ID de la obra: 1509

Crash landing on you ~ʸᵘᵏⁱᵉʳʳᵉ [ONE SHOT NAVIDAD 1]

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planificada Mini, escritos 11 páginas, 3.357 palabras, 1 capítulo
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Capítulo 1

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.  Parecía ser una mañana cualquiera, excepto por el aura navideño que envolvía la ciudad. Pierre terminaba de beber su café matutino, leyendo el periódico con las últimas noticias y distrayendo un poco su mente del trabajo. Había mucho movimiento debido al día especial que estaba transcurriendo, pues Nueva York se viste de colores, luces y villancicos en cada navidad. No podía negar que le fascinaba, pues siempre era un placer ver la felicidad en el rostro de extraños y bien conocidos. Era su época favorita del año, y estaba bastante contento de haber sido invitado a la fiesta de navidad de su jefe-socio Toto Wolff. No tenía nada de que preocuparse, de no ser porque este último le pidió que recogiera a su hijo del aeropuerto, ya que estaría ocupado gran parte del día. Observó su reloj y se dio cuenta que debía marcharse si quería llegar a tiempo. Pero se lamento cuando llegó al aeropuerto y se dio cuenta de que no sabría cómo hacerle saber al joven que era él quien había ido por él. No se conocían. Cuando comenzó a trabajar con Torger, este siempre le hablaba sobre sus dos hijos, pero principalmente sobre el más joven de estos. Yuki, quién estaba viviendo en California, había sido adoptado cuando era muy pequeño y sus padres siempre buscaron darle todo lo que quería y necesitaba. Lamentablemente, sus padres se divorciaron y ahora tenía que lidiar con una familia no solo dividida, sino también lejana. Christian, su otro padre, y Max, su hermano mayor, se fueron lejos y él se quedó con Toto. No odiaba vivir con él, por el contrario, su relación es bastante buena. Pero le hubiera gustado tener a su familia completa. Pierre sabía mucho de él porque su jefe siempre hablaba con orgullo sobre sus logros como un chef algo reconocido. Y no era para menos. Yuki sabía muy bien lo que quería ser desde que era muy joven. Amaba cocinar, pero los postres eran su debilidad. Se esforzó mucho en sus estudios y se mudó a Los Ángeles a la primera oportunidad. Quería probarse a sí mismo que podía con el reto. Y lo había logrado. Ahora volvía a casa, esperando encontrar algún atisbo de aquella familia que perdió de pequeño. Pierre se moría por conocer al joven, ya que sentía que era una especie de genio gastronómico, gracias a todos los relatos del padre de este. Se acomodó bien el saco mientras bajaba de su auto y camino con firmeza por los pasillos. Estaba bastante cerca de donde se suponía lo vería, pero en su lugar se encontró con un grupo de personas que observaban algo. —¡Ya les dije que no soy un niño! —Escuchó la voz de un joven gritando, llamando su atención. Unos cuantos pasos más, haciendo espacio entre las personas curiosas, y ahí tenía frente a él a un joven pelinegro de un metro y sesenta, peleando con la policía del aeropuerto. La nariz del alfa pica al percibir el aroma del alterado omega. —Esto es un malentendido, por favor —Insiste el joven intentando calmarse. Pierre saca su teléfono y revisa la fotografía que su jefe le había mostrado hace unos días, orgulloso por el éxito de su hijo. Levanta el móvil hasta colocarlo a la par del joven, comparándolos. Físicamente eran iguales, aunque no era lo que esperaba. Y no se da cuenta cuando, de pronto, Yuki empuja a uno de los policías e intenta salir corriendo para librarse de ellos. Dirigiéndose hacia donde estaba el alfa francés, tropezando en el camino y cayendo encima suyo. Pierre gime de dolor al sentir todo el peso del joven sobre su cuerpo, y cuando abre los ojos su mirada se pierde con la del pelinegro. Respira profundamente al percibir el aroma a galletas de cafe con sake del omega. Incluso podía sentir como si el tiempo se hubiera detenido y no pudiera moverse ni un centímetro. Sentía que, de hacerlo, se perdería el contacto con aquellos ojos curiosos. Por su parte, Yuki se sintió aturdido porque pensaba que aquel hombre se quitaría de su camino. Había