Capítulo 1
22 de diciembre de 2025, 18:52
18 de diciembre de 2024.
Sergio se recuesta en la silla mientras observa el cielo azul que le recuerda aquellos ojos que tanto añora.
No puede dejar de pensar en él y su teléfono sonando le hace saber que este tampoco logra sacarlo de su mente.
“Ya quiero verte otra vez”
El pecoso observa el mensaje que le ha mandado el piloto neerlandés .
Habían quedado de ir a cenar antes de la presentación de los monoplazas en febrero, así que pasarían un tiempo separados.
Entonces llega otro mensaje.
“¿Te llegó la agenda de esta semana? Christian dice que debemos regrabar algo, no me gustan esas cosas”
Checo no se molesta en responder.
Toma un poco de su café y se decide por dar un paseo en bicicleta.
Es bastante temprano y todavía tiene tiempo de hacer algunas cosas para ese miércoles.
Lo último que quiere hacer es tomar su teléfono.

Un par de años antes.
El piloto mexicano camina con nerviosismo mientras baja de su vehículo y observa un equipo de grabación cerca de la fábrica de RedBull.
—¡Sergio! —La voz animosa de Horner solo lo pone más nervioso —Bienvenido, dejame presentarte al equipo
Checo se sorprende un poco ante esto.
Le habían comentado sobre un vídeo de bienvenida que harían, pero esto era diferente.
Había todo un equipo de grabación preparado para hacer más que solo eso.
—Ponte esto —Dijo Christian pasándole una sudadera gris con el logo de la escudería con dos toros —Ya eres parte del equipo, ¿No?
El pecoso sonríe ánimosamente y se quita la sudadera negra que traía para ponerse la del equipo.
Nunca había sentido esa sensación tan grande de orgullo, eso era lo que sentía por Redbull.
Saberse parte de una escudería tan grande después de varios años luchando en la media tabla.
—Le agradezco mucho por todo, señor —Responde con una sonrisa y el mayor simplemente asiente.
—No me digas señor, llámame Christian —Pidio para después darle una palmada en la espalda —Tengo que irme, pero ustedes graben sin ningún problema.
Horner se marcha y deja solo a Sergio frente a las cámaras.
—¿Y qué haremos? —Pregunta el pecoso y pronto le explican cada cosa que quieren que haga.
Camina por acá, saluda por allá.
Ve derecho, gira a la izquierda.
Que si camina muy lento o muy rápido.
Y que si se ve muy falso, o si se nota confundido.
Si bien había estado ya varios años en la máxima categoría del automovilismo, nunca tuvo tantas cámaras y ojos sobre él.
Era extraño.
Si querían que se viera natural, ¿Por qué se esforzaban en planear cada paso que daba?
Aún así continuo su camino a lo largo de la fábrica, saludando a cada persona que se topara en su camino.
Él siempre se había mostrado amable ante todas las personas con las que trabajaba.
Reconocía sus trabajos e importancia dentro del equipo, generando un ambiente familiar como lo había hecho previamente con Racing Point y esperaba que eso ocurriera en Redbull.
Llega a las oficinas donde se encuentra a una mujer quien lo saluda, y justo aparece Horner saliendo como si no lo hubiera visto abajo.
—Hey, Sergio —Lo saluda mostrando su mano en un puño para chocar pero reacciona tarde —Se lo perdió.
Christian sonríe y pronto llega Adrián, quién también le da la bienvenida.
Sergio se siente muy animado con su nuevo equipo, y toman diversas fotos haciendo cualquier cosa.
Le piden que se ponga el traje y este le queda un poco grande, pero nada que no se pueda arreglar con tiempo.
Claro, siempre que lo escucharán.
Y aunque ese día no vio a su nuevo compañero, comprendió que está nueva etapa de su vida estaría llena de mucho retos.

Solo un par de semanas después se reunió de nuevo con el equipo, y esta vez en un ambiente más formal.
Cuando Sergio entró a la oficina, rápidamente se dio cuenta de que no estaba solo.
En el fondo vio a una persona de espaldas te observaba una fotografía en la pared.
