Capítulo III: Notas Fuera De Tono
7 de abril de 2026, 1:17
El Distrito 7 de París olía a ozono y polvo, los edificios fueron desmoronados bajo una fuerza implacable, era una zona de guerra que vibraba bajo un zumbido metálico.
En el centro de una plaza devastada se erguía una figura femenina, de una belleza aterradora y alienígena. Flotaba a tres metros del suelo, su piel estaba completamente cubierta por escamas que, en ese momento, palpitaban con un brillo dorado cegador. A medida que la batalla avanzaba, el tejido orgánico de su propia piel se volvía denso, transformando su cuerpo en una coraza impenetrable.
_ ¡Cuidado! _ Gritó Kuki, impulsándose con su bastón para esquivar un latigazo sónico.
El cabello de la Égaré, una trenza masiva que funcionaba como un apéndice independiente, golpeó el suelo donde Kuki se encontraba hace un segundo. El impacto pulverizó el concreto, dejando un surco profundo que irradiaba calor.
Hûrío estaba agazapado tras los restos de una patrulla volcada, analizando por el retrovisor el patrón de brillo de las escamas.
_ Se está sobrecalentado _ Informó por el intercomunicador, si voz era tensa _ Cada vez que levita a esa altura, las escamas de su espalda baja pierden densidad para permitir el flujo de energía ¡Necesitamos que baje! _
_ Es inútil intentar un derribo frontal _ Respondió la voz gélida de Sheng Chong desde la cornisa de un edificio cercano. La líder se mantenía analizando el caos con una calma gélida mientras jugueteaba con el borde de su yoyo _ Es una lastima que Wizhū no esté con nosotros hoy. Los She-She son su tipo de Égaré _
_ Prioridades, señorita _ Intervino Chasseur de Ciel, apareciendo entre las sombras, se mantuvo al lado de Sheng Chong observando como Kuki y Hûrío manteniendo distraída a la Égaré _ Nosotros podemos encargarnos de esta ‘perla’ _
Sheng Chong se estremeció involuntariamente, miró a Chasseur de Ciel a la vez que la She-She soltó un alarido gutural, un sonido que no poseía cuerdas vocales humanas y su cuerpo brilló con intensidad. En un simple movimiento de su brazo, levantó un bloque de piedra de media toneladas y lo lanzó hacia la posición de Hûrío.
Aún así, Sheng Chong no apartó sus ojos del rostro de Chasseur de Ciel _ Te ordeno que cambies esa manera de hablar _ Sus palabras cayeron como una losa, fue más contundente que el caos de la calle. Chasseur inclinó la cabeza _ ¡Ahora! _ Ordenó Sheng Chong, saltando al vacío junto a su compañero.
Kuki utiliza su bastón para impulsarse por encima del rango del látigo de la She-She. En el aire invoca su poder, el Uproar se manifestó como una banana de felpa. Kuki lanzó el objeto directo a la cara de la She-She.
La Égare atrapó el juguete con su trenza y lo pulverizó en el aire, pero el objeto ya había cumplido con su deber. Las escamas de la She-She volvieron a brillar, está vez con un rebote extraño. Comenzó a moverse erráticamente danzando en un meneo descoordinado hasta desplomarse en la dirección de Kuki.
El mono esquivo en el último segundo, apareciendo sobre un semáforo de entre el polvo _ Yo no juego tus juegos, solo los míos _ Se burló con una mano en su pecho.
La cola y la trenza de la Égaré golpearon con desenfreno su alrededor. Paredes, columnas y pisos de concreto cedían ante su descontrol. El humo cubría su cuerpo, pero el brillo dorado que irradiaban sus escamas se filtraba entre el polvo.
Hûrío apareció como un fantasma de entre el polvo, su puño brillando con el poder del tigre activo. La She-She solo pudo vislumbrar la pulsante energía antes de ser impactada en la cara. Su cuerpo se curvó de una forma antinatural hasta para una serpiente, volando sobre la calle hasta que una cuerda delgada rodeó su cintura.
