ID de la obra: 1501

DOMADOR DE LEONES~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Slash
NC-17
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
13 páginas, 4.389 palabras, 1 capítulo
Descripción:
Notas:
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Capítulo 1

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Era una noche aburrida para el joven Max, hijo del hacendado Jos Verstappen, quién era un hombre orgulloso y sumamente respetado. El rubio había sido bastante consentido a lo largo de sus diecinueve años de vida. Sabía bien que pertenecía a una acaudalada familia y no dudaba en presumirlo Había estado un mes en el extranjero y regreso a casa justo para cuando inicio la feria del pueblo. El único problema es que los demás jóvenes de su edad se dividían en dos facciones: los que querían ser sus amigos, y los que lo detestaban. —Este lugar es tan boring, ya sabes, que flojera —Se queja mientras camina por el lugar —Mira mis zapatos, estan llenos de lodo. That's disgusting, ya se arruinaron por completo. —Max, tus lloros no me dejan concentrarme —Charles, su mejor amigo, le responde visiblemente nervioso —Prometiste acompañarme a verlo. El castaño lo jalo del brazo para apresurar su paso, ya que se les estaba haciendo tarde para el evento. Llegan a una zona abarrotada de personas, algo que solo aumenta la molestia del rubio. —Charlie, la gente aquí apesta a sudor —Dice en un tono lo suficientemente Alto Como para que algunos volteen a verlo —Deberían darse una shower más seguido, ¿Okay? —Mira, allí está —El castaño señala a un hombre unos cuantos años mayor a ellos —Es tan atractivo. Carlos Sainz Jr había cautivado los corazones de muchas jóvenes en su regreso al pueblo, y claro, también al joven Leclerc. Rápidamente se había sentido atraído por sus fuertes brazos, además de ser bastante guapo y carismático. Lo había conocido hacia ya un par de semanas pero jamás pasó de una que otra mirada coqueta. Y aunque al inicio quiso ignorar lo que sentía por él, pronto se encontró acariciando su coño en la oscuridad de su habitación. Se imaginaba siento golpeado por el miembro de ese guapo y valiente vaquero. Pero nunca había tenido la oportunidad de estar a solas con él y esa noche finalmente lo dejaron salir solo porque iría acompañado de Max. Todos querían casarse con Charles debido a que su padre era el alcalde del pueblo, pero él solo tenía ojos para Sainz. Y se sintió más motivado cuando lo atrapó mirándolo para luego guiñarle el ojo. —No deberías mirarlo demasiado —La voz de su amigo lo despertó de su fantasía —Tus padres no lo consentiran. Claro que es todo un cowboy, pero míralo, le gusta la vida en el establo. Se nota. —Eso no me importa —Dijo Charles centrando toda su atención en aquel hombre —A mí me interesan otras cosas. Lo observa subirse a un toro y luego empieza aquel show que Max consideraba aberrante. No le presta mucha atención por más que su amigo se muestre cautivado y casi derretido por la habilidades de Sainz. Así que comienza a observar los alrededores intentando que todo pase más rápido. —Finally, it's over —Max se mostraba con ganas de querer marcharse a casa —¿Ya podemos irnos? —Tengo que esperarlo, me dio una nota para hablar está noche —Susurró el castaño, tomando por sorpresa a su amigo —No le digas a mis padres, por favor. El rubio desvió la mirada en desaprobación, pero no le quedó de otra que esperar a que el evento terminará. Vio como un visiblemente cansado Carlos se acercaba a hablar con una persona. Al parecer no venía solo. Junto a él estaba otro hombre, uno tan atractivo como cautivador. Alguien que reunía todas las cualidades que Max detestaba de su pueblo. Sergio Pérez había llegado hace unas semanas y se había convertido en un conocido ranchero de la zona. Compro varias parcelas y cuidaba muy bien de su granja. Aunque siempre vestía de la manera más sencilla posible y no le interesaba presumir. Claro que eso era diferente cuando se trataba de demostrar sus habilidades. Se sube a su caballo y monta hacia el centro del lugar, siendo observado por todos, comienza una demostración de lazo a la par de su corcel. El rubio no pudo quitarle la