Capítulo 1
28 de diciembre de 2025, 19:35
La vida de Oscar era perfecta.
Siempre fue popular, muy bonito, fue elegido como líder del escuadrón de porristas y su novio era quarterback del equipo de fútbol americano del instituto.
Además, siempre tenía todo lo que quería.
—¡Estas castigado! —Gritó Mark sumamente molesto —Tu padre y yo trabajamos mucho como para que decidas no entrar a clases e irte con tu novio. Ese niño... Siempre supe que era una mala influencia.
—Tranquilo, amor —Fernando se acerca a su esposo sabiendo que es momento de intervenir —Oscar lo entenderá, pero no tienes que gritarle.
Pronto la pareja comenzó a discutir porque Mark sentía que su esposo malcriaba demasiado a su hijo.
Cuando tuvieron a Oscar todo fue felicidad, y era un joven bien portado, ejemplar.
Pero desde que comenzó su relación con Lando Norris, todo se fue en picada.
Sus calificaciones se volvieron malas y continuamente recibían quejas de sus maestros porque el joven no prestaba atención en clases.
El castaño decidió que si su presencia les molestaba, entonces respondería con su ausencia.
Para su mala suerte uno de sus profesores se percató de su falta en clases y luego lo encontró en un parque cercano al instituto.
El castigo fue inmediato, y casi le cuesta su lugar en el escuadrón de porristas.
Llegó la noche y el joven veía como sus padres se arreglaban para salir. Ocultaba su emoción por quedarse solo en casa.
Con suerte su novio podría escapar de su casa e ir a la suya.
—Muchas gracias —Fernando colgó la llamada y se acercó a su esposo —Dice Max que llegan en diez minutos.
—Genial, justo a tiempo —Mark se pone su abrigo y voltea a ver a su hijo —Quiero que te portes bien, Patricio te va a vigilar está noche.
Esta noticia arruinó cualquier plan que tenía para esa noche.
—¿Patricio? ¿Ese nerd? —Se quejó con suma molestia —¿Por qué me va a vigilar ese niño?
—No hables así de tu primo —Fernando rápidamente lo corrigió —Es un joven bien portado, y está ahorrando para su matrícula, así que también es un favor a tus tíos.
El joven bufa molesto y se deja caer en el sofá.
No hay nada que pueda hacer al respecto.
Los padres de Oscar continúan platicando para matar el tiempo, hasta que finalmente el timbre suena.
—Buenas noches, pasa hijo —Mark le abre la puerta a su sobrino Patricio, quién carga unos libros para estudiar esa noche —Siempre tan aplicado.
—Hola, buenas noches tíos —Dijo Pato entrando a la casa y saludando a sus familiares.
—Bueno, veo que van elegantes —Señaló Max desde el marco de la puerta.
Los tres adultos se saludan pero después de un rato deciden que es momento de marcharse antes de que se les haga más tarde.
Max le recuerda a su hijo que volverá por él antes de las doce de la noche, y le pide que mantenga su teléfono con batería.
Claro que confían en él, nunca se ha metido en problemas y es bastante tranquilo.
El problema era Oscar.
Si bien Pato no era especialmente bueno generando una conversación con alguien que parece odiarlo, lo intentó para que la noche no fuera tan pesada.
Pero el porrista no se dejó.
Respuestas cortas y golpeadas, no le daba espacio para relajarse.
—Oye, sé que no te va muy bien en matemáticas —Era como el quinto intento del pobre Pato —Si quieres te puedo ayudar a estudiar.
Su primo desvía la mirada molesto.
—Eres tan aburrido —Respondió levantándose del sofá —Iré a mi habitación a escuchar música, no me molestes.
Pato no entendía que estaba haciendo mal como para que su primo le hiciera tal desplante.
Sin embargo, no quiso insistir más y lo dejo solo.
Lo vio subir las escaleras y cerrar de un portazo su habitación. Al poco tiempo comenzó a sonar música a alto volumen.
No creía que estuviera bien pero tampoco quería amargar más su noche.
Pero al poco tiempo un vecino llamo para quejarse, así que no tuvo de otra que ir a la habitación de su primo.