No parecía estar tan inmerso en esta, simplemente era alguien intentando despejar su mente tan temprano por la mañana.
Ciertamente está no es la primera vez que se ven, hablan o conviven.
Pero si lo es en privado.
Y cuando Max se gira, pronto se encuentra con esos ojos que lo miran con sumo interés.
—Hola, veo que llegaste temprano —Sergio es el primero en romper el hielo —¿Cómo estás?
El rubio se acerca lentamente a él, quizá Checo no le había estado prestando tanta atención todos esos años, pero él sí.
Jamas lo había contado a nadie, era algo que guardaba para si mismo y creía que solo era algo pasajero.
Pero con el tiempo se encontró una y otra vez observando al mexicano, cerca o lejos de él, no le quitaba la mirada de encima.
Y cuando volteaba a verlo, ya sea en medio de una conversación grupal o porque estuviera buscando a alguien, sentía que su corazón se aceleraba.
Era un secreto que él también había experimentado está clase de sensación con otros de sus compañeros, pero nunca algo tan fuerte con alguien con quien apenas convivía.
—Bien, ¿Y tú? —Pregunta de vuelta —¿Supe que estuviste aquí hace unos días?
Intenta controlar la emoción que siente al estar tan cerca suyo, pero sabe que no pasará de eso.
Lo sabe bien porque siempre se tragaba todo lo que sentía y lo mantenía oculto en una parte muy profunda de su corazón.
¿Pero que había de malo con observarlo de cerca?
—Si, todos son muy amables —Comenzó el pecoso.
Continuo hablando pero Max no podía escucharlo, su mente estaba centrada en recorrer cada parte de su rostro, cada peca, cada parte de su piel.
—¿Crees que sea así todo el tiempo? —Su pregunta logra sacarlo de sus pensamientos.
—¿Q-qué? —El rubio balbucea un poco al responder.
No ha escuchado nada de lo que dijo y no sabe que decir.
Pero tiene suerte que en ese momento más personas entren a la sala de juntas y no pueda responder una pregunta que no escucho.
Y en toda la reunión no puede evitar mirar de reojo a la persona frente a él.
La forma en cómo sonríe, observa, pregunta y se sumerge en la conversación.
Niega un par de veces con la cabeza, tiene que concentrarse.
Ya no es algo a la distancia, una fantasía juvenil, o un capricho lleno de deseo.
Ahora era su compañero y tendría que verlo constantemente.
Se acabaron las pláticas banales y las miradas a la distancia.
Tenía que concentrarse si quería que eso funcionará, y la única forma de hacerlo era si ignoraba lo que sentía por él.
Y más con su padre tan cerca de él observando que se convirtiera en el campeón que tanto deseaba.
Con cada junta, con cada visita a la fábrica, video para redes sociales, cada cosa que hacía con él se volvía una tortura.
Pero ¿Quién podía culparlo? Estaba tan cerca de la persona de quién se ha encaprichado desde hace unos años.
Era la fórmula perfecta para el desastre.

Con el pasar del tiempo y con su familia haciendo preguntas, Checo solo podia definir a Max con una sola palabra: Frío.
Eso es lo que era al inicio.
No se parecía en nada al joven con el que había convivido un par de veces.
Max se negaba a ceder cada vez que intentaba acercarse , más por el bien de ambos que por una mala relación.
Y esto confundió al pecoso, porque él no sabía nada.
“No puedes ser amigo de todos” recordó lo que una vez le dijo su hermana Paola.
Cuando era joven solía pensar que si era amable con todos, los demás lo tratarían de la misma manera y serían amigos.
Lamentablemente la vida dentro de ese deporte no era así y pronto despertó de su fantasía.
Pero Max era diferente.
Al principio lo interpretó como un joven desafiante que sentía que invadían su espacio, y por lo tanto mantenía su distancia.
Sin embargo, en más de una ocasión lo descubrió observándolo de lejos, como si temiera ser descubierto al hacerlo.
Y comenzó a preguntarse si esto se trataba de una molestia en general, o si había algo más que no estaba viendo.
Pronto se encontraron grabando otro video para redes sociales, y el pecoso encontró la oportunidad perfecta para iniciar una conversación más amena con el neerlandés.