notado que quizá estaba grabándolo con su teléfono, lo cual le parecía muy grosero, así que estaba dispuesto a empujarlo para quitarlo de enfrente. Pero ahora, viéndolo detenidamente, le parecía muy atractivo. Al estar tan cerca percibió su aroma a jengibre con champagne. Uno que le dejo los vellos de punta. La cercanía era mortal, y esos ojos azules eran hipnotizantes. Quizá era una tontería pensarlo, pero le gustaba la idea de creer que las cosas debían ser así. —¡Agarrenlo! —La voz de uno de los policías los saco de su trance. El más joven siente como unos hombres lo toman de los hombros y lo levantan rápidamente. Pierre no tarda en levantarse, observando como uno de los guardias usa su fuerza sobre aquel pequeño Omega. —¡Sueltalo! —Gritó de manera demandante, haciendo que lo voltearan a ver. Había usado su voz de mando, algo que hizo tensar el ambiente. Inevitablemente, tuvieron que ir a aclarar todas las cosas ocurridas durante el forcejeo. En primer lugar, a Yuki no lo querían dejar pasar pensando que era un adolescente y estaban solicitando la presencia de sus padres. En segundo lugar, se llevaron la mala noticia de que su equipaje había sido extraviado. Y en tercer lugar, el joven fue obligado a pedir disculpas por su comportamiento al haber empujado a un oficial. Injusto o no, tuvo la suerte de que no llegara a más. El Alfa francés abogó todo el tiempo por él, algo que confundió el pelinegro. Ya que no lo conocía de ningún lado. Fue entonces que Pierre aclaró que venían representación del señor Wolff, y Yuki entendió de inmediato de quién se trataba. Su padre ya le había contado sobre Pierre. Un hombre de negocios sumamente talentoso, con una vida personal algo reservada y muy profesional. Tenía un buen sentido del humor y mantenía una relación cercana con Toto, quién lo veía casi como un hijo. Pero si había algo que no le había dicho su padre, era que su socio era un alfa bastante atractivo. Y no podía dejar de verlo. —Vamos, Yuki, te llevaré a casa —Comienza el alfa pero el joven se niega a avanzar. —No me iré sin mi equipaje —El pelinegro titubea un poco cuando siente la mano del mayor sobre su muñeca. —No voy a dejarte aquí para que vuelvas a pelear con la policía del aeropuerto —Comenzó Pierre con una voz algo seria —Perdieron tu equipaje, no te lo darán hoy. Puedo mandar a alguien más por ello más tarde. A Yuki le gusta el toque de su mano sobre la suya, y esto hace que su aroma sea un poco más dulce. Esto no pasa desapercibido por el alfa, quién termina descendiendo su mano desde la muñeca hasta cruzar sus dedos. Era un entrelazo ligero, pero que ponía arder las mejillas del más joven. —Vamos de compras —Propone con una voz algo aguda. Pierre asiente de manera inconsciente, dejándose llevar por aquella nueva sensación que sentía al estar cerca del Omega. Y ahora se embarcaría en una nueva aventura, una que no estaba en sus planes esa Navidad.  Habían entrado en un par de tiendas. Yuki se movía con cierta gracia de aquí para allá, rebuscando para encontrar algo que fuera de su agrado. El Alfa lo observaba con atención. Nunca antes se había sentido tan cautivado por un Omega que apenas acababa de conocer. Pero ese exquisito aroma de galletas de café con sake, era algo que quería tener cerca de él. La forma en cómo pasaba cerca de él y lo marcaba con su aroma, lo tenía muy atontado. No sería correcto de su parte pensar de esa manera sobre el hijo de su socio. Pero sentía que este le correspondía. Principalmente con las pequeñas sonrisas que le dedicaba. Y lo confirmó cuando se dio cuenta de que buscaba cualquier excusa para tomar su mano. Cualquiera que observara la escena pensaría que eran pareja. —¿Cómo me veo? —Yuki sale del vestidor y se pasea coquetamente frente a él. Pierre nunca pensó que el hijo de su jefe fuera tan bonito, coqueto y carismático. E inconscientemente sonreía cuando lo veía emocionarse por algo. Pero era una dinámica compleja. Sabían bastante del otro como para ser extraños, pero no lo suficiente para ser cercanos. —¿Y bien? —La voz de Yuki lo despierta de sus pensamientos. Sigue parado frente a él con las manos en la cintura y una sonrisa coqueta en los labios. —Muy bien... —Murmura