Oscar, por su parte, había estado planeando cómo escapar de casa y decidió huir por la ventana de su habitación, la cual daba a un gran árbol del que podría bajar sin ningún problema.
Cuando Pato abre la puerta después de dar unos golpes y no recibir respuesta alguna, descubre a su primo con la mitad de su cuerpo saliendo por la ventana.
Claro que no lo iba a permitir, así que salió corriendo para tomarlo de la cintura y obligarlo a entrar adentro.
—¿Qué estás haciendo? —Dice el joven tomándolo con fuerza para hacerlo entrar, lo cual logra con facilidad y termina retrocediendo en sus pasos hasta sentarse en la cama con el porrista todavía pegado a él.
Oscar terminó sentado sobre su primo, sintiendo aquello que tenía entre sus piernas y que llamo su atención.
Pero también estaba molesto por la interrupción y la forma en cómo evito su huida.
—Sueltame, tonto —El porrista se levanta bruscamente —¿Cómo te atreves a agarrarme así?
—Estabas escapandote —Señaló Pato todavía sentado en la cama —Le diré a mis tíos cuando vengan.
Ahora ya no tenía paciencia, pues no le gustaba la manera en cómo le hablaba.
Patricio se levanta y se acerca a la ventana, cerrandola con fuerza y apaga la música para después salir de la habitación.
Oscar estaba molesto, pero también impresionado por su fuerza.
Sus manos grandes, la forma en cómo lo tomo por la cintura y también lo brusco que fue al cerrar la ventana.
Además, aunque era todo un nerd a su punto de vista, realmente era muy guapo.
Pero claro, estaba ese detalle que le impedía cruzar el límite.
Y por más que se negaba a aceptarlo, se moría por saltar sobre él.
—Esto es tan estúpido... —Susurró una vez que tomo una decisión.
Pato, por su parte, se encontraba en la sala terminando de estudiar cuando escuchó unos pasos provenientes de la escalera.
Levanta la mirada y observa a su primo bajando hasta donde él estaba, pero lucía diferente.
Llevaba su vestuario de animador, con un top corto y una falda que remarcaba su figura.
También llevaba consigo sus pompones de porrista, y un tapete de ejercicio.
Oscar mueve algunas cosas para hacer espacio, mientras que su primo lo observa de reojo.
—¿Vas a practicar? —Pato no se quería quedar con la duda y su primo asiente —¿A esta hora?
—Tú tienes tus libros, yo mis pompones —Respondió Oscar para después darle la espalda.
Pato no le presto más atención y volvió su vista a su lectura, cuando dos minutos después escucha un especie de quejido por parte de Oscar.
Vuelve a levantar la vista y se asombra al notar aquello que ocurre frente a él.
Oscar se había abierto de piernas dándole la espalda y se inclino hacia adelante, dejando expuesto su coño desnudo sobre el tapete.
Levantó ligeramente su falda para darle una mejor vista, pero lo dejo hasta sin habla.
Cuando se le ocurrió seducirlo, decidió que se arriesgaría completamente en su tarea y es vistió con su uniforme, pero omitió la ropa interior.
—Oscar, ¿Q-que estás haciendo? —Balbucea bajando el libro hasta su entrepierna para intentar disimular lo que eso provocó en él.
—Algunos ejercicios de flexibilidad, ¿O no ves con esos lindos lentes que traes puestos? —Responde con cierta burla y una sonrisa traviesa al notar que ha conseguido su atención —¿Quieres ayudarme?
Pato niega con la cabeza, se ha dado cuenta de que es totalmente a propósito.
—Quizá deba estudiar afuera, es una linda noche —Patricio se levanta del sofá pero se queda estático cuando su primo se acomoda en el suelo, dandosela la vuelta para estar frente a él pero sin cerrar las piernas.
—Es una noche fría, aquí adentro está calientito —Responde llevando una mano hacia su coño y acariciándose frente a él —Tengo mucho frío, Pato, ¿Por qué no me haces entrar en calor?
Deja entrar dos dígitos en su coño y mueve sus caderas mientras gime sin vergüenza.