—Esas canciones son difíciles, supongo que debes enseñarme un poco de tu idioma —Comenzó con una sonrisa amable —Y yo te puedo enseñar un poco del mío.
En ese momento Max flaqueo por un segundo y le regreso la sonrisa.
—No, tú debes aprender holandés —Sugirió sin dejar de verlo y pronto se aclaró la garganta —Ya debemos irnos, no me gusta llegar tarde.
Checo, confundido, lo sigue mientras observa que nadie más los siga.
Puede jurar que vio algo en la mirada del rubio, algo familiar que posiblemente ya sabía lo que significaba.
—Hablemos —Le dice apenas salen del lugar, no hay nadie cerca —Vamos, ya basta de esta actitud.
—¿Cuál actitud? —Respondió Max algo molesto al ser perseguido de esa manera.
—Esa actitud —Señalo el pecoso —Si tienes algún problema conmigo, solo dilo.
—No planeo pelear contigo —Dice el rubio sin siquiera voltear a verlo.
Continúa caminando sin rumbo fijo, y el mexicano no se detiene.
—No es lo que quise decir, solo quiero que hablemos para que me digas que es aquello que te molesta tanto de mi —Y eso último sonó más como un reclamo.
Pero no podía evitarlo.
Sentía que era algo personal, tenía sus dudas, pero definitivamente era más allá del deporte.
Y es que cada vez que le hablaba parecía que algo le apestaba al neerlandés que terminaba cortando todo contacto abruptamente.
Pero Max no sabía cómo manejar lo que estaba pasando.
Él nunca quiso eso.
—Es que yo no te quería como mi compañero —Confesó el rubio volteando a verlo —Pedí a Nico, no te quería a ti.
Sergio no dice nada, ya sabía sobre los rumores de Hülkenberg.
Todos lo sabían.
—¿Y por eso te comportas como si tuvieras cinco años? —-Checo no quitaba el dedo del renglón —¿Solo por qué no te dieron lo que querías?
Max desvía la mirada pero Sergio, en su enojo, lo toma de la barbilla para obligarlo a verle.
Esta simple acción hace que el rubio baje la mirada hasta sus labios y se delate con los ojos.
Checo traga en seco al darse cuenta de que sus sospechas son ciertas.
—Sergio... —Murmura Max cuando el pecoso aleja su mano de su rostro —No te vayas...
Si bien la idea era aclarar las cosas, se veía imposible con los dos tan alterados.
Ambos tienen mucho en que pensar, y ese no es el momento ni el lugar adecuado.
—Pues no soy Nico —Comenzó el pelinegro intentando retomar la conversación previa —Y está bien si no te gusta, pero ya deja de ser un idiota.
El piloto mexicano comienza a caminar de nuevo hacia donde vio el equipo de grabación por última vez.
Ya no puede seguir hablando con él porque le trae muchos recuerdos.
Es como si se viera en el espejo hace muchos años.
—Sergio —Lo llama, siendo ahora el rubio quién lo sigue —Hablemos.
Max teme que sepa lo que pensó cuando lo tomo de esa manera, no quiere que eso se sepa.
No está listo.
—Llegaremos tarde —Afirmó el pecoso sin detenerse.
Pronto se reencuentran con el equipo y comienzan a platicar de lo que grabaron.
Una conversación de poca importancia, pero sumamente agradecida por Sergio, quién necesitaba despejar su mente.
Y Max no le quitaba la mirada de encima.
Sentía que se moría por dentro debido a los nervios, al punto de agonizar de miedo.
Necesitaba hablar con él, lo quiera o no.
Así que cuando están a punto de irse, lo toma del brazo y la susurra.
—Hablemos, por favor.
Estaba suplicando, algo que toma por sorpresa al mexicano.
Pero en ese momento su teléfono comienza a sonar y observa de quién se trata.
—Tengo que atender, es mi familia —Su respuesta es más que suficiente para que lo suelte.
Y Max lo mira alejandose para atender la llamada con más privacidad.
Una vez más el destino se encargo de recordarle que estaba encaprichado de un hombre casado.