Las montañas
22 de diciembre de 2025, 18:53
Pasaron un par de días donde Max comenzó a buscar estar a solas con aquel joven tan cautivador como misterioso.
Su actuar le resultaba extraño, pero su repentina lejanía convirtió su dinámica en una especie de persecución del gato y el ratón.
Además, una serie de sueños extraños lo habían estado atormentando y no sabia si se debía a su estadía en Mirror Hill.
Y solo tenía una cosa en mente: Sergio.
Su repentino interés por el joven lo había dejado estupefacto. Él se sabía a sí mismo como un profesional a toda regla.
Pero había algo misterioso en Sergio. Algo que lo llamaba a saber más de él.
Lo podía sentir tan familiar pero extraño a la vez, como si fuera una fotografía que se va destiñendo.
Nostalgica, especial, lejana.
Intenta despejar su mente, sabe que no debería pensar demasiado en él..
No debía cruzar esa línea doctor-paciente.
¿Pero acaso alguien podía culparlo?
Buscaría la razón detrás de su interes, siendo el pecoso su objeto de estudio, o al menos esa fue la excusa con la que se convenció esa mañana.
Llegó a la sala donde normalmente se encontraban la mayoría de los pacientes, pero está estaba vacía y eso lo tomo por sorpresa.
—Están en terapia grupal —Dijo una voz conocida, haciéndolo voltear.
Sergio estaba de nuevo ahí. Tan sonriente como la primera vez y en esta ocasión no dejaría que se le escapara como los días anteriores.
—¿Qué haces aquí?—Pregunto un Max actuando con cautela. No lo había visto cuando llegó y, bajo la advertencia de ser un paciente peligroso, debía proceder con cuidado al no haber nadie cerca.
El pelinegro comenzó a caminar alrededor de la sala, y Max lo seguía con la mirada. Observando cómo tocaba con delicadeza las cosas a su paso.
—No me gustan esas sesiones —Comenzó el pecoso —Y de todos modos nadie me escucha. He pasado los últimos años encerrado en este sitio, me he acostumbrado a sentirme solo.
Max se sintió mal por aquel joven. Se notaba mucho lo solo que se sentía y aún así se las arreglaba para no perder la cabeza en ese lugar.
Debía recordarse a sí mismo que bajar la guardia lo podía poner en riesgo, pero había algo en aquel joven que lo hacía flaquear y desear conocer más de él.
—Yo te puedo escuchar —Ofreció el rubio, pero rápidamente buscó una excusa para su oferta—Como profesional es mi deber escuchar a mis pacientes.
—¿Y si no quiero que seas profesional conmigo?—Esa pregunta tomo por sorpresa al doctor—¿Y si quiero que sea algo más personal?
Max trago en seco.
"¿De qué está hablando?" pensó el rubio.
—Tengo que ser profesional con todos mis pacientes —Respondió el más alto, y esto hizo sonreír al joven.
—Entonces hasta aquí llegó nuestra conversación —Sergio estaba más que dispuesto a irse, pero un impulso llevó a que Max corriera hacia él y lo tomara del brazo.
—No te vayas —Suplicó, sin saber porque se sentía tan cautivado por aquel extraño sujeto.
—No podremos tener una conversación normal, no hasta que deje su profesionalismo de lado —Por alguna razón el pelinegro se sentía en posición de condicionar.
El más alto lo soltó del brazo, notando marcas en sus muñecas que no pudo ver con claridad.
—¿Por qué quieres hacerlo personal? Entiende que yo no puedo renunciar a mi profesionalismo —Insistió el rubio algo exasperado por poder retener al joven a su lado —Dices que nadie te escucha, pero parece que tampoco quieres que lo hagan.
Fue entonces que una sonrisa traviesa se asomo por los labios del más bajo.
—Tócame, inténtalo solo una vez, no muerdo —Max volvió a sentirse confundido ante su respuesta —Hoy es noche de películas, búscame y podremos tener una linda conversación.
El rubio vio como Sergio se alejaba hacia la puerta y desaparecía por el pasillo.
Sin embargo, él no quería que esa conversación se quedará ahí y salió corriendo detrás suyo para intentar alcanzarlo, pero no logro hacerlo.