Pato no sabe si continuar con su camino o sentarse y disfrutar del espectáculo, solo sabe que está tan duro en sus pantalones y no se puede concentrar.
Así que termina tropezando con su propios pies, soltando el libro que cubría su entrepierna y dejándose en evidencia.
—Deja de hacerte el mojigato, te gusta lo que ves —Señaló Oscar sacando sus dedos y poniéndose de rodillas frente a él —Dime que no, y me detendré.
El joven Verstappen-Pérez titubea un poco, pero termina siendo él quien baja el cierre de sus pantalones.
Oscar sonríe y lo ayuda a sacar su miembro erecto para después llevarlo a la boca.
Saborea ese pedazo de carne como un hombre hambriento, se muere por tenerlo dentro.
Sabe bien que no se equivocó, porque cuando se sentó sobre él sintió eso que ahora degustaba con su lengua.
Pato no daba crédito para lo que estaban haciendo.
Su mente le recordaba una y otra vez lo mal que estaba, que no debió acceder y que debería detenerlo.
Pero terminó poniendo sus manos en la cabeza de Oscar, enredando sus cabellos castaños en sus dedos y comenzando a tomar el control de la situación.
Se muerde el labio para evitar soltar los gemidos que amenazan con salir de su boca. Siente que no tiene derecho de disfrutar eso, pero sus mejillas arden ante tal sensación.
En ese momento Oscar lo saca de su boca y le sonríe.
—Vamos bonito, gime para mí —Susurra invitándolo a no ser tan tímido.
Pato abre la boca y un gran quejido escapa de sus labios, uno de muchos que estaban por venir.
Oscar empezó un vaivén con su cabeza que solo provocó que el joven gimoteara una y otra vez.
—Quiero sentirme caliente dentro de ti —Confiesa entre quejidos y esto lleva a que el porrista lo saque de su boca y se levante del suelo.
—Si, Patito, cógeme —Dice Oscar para después empujarlo hacia el sofá, haciéndolo sentarse —Pero sin decirle a nadie.
Se acerca a él y le termina bajando los pantalones hasta llegar a sus pies.
Colocándose encima suyo, abriendo sus piernas hasta acomodar aquel miembro en la entrada de su coño.
—No le diré a nadie, quedará entre nosotros —Prometió Pato cuando sintió como su polla se deslizaba dentro del joven.
Oscar gimotea a su oído y se sostiene de sus hombros mientras sube y baja sobre él.
Le gusta lo bien que lo hace sentir, mucho mejor que su novio que solo lo metía en problemas.
Pato no lo suelta de la cintura, ayudándolo a moverse y pronto deja de sentir vergüenza de su propio placer.
Se deja llevar por este, principalmente cuando escucha lo mucho que me gusta y esto lleva a que le dé una nalgada que lo hace brincar.
—Mierda, esto está tan mal —Susurra mientras casi ensarta sus uñas en la piel blanquecina del porrista.
Continúan ese vaivén que llena de quejidos la sala y pronto Oscar toma sus mejillas para hacerlo mirarlo.
—Pero se siente tan bien —Le responde antes de unir sus labios en un candente beso.
Este comienza un poco torpe pero pronto se acostumbran al ritmo del otro y se dejan llevar.
Se supone que Pato cuidaría de él para que no se metiera en ningún problema, y ahora ambos habían sucumbido a los placeres de la carne.
—O-oscar... —Susurra mientras sigue moviendo sus caderas para seguir golpeando el interior del joven —Dime que te gusta.
El porrista se separa un poco y le sonríe con picardía.
—Vamos a mi habitación —Le responde en el mismo tono y se levanta de encima suyo.
Pato hace lo mismo, pero cuando está a punto de quitarse sus pantalones, recibe una negativa de su amante.
—¿Por qué? No puedo caminar —Señala el joven acomodándose sus lentes.
—Será más fácil si alguien viene —Oscar responde para les puedes ayudarlo a subírselos —No quieres problemas, ¿O si?
Ambos caminan hacia la habitación del joven Webber.
Oscar se acuesta en la cama, colocándose en cuatro y dándole una enorme vista de su trasero.
