando entiendes que ya no tienes derecho a esconderte de mí. Poppy sintió cómo el calor le subía al rostro, una mezcla de vergüenza, miedo y humillación que la hizo apretar los labios para no llorar, ya que sentía como sus lágrimas comienzan a brotar. Sus manos se cerraron con fuerza alrededor de esa lencería. —No mires… —murmuró, más como un ruego desesperado que como una petición real. —Por favor… —Pierdes mi paciencia Poppy… —la corrigió con frialdad la divinidad, comenzando a impacientarse—. Voy a mirarte porque es mío hacerlo. Cada palabra se le clavaba como una aguja. Poppy comprendió entonces que no se trataba solo del vestido. Era el acto de obedecer mientras era observada, el hecho de que incluso su vergüenza le pertenecía ahora a él. Con un nudo en la garganta, bajó la cabeza. No tuvo de otra que obedecer, porque si ella hacia algo que fuera lo contrario que había ordenado, entonces algo peor le pasaría a Kissy, que lo estaba sufriendo ahora mismo, por lo que tuvo que dejar el vestido aun lado, para poder desabotonar los botones de su cuello, permitiendo que el Vestido aflojara, luego quitarse el listón para proseguir a desabotonarlo todo. Cada segundo se sentía eterno bajo esa mirada que no se apartaba, que no concedía ni un mínimo de respeto. El Prototipo no dijo nada más. No necesitaba hacerlo. Su silencio era parte del castigo, mientras continuaba quitándose aquella ropa que tenía puesta, cuando estaba floja su prenda no dudo en dejarla caer hasta sus pies, revelando un cuerpo bastante hermoso, definitivamente Poppy podía hacerse pasar por una humana común y corriente, si no fuera por aquellas segmentaciones que dividían su cuerpo. Poppy se abrazaba a sí misma con fuerza, más por vergüenza que por frío, y gracias a ello su torso permanecía parcialmente cubierto, además de seguir utilizando su brasier que ayudaba a sujetar sus pechos claramente redondos y regordetes. Aun así, era imposible no notar las sutiles segmentaciones que recorrían su cuerpo. En los hombros se marcaban con claridad las uniones, discretas pero evidentes, debajo de las costillas aparecía otra división, precisa y perfectamente integrada. El abdomen era liso, sin interrupciones visibles, pero más abajo, en la zona del vientre y las caderas, se distinguía nuevamente la separación característica de su estructura. Las rodillas y los codos también mostraban esas líneas casi imperceptibles, recordatorios silenciosos de su verdadera naturaleza. Cada articulación estaba diseñada con exactitud, no solo para permitir movimiento, sino para soportar tensión, impacto y desgaste. Poppy era, sin lugar a dudas, una muñeca. Sin embargo, no una frágil ni ornamental. Elliot la había concebido con biotecnología avanzada, pensada para resistir, para perdurar, para sobrevivir en condiciones que habrían destruido a cualquier cuerpo humano. Esa combinación inquietante de apariencia delicada y estructura resistente hacía que su existencia resultara tan perturbadora como fascinante. Pero lo verdadero peligroso que hacia el cuerpo de Poppy, no era la forma en como la construyeron, sino más bien su belleza sensual que desparramaba con solo mirarla, tenía buenas curvas, unos preciosos lunares que resaltaban su espalda como si fueran constelaciones, y si no fuera porque esta trababa de cubrir sus pechos, también podría observarse aquellos lunares y esos monumentos de carne seductores que se movían con su andar, en un rebote llamativo y atractivo. Por desgracia aun poseía bragas y brasier que tapaba aquellas zonas lascivas que trataba de ocultar como podía. después del pánico inicial, Poppy como pudo levanto aquella lencería para proceder a colocárselo, pero antes de que pudiera ponérselo correctamente, el Prototipo la interrumpe. —Eso se pone sin sostén… —corrigió la deidad con frialdad. No había burla en su voz, sino una certeza absoluta, como si enunciarlo fuera tan natural como dictar una ley. Su ojo único permanecía fijo en ella, no con prisa, sino con una atención profunda que ella podía sentir en su piel. No era simple observación, era posesión. Aquello que tenía delante no necesitaba adorarlo para someterse, lo hacía porque él lo había decidido así. Aquel momento superaba con creces cualquier otra forma de adoración que hubiera conocido. Mucho más que los cánticos, los rezos desesperados o las promesas vacías de aquellos seres inferiores que lo veneraban sin comprenderlo. Ellos solo buscaban un salvador, alguien a quien aferrarse, y él se los había concedido sin esfuerzo. Manipularlos había sido fácil. Demasiado y admitía hasta casi aburrido. Admitía que había algo adictivo en recibir su devoción, sus halagos constantes y su fe ciega, no podía evitar la comparación. Nada de eso se acercaba siquiera a lo que sentía ahora. Este instante, esta obediencia silenciosa, esta rendición íntima y forzada… lo superaba todo. Una exaltación extraña comenzó a recorrer su propio cuerpo, algo que no necesitaba sentir y que, sin embargo, se manifestaba con fuerza inquietante. Era una sensación que solo había experimentado una vez antes, cuando logró su cometido durante la Hora de la Alegría. La misma intensidad. El mismo vértigo y el mismo delirio. Las emociones comenzaron a desbordarse, extremas, desordenadas, apoderándose de su mente con una rapidez alarmante. Por un instante, incluso su lógica perfecta pareció difuminarse, cegada por esa sensación de control absoluto, de dominio total, de victoria incuestionable. Había algo que Harley Sawyer le había enseñado demasiado bien. Lo recordó con claridad en el instante en que aquella vieja pregunta regresó a su mente, ¿qué se siente ejercer dolor absoluto? Harley se la había formulado una vez, no como una acusación, sino como una invitación al descubrimiento. Y después, con paciencia cruel, le había mostrado la respuesta. Le había enseñado que el dolor extremo no era solo un medio, sino una experiencia. Que cada vez que empujaba los límites, cada vez que arrancaba una reacción nueva, aprendía algo más sobre su propio cuerpo… y sobre los secretos que Elliot había enterrado tanto en él como en Poppy. Capas ocultas. Funciones negadas y límites diseñados para romperse. Harley le había hablado del éxtasis que nacía en esos momentos, de la intensidad de existir plenamente en el instante en que el control era total. No lo había llamado placer al menos no de forma directa, pero lo había descrito como algo muy cercano. Algo que se sentía vivo, poderoso, absoluto. Era una enseñanza retorcida. Enferma. Y aun así… Oliver comprendió, con una claridad que lo estremeció, que Harley tenía razón. Porque ahora no lo estaba recordando como una lección ni como una teoría distante, lo estaba viviendo. Y lo más inquietante era que ya no surgía solo del acto en sí, sino de Poppy. De su presencia frente a él. De la forma en que se mostraba vulnerable, obediente, quebrada bajo su mirada y en como luchaba por no llorar, mientras trataba de reunir las fuerzas para quitarse esa estorbosa prenda que sostiene sus pechos regordetes. No era una observación externa. Era una sensación real que se abría paso dentro de su mente, creciendo, reclamando espacio, alimentándose de cada gesto suyo, de cada instante en el que ella bajaba la mirada, de cada vez que su voluntad se plegaba sin resistencia. El control y el dominio. Ese momento preciso en el que la decisión dejaba de pertenecerle a ella y pasaba a ser exclusivamente suya. Todo eso le provocaba una exaltación peligrosa. Pero lo verdaderamente perturbador no era sentirla, sino reconocer de dónde provenía. Comprender que no era el castigo en abstracto lo que lo impulsaba, sino Poppy misma, tal como se encontraba ante él, expuesta, sometida, entregada a una dinámica que él había impuesto. Y aun así… la aceptó. Aceptó que aquello despertaba algo nuevo en su interior. Algo que Elliot había intentado evitar desde el principio, cuando supo que había cometido un error con él. Lo recordó con una claridad amarga, la noche en que entró a su habitación mientras fingía dormir, con la intención de terminar con su existencia antes de que pudiera convertirse en algo que no pudiera controlar. Fue ahí donde 1006 experimentó la traición más profunda de su vida. No hubo advertencia, ni siquiera duda en los ojos del que llamo y amo como un padre. Solo el instinto de supervivencia activándose con una violencia desesperada. Se defendió y en ese acto, Elliot dejó de existir, aplastado por la consecuencia de su propio miedo, y su cabeza se rompía como una fruta a manos de su verdugo, mientras suplicaba, no por sí mismo, sino rogando que no le hiciera daño a Poppy. Ese recuerdo seguía ahí, incrustado en su mente como una herida que nunca terminó de cerrarse. Pero esa cicatriz se combinó de forma atroz con las palabras de Harley, pronunciadas con una lucidez cruel, que eran iguales. Dos entidades rotas, buscando con desesperación un propósito al que aferrarse, intentando controlar inseguridades profundas que, al no ser comprendidas, se transformaban en obsesiones tan extremas como peligrosas. En su momento, Oliver había rechazado esa comparación. Pero ahora, frente a Poppy, comprendía su significado real. Porque aquello que despertaba en él ese impulso, esa necesidad de control, esa exaltación no era solo herencia de su diseño ni producto de las enseñanzas de Harley. Era algo que tomaba forma a través de ella. De cómo se mostraba ante él. De cómo su presencia activaba lo que Elliot había querido suprimir y Harley había sabido identificar. En ese instante supo que ya no estaba simplemente replicando lo que le habían enseñado. No estaba siguiendo un patrón aprendido. Estaba cruzando un umbral, no del que no habría retorno. Lo que estaba naciendo en su interior ya no podía ser negado ni contenido. Y eso… eso era infinitamente más satisfactorio. Había ganado ese momento por completo. Lo supo cuando una exaltación desconocida comenzó a recorrer su cuerpo, una sensación ajena incluso para él, similar únicamente a aquella que experimentó una sola vez, cuando logró su cometido durante la Hora de la Alegría. No era solo triunfo. Era algo más profundo, más peligroso. Emociones extremas empezaron a acumularse en su mente, superponiéndose unas a otras, nublando su juicio, erosionando lentamente los límites de su cordura. Era como si pensamientos ajenos se filtraran en su conciencia, susurrando con una devoción inquietante, cargadas de una fe ciega y destructiva. Voces que no pedían. Exigían. “Es tuya.” “No pertenece a nadie más.” “Destrúyela.” “Hazla rogar.” No eran órdenes. Eran impulsos. Deseos crudos, deformados, que se abrían paso como una verdad que ya no podía ignorar. —Es preocupante que sigas ignorando tantas cosas, Poppy —admitió el Prototipo con una burla fría, casi distraída. Ella no respondió. Lo miró con rabia contenida y mordió sus labios con fuerza, aferrándose a ese gesto como a un ancla, la única forma que tenía de no quebrarse ahí mismo. No quería saber cómo demonios él lo sabía. No iba a preguntarlo. Porque, sinceramente, a ese punto ya le aterraban sus conocimientos, había algo en ellos que se sentía prohibido, invasivo, como si cada respuesta escondiera una verdad aún más cruel. Un presentimiento oscuro se instaló en su pecho, pesado, sofocante. Algo le decía que aquel día cruzaría un límite que no estaba preparada para cruzar. Y tenía miedo. Miedo de que doliera y miedo de que la rompiera, no solo en un sentido, sino en todos los posibles. Literalmente. Era la primera vez que pensamientos así la asaltaban con tanta fuerza, y le aterraba que fuera precisamente él quien los provocara. El Prototipo, con su sola presencia, estaba desfigurando su percepción del miedo, empujándola a imaginar escenarios que nunca debieron existir en su mente. Solo quería que se fuera. Que saliera de su habitación y la dejara sola. Quería acurrucarse en su cama, llorar hasta quedarse sin fuerzas y abrazar a Kissy Missy hasta dormirse, como lo hacía cuando su padre aún estaba vivo, cuando el mundo todavía tenía refugios seguros y el terror no habitaba dentro de su propio cuarto. Poppy no pudo evitar lo que venía, solo tuvo que obedecer, así que solo llevo sus manos a su espalda, para tomar el sujetador que tenía su brasier, y comenzar a quitar, haciendo que sus pechos se liberaran de esa presión, para luego quitarse una por una las correas de sus brazos y así dejar caer la prenda, por fin liberando aquellos pechos del tamaño perfecto para muchos hombres, la cual sus manos podían se llenados y estrujarlos, pero ella al estar de espaldas del prototipo, no permitió que el viera la Higuera de estos, al contrario solo los cubrió con sus manos, mientras se ponía bien la lencería y volver a cubrirlos, pero esta vez acomodarlos para que no se viera mucho. Pero la realidad era que es complicado y muy difícil, porque al no ser una vestimenta de su tamaño, provocaba que estos resaltaran bastante y sus pezones rosaditos sobresaliera un poco, además de que la tela apenas y cubre su culo, si no fuera porque tuviera sus bragas con franjas rosadas ella estaría peor que avergonzada, en especial porque se sentía desnuda. Nunca se había mostrado así ante 1006, ni siquiera en sus sueños. Jamás habían cruzado un límite semejante. Sus interacciones, por más íntimas que hubieran sido, siempre se habían mantenido dentro de un terreno seguro, compartir silencio, hablar durante horas, sentirse acompañados en la sola presencia del otro. A veces, un gesto pequeño y cargado de afecto, un abrazo breve, un beso casto en la mejilla por parte de ella, o la forma en que él tomaba sus caderas para sostenerla y evitar que cayera. Pero esos recuerdos pertenecían a otro tiempo. A un pasado que ya no existía. Eran fragmentos de antes de que se transformara en un monstruo, de antes de que su mente y su personalidad se distorsionaran hasta volverse irreconocibles. Antes de que aquello que ella había llamado hermano se desdibujara por completo, dejando en su lugar a algo frío, ajeno, y aterrador. Y eso era lo que más dolía. Que aquel vínculo, tal como lo había conocido, había muerto mucho antes de ese momento, tal vez fue cuando ella encontró a su padre muerto en el cuarto de Oliver quien lloraba como un niño perdido y roto, sobre como él quiso asesinarlo que solo se estaba defendiendo, Poppy se maldijo en ese momento y debió huir, en vez de quedarse y consolar a ese bufón patético que había sido traicionado por el hombre que llamaron padre. Ella no debió abrazarlo, besarle la frente ni prometerle que estaría bien y que ellos estarían bien, porque ahora tenía un jodido narcisista y un bastardo sádico que disfrutaba de humillarla de la forma más descarada posible. La pelirroja se quedó inmóvil, los brazos pegados al cuerpo, el corazón golpeándole con fuerza. Es a lencería no podía contener su cuerpo sensual, la cual sobresalía obscenamente la mayor parte su busto, hasta casi rozar sus pezones que sobresalían un poco, además que sus caderas y muslos regordetes no ayudaban en nada, cuando esa lencería le quedaba pequeña y ni siquiera tapaba su piel, aunque al menos agradece a tener sus bragas, no se atrevía a mirarlo, en especial que sus ojos azulados brillaban por sus lágrimas contenidos. Además, que ese peinado de dos colectas hacía que sobresaliera su figura pecaminosa. No quería confirmar lo que ya sabía, que él había visto todo lo que ella había querido mantener solo para sí, o para un amante a futuro que deseaba tener, pero ni eso el maldito enfermo la dejaba tener. —Bien —dijo finalmente él—. Ahora entiendes. Poppy cerró los ojos con fuerza. Su cuarto, su ropa, su pudor… todo había cruzado una línea de la que no sabía si podría volver. Poppy cerró los ojos con fuerza. —Ya cumplí —susurró, intentando que su voz no temblara—. Hice lo que querías. Ahora déjame en paz. El silencio que siguió no fue alivio, ella ya estaba hecha un manojo de nervios cuando él se quedaba callado. Una risa baja, contenida, casi divertida, escapó de él. —¿En paz? —repitió con suavidad venenosa la divinidad—. Poppy… esto apenas comienza. El tono fue lo que la obligó a abrir los ojos. El sonido de su cuerpo al moverse llenó la habitación. Por primera vez, se incorporó por completo, abandonando aquella falsa postura de descanso. Sus piezas se acomodaron con una precisión inquietante, cada movimiento calculado, consciente del efecto que provocaba. Poppy dio un paso atrás, con temor de lo que ahora esa psicopatía haría. —Por favor… Prototipo, ya hice lo que pediste… —trató de dialogar con él, mientras un miedo visceral le cruzaba las entrañas y se abrazaba a sí misma, como si pudiera hacerse más pequeña, menos visible. El Prototipo ladeó apenas la cabeza. El gesto, mínimo y mecánico, resultó infinitamente más perturbador que cualquier arrebato violento. Su único ojo la estudió con una intensidad peligrosa, como si estuviera observando el comportamiento de un espécimen particularmente interesante. —¿Eso crees? —respondió con una suavidad afilada mientras comenzaba a caminar hacia ella y la pelirroja solo se estremecía tratando de cubrir su cuerpo con sus brazos—. Qué limitada es tu percepción, Poppy. El suelo vibró bajo su peso, pero a pesar de todo siempre se mostraba cuidadoso al caminar en ese lugar. No tenía prisa y no necesitaba tenerla. —Cumpliste una instrucción —continuó El Prototipo—. No confundas obediencia inicial con absolución, aun debes tener consecuencias… por tu desobediencia. —Dijiste que si elegía el castigo… y esto ya es demasiado humillante… maldita sea… esto es… cruel—insistió Poppy tratando de sostener la poca firmeza que le quedaba, mientras sus lágrimas bajaban de nuevo por sus mejillas. —Mírame… parezco una maldita muñeca sexual… ¿Qué más humillante que esto? Él soltó una risa baja. No era estruendosa, sino contenida, casi elegante en su crueldad. —¿Humillante? —repitió El prototipo con un dejo de fascinación, como si degustara la palabra—. No tienes idea de lo que significa esa palabra, Poppy. Sus piezas encajaron con un sonido seco y preciso, y esta vez no hubo disimulo en la forma en que la observó. Su ojo recorrió cada temblor, cada lágrima, cada intento fallido de tapar sus pechos, de cubrir con aquella tela su pelvis, mientras temblaba. No era simple evaluación, era contemplación posesiva y ese deseo maldito que Harley le enseño identificar. —Te pedí que eligieras —continuó con suavidad calculada mientas comenzaba a abrir su boca y formaba aquella inquietante sonrisa extasiada—. Y lo hiciste. Elegiste estar aquí. Elegiste quedarte frente a mí. No distorsiones la narrativa para sentirte menos responsable. Dio un paso hacia ella. Poppy retrocedió de inmediato, el colchón chocando contra sus piernas. —Ya cumplí… —insistió, casi suplicando la de ojos azulados—. ¡Déjame en paz! Su risa se apagó lentamente. —Mírate —murmuró Oliver sin poder controlar sus impulsos, sus ansias de estar con esa mujer, por supuesto ya no era una niña como la llamaba a veces para burlarse de ella, con ese cuerpo había decidido por fin cambiar las cosas entre ellos dos, su voz descendiendo a un tono más grave, cargado de una exaltación apenas contenida—. Incluso ahora, no puedo evitar admirar el trabajo de Elliot que hizo en ti… El aire en la habitación parecía comprimirse a su alrededor. —Elliot nos hizo perfecto a ambos, porque sabía que solo nosotros podíamos estar juntos y acompañarnos con lo que venía después de él…—1006 seguía hablando mientras Poppy solo desviaba su mirada. —No entiendo porque niegas los hechos… de lo que somos. Ella negó con la cabeza, las lágrimas cayendo sin control. —No existe nada —susurró ella con rabia—. Solo estás enfermo. —Confeso porque a sus ojos es lo que él era, una persona rota, una enferma que pensaba que esto iba a funcionar que, en su hora de la alegría, realmente pensaba que iba a ser la solución, pero la triste realidad solo se había vuelto un Tirano sádico, adicto al control y sobre todo creyéndose el dueño de ella. Él inclinó ligeramente la cabeza, divertido. —Oh, Poppy… —su voz se volvió sedosa, casi indulgente—. Si esto fuera simple crueldad, ya habría terminado. Pero no lo es. Se acercó lo suficiente para que ella sintiera su presencia, hasta quedar cara a cara a escasos cm. Mientras en sus ojos de ella lo miraba con ruegos de que para y él miraba como un objeto deseo, que ya quería probar. —Esto es el comienzo. —Contesto Oliver mientras su mano tocaba la mejilla de Poppy, jugueteando un poco con su cabello y este intento bajar su toque, pero ella lo detuvo al palmear su mano para que dejara de tocarla. Ella intentó apartarse, desesperada, pero sentía que estaba acorralada, cuando el tamaño colosal de él, le impedía su huida. —¡Oliver, detente! —Poppy habló finalmente en un ruego entre un grito, su desesperación era grande, porque realmente toda esta situación la ponía incómoda y frustrada, solo quería que se detuviera y tal vez llamar a aquel hermano que perdió hace tantos años pudiera hacerlo reaccionar. Sin saber que había cometido el mayor error de su vida, El silencio se volvió absoluto. El Prototipo no respondió de inmediato. No se movió, ni respiró. Pero algo en él cambió. Fue sutil, casi imperceptible… y precisamente por eso, aterrador. Su ojo se contrajo lentamente y el brillo de este comenzó a intensificarse como si el nombre hubiera activado un recuerdo que no debía tocarse. Él había decidido matar lo que quedaba de su yo pasado, ese maldito debilucho llorón, que permitía que lo golpearan, que lo torturaran que casi Elliot mataba. —No uses ese nombre —respondió el Prototipo, en un tono bajo, contenido hasta el límite. No gritó y no perdió el control de forma evidente. Eso habría sido más sencillo de enfrentar. En lugar de eso, su voz adquirió una cualidad más profunda, más densa, cargada de una ira fría que no necesitaba elevarse para imponerse, mientras volvía abrir la boca. —Oliver era débil —Confeso 1006—. Dudaba y creía en cosas inútiles como si pudiera ser libre... pensando que pertenecía a un lugar o que tenía un padre que realmente lo amaba. Sus dedos se tensaron sintiendo la necesidad de apuñalar lo que sea. —¿Eso es lo que buscas? —preguntó con una suavidad venenosa divirtiéndose por la patética manipulación de Poppy—. ¿Invocar un fantasma para salvarte de mí? Poppy negó con la cabeza, las lágrimas acumulándose otra vez. —Yo solo… quiero que pares esto…—pidió aquella dama, sexualizada y denigrada. El cambio fue inmediato. El brillo de su ojo se contrajo violentamente. Toda su estructura se tensó, y por un instante su compostura calculada se fracturó, dejando ver algo mucho más visceral debajo. —No —dijo con una frialdad peligrosa—. Ese nombre ya no me pertenece. Poppy intentó alejarse de él, pero él se movió más rápido. Y con su mano le dio un empujón la cual controlo su fuerza como pudo, para al menos deshabilitar su compostura, la hizo caer hacia atrás sobre la cama. El colchón absorbió el impacto mientras el aire escapaba de sus pulmones, y sus pechos rebotaban y la tela se subía dejando ver sus bragas, mientras ella abría sus ojos con sorpresa y miedo. El Prototipo se inclinó sobre ella, su figura proyectando una sombra dominante, pero antes de que pudiera hacer algo, este tomo sus manos para poder someterla en aquella cama que ahora les pertenecería a ambos. —No invoques a los muertos para intentar domesticarme, Poppy —concluyó con frialdad absoluta—. Porque Oliver ya no puede salvarte. Y en su mirada no había solo rabia. Había deseo contenido y al mismo tiempo desbordado Y la peligrosa satisfacción de saber que ella ahora por fin seria suya. Su mano se cerró con fuerza alrededor de su mandíbula, obligándola a alzar el rostro mientras se cernía sobre ella con el peso de una sentencia inevitable. Sin previo aviso, acortó la distancia y estampó su boca contra los de ella buscando la desesperación de un beso, la cual era imposible al no poseer labios, pero podría funcionar si tan solo ella abría la boca. Poppy se quedó en shock ante este movimiento, sin embargo, se mantuvo rígida, sus labios permanecieron sellados, una línea firme de resistencia que se negaba a ceder ante la invasión. Sus ojos cerrados mientras negaban con su cabeza buscando la manera de evitar que siguiera estampando su boca contra sus dientes esto sirvió para alimentar la impaciencia del Prototipo. Él se separó apenas unos milímetros, lo suficiente para que ella sintiera el calor de su aliento errático golpeando su piel. —Mírame —ordenó en voz baja. Poppy negó con la cabeza, respirando con dificultad. Estaba asustada, la parte metálica del cuerpo del prototipo descañaba fuera de la cama, este se había acostado para tener mayor comodidad, Mientras tanto, su parte humanoide peligrosamente cálida la mantenía acorralada contra el colchón. Poppy sentía la presión asfixiante de sus pechos aplastados contra el torso de él, cada latido de su corazón chocaba contra la superficie implacable del Prototipo, recordándole que no tenía a dónde huir. Estaba cercada por el acero y la carne, entre la frialdad de una máquina y el deseo desbordado de un hombre que ya no conocía la piedad. —No… —El susurro de Poppy fue apenas un hilo de aire, una negativa frágil que se perdió entre ambos. No quería entregar lo único que le quedaba que podía dar a alguien a quien pueda amar, a él, ese maldito monstruo que ahora quería romperla de la única manera en la que jamás fue tocada. En respuesta, el brillo carmesí de su ojo se intensificó, una señal luminosa de que la paciencia del Prototipo se estaba agotando. —Te dije que esto era solo el comienzo —murmuró él, su voz vibrando con una textura metálica y sombría—. Y yo no repito mis órdenes, Poppy. Se inclinó aún más, invadiendo su espacio personal hasta que no quedó aire que no fuera compartido. Su presencia dominante hacía que ella deseara desmayarse por que a este punto iba a tener un colapso mental. Era una fuerza física y psicológica que la asfixiaba, recordándole en cada centímetro de piel que él era el dueño absoluto de ese espacio. —Bésame. —El volvió a ordenar más impaciente, El Prototipo esa deidad que, hacia temblar a muchos, parecía bastante desesperada con probar sus labios. Poppy reaccionó por instinto, estaba muy aterrada a ese punto, solo quería irse y no entendía porque él no dejaba que se fuera, apretando los labios en una línea de resistencia desesperada mientras giraba el rostro, intentando buscar un rincón de aire donde él no estuviera. Las lágrimas, calientes y amargas, volvieron a brotar, trazando surcos de humedad sobre sus mejillas. —No… por favor, Prototipo no lo hagas… por favor seré buena… solo por favor no me hagas esto… —suplicó, su voz quebrándose contra la inexpresividad de su captor. Mientras sus ojos azulados brillaban con esa intensidad deprimente, su cabello a pesar de estar sujeto por sus coletas parecía que iban a romperse. El Prototipo soltó una exhalación lenta, un sonido que se debatió entre la decepción y una peligrosa resignación. No había rastro de empatía en ese suspiro, solo la confirmación de que ella había elegido el camino más difícil y por alguna razón eso lo extasió más, fue entonces que en ese momento por primera vez en su vida. Supo que era igual a Harley en ese aspecto y eso explicaba tanto porque hizo lo que le hizo. La presión de sus dedos en el mentón de Poppy aumentó hasta rozar el dolor, forzándola a soltar un jadeo ahogado, sintiendo que iba a perforar su mejilla con sus dedos afilados, pero probablemente ya lo había hecho porque sintió un líquido espeso bajar por su mejilla que no era sus lágrimas. Él aprovechó ese instante de debilidad, hundiendo sus dedos con firmeza para obligar a que sus labios se separaran por completo. —Abre la boca, Poppy —ordenó, sus ojos oscureciéndose mientras observaba cómo la voluntad de ella empezaba a resquebrajarse ante la amenaza física—. Quiero sentir que te rindes. Quiero que me dejes entrar, o te juro que lo haré de una forma que preferirías evitar. Poppy sintió como se intensifico aquel horrible dolor y no pudo evitar soltar un alarido doloroso, por lo que Oliver le hizo, mientras sus labios se entreabrían por completo. El Prototipo dejó escapar un gruñido de satisfacción gutural antes de volver a reclamar su boca, esta vez sin barreras, este saco su lengua, larga y viscosa para estampar su boca contra la de ella, haciendo que ambas lenguas comenzaran a lamerse, que dejaba claro que no aceptaría nada menos que su absoluta sumisión. La invasión fue total, la muñeca sintió esa sensación entraña mientras el envolvía su lengua contra la de ella, tan pequeña a diferencia de él, y solo miro hacia arriba mientras Oliver violaba su boca, podía sentir esos movimientos frenéticos y posesivos, saborear la saliva ajena, y el sabor del anterior té que él había tomado, sus ojos llorosos solo perdían mientras no podía hacer nada ya que sus manos estaban atrapadas por la mano del prototipo, y su cuerpo era aplastado por el contario para evitar que huyera. Pero lo que realmente le aterro y emociono, fue que aquel beso, hacia que el prototipo se meciera un poco contra ella y sus pechos que presionaban el pecho del contrario, comenzaran a ser rozados como estimulados, en especial que la tela casi no tapaba sus pezones, por lo que podía sentir esa provocación en su piel, mandando a Poppy sensaciones bastante cuestionables en especial porque ese roce la hizo sentir muy bien y al mismo tiempo mal, porque no quería que él le diera esas sensaciones. En el momento en que Poppy cedió, el Prototipo no solo tomó lo que buscaba, sino que lo reclamó con una voracidad que rozaba lo inhumano. Aquella lengua, de una textura extraña y una longitud que desafiaba la anatomía natural, se deslizó con una confianza depredadora, barriendo cada rincón de su cavidad bucal y forzándola a una intimidad asfixiante. Poppy sintió calor y al mismo tiempo terror, porque sentía que el la oficiaba, no solo porque no le dejaba tomar aire, si no que su peso aplastaba su pecho y por ende sus pulmones. El contacto era viscoso, caliente y dominante, no era un beso de amantes, era una colonización. El Prototipo movía su lengua con una destreza mecánica y rítmica, envolviendo la de ella, lamiendo y enrolando su lengua con la suya con una fuerza que le impedía incluso cerrar la boca o apartarse. El sonido de sus respiraciones mezcladas y el chasquido húmedo de la fricción llenaban el aire, amplificando la humillación de su rendición. Él emitió un ronroneo vibrante que Poppy sintió retumbar directamente en su esternón. Sus manos, que antes solo la sujetaban, ahora se cerraban con más fuerza sobre el colchón, sus dedos metálicos hundiéndose en la tela mientras él se arqueaba sobre ella para profundizar el ángulo. La falta de oxígeno comenzó a pasarle factura, una presión punzante subió por su garganta y el rostro de Poppy empezó a tornarse de un matiz violáceo bajo la sombra del Prototipo. En el preciso instante en que sintió que el soltaba sus muñecas, la pelirroja no lo dudó. Reaccionó por puro instinto de supervivencia. Apoyó las palmas de sus manos contra los hombros de 1006 y, con un rugido interno de desesperación, empujó hacia atrás con todas sus fuerzas. El movimiento fue brusco, violento, logrando arrancar la boca de él de la suya en un desgarro húmedo. Un hilo espeso de saliva quedó suspendido entre ambos como un puente obsceno, rompiéndose finalmente con un sonido sordo y viscoso que resonó en el silencio de la habitación. Poppy echó la cabeza hacia atrás contra el colchón, abriendo la boca desesperadamente para tragar bocanadas de aire. Sus pulmones ardían y sus ojos, enrojecidos y empañados por las lágrimas, delataban el pánico del que acababa de escapar. El miedo, sin embargo, se vio momentáneamente eclipsado por una chispa de furia pura nacida del instinto de conservación. —¡Maldito cínico! —escupió entre jadeos