mirada de encima. Era tan guapo, varonil, y muy coqueto, demasiado. Una vez terminando el show, Max se quedó cerca de un puesto de juegos mientras su amigo se alejaba con Sainz. Daniel Ricciardo se acercó a dicho puesto, dispuesto a demostrar su fuerza en el juego del martillo. Le encantaría impresionar al joven por el cual sus padres estaban negociando un compromiso. Lo mira por un momento y le guiña el ojo, pero esto solo fastidia a Max. Escucha como sus amigos lo animan para que de todo de si en ese juego. Tomando el martillo y levantándolo tan alto solo para después dejarlo caer con todas sus fuerzas. Sin embargo, apenas llega a la mitad del medidor del juego. Molesto vuelve a tomar el martillo y repite la acción, teniendo el mismo resultado. Liam, uno de los amigos de Daniel, se acerca para ser él quien prueba el juego, obteniendo un resultado inferior. —Esta cosa está rota, amigo —Afirma Lawson dándole una palmada en la espalda. —¿Lo puedo intentar? —la voz de Sergio los toma todos por sorpresa. Los había estado observando desde el primer intento, dejando que las cosas se desarrollaran por sí solas. Se acerca a ellos y toma el martillo con sus fuertes manos, posicionándose frente al juego y dando un golpe que hace sonar la campana de este, alcanzando la puntuación máxima. Sonríe orgulloso de sí mismo, y recibe un premio por su logro, dándole un oso de peluche al joven Verstappen. Claro que poso sus ojos en él desde el primer momento que lo vio cuando su amigo se alejo con Charles. Se lo estaba comiendo con la mirada antes de interrumpir el juego del otro par, y tomo al momento perfecto para impresionarlo, otra vez. —Espero que hayas disfrutado del show —Le susurra para después alejarse de allí con una sonrisa en los labios. Daniel se molesta ante esto y termina marchándose siendo acompañado por sus amigos. El rubio no puede evitar sonrojarse ante esta situación. Realmente le había gustado y ahora tenía que lidiar con eso. Comienza a caminar en busca de su amigo y termina en una parte bastante alejada y algo desolada de la feria. Escucha su voz susurrando cosas que no logra entender. Entonces lo ve contra la parte, con las piernas al rededor de la cintura de Carlos y este último con el pantalón a media pierna. —Que rico mmmm... —Murmura Charles entre quejidos y el hombre solo continúa follandoselo mientras lleva uno de sus pezones a la boca —Carlos... Si, lléname... Max se queda pasmado al ver esto, pero rápidamente se aleja del lugar para evitar ser descubierto viéndolos. Su mente era un desastre, y ahora tenía que esperar para irse a casa y fingir que nada de eso paso. Porque no le era conveniente equivocarse de la forma en que lo había hecho su amigo. Sus padres no se lo perdonarían.  Un par de semanas después, Max recibió la noticia que solo lo pondría en una encrucijada. Le había confirmado su compromiso con Daniel y ahora debían comenzar con los preparativos de la boda. Estaba bastante frustrado por toda esa situación, principalmente porque no había dejado de pensar en Checo. Descubrió que ese era su apodo gracias a su amigo Charles, quién no dejo de verse a escondidas con Carlos. Pronto llegó una propuesta de matrimonio por parte de los Sainz y, por buena fortuna, Leclerc logro que sus padres lo aceptarán. Aunque Max sentía que había algo más allí, y quizá se relacionaba con el malestar de salud que estaba presentando su amigo en los últimos días. Sin embargo, el rubio no creyó que eso sería posible con Sergio. Un día llegó a su casa, quejándose porque una de sus vacas se había colado en sus tierras y arruinado varias de sus cosechas. Jos, su padre, lo trato con desden y lo miro del hombro para abajo, algo que generó cierta rencilla entre los hombres. Pero Checo también aprovecho ese momento en la hacienda de los Verstappen para poder observar a Max. Llevaba puesto unos shorts que dejaban ver sus pálidas y jugosas piernas. Y su muy linda figura resaltaba con esa delgada playera de tirantes que dejaba poco a la imaginación de sus gorditos pechos. El ranchero había captado el ojo de muchas jóvenes, pero él solo podía pensar en el rubio y en lo mucho que le gustaría hacerlo suyo. Y