Una vez más se había escabullido como agua entre los dedos.

El resto del día Max se sintió muy inquieto.
Quería despejar su mente de aquella imagen del joven pelinegro que parecía tener alguna habilidad para incrustarse en su memoria y no dejarlo ir.
Aunque también se lo atribuía al sentimiento de soledad que comenzó a desarrollar desde su llegada a Mirror Hill, donde lo único agradable a la vista eran aquellas enormes montañas que rodeaban el lugar.
Fuera de las viejas paredes del instituto mental, el doctor camina en el jardín mientras otros pacientes se distraen con el peculiar día soleado.
Eran pocas las veces cuando se les permitía salir a pasar el rato, pero siempre era en total vigilancia para evitar cualquier incidente.
El rubio pronto se percato de como el sitio era rodeado por un muro de piedra lo suficientemente alto como para evitar que alguno de ellos escapara.
Pero había algo peculiar que llamaba su atención, y esto eran la ramas de los arboles de las montañas.
Desde que llego le habían parecido curiosos por su forma tan extraña de moverse con el viento.
Como si danzaran.
Como si fuera un espejo.
—No se aleje demasiado, doctor —La voz de George saco al rubio de sus pensamientos —Puede ser peligroso perderse en la montaña.
Max se incomodo un poco ante su comentario, no le veía motivos para decir eso. Ni siquiera había dado un paso hacia ese muro.
—No tenia pensado acercarme —Respondió sin siquiera mirarlo y comenzando a caminar de regreso a la institución.
El doctor no lo diría en voz alta, pero había algo que le daba muy mala espina.
Todavía no tenia muy en claro que era, pero se sentía como un extraño en ese lugar. Incluso el doctor Horner le parecía alguien peculiar.
Por momentos amable y alegre, accesible, pero en ocasiones se volvía frio, distante, cauteloso.
Como si ocultara algo.
Sin embargo, intentaba alejar esas ideas de su cabeza porque sabia que nada bueno saldría de analizar demasiado.
Observa una última vez aquellos árboles que llamaban su atención, y el frío viento golpea su rostro, generando un extraño sonido.
Como un silbido... O quizá un grito.
Max termina entrando de nuevo al instituto, caminando por aquel sombrío pasillo que tan nervioso lo ponía.
Había algo extraño en Mirror Hill, pero todavía no era capaz de descifrarlo.

Más tarde ese mismo día, cuando el sol se oculto y la noche cubrio el mundo con su manto oscuro, los pacientes del instituto mental Mirror Hill se amontonaban en la sala donde verían una película.
—Señor Nox, siéntese de este lado —Indico Russell mientras guiaba al hombre hasta su asiento.
El rubio observa todo esto con atención.
Y aunque no lo diría abiertamente, estaba buscando al pecoso entre los pacientes.
—Doctor, ¿No piensa tomar asiento? —Pregunta el doctor Horner llamando su atención y sacandolo de sus pensamientos.
Max sonríe algo nervioso.
Se había desconcentrado con su pregunta y se dio cuenta de que bajaba mucho la guardia cuando se trataba de Sergio.
—Estoy ayudando a guiar a los pacientes —Mintió y pronto tomo del brazo a una mujer algo mayor —Señora Mirage, déjeme ayudarla a encontrar un asiento.
Christian Horner lo mira con preocupación.
Había estado monitoreandolo desde que llegó, observando si este lograba adaptarse a Mirror Hill.
Sabía que era un buen doctor, pero temía que las cosas se complicaran con su presencia ahí.
No todo el mundo podía manejar estar en ese instituto mental, tanto pacientes como doctores iban y venían.
Siempre alegando que algo se ocultaba en las paredes de ese edificio.
Cuando finalmente lograron hacer que todos los pacientes tomarán asiento, Max se posicionó en la última fila, a la par de sus compañeros doctores.
Pero con varias sillas de distancia, marcando el espacio entre ambos.
No iba a admitir que se sentía un poco perdido y desconectado con la administración del lugar.
Sin embargo, físicamente demostraba la lejanía entre ambos.