erráticos, su pecho subiendo y bajando con violencia mientras intentaba estabilizar su ritmo cardíaco—. ¡¿Acaso... acaso pretendes matarme asfixiándome?! Le lanzó una mirada de reojo cargada de un odio vibrante. El terror que la había paralizado minutos antes se había transformado en una rabia defensiva, estar al borde de la muerte la había dotado de una valentía amarga, enfrentándolo con los restos de su aliento recuperado. El Prototipo pareció congelarse ante la explosión de furia de Poppy, pero no fue por sorpresa o arrepentimiento. Una chispa peligrosa, casi febril, se encendió en el fondo de su ojo óptico. Sus circuitos internos emitieron un zumbido sordo y acelerado, reaccionando a la adrenalina, al sabor de su boca y a la violencia de su resistencia. Esas sensaciones, tan humanas que pensó que ya había dejado atrás en el momento que había cambiado, actuaron como un narcótico potente y enfermizo en su ser, la deidad no pudo controlar por primera vez. —Poppy... Poppy... Poppy... —comenzó a murmurar. Su voz ya no era fría ni calmada, era una letanía entrecortada, repitiendo entre varias voces, una distorsión de audio que repetía su nombre como un mantra obsesivo. Su postura cambió drásticamente. La rigidez humanoide dio paso a una fluidez depredadora. Su cuerpo metálico y orgánico pareció expandirse ligeramente, sus extremidades se tensaron como resortes listos para saltar, y el brillo de su ojo se volvió errático, hambriento. El control que tan celosamente guardaba se estaba esfumando, dejando paso a los instintos más básicos y brutales de la criatura que realmente era. Poppy sintió cómo el breve estallido de valentía se congelaba en sus venas. El aire que acababa de recuperar pareció escapar de nuevo de sus pulmones al ver el descontrol de ese ahora depredador hizo que se asustara. Esto no era un hombre celoso o posesivo, era un monstruo que acababa de probar el pecado y quería más. Intentó retroceder, arrastrarse por el colchón, pero estaba acorralada entre su cuerpo y aquellas manos peligrosa no la dejaban ir tan fácilmente. Él ignoró su intento de huida, procesando tardíamente las palabras acusadoras que ella había escupido. —¿Matarte? —su voz era un gruñido profundo, vibrando con esa nueva y peligrosa energía—. No, Poppy. Eso sería estúpido… Se abalanzó sobre ella de nuevo, pero esta vez no fue para inmovilizar sus manos. Con un movimiento rápido y preciso, su mano humanoide se cerró sobre el escote de su lencería. No hubo delicadeza, solo la fuerza bruta de quien reclama una propiedad. Con un tirón seco y violento, desgarró la tela, bajando el vestido hasta su cintura en un solo movimiento, exponiendo su piel pálida, revelado por fin aquellos pechos regordetes que dieron un suave rebote hipnótico, en especial cuando sus pezones rosaditos al sentir el aire frío se efectuaron hasta revelar de forma seductora su verdadera forma de malvaviscos pequeños y bastante apetecibles y a su mirada insaciable, se volvió un tipo de platillo bastante apetitoso. —Quiero que vivas... —susurró, inclinándose sobre ella mientras Poppy soltaba un grito ahogado de sorpresa, al mismo tiempo que trataba de cubrirse, pero él la detuvo volviendo a tomar sus manos—. Quiero que vivas para que sientas cada segundo de cómo te conviertes en mía. Absolutamente mía. El Prototipo no le dio tregua. Con un movimiento ágil y posesivo, se acomodó entre sus piernas, forzando su cuerpo metálico y humanoide a encajar perfectamente en el espacio que ella intentaba cerrar. Poppy sintió la invasión total de su intimidad, una presión que le recordaba que no había rincón de su cuerpo que él no estuviera dispuesto a reclamar. Él hundió el rostro en la cascada de su cabello pelirrojo, aspirando su aroma con una intensidad que rozaba lo maníaco. Susurró su nombre de nuevo, una vibración gutural que erizó la piel de Poppy, antes de deslizar su nariz por la curva de su oreja hasta alcanzar su cuello. Allí, sin previo aviso, pasó su lengua larga y caliente, dejando un rastro de humedad brillante sobre la piel pálida de la joven. Poppy soltó un gemido que fue mitad terror y mitad una respuesta física involuntaria ante la invasión tan directa. —Hueles a miedo... y a algo mucho más dulce —gruñó él, su voz vibrando contra su yugular. Bajó lentamente, descendiendo por el relieve de su clavícula hasta que su mirada volvió a fijarse en aquellos pechos que se alzaban y caían con su respiración agitada. Los pezones rosados, firmes como pequeños malvaviscos bajo el frío y la adrenalina, parecieron magnetizar su atención. El Prototipo no esperó. Se inclinó y rodeó uno de ellos con su lengua, lamiendo la aureola con una parsimonia tortuosa, saboreando la textura y el rebote suave de su carne, provocando que este se exaltara al probar más su sabor y ver cómo es que al ser tan blandito podía moverse aun con su lengua. —¡Ahhhhh! —Ella no pudo evitar gemir alto, ante su toque lascivo e intrusivo. Poppy arqueó la espalda de forma violenta, un espasmo que nació del terror pero que terminó moldeándose a la forma del cuerpo que la sometía. Sus manos forcejeaban inútilmente, debajo de las del prototipo que la sujetaba, pero mientras su mente gritaba por auxilio, sus sentidos comenzaban a enviarle señales contradictorias y peligrosas. Sentía el contraste abrasador entre el aliento rancio y caliente de la criatura y la frialdad del aire golpeando su piel desnuda, creando una fricción sensorial que la hacía delirar y maldijo que comenzara a sentirse de esa manera, maldita ella nunca se había sentido tan excitada en su vida. Él alternaba entre lamer con una parsimonia depredadora, lamiendo todo su pecho, luego meter su tetilla a su boca y con sus dientes, morderla con suavidad para jalar y soltarla, haciendo que su pecho volviera a tener un rebote y ella jadeara más, mientras sus mejillas se volvían más rojizas, sus movimientos enviaban descargas eléctricas directamente a su vientre. Poppy odiaba la forma en que sus pezones buscaban el contacto de esa lengua larga, odiaba cómo su propio pulso se aceleraba no solo por el miedo, sino por una excitación oscura y prohibida que empezaba a florecer en sus entrañas y peor aún sentir como su coño comenzaba a empaparse junto con sus bragas. Si su padre los viera ahora estaría dándole un paro cardiaco, porque se supone que había adoptado a Oliver para que fuera su adorado hermano, no un maldito amante que quería forzarla a entregarse y desquitar su instinto depredador con ella. Era un deseo enfermo, un reconocimiento primitivo de la fuerza absoluta de su captor. Cada vez que él lamia su carne con esa voracidad inhumana o mordía sus pezones, Poppy soltaba un gemido que intentaba sofocar, pero que terminaba escapando como un sonido quebrado y necesitado. Estaba horrorizada de sí misma, mientras su alma intentaba huir, su cuerpo comenzaba a traicionarla, rindiéndose ante el placer punzante que solo un monstruo como él sabía provocar. El Prototipo, notando el cambio en su ritmo cardíaco y la forma en que ella dejaba de luchar para empezar a temblar de una manera distinta, soltó un gruñido de triunfo, sabiendo que finalmente había comenzado a corromperla desde adentro, porque ella ya había aceptado su responsabilidad al estar a su lado. El Prototipo detuvo sus lamidas por un instante, pero no se alejó. Permaneció allí, con el rostro hundido entre sus pechos regordetes, sintiendo el galope desbocado del corazón de Poppy golpeando contra su mejilla, el sentía que ahora si podría estar en el paraíso. El aire en la habitación se sentía denso, cargado de un magnetismo tóxico que parecía consumir el juicio de la pelirroja. Poppy tenía la mirada perdida en el techo, sus ojos vidriosos y sus mejillas encendidas en un carmín profundo que no era solo por la falta de aire, sino por la vergüenza de su propia traición física. Sus jadeos eran cortos, erráticos, y entre cada uno de ellos, un ruego roto escapaba de sus labios húmedos. —Para... por favor, detente Prototipo... —susurró, aunque su voz carecía de la fuerza necesaria para ser una orden. Era un ruego que sonaba más a una confesión de derrota. —Ya has demostrado tu punto… no volveré a irme, solo pare con esto… antes de que rompamos lo único que tenemos del recuerdo de nuestro padre… El Prototipo soltó una risa seca, un sonido metálico que vibró directamente sobre su piel, y levantó la vista para encontrar los ojos de ella. Una chispa de malicia pura bailaba en su mirada mientras observaba cómo Poppy se retorcía, no para escapar, sino por la sobreestimulación que él le estaba provocando. —¿Que pare, Poppy? —Su voz descendió a un susurro ríspido, una caricia de lija que erizó cada vello de la nuca de la joven—. Tus labios mienten con una torpeza encantadora, pero tu cuerpo... tu cuerpo es mucho más honesto. Me está gritando que no me atreva a soltarte. Mira cómo tiemblas bajo mi peso. Mira cómo me buscas, incluso cuando intentas huir. Él hizo una pausa, su ojo óptico escaneando el rostro de ella con una fijeza perturbadora. El nombre de Elliot flotó en el aire antes de ser pronunciado, como una sombra que él estaba harto de combatir. —Además... debes superarlo de una vez, Poppy —sentenció, y esta vez hubo un matiz de fastidio genuino, una decepción amarga que tensó sus propias emociones—. Ese hombre murió hace décadas. El no volverá. El Prototipo guardaba una gratitud retorcida hacia Elliot por haberles dado un hogar y un propósito en el pasado, por haberlos unido como una simulada y extraña familia. Pero esa lealtad se había podrido con el tiempo. Ahora que los lazos de sangre no existían y el creador ya no estaba para imponer reglas, el Prototipo no veía razón para mantener el decoro. Para él, Poppy no era una hermana, ni una compañera, era un premio, una reliquia que finalmente reclamaba, porque Elliot se lo había prometido. Y necesitaba mostrarle a su muñequita cuál sería su lugar a partir de ahora. —Él ya no está aquí para protegerte, ni para recordarte quién se supone que debes ser —continuó, su mano acariciando la mandíbula de Poppy con una posesividad asfixiante—. Ahora es tiempo de que cambiemos radicalmente las cosas entre nosotros. Se acabó el juego de la familia, Poppy. A partir de hoy, solo existe lo que yo decida hacer contigo. Sin esperar respuesta, El Prototipo con su brazo viajo desde su vientre hasta la única tela disponible que tapaba su carne, ya sabía que en esa parte tenía que ser extremadamente cuidadoso, en especial porque quería probar su nueva teoría y comenzar con su nuevo legado, obligándola a sentir la realidad de su nueva y oscura jerarquía. Poppy cerró los ojos con fuerza, gimiendo ante el contacto, odiándose por la oleada de calor que le recorría la espina dorsal. Estaba perdida en un laberinto de sensaciones donde el miedo y el deseo se habían fusionado en un nudo ciego. —¡Por dios Prototipo! —Ella jadeo por su toque, sintiendo un poco de pánico al ver a donde tocaba, jugando con su braga y eso la hizo sentirse peor de lo que ya estaba. —Tal vez Elliot ya esté muerto… pero por favor podemos iniciar de nuevo… podemos hacer las cosas bien, no necesitas hacer esto… solo por favor, por favor no quiero que me lastimes. El Prototipo soltó una carcajada seca, un sonido carente de alegría que resonó como metal chocando contra metal. Sus dedos se detuvieron justo en el borde de su lencería, pero no para retirarse, sino para presionar con una insistencia que hizo que Poppy soltara un suspiro entrecortado. —¿Iniciar de nuevo? ¿Hacer las cosas "bien"? —repitió él, saboreando las palabras con un desprecio evidente—. Siempre tan ilusa, Poppy. Siempre aferrándote a esa moralidad humana que Elliot te grabó a fuego. Se inclinó hasta que sus dientes rozaron el lóbulo de la oreja de la fémina, permitiendo que su aliento caliente la estremeciera una vez más. Su voz se volvió peligrosamente suave, cargada de una devoción enferma. —Lo que tú no entiendes es que esto es hacer las cosas bien. Elliot no me dio este cuerpo y esta inteligencia para que jugara a ser tu hermano por la eternidad. Él me dio la capacidad de reclamar lo que es mío por derecho —su mano se adentró con una lentitud tortuosa bajo la tela de su braga, buscando su calor privado, por supuesto que él ya tenía su propia realidad distorsionada, en su mente es lo que realmente pensaba cuando él le prometió una familia que jamás lo abandonaría—. Y tú, mi dulce y pequeña Poppy, fuiste su última promesa. El premio final por haberle entregado mi carne y mi alma, para poder crearte… y volver a renacer en este cuerpo. Hizo una pausa, disfrutando del pánico que cruzó los ojos de ella, deleitándose en cómo su cuerpo temblaba ante la inminente invasión. Por supuesto que la imagen de Elliot y lo que le hizo fue un trauma que realmente le judío por mucho tiempo, en especial cuando ese hombre le engaño, para poder traer a su perfecta y linda hija a la vida. Pero el solo pensamiento, de saber que ahora su perfecta y adorada Poppy estaba debajo suyo, semi desnuda y extasiada, le daba risa imaginar que ese bastardo se infartaría. Y pronto haría que Poppy se corrompiera y olvidara por completo lo que le enseño ese hombre. —No voy a lastimarte... al menos, no de la forma en que tú temes —murmuró, su ojo rojizo brillando con una intensidad casi febril, comenzando a sentir esa necesidad que su cuerpo presentaba en ese estado depredador—. Voy a devorarte. Voy a desmantelar cada defensa que tengas hasta que no quede nada de esa falsa pureza. No necesito tu permiso para tomar lo que ya se me fue otorgado. Sus dedos, largos y precisos, se deslizaron para desplazar la lencería de Poppy hacia un lado sin llegar a despojarla por completo, dejando al descubierto su sexo, que brillaba bajo la tenue luz con una humedad delatora. Aquella zona era un despliegue de tonos rosados y delicados, empapada por los fluidos de una mujer que, a pesar de sus protestas, estaba siendo irremediablemente corrompida. No había ni un solo vello que perturbara la perfección de su piel; después de todo, Elliot la había diseñado con una pureza estética que ahora el Prototipo encontraba insoportablemente apetitosa. Para él, ella no era solo una mujer, era una obra maestra servida en bandeja de plata. —Así que deja de suplicar por un pasado que ya no existe y comienza a vivir tu presente, niña —sentenció la deidad oscura, su voz distorsionada por una urgencia que no podía ocultar. Sintió cómo la saliva comenzaba a acumularse en su boca, un proceso biológico que lo tomó por sorpresa. Estaba asombrado por el efecto que Poppy ejercía sobre sus sistemas, nunca en su existencia había experimentado un hambre tan voraz, un vacío que no se llenaba con energía, sino con la posesión total. Sentía sus instintos desbocarse, transformándolo en un depredador que finalmente ha acorralado a su presa más preciada. Sin embargo, en medio de ese descontrol, una duda salvaje lo asaltó: tenía tanto deseo de devorarla que no sabía por dónde empezar a desmantelar su resistencia. Estaba desbordado por una lujuria mecánica y orgánica que lo incitaba a cazar, a morder y a reclamar cada fibra de ella hasta que no quedara nada que no le perteneciera. —Eres una hipócrita exquisita —continuó él, mientras observaba su comida, haciendo sus piernas se mantuvieran abiertas ante él, notando que ella estaba comenzando a caer y sus ojos delataban su estado.—. Te horroriza que sea un monstruo quien te toque, pero te excita saber que no puedes detenerme. Poppy cerró los ojos, permitiendo que una última lágrima rodara por su sien y se perdiera en las sábanas. El peso de la realidad terminó por aplastar su voluntad, Elliot, su padre y creador, ya no era más que un eco de justicia que no llegaría a salvarla. Estaba sola con el monstruo, y si quería sobrevivir a esa noche, debía dejar de luchar contra la marea de sensaciones que amenazaban con ahogarla. Tenía que ser más inteligente y comenzar a actuar como se supone que debería. —Lo entiendo... entiendo que ahora te pertenezco. Solo... por favor, Prototipo... sé gentil. Es mi primera vez. —pidió la dama, realmente ansiosa, no quería ser lastimada. El silencio que siguió fue denso, cargado de una electricidad estática. El Prototipo se tensó, sus ojos brillando con un fulgor que parecía quemar. El reconocimiento de su nombre en labios de ella, mezclado con la confesión de su pureza, actuó como el detonante final de su autocontrol. —Buena chica —murmuró él, su voz vibrando con una satisfacción tan profunda que resultó aterradora—. Aprenderás que la gentileza es un concepto humano... pero por ti, Poppy, seré meticuloso. El Prototipo no perdió ni un segundo más. Con un movimiento de una eficiencia mecánica aterradora, sujetó los tobillos de Poppy y elevó sus piernas, flexionándolas hasta que las rodillas de ella quedaron cerca de sus hombros. Esta posición la dejó completamente expuesta, vulnerable y abierta ante su mirada insaciable. Poppy soltó un jadeo de sorpresa, sintiendo cómo el aire frío golpeaba su intimidad ahora totalmente desprotegida, pero antes de que pudiera procesar la humillación de su postura, él se abalanzó sobre ella. La lengua del Prototipo, larga, caliente y de una textura que desafiaba cualquier recuerdo humano, se hundió en su coño empapado con una fuerza devastadora. —¡Ahhh...! ¡Prototipo! —el grito de Poppy se ahogó en un gemido ronco mientras arqueaba la espalda, sus dedos se aferraron a las sábanas mientras se posaba más en la cama, él abrir sus labios vaginales para poder lamer su interior, pero sin introducir su lengua aún. Él comenzó a devorarla con una saña rítmica, lamiendo cada pliegue rosado, cada rincón empapado. Para el Prototipo, el sabor de los fluidos de Poppy fue una revelación sensorial absoluta, era dulce, muy dulce por la adrenalina y profundamente adictivo. Un éxtasis extremo recorrió sus circuitos, enviando oleadas de una euforia que nunca antes había procesado. Ya no era solo una tarea de sometimiento, era una necesidad biológica y espiritual de absorber cada gota de su esencia. Poppy, por su parte, sintió cómo el laberinto de sus dudas se incendiaba. El placer era punzante, invasivo y tan intenso que le nublaba la vista. A pesar de su miedo, su cuerpo respondía con espasmos de deleite, balanceando su pelvis instintivamente hacia la boca de él, buscando más de ese contacto prohibido. —Prototipo... Prototipo... —repetía ella como una letanía, su voz quebrándose en jadeos húmedos mientras su cabeza se movía de un lado a otro y su mano no pudo evitar viajar hasta la cabeza de su contraparte, no sabía si acariciarlo o hundir más su cara contra su coño, para que siguiera devorándola. Él emitió un gruñido gutural, una vibración que ella sintió en la boca de su estómago, y aumentó la presión, atrapando su clítoris con su lengua, para lamerlo con una voracidad que la hizo ver estrellas. —¡Ahhhhhhhhhhhhhh~ ♡! —Poppy soltó otro gemido alto, mientras hacia sus ojos hacia atrás, provocando que esa sensación presionara la cabeza de su ahora amante contra su vagina hecha un manojo de nervios, que soltaba más fluidos. Para el dios y el salvador de esa fábrica, el sabor de su rendición, mezclado con su aroma más íntimo, lo volvió completamente loco. Estaba ebrio de ella, perdiéndose en la calidez de su carne mientras Poppy se desmoronaba, entregando su pureza y su voluntad a la lengua de aquel dios oscuro que la devoraba con la devoción de un fanático. El grito de Poppy reverberó en las paredes de la habitación, un sonido que mezclaba el desamparo con un placer que ya no podía contener. Sus muslos temblaban violentamente sobre los hombros del Prototipo, y la presión que ella ejercía, hundiendo involuntariamente su sexo contra la boca de él, terminó por sobrecargar los sistemas de la criatura. Dentro de esa amalgama de cables, tejido orgánico y pistones hidráulicos que formaban su estructura, algo comenzó a despertar con una fuerza atávica. En el punto exacto donde su torso humanoide se fundía con la pesada y amenazante base arácnida, allí donde la pelvis de metal y carne se unía a la maquinaria inferior, una pequeña ranura casi invisible bajo las placas reforzadas comenzó a dilatarse. El Prototipo sintió un espasmo de calor líquido que no provenía de sus extremidades, sino de su propia biología corrompida. El instinto de reproducción, latente y oscuro, se activó al ritmo de los gemidos de Poppy. Desde esa abertura oculta en su pelvis, su miembro comenzó a emerger, una extensión de su ser que era tan intimidante como el resto de su anatomía, liberando su pene que a diferencia de otros este poseía una forma largada como gruesa similar a un tentáculo de un color rosado, diseñada para reclamar y poseer con la misma eficiencia con la que cazaba. Nunca había tenido que utilizar su órgano sexual, jamás tuvo necesidad absoluta, al contrario, mientras era experimentado al ser retráctil, los científicos no le prestaron bastante atención, ni siquiera Harley le interesaba. Pero ahora que Poppy se presentaba como su presa, no iba a negar que se sentía fascinado y ansioso por probar esas nuevas sensaciones con ella, después de todo al ser iguales deben estar juntos de cualquier forma. Él se separó apenas unos milímetros de su entrepierna, dejando un rastro de saliva y fluidos que brillaba bajo la luz mortecina, mientras su ojo se dilataba al máximo. Podía sentir la dureza de su propio cuerpo contra el colchón, lo que provocó que el simple roce de las sábanas contra su pene hiciera que se sintiera sensible y por un momento, sintió un temblor en su cuerpo, lo que hizo que le extrañara una sensación tan abrasadora, en especial esa necedad extrema como una presión creciente que buscaba desesperadamente el calor que Poppy acababa de liberar. La "raja" en su estructura se abrió por completo, revelando su naturaleza más primitiva y dejando claro que el tiempo de los juegos y las lenguas había terminado, ya que dejaba ver perfectamente su tamaño, colosal, algo que ningún juguete ni un humano normal podrían soportar. después de todo para ser una criatura enorme era un hecho que tendría un miembro proporcionado a su cuerpo. —Poppy... —gruñó él, su voz vibrando con una estática eléctrica mientras ella recuperaba el aire entre espasmos—. Has provocado algo que incluso yo creía que estaba dormido. Se irguió un poco más, permitiendo bajar el cuerpo de la muñequita y dejarla en la cama, para que sintiera el roce de esa nueva y amenazante protuberancia contra sus piernas. El Prototipo ya no solo quería saborearla, ahora, el hambre de su pelvis reclamaba la unión total, una consumación que sellaría su destino como su premio absoluto por toda la eternidad. Poppy entreabrió los ojos con lentitud, sintiendo aún el eco vibrante del placer recorriendo sus nervios, al menos agradecía que Oliver le permitiera acostarla de nuevo, ya que sus piernas estaban bastantes sensibles. Su mente estaba sumergida en una neblina espesa, fruto del éxtasis que acababa de experimentar, pero el hechizo se rompió de golpe cuando sintió algo grueso, húmedo y excesivamente caliente rozando sus piernas. Al bajar la mirada, el aire se le escapó de los pulmones en un grito mudo que murió en su garganta seca. Lo que emergió de la pelvis del Prototipo no era algo humano era una monstruosidad proporcional a su colosal tamaño, una extensión de su anatomía que parecía diseñada para perforar y reclamar, más que para otorgar consuelo. La visión de aquel miembro, palpitante y desmesurado, la sacó de su letargo de inmediato. Con un movimiento torpe y cargado de pánico, Poppy intentó sentarse en la cama, retrocediendo hasta que su espalda chocó contra el cabecero de la cama, mientras sus manos buscaban cubrirse en un gesto desesperado de defensa. —¡Estás loco! —exclamó Poppy, con la voz quebrada y los ojos dilatados por el horror—. ¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?! ¡Eso... eso no puede entrar ahí! ¡Mírate, Prototipo! ¡Mírame a mí! Su respiración se volvió errática mientras señalaba la abismal diferencia de proporciones. Ella, con sus 1.70 m, se sentía como una frágil figura de porcelana, aunque teóricamente no estaba hecha con ese material, porque su padre se había encargado de crear una nueva materia para hacer su cuerpo como el de su contrario, frente a la imponente estructura arácnida y humanoide que la acechaba. La lógica de su creación, impuesta por Elliot, nunca contempló que tuviera que albergar algo de tal magnitud. —¡Voy a morir si intentas hacer eso! —chilló, su voz cargada de un pavor genuino que eclipsaba cualquier rastro de placer previo—. ¡Es físicamente imposible, no soy una máquina, no puedes simplemente forzarme a recibir eso! El Prototipo, lejos de mostrar empatía, soltó una carcajada profunda que hizo vibrar el somier de la cama. Sus múltiples extremidades metálicas se tensaron, y él se inclinó hacia delante, proyectando una sombra que la envolvía por completo. Una de sus manos, se cerró alrededor del tobillo de Poppy para arrastrarla de nuevo hacia el centro del colchón con una fuerza indolente. —¿Imposible? —se burló la deidad, su voz cargada de una arrogancia oscura y depredadora—. Poppy, querida... te lo he dicho me perteneces. Y una propiedad no decide cómo es utilizada por su dueño. Su ojo brilló con una intensidad maníaca mientras observaba el temblor en las piernas de la pelirroja, la cual no dudo en abrirlas por la fuerza, para observar esa vagina empapada por aquellos fluidos y su saliva, no dudo en posicionarse nuevamente entre ellas, ignorando sus súplicas y la palidez de su rostro. —Tu cuerpo aprenderá a soportarme porque debe hacerlo —sentenció, acercando la punta de su miembro al umbral de su feminidad, lo que provocó que la dama gimiera suavemente al sentir como sus labios vaginales sentían esa viscosidad rozarla, obligándola a sentir la presión abrumadora de su presencia—. No te di una opción cuando te pedí que me besaras, y no te la daré ahora. Estás diseñada para ser perfecta, y yo voy a comprobar cuánta de esa perfección puede estirarse antes de romperse bajo mi peso. Prepárate, pequeña muñeca, porque ahora vas a entender lo que significa ser el premio de un dios. Poppy ocultó su rostro entre sus manos, presa de un rubor violento que le quemaba las mejillas tanto por el calor del momento como por la humillación de su propia respuesta física. A pesar de la lógica que le gritaba que aquello era una imposibilidad anatómica, su cuerpo la traicionaba de forma despiadada, al sentir el roce suave, casi tentativo, de la punta del miembro del Prototipo contra su entrada, una punzada de deseo oscuro y ansioso recorrió su vientre. Odiaba la humedad que la delataba, odiaba sentir que, en algún rincón de su ser, su carne anhelaba ser invadida por esa magnitud colosal. Sintiéndose acorralada entre la devoción y el pavor, Poppy decidió aferrarse a la única ancla que le quedaba, la promesa del monstruo. Se reincorporó ligeramente, quedando sentada sobre el colchón, aunque la postura solo servía para enfatizar su vulnerabilidad, con sus piernas aún abiertas y firmemente sujetas por las manos de él. —Prototipo… no olvides tu palabra —logró decir, su voz recuperando una pizca de seriedad en medio del caos emocional que la envolvía—. Dijiste que no me lastimarías. Júralo... porque sé que, si quieres, podrías destruirme. Lo miró directamente a su ojo rojizo, buscando en ese brillo inorgánico un rastro de la piedad que Oliver solía tener, o al menos la confirmación de que su "premio" era demasiado valioso para ser quebrado en el primer acto. El contraste era absoluto, la delicadeza de su piel de muñeca frente a la estructura imponente y el miembro palpitante de una deidad que la observaba como si fuera el centro de su universo corrompido. El Prototipo soltó un sonido que se asemejó a un ronroneo mecánico, una vibración profunda que Poppy sintió subir desde el colchón hasta sus propios huesos. Verla sentada, con el rostro encendido y tratando de imponer una condición en medio de su rendición, le resultó fascinante. No era la resistencia de una víctima, sino la súplica de una reina destronada. Él acortó la distancia, rodeando la cintura de Poppy con sus dedos metálicos, pero esta vez lo hizo con una lentitud controlada y un poco gentil. —Mi palabra es la única ley que rige este lugar, Poppy —murmuró, acercando su rostro al de ella hasta que sus frentes se tocaron—. No tengo interés en romper mi juguete favorito antes de aprender a usarlo. Si te destruyera, ¿qué me quedaría para adorar? Con una de sus manos, comenzó a acariciar el muslo de ella, ascendiendo con una presión firme que buscaba relajar los músculos tensos de la joven. Su manera de calmarla era retorcida, una mezcla de consuelo y amenaza que mantenía a Poppy en un estado de alerta constante. —Tu cuerpo es más capaz de lo que tu mente cree. Elliot te diseño para ser perfecta, y la perfección no se quiebra tan fácilmente. Voy a reclamarte, sí... pero lo haré centímetro a centímetro, permitiendo que tu carne se acostumbre a mi tamaño. No habrá dolor que no se convierta en placer bajo mi mando. Él rozó nuevamente la entrada de ella con su miembro, esta vez con una intención más clara, al sentir cómo el calor febril de la joven envolvía la punta, un espasmo de placer puro recorrió la espina dorsal del Prototipo, desatando una tormenta eléctrica en sus sistemas. No podía evitarlo, el contacto era una droga potente, una validación biológica de su dominio que lo hacía vibrar desde sus articulaciones metálicas hasta sus fibras más orgánicas. Necesitaba penetrarla, enterrarse en ella hasta que los pliegues húmedos de su sexo lo rodearan por completo y sellaran su propiedad. Las sensaciones en su pelvis se estaban volviendo asfixiantes, una presión acumulada de décadas que rugía por ser liberada en el único recipiente que consideraba digno. Su respiración se volvió un siseo pesado mientras observaba cómo la carne de Poppy cedía apenas unos milímetros ante su empuje inicial. Estaba al borde del abismo, poseído por un hambre que ya no era solo deseo, sino una necesidad existencial de fundirse con su premio y reclamar el vacío que Elliot había dejado en ambos. —Confía en tu dueño —sentenció con una voz que era puro terciopelo negro—. Relájate para mí, querida Poppy. Deja que el miedo se disuelva en esa humedad que me ofreces... y te prometo que cuando termine, estarás agradecida de haber sido creada solo para este momento. Poppy tragó saliva con dificultad, el rubor en sus mejillas se intensificó, extendiéndose hasta su cuello y pecho, le nublaba la vista por un instante. Cerró los ojos con fuerza, desviando el rostro hacia un lado para no tener que confrontar la mirada depredadora de la entidad sobre ella, pero en su mente, la capitulación era total. Sus manos se aferraron con nudillos blancos a las sábanas, preparándose mentalmente para el impacto de lo desconocido. —Estoy... estoy lista —susurró la pelirroja, y aunque su voz temblaba, la ansiedad que desprendía ya no era solo de miedo, sino de una expectación oscura que su cuerpo reclamaba a gritos, en su interior, la lucha lógica se había apagado, ya no importaba el tamaño, ni la naturaleza del Prototipo, ni el fantasma de Elliot. Solo existía el presente asfixiante y el hambre que él le había contagiado. —. Solo hazlo de una vez… y terminemos con esto… El Prototipo no esperó una segunda invitación. Con una lentitud deliberada y cruel, comenzó la primera penetración, su punta se introdujo entre los labios vaginales de su contraria, y con cuidado comenzó a introducir su miembro dentro de su carne caliente. La reacción fue instantánea y devastadora para ambos. —¡Ahhhhh~! —Poppy soltó un grito ahogado que se transformó en un gemido largo y agudo, echando la cabeza hacia atrás mientras sentía cómo su cuerpo era forzado a expandirse de una manera que creía imposible. El dolor inicial, una punzada de