aunque su compromiso era un chisme que venía de aquí para allá, no había nada confirmado. Sabía que le gustaba a Max, solo necesitaba tenerlo entre sus brazos para poder concretar sus deseos. Y ese momento llegó en una soleada tarde. El rubio había estado dando un paseo en el auto de su padre, pero se desvío del camino cuando se encontró con el rancho de “El patrón”. Ya era bastante tarde y debía ir a casa antes de que anocheciera, pero aún así manejo hasta llegar al rancho, aunque no encontró a nadie. Ni siquiera sabía por qué estaba haciendo eso, pero terminó caminando hacia las caballerizas y vio una montura que rápidamente reconoció como una que usaba Checo. Lo había visto pasear a caballo varias veces y siempre le dedicaba una sonrisa. Sentía que se derretía de solo pensar en él. Y es que un calor en su interior se había estado acumulando los últimos días. Ya que en repetidas ocasiones sintió la necesidad de tocarse, pero nunca lo hizo para intentar reprimir lo que sentía. Pero esa tarde no pudo más con el deseo. Max se coloca sobre la montura, abriendo bien las piernas y comienza a mover sus caderas como si estuviera montandolo. —Mmm... Checo si... —Murmura mientras no deja de moverse —Que rico, lléname... Se acomoda bien en aquella montura para que su coño entre en contacto directo con esta y no deja de imaginar que es Sergio quién está bajo suyo. No sabe que sus quejidos llamaron su atención y ahora se encuentra parado detrás de él. Apoyado en la pared, de brazos cruzados y por un pedazo de caña de trigo presionando entre sus dientes. Era todo un espectáculo ver a ese joven mimado tocándose en aquel lugar tan poco íntimo. —Tu padre no me dijo que tenías deseos de ser un vaquero —Checo interrumpe su diversión. La voz de aquel hombre lo hace levantarse de golpe, tropezando con sus propios pies y casi cayéndose. Max estaba colorado. Sus mejillas ardían de la vergüenza al haberse expuesto de esa manera, y rogaba al cielo porque no lo haya escuchado. Vaya tontería, nunca fue muy discreto. —Y-yo... —Balbucea mientras intenta pensar en una mentira lo suficientemente creíble para sacarlo de esa situación —Me perdí... Quería saber si podía llevarme cerca de mi casa. El pecoso sonríe sin creerle una sola palabra, y comienza a acercarse peligrosamente al ruborizado rubio. —¿Seguro que quieres ir a casa? —Su provocadora voz hizo que las piernas de Max temblaran un poco. Jamás lo había tenido tan cerca. Llevaba unos vaqueros algo sucios, su camisa la tenía arremangada hasta los codos y los botones abiertos casi hasta la mitad del pecho. Podía ver como su cabello estaba algo despeinado, con una gota de sudor que se deslizo desde su frente hasta el inicio de su playera de tirantes blanca que se asomaba detrás de la camisa. Lleva una fusta en la mano, dándole indicios de que estaba montando a caballo. No se ha dado cuenta de que lo tiene acorralado. —Yo... No quiero quitarle el tiempo —Max sabe que de no poner un alto, terminará haciendo algo que podría arruinar su reputación. Pero cuando pasa a su lado para intentar irse de ahí, Sergio lo toma del brazo. —Pero yo sí quiero quitarte las ganas —Susurra a su oído, haciendo que el rubio no avance ni un paso más —¿Crees que no te escuché gimiendo mi nombre? Déjame cogerte. Esto solo aviva el calor interior del joven, quién siente su coño todavía húmedo ante la idea de que ese hombre lo tome. —No puedo —Ya es muy tarde para negar lo que estuvo haciendo, pero estaba comprometido y sus padres no aceptarían que fuera mancillado y menor por ese ranchero —Debo irme a casa. —¿No puedes o no quieres? —Entonces Checo lo arrincona contra la pared, pegando sus labios a la oreja del joven —Te dejaré montarme. Se aleja un poco de él, pero dejando un diminuto espacio entre ambos. Dónde sus narices se rozan entre si y sus respiraciones se mezclan. Max siente que pierde el control cuando sus ojos azules se encuentran con aquella hipnotizante mirada de tonos cafeces y motas verdes. Intenta no mirarlo demasiado, pero no lo soporta cuando el pecoso suelta una pequeña risa al verlo tan colorado y sus ojos bajan hasta sus labios, tan bonitos como coquetos. Todo se terminó para