Sheng Chong apareció por encima de la cabeza del Égaré y con una fuerza descomunal, hizo un giro completo con la She-She atada a su yoyo. El impulso fue mayor, en un instante atravesaron su espalda baja. Chasseur de Ciel, con su espada en alto, bañándose de carmín, sintió el núcleo de la She-She ser destruido. Como si fuera un artículo defectuoso, se alejó y el cuerpo del Égaré pulverizó los escombros bajo suyo.
Sheng Chong cayó a pocos metros de la Égaré y Chasseur de Ciel más atrás. Se quitó la bufando roja con puntos negros que tenía alrededor del cuello, un Miraculous Sheng Chong que nunca tuvo la necesidad de usar, claro, más allá de reparar el daño.
La marea de Mariquitas rojas y negras danzó como olas a través de las calles del distrito 7. El pavimento, los edificios siendo restaurados a su estado original. Esa zona de París volvió a recuperar ese aire romántico que la caracterizaba. Sin embargo no todo fue reparado.
La figura bípeda quedó lánguida sobre el polvo. Sus escamas se contraen con un movimiento doloroso perforando la piel debajo y manchando las escamas doradas de rojo. Un chorro de sangre, más profundo, descendía de su abdomen.
La She-She miró a la líder con ojos opacos, repletos de miedo. Sheng Chong se agachó a su lado, colocó una mano sobre su pecho desnudo, sintiendo como las respiraciones de la criatura eran más pausadas. La miró, en sus ojos había escrito todo lo no se atrevía a decir, una disculpa.
_ Si, hubiera sido mejor que Wizhū estuviera aquí _ Murmuró la catarina con un conflicto silencioso brillando en sus ojos rojos.
Chasseur de Ciel se acercó a paso lento, el Cataclismo activado en su en su mano izquierda. Se arrodilló al lado de su líder, su cabeza hizo una reverencia antes de tocar con el Cataclismo el hombro de la She-She.
Los ojos de la Égaré se abrieron con espanto. Su cuerpo fue cubierto por la energía destructiva, pero en ningún momento dejó de temer o apartar su mirada del hombre.
Todos se quedan inmóviles. Una muestra de respeto ante las cenizas del Cataclismo que Chasseur acababa de dejar en el pavimento restaurado. Kuki y Hûrío permanecen más atrás temiendo invadir el réquiem que habían formado sus líderes.
Finalmente, Sheng Chong rompió la formación con un movimiento de cabeza imperceptible. Sin decir una palabra se irguió lanzando su yoyo hacia la cornisa más cercana.
_ Misión cumplida _ Comentó Kuki, rompiendo el hielo cuando llegó junto a su líder. Sus saltos eran ágiles como los de un felino sobre las cornisas. Su tono buscaba desesperadamente recuperar la ligereza del grupo _ Cero heridos en el equipo. Cero bajas civiles. Un día redondo, si me lo preguntan _
Hûrío que iba a un par de metros detrás, soltó un bufido.
_ Eso pasó porque ya sabemos cómo se mueven esas cosas _ Replicó con brusquedad _ Sabemos que los She-She se sobrecalientan rápido, y los lugares habituales de sus núcleos. No fue suerte, fue rutina. Ya sabemos cómo lidiar con ese tipo de Égaré y con los demás. No veo nada de redondo _
_ ¡Chibi! No menosprecies nuestros méritos _ Se quejó Kuki, haciendo una pirueta innecesaria en el aire para remarcar su punto _ Podrías haber fallado tú golpe, Ciel pudo haber fallado la estocada, hasta Nenett pudo fallar su giro. Estuvimos impecables _
Chasseur de Ciel que cerraba la retaguardia intervino con voz profunda.
_ Reconocer que una pelea que hace seis meses casi nos cuesta la vida, y ahora poder salir sin un solo rasguño es suficiente mérito, Oni _
_ ¿Cómo que demonio? Pensé que ya no me llamarías así _ Se escandaliza Kuki, pero fue ignorado.
_ Hemos crecido. Pero lo que dice el príncipe es verdad. Nuestra familiaridad con los monstruos es la mayor arma _
_ Solo lo apoyas por lealtad Lenoir _ Susurro Kuki, sus palabras cayeron en los oídos de Hûrío.