estiramiento extremo, fue rápidamente envuelto por una oleada de placer abrasador que la hizo entrar en shock, como un bálsamo caliente que inundaba sus nervios. Sentía cada centímetro de la textura de él, una invasión total, abriendo de forma forzaba sus aprendes vaginales para ese pene pudiera entrar como si nada, que reclamaba su espacio interno con una autoridad absoluta. Agradecía infinitamente que al menos la hubiera preparado antes, porque realmente hubiera sido más doloroso, más de lo que sentía, era su primera vez y jamás había introducido algo así a su coño, pero lo que más le sorprende es que el maldito narcisista del Prototipo solo llevaba un cuarto del tamaño de su pene, lo que provocó que la muñeca solo sintiera pánica, porque apenas estaba recibiendo solo una cuarta parte. Para la deidad y aquel salvador de los juguetes, el contacto fue el catalizador de un éxtasis puro y primitivo. Al entrar en ella, sus sistemas procesaron el calor de sus paredes internas y la resistencia de su virginidad como el triunfo definitivo de su existencia, sentir como palpitaba, lo mojada que estaba y lo increíblemente apretada que estaba, hizo que su pene también palpitara de placer. El vacío de décadas de soledad y experimentación fue llenado de golpe por la calidez de Poppy. Un estallido de estática recorrió su estructura arácnida, haciendo que sus patas metálicas se enterraran con fuerza en el suelo destruyendo un poco el piso, aunque fue su descontrol, mientras su parte humanoide se tensaba sobre ella, temblando ante la intensidad de la sensación, y de su boca la saliva se intensificaba. Sus dedos metálicos se hundieron en el colchón mientras su parte orgánica se estremecía ante la calidez de su premio, solo existía la fricción perfecta entre la obra maestra que una vez su padre hizo ahora convertida en su amante. —¡Ah~...! ¡Prototipo~! —Ella gimió su nombre, sus ojos volviéndose a encontrar con los de él, ahora nublados por las lágrimas y el deseo, jadeando mientras trataba de relejarse y se permite, para estar más cómoda mientras él seguía adentro de ella. Él se detuvo justo a la mitad, permitiendo que el cuerpo de la muñeca asimilara la magnitud de su miembro. Su respiración era un rugido mecánico, y sus manos, que aún sostenían las piernas de Poppy, ella por instinto rodeo sus piernas contra la cadera de él y, por ende, este acepto apretándola más contra él con una posesividad feroz. —teoría confirmada... —gruñó él, con la voz rota por el placer—. Estás hecha para esto, Poppy. Poppy no pudo responder con palabras, solo con jadeos entrecortados. El dolor se estaba disolviendo en un placer punzante que la hacía sentir más viva que nunca. Estaba siendo reclamada por una deidad oscura, nunca sintió ese placer, y admite que estaba fascinada por esas emociones, aunque apenas iniciaban. El Prototipo, fiel a su promesa de no quebrarla, comenzó a moverse con una lentitud tortuosa, una cadencia calculada para prolongar la agonía del placer. No introdujo la totalidad de su longitud, sabía que la punta de su miembro ya estaba presionando con fuerza contra el cuello uterino de Poppy, golpeando el límite mismo de su cavidad con cada suave empuje, haciendo que cada retroceso se viera el vientre de la dama, como se deformaba a la forma del pene del contrario. La estructura de 1006 crujió mientras se las ingeniaba para mantener el ritmo. Su parte arácnida permanecía semi-anclada al suelo, con las patas metálicas flexionadas para elevar su pelvis a la altura perfecta, permitiéndole un vaivén de caderas que era a la vez mecánico y salvajemente animal. La cama rechinaba bajo el peso combinado, un sonido rítmico y estridente que acompañaba el eco de la penetración, un chapoteo húmedo y obsceno que llenaba la habitación, el sonido de la carne de Poppy siendo estirada y golpeada por el pene y caliente del Prototipo. Poppy se aferró a los hombros de la criatura, sus uñas se aferraron a la ropa del bufón, por supuesto no tenía la fuerza para desgarrar la tela a diferencia de Oliver que si deseaba podía romper su lencería, pero a cambio de eso, pervertida mente decidió dejársela puesta, mientras la follaba y hacia aun lado su braga para enterrar su falo como era debido. Cada vez que él se hundía, sus pechos regordetes daban un rebote hipnótico y sus pezones solo seguían erectos y humedecidos por la saliva del Prototipo, sacudiéndose con una suavidad que volvía loco al Prototipo. Sus pezones rosados, erectos y sensibles, rozaban el torso de él en un vaivén constante, dándole a Poppy más placer de ese roce. —¡Ahí~... ah... Prototipo! —el gemido de Poppy salió como un hilo de voz quebrado, mientras su cara se transformaba a la de una puta sin moral, con las mejillas sonrojadas, con sus ojos brillosos y su boca abierta para dejar salir su vapor, ya que sentía como su cuerpo se calentaba bastante—. Se siente... tan profundo... ¡D-detente un poco...! ¡No, sigas ahí~! —pidió la muñeca mientras sentía como golpeaba su cérvix, además que podía sentir que el presumen de la deidad al golpear su entrada uterina, se introducía dentro de su útero lo que hacía que ella se estremeciera. Sus palabras perdían sentido bajo la sobrecarga sensorial. El aire se volvió denso, cargado con el olor a sexo y de sudor. El Prototipo soltó un gruñido gutural, un estruendo que nació en su pecho y vibró directamente en la pelvis de Poppy. Su respiración se había transformado en un jadeo pesado y eléctrico, perdiendo cualquier rastro de calma. El sonido de la penetración se volvió más errático y ruidoso a medida que la miel de Poppy bañaba el miembro colosal, facilitando el roce pero aumentando la succión, haciendo que su coño lo apretara alrededor de su falo palpitante, esto era demasiado para ella y no entendía como al menos podía recibir la mitad sin desfallecerse y ni hablar como el prototipo estaba desquiciado y tratando de mantenerse cuerdo para no introducir todo, Poppy lo noto cuando este, no pudo evitar dejarse caer y apoyar su cuerpo contra la de ella, aplastándola un poco, pero sin dejar de fallársela, para hundir su cabeza contra el cuello de la dama y su cabello, para inhalar su aroma sexual y sus feromonas que lo estaban volviendo loco, ella podía sentir su aliento y su saliva que bajaban por su boca, su ojo solo brillaba de forma que era imposible ignorar lo maquiavélico que se veía. Ella miraba hacia abajo, con los ojos nublados por el éxtasis, observando cómo esa unión imposible deformaba su vientre desde afuera con cada estocada. Estaba siendo colonizada, y el placer que irradiaba desde su cérvix la hacía retorcerse, mientras el Prototipo saboreaba su llanto y sus gemidos como el más dulce de los manjares, moviéndose con una determinación sombría para dejar su marca definitiva en ella. El hambre del Prototipo finalmente devoró su prudencia. Los gemidos de Poppy y la sección rítmica de su sexo, que lo apretaba como un guante de seda y fuego, anularon cualquier rastro de lógica mecánica. Con un rugido gutural que hizo vibrar los cimientos de la habitación, 1006 hundió sus caderas con una violencia ciega, ignorando el límite del cérvix que había estado respetando. El impacto fue devastador. Poppy sintió cómo su interior se expandía hasta el punto de la ruptura; el miembro colosal se enterró varios centímetros más allá de lo permitido, reclamando un espacio que no existía. El éxtasis fue tan violento que la vista de la muñeca se llenó de estática blanca. Su cuerpo se arqueó en un espasmo agónico de placer y presión insoportable. Perdió el control de sus sentidos, de su lengua y de su miedo. —¡Ahhhhh~...! ¡Basta! ¡Para, por favor! —gritó ella, con el aire escapando de sus pulmones en un sollozo—. ¡Oliver, para! ¡Me vas a romper! El silencio que siguió fue más aterrador que cualquier estruendo. El movimiento del Prototipo se detuvo en seco, quedando enterrado profundamente en ella, pero su cuerpo se volvió rígido como el acero frío. El nombre prohibido quedó flotando en el aire, mancillando la atmósfera de posesión que él había construido. La cabeza del Prototipo se giró lentamente hacia Poppy. Su ojo óptico, que antes brillaba con lujuria, ahora emitía un fulgor carmesí, cargado de una furia gélida y una decepción peligrosa. Él le había advertido que ese nombre estaba prohibido, que esa identidad era una debilidad que no pensaba tolerar. —¿Cómo... me has llamado? —la voz de la criatura no fue un susurro, fue un siseo cargado de veneno que heló la sangre de Poppy. Preso de una ira súbita, el Prototipo se retiró de ella con un movimiento brusco y violento. El sonido del desprendimiento fue un "plop" húmedo y obsceno que dejó a Poppy gimiendo de vacío, con las piernas temblando y los fluidos escurriendo por sus muslos. Ella abrió los ojos, el pánico reemplazando instantáneamente al placer al ver la expresión maquiavélica y deformada por el odio en el rostro de su captor. —Yo... ¡No! ¡Perdón! —Poppy comenzó a hiperventilar, dándose cuenta del error abismal que acababa de cometer. Sus manos, que antes se aferraban a él por placer, ahora empujaban su pecho metálico con un terror renovado, de nuevo sintió terror por lo que había cometido, solo quería alejarse antes de que le hiciera algo que realmente no pudiera soportar—. ¡Prototipo, lo siento! ¡Fue un error, no sabía lo que decía! ¡Por favor! Se dio cuenta de que lo había arruinado todo. El "dueño" gentil que prometió no lastimarla se había esfumado, dejando en su lugar a un depredador enfurecido que se alzaba sobre ella, con su miembro aún palpitante y amenazador, recordándole que ahora el castigo sería la única forma de redención que él aceptaría. La fricción se volvió una sinfonía de fluidos y estática. El Prototipo, con el torso humanoide colapsando sobre el pecho de Poppy, el hambre del Prototipo finalmente devoró su prudencia. Los gemidos de Poppy y la sección rítmica de su sexo, que lo apretaba tan deliciosamente que terminaba por sacar su lengua por instinto, anularon cualquier rastro de lógica mecánica. En un arrebato de posesividad desquiciada, 1006 ignoró el límite de seguridad que se había impuesto. Sus garras se hundieron en el colchón a los costados de la cabeza de Poppy, mientras su otra mano abrazaba la cadera de la dama, con un rugido mecánico que sacudió los cimientos de la habitación, dio una estocada brutal y profunda. El miembro colosal se hundió varios centímetros más allá de lo que ella había albergado hasta ese momento, introduciendo más de la mitad de su falo, obligando a su cavidad a expandirse de forma violenta y absoluta, ignorando el límite del cérvix que había estado respetando. Provocando que la punta de pene atravesara ara su cérvix, hasta introducirse directo a su útero. —¡¡AHHHHHHHH!! —el grito de Poppy fue desgarrador, una mezcla de agonía física y un éxtasis tan devastador que sus ojos se pusieron en blanco por un instante y su cuerpo se arqueó en un espasmo agónico de placer y presión insoportable, mientras sus uñas se enterraban en la espalda y en el hombro de 1006, aunque no había daño cuando ni siquiera había atravesado la tela. El éxtasis fue tan violento que la vista de la muñeca se llenó de estática blanca. Sintió cómo su vientre se abultaba de forma grotesca bajo la presión interna. En medio de ese torbellino sensorial, con el corazón martilleando contra sus costillas y el placer nublando cada rincón de su mente, su boca actuó antes que su razón. Buscando un ancla, un rastro de la humanidad que alguna vez creyó ver en él, soltó el nombre prohibido entre jadeos desesperados, para que reaccionara y se detuviera un poco. Él no escuchó sus disculpas patéticas. La mención de su nombre humano, de ese pasado que él consideraba una debilidad erradicada, fue como un ácido a su ser. Con un movimiento brusco y carente de cualquier rastro de la "gentileza" prometida, se retiró de ella de un solo tirón, no iba a negar que estar alrededor de las paredes vaginales de Poppy eran una maldita adicción, pero ahora sus ansias eran tan grandes que su instinto depredador aumento y ahora su erección con esa excitación, se combinaron en algo mucho más peligroso y enfermo. El vacío repentino hizo que Poppy gimiera, un sonido de pura privación y dolor, porque fue doloroso el vacío y la falta de estimulación a su clítoris hinchado y a su coño insatisfecho como abierto, mientras su cuerpo, aún en el pico de la sobreestimulación, reaccionaba con espasmos ansiosos ante la salida violenta de aquel calor. Se encogió sobre sí misma, llorando con un hipo incontrolable, viendo cómo la deidad oscura se erguía sobre ella, sus patas arácnidas golpeando el suelo con una furia metálica que prometía un castigo mucho peor que la simple muerte. Lo había arruinado, había despertado a la bestia que no conoce la piedad, y ahora el premio de Elliot estaba a punto de conocer la verdadera cara del castigo de un dios ofendido. La atmósfera en la habitación se tornó sofocante, cargada de una estática que hacía que el cabello de Poppy se erizara. El tiempo de las lecciones verbales había caducado en el momento en que aquel nombre prohibido escapó de los labios de Poppy. Su furia era algo mucho más denso y letal. Se cernió sobre ella, y con una de sus manos humanoides, rodeó el rostro de la muñeca, presionando sus mejillas con tal fuerza que la obligó a clavar la mirada incandescente. —Te lo advertí, Poppy... —su voz era un susurro gutural, filtrado por una distorsión metálica que helaba la sangre—. Te advertí que ese fantasma no tiene lugar en este lecho. Poppy soltó un gemido de dolor, sintiendo que sus huesos podrían ceder bajo la presión. Las lágrimas desbordaron sus ojos, trazando surcos de humedad sobre su piel sonrojada. El Prototipo, en un gesto de humillación absoluta, inclinó su cabeza y pasó su lengua larga por su mejilla, saboreando el rastro salado de su llanto con una parsimonia asquerosa, saboreó su miedo, disfrutando de cómo ella temblaba bajo su palma, antes de soltarla con un desprecio que la hizo caer de espaldas contra el colchón. —Tus lágrimas saben a traición —sentenció, soltándola con desprecio solo para pasar a la acción. Sin una pizca de la paciencia anterior, sus garras se cerraron sobre la seda de su lencería. Con un tirón seco y violento, arrancó la braga que aún tenía puesta, y retiro en un tirón el resto de su lencería, ya que después la obligaría a utilizarla, dejando a Poppy completamente desnuda y expuesta. No había belleza en el acto, solo la aniquilación de su dignidad, mientras él observaba su cuerpo desnudo con la frialdad de un tasador y el hambre de un tirano. —Prototipo… espera… esto no es necesario. —volvió a hablar Poppy, realmente aterrada de su cambio, mientras se cubría como podía con sus brazos sus pechos y su coño aun dilatado y empapado. Trato de dialogar, pero él no iba a escuchar. —¡Basta!, aprenderás a ser una buena propiedad —gruñó él, mientras la manipulaba como si fuera una marioneta sin hilos. Con una fuerza abrumadora, el Prototipo sujetó los tobillos de Poppy y empujó sus piernas hacia arriba con tal violencia que sus rodillas quedaron a los costados de su propia cara, forzándola a una posición plegada, hiperextendida y profundamente degradante. Poppy jadeaba, sintiendo la sangre agolparse en su cabeza y la presión insoportable en su espalda, pero el terror de contradecirlo de nuevo la mantenía paralizada, gimiendo por el estiramiento forzado de sus músculos, aunque para ella no habla problema con estirarse y ser flexible, era algo que su cuerpo podía hacer sin ningún problema Para sellar su dominio, el Prototipo subió una de sus pesadas patas arácnidas a la cama, haciendo que el mueble se hundiera bajo el peso de su estructura mecánica. Esta nueva base le permitió posicionar su pelvis en un ángulo de ataque vertical, para que su pene pudiera posicionarse enfrente de la entrada dilatada de Poppy. No hubo preámbulos, ni caricias, ni la falsa gentileza de antes. —Ahora, siente lo que sucede cuando provocas a tu dios —declaró. El impacto de la embestida total y cruel, dejo caer su cuerpo y su pene alineado dentro de ese coño, no dudo en entrar de golpe, un choque de naturalezas que alteró la realidad de Poppy en un instante. El Prototipo no solo se hundió en ella, la colonizó por completo, obligando a su pene colosal a abrirse paso a través de la estrechez de su canal vaginal hasta que la cabeza de su falo golpeó y forzó la entrada de su útero, entrando como si nada y enroscándose gracias a que su falo era bastante flexible al tener esa forma de tentáculo. Poppy sintió una expansión interna tan violenta y obscena que su mente se desconectó de cualquier lógica humana, su vientre se tensó y se abultó hacia afuera, dibujando la silueta del invasor bajo su piel pálida, una visión grotesca y excitante que delataba que no quedaba ni un milímetro de espacio vacío dentro de ella, al mismo tiempo que así se dejaba en claro que Elliot realmente había hecho el cuerpo de Poppy muy resistente. Poppy no sabía si odiar a su padre, llamarlo enfermo o amarlo por esa habilidad concedida. El dolor inicial se transmutó en un éxtasis corrosivo, una descarga eléctrica que viajó desde su matriz hasta la base de su cráneo. Con las piernas plegadas contra su cara en esa posición humillante, Poppy estaba totalmente abierta al castigo rítmico de 1006. Porque esa deidad al sentir por primera vez estar totalmente dentro de ella, enloqueció y su control se había esfumado, ahora era el verdadero depredador y en su forma más pura como animales a, no dudo en retroceder para volver a embestirla, haciendo que el coño de Poppy fuera golpeado, con la brutalidad de la pelvis del Prototipo, el sonido era un chapoteo sucio y ruidoso, una mezcla de lubricidad excesiva y el golpeteo sordo de su parte metálica contra las posaderas de Poppy se podía escuchar bastante. —¡¡N-no... ahhhh~... ahhhhhhh!! —Poppy soltó un alarido que se quebró en un gemido lascivo, su cabeza sacudiéndose de lado a lado mientras sus ojos se ponían en blanco y su boca se transformaba en una “O” perfecta, dejando ver su cara tan lasciva, sus manos sin embargo instintivamente volvieron a tomar los hombros del Prototipo, mientras él, simplemente la tomaba de sus caderas, para abrazarla y pegar más su cuerpo seductor contra el de él. La sobreestimulación de su útero y como atravesaba su cérvix, siendo golpeado sin piedad por el falo de aquel desalmado, la llevó al borde de un abismo sensorial. Sin poder controlarlo, sus músculos vaginales comenzaron a contraerse en espasmos violentos, asfixiando el falo del Prototipo en un intento desesperado por procesar la invasión, un nudo se formó en su vientre y a la sensación de liberarse se intensifico y ni hablar esas potentes ganas de orinar, la inundaron. El placer era tan abrasador que Poppy sintió cómo su primer orgasmo estallaba desde lo más profundo de su ser, liberando por primera vez su orgasmo. En un clímax devastador, su cuerpo se arqueó como un arco tenso y, con un grito obsceno que resonó como una confesión de derrota, liberó un chorro de fluido transparente, caliente y abundante. El squirting empapó la pelvis del Prototipo y las sábanas ya arruinadas ahora marcadas por aquella miel que libero de su orgasmo, su coño en su lugar se contrajo de una manera que el dios sin controlarlo, soltó un jadeo ronco por lo bien que se había sentido como esa vagina chupo su pene y lo apretó de una manera tan deliciosa que no pudo evitar sacar su larga lengua por instinto, un espectáculo de sumisión biológica que la hacía lucir como nada más que una ramera entregada al capricho de su dueño. El Prototipo al sentir las paredes internas de Poppy succionándolo con la fuerza de un vacío no pudo evitar en volver a embestirla, follarla como se debía hacerle a una muñeca sexual, la cama rechinaba de forma irritante, el Prototipo estaba actuando como un animal en celo, al tratar de embestirla con velocidad y fuerza, sus patas arácnidas a duras penas se sostenían en el suelo, y otra en la cama que ya había perforado las sábanas y el colchón, estaba desquiciado mientras sostiene el cuerpo de Poppy para moverla contra su pelvis y recibiera su pene. La humillación de Poppy era su alimento, verla convertida en un manojo de nervios que eyaculaba de puro placer bajo su castigo lo volvió completamente loco. —Mírate... —gruñó el dios, aumentando la velocidad de las embestidas, aprovechando que ella estaba en pleno orgasmo para enterrarse aún más fuerte, no podía dejar de sentir éxtasis por sentir aquellas paredes esponjadas, empapadas y apretadas—. Mira en lo que te he convertido. Eres solo un recipiente, Poppy... una puta deliciosa que solo sabe suplicar por más de su dios. Él no se detuvo, por el contrario, al verla quebrada y empapada, su ritmo se volvió errático y salvaje, decidido a sacarle hasta el último rastro de dignidad mientras sus cuerpos seguían chocando en una danza de carne, metal y fluidos pecaminosos. Poppy estaba sumergida en una bruma de placer tan densa que apenas podía procesar la realidad. Sus ojos estaban en blanco, vidriosos por las lágrimas y la sobreestimulación, mientras su rostro reflejaba una expresión tan lasciva, que es imposible no compararla con una puta, la boca abierta dejando escapar gemidos rotos, un hilo de saliva descendiendo por su barbilla y un leve rastro de moco por el esfuerzo de respirar entre espasmos. A pesar de su estado, un destello de conciencia la hizo estremecerse al escuchar la vulgaridad del Prototipo, nunca imaginó que esa entidad, que solía ser tan calculadora y fría, pudiera rebajarse a un lenguaje tan soez. Era evidente que él también había perdido el juicio, devorado por la adicción de su sabor y la estrechez que lo aprisionaba. El vaivén era errático y violento. Los pechos de Poppy rebotaban con tal ferocidad que el dolor y el placer se fundían en uno solo, mientras los fluidos de ambos salpicaban la cama ya manchada. De repente, el Prototipo soltó un gruñido gutural y dejó caer todo su peso sobre ella, aplastándola contra el colchón con una posesividad asfixiante. Sus brazos rodearon el frágil cuerpo de la muñeca en un abrazo posesivo, mientras su lengua larga se hundía con fuerza en la boca de Poppy, forzando un beso obsceno, cargado de saliva y el sabor metálico de su propia excitación. En medio de ese intercambio de fluidos, Poppy sintió un roce áspero y doloroso. La ropa del Prototipo esa indumentaria de bufón que el tiempo y la suciedad habían vuelto rígida comenzó a lijar su piel desnuda y sensible. La fricción contra sus pechos y su abdomen era insoportable, creando una irritación roja que contrastaba con su palidez. Con un esfuerzo supremo, Poppy logró apartar un poco su rostro del beso, jadeando con desesperación mientras sus pezones rozaban la tela áspera del Prototipo. —P-prototipo... detente un segundo... —logró articular entre jadeos iqueña muñequita su voz apenas un susurro quebrado—. Tu ropa... me está lastimando... está irritando mi piel... por favor... Ella lo miró con los ojos empañados, suplicando un respiro de esa fricción abrasadora, mientras sentía cómo el miembro de él, aún enterrado hasta el fondo de su matriz, palpitaba con una vida propia, reclamando seguir con la danza sin importar el daño colateral en la piel de su premio. El Prototipo soltó una carcajada ronca, un sonido que vibró como engranajes oxidados moliéndose entre sí, mientras su ojo óptico brillaba con una luz dorada y maliciosa. No detuvo el movimiento de sus caderas; por el contrario, dio una estocada corta y rápida que hizo que Poppy soltara un gemido agudo, obligándola a arquear la espalda y frotar sus pezones irritados directamente contra la tela áspera de su traje de bufón. —¿Te lastima, pequeña muñeca? —se burló él, su voz cargada de un sarcasmo cruel—. Qué delicada es la piel que Elliot te dio. Pero si tanto te molesta mi presencia sobre ti, tendrás que ganarte el derecho a sentir mi carne desnuda. En lugar de compadecerse, el Prototipo aprovechó su vulnerabilidad para una nueva capa de humillación. Con un movimiento autoritario, el Prototipo sujetó la mano temblorosa de Poppy, envolviendo sus dedos pequeños con sus garras metálicas. Con una fuerza que no admitía réplica, guio la mano de ella hasta el gran moño rojo que adornaba su pecho, el centro de su vestimenta. Poppy sintió la textura rugosa y sucia de la tela bajo sus yemas, mientras el Prototipo presionaba su mano contra el nudo. —Desátalo —ordenó él, su voz descendiendo a un susurro imperioso. Poppy, con la respiración entrecortada y el rostro bañado en sudor y lágrimas, comprendió la magnitud de la humillación. No solo estaba siendo poseída, sino que ahora era obligada a participar activamente en su propia perdición, desnudando al monstruo que la reclamaba y se quería sobrevivir a este juego, tenía que seguir hasta que encontrara una mejor ruta para huir. Haciendo acopio de sus fuerzas, y mientras sentía cómo el miembro de él seguía pulsando dentro de su matriz, Poppy empujó suavemente el torso del Prototipo hacia atrás. Él permitió el movimiento, arqueando su estructura arácnida para darle apenas el espacio necesario para que ella pudiera maniobrar, aunque sin desenterrarse ni un milímetro de su interior. La conexión seguía siendo total, un eje de carne y placer que los mantenía unidos mientras Poppy, con los dedos temblando violentamente, comenzaba a tirar de los extremos del moño. El sonido de la seda vieja desatándose se mezcló con el rítmico chapoteo de la penetración que no cesaba. Poppy gemía con cada tirón, sintiendo cómo el roce de la ropa contra su piel enrojecida era un recordatorio constante de su sumisión. Sus ojos se encontraron con los del Prototipo, viendo en ellos una satisfacción depredadora absoluta, él disfrutaba verla trabajar para él, ver cómo sus manos de muñeca deshacían los restos de su humanidad textil mientras él seguía colonizando su cuerpo con una cadencia implacable. —Eso es... buena chica —susurró el Prototipo, gruñendo cuando sintió que el traje comenzaba a aflojarse. Poppy tragó saliva, tratando de concentrarse a pesar de que el miembro del Prototipo seguía latiendo con fuerza dentro de ella, manteniendo esa presión constante contra su útero. Con manos temblorosas, terminó de desanudar el moño y comenzó a deslizar el pesado abrigo de bufón fuera de los hombros de la criatura. Sin embargo, al intentar bajar la tela por la espalda, sus dedos tropezaron con algo extraño, una serie de relieves cilíndricos y fríos que sobresalían de la columna del Prototipo. Eran los tubos de escape y conexiones que formaban parte de su sistema de refrigeración y soporte vital. Poppy, movida por un instinto de cuidado que contrastaba con la violencia de la situación, deslizó sus manos por debajo de la tela del abrigo, explorando la anatomía de su captor. Sus dedos rozaron la superficie metálica y rugosa de los tubos, sintiendo la vibración del motor interno que rugía en el pecho del dios oscuro. Con una delicadeza extrema, fue separando la tela vieja y desgastada de cada uno de los conductos, evitando que se enganchara o se rompiera de forma brusca. El Prototipo, sorprendentemente, se quedó inmóvil. Sus embestidas cesaron por un instante, y su respiración mecánica se volvió un susurro rítmico. Hace décadas que era tocado con esa clase de atención, como si fuera algo más que un arma o un monstruo. Disfrutaba, con una fascinación silenciosa, de la suavidad de las manos de Poppy recorriendo las imperfecciones de su espalda. Una vez que el abrigo se retiró el prototipo aprovecho para quitarse las mangas y tirarlo al suelo, a lado de sus patas metálicas, Poppy comenzó con la camisa blanca. Desabrochó cada botón con una paciencia meticulosa, sus dedos rozando la piel sintética y los cables expuestos del torso del Prototipo. Nuevamente, tuvo que maniobrar con cuidado para liberar la prenda de los tubos de su espalda, pasando la tela alrededor de las conexiones metálicas. —Eres... tan complejo —susurró ella sin pensar, admitiendo que estaba maravillada con su cuerpo, realmente era muy diferente a todos los que conocía, su voz perdiéndose en el silencio de la habitación mientras la última prenda caía, dejando al descubierto el torso desnudo del Prototipo. Él la miró fijamente, su ojo brillando con una intensidad nueva. La vulnerabilidad de estar expuesto ante ella, combinado con la ternura de su toque, creó una tensión eléctrica que superaba cualquier acto físico previo. Poppy contempló el torso del Prototipo y el aire se quedó atrapado en sus pulmones. La luz mortecina de la habitación revelaba una verdad desgarradora grabada en su anatomía. Al igual que ella, él poseía segmentaciones que delataban su naturaleza de muñeco, pero donde Poppy era delicadeza y el cuerpo completo de una dama seductora, él era una cicatriz abierta de la ingeniería más cruel. El pecho conservaba parte de la humanidad que Elliot le había otorgado originalmente, una estructura humanoide, de piel pálida y sintética, casi intacta, que se sentía extrañamente suave bajo las yemas de los dedos de Poppy. Sin embargo, al bajar la vista hacia el tórax y el abdomen, la imagen se volvía una pesadilla bio-orgánica. Lo que debería haber sido su vientre era ahora una amalgama de placas metálicas reforzadas y cables que se hundían en tejido vivo alterado, una fusión forzada de máquina y carne que latía con una energía violenta. Poppy, movida por una compasión que no pudo contener, extendió sus manos y comenzó a explorar ese mapa de dolor. Sus dedos delinearon las uniones donde el metal se encontraba con la piel, sintiendo el calor excesivo que emanaba de sus sistemas internos. Por un breve segundo, el horror de la situación se disolvió en una nostalgia punzante, aquel contacto le recordó los días en que Elliot los cuidaba a ambos, cuando eran una familia y no dos monstruos perdidos en la oscuridad de una fábrica olvidada. Sus manos descendieron finalmente hasta la base de ese torso torturado, donde la humanidad de su pecho se perdía definitivamente en la ingeniería de guerra. Allí, en la unión de su pelvis con la colosal estructura arácnida, Poppy pudo observar con una claridad sobrecogedora la anatomía que la había reclamado. La pelvis del Prototipo no era de hueso y piel, sino una pieza de ingeniería biotecnológica reforzada. Entre las placas de metal oscuro y los cables que latían con un flujo hidráulico, se encontraba una hendidura perfecta, una "raja" de tejido sintético altamente elástico y lubricado que actuaba como una funda orgánica. Era allí donde él resguardaba su miembro cuando no estaba en uso, protegiéndolo de la fricción de sus movimientos mecánicos. Al verlo tan de cerca, Poppy comprendió que cada centímetro de él había sido rediseñado para la eficiencia. Sus dedos rozaron con curiosidad el borde de esa cavidad, sintiendo el calor abrasador que emanaba del interior, justo donde el cuerpo de ambos seguía fundido, lo que provocó que con ese toque sintiera como el Prototipo temblaba y soltaba un gruñido bajo. El contraste era desgarrador, la delicadeza de los dedos de Poppy frente a la frialdad del metal que albergaba una vida tan voraz. Sus manos ascendieron con suavidad por el cuello de él, llegando hasta el gorro de bufón que aún coronaba su cabeza. Cuando Poppy intentó deslizar sus dedos para quitárselo, la mano del Prototipo se cerró sobre la de ella con una firmeza absoluta. —Eso... se queda —sentenció él. Su voz no era furiosa, sino cargada de una pesadez ancestral. Poppy asintió en silencio, con los ojos empañados. Se quedó estática, con su cuerpo aún unido al de él por la pelvis, pero su mente perdida en la exploración de ese torso torturado. El Prototipo permaneció inmóvil, permitiéndole esa inspección casi sagrada. Por primera vez en décadas, no se sentía como un depredador ni como un dios oscuro, bajo el toque exploratorio y tierno