Paciente 02
22 de diciembre de 2025, 18:53
Inglaterra, 1947.
Al sur de Dartmoor, un auto se acercaba a Mirror Hill, una reconocida institución mental se encontraba entre árboles y montañas tan grandes que te perdías sino sabías cómo llegar.
Max observó el paisaje a través de la ventana del vehículo. El día era nublado y el frío hacía que la rama de los árboles hicieran una danza extraña.
Una sensación rara inundó el cuerpo del doctor. La lejanía del instituto hacía cualquier pueblo o ciudad, hacia que todo fuera un poco más hostil. Tenebroso.
Puesto que el único pueblo se encontraba a una hora en auto. Y si necesitaba algún tipo de ayuda, sería muy difícil que llegaran a tiempo.
Cuando finalmente estaban frente a la puerta, el conductor bajó y le permitió salir.
—Ya está aquí—dijo otro doctor llegando hasta él, mientras que unos enfermeros lo ayudaban a bajar sus maletas—Me presento, soy el doctor Horner, encargado del ala psiquiátrica.
El mayor extendió su mano para saludarlo y Max correspondió al instante.
—Un gusto, soy...—Comenzó el rubio pero fue interrumpido.
—Sé perfectamente quién eres—Habló el doctor Horner— Tu estilo de trabajo es algo que me tiene intrigado. Entiendo que eres muy bueno controlando a los pacientes, eso será de mucha ayuda con los residentes de Mirror Hill.
Sin decir más palabra ambos hombres entraron al lugar.
El doctor Horner rápidamente le explicó cómo funcionaban las cosas en Mirror Hill.
No era muy complicado. Habían tiempos marcados para cada actividad del día y tenían que respetarse.
Le advirtió que habrían algunos pacientes que respondía físicamente a sus delirios. Pues muchos de estos estaban en un estado de negación constante.
También le sugirió que si se sentía agobiado, podría hablar con él cuando lo necesitara.
pero si debía tener algo en claro es que lo importante era escuchar al paciente de esa forma evitarían cualquier tipo de reacción agresiva en su contra
Ya que habían sesiones de terapia grupales y muchas veces los pacientes se interrumpían o comenzaban a imitarse entre ellos.
Así que lo mejor era mantener la calma y no reaccionar perdiendo la paciencia.
Max aceptó todo esto y pidió ser llevado al ala inmediatamente para poder conocer de vista a sus pacientes.
Mirror Hill no era como él se lo había imaginado. Si bien era una institución mucho mejor que la anterior en la que había trabajado, no cabía duda de que era un lugar sumamente descuidado.
Habían escaleras gemelas que llevaban a la segunda planta, donde algunos enfermeros cuidaban que los pacientes no hicieran alguna tontería.
los pisos eran de una madera reseca y algo dañada. Las paredes tenían un poco de moho y estaban algo manchadas de un material que no pudo reconocer.
El ambiente era sin duda sombrío. Por las ventanas entraba una luz tenue, que no ayudaba con el especto frívolo de lugar.
Sí, Mirror Hill podrá ser un instituto más grande que su anterior trabajo. Pero eso solo implicaba más responsabilidades.
—¿Dónde están mis cosas? —Pregunto Max cuando entraron al área de descanso en psiquiatría— Necesito mi libreta y un lápiz. Debo tomar notas sobre mis pacientes.
—En un momento haré que te traigan lo que necesites— Respondió el doctor Horner mientras cerraba la puerta detrás de él —Pero, de mientras, puedes intentar hablar con ellos para que te reconozcan.
El rubio asintió mientras se acercaba al centro de la habitación. El doctor Horner se retiró y Max lo vio irse.
Tenía que ser cuidadoso, pues había sido alertado de pacientes agresivos.
Era un grupo de al menos 10 personas, aunque sabía que tal vez no eran todos.
Había un hombre meciéndose de atrás para adelante, mientras abrazaba sus piernas y susurraba algo inaudible.
Observó a una mujer haciendo dibujos al aire para después darse pequeños golpes en la cabeza.
Y luego a una chica sentada en una esquina con la mirada perdida.
Max se compadecía de todos ellos, pero, de cierta forma, no podía evitar sentir algo de asco al ver el estado físico de esas personas.
Lucían sucios, descuidados y de aspecto nauseabundo.
Pero había alguien que distaba de todos ellos.
Lo vio sentado en una silla frente a una mesa, que tenía una tabla de ajedrez. El joven no parecía ser un paciente.
Max se acercó pensando que tal vez se trataba de algún enfermero que se encontraba vigilando a los demás en la habitación.
Cuando el joven sintió la cercanía del hombre, se giró para verlo y le sonrió amablemente.
El doctor se detuvo en seco. La cálida sonrisa del joven le generó un sentimiento de nostalgia e intriga.