él cuando en un impulso cerró el espacio que había entre ambos, probando aquellos labios que tanto le habían provocado. Checo no titubea, lo toma de la cintura para profundizar el contacto. Y aunque Max es algo torpe, pronto logra seguirle el ritmo y se queja cuando la lengua del pecoso se encuentra con la suya. Entre pequeños pero muy candentes besos, el rubio desliza su mano hasta la cintura del pelinegro. Pero en ese momento Sergio lo toma de la muñeca y esto lo asusta un poco porque piensa que hizo algo que no le gustó; por el contrario, este lleva la mano del joven hasta su entrepierna y lo hace tocar su miembro erecto en sus pantalones. Max puede sentir lo duro que está y no titubea al momento de bajar el cierre y meter la mano para poder tocar su piel. Esto provoca una serie de gemidos por parte del pecoso, que no deja de besar el cuello del rubio y dejar pequeñas marcas en su paso. El joven no solamente toca al hombre, sino también usa su mano libre para acariciarse sobre la tela de vestido. Había elegido uno de sus favoritos, quizá de manera inconsciente, como si no hubiera sabido que terminara en ese lugar enredandose con ese hombre. Finalmente logra sacar ese pedazo de carne de sus pantalones y lo observa con suma atención mientras sus dedos se resbalan en su longitud, siendo ayudados por el líquido preseminal que sale de este. Se muerde el labio cuando siente que todas sus fantasías están a punto de hacerse realidad desde que lo vio por primera vez en aquella feria. —Deberías saborearlo con tu lengua —Le dice el pelinegro antes de darle un beso en la mejilla —Se que te mueres por llevártelo a la boca. Entonces el joven se pone de rodillas frente a él, desabrochando por completo la hebilla de su pantalón y bajándolos un poco hasta la mitad de su pierna. Posa sus labios sobre aquella polla y saca su lengua para saborear cada parte de su piel. Al principio es un poco tímido, porque no tiene experiencia en esto y eso solo calienta más al ranchero. —Déjame ayudarte, bonito —Dice mientras coloca sus dedos en la mandíbula del joven, haciéndolo abrir bien la boca —Sin presión, no te obligues demasiado. Max lo observa con atención mientras deja que esa polla se adentre en sus paredes bucales y su lengua se mueve torpemente sobre su piel. Pero a Checo le excita verlo de esa forma, de rodillas en el suelo y llenando su boca, sosteniéndose de sus caderas y con su mirada rogando por su polla. Pronto toman un ritmo más constante, con un vaivén que solo provoca quejidos de placer que llenan el lugar. No hay nadie cerca que pueda ver la forma en cómo está mancillando la joya de la familia Verstappen. Max está más que colorado y embriagado de placer. No ha dejado de tocarse el coño en todo ese tiempo pero está seguro de que será mejor cuando lo sienta dentro. —Estas tan necesitado —Susurra el pelinegro cuando se da cuenta de como ha estado tocándose frente a él — Déjame probar tu rico coño, debe saber tan dulce. Lo toma de los brazos levantándolo del suelo en un movimiento rápido, y lo coloca sobre aquella montura con las piernas abiertas, apoyándose en la pared para evitar que se caiga del caballete. Observa sus bragas totalmente mojadas por lo excitado que estaba. Se relame los labios al estar tan cerca de aquello que tanto desea. —Checo, cógeme, ya no puedo esperar —Suplica el rubio en su desesperación. Sabe que es un actuar imprudente de su parte, pero ya no desea pensar en eso. Solo quiere disfrutar el momento y entregarse al placer. El pelinegro levanta la falda del vestido del joven y con sus dedos toma el elástico de su ropa interior y la tira para abajo de un jalón. Max se abre tanto como puede, dejando expuesto su rosado, húmedo y necesitado coño frente a él. Checo pone sus fuertes manos en las pálidas piernas del joven y hunde su rostro en su suave piel. Con su lengua resbaladiza saborea el dulce néctar de intimidad, saboreando cada parte de él. Da grandes lenguetazos que solo hacen que el rubio solloce de placer y ruegue por más. Le está comiendo el coño como si fuera un hombre hambriento y desearía que esa fuera su comida de todos los días. Ensarta sus uñas en la piel blanquecina, dejando