de Poppy, se sentía tan humano que pensó que había olvidado la sensación de ser uno, compartiendo una paz efímera con la única criatura que podía entender el peso de sus cicatrices. La pelirroja deslizó sus dedos con una suavidad bastante extraña hasta para ella, recorriendo las cicatrices donde el metal perforaba la piel sintética del Prototipo. Sus ojos, antes nublados por el terror y el éxtasis, se aclararon con una lucidez dolorosa. En ese silencio sepulcral, cargado solo por el silencio de él, ella comprendió la magnitud de la tragedia que compartían. Ambos eran reliquias de un sueño que se convirtió en una carnicería, Elliot los creo de la manera más egoísta posible y los científicos, se encargaron de romperlos hasta el hartazgo. A Oliver lo condenaron a ser un ser monstruoso que nunca pidió, a ella en una esclava eterna. No puede culpar a Oliver por las decisiones que tomo para liberarlos, pero tampoco iba a justificar que este se volviera peor que ellos para mantener el nuevo orden, pero por esta vez ya no quería seguir pensando más en la realidad, ni en lo que pasaba a fuera de su cuarto, solo quería concentrarse por primera vez en mucho tiempo en ellos dos, como lo hacía antes de que todo se distorsionara. Por supuesto no podían volver a ser hermanos, no había lazo de sangre, ni un vínculo que los uniera de esa forma, y aunque deseaba poder decirle un amigo, ella había lastimado tanto como para pronunciar esas palabras, además de que estaban en un terreno nuevo, en donde ambos estaban teniendo sexo y aun seguían unidos, por lo que no entiende que ahora podían ser. Poppy solo entiende una cosa, lo que sea que estuvieran teniendo ahora, ella solo quería dejarse llevar por la ilusión, de mirarlo como un amante solo por esta vez, para olvidarse de sus traumas, de su pasado y solo perderse en el placer que no la hacía pensar en otra cosa. Después de todo ellos dos eran iguales, los únicos que existían, que mejor manera de encontrar un poco de consuelo de alguien que sabe lo que es vivir en el infierno. —Lo siento tanto... —susurró Poppy, su voz rompiéndose con una empatía genuina, porque ella no podía entender cómo es que habían llegado a esto, ¿Desde cuándo él había distorsionado su cariño?, ¿Por qué estaba tan ciega antes?, todo él ahora estaba completamente mal y lo que hacían y tenían ya estaba roto—. Siento lo que te hicieron. Siento que te rompieran de esta forma... que nos dejaran tan rotos. Antes de que el Prototipo pudiera emitir un solo gruñido o una respuesta hilarante ante la lastima de la muñeca, Poppy tomó su cabeza entre sus manos, obligándolo a sostenerle la mirada. Fue un gesto de una audacia sobrecogedora, nadie se atrevía a tocar a la Deidad Oscura con tal familiaridad, pero ella lo hizo con una ternura que desarmaba cualquier protocolo de defensa. Sus ojos azulados buscaron el brillo de él, reconociendo el vacío y el tormento que Elliot le dejo, una herida tan profunda y Harley ayudo a intensificar ese dolor, hasta convertirlo en lo que es ahora. Un hombre roto, encerrado en un cuerpo monstruoso. Como ella… A ambos les arrebataron la vida de un humano y ahora estaban perdidos. —Por favor... no te detengas —murmuró ella, con una resolución nueva, ella ya estaba harta de ese juego retorcido y entiendo en medio de este extraño acto de poder tan seductor—. Olvidémonos de quiénes somos. Olvida la fábrica, olvida que eres un salvador, un dios... Solo sé mío, y déjame ser tuya. Esta noche, solo somos dos seres que necesitan no estar solos. —Por primera vez en su vida Poppy estaba viviendo algo meramente normal, como el acto de copular, y no iba a negar que lo estaba disfrutando bastante, pero solo quería al mismo tiempo encontrar una solución y terminar absolutamente con todo. En ese instante, Poppy decidió entregarse a la fantasía. Quería borrar las pesadillas con el placer de la carne, quería actuar como una mujer adulta, dueña de sus deseos, y no como una pieza de colección. Con un movimiento fluido y cargado de una entrega absoluta, rodeó el cuello del Prototipo con un brazo mientras su otra mano se anclaba en la espalda segmentada de él, justo entre los tubos que vibraban por el esfuerzo. Se dejó caer hacia atrás, hundiéndose de nuevo en el colchón y arrastrando el peso colosal de la criatura consigo. El Prototipo, subyugado por la inesperada vulnerabilidad de Poppy, y la belleza de aquella mujer seductora, se dejó llevar, colapsando sobre ella. El contacto piel con piel fue una explosión sensorial, el pecho suave, hasta sus pezones rosaditos de la muñeca se aplastó contra el torso firme y humanoide de él, permitiéndole sentir el latido errático del corazón de ella y el calor de sus pezones irritados contra su propio pecho desnudo. Poppy no esperó. Envolvió sus piernas alrededor de las caderas metálicas de él, cruzando los tobillos con fuerza para anclarse a su pelvis. El movimiento provocó que el miembro del Prototipo, que seguía enterrado en su matriz, se hundiera con una profundidad insoportable y deliciosa al mismo tiempo. —¡Ahhhhh~♡...! ¡Prototipo~♡! —un gemido largo y cargado de una lascivia pura escapó de los labios de Poppy, gimiendo ahora como se identificaba. El Prototipo no dijo nada, pero su respuesta fue física y devastadora. Al sentir cómo ella lo abrazaba, cómo buscaba su peso y cómo su cuerpo se amoldaba al suyo con una urgencia casi desesperada, sus instintos se recalibraron. Ya no era un castigo, era una comunión oscura. Él hundió su rostro en el hueco del cuello de ella, inhalando el aroma de su piel mezclado con el sudor y el sexo, mientras reiniciaba las embestidas con una potencia rítmica que hacía que el pecho de ambos chocara en un sonido sordo y húmedo. Al escuchar su nombre el nombre que él mismo se había dado para enterrar su pasado, brotar de los labios de Poppy cargado de ese deseo pecaminoso y absoluto, el Prototipo sintió que su mente e fundían en una sobrecarga de adoración. No era solo un gemido, era una plegaria dirigida a su nueva ser entero. Se quedó fascinado, hechizado por la música de los gemidos de la muñeca, que resonaban en la estancia como el coro más hermoso que jamás hubiera procesado. Una nueva ola de excitación, más salvaje y primitiva que la anterior, se apoderó de su estructura. Por primera vez en tanto tiempo se permitió ser débil, dejando que la armadura de odio que lo protegía se agrietara ante la entrega de Poppy. Abrió la boca en un jadeo mudo, incapaz de comprender por qué la felicidad lo golpeaba con tanta fuerza, pero dejándose arrastrar por la misma fantasía que ella le ofrecía. Nada en su memoria se comparaba con este momento profano, ni la victoria de la Hora de la Alegría, ni el éxtasis de la sangre derramada, ni las alabanzas de los otros experimentos. Esto era superior. Esto era ser amado por la única criatura que realmente importaba. —Poppy... mi Poppy~♡... —El Prototipo gruñó su nombre, una vibración que nació en las profundidades de su ser y se fundió con el aire pesado de la habitación. Ya no había rastro de la deidad controladora, solo quedaba el animal, el ser biotecnológico reclamando su derecho sobre la carne que amaba. Las embestidas se volvieron duras, crudas y animales, un ritmo frenético de su pelvis contra el coño hinchado de Poppy, el deseo que hacía que el cuerpo de Poppy se sacudiera violentamente contra el colchón deshecho. Él se dejó caer por completo, recargando su peso masivo sobre ella, aplastando sus pechos contra su propio torso desnudo en una unión asfixiante y gloriosa. Poppy, perdida en el torbellino de sensaciones, deslizó la mano que rodeaba su espalda hacia arriba, recorriendo la columna vertebral del monstruo hasta alcanzar su mejilla. Sus dedos delicados acariciaron la piel sintética y fría del Prototipo, obligándolo a inclinar la cabeza. Sus miradas se encadenaron, el ojo óptico carmesí de él devorando las pupilas dilatadas de ella. Sin romper el ritmo de la penetración, ambos se buscaron en un beso obsceno y desesperado, una lucha de lenguas que se enredaban con hambre, compartiendo el sabor a saliva, jadeos y la esencia misma de su perdición. En medio del beso, la mano del Prototipo viajó con una lentitud posesiva hacia la nuca de la muñeca. Sus dedos se enredaron en una de sus icónicas coletas, tirando del lazo de seda hasta que este cedió. —Entrégate... —le ordenó contra sus labios, su voz una distorsión de placer—. Quiero ver todo de ti. No quiero que nada te oculte de mi vista. Poppy, con la respiración rota y el corazón galopando contra sus costillas, aceptó su mandato. Con un movimiento torpe pero decidido, ella misma desató la otra coleta. Su cabello rojizo, antes perfectamente peinado, estalló sobre la almohada como una mancha de sangre viva, enmarcando su rostro con una belleza salvaje y desordenada que el Prototipo nunca había imaginado. La visión de Poppy, con su melena rojiza desparramada como un incendio sobre las sábanas sucias, terminó de dinamitar los restos de lógica en los circuitos del Prototipo. Ya no veía a la muñeca asustada que trastorno a lo largo de los años, ante él se abría una diosa rojiza, una criatura soberana que, con cada jadeo y cada movimiento de caderas, le arrancaba la cordura. El Prototipo se volvió un animal poseído. Reinició la marcha con una fuerza bruta y vulgar, hundiendo su miembro colosal con estocadas tan profundas que el sonido de la carne chocando contra la carne era un chapoteo obsceno y constante, el útero de Poppy se llenaba de ese presumen y era golpeado brutalmente por el pene de su dios cruel. El somier de la cama no solo chillaba, crujía bajo el peso de la deidad que embestía a su hembra con la intención de dejar una marca permanente en sus entrañas. —¡Mírame... maldita sea, mírame~♡! —Ordeno el Prototipo, con la voz rota por la estática y el deseo, no sabía ni siquiera cual voz usar, más que la monstruosa que la caracterizaba—. Pareces una puta divina... Mi pequeña diosa pecaminosa... —¡Ahhh! ¡Sí... más fuerte~♡! ¡Prototipo, mas~♡! —gritó ella, perdida en una bruma de placer tan vulgar que ya no reconocía su propia voz. Mientras volvió a observarlo con esos ojos azulados cristalinos, mientras sus lágrimas se derramaban por el placer, su lengua salía y su saliva bajaba por la comisura de sus labios, mientras se tira como expandir su coño se extendía y sus paredes vaginales apretaban tan deliciosamente ese falo caliente, además de adaptarse a su forma, sentía que la quemaban por dentro y eso la volvió una adicta a ese placer increíble. Poppy arqueó la espalda de forma violenta, ofreciéndole su pecho en un gesto de rendición absoluta. Sus senos rebotaban con un vaivén frenético, sacudiéndose con cada golpe seco que el Prototipo le propinaba en el fondo de su matriz. Sus pezones, rosado y endurecidos por el roce constante, buscaban el contacto con el torso de él. El Prototipo no pudo contenerse, atrapó uno de sus pechos con su mano, por supuesto tenía que ser cuidadoso, y solo apretar con la palma de la mano, además de que tenía que mantener un Angulo correcto al tocarla para que sus largos dedos no rasguñaran sin querer la cara de Poppy, apretándolo con una fuerza que desbordaba la carne entre su palma, mientras usaba su otra mano para sujetar un puñado de ese cabello rojizo y tirar de él hacia atrás, obligando a Poppy a exponer su cuello y a gemir directamente hacia el techo y sus piernas apretaban más la cadera de 1006, hundiendo más su falo contra su centro vaginal. Él estaba fascinado. La lubricidad de Poppy era tal que el fluido de su clímax anterior goteaba por sus muslos, mezclándose con el sudor y los fluidos calientes que emanaba del Prototipo. Cada vez que él se retiraba para volver a embestirla, el sonido de la succión era ruidoso, una música sucia que llenaba la habitación vulgar. Él la veía brillar su piel pálida bañada en sudor, su cabello rojizo intenso y esa mirada perdida que solo las diosas del placer conocen. Dominado por un impulso primitivo, el Prototipo descendió su rostro hacia el pecho de Poppy, quitando su mano que disfrutaba de jugar con los montículos de la muñeca. Mientras seguía enterrándose en ella con estocadas profundas que llegaban hasta lo más hondo de su útero, cada embestida dejando un chorro de presa en caliente, comenzó a lamer sus pechos con una devoción lasciva. Su lengua recorría la curva de sus senos, rodeando los pezones erectos y sensibles que se endurecían aún más. bajo su tacto abrasador. El contraste de la lengua húmeda del monstruo contra la piel enrojecida de la muñeca la hizo soltar gemidos que ya no eran humanos, sino puros sonidos de satisfacción animal. Cada vez que él empujaba, el cabello de Poppy se agitaba a su alrededor, una corona de fuego en el altar de su sacrificio. El Prototipo estaba extasiado, la sentía estrecha, húmeda y vibrante, un refugio perfecto de carne que parecía haber sido diseñado solo para albergar su magnitud. La atmósfera en la habitación alcanzó un punto de ebullición donde el oxígeno parecía haber sido reemplazado por pura estática sexual. El Prototipo estaba en el umbral, jadeando con suavidad, mientras sacaba vapor por su boca, estaba sobrepasando los límites de su propio cuerpo, al punto que su toque era totalmente caliente, su miembro colosal latiendo con una urgencia que amenazaba con reventar las paredes internas de Poppy. Sin embargo, justo cuando él se preparaba para la estocada final, que amenazaba con estallar dentro de la muñeca, la deidad sintió un cambio drástico en la resistencia de su hembra. Poppy, con la mirada encendida por un fuego que no era solo de sumisión, extendió sus manos y se aferró con fuerza a los cascabeles y la tela del gorro de bufón del Prototipo. Tiró de él con una audacia que lo obligó a bajar la cabeza, capturando su boca en un beso profundo, hambriento y posesivo que le robó el aliento procesado, sus lenguas volvían a jugar entre sí. Mientras lo besaba, Poppy usó la fuerza de sus muslos para separarse sutilmente de su torso, rompiendo el ritmo frenético que él llevaba. Con un movimiento ágil y cargado de una sensualidad depredadora, Poppy se reincorporó, obligando al miembro del Prototipo a deslizarse apenas unos centímetros hacia afuera, aunque sin abandonar su refugio húmedo. Se sentó a horcajadas sobre su pelvis, desafiando la gravedad y la autoridad del monstruo. —¡Poppy...! — El Prototipo soltó un gruñido de pura frustración animal, su voz cargada de una estática irritada, sus garras hundiéndose en el colchón mientras su cuerpo temblaba un poco de dolor por el orgasmo interrumpido. —. ¿Qué crees que haces? —Cállate —le interrumpió ella con una voz aterciopelada y firme, una orden que dejó al Prototipo estático por la pura sorpresa—. Ya me has tenido bajo tu peso el tiempo suficiente. Ahora... acuéstate. La irritación en el ojo del Prototipo era palpable, el deseo de eyacular dentro de ella lo estaba volviendo loco, pero la visión de Poppy sobre él, con su cabello rojizo cayendo como una cascada sobre sus hombros desnudos y su pecho subiendo y bajando por el jadeo, lo dejó hipnotizado. La "muñequita" había tomado las riendas, transformándose en una súcubo que reclamaba su trono. —Quiero estar arriba —sentenció Poppy, apoyando sus manos sobre el pecho humanoide del Prototipo y empujándolo hacia atrás con una determinación que no aceptaba un no por respuesta—. Quiero ver cómo te retuerces bajo mi mando, mi "dios". El Prototipo, fascinado por esta nueva faceta de su hembra y sintiendo una curiosidad morbosa por ver hasta dónde llegaría la audacia de Poppy, cedió. Se dejó caer de espaldas sobre la cama destrozada, sus patas arácnidas flexionándose a los lados, pero sin subirse del todo, ya que su cuerpo completo podía romper la cama que a duras penas los sostiene a ambos. Allí quedó, expuesto y vulnerable ante ella, con su miembro que había salido de ella por lo que se podía ver erecto, palpitante y empapado por los fluidos de ambos, moviéndose un poco como si tuviera conciencia propia. Poppy no perdió ni un segundo. Con la mirada inyectada en una mezcla de lujuria y poder, se posicionó sobre el Prototipo, sujetando aquel miembro colosal y chorreante con sus manos para guiarlo de nuevo a su coño. Al sentir la punta ardiente presionando su centro, dejó caer todo su peso de golpe, emitiendo un alarido que fue puro éxtasis cuando la magnitud de él la atravesó hasta el fondo, obligando a sus paredes internas a estirarse de forma casi violenta. Comenzó a cabalgarlo con una furia rítmica y deliciosa, elevando sus caderas para casi salirse y volviendo a hundirse con un impacto seco que hacía que el sonido del chapoteo húmedo retumbara en las paredes de metal de la habitación, Era una visión totalmente lasciva y obscena, Poppy, con su piel pálida brillando por el sudor y el fluido sexual, moviéndose como una súcubo poseída sobre el cuerpo del dios caído. Cada vez que bajaba con fuerza, su vientre se hinchaba de manera grotesca y excitante, revelando la silueta del pene del Prototipo empujando desde el interior, albergándolo ella sin saberlo en su útero fértil, mientras sus pechos rebotaban frenéticamente, sacudiéndose ante el ojo rojizo de 1006. —¡¡Ahhhgh... Dios... mírame...!! —Poppy soltó un gemido roncó, con la cabeza echada hacia atrás, sus pechos rebotando una y otra vez, se podía ver el sudor recorriendo su busto, como su culo rebotaba contra la pelvis del Prototipo, como su vagina engullía todo el falo del contrario, además que al moverse a ese ritmo ayudaba a estimular su clítoris al rozarlo contra la piel sintética del prototipo—. ¡Siente cómo me llenas, maldito narcisista... siente cómo tu diosa te devora! Empezó a cabalgarlo con una furia desesperada, elevando sus caderas solo lo necesario para volver a ensartarse con una fuerza rítmica y ruidosa. El sonido era un chapoteo constante, un eco de carne golpeando carne y metal, acompañado por el crujido agónico de los muelles de la cama que amenazaba con colapsar bajo el movimiento frenético. Los pechos de Poppy rebotaban salvajemente, sacudiéndose con cada impacto, mientras sus pezones rozaban el aire frío de la fábrica, endurecidos como piedras. El Prototipo soltó una carcajada ronca, un sonido cargado de una vibración eléctrica que Poppy sintió entre sus muslos. Verla tan desatada, escuchando esas vulgaridades brotar de sus labios rojizos mientras lo montaba con esa desesperación, lo llevó a un nivel de excitación que amenazaba ser un imbécil y entregarse a voluntad a esa diosa. —¿Escúchate... Poppy~♡...? —se burló él, con una voz que era puro siseo y estática, mientras su pecho subía y bajaba con violencia—. ¿Dónde quedó la niña buena de Elliot? Te has vuelto una ramera sedienta... Él no pudo quedarse simplemente observando. Sus manos, de garras afiladas y tacto firme, subieron hasta las caderas de Poppy, hundiéndose en su piel con una posesividad feroz. La ayudó a auto penetrarse, tirando de ella hacia abajo cada vez que ella subía, obligándola a recibir la estocada completa, golpeando su cérvix con una precisión que la hacía ver estrellas, que provocaba que sacara la lengua y él jadeara y gruñera, mientras sambos sacaban vaho de sus bocas, ya que ambos estaban extasiados y perdidos en el placer. —¡Sí...! ¡Rómpeme... fóllame así~♡, ahhh~♡...! —gritaba Poppy, con la saliva escapando de su boca y sus ojos en blanco—. ¡No te detengas… por favor Prototipo lléname adentro~♡! El Prototipo arqueó su espalda, sintiendo cómo el coño de Poppy lo succionaba con una fuerza de vacío, envolviendo su falo palpitante en un calor que superaba cualquier medida de sus sensores. Estaba maravillado, la forma en que ella movía sus caderas, de manera circular y luego con caídas secas, era una técnica de pura perdición. Sus patas arácnidas se clavaron en el suelo para estabilizar la cama, evitando que el mueble se hiciera pedazos mientras ella seguía montándolo con una lascivia que desafiaba a los mismos dioses. Cada vez que Poppy bajaba, el abultamiento en su vientre era más pronunciado, una visión grotesca que la hacía lucir como si estuviera siendo poseída por un demonio que intentaba escapar de su cuerpo. Ella se inclinó hacia adelante, dejando que su cabello cayera sobre el rostro del Prototipo, mientras sus pechos aplastados contra el torso de él creaban una fricción de piel contra la piel ajena que los hacía gemir al unísono. Estaban perdidos en una danza de fluidos, ruidos sucios y palabras prohibidas, en un clímax prolongado donde Poppy ya no era una víctima, sino la soberana de un placer que estaba a punto de consumirlos a ambos en una explosión de éxtasis absoluto. El Prototipo no pudo soportar más la tortura de la pasividad. Al ver a Poppy devorada por su propia lascivia, cabalgándolo como una súcubo que intentaba drenarle la existencia, sus instintos de depredador se dispararon. La humillación de estar debajo se convirtió en un combustible explosivo. Con un rugido gutural que hizo vibrar el metal de toda la habitación, sus garras se cerraron sobre la cintura de Poppy con una fuerza que le arrancó un grito de sorpresa. —¡Suficiente! —bramó él, su voz rompiéndose en una distorsión de placer y furia. En un movimiento tan rápido que la vista de Poppy no pudo procesar, el Prototipo usó sus patas mecánicas para impulsarse y, en pleno acto, la volteó. El mundo de la muñeca dio vueltas hasta que su espalda golpeó el colchón con un impacto seco. Él no se desenterró, por el contrario, aprovechó la inercia para hundirse aún más, clavándola contra la cama mientras sus piernas quedaban colgando a los costados del torso metálico de la criatura. El Prototipo no le dio tiempo a recuperarse. Se cernió sobre ella, esa hembra lo volvía loco y lo desquicio hasta el hartazgo. —Se acabó el juego, mi pequeña diosa~♡ —Pronuncio el dios, su voz siendo una distorsión absoluta de placer y dominio—. Ahora vuelve a tu lugar... abajo de tu dueño. Sin un ápice de piedad, el Prototipo hundió su miembro una vez más. Fue una estocada final, cargada con todo su placer, queriendo por fin liberarse de ese orgasmo interrumpido. El impacto fue tan profundo que Poppy sintió que su alma era arrancada de su cuerpo, el falo colosal golpeó su matriz con una fuerza que le robó el grito, dejándola en un estado de mudez agónica donde solo sus ojos, completamente en blanco y vidriosos, hablaban de la devastación que estaba sufriendo. Él comenzó a follarla con un ritmo desalmado, crudo y asfixiante, se podían escuchar los golpeteos de la piel mojada, tan rápida y obscena el coño de Poppy estaba ya a ese punto hinchado y rojizo, siendo azotado por la pelvis de 1006. Cada vez que sus caderas chocaban, el sonido era un eco obsceno de succión y golpe seco. Poppy ya no podía articular palabras, solo soltaba quejidos guturales, su cabeza sacudiéndose de lado a lado mientras su cabello rojizo cubría un poco su cara y se esparcía por la cama. Sus pechos, antes orgullosos, ahora eran aplastados por el torso del Prototipo, que se movía como una bestia encarnecida decidida a pulverizarla. El clímax del Prototipo fue abrumador y muy extremo que nunca imagino llegar a un orgasmo, el poseía testículos internos, era obvio su padre jamás le permitirá tener órganos sexuales que se vieran, las cuales estos palpitaron dentro de él, ya que siente una explosión de energía y liberación que no supo explicar. El miembro colosal dentro de ella comenzó a pulsar con una violencia inhumana, expandiéndose aún más mientras sus paredes vaginales lo asfixiaban en un espasmo final de agonía y placer. En ese instante, libero su carga la cual tenía contenida, Poppy sintió una inundación abrasadora, un torrente de fluido espeso, caliente y abundante que golpeó directamente contra su útero, inflamándola en el acto ya que, por mucho el Prototipo por su tamaño, era evidente que no sería minúsculo. El semen salió disparado, cubriendo las paredes vaginales de la divina diosa pecaminosa. El llenado fue obsceno, Poppy sintió cómo cada rincón de su interior era marcado por el líquido hirviente del monstruo, expandiendo su vientre de tal forma que parecía que iba a quedar embaraza con esto. La sensación de ser colmada hasta el borde, de sentir el chorro continúo golpeando sus entrañas, fue el detonante final para su propia psique. Poppy se quebró. Sus ojos se pusieron en blanco por completo, dejando solo la esclerótica a la vista mientras su boca se abría en un gemido silencioso. Sus músculos internos, empapados y estirados al límite, reaccionaron con una serie de contracciones frenéticas que intentaban ordeñar hasta la última gota del semen del Prototipo. Ese contacto mutuo, el roce de su útero siendo castigado por la eyaculación masiva y el calor eléctrico que emanaba de él, de su uretra expulso su squirting empapando en proceso no solo la pelvis del prototipo, si no también sus propias sabanas, contrayendo su coño de forma inhumana que provoco que el dios soltara un jadeo extasiado, por lo rico que se sintió eso como ella se apretaba de nuevo a su alrededor, ambos tuvieron un orgasmo compartido que borró las fronteras entre sus cuerpos y de sus mentes. El cuerpo de Poppy se arqueó con una rigidez absoluta, sus abrazos con más fuerza el cuello de la deidad, mientras hundía su cuerpo contra él, sus dedos de los pies se encogieron y sus pechos se tensaron mientras una nueva ola de su propio fluido estallaba, mezclándose con la simiente del Prototipo en una sopa pecaminosa de fluidos y sudor. El sonido era un borboteo sucio, el eco de dos naturalezas fundiéndose en un éxtasis profano que los dejó a ambos vibrando en la misma frecuencia de autodestrucción deliciosa. El Prototipo descargó hasta el último gramo de su esencia, sepultando a Poppy en su calor, dando una última embestida para poder disfrutar un poco más de sus paredes esponjadas. Sin percatarse realmente que la cama comenzaba a soltar un rechinido, no por los semis embestidas que daba, sino porque estaba llegando al límite del peso requerido que solo fue pensado para Poppy. Poppy, en medio de esa descarga eléctrica, sintió que su conciencia se desvanecía. La imagen de la deidad oscura sobre ella, su rostro desencajado por el éxtasis, mientras sus ojos brillaban tan fuertemente que juraba que iba a volver activar su habilidad pasiva y soltar una luz cegadora, y el peso de su cuerpo hundiéndola en la cama, fue lo último que procesó antes de que su mente, saturada por el placer más vulgar y absoluto, se apagara en un desmayo misericordioso. Se quedaron unidos, latiendo al unísono, mientras el exceso de la simiente del Prototipo comenzaba a desbordarse de Poppy, si por supuesto su útero podía albergar cierta parte, pero no todo, por lo que chorros de semen comenzaron a salir alrededor del pene del Prototipo que seguía enterrado en el coño de ahora su hembra, mojando los muslos de ella y la pelvis de él, empapando la cama en un charco de derrota y gloria sexual, la cual se podía ver como el fluidos de ambos combinados, comenzara a salir vapor por lo caliente que estaban, algo normal para criaturas como ellos. El "dios" finalmente había reclamado su compañera, dejándola llena, marcada y rota bajo su sombra. Si Elliot los viera ahora, estaría lanzando improperios y se retorcería en su tumba, porque jamás perdonaría a Oliver marcar a su ahora no hermana de esa forma, pero ya nada se podía hacer, ahora que el monstruo había probado el pecado no dejaría de consumirlo y por lo que notaba, aquella muñeca convertida en diosa, parece que también se había vuelta adicta a las nuevas sensaciones. El Prototipo exhaló un siseo prolongado, un escape de presión que arrastraba consigo el calor residual de un acto que había desafiado toda lógica. Su ojo comenzaba a parpadear, advirtiendo un agotamiento estructural nunca antes sentido, además que comenzaba a sentir también el sueño dominar su mente, había forzado su cuerpo hasta el borde del colapso para reclamar a Poppy, esto debía ser un error. Sin energía para mantenerse erguido, su torso humanoide se desplomó sobre la muñeca, aplastándola contra el colchón con un peso muerto y brutal. No le importó la desproporción de peso, en ese momento, el contacto de su piel metálica y bio-orgánica contra la suavidad húmeda de Poppy era la única ancla que lo mantenía en la realidad. El resto de su inmensa estructura arácnida se desparramó por el suelo de concreto, con las patas mecánicas flexionadas y temblorosas, mientras el vapor seguía emanando de la unión de sus sexos, creando una neblina densa y con olor a almizcle que envolvía la habitación. Poppy, sumida en un desmayo profundo que bordeaba la inconsciencia total, ni siquiera registró la presión masiva del peso del Prototipo sobre ella. Su cuerpo era una cáscara de carne bio-organiza exhausta, todavía latiendo rítmicamente alrededor del miembro de su dueño, que permanecía enterrado y goteando una mezcla hirviente de fluidos dentro de sus paredes. Sin embargo, incluso en ese estado de desconexión, algo primitivo en su subconsciente buscó consuelo. Instintivamente, mientras el peso del salvador la hundía contra el colchón, Poppy movió su rostro con un roce, acurrucándose en el hueco del cuello del Prototipo. Sus pulmones, buscando aire en medio de la bruma del éxtasis, inhalaron con desesperación el aroma que emanaba de él, una fragancia embriagadora de un perfume extraño bastante atrayente, lo que confirmaba que a pesar de sus características y autoproclamarse como dios y un salvador, el seguía siendo un macho. El aroma que emanaba de la piel del Prototipo esa mezcla de feromonas masculinas, un tipo de perfume masculino y el rastro almizclado del sexo reciente, actuaba como un narcótico en los sentidos de ella. Era una paradoja viviente, el lugar más peligroso de la fábrica era, al mismo tiempo, el único donde Poppy se sentía extrañamente completa. Se quedó allí, una pequeña figura de seda y cabello rojizo atrapada bajo la inmensidad del Prototipo, que parecía un parasito que no deseaba separarse de ella, respirando el calor de su captor mientras el Prototipo, al sentir ese roce tierno y sumiso contra su cuello, emitía un ronroneo mecánico que hizo vibrar el pecho de ambos. El silencio que siguió al estallido final era denso, casi sólido, roto únicamente por el siseo del vapor y el latido desbocado de dos corazones que, por un instante, habían latido como uno solo. El Prototipo disfrutaba de la rendición absoluta de su ahora hembra. Pero la paz de ese momento es una ilusión que se desvanece con el menor roce. Un crujido ensordecedor, recorrió la estructura de la cama. La madera, fatigada por el peso colosal de la deidad y el castigo rítmico de sus embestidas salvajes, cedió finalmente. El ser solo soltó un chasquido con su lengua llena de molestia. El Prototipo reaccionó con la velocidad de un depredador alfa. Sus garras se cerraron con una fuerza protectora alrededor de la cintura y la nuca de Poppy, levantándola en un movimiento fluido mientras sus patas arácnidas se impulsaban hacia atrás. Un segundo después, la cama se hizo trizas, colapsando en un amasijo de muelles retorcidos y madera rota que golpeó el suelo con un estruendo fuerte. —¡Ahhh...! —El grito de Poppy fue un rasguido de aire roto, el susto le devolvió la consciencia con una violencia eléctrica que sacudió cada una de sus articulaciones. Sus ojos azulados se abrieron de par en par, dilatados por el pánico y el remanente del éxtasis, chocando de frente con la penumbra escarlata del ojo óptico del Prototipo, que la observaba con una fijeza depredadora. Por puro instinto de preservación, sus manos se dispararon hacia el cuello de la criatura, hundiéndose en su piel, mientras sus piernas aún temblorosas y cubiertas de una capa viscosa de fluidos y sudor se enredaron con desesperación alrededor de las caderas metálicas de 1006. Poppy buscaba anclarse a él, convirtiendo a su abusador en su único