—¿Esto es lo que quieres? —Pregunta antes de darle una nalgada y el porrista asiente —Lo llevas pidiendo toda la noche.
Pato se acerca a él y hunde su rostro entre las dos piernas del joven, quién gimotea al sentir su lengua resbaladiza saborendo cada parte de él.
—Ah, si... Pato hazlo, te necesito dentro —Suplicó —Así me gusta, dame más.
El joven Verstappen-Pérez continúa dando diversos lenguetazos que solo hace temblar las piernas de su amante.
Prueba cada parte de su piel, sin dejar espacio alguno sin tocar.
Sabe que es posible que no tenga esta oportunidad otra vez, así que no la desperdiciara.
—Te daré todo —Dice Patricio antes de separarse de él para bajar sus pantalones y comenzar a estimularse contra su coño —Como te gusta.
Pato empuja su polla hacia el interior del joven y la sostiene con fuerza de sus caderas, haciendo un choque de pieles muy sonoro que cualquiera dentro de la casa sabría de lo que está pasando.
El porrista gimoteaba sin vergüenza, le pedía más y lloriqueaba de placer.
Le gustaba mucho ver su trasero brincando sobre su polla, pero principalmente cuando susurraba su nombre entre gemidos.
Continúa golpeando su interior, dando fuertes estocadas que solo lo hacían ver las estrellas.
Le daba diversas nalgadas que hicieron que su piel blanquecina se pusiera colorada.
Oscar se abrazaba a su almohada mientras aquel nerd le destrozaba el coño.
—Pato... —Se queja cerrando sus ojos con fuerza, lo siente tan cerca —Más... Maldición, sí.
Con cada embestida se siente más ido, y un calor en su interior se hace presente, algo que solo anuncia lo que está por venir.
Un chorro de corrida se derrama entre sus piernas y hace que su cuerpo caiga sobre su cama.
No puede más, y solo disfruta del placer que está sintiendo.
Pato continúa golpeando su interior. Sus manos están marcando la piel del joven, sería imposible no notarlo.
Pero nada lo detiene hasta que llega al climax y gruñe al sentir como llena a su amante con su esperma.
Suspira pesadamente cuando sale de su interior y acaricia el trasero del porrista, pues sentía que se había pasado con su brusquedad.
—E-eso... Fue increíble —Dijo Oscar girando para verle —Me gusto.
—¿Ya no soy tan aburrido? —Preguntó Pato con una sonrisa y su primo le arroja una almohada como respuesta.
Pero las restas no duran mucho cuando escuchan el auto del matrimonio estacionandose frente a la casa.
—¿Volvieron tan pronto? —Soltó Oscar sumamente asustado —Mierda, vístete.
Patricio obedece y se sube los pantalones, para después salir de la habitación del joven.
Oscar se desnuda y se mete al baño, abriendo la regadera para comenzar a ducharse.
Su primo, por su parte, se metió al baño de abajo para intentar arreglarse lo mejor posible.
Cuando sus tíos entran, lo ven recogiendo el tapete de ejercicio de su hijo.
—No me digas que Oscar dejo sus cosas tiradas —Dijo Mark observandolo, Y aunque pato no respondió nada, asumió que era un sí —Ese niño, que irresponsable. Perdón Patricio, sé que es alguien complicado pero espero que aprenda de ti.
—Por eso nos alegra que tú lo cuides, eres un niño muy ejemplar —Completo Fernando dándole una palmada en su hombro.
Pato sonríe con nerviosismo, no sabe qué decir.
—¿Quieres que te lleve a casa? —Pregunta el señor Webber —Nos cancelaron la reserva del restaurante y regresamos temprano, pero no te preocupes, te pagaré completamente la noche.
—Si, llévalo, yo iré a cambiarme —Fernando le da un suave beso en la mejilla a su sobrino para después subir a su habitación.
—Vamos —Insistió Mark ayudándolo a recoger sus libros.
Pato regresó a su casa esa noche sin que nadie supiera lo que había pasado entre él y Oscar.
Lo cual era lo mejor para todos, pero eso no significaba que eso se quedaría ahí.