hilos rojos como marcas de su presencia. Sus dedos pronto comenzaron a jugar con los pliegues del joven, uniéndose a su traviesa lengua en la tarea de volverlo loco. —Checo, ya, por favor —Suplica el rubio antes de cerrar sus piernas con el rostro del hombre entre ellas. Abre bien la boca cuando siente como se corre con el hombre todavía saboreando su coño. Nunca había experimentado algo así, pero esto ni siquiera era el final. El pelinegro se levanta con una expresión de satisfacción en el rostro y sonríe orgulloso de sí mismo. —Realmente lo necesitabas —Dice acomodándose la ropa y poniendo nervioso al rubio —Esta oscureciendo, debería llevarte a casa. Max no quiere que eso terminen ahí, porque lo ha estado deseando mucho tiempo y no soporta más ese calor que lo consume por dentro. —Hazmelo, cógeme, por favor —Suplica una vez más con las piernas abiertas y levantando su vestido hasta la cintura —Te deseo, quiero que seas el primero. Checo sonríe ante esto. Claro que se muere por hacerlo, pero no solo quiere ser el primero. —Quiero ser el único —Afirma con una sonrisa —Max, si no puedo serlo, mejor te llevo a tu casa. El sol había caído y la luna se estaba haciendo presente. Sus padres deberían estar preocupados por su ausencia, y sería castigado por su imprudencia. Y él realmente quería eso. —Eres tan sexy, no me dejes así —Insisitió pero el pecoso no flaqueo —Mírame, estoy tan mojado por ti. El rubio se acomoda sobre la montura, dándole la espalda y dejando a la vista su voluptuoso trasero. En ese momento brinca y se queja al sentir como algo le golpea uno de sus muslos. —No pude resistirme —Sergio le ha dado con la fusta, marcando su delicada piel —¿No crees que tus padres se molestarían contigo? Ya es de noche y estas pidiendo verga en la casa de tu vecino. Max se levanta de caballete para monturas y se acerca a él. —Si eres tan hombre, hazme tuyo —Lo reta —Cógeme, tómame de mi prometido. Solo hay una forma de conseguirlo, lo sabes bien. Retrocede unos pasos dirigiéndose hacia la puerta. Tiene una sonrisa traviesa en los labios y sabe que ha iniciado un juego. Sergio va detrás suyo y comienzan a correr hacia la casa del hombre, subiendo las escaleras hasta la habitación de este. Ahí el pelinegro finalmente lo arrincona y comienza a besarlo con desesperación. Logra llevarlo hacia la cama, donde ambos se despojan de sus ropas y no pueden dejar de tocarse. Checo se pone sobre el joven, toca sus suaves pechos y los pellizca. Ha estado fantasiando con eso. Max no deja de mover sus caderas cuando el miembro duro del hombre se posa sobre su coño pero sin entrar en él. Esta desesperado por tenerlo dentro. Pero Sergio está muy ocupado apreciando su cuerpo desnudo sobre su cama. Una imagen que quiere guardar en su memoria. —Mi Maxie... —Susurra mientras de pone de rodillas en el colchón, acariciando sus suaves piernas —Tan puro, y solo para mí. En ese momento acomoda su miembro en el coño del joven y entra en él con cuidado, arrancándole un gemido de sus labios. Lo sostiene de sus piernas y mueve sus caderas con cuidado, no quiere ser brusco con él en su primer encuentro. Ya se conocerían mejor en la cama. El ranchero suelta pequeños quejidos con cada vaivén, mientras que Max está ahogado en el placer que le provoca sus embestidas. Y es que poco a poco va aumentando el ritmo, haciendo que el rubio no deje de sollozar por más. —Papi que rico, ¿Así me vas a coger todas las noches? —Pregunta el rubio haciendo que el pelinegro le dé una nalgada —Dámelo todo, te necesito. Entonces Checo entendió que ser tan suave no serviría de nada. Así que empezó a dar embestidas cada vez más bruscas sobre el joven. —¿Así te gusta? ¿Qué te cojan duro? —El mayor le suelta una nalgada que lo hace brincar pero lo ve asentir —Mimado y travieso, ¿Qué harías en esta granja? —Lo que quieras hacer conmigo —Afirmo el rubio con una sonrisa. En ese momento Sergio se detuvo, tomándolo por sorpresa. —Entonces date la vuelta, muéstrame ese lado atrevido que vi en las caballerizas y te daré lo que más te gustó. El rubio obedece casi al instante, acomodando una almohada debajo subo para poder darse altura. De nuevo su trasero expuesto