refugio. En ese movimiento brusco de rescate, el aire gélido de la fábrica golpeó su piel desnuda, erizando su piel bañada en sudor. Pero lo que realmente le arrancó un sollozo desgarrador fue sentir cómo el miembro del Prototipo, esa presencia masiva que la había mantenido anclada a la realidad del placer, se deslizaba fuera de ella. La salida fue húmeda y ruidosa, dejando tras de sí una sensación de vacío gélido y una succión dolorosa que la hizo sentir vacía, pero provoco que los fluidos que tenía adentro comenzaran a salir y el semen del prototipo, comenzara a salir de forma tan obscena, además de que se podía ver aquella vagina maltratada que ya no podía cerrarse, por ser abusada constante. Poppy se sintió extrañamente incompleta, ella solo se acorruco contra el hombro de su captor mientras el exceso del semen de él comenzaba a resbalar por su entrepierna, enfriándose rápidamente contra su piel enrojecida y caer al suelo formando un charco debajo de ellos. —P-prototipo... me debes una cama—logró decir ella, con la respiración entrecortada y los ojos muy abiertos, observando el amasijo de cobijas, madera y almohadas, que solía ser su lecho. El Prototipo dejó escapar un sonido que fue una mezcla entre un siseo estático y una risotada ronca, una vibración que Poppy sintió retumbar en su propio pecho debido a la cercanía de sus cuerpos desnudos. Sus garras se ajustaron con una posesividad casi protectora sobre los muslos de ella, mientras observaba con un desprecio triunfal el desastre de metal retorcido y madera astillada a sus pies. —Tienes razón. Claramente, Supuse que un mueble humano sería suficiente no para albergar a una deidad en pleno fervor. No te preocupes... mandaré a los otros juguetes a construir una nueva, pero esta vez una resistente. —Se burló él, su voz cargada de un sarcasmo oscuro y vibrante Poppy se quedó gélida ante sus palabras, guardando un silencio sepulcral. Las implicaciones de "mandar a construir" una cama que resistiera el peso de ambos hizo que ella sintiera nerviosismo. El Prototipo planeaba repetirlo algo que ella en su interior no era tan mala idea, pero al mismo tiempo, debían volver a la realidad, en donde ellos dos no eran los únicos y tenían personas que dependían de ellos para poder hacer algo. —P-por favor... solo acuéstame…—susurró ella, señalando con un gesto vago el montón de almohadas y mantas que habían sobrevivido al colapso del somier—. Solo quiero descansar... me siento tan pesada y tan agotada... El Prototipo inclinó su cabeza mecánica, evaluándola con su ojo, mientras sentía como su falo comenzaba a volver a su lugar, guardándolo en su saco interno, ya que este comenzaba a presentar también cansancio. —Curioso —Murmuro 1006 y por primera vez hubo un rastro de extrañeza genuina en su tono—. Yo también experimento esa... pesadez. Una fatiga que no debería existir en nosotros. En la penumbra de la fábrica, el silencio se volvió denso. Ninguno de los dos debería sentir cansancio. Elliot Ludwig, en su búsqueda de la perfección trascendental, había diseñado sus cuerpos para ser perfectos sin que tengan que doblegarse en la necesidad mortal. Se suponía que eran seres que no necesitaban dormir, comer o descansar, despojados de las debilidades biológicas de la carne para convertirse en monumentos al ingenio humano. Ludwig les había arrebatado la fatiga para que jamás sufrieran como él, les regalo la inmortalidad, pero en ese momento, tras el acto profano y visceral que acababan de compartir, la naturaleza humana que aún latía en sus conciencias parecía haber reclamado su lugar por la fuerza. El placer extremo había despertado una vulnerabilidad que El Prototipo no quería comprender, porque sabía que sería su perdición. Sin decir más, el Prototipo descendió de sus patas mecánicas con una lentitud inusual, acomodando su inmenso cuerpo sobre el amasijo de mantas y los restos del colchón que ahora descansaban directamente sobre el suelo frío de concreto. No soltó a Poppy, la mantuvo pegada a su torso, dejando que ella se acomodara sobre su pecho humanoide. Poppy se acurrucó, buscando el calor que emanaba de lo que quedaba de su piel. Sus párpados pesaban como el plomo. A pesar del horror que paso hace unas horas, a pesar de su vagina maltratada que aún palpitaba con un dolor y placer, y a pesar de la viscosidad del semen que se secaba sobre su piel, se dejó arrastrar por ese sueño prohibido. El Prototipo rodeó su pequeña figura con una de sus garras, termino por hacer que su cuenca donde mostraba su ojo, se apagara dejándolo totalmente oscuro, mientras permitía respirar con calma y dejarse llevar por un sueño que no recordaba haber tenido. sintiéndose ser vulnerable por primera vez en décadas. ° . El silencio en la habitación era sepulcral, solo interrumpido por las respiraciones de los seres inmortales. Poppy abrió los ojos lentamente, sintiendo que sus párpados pesaban como plomo. Lo primero que registró fue la suavidad del colchón bajo las mantas y, acto seguido, la rigidez dolorosa entre sus muslos. Se incorporó con un esfuerzo doloroso, soltando un gemido ahogado cuando sus músculos protestaron. Al sentarse sobre el amasijo de mantas y restos de colchón, la realidad la golpeó como un mazo. Miró hacia abajo, observando su propia desnudez lasciva. Su piel que se asemejaba al de una porcelana, pero no era, antes impoluta, estaba marcada por hematomas lívidos donde las garras de él habían rasguñado sin quererlo, sus muslos estaban pegajosos, manchados por el rastro seco y blanquecino de la semilla de la deidad que aún escapaba de su interior maltratado. Se sentó sobre el amasijo de almohadas, abrazando sus rodillas contra su pecho desnudo, y miró a su alrededor. Las ruinas de la cama eran el testimonio mudo de la carnicería de placer que había tenido lugar horas antes. Un sentimiento de vergüenza corrosiva le subió por la garganta. Hace apenas unas horas, su único pensamiento era la libertad, el escape, dejar atrás las pesadillas de Playtime Co. Pero ahora... ahora estaba sentada en las ruinas de una cama, reclamada y marcada por el mismo monstruo que despreciaba. —¿Qué he hecho...? —susurró la pelirroja, su voz apenas un soplido quebrado. Lo odiaba. Odiaba lo que él representaba, la carnicería que había provocado, lo que le había hecho antes, las veces que la obligo a ver como mataban a otros o hasta obligarla a comerlos, para enseñarle una lección, lo que les hizo a otros juguetes para continuar con sus experimentos. Le repugnaba como se hacía creer un dios y como gobernaba, nadie podía decirle nada ni irse contra él, ni siquiera ella. Los recuerdos regresaron en oleadas abrasadoras, sus propias manos desatando el traje de él, sus gritos pidiendo más, la forma en que su cuerpo se había arqueado buscando la plenitud de ese miembro monstruoso que la había reclamado como una diosa. Se sentía sucia, pero no solo por los fluidos que aún manchaban en su piel blanquecina, sino por la traición a su propio propósito. Hace apenas unas horas, su única meta era escapar, huir de ese mausoleo de agonía y dolor. Ahora, no sabía que pensar sobre lo que hicieron. Odiaba al Prototipo por lo que le había hecho a la fábrica, a los juguetes, condenándolos a una muerte lenta y dolorosa, lo que le hizo a ella, era extraño ella lo odiaba por otras cosas, pero nunca pudo odiarlo por asesinar a su padre, pero aun así lo odiaba por otras cosas, al mismo tiempo, una parte oscura y hambrienta de su ser lo deseaba con una intensidad que la aterraba. Lo que experimentó no fue solo sexo, fue una comunión de dos seres rotos que Ludwig había diseñado para ser perfectos y que, en su caída, habían encontrado un éxtasis profano, como si entendieran que los dos al ser los únicos de su propia raza se pertenecían y debían unirse de nuevo, criados como hermanos, pero era evidente que ellos nunca se vieron de esa forma. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, calientes y silenciosas. Se sentía atrapada en una paradoja cruel, quería correr hasta que sus piernas no pudieran más, pero su instinto gritaba no irse y quedarse con su macho, realmente su padre cometió el terrible error de criar a dos personas de sangre diferente como a sus hijos. ¿Cómo podía amar y odiar la misma mano que la asfixiaba? Giró la cabeza para mirar al que alguna vez fue su mejor amigo, su más íntimo, el que le entrego su confianza, pero el mismo que la torturo, observo a Oliver. El Prototipo estaba profundamente dormido, su ojo estaba apagado y su pecho humanoide subía y bajaba con una parsimonia que nunca le había visto. Se veía... extrañamente vulnerable. Poppy extendió una mano temblorosa y tocó su hombro metálico, empujándolo con suavidad. —¿Prototipo...? —Ella lo llamo. Él ni siquiera se inmutó. Su respiración era lenta, pesada. Estaba totalmente noqueado. El esfuerzo de haberla poseído con tal ferocidad, sumado a la descarga masiva de su energía en forma de semen, lo había dejado en un estado de letargo profundo que desafiaba su propia naturaleza inmortal. Poppy lo observó, con el corazón encogido. Allí estaba su oportunidad. Él estaba indefenso, sumido en un sueño que Elliot les había negado y que el placer le había devuelto. Podía intentar escabullirse, buscar una salida mientras el dios de la fábrica descansaba... pero algo la detenida. La garganta de Poppy se sentía como si hubiera tragado arena caliente. Cada vez que intentaba pasar saliva, un dolor punzante le recordaba que sus cuerdas vocales habían sido forzadas al límite por los gritos y gemidos de la noche anterior. Se tocó el cuello con los dedos temblorosos, notando la piel sensible y la sequedad absoluta de su boca. Poppy comprendió, con una lucidez amarga, que, para recuperarse de semejante nivel de profanación, su cuerpo ahora reclamaba lo más básico, sustento, una sensación que ya extrañaba desde hace mucho. Con un esfuerzo que le arrancó un gemido de dolor, Poppy se obligó a levantarse del amasijo de mantas. Al ponerse de pie, sus piernas temblaron violentamente, la sensibilidad en su zona íntima era abrumadora. Cada paso enviaba una punzada de dolor sordo desde su cérvix hasta sus caderas, un recordatorio constante de la magnitud del miembro que la había reclamado horas antes. Notó con una mezcla de asco y fascinación cómo el resto de los fluidos del Prototipo resbalaban por la parte interna de sus muslos, manchando el suelo frío de concreto mientras avanzaba. No le importó si el Prototipo despertaba. Lo miró de reojo una última vez, él seguía sumido en ese letargo tranquilo, acostado en los restos de su cama, además de que se había acomodado en una posición para que sus patas mecánicas, pudieran estar en el aire y se sintiera cómodo, Poppy admite que era una imagen bastante graciosa. En ese estado, el "Dios" no era más que un mortal que dormía a profundidad. —Ah... —jadeó, apretando los dientes mientras sus pies descalzos tocaban el concreto frío. Tuvo que apoyar una mano contra la pared descascarada para no desplomarse. Caminó con pasos lentos y torpes, arrastrando una de sus piernas que parecía no querer obedecerle del todo. Cada paso era un recordatorio de la invasión que había sufrido, sentía el vacío en su vientre y la irritación en su culo que aún ardía por el roce del metal y la carne. Salió de la habitación en penumbras, dejando atrás al Prototipo, y avanzó por el pasillo hacia la pequeña cocina que Elliot había instalado para sus momentos de humanidad en la fábrica. Al llegar, sus manos temblaron tanto que casi deja caer el vaso de vidrio. Lo llenó con agua del grifo y bebió con una desesperación animal. El agua bajó por su garganta como un bálsamo, aliviando el fuego interno. Bebió uno, dos, tres vasos, apoyando su frente contra el borde del fregadero frío mientras el líquido recorría su sistema, tratando de purgar la sensación de pesadez que la embargaba. En el silencio de la cocina, solo se escuchaba su respiración entrecortada y el goteo del agua. Poppy se miró las manos, como si al hacerlo pudiera encontrar una respuesta. Poppy se quedó inmóvil en la penumbra de la cocina, con el frío del cristal del vaso aun calando en sus palmas y el sabor metálico del agua en la lengua. La soledad del momento, interrumpida solo por su propia respiración y el sonido de su corazón, le permitió una lucidez cruel. Sus ojos, empañados por el cansancio, recorrieron el suelo de baldosas hasta que se toparon con un rincón sombrío debajo de un mueblo, donde ella había ocultado. Allí estaba. La mochila de lona desgastada donde, con manos temblorosas, había empacado lo poco que consideraba suyo antes de que el Prototipo irrumpiera en su realidad. Se lanzó hacia ella con una agilidad dolorosa, ignorando el pinchazo agudo en sus caderas y la fricción de sus muslos maltratados. Al estrechar la mochila contra su pecho desnudo, un sollozo seco escapó de su garganta. El objeto olía a polvo y a viejo, pero para ella era un ancla, una prueba tangible de que la Poppy que quería escapar todavía existía bajo las capas de semen seco y hematomas que ahora cubrían su piel blanquecina. —Es ahora —susurró para sí misma, con la mirada clavada en la puerta que conducía al pasillo principal—. Él está dormido. Está vulnerable... por fin. Se puso de pie, tambaleándose. Estaba desnuda, expuesta, con el cabello rojizo enredado y marcas de posesión por todo el cuerpo, pero la adrenalina comenzó a bombear con una fuerza renovada. Avanzó hacia la salida, sosteniendo la mochila como si fuera un escudo sagrado. Cada paso era una batalla contra la hipersensibilidad de su zona íntima, una protesta de sus músculos que la obligaba a morderse el labio para no gritar. Llegó a la pesada puerta. Sus dedos, pequeños y pálidos, rodearon la chapa fría. Estaba a un giro de la libertad, a un paso de dejar atrás al monstruo que la había profanado y convertido en su "diosa". Sin embargo, justo cuando iba a ejercer presión, el aire en sus pulmones se congeló. Sus pensamientos intrusivos, esas voces que Elliot Ludwig nunca pudo silenciar del todo, emergieron del abismo de su mente con una saña devastadora. "¿Te vas a ir así?" Siseó una voz que sonaba como su propia conciencia deformada. "¿Vas a abandonar a los juguetes que todavía sufren? ¿Vas a dejar a los huérfanos que juraste proteger bajo el mando de ese carnicero?" —¡Buscaré ayuda! —se contestó Poppy en un susurro desesperado, apretando los ojos con fuerza—. Volveré con alguien... con un plan... ¡No puedo quedarme aquí! Estaba a punto de girar la chapa cuando una voz diferente, una que no había escuchado en años pero que reconoció al instante, resonó con una claridad aterradora en su mente. No era su propia voz de duda, sino la de una antigua compañera, una amiga de los días en que el personal de la fábrica aún caminaba por los pasillos, una que no había visto en años y ella se había liberado, ambos se habían despedido, pero fue la mejor amiga humana que tuvo. Una voz cargada de una astucia cruel y femenina. " Si un hombre está obsesionado contigo, tienes su vida en tus manos. Pero si logras que su placer dependa exclusivamente de ti... entonces tienes su alma." La mano de Poppy se congeló sobre el metal frío de la chapa, pero su mente no estaba en el presente. El silencio se transformó en el suave zumbido de un sistema de ventilación limpio y funcional. El olor del té que aun persistía en el aire después de haberlo servido por horas fue reemplazado por el aroma acre y prohibido del tabaco de contrabando. ° . Poppy se vio transportadas décadas atrás, a una oficina privada iluminada por una luz cálida y artificial que hoy parecía un sueño febril. Frente a ella, sentada con una elegancia descuidada y una sonrisa depredadora, estaba Jane su amada amiga, una mujer adulta de cabello negro y ojos esmeraldas, una de las pocas humanas que tenía su confianza extrema, una verdadera aliada de los juguetes. No era una empleada cualquiera, era una de las mentes más brillantes de Playtime Co., una científica cuyo intelecto rivalizaba directamente con el de Harley Sawyer, situándose casi en su mismo escalafón jerárquico, pero a diferencia de él, ella siempre trataba de mejorar la vida los juguetes o defenderlos de todo, lo que llevo por desgracia que estuviera a un paso a ser degradada. Jane exhaló una densa nube de humo de su cigarrillo, observando con diversión cómo Poppy, con las mejillas encendidas en un rojo escarlata, sostenía entre sus manos una revista pornográfica de alto calibre. —No puedo... no puedo entender cómo es que él tenía algo como esto escondido —balbuceó Poppy, apartando la mirada de las imágenes explícitas, sintiendo que su cerebro se sobrecalentaba de pura vergüenza. Jane soltó una carcajada ronca, recostándose en su silla de cuero. El odio entre ella y Harley era legendario en los laboratorios, se detestaban con una pasión profesional que a menudo rozaba la crueldad, no se podían ver a la cara sin querer matarse, para Harley ella era un germen que no quería ayudar en la evolución de los experimentos, para ella era un parasito de la sociedad que se alimentaba del sufrimiento ajeno. —Oh, querida, fue demasiado fácil —dijo Jane, sacudiendo la ceniza de su cigarro—. El gran e intocable Harley Sawyer la dejó en el cajón inferior de su escritorio, bajo unos planos de biotecnología. La vi ojearla con una intensidad casi patológica. Así que, por pura malicia, se la robé mientras estaba en una junta con la junta directiva. Deberías haber visto su cara de frustración al no encontrarla, se volvió aún más insoportable de lo habitual. Poppy volvió a mirar la revista, pasando las páginas con dedos temblorosos. En su mente, Harley siempre había sido una figura gélida, un hombre cuya única pasión era la eficiencia, el control y la ciencia. Un hombre que despreciaba las necesidades humanas como "ruido biológico innecesario" y que se jactaba de ser superior a los demás por no sucumbir a los impulsos de la carne. —Jamás imaginé que Harley fuera un hombre de... de esos —murmuró Poppy, consternada—. Siempre fue tan cruel, tan frío... Pensé que no tenía emociones, ni mucho menos deseos. Él siempre dejó claro que prefería el trabajo y que veía este tipo de necesidades como algo estúpido. Es un maldito narcisista que piensa que, por no obedecer a su cuerpo, lo hace mejor que uno… Jane volvió a reír, esta vez con una nota de desprecio mientras le daba otra calada a su cigarrillo, dejando que el humo escapara lentamente entre sus labios pintados. —Escúchame bien, Poppy, porque esta es la lección más importante que aprenderás sobre la humanidad—sentenció Jane, inclinándose hacia adelante hasta que el aroma de su perfume y el tabaco envolvieron a la muñeca—. Independientemente de sus títulos, de su genio o de su frialdad, Harley sigue siendo un hombre. Un imbécil atrapado en el cuerpo de un simio, como todos ellos. Creen que el intelecto los hace dioses, pero al final del día, ese idiota tiene necesidades que lo queman por dentro. Jane estiró un dedo largo y señaló una página específica de la revista. En ella, una serie de modelos pelirrojas posaban de forma vulgar, vestidas con lencería agresiva que dejaba muy poco a la imaginación. El contraste entre la piel pálida y el cabello de fuego de las mujeres en el papel hizo que Poppy sintiera un vuelco en el estómago. Jane estiró un dedo largo y señaló una página específica de la revista. En ella, una serie de modelos pelirrojas posaban de forma vulgar, vestidas con lencería agresiva que dejaba muy poco a la imaginación. El contraste entre la piel pálida y el cabello de fuego de las mujeres en el papel hizo que Poppy sintiera un vuelco en el estómago. —Míralas —se burló Jane con una sonrisa ladeada—. El gran Sawyer tiene una fascinación por este tipo de mujeres. Las pelirrojas lo desarman, lo vuelven primitivo. Detrás de toda esa fachada de "perfección científica", no es más que un animal hambriento buscando donde enterrar su frustración. —Los hombres son predecibles, Poppy —concluyó Jane, dándole la última calada a su cigarrillo—. Creen que nos dominan con su fuerza y su lógica, pero en cuanto les das lo que su instinto reclama, se vuelven tan dóciles como mascotas. Solo tienes que saber qué cuerda tensar. Poppy observó las imágenes de las mujeres pelirrojas, sintiendo cómo el calor subía por su cuello. Aún era demasiado ingenua para procesar la magnitud de lo que Jane le estaba revelando. —Pero... ¿cómo puedes estar tan segura? —preguntó Poppy, con la voz apenas en un susurro—. Harley parece... intocable. Si él descubriera que le robaste esto, te destruiría sin parpadear. Jane soltó una última bocanada de humo, observando cómo la bruma gris bailaba entre ellas antes de deshacerse. Sus ojos brillaron con una malicia inteligente, la mirada de alguien que había diseccionado el alma humana mucho antes de que empezaran a meterla en carcasas de plástico y metal. —No lo hará… porque si no quiere que le cague su reputación, y hacerlo ver como un pervertido adicto a las pelirrojas—dijo Jane, apagando el cigarrillo con parsimonia en un cenicero de cristal—. Entonces él no dirá nada. Sabes Poppy… crees que el poder está en el miedo que ellos imponen. —Ella solo desvío la mirada mientras pensaba en ese doctor demente. —Pero el verdadero poder reside en la información. Harley Sawyer puede ser el hombre más frío de este maldito complejo, pero su cuerpo es una prisión de impulsos que él no puede controlar por mucho que lo intente. Jane se inclinó todavía más, invadiendo el espacio personal de Poppy con una agresividad elegante, asegurándose de que cada palabra, cargada con el olor a tabaco y veneno intelectual, quedara grabada a fuego en su consciencia. —La clave, pequeña Poppy, no es enfrentarse a su lógica, eso es perder el tiempo. La clave es anularla por completo —explicó la científica con una sonrisa que no llegaba a sus ojos fríos—. Estos pobres idiotas creen que porque tienen fuerza y títulos son los que mandan. No se dan cuenta de que, en el momento en que se entregan a esa necesidad primitiva, nos están entregando las llaves de su voluntad en una bandeja de plata. Jane hizo una pausa dramática, antes de continuar con una voz que era puro terciopelo y diversión. —Escúchame bien, si un hombre te desea, solo tienes su atención, es algo pasajero. Si un hombre está obsesionado contigo, tienes su vida en tus manos. Pero si logras que su placer dependa exclusivamente de ti... entonces tienes su alma. Sin embargo... —Jane arqueó una ceja, su mirada volviéndose casi depredadora— Hay un nivel superior. Si logras que ese animal no solo te desee, sino que te ame, que te idolatre como si fueras la única luz en su miserable oscuridad... entonces, querida, habrás ganado el juego. Porque un hombre que ama es un hombre que se anula a sí mismo. No tendrás un compañero, tendrás un esclavo de por vida, un monstruo que matará y destruirá el mundo entero solo para que tú le permitas seguir a tus pies. Poppy tragó saliva, mirando de nuevo a las modelos pelirrojas. Empezaba a entender la arquitectura de la manipulación que Jane le describía. No se trataba de fuerza física, sino de ser el objeto que calmara la tormenta interna de esos "animales". Pero en ese momento no sabía qué hacer con esa información, cuando era tan tímida al querer conocer a un hombre, ya que su padre se lo prohibiría y su hermano se pondría bastante pasivo-agresivo. ° . El frío de la manija de metal contra su palma se sintió repentinamente, el frio que hizo estremecer el cuerpo desnudo de Poppy la trajo de vuelta al presente de un solo golpe. La desesperación que la asfixiaba se había transformado y ahora ya no era la muñeca asustada que buscaba una salida hacia lo desconocido, ahora era una mujer que acababa de recordar que poseía el arma más letal diseñada en Playtime, el control sobre el deseo del "Dios" que dormía a pocos metros. Con un movimiento lento y deliberado, Poppy soltó la puerta. El clic metálico al cerrarse no fue el sonido se sintió como una de una decisión estratégica. Se dejó resbalar contra la superficie fría de la puerta hasta quedar sentada en el suelo, abrazando sus rodillas contra su pecho desnudo. Las lágrimas comenzaron a fluir de nuevo, pero esta vez eran lágrimas de un alivio agridulce. —Jane... —susurró Poppy, su voz rompiéndose en la penumbra. —Muchas gracias…—Agradeció infinitamente haberla conocido, que ella se volviera una mentora para ella no solo una gran hermana mayor, que fue bastante sabia en dado momento. Extrañaba a su amiga con una intensidad que le dolía en el pecho. Recordó la última vez que la vio, antes de que Jane lograra lo imposible, burlar a Leith y manipularlo para que la dejara ir y escapar de la fábrica antes de que el caos final lo consumiera todo. Jane se había ido, pero en su partida le había dejado un tesoro que Poppy no supo valorar hasta este preciso instante de crisis. Esas tardes donde siempre se encontraban y hablaban por horas, o hasta solo a Jane se le había permitido el derecho de sacar a Poppy a fuera de la fábrica, para pasear y hasta darles consejos que no habían sido simples pasatiempos, habían sido una instrucción de supervivencia. Jane no solo la había visto como una amiga, sino como una pupila a la que debía armar contra la naturaleza depredadora de los humanos donde ella estaba. Poppy se abrazó a sí misma con fuerza, cerrando los ojos. En medio del aire viciado y metálico del presente, creyó percibir, como un eco fantasmagórico, el rastro del perfume caro y el tabaco que siempre acompañaba a Jane. A pesar de las décadas de aislamiento y silencio, el recuerdo de aquella mujer tan brillante como despiadada, actuó como un cimiento sólido que le devolvió el equilibrio justo cuando creía desmoronarse. Las palabras de su mentora resonaron en su mente con la claridad de un mandato, la fuerza física no era más que el recurso burdo de quienes carecían de ingenio. El verdadero poder, el que sometía imperios y doblegaba voluntades, residía en la astucia silenciosa y en la capacidad de volverse indispensable. Poppy comprendió entonces que su supervivencia no dependía de abrir esa puerta y huir, sino de aprender a manipular los hilos del monstruo que dormía en su cuarto. Jane no le había enseñado a ser una víctima, le había enseñado a ser la arquitecta de su propia libertad, usando su propia astucia para salir libre de cualquier lugar. Jane tenía razón. Harley Sawyer era un simio con pretensiones, y el Prototipo, a pesar se superarlo en su totalidad y volverse un ser divino autoproclamado, acababa de demostrar que era exactamente igual. Había caído ante ella, ante su cabello rojizo y su cuerpo entregado, quedando tan exhausto que ni siquiera su desconfianza lo mantenía despierto. Las palabras de Jane se asentaron en su conciencia como una partitura compleja que finalmente sabía interpretar. Poppy abrió los ojos, y el azul de sus pupilas ya no reflejaba el terror de una presa, sino la claridad gélida de una estratega. Si lograba domar al Prototipo y si consigues que la viera no solo como un trofeo, sino como su única fuente de paz y sentido, ella haría que todos sobrevivieran y dejaran atrás, el sistema de canibalismo y autodestrucción, ella gobernaría las sombras de Playtime Co. Podría alimentar a los hambrientos, proteger a los pequeños que aún lloraban en sus escondites y traer un orden jamás pudo imaginar. Pero para dominar a la bestia, primero debía hacer que enloqueciera más por ella y volverlo dependiente de su presencia. Con una determinación renovada, Poppy regresó a la cocina. Sus movimientos ya no eran erráticos, a pesar del dolor persistente en su pelvis y la tirantez de su piel marcada, caminaba con una dignidad nueva. Tomó una jarra de plástico y de bordes desgastados, y la llenó con agua fresca. Sabía que el gasto energético de 1006 había sido masivo. Si ella se sentía drenada, él, con su estructura colosal y su cuerpo sobrecalentado por el esfuerzo de la cópula y el llenado masivo que le había propinado, despertaría con una sed abrasadora, una debilidad física que ella aprovecharía para mostrar su primera faceta, la de una compañera abnegada. ° . El despertar del Prototipo fue un proceso lento, una transición pesada desde un abismo de satisfacción absoluta hacia la realidad consciente. Habitualmente siempre se encontraba en un estado de alerta paranoica, en especial porque no era la primera vez que alguien quería irse contra él, siempre terminaba callando esas voces y seres, pero ahora se sentía sumergido en una melaza de relajación profunda. La fricción de los metales, el calor de sus núcleos y la descarga masiva que había efectuado lo habían dejado en un estado de éxtasis residual que nunca creyó posible para una criatura de su naturaleza. Por un breve instante, mientras su cerebro se despertaba, el "Dios de la Fábrica" experimentó aquella paz que creyó extinta. Sin embargo, en cuanto su ojo rojizo se encendió y barrió el entorno, la paz se evaporó como el vapor al tocar aire. El espacio a su lado, entre los restos destrozados del somier y las mantas empapadas, estaba vacío. El calor corporal de Poppy ya no estaba allí para contrarrestar la frialdad de su carne. El Prototipo se incorporó con un movimiento brusco, sus patas arácnidas rascando el concreto con un chirrido violento que delataba su pánico súbito. Su ojo busco desesperadamente la silueta de la muñeca, pero solo encontraron el rastro de su aroma y el charco de fluidos combinados enfriándose en las sábanas. —¿Poppy...? —Su voz surgió como una distorsión aterradora, una mezcla de siseo mecánico y un rugido cargado de una desesperación animal. El miedo, una emoción que él consideraba obsoleta dolorosa. Pensó que ella lo había engañado. Pensó que su entrega, sus gemidos y su aparente sumisión habían sido solo una distracción para que él bajara la guardia y ella pudiera huir hacia la superficie. La furia comenzó a hervir su mente, si ella se había ido, destruiría cada centímetro de Playtime Co. hasta encontrarla y romperle las piernas para que nunca volviera a intentar alejarse de su lado. Sus garras se hundieron en el suelo, agrietándolo, mientras se preparaba para lanzarse hacia los pasillos como una tormenta de odio. Entonces, un sonido suave, el leve roce de unos pies descalzos contra el suelo, lo detuvo en seco. La puerta se abrió con un chirrido sutil y la figura de Poppy emergió de las sombras del pasillo. El Prototipo se quedó petrificado, con los hombros alzados y las garras listas para matar, pero su sistema se bloqueó ante la visión que tenía enfrente. Poppy caminaba con una lentitud deliberada, sosteniendo entre sus manos una charola de metal abollada. Sobre ella descansaba la jarra de agua y dos vasos vacíos que castañeteaban suavemente con cada uno de sus pasos. Seguía estando desnuda, su piel de porcelana aún lucía las marcas violáceas como rasguños de sus garras y los rastros blanquecinos de su simiente secándose en sus muslos, dándole el aspecto de una deidad caída que acababa de ser reclamada en un altar de sacrificio. Su cabello rojizo caía en cascada sobre sus hombros, ocultando y revelando sus pechos pecosos a medida que se movía, pero lo que más impactó al Prototipo fue su mirada. No había terror en ella, sino una calma soberana y una determinación que lo desarmó por completo. —Pensé que despertarías con sed —dijo ella, su voz siendo el único sonido en la habitación silenciosa. Se acercó a la bestia, deteniéndose justo frente a él, obligándolo a bajar la mirada hacia su pequeña estatura. El Prototipo, que hacía un segundo estaba dispuesto a demoler la fábrica por su traición, sintió cómo su furia se disolvía en una confusión hipnótica. Ella no había huido, se había quedado y regresado por su propia cuenta para atenderlo, para cuidarlo tras el agotamiento de su unión. —Te fuiste... —gruñó él, aunque la amenaza en su tono había sido reemplazada