_ ¡Qué no… _
Los tres chicos continuaron discutiendo en voz baja, una mezcla de adrenalina y alivio, mientras la silueta de la mansión comenzaba a recortarse por el horizonte. La imponente figura clásica oriental estaba apartada, estratégicamente dividida de las demás estructuras ostentosas de la zona.
Sheng Chong que lideraba al equipo con una calma solemne, desvío su mirada un instante, sus labios se curvaron en una casta sonrisa. Vio a varias figuras recorrer los jardines de una de las casas vecinas.
_ Lou _ Dijo ella, su voz cortando el parloteo de los demás cuando comenzaron a cruzar uno de los ventanales del segundo piso de su mansión _ Creo que muy pronto recibiremos la visita del compañero de Plagg _
En el preciso instante que sus pies tocaron el suelo alfombrado de la mansión, el destello multicolor de la magia los envolvió. Cuatro jóvenes, tranquilos, no tan frescos como una lechuga aparecieron en el pasillo.
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El silencio en el salón era tan pesado que Luka podía escuchar el latido de su propio corazón, un ritmo que no lograba armonizar con nada en esa casa. Estaba sentado en un sofá de terciopelo oscuro, tan vasto que lo hacía sentir como una mota de polvo.
Tenía las piernas abiertas y el cuerpo encorvado sobre ellas, estaba agotado. Su barbilla reposaba pesadamente sobre la palma de su mano, mientras la otra colgaba perezosa sobre su rodilla. En sus dedos sostenía una galleta de coco, olvidada.
Abajo, entre sus piernas, Porco se mantenía como su única compañía entre ese salón de sombras. El pequeño pomerania lamía la galleta con devoción rítmica, ajeno a la crisis existencial de su cuidador temporal. Luka sentía la lengua tibia del animal contra su dedo, pero ni siquiera eso lograba sacarlo del estupor.
Sus ojos perdidos en el vacío intentaron una vez más descifrar el simbolismo en la mansión. Había patrones geométricos que se repetían por todas las habitaciones, tallados que sugerían historia, hasta la disposición de los muebles parecía pensada para una defensa táctica. Cada centímetro que recorría le provocaba dolor de cabeza; sentía que todo el conocimiento estaba ahí, pero no era capaz de atar ni un cabo. La frustración lo consumía, royéndole los nervios como un veneno silencioso.
¿Qué es este lugar?
Se preguntó por enésima vez; repasando mentalmente los fragmentos de información que sabía. La orden de los guardianes estaba nuevamente reducida a unos pocos, había monstruos llamados Égaré resultado de un experimento humano fallido, y una Marinette con más que un pasado diferente, un apellido que simbolizaba mucho más de lo que podía ver en este mundo y un corazón de hielo.
Las preguntas se multiplicaban como fractales ¿Dónde estaba su familia? ¿Qué pasaba con el Adrien de este mundo? ¿Por qué la magia aquí se sentía tan… muerta?
Miró el plato. Li Xue apareció hace una hora para dejar las galletas, no lo observó ni saludo, solo le había dedicado una inclinación de cabeza perfecta y mecánica que a Luka le dio un escalofrío.
_ Solo somos tú y yo ¿Verdad, Porco? _ Susurro Luka _ Al menos tú no tienes secretos _
El perro volvió a ladrar, agitando su cola blanca, pero Luka volvió a quedar inmóvil. Un zumbido se escuchó desde el piso de arriba. A Luka le resultó familiar, como si el aire fuera cortado varias veces.
Luka se puso de pie de un salto, dejando la galleta de coco caer al suelo para deleite de Porco. Su cuerpo se lanzó por la gran escalera, caminando por los peldaños de dos en dos, con el corazón martillando contra sus costillas. Necesitaba saber qué pasaba con esa distorsión, fue como un acorde tosco, sucio entre el silencio.
Al llegar al vacío del segundo piso, se detuvo en seco. Al final del pasillo bajo la luz tenue, los ‘justicieros’, ahora de vuelta en su ropa civil, se agrupaban lconversando de forma relajada.
_ Hay que admitir que su poder facilita mucho el trabajo… _ Escuchó decir a Louis.
