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Lo que comenzó como una idea que no llevaría a cabo jamás, se convirtió en algo rondando la mente de Yakov todo el tiempo. Y al final decidió ceder a la propuesta de Víctor. Así que ahora tenía a Nikko disgustado y Yuri resignado. Al empezar, como era de esperar, la química entre ambos chicos era nula. Y usar el amor como concepto seguramente era un error o al menos ellos lo sentían como una mala broma. — Me has pisado. — Se quejó Yuri. — Eres demasiado lento. — Replicó Nikko. Entre piruetas y saltos parecía que solo iban a conseguir odiarse más. — ¿Es que no puedes hacer nada bien? — Bramó Yuri perdiendo la paciencia que nunca tuvo. Nikko lo giró en un movimiento brusco que debía ser sensual, pero que quedó rígido. — Deberías cerrar la boca. — Dijo Nikko empujando a Yuri lejos de él. El entrenamiento había terminado sin ningún resultado óptimo. Víctor los observaba desde las gradas con una sonrisa. Puede que el entrenamiento fuera un fracaso, pero Víctor veía potencial en ellos, si dejaban de querer matarse entre ellos, claro. — Os quedaréis hasta el cierre o hasta que aprendáis a toleraros. — Dijo Yakov. Una orden clara, aún no habría descanso para ellos.***
La pista estaba vacía. Yuri y Nikko seguían practicando, aunque no daban ningún paso hacia adelante, solo discutían y la tensión entre ellos crecía. Incluso Yakov se fue, dejándolos solos con la premisa clara: debían llevarse bien antes de que acabara el día. ¿Cómo se suponía que harían eso? La irritación podía notarse en los ojos de Yuri. Nikko ni siquiera lo miraba, concentrado en sí mismo y en ser técnicamente correcto y fracasando en el intento por tropezar con Yuri. Nikko se apartó el pelo rubio que le tapaba los ojos en un movimiento cansado. Había algo que Nikko no soportaba de Yuri, no sabía qué era exactamente, pero podía estar seguro de que no podría llevarse bien con él. Porque esa mirada, esa sonrisa que pocas veces se asoma, sus movimientos fluidos y calculados, la belleza que representaba. Todo eso le causaba repulsión, incluso siendo él mismo igual. Tal vez era ver que la competencia era mejor que él, que incluso en el mismo equipo había competidores que lo superarían. O quizá había algo más profundo. Quizá no quería aceptar que admiraba a Yuri Plisetsky. Porque hacerlo sería condenarse como alguien débil, porque no podía permitirse ser peor, ser mediocre. Y entonces tropezó. La mente de Nikko se quedó en blanco mientras caía al hielo. No se levantó de inmediato y Yuri pudo notar algo en los ojos grises que le llamó la atención: esa vulnerabilidad que no había visto antes. Yuri ofreció su mano para que Nikko se levantara, pero este se negó a aceptar. Yuri lo levantó igualmente, ya demasiado irritado por la actitud de su compañero. — ¡A mí tampoco me gusta esto, pero si quieres ganar, si quieres ser alguien, no puedes simplemente comportarte como un idiota! — Exclamó Yuri agarrando a Nikko de las costuras de su ropa. — No caeré contigo, tenlo claro, si quieres ser un niño malcriado, vale, pero no me arrastres contigo. ¿Qué es lo que necesitas para entender? — añadió aún sin soltarlo. La mente de Nikko hizo “clic”, como si algo se activara, como si algo muy dentro de él se removiera y cobrara vida retorciéndose en sus entrañas. Se mordió el labio sin saber qué decir, por un momento se sintió nervioso y por primera vez fue consciente de la cercanía. — Si no te gusta, vete. — Contestó a la defensiva. Yuri chasqueó la lengua controlándose a sí mismo para no perder los estribos. — No funciona así, Yakov me asignó contigo y es lo que hay. — Dijo. Nikko suspiró frustrado. Sabía que tenía que cambiar su actitud, que tenía que cambiar, pero admitirlo no era tan fácil. Su mirada se endureció por un momento, Yuri permanecía cerca de él, aún sujetándolo. Y lo que más fastidiaba a Nikko era que esa cercanía no le molestaba, que una parte de él quería más. El silencio se volvió pesado entre ambos. Finalmente, Yuri soltó a Nikko y se movió con la intención de alejarse. — Espera… — Murmuró Nikko sujetando el brazo de Yuri. — ¿Ahora qué? — Preguntó Yuri mirándolo de reojo. — Puedo hacer que funcione. Al menos lo intentaré. — Dijo Nikko aunque aún se notaba su conflicto interno. Yuri sonrió apenas. Esto no aseguraba que funcionara, pero les traía una tregua o algo así.***
Los siguientes entrenamientos fueron mejores, pero era claro que aún les quedaba por pulir la química entre ellos, incluso si no se soportaban tenían que fingir que sí y hacerlo creíble. Se quedaban horas extras practicando. Probablemente no estaban listos para ninguna competición aún y estaban corriendo contrarreloj. Fue en una de esas noches entrenando hasta el cierre de la pista en que algo cambió. Lograron completar el programa sin caerse, tropezarse ni insultarse, consiguieron ser técnicamente correctos hasta el final. Aun no era el resultado deseado, pero estaban en el camino. Nikko se tiró sobre la pista, exhausto. — Lo logramos. — Dijo. — Aún queda mucho por delante. — Dijo Yuri. Por un momento Yuri observó a Nikko de una manera diferente a otras. Comenzó a sentir que no era tan malo tenerlo en su vida, a sentir que le gustaba tenerlo cerca. Le ofreció una mano para ayudar a Nikko a levantarse, esta vez el contrario aceptó. Nikko se levantó de un salto y Yuri lo agarró de la cintura de forma instintiva al sentir que perdía el equilibrio. Sus caras quedaron a centímetros. Por un momento Nikko tragó saliva sintiendo cosas que nunca había sentido antes o que no había dado importancia antes, pero ahora no podía solo ignorarlo. Yuri se acercó más casi por instinto. Se miraron a los ojos buscando un consentimiento implícito y Yuri se dejó llevar juntando sus labios con los contrarios. Nikko se sorprendió a sí mismo correspondiendo como si lo hubiera deseado siempre. El beso comenzó tímido, pero pronto escaló a algo más voraz. Yuri se dejó llevar por el sentimiento que lo invadía y que nunca había explorado. Ahora se encontraba besando al chico más insoportable que conocía y también el más guapo. Y besaba tan bien.***
A partir de ese momento, la química entre ambos chicos cambió notablemente. Comenzaron a ser más cercanos, a tener una actitud más cómplice entre ellos, como si algo hubiera cambiado y realmente era así. El roce de manos que creían discreto y no lo era en lo absoluto, las sonrisas, las miradas que solo ellos dos entendían. Y sobre todo la capacidad de hacer el programa demostrando deseo y amor. Ahora Yakov sí veía posibilidades de que llegaran a podio en la siguiente competición.