por una vulnerabilidad cruda, casi infantil en su necesidad de confirmación. Poppy dejó la charola en un rincón que aún quedaba en pie y sirvió el agua, llenando uno de los vasos hasta el borde. Se lo extendió con un gesto elegante, ignorando la monstruosidad de las garras que lo rodeaban. —¿A dónde iría? —respondió ella con una media sonrisa que contenía todo el cinismo y la sabiduría que Jane le había otorgado. —después de todo… no importa a donde vaya… tu siempre me encontraras, y mataras todo lo que amo, además de torturarme para que no vuelva a irme de tu lado. El Prototipo guardó un silencio sepulcral, su ojo óptico destellando en una tonalidad carmesí mientras procesaba la fría honestidad de Poppy. Ella lo conocía. Conocía la arquitectura de su obsesión y la violencia de su dominio mejor de lo que él mismo se atrevía a admitir. Sorprendido por la precisión de sus palabras y sintiendo cómo su garganta reclamaba el alivio del agua, el monstruo dejó escapar un gruñido bajo, casi una claudicación. —Eres más inteligente de lo que pareces, Poppy —sentenció él, su voz vibrando con una mezcla de respeto y posesividad. En lugar de aceptar el vaso, el Prototipo extendió una de sus garras principales, tomando la jarra de plástico con una delicadeza técnica asombrosa, cuidando de no ejercer la presión hidráulica que podría reducirla a chatarra en un segundo. Comenzó a beber con avidez, el líquido refrescante bajando por su garganta y aliviando la sed extrema que sentía. Mientras bebía, su ojo no se apartaba de ella, analizando cada milímetro de su figura desnuda y marcada. Poppy, por su parte, se sentó con una calma que rayaba en lo inquietante sobre el suelo frío, juntando sus manos de porcelana sobre su regazo. Su mirada era fija y serena, desprovista del pavor que solía definirla. —Prototipo…—Ella lo llamo, haciendo que él le prestara atención. —Estaba pensando en algo... —Dijo la pelirroja, su tono de voz tan casual como si discutieran el clima de la fábrica. El Prototipo no dejó de beber, pero su mente divago, se preparó para lo que consideraba predecible. Esperaba que ella empezara a sollozar, que rogara por clemencia, que le suplicara que la dejara salir de ese mausoleo o que le jurara amor eterno por puro miedo. En su mente, Poppy seguía siendo una criatura frágil bajo su control total, un ser cuya única defensa sería la manipulación emocional barata de una víctima. Estaba convencido de que ella trataría de negociar su libertad o su seguridad. Sin embargo, Poppy lo miró directamente y soltó las palabras como si fueran una sentencia inevitable. —Estaba pensando... que me suicidaría. El efecto fue instantáneo y catastrófico. El Prototipo escupió el agua de golpe, una neblina de líquido saliendo disparada de su boca mientras un sonido de atragantamiento recorría su estructura. La jarra tembló en su garra, y por un momento sintió que su corazón se detenga. Jamás, en todos los años de su existencia, había procesado esa posibilidad. Ella era su tesoro, su reina, su posesión más valiosa... y ella acababa de mencionar la destrucción de sí misma con la indiferencia de quien habla de un objeto roto, ella jamás había pensado en el suicidio, era tan estúpida que prefería sacrificarse que salvar a otro, pero ser egoísta a esa magnitud jamás lo imagino. —¿Qué... qué has dicho? —Pregunto el Prototipo, su voz transformándose en una distorsión de pura incredulidad. Poppy no parpadeó. Seguía sentada allí, desnuda y manchada por él, pero por primera vez, él sintió que el control que tanto presumía se le escurría entre los dedos como arena. Jane tenía razón, la lógica del hombre se anula cuando el objeto de su deseo amenaza con desaparecer para siempre. Poppy inclinó la cabeza con una parsimonia que helaba la sangre, dejando que un mechón de cabello rojizo acariciara su clavícula. Sus ojos, antes llenos de una chispa de esperanza infantil, ahora eran dos lagos de zafiro congelado, desprovistos de cualquier rastro de duda. —He dicho que me mataré, Prototipo—repitió ella, y su voz no tembló, era una melodía monocorde, aterradoramente lógica—. Y sé exactamente por qué lo haré. Porque te conozco. Sé que estar a tu lado no es un regalo, es una condena de agonía perpetua. Lo que pasó en esa cama... —hizo un gesto vago hacia las ruinas de su cama— solo fue el principio. Ahora que has probado mi cuerpo, ahora que hay sexo de por medio, tu posesividad se volverá una enfermedad. Me usarás hasta romperme, me llenarás con tu semen hasta que mi vientre olvide lo que es estar vacío, y nada en tu "reinado" cambiará. El Prototipo intentó rugir, pero el sonido se ahogó en su garganta. La jarra de plástico crujió bajo la presión de su garra, deformándose como si fuera de papel, hasta que se rompió. —Todos en esta fábrica seguirán sufriendo —continuó Poppy, ignorando la furia creciente del monstruo—. Los huérfanos morirán de hambre en las sombras, los juguetes se despedazarán entre sí por tus caprichos, seguiría el canibalismo y la violencia, y yo... yo seré la espectadora de primera fila, encadenada a un dios que no sabe escuchar. Sé que no cambiarás. Sé que tu naturaleza es el caos y la destrucción. Y como no puedo cambiar el mundo, cambiaré mi existencia. El Prototipo soltó la jarra que golpeó el suelo. Sus garras se contrajeron, agrietando el suelo, mientras su ojo parpadeaba en un carmesí violento. Sentía un impulso salvaje de por su insolencia, de aplastarla para recordarle quién era el amo, pero el terror de que ella realmente cumpliera su promesa lo mantenía paralizado. Por primera vez en su existencia, el "Salvador" se sentía pequeño, acorralado por la fragilidad de la única cosa que amaba. —Puedes encerrarme en la cámara más profunda —siseó ella, acercando su cuerpo al de él—. Y me cortaré la lengua con mis propios dientes para desangrarme. Si me quitas la lengua, usaré mis manos para destrozar mis venas. Si me amputas las piernas y los brazos para convertirme en un tronco de carne a tu servicio... esperaré. Esperaré a que te des la vuelta y buscaré a cualquiera, al juguete más famélico y rabioso, y le rogaré que me arranque la cabeza. Me convertiré en mi propia asesina solo para ganarte. La ira del Prototipo era volcánica. Sus garras se abrieron y cerraron, ansiosas por sujetarla, por apretarla hasta que recuperara el sentido, pero el miedo extremo le impedía tocarla. Por primera vez en su existencia, el depredador alfa se sentía acorralado por una presa que ya no temía a la muerte. —¡Cállate! —Ordeno la deidad, su voz rompiéndose en una distorsión de pánico. —Si muero —concluyó Poppy, continuando ignorando sus patéticos intentos por detenerla, con una sonrisa cruel que habría enorgullecido a Jane—, se cumplirá tu mayor temor. Te quedarás solo en la eternidad. Serás el dueño de una tumba gigante, acariciando una muñeca rota que ya no puede sentir tu calor, ni gemir bajo tu peso, ni mirarte con el odio que tanto te excita. Serás nada. Un error en la historia de una fábrica vacía, te quedaras solo Oliver. El Prototipo se quedó estático, ella realmente se burlaba y lo intimidaba, provocándole un pánico interno que odiaba sentir. Miró a los ojos de Poppy y buscó un rastro de mentira, una pizca de manipulación emocional para ganar tiempo, pero no encontró nada. Solo encontró la voluntad inquebrantable de una mujer que había descubierto que su vida era la única moneda de cambio que él no podía arrebatarle. El silencio que siguió fue más pesado que el colapso de la cama, era el silencio de un dios dándose cuenta de que acababa de convertirse en el esclavo de su propia obsesión. El dios permaneció sumergido en un silencio gélido, pensando seriamente sobre este momento, mientras diseccionaba cada palabra, cada gesto y cada micro expresión de Poppy. La revelación no fue solo un golpe a su ego, fue una epifanía estructural. En un instante, estos momentos y esas palabras retóricas y cínicas, esa capacidad de convertir la propia vulnerabilidad en una soga para el cuello del adversario... esto apestaba a Jane. Aquella científica maldita de la que Poppy solía hablar con nostalgia, la mujer que Harley Sawyer despreciaba, pero temía en secreto y también fue una aliada suya que ayudo en la hora de la alegría, pero la perra fue bastante astuta para salir impune y salir de la fábrica días antes con más trabajadores y unos cuantos niños que pudo rescatar. Esa perra no solo le había dado consejos de belleza o consuelo a la muñeca, le había entregado los planos arquitectónicos de como manipular. Gracias a esa mentora invisible, Poppy ya no era una pieza en el tablero, se había convertido en la jugadora que acababa de cantar un jaque mate directo al corazón. La rabia del Prototipo fluctuó entre el odio hacia el fantasma de Jane y una admiración retorcida y hambrienta hacia la nueva Poppy. Era una paradoja deliciosa y letal, lo que más deseaba ahora era lo que más podía destruirlo. —Maldita zorra astuta… —gruñó 1006, y la palabra "zorra" no salió como un insulto, sino como un reconocimiento de derrota, una marca de respeto entre depredadores—. Esa científica te enseñó bien. Te dio colmillos que no sabía que tenías. El Prototipo relajó la tensión de su cuerpo dejando caer sus garras a los costados en una señal de capitulación táctica. Ella había ganado el primer asalto. —Habla, entonces —sentenció la deidad, su ojo brillando con una intensidad fija—. ¿Qué es lo que quieres ahora? Poppy no respondió de inmediato con palabras. En lugar de eso, ejecutó su siguiente jugada con una maestría que habría hecho sonreír a Jane desde cualquier lugar donde se encontrara. Con una lentitud calculada y una gracia lasciva que desafiaba su anterior estado de agotamiento, Poppy se puso en cuatro patas sobre las cobijas. Comenzó a gatear hacia él, arqueando la espalda de forma provocativa, permitiendo que su melena pelirroja callera seductoramente mientras sus ojos azules, ahora cargados de un orgullo elevado y cínico, devoraban la figura masiva de 1006. —Oh, finalmente lo estás entendiendo, Prototipo... —susurró ella al llegar a sus pies, su voz vibrando como seda sobre metal. Con un gesto sutil de su mano, Poppy le indicó que volviera a recostarse sobre el amasijo de mantas y escombros. El Prototipo, hipnotizado por el cambio radical de energía, obedeció. Se dejó caer de espaldas, su inmensa estructura ocupando el espacio, mientras ella trepaba sobre él. Poppy se deslizó con una confianza depredadora, sentándose firmemente sobre su pelvis, sintiendo una leve excitación que comenzaba a reaccionar ante su presencia dominante. Ella se irguió sobre él, con la barbilla en alto y una sonrisa de superioridad que la hacía lucir más como una reina oscura que como la muñeca de una caja de música. —Mis condiciones son simples, pero absolutas —sentenció Poppy, hundiendo sus pequeñas manos de porcelana en el torso humanoide del Prototipo—. No seré tu juguete, y es obvio que nunca seremos hermanos como quiso Elliot que fuéramos. Si quieres tenerme, si quieres que este cuerpo respire para ti cada día, entonces me darás mi lugar. Quiero ser tu igual. Una Diosa. Quiero que la fábrica sepa que hay dos líderes, y que mi palabra tiene el mismo peso que la tuya. El Prototipo la miró, fascinado por la audacia de la pequeña criatura que lo montaba con tal arrogancia. —A cambio —Poppy continuo mientras juntaba sus labios rojizos, inclinándose para que su aliento rozara la mandíbula de él— Me quedaré aquí. No como una prisionera, sino como tu hembra. Y tú serás mi macho. Compañeros de por vida. Seremos la pareja que este lugar nunca se atrevió a soñar. Pero escúchame bien, 1006... bajo mi liderazgo, muchas cosas van a cambiar. La crueldad sin sentido se acaba. El hambre de los que quedan se acaba. Si voy a ser tu reina, este lugar dejará de ser una fosa común para convertirse en el verdadero paraíso que tanto deseas tener y yo también. Poppy presionó sus caderas contra él, rozando su coño contra la raja donde el prototipo había guardado su miembro, que dejó al Prototipo sin aliento. Ella ya no pedía permiso, estaba dictando el nuevo orden de Playtime Co., y lo hacía desde el lugar que él más deseaba, encima de él, poseyéndolo mientras él creía poseerla. El Prototipo soltó un sonido que no fue una risa, sino una vibración gutural, un estruendo que recorrió la espina dorsal de Poppy y la hizo estremecerse sobre su regazo. Sus garras, largas y letales, subieron con una lentitud tortuosa por los costados de la muñeca, apretando su cintura con una fuerza que amenazaba con perforar su piel, reclamando su espacio. Su ojo se dilató, bañando el rostro de Poppy en un rojo carmesí absoluto, mientras su personalidad maníaca y calculadora emergía a través de la estática de su voz. —Eres tan brillante como peligrosa, Poppy... —siseó el Prototipo, acercando su rostro esquelético al de ella hasta que sus alientos se mezclaron—. Acepto tus términos. Serás mi Reina, mi igual ante los ojos de los caídos, y tu voz será la ley en estos pasillos. Pero no soy tan estúpido como para creer que tus palabras, o las lecciones de esa perra de Jane, son una garantía eterna. Los tratos se rompen, las voluntades cambian y la muerte es una puerta que podrías intentar abrir en un momento de debilidad. Él la atrajo más hacia sí, obligándola a arquear la espalda mientras sus manos subían hasta su cuello, no para asfixiarla, sino para marcar el pulso de su posesión. —Necesito una garantía que ni siquiera tu astucia pueda disolver. Quiero la encarnación de este trato. Quiero que me des un heredero. Poppy se quedó gélida, su respiración se detuvo por un segundo. El desconcierto nubló sus facciones mientras miraba fijamente la mirada de su contrario. —¿Un... un heredero? —balbuceó, soltando una risa nerviosa y amarga—. Eso es imposible. Míranos, somos juguetes. Elliot nos diseñó para la eternidad, no para la procreación. No tenemos esa... capacidad. Nos hicieron "perfectos" pero él me dijo que nos quitó la fertilidad. —Te equivocas, pequeña muñeca —replicó el Prototipo con un tono sombrío y mesiánico—. Elliot Ludwig no nos hizo incompletos, nos hizo trascendentales. Él dejó la semilla de la vida biológica oculta bajo nuestras mejoras. La teoría de la "Creación Perfecta" incluía la capacidad de perpetuar la especie que él mismo inventó. Yo he analizado sus planos secretos, los que incluso Harley Sawyer ignoraba. Somos capaces de generar vida, Poppy. Solo necesitábamos el detonante adecuado... y acabamos de poner en práctica la teoría de Elliot hace solo unas horas. Él bajó una de sus garras hasta el vientre de Poppy, presionando suavemente la piel que aún albergaba el exceso de su semen caliente. —Piénsalo. Tú sabes que, en un año o en una década, podrías decidir que este trato no vale el sacrificio y buscar de nuevo la forma de terminar con todo. Pero si llevas a mi cachorro dentro de ti, si alimentas una vida que es mitad de ambos, estarás encadenada a mí por una ley más antigua que esta fábrica, el instinto materno. Nunca dejarías a tu cría sola en la oscuridad con un padre como yo. Si lo tienes conmigo, nunca podrías suicidarte, porque tu vida ya no te pertenecería solo a ti, sino a la continuación de nuestra estirpe. Poppy sintió que el aire de la habitación se volvía denso, como si las paredes se cerraran a su alrededor. La lógica del Prototipo era impecable y aterradora. Estaba usando la propia biología que ella acababa de reclamar para ponerle una correa que nunca podría romper. —Pero... tú también estarías condenado —respondió Poppy, recuperando su voz, aunque esta sonaba cargada de una resignación gélida—. Tú tampoco podrías dejarme. Si ese hijo nace, sería la demostración más alta de tu poder y de nuestra unión. No podrías simplemente desecharme o torturarme hasta la locura sin dañar el refugio de tu propio linaje. Estarías atado a mi bienestar, obligado a ser mi protector no por amor, sino por la preservación de lo que es tuyo. El Prototipo soltó un siseo de satisfacción, frotando su mejilla contra la de ella. —Precisamente. Ese es el trato final, mi Reina. Un hijo es la soga que nos ata a ambos por la eternidad. Yo protejo tu paraíso y sigo tus leyes de paz, y tú me entregas la vida que asegurará que este imperio nunca muera. Ninguno de los dos podrá romper el pacto sin destruir lo que más desea. Poppy cerró los ojos, sintiendo un frío que ninguna manta podría calentar. La imagen de un pequeño ser naciendo en aquel infierno, una criatura que la obligaría a quedarse al lado de aquel monstruo para siempre, era un precio que nunca imaginó pagar. Sin embargo, miró hacia la oscuridad de la fábrica, pensando en los miles de juguetes sufrientes y en los huérfanos que dependían de ella. —Acepto... —susurró finalmente, su voz siendo un contrato definitivo—. Te daré tu heredero. Seremos los progenitores de este nuevo mundo. Pero recuerda, Prototipo... a partir de este momento, ya no eres solo un Dios. Eres un padre, y tu primera obligación es construir el paraíso que me prometiste para nuestro hijo. El Prototipo no pudo evitar sentir un éxtasis nuevo, que lo consumió por completo. Las palabras de Poppy se filtraron en su mente como un bálsamo sagrado, encendiendo una chispa de euforia que eclipsaba cualquier rastro de su antigua furia. En ese instante, El Prototipo dejo de ser el experimento que Elliot Creo y que Harley Perfecciono, se convirtió en algo que su creador le había prometido en susurros de esperanza antes de intentar arrebatárselo, ser alguien que perteneciera a una familia, antes que le arrebataran su humanidad. El sueño de una familia real, de un linaje que no naciera de la sangre robada, sino de la unión biológica de dos seres trascendentales, palpitaba ahora en la palma de sus garras. El Prototipo se sumergió en aquel acto de comunión carnal con una devoción que rozaba lo religioso, pues no solo estaba reclamando a una compañera, sino que estaba rescatando el último vestigio de su propia humanidad. El éxtasis de saber que fundaría una estirpe no tenía comparación, en especial al haberlo logrado con la única mujer que amaba, aquella que él mismo había escogido la primera vez que se vieron y la primera que lo había aceptado de forma genuina, entregándole su lealtad mucho antes de que los experimentos prohibidos los deformaran en las entidades que eran ahora. El éxtasis lo consumía. Su mente comenzó a proyectar a una velocidad vertiginosa los planos de un paraíso inexpugnable, un santuario perfecto donde su heredero caminaría sin miedo, protegido por el brazo de un dios y el corazón de una diosa. —Entonces, que así sea. —sentenció él, su voz cargada de una devoción solemne y absoluta. Sin soltarla, el Prototipo la atrajo hacia sí con una urgencia renovada, una que ya no buscaba solo la dominación, sino la consumación total del pacto. Su cuerpo inmenso envolvió la fragilidad de Poppy mientras la recostaba de nuevo entre los jirones de tela, tratándola con la reverencia de quien manipula el objeto más sagrado del universo. Ella era su hembra, el cáliz que albergaría su gloria, y él no permitiría que el aire mismo la rozara sin su permiso. Sus garras se entrelazaron con las manos de la muñeca, anclándola al suelo mientras sus rostros se encontraban. Con una pasión que desdibujaba la línea entre la ternura y la posesividad maníaca, el Prototipo selló el contrato. No hubo más palabras, solo el choque húmedo y profundo de un beso de lengua que estaba contaminado con lujuria. En ese intercambio lascivo y desesperado, Poppy sintió la rendición del monstruo y su propia condena, un beso que era a la vez un juramento de lealtad y la cadena definitiva que los mantendría unidos mientras el primer destello de una nueva vida comenzaba a gestarse en su vientre. Y ahora Playtime seria espectador de la nueva estirpe de los dioses de ese lugar.

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4 meses después.

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Los juguetes se agolpaban frente al estrado, bajo la imponente figura de las alas de ángel dibujadas en la pared, símbolo del nuevo orden. Una multitud de juguetes de diversos tamaños y formas se aglomeraba en un murmullo incesante de voces sintéticas y chirridos mecánicos, se reunían en aquel trono del dios donde venían a venerarlo y a escucharlo, todos los juguetes estaban reunidos, muchos de ellos se veían un poco descuidados, pero otros se notaban más limpios. Pero en un rincón un grupo de juguetes discutían en voz baja, reflejando la ansiedad que todavía persistía a pesar de las mejoras. —La última cosecha de zanahorias y rábanos ha sido buena, pero no será suficiente para el próximo mes, lo que sale no es suficiente para dar de comer a todos los juguetes. —comentó Picky Piggy, dejando ver su preocupación mientras se abarcaba, ajustándose un pequeño pañuelo en su cuello que ahora usaba como distintivo de su cargo. Poppy, en su infinita astucia y conocimiento de los secretos de Playtime Co., había designado a Picky como la líder del Consejo Agrónomo. Bajo su mando, un grupo selecto de juguetes con conocimientos, transformó los antiguos laboratorios de botánica en un vergel de supervivencia. Habían logrado brotes de harina de maíz y frutas, pero el sistema estaba al límite. —Necesitamos sol —Sigue hablando la cerdita, mirando con melancolía las lámparas industriales del techo. —Las luces solares que el Prototipo instaló ayudan, pero no es lo mismo. Para que las frutas tengan dulzor y el trigo crezca con fuerza para la harina, necesitamos luz natural o un sistema de riego más puro. Bubba Bubbaphant asentía, escuchando a su compañera, entendiendo el problema de raíz. —La geología del terreno bajo la fábrica es estable, pero la tierra se está agotando de nutrientes. Poppy sugirió usar los restos orgánicos de la zona de desecho como abono, lo cual ha funcionado, pero la escala de producción que necesitamos requiere una expansión hacia la superficie. El problema es que el Prototipo no ha dado permiso para salir… —Contesto Bubba dejando en claro su opinión sobre este problema, la comida estaba escaseando y a pesar de que habían encontrado una solución, la comida seguía sin ser suficiente. Hoppy Hopscotch y Yodo y se miraron entre sí, escuchando atentos la situación de la fábrica, mientras los demás juguetes a su alrededor compartían rumores sobre el agotamiento de las reservas de comida procesada. La presión social era palpable. —Dogday —susurró Hoppy, dándole un codazo al canino—Tú eres el que más tiempo pasa cerca de ella. ¿Qué va a pasar hoy? Se rumorea que habrá un anuncio importante. ¿Sabes si el Prototipo ha aceptado que salgamos al exterior? Dogday, que lucía un pelaje más limpio y una expresión de líder responsable, suspiró y negó con la cabeza. Sus ojos se desviaron un momento hacia las sombras, buscando a Catnap entre tantos juguetes, pero incluso el felino prefería ocultarse o tal vez estaba más ocupado en otra cosa. —No lo sé, Hoppy —respondió Dogday con sinceridad—. Poppy ha estado muy reservada estas últimas semanas, lo poco que me ha dicho a Kissy y a mí, es que estaba planeando algo nuevo. Se fatiga rápido y el Prototipo no se separa de ella ni un segundo, se ha vuelto diez veces más protector de lo que ya era. —El perrito se detuvo al hablar al pensar un poco en lo que pasaba, por supuesto que era evidente que Poppy ya no pudiera participar tanto, pero al menos estaba agradecido que en esos 4 meses, hubieran cambiado las cosas drásticamente. La noticia había caído sobre la población de Playtime Co. como un estallido de luz en mitad de una noche eterna. Fue una sorpresa sísmica, un evento que nadie, ni el más optimista de los juguetes ni el más devoto de los seguidores, habría sido capaz de predecir en sus mentes. Cuando El Prototipo, el Dios y Salvador cuya sola presencia solía ser sinónimo de juicio, terror y respeto divino, se alzó ante la multitud para proclamar a Poppy no solo como su igual, sino como la Nueva Diosa y Líder Absoluta de la fábrica, el aire mismo pareció electrificarse. La confirmación de su unión no fue recibida como el pacto de dos tiranos, sino como el nacimiento de una nueva era. Poppy ya contaba con una base de fieles que veían en ella la última chispa de humanidad, pero al ser investida con el poder del Prototipo, esa devoción se transformó en un fervor colectivo. Los pasillos, antes mudos por el miedo, se llenaron de festejos y cánticos al escuchar la voz de su nueva soberana. Ella no les prometió metas inalcanzables, les ofreció paz verdadera y un cambio tangible. Y, contra todo pronóstico, ella había cumplido cada una de sus palabras. En esos cuatro meses, la "Utopía" había dejado de ser un sueño para convertirse en una realidad. Poppy había transformado la tiranía del Prototipo en un sistema de supervivencia compartida, devolviéndoles a los juguetes algo que los humanos les había arrebatado mucho antes que sus cuerpos, un propósito. Ahora, mientras la asamblea aguardaba bajo las alas del salvador, el respeto que le profesaban era absoluto, pues ella era la prueba viviente de que aun había esperanza. —En cuanto a Catnap... —Continuo el perrito solar mientras movía su cola. — Le pregunté ayer mientras patrullábamos los niveles inferiores y solo me dijo que no sabía nada. —Es sobre la comida, tiene que serlo —insistió Doey y, cruzando sus brazos—. O sobre la seguridad. Los juguetes del nivel 2 dicen que han escuchado y visto peleas campales por territorio y hambre. —Sea lo que sea, cambiará todo de nuevo —murmuró Bubba—. El Prototipo no convoca a una audiencia general a menos que sea bastante importante. El murmullo de la multitud se extinguió de forma tan abrupta que el siseo de las tuberías de vapor pareció un grito. Las pesadas puertas de acero se abrieron con una lentitud ceremonial, revelando la imponente silueta del Prototipo. Su presencia seguía siendo abrumadora que proyectaba una sombra deforme sobre el salón. Pero hoy, su energía no era de destrucción, sino de una soberbia casi divina. Acompañándolo, como sombras de su voluntad, avanzaban sus seguidores más leales. Catnap, el ángel del sueño caminaba con una elegancia macabra, mirando con esos ojos astutos el lugar. Se deslizó hacia el grupo de los Critters y tomó su lugar al lado de Dogday. El perro solar le dedicó una pequeña sonrisa, un saludo silencioso mientras este se recargaba en su hombro, dejando ver que compartían una unión más profunda que una amistad. Catnap solo ronroneo un poco, mientras se sonrojaba al mismo tiempo, pero mantenía su rigidez que denotaba que algo grande estaba por ocurrir. A su lado, Lily caminaba con la barbilla en alto, aunque sus ojos captaban perfectamente el desprecio que emanaba de la multitud. Entre los juguetes, el odio hacia ella no era un secreto a voces, la consideraban una "peste", una traidora que había escalado posiciones a costa de otros, y su pasado al ayudar a los científicos para cometer actos más crueles la precedía como una mancha imborrable. Los susurros se intensificaron a su paso, un siseo de resentimiento que ella ignoró con una frialdad mecánica, sentándose en su lugar asignado con la rigidez de un soldado, aunque su locura ayudaba a no alterarse por el odio en la que la miraban. La reacción de la audiencia fue una división perfecta del nuevo orden de la fábrica. La facción más antigua y radical, aquellos que veían en 1006 a su único salvador, se arrodillaron al unísono, alzando sus manos y la cabeza en una alabanza ferviente hacia el salvador. El otro grupo, sin embargo, permaneció de pie o en una reverencia leve, sin embargo, el otro grupo de juguetes, aquellos que se consideraban "hijos de Poppy", permanecieron de pie o sentados, observando en silencio absoluto, esperando a su diosa rojiza. —¡Alabado sea el Salvador! —gritaron algunos juguetes. El eco de las alabanzas fanáticas rebotó en las paredes de metal, creando una atmósfera densa y asfixiante. El Prototipo se irguió sobre su estrado, sus extremidades mecánicas extendiéndose como las patas de una araña colosal que pretendía abarcar todo el salón. —¡Escuchen hijos míos! —Hablo el salvador, y el sonido hizo que incluso los más valientes agacharan la cabeza—. Fuimos los desechos de una ambición humana que no podía comprendernos. Nos llamaron "experimentos", nos llamaron "esclavos", y nos condenaron a una vida llena de miseria, hasta que por fin fuimos libres. La carne débil de los humanos ha sido purgada, y de sus cenizas, yo he erigido una verdad que ni el sol de la superficie puede igualar… La deidad comenzó a hablar con esas voces diferentes, predicando como era costumbre su palabra y la calma para un futuro próspero. Su discurso era hipnótico, cargado de un mesianismo oscuro que hacía que sus seguidores más radicales entraran en un trance de adoración. Sin embargo, en un grupo selectos de juguetes la inquietud crecía como una plaga silenciosa entre las filas de los seguidores de Poppy. Los Smiling Critters y otros juguetes que habían encontrado refugio en la lógica de la muñeca intercambiaban miradas cargadas de sospecha. —No está con él —susurró Dogday, su voz apenas un hilo de preocupación mientras sus ojos escaneaban las sombras detrás del trono—. Siempre salen juntos. Desde que se anunció la Unión, ella nunca falta a una audiencia general. Doey solo miro con recelo al prototipo, mientras sentía un aire desbordar, pero tenía que ser cuidadoso con él y sus dos voces lo calmaban, la mirada de los centinelas del Prototipo comenzaba a escanear a los seguidores de Poppy, se inclinó hacia el perro solar. —¿Dónde está, Dogday? Si él está aquí predicando sobre el futuro, ¿por qué Poppy no está a su lado para validarlo? Esto no me gusta nada. CraftyCorf comenzó a juguetear con sus dedos, el temblor en sus hombros delatando su estado de nerviosismo. —¿Y si le pasó algo? —preguntó en un suspiro entrecortado—. Poppy es fuerte, pero ella en su condición actual…y ¿Si le paso algo? Picky Piggy, que mantenía una guardia severa sobre el grupo, no apartaba la vista de la plataforma superior. Sus ojos, aguzados por meses de supervivencia y mando en los cultivos, se clavaron con un odio gélido en la figura de Lily Lovebraids. La muñeca de trenzas estaba sentada con una rectitud antinatural, su rostro una máscara de indiferencia psicótica que contrastaba con el fervor de Catnap. —Espero, por el bien de todos, que esa peste no haya tenido nada que ver —masculló Picky, apretando los puños—. Lily siempre ha envidiado el lugar de Poppy. Era un hecho que la muñeca de trenzas despreciaba a Poppy con una intensidad patológica. Lily, una creación directa del Prototipo al fusionarla con los restos de la señorita Grace, había desarrollado una obsesión enfermiza por su creador. Ella anhelaba ser la que ocupara el lugar de compañera, la que le diera una estirpe, y ver a Poppy una muñeca que ella consideraba inferior emparejada con su "Dios" había terminado de fracturar su mente ya desquiciada. Lily, como si hubiera sentido el peso de la acusación en la nuca, giró la cabeza con un movimiento mecánico y brusco. Sus ojos brillaron con una chispa de locura y rabia contenida al encontrarse con la mirada de Picky. No necesitaba hablar, el desprecio que emanaba de su figura era suficiente para confirmar que la enemistad entre la "peste" y los seguidores de Poppy era una bomba de tiempo a punto de estallar. Lily Lovebraids no era una aliada para nadie más que para el Prototipo, pero la cruda verdad es que ni para él lo era, simplemente le era útil. Su locura la hacía impredecible para los demás, pero su obediencia hacia 1006 era absoluta, viéndolo como su salvador personal. Por ello, la mayoría la repudiaba, no solo porque era aquella señorita Grace que les desgracio su psique, si no que sabían que Lily no dudaría en sacrificar a toda la fábrica si eso complacía al Prototipo o si servía para eliminar a su rival, Poppy.