Pero cuando Max estaba a punto de decir algo, la puerta volvió a abrirse llamando a la atención de todos.
—¿Doctor Verstappen?—Pregunto un joven enfermero mientras entraba al lugar y el rubio se dirigió a él rápidamente —Aquí están sus cosas.
Max tomo la libreta y el lápiz, sonriendo con agradecimiento.
—Mi nombre es George, si necesita cualquier cosa me lo puede decir—Ofreció el enfermero y Max asintió—Si me permite darle un consejo, Mary Hayes es la paciente más fácil con quién lidiar.
El enfermo le hizo una señal con la cabeza para darle a entender de quién se trataba.
—Gracias—Respondió Max y George se retiró del lugar.
Cuando el doctor se acercó a la señora Hayes, lo hizo de manera cuidadosa pues no quería asustarla.
La mujer no dejaba de mover sus muñecas en el aire y pronto Max se dio cuenta de que estaba fingiendo pintar.
Y aunque quería concentrarse completamente en su paciente, no podía despejar su vista del joven junto a la mesa de ajedrez.
En ese momento, como si alguien le hubiera dado aviso, el muchacho se giró para verlo y Max desvío la mirada.
—Señora Hayes, mi nombre es Max, soy su nuevo Doctor—Se presentó el rubio luchando por no volver a ver al joven—¿Podría explicarme qué está haciendo?
La mujer balbuceó algunas cuantas palabras y Max siguió haciéndole preguntas hasta poder hilar una frase.
Todo parecía indicar que la señora Hayes había sido una exitosa pintora, pero que algo había desatado ese comportamiento extraño.
Fue entonces que Max le pidió que pintara algo para él y que intentaría hacer lo mismo para ella.
De esta forma podría saber qué era lo que tanto quería plasmar en papel. Aquello que la señora Hayes no podía decir con palabras.
Una vez que perdió el interés de la señora Hayes, Max no pudo evitar caminar de nuevo hacia aquel joven.
—¿Te he visto en algún lado? — El doctor tenía la sensación de que ese joven poseía una cara conocida.
El muchacho sonrió y negó con la cabeza.
—He pasado los últimos 5 años aquí—Comenzó el pelinegro—No podría olvidar un rostro como el suyo.
Max no sabía cómo tomar esas palabras. Pero la intriga incrementó en él.
—¿Por qué luces...?— El doctor no pudo continuar hablando, pues el joven tomó su mano y le sonrió.
—¿Quiere jugar conmigo?—La pregunta del peli negro lo desconcertó, sin embargo, tomó asiento frente a él—Sé que luzco diferente a los demás. Quizá se deba a que yo no debería estar aquí.
El joven hizo el primer movimiento en la tabla. Manteniendo un semblante tranquilo y despreocupado.
—¿Quién eres?—preguntó Max— ¿Y por qué dices eso?
—Es su turno de mover las piezas—respondió el joven sin dejar de ver la tabla —Sergio, mi nombre es Sergio, pero nadie me llama así.
Max movio una pieza, sin importarle si le daba ventaja o no en la partida.
—¿Y como te llaman?—Pregunto Max, sumamente interesado en él.
—El paciente 02—Respondió Sergio mientras movía una pieza—Aunque todo el tiempo soy ignorado por los demás.
—Ciertamente no solo luces, sino que hablas diferente al resto—Señaló Max mientras movía otra pieza.
Sergio sonrió ante esa respuesta, finalmente alguien veía eso en él.
—Le he dicho que yo no debería estar aquí— Respondió el pelinegro moviendo una última pieza—Jaque mate.
Entonces el joven se levantó de su asiento y caminó hacia una puerta que se dirigía al pasillo.
Max no dudó en levantarse y caminar detrás de él, pero no pudo alcanzarlo.
—Doctor Verstappen—Dijo el enfermero George entrando a la habitación —Es hora de la siesta de los pacientes, por favor, venga conmigo. El doctor Horner le dará las últimas indicaciones.
El doctor no pudo buscar una excusa para faltar.
Y, lamentablemente, no volvió a ver a Sergio el resto de la tarde. Había algo diferente en Mirror Hill, pues los pacientes parecían tener libertad de caminar entre los pasillos y habitaciones.
Esa noche cuando, Max estaba a punto de irse a dormir, recordó el trato que había hecho con Mary Hayes. Así que decidió practicar un poco sus habilidades artísticas.
Al principio no estaba del todo seguro sobre que dibujar. Pero poco a poco los trazos fueron tomando forma, y vio en este a ese joven paciente que había robado sus pensamientos.
Cuando terminó su boceto, observó el rostro de Sergio en él. Lo miró detenidamente, preguntándose por qué estaba tan interesado en él.
Temiendo que, de relacionarse más, pondría en riesgo su posición laboral y su profesionalismo.