frente aquel hombre que no parecía poder quitarle las manos de encima. —Muestrame —Insisitió el ranchero. Es entonces que Max coloca sus manos hacia atrás, tomando cada una un muslo y abriendo sus nalgas frente a aquel hombre, exponiéndose completamente delante de él. —Quiero que me dejes lleno —Le pidió mientras movía el trasero frente a él. Sergio se acomoda de nuevo entre los pliegues del joven y desliza su miembro dentro de su coño. —Te dejaré tan lleno que me darás muchos hijos —Afirmó el pelinegro antes de darle otro golpe con la fusta —¿Así es como te gusta? —Si, papi, que rico, pégame —Pidió el rubio casi en una súplica —Ahh... En ese momento no pudo resistir más su excitación y termino corriendose sobre las sábanas de aquel hombre. Pero esto no detuvo a Sergio. Continuo embistiendolo mientras le pegaba en cada nalga con la fusta y marcaba su blanquecina piel. Llega a un punto donde no se puede controlar y lo toma con fuerza de la cintura, haciéndolo pegarse más a él, golpeando su interior con brusquedad mientras continúa dándole una que otra nalgada. —No puedo más, estoy a punto de correrme —Dice con dificultad mientras sigue embistiendolo. —Hazlo, lléname —Insiste Max con los ojos llorosos y la piel ardiendo en sus nalgas. Es entonces que se deshace de nuevo sobre aquella almohada y Sergio gruñe al sentir como llena al joven de una última estocada. El rubio siente su esperma llenándolo y se deja caer sobre las sábanas. Están más que satisfechos por haber logrado cumplir sus fantasías y deseos. Checo sale de su amante y se coloca a su lado, abrazándolo por la cintura para darle unos cuantos besos en la nuca. Acaricia sus dorados cabellos y se pega a él como si temiera que en cualquier momento se podría ir. —¿Te lastime? —Es lo primero que pregunta cuando sus respiraciones se normalizan. —No, realmente me gustó —Las palabras de Max lo tranquilizan. Pero pronto la paz se ve interrumpida cuando un golpeteo en la puerta los alerta de que no están solos. Checo se levanta de la cama y se pone sus pantalones, mientras que el rubio se acerca a la ventana y observa un auto familiar cerca de las caballerizas. Jos se había preocupado por la ausencia de su hijo, y más cuando Daniel llegó a buscarlo esa noche para poder hablar con él. Asustados, ambos salieron en su búsqueda hasta que dieron con uno de sus autos estacionados en el rancho “El patrón”. Y mientras Jos había ido a la casa principal para poder hablar con Sergio, Daniel se escabulló en las caballerizas y encontró algo que simplemente lo hizo enfurecer. —Ya toque la puerta, espero que este idiota abra —Afirma Jos cuando ve a su futuro yerno llegar hasta él. —Pues le dice que se lo quede, porque yo no quiero que mi esposo ya esté usado —Dice Daniel arrojando las bragas de Max frente a su ahora ex suegro, para después marcharse de ahí. —¡Hijo de perra! —Gritó el hacendado al darse cuenta de lo que había pasado —¡Abre la maldita puerta! Max escuchó esos gritos y rápidamente se preocupo. —Es mi padre, dios, va a matarme —Dice rubio mientras comienza a buscar su ropa en el suelo. —Tranquilo, quédate aquí —Sergio se acercó a él y le dio un beso en los labios —Yo me encargo. El joven asintió y se sentó en la cama, pero realmente estaba asustado. Entonces el pelinegro termino de ponerse la camisa cuando abrió la puerta de la casa y se encontró de frente con el padre de su amante. —¿Mancillaste a mi hijo? —Pregunta sin rodeos —Dile que venga, me lo llevaré. Aprieta la mandíbula con fuerza en un intento por controlarse. —Él se queda, es mío —Y Checo responde con firmeza —Esta ahora es su casa. Hablaremos del compromiso más tarde. Sin esperar respuesta le cierra la puerta en la cara y continúa su camino hacia su habitación. Jos estaba furioso, pero sabía que ya no había nada que pudiera hacer para arreglar lo que su hijo había hecho. Regreso a su auto bastante molesto, pero resignado ante la idea de no hacer más grande el escándalo. Mientras él se marchaba echo un demonio, Max se refugiaba en los brazos del hombre que le robo suspiros desde la primera vez que lo vio. Y que ahora se lo robó. 
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