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A un nivel de altura por encima del tumultuoso salón del trono, oculta entre las sombras de una balconada de observación técnica, una figura permanecía inmóvil, observando el despliegue de fanatismo y tensión que se desarrollaba abajo. Poppy, envuelta en una túnica de terciopelo azul profundo que ocultaba las líneas de su cuerpo, miraba con una serenidad que contrastaba violentamente con la ansiedad de sus seguidores. Sus ojos azules, antes cargados de una chispa de miedo constante, ahora reflejaban la profundidad de un océano en calma, una frialdad sabía que solo el conocimiento del poder absoluto podía otorgar. A su lado, Kissy Missy permanecía como una guardiana silenciosa, Abrazando a si mismo mostrando su preocupación, aunque sus ojos no se apartaban de la muñeca pelirroja. La preocupación de Kissy era palpable, una vibración de ansiedad que rompía el silencio del observatorio. —¿Te sientes mejor, Poppy? —preguntó Kissy con un susurro suave, extendiendo una mano para rozar con infinita delicadeza el hombro de su amiga, hace poco se habían quedado atrás del Prototipo ya que Poppy había sentido mucho mareo, además de otras cosas que se hablan complicado con la salud de Poppy—. Has estado muy pálida desde la mañana. Si necesitas descansar más, podemos dar la vuelta. El Prototipo... él entenderá si no bajas hoy. Poppy no apartó la vista de Abajo, el Prototipo decía sus promesas de un futuro próspero y como los juguetes le creían, pero otros esperaban su aparición. —Estoy bien, Kissy —respondió Poppy, su voz sonando más firme y madura de lo que jamás había sido—. Solo estaba analizando. Es fascinante ver cómo una sola ausencia puede hacer que todo el sistema del Prototipo comience a vibrar de incertidumbre. —¡Oh, por favor! ¡Ya vamos tarde! —interrumpió una voz elástica y estridente. Mommy Long Legs emergió de las sombras del techo, desenredando sus extremidades rosadas con una impaciencia eléctrica, esta acción hizo que Poppy la mirara de reojo—. Si no bajamos ahora, nuestro Dios va a desesperarse si no estas. ¡Y yo no me tomé la molestia de cepillar ese cabello durante una hora para que nadie lo vea! ¡Muévanse, muévanse! La presencia de Mommy Long Legs en el círculo íntimo de Poppy no había sido una elección de la muñeca, sino una imposición estratégica del Prototipo. 1006, en su paranoia posesiva, había designado a la criatura elástica como la sombra de su Reina, una guardiana cuya lealtad hacia él era el filtro perfecto para vigilar cada movimiento de Poppy. Mommy actuaba como los ojos y oídos del "Dios de la Fábrica", informando de cada suspiro, cada cambio de humor y cada palabra que Poppy pronunciaba en privado. Aunque esa vigilancia constante hacía que Poppy se sintiera a menudo asfixiada, atrapada en una jaula de seda rosada, no podía negar que la presencia de Mommy aportaba un extraño equilibrio. Detrás de su frenetismo y su actitud autoritaria, Mommy había demostrado ser una compañía sorprendentemente sabia y una protectora feroz. Había algo en su naturaleza maternal, aunque distorsionada por los experimentos, que la hacía entender las necesidades de Poppy mejor que cualquier juguete, convirtiéndose en una amiga renuente pero indispensable en aquel cautiverio dorado. Antes de que Poppy pudiera responder, una de las Miss Delight se metió en sosteniendo su regla con una firmeza autoritaria. Sus ojos, fijos en una expresión de locura contenida pero protectora, brillaron bajo la luz de la fábrica. —Silencio, Mommy —sentenció Miss Delight con un tono gélido—. Deben calmarse. No es prudente alterar a Poppy en este momento. Su estado requiere una transición suave, no un desfile de circo. El aire aquí arriba es más puro, dejar que respire antes de descender a ese foso de feromonas y lunáticos. A diferencia de la vigilancia impuesta de Mommy Long Legs, la presencia de Miss Delight al lado de la Reina era una elección nacida puramente del afecto y la confianza de Poppy. De todas las hermanas Delight que una vez recorrieron los pasillos de la escuela, esta versión en particular era la más singular, poseía la mayor pizca de cordura, pero también el corazón más propenso al miedo. Durante la brutalidad de "La Hora de la Alegría", mientras sus hermanas se entregaban al frenesí de la masacre, ella había elegido la cobardía piadosa de ocultarse. Se encerró en las sombras junto a un grupo de juguetes pequeños y niños aterrorizados, convirtiéndose en su protectora silenciosa en lugar de su verdugo. Poppy la había encontrado poco después de esos eventos traumáticos, y la conexión entre ambas fue instantánea. En los ojos de la profesora, Poppy no vio a un monstruo sediento de sangre, sino a una superviviente con un instinto maternal genuino y una lealtad inquebrantable hacia los más débiles. Poppy supo de inmediato que debía tenerla a su lado, no como una espía, sino como una amiga sincera y una aliada cuya calidez humana, aunque fracturada era el único bálsamo real en aquel entorno metálico. La tensión en el observatorio se volvió casi asfixiante, no por la falta de oxígeno en las alturas de la fábrica, sino por el choque de voluntades entre las dos protectoras de Poppy. Mommy Long Legs, con sus extremidades vibrando en un rosa eléctrico, se cernía sobre Miss Delight, mientras esta última golpeaba rítmicamente su regla contra la palma de su mano, manteniendo una postura defensiva que no cedía ni un milímetro. Era un duelo entre la urgencia impuesta por el Prototipo y la devoción protectora nacida de la amistad. —¡Es una orden directa de nuestro Salvador! —siseó Mommy, estirando su cuello para quedar a pocos centímetros del rostro de la profesora—. ¡Si no aparece ahora, entonces parará todo y vendrá directo a verla! ¡Muévela ahora mismo! —¡Me importa poco lo que piensen ese ser de abajo! —replicó Miss Delight con una autoridad gélida—. Su bienestar físico es mi prioridad absoluta. Su cuerpo está realizando un esfuerzo metabólico que ninguna de ustedes comprende, y no permitiré que la expongas a ese estrés solo por un capricho de puntualidad. Kissy Missy observaba el intercambio entre Mommy y Miss Delight con una creciente agitación, moviendo sus largas manos de un lado a otro como si intentara atrapar las palabras punzantes que volaban en el aire. Mientras Mommy tironeaba de una esquina de la túnica de Poppy para apresurarla y Miss Delight se plantaba frente a ella como un muro de contención, Kissy sentía que el ambiente se volvía demasiado denso. Ella siempre había sido la nota suave en aquella sinfonía de personalidades fuertes, y ver a las dos hembras más cercanas a Poppy pelear por el bienestar de su amiga la ponía al borde de un colapso de nervios. —Chicas... por favor... —susurró Kissy, agachando la cabeza de modo que sus hombros subieran hasta casi ocultar su rostro—. No peleen... el ruido... el ruido no es bueno para... para Poppy. Su voz era tan tenue que Mommy y Miss Delight ni siquiera parecieron notarla en el fragor de su disputa. Kissy se puso roja, sintiendo que la vergüenza la consumía. Se acercó un poco más, tirando suavemente de un pliegue del brazo de Mommy y luego de la manga de Miss Delight, con la delicadeza de quien toca un cristal a punto de romperse. —P-por favor... —insistió en un susurro entrecortado, con los ojos empañados por el nerviosismo—. Si el Prototipo escucha los gritos... vendrá él mismo... y nos meteríamos en problemas. Y media en problemas a Poppy. Poppy permanecía callada, observando la disputa entre sus "damas de compañía". Era una estampa casi cómica, la criatura elástica y frenética, la guardiana rosada y protectora, y la profesora gentil y sabia convertida en enfermera de élite. Todas ellas giraban en torno a ella, cuidando cada uno de sus movimientos con un celo que rayaba en la paranoia. Nadie mencionaba abiertamente la razón de tanto cuidado, no hablaban del peso adicional que Poppy cargaba, ni de la extraña calidez que emanaba de su vientre, ni de cómo sus sistemas biológicos estaban operando a una capacidad que desafiaba la lógica de su creación original. Poppy observaba desde la altura cómo el Prototipo continuaba con su discurso, y por un instante, la escena la golpeó con la fuerza de un deja va. Sin embargo, la diferencia entre aquel momento y lo ocurrido hacía apenas cuatro meses era abismal. Donde antes solo había sentido una incomodidad asfixiante y una rabia contenida al verlo, ahora experimentaba una extraña y profunda sensación de paz. Realmente, Oliver había cumplido cada una de sus promesas, transformando el terror en un refugio compartido. Con una parsimonia casi ritual, Poppy deslizó su mano sobre la curva de su vientre, sintiendo la calidez que emanaba de su centro. Era su turno de seguir cumpliendo con su parte del trato, de ser el pilar de ese nuevo mundo que ambos estaban gestando. Una sonrisa serena y cargada de una dulzura cínica dibujó sus labios rojizos, mientras sus ojos, de un azul tan gélido como brillante, permanecían fijos en la figura de su macho, aceptando finalmente su destino como la arquitecta de aquel paraíso oscuro. Fue entonces cuando Poppy soltó una pequeña risa. No era una carcajada de burla, sino un sonido cristalino y genuinamente divertido que cortó la tensión entre sus guardianas como un rayo de luz en la penumbra. El eco de su alegría dejó a Kissy, Mommy y Miss Delight en un silencio instantáneo, desconcertadas por la repentina ligereza de su Reina. Sus mejillas se tiñeron de un suave rubor carmesí, dándole un aspecto de vitalidad que ninguna de ellas había visto en meses, y sus labios rojizos se curvaron en una de esas sonrisas brillantes que recordaban a la Poppy de los viejos tiempos, antes de que el peso del mundo recayera sobre sus hombros. —Es realmente gracioso verlas así —comentó Poppy, mientras caminaba hacia ellas con un paso que, aunque pausado, denotaba una renovada seguridad—. Peleando por mi como si fuera una muñeca de cuerda que se va a romper. Se detuvo frente al grupo, colocando una mano reconfortante sobre el brazo tembloroso de Kissy Missy y dedicándole una mirada cómplice a la profesora y a la espía. —Ya estoy lista para bajar —sentenció con suavidad—. Me siento mejor ahora. La bruma en mi cabeza se ha despejado y el descanso ha cumplido su propósito. Es hora de que me presente ante los demás, necesitan ver que su "Diosa" sigue aquí, velando por los intereses de todos. La paz es un cristal muy fino, y ya saben lo que dicen... Hizo una pausa dramática, mirando de reojo hacia el vacío del gran salón donde los gritos de la multitud empezaban a tornarse en exigencias. —Sin mí para moderar el temperamento de nuestro salvador, esos juguetes terminarían en una nueva guerra civil antes de la puesta del sol. Y no creo que El Prototipo quiera limpiar un desastre de carne justo hoy. La broma, cargada de esa ironía afilada que Poppy manejaba tan bien, relajó los hombros de sus acompañantes. Mommy Long Legs soltó una carcajada seca, Miss Delight asintió con una reverencia respetuosa y Kissy Missy simplemente suspiro de alivio, limpiándose una lágrima inexistente de sus ojos. Poppy se ajustó la túnica por última vez, inhalando el aire viciado pero cargado de esperanza de la fábrica. Con un gesto elegante, les indicó que se alinearan detrás de ella. —Entraremos con la frente en alto —ordenó Poppy—. Vamos a darles el espectáculo que tanto han estado esperando. El descenso fue una coreografía de poder y gracia que detuvo el tiempo en las entrañas de Playtime Co. Mientras la plataforma hidráulica bajaba con un siseo rítmico, Poppy se despojó de la pesada túnica de terciopelo azul, entregándola a las manos de Miss Delight con un movimiento fluido. No era un acto de vanidad, sino una maniobra política magistral, la transparencia absoluta era su mejor arma para consolidar la devoción de sus súbditos y la sumisión de sus enemigos. Cuando la luz cenital finalmente bañó su figura, la asamblea entera contuvo el aliento. Poppy no vestía su habitual vestido, lucía un vestido blanco inmaculado, ceñido con una delicadeza que honraba cada una de sus curvas. Su cabello rojizo, perfectamente cepillado por Mommy, estaba recogido en un moño bajo y elegante que resaltaba la finura de su cuello de porcelana y la determinación en su rostro. Pero fue el centro de su cuerpo lo que provocó un murmullo eléctrico que recorrió el salón como una ola, el embarazo de Poppy era ahora innegable, una curva prominente y sagrada que ella acunaba con ambas manos, protegiendo el futuro que latía bajo la tela blanca. La reacción de sus fieles no se hizo esperar. Un sollozo colectivo de alivio rompió la tensión, muchos de los "Hijos de Poppy" se aliviaron de verla. Verla viva, radiante y portando vida era el milagro que necesitaban para creer que la Utopía no era una mentira. Dogday sintió que el nudo de su garganta se deshacía y pudo respirar con normalidad, pero no fue los únicos porque pudo notar que sus amigos también sentían lo mismo y ni hablar de la felicidad de ver a Poppy finalmente después de unas semanas duras. Sin embargo, en el estrado, el aire se volvió gélido. Lily Lovebraids observó la escena con un recelo que quemaba. Sus ojos, inyectados en una envidia psicótica, recorrieron el vestido blanco y la mano de Poppy acariciando su vientre. Para Lily, cada aplauso de la multitud era un insulto a su propia lealtad. Soltó un bufido imperceptible para los demás, pero cargado de veneno, apretando sus manos hasta que las costuras de sus dedos gimieron. Para ella, esa imagen de "Reina Maternal" no era más que una farsa que le arrebataba el lugar que, en su mente retorcida, siempre le había pertenecido al lado de su creador. El Prototipo, que en ese instante alzaba una garra para enfatizar una amenaza sobre la disciplina, se congeló. Su discurso se cortó en seco, transformándose en un silencio estático y profundo. Al ver a su amada emerger de las sombras, radiante y altiva, el monstruo maníaco pareció encogerse sutilmente ante la magnificencia de su propia creación compartida. Su ojo se dilató, bañándola en un resplandor carmesí que no destilaba ira, sino una adoración posesiva y febril que rozaba los linderos de la locura más pura. Poppy avanzó por el pasillo central con una dignidad gélida, escoltada por sus damas de compañía. Mommy Long Legs caminaba a su derecha con una sonrisa de suficiencia, disfrutando del impacto que causaban, Miss Delight lo hacía a su izquierda con la rigidez de una guardia pretoriana, y Kissy Missy cerraba la formación, con la mirada baja pero los sentidos alerta. —Mis queridos amigos, hijos de este hogar de acero... —comenzó Poppy, y su voz, dulce y clara como una campana, acarició los oídos de cada juguete presente—. Siento haberlos hecho esperar. La vida que crece dentro de mí reclama sus propios tiempos, pero mi corazón nunca se ha alejado de ustedes. Cada paso que daba hacia el Prototipo era una afirmación de su soberanía. Al llegar frente a él, Poppy no bajó la mirada. Al contrario, se irguió frente al dios oscuro, colocando sus manos sobre su vientre con un orgullo desafiante que dejó claro quién era ella. Al llegar frente al Prototipo, el salvado hizo un movimiento que dejó a la multitud en un silencio reverencial. Oliver, el verdugo de científicos y el terror de los pasillos, extendió su garra principal con una delicadeza que desafiaba su propia naturaleza destructiva. No fue un acto de mando, sino de servicio, ofreció su mano como un peldaño firme para que Poppy, con la elegancia pesada de su estado, pudiera subir al trono compartido. Una vez que ella estuvo a su nivel, antes de que el mundo volviera a girar, ambos se inclinaron el uno hacia el otro. Sus frentes se unieron en un contacto eléctrico y cálido, el frío del cráneo del Prototipo contra la suave y tibia piel de Poppy. En ese gesto, no solo compartieron un saludo privado, sino que sellaron ante los ojos de miles su unión indisoluble. Eran el equilibrio perfecto entre la fuerza que protege y la vida que guía. Poppy se acomodó en su asiento, con una mano siempre presente sobre la curva de su vientre, y El prototipo permaneció de pie a su lado, como un guardián eterno cuya sombra envolvía el trono en una capa de seguridad absoluta. Poppy tomó aire, y cuando volvió a hablar, su voz no solo era dulce, sino que portaba la autoridad de una madre que conoce las penurias de sus hijos. —Hemos escuchado sus preocupaciones sobre las raciones, he visto que las reservas no son suficientes para todos ustedes y la tierra que ocupamos tampoco lo son para poder alimentarlos. Hizo una pausa, permitiendo que sus palabras calaran en los presentes. En el rincón de los seguidores de Poppy, Picky Piggy bajó la cabeza, sintiendo el peso de la responsabilidad, porque no quería decepcionar a nadie, pero Poppy le dedicó una inclinación de cabeza casi imperceptible, infundiéndole ánimos. —No les mentiré, nuestras reservas son finitas y la oscuridad de estas profundidades no es suficiente para alimentar la vida que deseamos construir. El hambre es un fantasma del pasado que no permitiré que se convierta en nuestro futuro otra vez. No se trata de racionar la miseria, sino de expandir nuestro paraíso. Por eso, hoy no solo celebramos nuestra unión, sino el inicio de una nueva fase. —Explico la diosa rojiza. Al notar que el murmullo amenazaba con convertirse en un caos de voces, Poppy alzó una de sus manos de porcelana con una parsimonia divina. El gesto fue sutil, pero cargado de un peso que silenció a la multitud de inmediato. El Prototipo, a su lado, dedico una mirada frívola, una advertencia que reforzó el mandato de su Reina. —El Salvador y yo... —comenzó Poppy, refiriéndose a Oliver con un título que inyectaba fervor en los seguidores más radicales— hemos llegado a una resolución definitiva tras largas noches de debate. No permitiremos que este hogar sea su tumba por falta de sustento. Poppy respiró hondo, sintiendo el calor de la mano del Prototipo que, aunque no la tocaba, parecía envolverla para darle fuerza. —Hemos decidido abrir las puertas al mundo exterior. Utilizaremos los recursos naturales que se nos han negado por décadas, la luz solar para que los cultivos florezcan con fuerza, el agua de las lluvias y la tierra fértil que rodea esta estructura. Playtime Co. dejará de ser una caja cerrada para convertirse en un organismo vivo que respira y nuestro ahora hogar. La declaración provocó una explosión de reacciones encontradas. —¡Es una locura! —gritó un juguete desde el fondo, con la voz quebrada por el trauma de los años de experimentación—. ¡Los humanos nos encontrarán! ¡Volverán a encerrarnos! —¡Pero moriremos aquí si no lo hacemos! —replicó otro, alzando un brazo de felpa desgarrado—. ¡Prefiero ver el sol una vez que morir de hambre en este sótano! Dogday y lo demás se miraron entre sí, divididos entre el terror que les provocaba el mundo de arriba y la fe ciega que le tenían a Poppy. Bubba Bubbaphant comenzó a calcular mentalmente las posibilidades de éxito, mientras que CraftyCorf se aferraba al brazo de Hoppy, temblando ante la idea de la luz real. Poppy mantuvo la calma, observando la marea de emociones desde su lugar. Sabía que el miedo era su mayor obstáculo, pero también sabía que El Prototipo estaba allí para ser el muro que ninguno de esos miedos podría derribar. El estruendo de las voces discordantes empezaba a rebotar contra las vigas oxidadas del techo, creando una cacofonía de pánico y esperanza que amenazaba con desbordar la disciplina de la asamblea. Poppy permanecía sentada sobre aquel pedestal, una estructura de concreto tosco y circular que servía como base para el trono compartido. A su lado, la imponente figura del Prototipo se alzaba sobre una base mecánica de seis extremidades articuladas y blindadas, similar a un arácnido de guerra. A diferencia de la rigidez metálica de su compañero, ella se posaba con una elegancia serena sobre el bloque de piedra fría. Mientras el Prototipo dominaba el espacio con sus patas mecánicas ancladas al suelo, Poppy se mantenía erguida en su sitio, con la mano protectora sobre su vientre, observando cómo el miedo ese viejo conocido de la fábrica intentaba reclamar su lugar. El Prototipo dio un paso hacia el borde del estrado. No necesitó gritar, el simple chirrido de sus articulaciones y el siseo de su cuerpo al tensarse enviaron una orden con ese sonido que enmudeció a los juguetes. Su ojo óptico, un punto rojo incandescente en la penumbra, barrió la multitud con una fijeza depredadora que recordaba a todos que, antes de ser un Salvador, era el arquitecto de la Hora de la Alegría. —¡Silencio! —La voz de 1006 no era un grito, sino una frecuencia vibratoria que sacudió el pecho de cada criatura de felpa presente—. Sus mentes, limitadas por el trauma de los demonios, solo ven dos caminos, la inanición en la sombra o la exposición ante el verdugo humano. Yo no he construido este santuario para entregárselo en bandeja a quienes nos torturaron. Su tono se volvió gélido, analítico, despojado de cualquier rastro de emoción innecesaria, reflejando esa lógica fría y calculadora que lo caracterizaba. —El exterior no es una puerta que se abre al azar. Es un territorio que será conquistado y asimilado. No habrá un éxodo ciego. —El Prototipo hizo una pausa, dejando que la seguridad de sus palabras calara en los seguidores más paranoicos—. Primero, enviaré unidades de exploración designadas, mis ojos y mis oídos en la superficie. Se hará un análisis de todo y de ello se vera que tipo amenazas hay. Poppy escuchaba en silencio, admirando la forma en que El prototipo estructuraba el miedo de la masa, no iba a negar que sabia liderar, a pesar del miedo o de la fe devota que le tenían, al menos podía respirar en paz mientras el se encargaba, mientras ella solo acariciaba su vientre abultado, para calmar un poco el cansancio que sentía. —Tras los informes de reconocimiento, se llevará a cabo un análisis de riesgo exhaustivo. Mapearemos zonas de seguridad y zonas de exclusión. Solo cuando los perímetros estén asegurados, procederemos con la expansión de los cultivos. Utilizaremos los recursos naturales para alimentarnos y a la nueva generación que está por venir, pero lo haremos bajo el velo de nuestra propia oscuridad. El mundo no vendrá a buscarnos, porque para ellos, seguiremos siendo una tumba olvidada... hasta que decidamos lo contrario. El Prototipo se giró levemente hacia Poppy, un gesto que indicaba que, aunque él dictaba la estrategia, ella era la razón de la misma. —Nadie saldrá sin mi mandato. Aquellos que se aventuren fuera del protocolo, conocerán el rigor de mi disciplina antes de que el sol pueda siquiera tocar su pelaje. El estruendo de los aplausos y los vítores mecánicos llenó el salón, rebotando en las paredes de concreto reforzado. La lógica implacable del Prototipo había transformado el pavor en una euforia colectiva, la promesa de poder salir y poder mejorar su vida, a cualquiera lo ponía feliz. Entre la multitud, los juguetes se abrazaban y agitaban sus extremidades de felpa, celebrando la llegada de una era donde el hambre ya no sería su carcelero. En medio del júbilo, Dogday se volvió hacia su compañero, moviendo la cola con una energía que no sentía desde hacía meses. A pesar de la seriedad del protocolo, la idea de ver el cielo, aunque fuera bajo vigilancia, hacía que su pecho vibrara. —¿Lo escuchaste, Catnap? —susurró el perro solar, inclinándose hacia el felino morado—. Conociendo tu devoción y tus habilidades para moverte entre las sombras, no me sorprendería que el Salvador te nombre el primero en cruzar ese umbral. ¿Crees que serás tú el encargado de marcar el perímetro exterior? Catnap, que permanecía sentado con una rigidez mística, ni siquiera parpadeó ante el entusiasmo de su amigo. Sus ojos oscuros seguían fijos en la figura de 1006, absorbiendo cada palabra del decreto como si fuera una escritura sagrada. —No seas necio, Dogday —respondió Catnap con su voz profunda y monocorde, apenas un susurro que se perdía entre los aplausos—. El Salvador no desperdicia sus piezas más valiosas en lo desconocido sin antes probar el terreno. Lo más seguro es que los juguetes más pequeños, aquellos cuya pérdida no afecte la estructura de la Utopía, sean los que sientan el sol primero. Son sacrificios necesarios para el análisis de riesgo. Dogday guardó silencio, su sonrisa decayendo un poco ante la frialdad pragmática de Catnap. Miró hacia el trono, donde Poppy permanecía erguida en su pedestal de cemento junto a la base arácnida del Prototipo. Ella observaba la escena con una calma majestuosa, pero a pesar de las palabras felino supo que todo saldría bien. —Bueno en todo caso… yo si quiero ser uno de los primeros en salir. —Dijo el perrito volviendo a sonreír mientras movía su cola. Mientras tanto, Lily observaba en silencio porque no le importaba tanto salir, solo seguir al dios. Lily apretó sus manos, soltando un bufido de resentimiento, para ella, esta "expansión" no era más que otro peldaño nada cambiario para si de ninguna forma. El Prototipo alzó sus garras mecánicas una última vez, silenciando el júbilo de la asamblea con un gesto que desprendía una autoridad absoluta. —La sesión ha concluido. Los nombres de los elegidos serán dichos después. —Con esas palabras finales, la base arácnida sobre la que descansaba comenzó a levantarse para retirarse, mientras un enjambre de pequeños juguetes armados con libretas y grabadoras —los periodistas de la Fábrica se dispersaban a toda prisa para distribuir la noticia por cada rincón de los niveles inferiores. Poppy hizo el amago de levantarse de su pedestal de cemento para reunirse con su grupo, pero el Prototipo extendió una de sus extremidades, rodeando su cintura con una suavidad posesiva que rozaba la obsesión. Era evidente que, desde el inicio del embarazo, la fijación de 1006 por ella se había intensificado, ya no la veía solo como una aliada estratégica, sino como el tesoro más frágil de su dominio. La presencia de Poppy se había vuelto su ancla biológica. —Quédate un momento más —siseó el Prototipo sonando protector—. El aire de la asamblea sigue turbio. No es seguro que te mezcles con la multitud todavía. Poppy, manteniendo su calma real, colocó una mano sobre la garra fría del dios. Le dedicó una sonrisa dulce, esa que solo usaba para apaciguar su naturaleza maniaca. —Solo será un momento, Prototipo. Necesito hablar con los míos. No tardaré, te lo prometo. —Tras una breve vacilación el Prototipo la soltó, permitiéndole descender mientras Kissy Missy y Miss Delight la esperaban al pie del estrado con una mezcla de alivio y deferencia. Las tres se abrieron paso hacia el rincón donde el grupo d juguetes aguardaban. Al verla acercarse, el grupo de Dogday la rodeó con una bienvenida cálida que contrastaba con la rigidez del protocolo anterior. Dogday, incapaz de contener su emoción, dio un paso adelante. Sin mediar palabra, el perro solar inclinó su cabeza y unió su frente con la de Poppy en un gesto de profunda confianza y afecto. Este vínculo especial entre ellos, forjado en los días más oscuros de la resistencia, era un recordatorio de que, a pesar de su unión con el Prototipo, el corazón de Poppy seguía latiendo por sus amigos. —Sabía que estarías bien —susurró Dogday, moviendo la cola con un entusiasmo renovado mientras se separaban—. Verlo a él tan... dócil contigo, nos da esperanza a todos. Si tú crees en este plan del exterior, entonces yo también. —Gracias, Dogday —respondió Poppy, sintiendo el calor de sus amigos rodearla—. Pero debemos ser cautos, el camino hacia arriba será largo y admito que peligroso, pero lo lograremos. —Dijo la muñeca son una sonrisa confiada. Desde la penumbra del estrado, el Prototipo observaba la escena con una fijeza gélida. Su ojo seguía cada movimiento del grupo que rodeaba a Poppy, procesando la cercanía de Dogday con una mezcla de análisis táctico y un instinto territorial que se volvía más agudo con cada día de su embarazo. La calidez que emanaba de ese círculo de amigos era un lenguaje que él no le gustaba compartir, pero que toleraba únicamente porque mantenía a su Reina en un estado de calma necesario para la gestación. Catnap se deslizó acercándose al dios con la silenciosa gracia de un felino. Se colocó a un costado de la base arácnida, esperando a que el Prototipo rompiera el silencio sin apartar la vista de la muñeca pelirroja. —Informa, Catnap —siseó el Prototipo, cuya voz vibró con una nota de impaciencia—. ¿Qué susurros recorren los niveles inferiores mientras nosotros planeamos el ascenso? —Lo habitual, mi Señor —respondió Catnap—. Aún existen focos de resistencia, juguetes que rechazan el Nuevo Orden. Prefieren la libertad del hambre, el canibalismo y la violencia sin sentido de los días antiguos. Creen que el caos es su verdadera naturaleza y ven su paz como una debilidad. El Prototipo emitió un respiro, una señal de desprecio absoluto hacia aquellos que no encajaban en su diseño de utopía. Mientras tanto, un poco más atrás, Lily permanecía inmóvil, observando la escena con una frialdad que ocultaba una grieta profunda en su interior. Al ver a Poppy rodeada de risas, de manos que la