—Que película tan aburrida —Dice le pecoso haciendo que el doctor volteara a verlo —¿Pasa algo? ¿Acaso tengo algo en la cara?
El rubio parpadea un par de veces antes de emitir palabra.
—No te vi llegar.
—Me oculte, soy muy bueno en eso —Comienza el pelinegro —Te vi charlando con Horner, ten cuidado.
—¿Disculpa? —Max estaba más que confundido.
Era fácil suponer que Sergio conocía más sobre los doctores y pacientes de Mirror Hill al haber pasado más tiempo allí.
¿Pero que sabía que Christian?
—Quiere controlarnos —Continua el pecoso —Usar nuestra mente, experimentar como si fuéramos ratas de laboratorio.
—Sergio, ¿Es eso lo que piensas de Mirror Hill? —Max intenta mantenerse lo más profesional posible.
—¿Mirror Hill? —Su pregunta lo confunde.
Y en ese instante se arma un alboroto en el lugar.
El bullicio se hace presente cuando el señor Nox se para frente a todos y los queda viendo con suma atención.
Max había escuchado que ese paciente nunca decía ni una sola palabra, ni siquiera para quejarse.
Pero en esa ocasión fue diferente.
—Esta pasando de nuevo —Dice con la mirada perdida.
—¿Quieres que me vaya? —Sergio hace que el rubio le quite la mirada de encima al paciente —No necesitas estar aquí.
—Señor Nox —La voz de George llamando al paciente hace que Max se gire hacia donde se encontraba el hombre tapando el proyector —Sientese.
—¡Esta pasando de nuevo! —Grita el hombre y en ese instante el pecoso se levanta.
—Sergio... —Max lo llama pero este simplemente comienza a caminar hacia el pasillo.
Entonces el rubio también se levanta de su asiento.
—Por favor, todos regresen a sus asientos —Puede escuchar a Antonelli, otro enfermero hablando y dando indicaciones.
Max no sabía que hacer, pues no había podido platicar con Sergio de la manera en que él quería.
—Continuaremos con la película —Dice Russell tomando del brazo al paciente para hacerlo sentarse —No vuelva a levantarse así.
Max se queda en su lugar, observando aquel pasillo por dónde se fue el pecoso.
No sabe si debería ir tras él o si al hacer esto se vería muy obvio.
Temía ser suspendido si realmente estaba cruzando los límites de lo personal y por esta razón podría terminar siendo sancionado.
Y es que su repentina obsesión por el joven lo estaba ahogando.
—¿Max? —Horner lo llama y el rubio voltea hacia su dirección.
Lo ve sentado con un pierna cruzada, como si estuviera esperando algo.
Pero su atención está en otro lado, no puede dejar de necesitar ir tras su paciente.
—Max... —Y Christian continúa llamándolo, haciendo que se cuestione más si ir o no.
Pero, por alguna razón, el rubio regresa su mirada hacia aquel pasillo y ve como Sergio se asoma en la orilla de la puerta, como si estuviera esperándolo.
Y eso es lo único que necesita para comenzar a caminar hacia su dirección, ignorando cualquier voz que lo estuviera llamando.
Con paso firme sigue a su paciente por el pasillo, viendo como este se mete en una habitación oscura.
Max se apresura a entrar junto a él y apenas pone un pie en dicho lugar, siente como este lo jala del cuello de su camisa y junta sus labios en un beso lleno de deseo.
El rubio se siente aturdido por un momento, y las manos del pelinegro se posan en su pecho como si estuviera acostumbrado a hacer eso.
—Max, te deseo... —Murmura en sus labios.
A este punto ya no tenía caso hablar sobre cruzar el límite, cuando el rubio posa sus manos en la cintura del paciente y lo atrae más hacia él.
¿Era eso lo que tanto quería de él?
¿Acaso se había confundido?
¿El interes que tenía hacia él siempre fue un deseo que buscaba reprimir?
No lo tenía del todo claro
Guiándose por el deseo y la obsesión, por la pasión.
Cuando estaba cerca de Sergio se sentía atontado, incapaz de razonar, como si estuviera en un sueño febril.
Uno del cual nunca quería despertar...

Nota: seguimos vivos.