Toshiro asintió jugueteando con sus dedos, aunque su expresión era una extrañamente sería _ Pero ya sabes, ese Miraculous es suyo y no le gusta que lo usen para nada… ¿Malo? _ Su tono fue dubitativo casi como si estuviera tratando en comprender lo que decía.
Liam soltó una carcajada seca, apoyando la espalda en la pared de madera. Sus manos estaban en sus bolsillos _ Si no quería que su Miraculous fuera usado para fines ‘malignos' ¿Por qué aceptó el prodigio de la destrucción? Es una contradicción andante. Nadie porta la entropía para ir repartiendo flores por el mundo _
El comentario de Liam causó un vacío inmediato. Ninguno de los tres respondió, pero, como si estuvieran sincronizados, giraron la cabeza hacia Marinette.
Ella estaba más apartada, de espaldas, mirando un cuadro en la pared. Al sentir las miradas en su nuca se encogió de hombros con una indiferencia que ya resultaba cotidiana.
_ Quería ayudar y la situación no era la mejor _ Respondió con una voz suave, como si estuviera rememorando un recuerdo _ Lo bueno fue que él consiguió a un compañero inigualable, y Plagg ahora tiene un portador amigable. Ambos se combinan perfectamente _
Fue en ese preciso instante que Marinette completó su giro y sus ojos chocaron con los de Luka.
El efecto fue inmediato. La conversación murió como si hubiera sido cortada por un cuchillo. Louis se enderezó, Liam se separó de la pared y Toshiro agitó las manos mientras volvía a su actitud risueña.
El silencio fue asfixiante. Las preguntas pasaban por la mente de Luka con rapidez, las palabras que acababa de escuchar se repetían como un disco rayado, no podía procesarlas. Y lo más importante, quería preguntar quién era ‘el’.
Los ‘justicieros’ pasaron a un lado suyo, como si su presencia no importará, menos Toshiro que lo saludo e igualmente siguió su camino y Marinette que lo quedó mirando.
Luka abrió la boca para hablar, aunque no sabía ni siquiera que iba a decir; cuando se escuchó el grito de Toshiro desde las escaleras.
El chico estaba tirado sobre las escaleras, los brazos y piernas desparramados en una posición dolorosa. Porco, que estaba en el tercer escalón se subió a la espalda de su dueño usándola como rampa para bajar. Su colita blanca se movió rítmicamente cuando llegó al contorsionado rostro de su amo. El cachorro gimió antes de lamer la mejilla de Toshiro.
Liam y Louis se quedaron a mitad de las escaleras, quietos, con una ceja alzada observando la extraña interacción. Luka estaba igual de consternado, con una mueca extraña en el rostro.
_ Mañana comenzarás a entrenar con nosotros _ Dijo Marinette con voz solemne, fue repentino, no pregunto. Miró más allá de la espalda de Luka y continuo _ Tú habitación estará en el área este de este piso, los chicos te guiarán a ella en la noche _
Y no dijo más nada antes de descender, palmeó el hombro de su ‘hermano’ antes de desaparecer por una entrada.
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Luka se dejó caer sobre el colchón; era mullida, cálida y con un aroma a sándalo que flotó en el aire. A pesar de la suavidad de las sabanas de seda su cuerpo se sintió como la cuerda de un violín tensada hasta el punto de ruptura. Tenía la mirada fija en el techo, tratando de centrarse en su respiración rítmica.
Finalmente el silencio absoluto de la habitación se volvió insoportable. Se levantó de un golpe, comenzó a dar vueltas erráticas por el cuarto, como un animal enjaulado. Buscaba una salida, pero no física. El lugar se encontraba cargado de una energía pesada. Sin su guitarra para canalizar el ruido del mundo. Sin la voz de su madre o las risas familiares del Liberty. Luka se sentía asfixiado. Intentó tararear pero la melodía murió en su garganta, lo hizo sentir atragantado.
En un arrebato desesperado se lanzó sobre una cómoda antigua, abrió los cajones, rebusco entre la tela, espacios vacíos hasta que sus dedos rozaron algo sólido. Sus manos temblaron al levantar lentamente un cuaderno de tapa dura. En el fondo del mismo cajón había un lápiz, olvidado y a medio uso.