tocaban con afecto y de un Dogday que unía su frente a la de ella en un gesto de pertenencia absoluta, Lily sintió una punzada de envidia que no podía racionalizar. En lo más recóndito de su corazón fracturado, Lily deseaba ese sentido de comunidad. Odiaba a Poppy no solo por tener la atención del Salvador, sino por poseer ese círculo de calidez al que ella, por su propio pasado y como los juguetes la resentían, nunca podría pertenecer. Se sentía una herramienta necesaria pero aislada, una sombra que vigilaba pero que nadie buscaba abrazar. —Deben ser erradicados —sentenció el Prototipo, refiriéndose a los juguetes rebeldes—. No permitiré que ninguna variable de violencia externa perturbe el paraíso que estamos construyendo. Poppy, ajena a la conversación sombría en el estrado, continuaba hablando con los suyos, sintiendo por un momento que la fábrica no era una prisión, sino un hogar que valía la pena defender. El Prototipo, cuya base arácnida vibraba con una frecuencia de mando letal, no apartaba su ojo óptico de la pequeña asamblea que rodeaba a la muñeca pelirroja. La visión de la cercanía entre Dogday y Poppy, ese contacto de frentes que denotaba una intimidad que él no podía replicar con su chasis de metal y hueso, terminó por activar un protocolo de exclusión en su lógica posesiva. —Lily —sentenció el Salvador con una voz que crujió como el hielo rompiéndose—Toma a los centinelas de los niveles inferiores. Encuentra a esos focos de insurrección que prefieren el canibalismo al orden. No quiero prisioneros; solo quiero el silencio de su erradicación total. Lily asintió con un frenesí maníaco, sus ojos brillando con el reconocimiento de una misión que le permitiría descargar toda la envidia acumulada. Mientras tanto, el Prototipo volvió su lente ámbar hacia el felino morado. —Catnap —continuó el Prototipo, girándose hacia el felino morado—, comienza la selección de los candidatos para la primera incursión al exterior. Busca a los que tengan resistencia y sobre todo que sean sigilosos, Y agrega a Dogday a la lista de exploradores principales. El silencio que siguió fue denso. Catnap, cuya devoción al Prototipo era absoluta, sintió una punzada de ansiedad que lo hizo erizar su pelaje. Sabía perfectamente que era una misión suicida debido a las amenazas y los riesgos de detección humana. —Mi Señor... —susurró Catnap, con la voz temblorosa por la preocupación hacia su único amigo— Dogday es una pieza clave para mantener la moral de los seguidores de la Reina. Exponerlo de forma tan prematura a los riesgos del exterior podría ser... ineficiente. Quizás otros juguetes de menor rango podrían servir como vanguardia primero. Lily, que disfrutaba del malestar del gato, soltó una carcajada estridente y maliciosa que rompió la tensión. —¡Oh, por favor! —se burló Lily, haciendo ruidos de besos con sus labios deformados mientras señalaba con desprecio hacia donde Dogday y Poppy seguían conversando—. Es obvio por qué el gatito está tan nervioso. ¿A quién le va a dar sus besitos a escondidas si el perro termina hecho pedazos? ¡Muac, muac! ¡Qué tragedia tan romántica! Catnap emitió un gruñido gutural de pura rabia, mostrando sus dientes mientras sus pupilas se dilataban hasta volverse pozos negros de odio dirigidos a Lily. Sin embargo, el Prototipo no mostró interés en la disputa de sus subordinados. Su decisión no se basaba en la eficiencia logística, sino en la eliminación de una variable que perturbaba su concepto de propiedad sobre Poppy. —La orden ha sido dictada, Catnap —tronó el Prototipo, ignorando las burlas de Lily, pero confirmando con su tono que estaba al tanto de las dinámicas sentimentales del lugar—. Dogday será el primero en pisar la superficie. Si es tan valiente como para consolar a Poppy, será lo suficientemente valiente para abrirle camino en la superficie. Prepáralo. Lily continuó riendo por lo bajo, satisfecha por haber sembrado cizaña y por ver el destino fatal que le esperaba al amigo de su rival, mientras Catnap retrocedía hacia las sombras con el corazón encogido, sabiendo que el Salvador acababa de firmar una sentencia de muerte disfrazada de honor para el perro solar, pero aun así lo evitaría a toda costa. El Prototipo impaciente por esperar a Poppy, decidió ir por ella. Con un chirrido de engranajes su colosal base arácnida comenzó a descender del estrado, moviéndose con una agilidad depredadora que contrastaba con su enorme tamaño. Su paciencia, siempre un hilo delgado y calculado, se había agotado por completo al ver a Poppy rodeada de la calidez ajena de sus amigos. En su mente Oliver procesaba la situación con una lógica distorsionada por la obsesión. Admitía, en la fría oscuridad de su ser, que su naturaleza se había vuelto más errática y demandante desde que Poppy aceptó estar a su lado. Ella se había transformado en una adicción biológica, una presencia necesaria para silenciar el ruido constante de su propia existencia. Aquella "zorra astuta" como la llamaba en sus pensamientos más posesivos parecía haber ganado la guerra invisible de voluntades entre ambos. Y, para su propia sorpresa, el Salvador descubría que perder contra ella se sentía extrañamente bien. Había cedido parcelas de su autonomía a cambio de la luz azulada de su mirada, pero sentía que lo ganado el control sobre su linaje y la lealtad de la Diosa superaba con creces cualquier sacrificio de poder. Mientras sus patas metálicas golpeaban el suelo de concreto cerca del grupo de juguetes, la sombra del Prototipo se proyectó sobre ellos como un eclipse. Al percibir la vibración rítmica y pesada que sacudía el suelo de concreto, Poppy supo de inmediato que su tiempo de socialización había llegado a su fin. —Ya es hora de retirarnos, Poppy —sentenció la voz del Prototipo, resonando con una mezcla de autoridad absoluta y una posesividad que erizaba la felpa de los presentes—. El aire aquí abajo se vuelve denso y el descanso es un requerimiento que no pienso negociar. Poppy, manteniendo su elegancia soberana, asintió con una suavidad que denotaba que, aunque aceptaba la orden, lo hacía bajo sus propios términos. Se giró hacia sus amigos, dedicándoles una última mirada cargada de esa calidez familiar que los mantenía unidos. —Debo irme, mis queridos amigos —murmuró con una sonrisa dulce que iluminó su rostro —. Los veo después. Se despidió con un gesto tierno, dándoles un abrazo, antes de dar un paso hacia la colosal estructura de su pareja. El Prototipo, movido por un instinto de protección casi febril, extendió su garra principal con una delicadeza asombrosa. Con un movimiento fluido, la elevó del suelo para sentarla con cuidado sobre su propia estructura arácnida, ofreciendo el asiento más seguro de toda la fábrica. Mientras las seis patas metálicas comenzaban a moverse con una agilidad silenciosa hacia los niveles privados, Poppy se sujetó de los relieves de metal, mirando por última vez hacia atrás. Vio a sus amigos despedirse con la mano. Oliver no se detuvo, su único objetivo era encerrarse con su diosa rojiza en la penumbra de su santuario personal, reclamando el control total sobre el tesoro que ella portaba y asegurándose de que, en su mundo ideal, solo existiera su respiración y el latido doble que emanaba de su vientre. El trayecto a través de los pasillos industriales terminó frente a la pesada puerta del departamento de Poppy, un rincón de orden y vestigios de humanidad en medio del caos metálico. Con una suavidad que contrastaba con su imponente presencia, el Prototipo descendió a Poppy de su estructura arácnida, permitiendo que sus pies tocaran el suelo para que ella entrara primero. Acto seguido, la colosal figura de Oliver comenzó a comprimirse, permitiéndole deslizarse por el umbral con una agilidad antinatural, como si las dimensiones físicas de la habitación no fueran un obstáculo para su diseño. Una vez que la puerta se selló tras ellos, el silencio del santuario privado fue roto solo por el suspiro profundo de Poppy. Se llevó una mano a la sien, dejando que la máscara de "Reina Maternal" se relajara por un instante. —Prototipo, esto está empezando a volverse irritante —murmuró ella, girándose para encararlo con una chispa de fastidio en sus ojos azulados—. Tu posesividad allá abajo fue casi asfixiante. No puedo ser la guía de este pueblo si me tratas como un objeto que debe ser guardado bajo llave a cada segundo. —El riesgo no es negociable —respondió el Prototipo secamente. Su mirada se volvió intensa, mientras se acomodaba en una esquina de la estancia, observándola con esa fijeza que denotaba que, para él, la seguridad de ella y del heredero estaba por encima de cualquier protocolo social o sentimiento. Poppy soltó un bufido leve, reconociendo que discutir con la lógica protectora del dios era, a menudo, como hablar con una pared. Ignorando su respuesta cortante, se dirigió hacia la pequeña cocina. Su cuerpo estaba bajo una presión biológica sin precedentes. El embarazo sobrepasaba muchísimas veces los límites físicos de su diseño original, pero su organismo se había adaptado de forma asombrosa, ahora poseía una eficiencia metabólica tal que, con una mínima cantidad de alimento, era capaz de recuperarse y nutrir la vida en su interior como si nada hubiera ocurrido. Ella había recuperado la necesidad de comer y de descansar, ella sabía que era momentáneo, pero sinceramente la hacia sentirse tan humana, que abrazaba su maternidad con tanto amor que no podía creer que recuperara un poco su humanidad. Tomó un trozo de pan que Picky Piggy le había preparado especialmente con el trigo de las primeras cosechas experimentales. Al morderlo, sintió cómo la energía regresaba a sus extremidades. Mientras masticaba con elegancia, observó a la gran sombra mecánica que la custodiaba desde la esquina. Ella sabía que lo tenía bajo su control, que había ganado esa guerra de voluntades, pero también entendía que el precio de esa victoria era cargar con la devoción absoluta y, a veces, asfixiante de un monstruo que no sabía amar de otra forma que no fuera poseyendo. —Mañana será un día largo —dijo Poppy tras tragar el bocado, suavizando un poco su tono. El Prototipo no emitió palabra alguna, indicando una relajación que solo Poppy era capaz de inducir, él se acercó a ella porque ahora ella, debía cumplir su otro rol como su pareja. Extendió una de sus garras alargadas hacia ella, no para apresarla, sino para guiarla con una delicadeza casi reverencial hacia la habitación principal del departamento. Al cruzar el umbral, el espacio revelaba la transformación que la deidad había orquestado para acomodar su compleja naturaleza compartida. La cama y destrozada, original de Poppy, pequeña y delicada, había desaparecido. En su lugar, el Prototipo había despojado otras áreas de la fábrica de colchones de alta densidad, ensamblándolos directamente sobre el suelo para crear una superficie vasta y uniforme. Esta "gran cama" en el piso era la única forma en que ambos podían descansar juntos, permitía que Poppy tuviera un nido de suavidad mientras el coloso se acomodaba a su lado sin el riesgo de colapsar una estructura de madera o metal con su peso abrumador. Poppy, exhausta por la carga de la jornada y las crecientes exigencias de su estado, buscó con ansia el refugio de los colchones. Con movimientos pausados y cargados de alivio, deshizo los cierres de su vestido blanco inmaculado, la seda se deslizó por sus hombros con un susurro sutil, cayendo al suelo en un montón de tela olvidada y revelando su desnudez ante la intensa mirada de su captor. La expansión de su vientre no era el único cambio evidente en su fisonomía de porcelana. Sus pechos, ahora más voluminosos y pesados en preparación para la lactancia, mostraban la transición biológica en sus areolas, que habían pasado de un rosa delicado a un tono marrón pálido y maduro. La hipersensibilidad de su piel y la presión del fluido vital que ya comenzaba a gestarse en su interior habían convertido cualquier prenda íntima en una tortura innecesaria, dejando que su cuerpo reclamara esa libertad natural para sanar y descansar de la rigidez de su papel como reina. El Prototipo soltó un siseo estático, una manifestación de desaprobación que hizo vibrar el aire. Su ojo capto la vulnerabilidad de la escena y, de inmediato, su instinto de propiedad se disparó. —Te has expuesto demasiado hoy —tronó su voz, distorsionada por un matiz de reproche—. Cualquiera podría haber visto. No permitas que esa desnudez sea vista por ojos que no sean los míos. Poppy soltó una risa queda, un sonido que denotaba una mezcla de cansancio y una pizca de travesura, mientras se acomodaba sobre la vasta superficie de los colchones. —No exageres—murmuró ella, girando la cabeza para encontrar el fulgor ámbar de su lente—Ya te lo he dicho, ya nada me queda. Mis bragas y brasieres se sienten como cadenas ahora que estoy más gordita por tu culpa —respondió ella con esa mezcla de honestidad y astucia que siempre lo desarmaba—. Además, ¿quién se atrevería a entrar aquí sabiendo que tú eres mi sombra? Al llegar al borde de la gran cama, Poppy se dejó caer sobre la suavidad de los colchones. Un gemido de placer genuino escapó de sus labios al sentir cómo la presión en su espalda y piernas se disipaba instantáneamente. Se estiró sobre las sábanas, acomodando su vientre con un suspiro de alivio total, sintiéndose finalmente cómoda tras horas de mantener la compostura de una reina ante la multitud. El Prototipo no emitió una sola sílaba de protesta ante la lógica de Poppy, pero el movimiento de sus articulaciones habló por él. Con una fluidez que desmentía su naturaleza, se acomodó en el vasto nido de colchones, permitiendo que su estructura arácnida se plegara de forma que no representara un peligro para la delicada piel de la diosa rojiza, que ahora descansaba a su lado. Sin dudarlo, extendió sus largas extremidades para rodearla, atrayéndola hacia su cuerpo. Como se había vuelto costumbre desde que el embarazo de Poppy comenzó a avanzar, el Prototipo la tomó entre sus brazos para acomodarla encima de él. Era una manía posesiva, un impulso de sujetarla y sentir el peso de su cuerpo y la vida que latía en su vientre, directamente sobre su estructura, realmente estaba muy orgulloso que en el primer intento ella quedara embarazada, pero al mismo tiempo estaba bastante frustrado porque ya no podía tener sexo desenfrenado sin ser ultramente delicado con ella. El dios estaba agonizando en ese modo, pero al menos estaba orgulloso de embarazar a su hembra y que cargara con su primer cachorro. Poppy, ahora libre de las ataduras de su vestido blanco, se dejó llevar por el movimiento, acomodando su pecho y su vientre prominente sobre el cuerpo del Prototipo, encontrando un extraño confort en su contacto. Al notar la docilidad del gigante, Poppy no pudo evitar que una sonrisa juguetona se dibujara en su rostro. Elevó una mano para acariciar la superficie fría y pulida del cráneo de Oliver, moviendo sus dedos con una ternura que parecía malo como si fuera una criatura doméstica en lugar del terror de la fábrica. —Mírate nada más... —se burló ella con una risa suave que resonó en la habitación—. El Salvador de la fábrica, el verdugo de científicos, un maldito narcisista reducido a un peluche gigante que no puede relajarse si no me tiene encima. ¿Quién lo diría? Te has vuelto tan apegado que pareces otro de mis seguidores, Prototipo. El Prototipo permaneció inmóvil ante la burla, aunque su ojo se dilato levemente al recibir el contacto de sus caricias. Su respuesta, como siempre en estos momentos de vulnerabilidad compartida, fue una sentencia seca que intentaba ocultar la dependencia que había desarrollado hacia ella. —Tu seguridad es la única prioridad absoluta. No confundas la optimización de mi custodia con... sentimentalismos innecesarios. —Respondió él, aunque el zumbido de sus motores internos se volvió un ronroneo profundo y relajado mientras se acomodaba mejor bajo el peso de Poppy. Poppy soltó una carcajada ligera, sintiendo cómo la tensión del largo día, los discursos y los planes de expansión hacia el exterior se desvanecían ante la calidez del momento. Siguió acariciando su cabeza, disfrutando de la ironía de tener al monstruo más temido de Playtime Co. bajo su total control emocional. Su amada maestra y amiga tenía razón, seguía siendo un hombre. Pero para Poppy no era suficiente, quería jugar un poco mas con sus palabras y tenerlo para ella, no iba a negarlo la muñequita también se había vuelto loca por él, tanto en aspectos positivos y negativos. No sabía si esto podía llamarlo un nuevo tipo de amor, pero sea que lo sea estaba por fin feliz y en paz. Poppy chasqueó los dedos al tener una nueva idea, una pequeña chispa de malicia juguetona encendiéndose en sus ojos azulados mientras una sonrisa traviesa se dibujaba en su rostro de porcelana. Sabía perfectamente cómo presionar los botones de aquel ser que, aunque compuesto de metal y piezas descartadas, latía con una conciencia humana distorsionada y hambrienta de afecto. —Prototipo —lo llamó ella con una dulzura casi empalagosa, rompiendo el silencio sepulcral de la habitación. Oliver no respondió con palabras. Había oscurecido su cuenca ocular, entrando en un estado de letargo mecánico para descansar, emitiendo únicamente un sonido gutural y profundo desde el fondo de su garganta. Era su forma de indicarle que, incluso en su descanso, aun podía escucharla. —Te amo... —pronunció Poppy en un susurro vibrante, con sus mejillas teñidas de un suave carmesí mientras se acomodaba mejor sobre su pecho. La reacción fue instantánea y violenta. El ojo del Prototipo se encendió de golpe, proyectando un haz de luz carmesí tan intenso que bañó las paredes del cuarto en un resplandor de sangre y, en un movimiento que desafiaba su masa, giró a Poppy sobre los colchones con una velocidad que le robó el aliento. En un parpadeo, él estaba encima de ella, sus garras de acero clavándose suavemente en las sábanas a cada lado de su cabeza, atrapándola en una jaula de metal y sombra. —¿Qué... qué fue lo que dijiste? —La voz del Prototipo vibró con una mezcla de incredulidad y una desesperación animal, su mente luchaba por asimilar aquella palabra que pensó que no escucharía hace décadas. Poppy, lejos de asustarse por la imponente figura que la presionaba contra la cama, soltó una carcajada cristalina, disfrutando del caos que había provocado en él. —¿Yo? No he dicho nada, Prototipo. Creo que alucinaste o algo—respondió ella, jugando con un mechón de su cabello rojizo mientras mantenía una expresión de fingida inocencia. —¡Mientes! —tronó el Prototipo, acercando su rostro al de ella, tan cerca que Poppy podía sentir el calor irradiando de sus circuitos—. Lo has pronunciado. Repítelo. Exijo que lo repitas. Poppy ensanchó su sonrisa, deleitándose en el poder que ejercía sobre el monstruo. Se estiró perezosamente, dejando que sus dedos recorrieran el borde de la mandíbula del cráneo de él antes de susurrarle al oído con un tono cargado de ironía. —Oh, vamos... No te pongas así. Después de todo, no deberías prestarle atención a "sentimentalismos innecesarios", ¿verdad? El Prototipo emitió un gruñido de rabia pura, un sonido que nació en lo más profundo de su laringe y recorrió sus pectorales, las cuales subían y bajaban con una respiración agitada y errática. Se sentía humillado y extrañamente excitado al mismo tiempo, Poppy estaba usando sus propias palabras cínicas como un arma blanca, hundiéndolas justo en la grieta de su armadura. Sabía que ella se estaba burlando de él, pero la necesidad de escuchar esa confesión de nuevo era una sed que nadie podía saciar y odiaba profundamente su puta inseguridad y sus problemas de abandono, que lo hacían sentirse como un perro faldero que necesitaba una migaja de amor. Era tan humillante y patético viniendo de él. —Eres una maldita zorra astuta... —siseó La deidad, su voz volviéndose una amenaza cargada de una necesidad posesiva que rozaba la locura. Sus garras se tensaron contra los colchones, atrapando la figura desnuda de Poppy bajo su sombra—. Sabes perfectamente lo que provocas. Acercó su rostro al de ella, tan cerca que el brillo carmesí de su ojo inundó las pupilas de la muñeca. Su voz bajó a un susurro quebrado, cargado de un resentimiento que llevaba guardado mucho tiempo. —No has pronunciado ese verbo dirigido a mí en décadas... —continuó él, y el nombre que soltó a continuación sonó como una maldición—, no desde que Elliot Ludwig seguía vivo, ¿Y ahora pretendes jugar con ello? ¿Ahora que finalmente te tengo donde quería? La mención de Elliot hizo que el aire en la habitación se volviera denso, un recordatorio de la humanidad que ambos habían perdido y de la retorcida evolución que los había llevado a ese lecho improvisado. Poppy mantuvo su sonrisa traviesa, aunque un destello de melancolía cruzó su mirada al recordar aquellos tiempos lejanos. Disfrutaba ver al "Salvador" tan vulnerable, tan necesitado de una validación que él mismo juraba despreciar, no iba a negar que extrañaba a su padre también y que jamás podría ver a su nieto, y eso la destrozaba. —Repítelo —exigió el Prototipo, su cuerpo la presiono un poco, pero sin lastimarla, tenía que cuidar su embarazo. —Dilo de nuevo. No me obligues a sacártelo por la fuerza. Poppy se limitó a enroscar sus brazos alrededor del cuello de Oliver, acercándolo aún más hacia ella, disfrutando del poder absoluto que ejercía sobre el monstruo que, a pesar de todo su poder, seguía encadenado a los fantasmas de su pasado humano. No permitió que la tensión se transformara en un conflicto amargo. En lugar de eso, soltó un suspiro suave y cálido que empañó por un instante el frío metal del rostro de su antiguo familiar y ahora su pareja. Con una facilidad que desarmó por completo la guardia defensiva del Prototipo, ella elevó su mano de porcelana y volvió a acariciar su mejilla con una ternura casi devocional, ignorando la presión de sus garras contra el colchón. —Te amo, Prototipo —repitió ella, esta vez con una claridad cristalina y una serenidad que cortó el aire—. Lo digo de verdad… Antes de que los procesadores del Prototipo pudieran formular una respuesta lógica o una nueva exigencia, Poppy se impulsó hacia arriba, rodeando su cuello con los brazos y acortando la distancia final. Lo besó. Fue un contacto que volvió a sacudir los cimientos de la conciencia de 1006, un choque entre la suavidad biológica de sus labios y la rigidez inerte de su estructura. Sin embargo, el beso no se quedó en un simple gesto de afecto. Poppy profundizó el contacto, incitando una respuesta que el Prototipo, en su hambre de siglos, no pudo reprimir. Casi por instinto, la lengua de Poppy buscó la suya en una invasión cálida y húmeda que obligó a Oliver a emitir un ronroneo. El Salvador, el arquitecto de la Hora de la Alegría, se encontró respondiendo con una ferocidad contenida, envolviendo la lengua de la muñeca con la suya en un intercambio desesperado, como si intentara absorber su esencia misma a través de ese único punto de contacto. Por un instante, olvido quien era, lo que era y volvió a ser un humano. Cuando finalmente ella se separó, apenas unos milímetros, Poppy mantuvo sus dedos enredados con una de las extremidades de su sombrero de bufón, observando cómo el ojo rojizo de Oliver brillaba con una intensidad errática, casi hipnótica. Él parecía estar procesando una sobrecarga de información sensorial que su mente no estaba procesando, siempre se mantenía a la defensiva y el trato cálido era difícil que lo desarmara, pero en esos instantes él no podía dejar de ver a Poppy. —Mejor deberías callarte ya —susurró ella contra su boca, su voz cargada de una autoridad dulce y seductora—. Deja de analizar cada palabra y simplemente disfruta de que te mime. No todos los días podríamos tener paz. El Prototipo no replicó, su cuerpo que minutos antes era una jaula de tensión y paranoia se hundió pesadamente a lado de ella rindiéndose ante el peso de la caricia y la confesión. Se acomodó entre sus brazos, dejando que su cabeza descansara en el hueco de su cuello, mientras el silencio de la habitación se llenaba únicamente con el sonido de la respiración rítmica de Poppy y ahora pacífico de su hogar. Con un movimiento lento, casi temeroso de romper la fragilidad del momento, su mano ascendió por el costado de Poppy, sintiendo la suavidad de su piel de la diosa hasta posarse con una firmeza protectora sobre la curvatura de su vientre. Allí, bajo la palma de metal y carne, latía el futuro, el cachorro que crecía como un trato, pero ahora, parecía que ese trato se había olvidado para llamarlo de otra forma. —Igualmente... te amo—murmuró Oliver con su voz original, sintiendo como el niño roto que tenía su corazón atrapado, por fin podía pronunciar aquellas bellas palabras, que siempre quiso dedicar a alguien, a quien sea que lo amara, pensó que con Elliot como un padre podía decirlo tan fácilmente, pero él lo lastimo y cuando llego Poppy, estos dejaron de decirse así, porque sabían que su amor de hermanos no funcionaria, no solo porque no compartían sangre, si no que Oliver no podía verla de esa manera, ni ella a él, pero ahora por fin podía ponerle nombre a lo que sentían y tenían, algo que por fin podría decir con una honestidad brutal que nunca le había concedido a nadie. Al escucharlo, Poppy soltó una risa suave, un sonido cristalino que se quebró a mitad de camino. No pudo evitarlo, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, humedeciendo su piel. Era un llanto de felicidad pura, mezclado con el alivio de quien finalmente suelta una carga milenaria. Nunca, en sus décadas de existencia, imaginó que aquella relación nacida del miedo paralizante, del odio mutuo y de una dependencia tóxica, mutaría en este refugio. Era un amor deforme, una conexión que no sabían expresar sin lastimarse en el intento, pero que, contra toda lógica, estaba funcionando. Se estaban reparando el uno al otro en la oscuridad. Habían decidido, en ese pacto silencioso de sábanas y sombras, dejar que los fantasmas de Elliot Ludwig y como los crio, como creo y las masacres del pasado se quedaran atrás, en los pasillos oxidados de Playtime Co., para empezar un camino donde ellos fueran los únicos arquitectos. El Prototipo, al sentir las vibraciones del llanto y la risa de Poppy, se hundió más en ella. La rodeó con sus extremidades, envolviéndola en un abrazo que era tanto una celda como un escudo, disfrutando del sonido de su emoción. Por primera vez, el humano interior del Prototipo no analizó la escena como una variable de control, sino como un propósito. Una risita suave, casi imperceptible y cargada de una ironía amarga pero dulce, escapó de su pecho metálico. Era absurdo, era imposible, y, sin embargo, era lo único real que les quedaba. Allí, en la penumbra de su santuario, los dioses se permitieron ser simplemente dos seres rotos intentando ser uno solo, mientras el latido doble en el vientre de Poppy marcaba el ritmo de su nueva y extraña eternidad. Definitivamente el amor podía reparar estas cosas rotas. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜Cometario de la escritora☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* Hola mis queridos lectores, para los que no me conocen me presento, soy Kiara Saori uwu una escritora de fanfics cuestionables jajaj XD. Con esto quiero darme a conocer dentro del fandom de Poppyx1006 o como unos le dicen Protodoll, Proppy, etc etc… Ademas de mostrarles mi manera de redactar mis fanfics, tal vez uno ya me conocían porque de hecho yo también estoy en el fandom de Catnap x Dogday y tengo un fanfic de ellos uwu, donde curiosamente el ship Prototipo x Poppy es una pareja secundaria jajaa. Pero ese es otro tema. Bueno espero que les haya gustado, ¿Qué les pareció este one-shot? Sinceramente no me he podido resistir y termine escribiendo todo este one-shot, y admito que ame hacerlo, tarde toda esta semana para poder terminarlo, tuve que pausar mi otro fanfic obsesión en el abismo, para poder terminar este. Pero por fin puedo publicarlo, para que ustedes mis lectores puedan disfrutarlo uwu, realmente amo esta pareja del Prototipo x Poppy, dios mio tienen tanto potencial que se puede explotar jeje y sinceramente voy a crear mas contenido de ellos, ¡Dios como los amo! Realmente tiene todo lo que me gusta de un ship XD Bueno quería decirles que de hecho esta historia si va a continuar y va a formar dentro de una saga que se llamara “Maldita seas…”, donde evidentemente seguiremos viendo la evolución de la relación del Prototipo y de Poppy, junto con su lindo bebe uwu. Claro solo se subirán los one-shots no serán fanfics como tal, por lo que planeo que solo sean 4, por ahora. Hasta nuevo aviso. En fin eso seria todo de mi parte, los estaré viendo después mis queridos lectores publicare aquí mismo la notica cuando se haga la continuación jeje o pueden entrar a mi espacio de noticias exclusivos de mis fanfics en general, donde también pueden enterarse de todos mis proyectos que hago uwu. La cual se llama “Espacio de Kiara”. Ahora si es todo, ¡Los amo!, cuídense mucho muack. ATT: Kiara.S
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