La acción fue inmediata, casi violenta en su necesidad. Se arrastró hacia el alféizar de la ventana, un lugar que le pareció lo suficientemente cómodo en la habitación para descargar el veneno que lo consumía.
Las palabras fluyeron con urgencia. París, pero no mi París. Héroes, pero ejecutores. Marinette Kai-Shek. Égaré. Destrucción. Trazo tras trazo formaron una diagrama de las diferencias de este lugar con su hogar. Intentó dar orden al caos… fallo horriblemente. No tenía con quién hablar. Sin instrumentos, sin música, el papel se volvió su único medio para gritar.
Luka no se dió cuenta del tiempo, cuando el negro azulado del cielo paso a un gris opaco y luego a un ámbar frío. El sol se elevó sobre este nuevo París e iluminó la habitación. Tenía los dedos llenos de gráfico, los ojos rojos cuando un golpe seco en la puerta lo devolvió al presente.
Fue a abrir, sin notar que su sombra nunca había sido tocada por el sol. Desapareció.
Se encontró con Liam. El chico tenía las manos hundidas en los bolsillos de su chaqueta, y una expresión de aburrimiento que no ocultaba del todo su hostilidad. Escaneo a Luka, su mirada se detuvo un segundo de más en su cabello desaliñado y el cuaderno que apretaba contra su pecho.
_ Vaya cara de muerto _ Comento Liam sin una pizca de empatía _ El Maestro dice que es hora de desayunar. Apresúrate, no me gusta esperar _
Luka asintió en silencio, guardando el cuaderno en el mismo cajón antes de seguir al tigre.
Sus pasos se sentían pesados, no tanto por el cansancio, sino por el ambiente. Luka avanzaba junto a los chicos en un tenso silencio. Louis y Liam estaban preparados para el día, vestidos con sus trajes y peinados impecables. Toshiro y Luka desentonaban el porte elegante que ellos creaban; iban con el cabello enmarañado, ropa arrugada y ojeras marcadas.
Toshiro de repente metió una mano en el bolsillo de su bata afelpada para dormir. Porco apareció con una exhalación cansada, el cachorro abrió su boca con pereza.
_ Recuerda Porco, cansados y gorditos _
Fue extraño, una frase desentonante, dicha con más sueño que lucidez, cambió por completo la atmósfera. Liam bufo, aunque sin fuerza y conteniendo una risa, Louis meneó la cabeza con ritmo. Luka, con el poco tiempo, había aprendido que Toshiro tenía una habilidad única para aligerar las tensiones y conflictos, parecía ser la brisa fresca entre todo ese palacio de hielo.
Pero la armonía duró poco.
Al acercarse a las escaleras, un murmullo de voces ascendió desde el salón principal. Una de ellas golpeó a Luka como una descarga eléctrica. Era una nota que había escuchado infinidad de veces, pero que en este mundo no pudo apreciar ni una mota hasta ese momento.
Antes de que Luka pudiera formular el nombre en su cabeza, Liam reaccionó. Su cuerpo se tenso como un resorte. Sin mediar palabra, el chico se lanzó hacia adelante, apoyó una mano en la barandilla de madera tallada y, con una agilidad animal, salgo por encima de ella, cayendo hacia el vacío del primer piso.
_ ¡Liam! _ Gritó Louis pero ya era tarde.
Luka corrió junto a Louis y Toshiro, asomándose al relleno justo cuando un estruendo amortiguado resonó en la instancia. Liam no había aterrizado sobre el suelo, había caído directamente sobre la mesa de vidrio. Se puso de pie sobre los restos que aún resistían, con los puños apretados y el cuerpo tenso, rugió.
_ … ¡¿Qué haces con mi hermana?! _
En el instante que el grito terminó de vibrar, el resto de la mesa cedió bajo su peso. El vidrio terminó de quebrarse con un sonido cristalino, dejando a Liam con los pies en el suelo. Liam tenía fragmentos de vidrio bajo sus botas y entre el cuero, pero no sé inmutó; su fiera mirada estaba clavada, con un odio visceral, sobre el rostro incómodo de Adrien Agreste.