en el mismo tono coqueto, para después aclararse la garganta —Bien, te ves bien. Intenta sonar lo más natural posible, pero el joven ya se ha dado cuenta de su interés en él. Terminan sus compras y pasan cerca de una enorme pista de hielo, una oportunidad que Yuki no dejaría pasar. El omega insiste en que deberían pasar el rato patinando, pues todavía no quiere ir a casa. El Alfa se resiste un poco, pero aquellos ojos profundos lo tienen hechizado y no hace más que acceder a sus deseos. Guardan las compras en el auto y se acercan al lugar. Deja al pelinegro esperándolo en las bancas mientras él va por los patines que usarán. No tarda demasiado en conseguirlos, pero apenas voltea y observa al omega hablando con quién parecía ser otro alfa. Uno rubio y de sonrisa extraña, con un aroma que le resultaba pestilente apenas se acercó un poco. Lo está intentando cortejar, algo que inevitablemente lo molesta. Yuki luce tan adorable sentado en la banca mientras rechaza los avances de aquel alfa, y sonríe cuando ve a Pierre llegar. Su dulce aroma a jengibre pica un poco su nariz al notar que tenía cara de pocos amigos. Le hace una mueca de disgusto al rubio, quién se marcha cuando siente la pesada atención entre ambos. El alfa francés se arrodilla y, sin pedirlo, ayuda al más joven a ponerse los patines. El pelinegro sonríe mientras se levanta, mira como el mayor se pone los patines y los dos caminan junto al otro para empezar la actividad. Y si bien parecía que las cosas se habían relajado un poco, había un ligero problema. Pierre no sabía patinar. Es muy orgulloso y no lo quiere admitir, pero sus nervios lo delatan apenas entra en la pista. Yuki lo observa con atención y se da cuenta de su situación. —Vamos, relájate, verás que no es tan difícil —El pelinegro toma su mano y entrelaza sus dedos, para después ayudarlo a avanzar torpemente. El Alfa tiene miedo de tropezar y caer, no quiere hacer el ridículo frente al joven. Pero su agarre hace que todo sea más sencillo. Ese aroma a galleta se está volviendo cada vez más dulce. Y no es consciente de que su propio aroma también lo está siendo. Poco a poco va tomando más confianza, sonriendo mientras pasea de la mano con el Omega. Los villancicos, la ligera nieve cayendo del cielo, las diversas luces llenas de color que adornaban la ciudad y el ruido de propios y extraños, hacían de eso un momento especial. Todo se sentía demasiado mágico. Hasta que Pierre se distrae viendo como aquel alfa los observa y todavía ve con deseo al omega. Esto lo lleva a tropezar, llevándose a Yuki entre los pies y llevándolo hasta los límites de la pista, teniendolo arrinconado contra las barras de esta. El Alfa se sostiene de la barra y esto imposibilita que el pelinegro se mueva. Y no es como si quisiera hacerlo. Pues sus rostros están muy cerca del otro. Pierre se agacha un poco y sus frentes se tocan, mientras que sus narices se rozan. Sienten sus labios tocarse ligeramente. Y sus respiraciones se entremezclan. El pelinegro se sonroja y su aroma salió disparado de una forma mucho más dulce, cautivando al mayor. El Alfa está bastante celoso por la forma en cómo el Omega es deseado por aquel extraño que se sintió con la confianza suficiente para acercársele. Pero no solamente eso, sino el esperar a tener una respuesta diferente al estar observándolo en la pista. Ignorando por completo la presencia de Pierre, como si él no fuera alguien a quien tomar en cuenta. Por su mente no se había atravesado por completo la idea de cortejar aquel joven Omega. Pero esa situación lo llevó a impregnar al joven con sus feromonas, marcando territorio sobre cualquier otro Alfa que estuviera interesado. Yuki que se da cuenta de esto y no dice nada, por el contrario, se muerde el labio intentando ocultar una sonrisa. Ahora es más que claro que se gustan, y si bien el Alfa lo ha impregnado con su aroma, todavía no queda muy definido a dónde llegarán con eso.  Durante el viaje a casa las cosas no dejaron de ser tensas. La cercanía que habían sentido era algo que no podían ignorar, pero era demasiado complicado. Pierre seguía siendo el socio de su padre, además de ser al menos diez años mayor. Era algo que Toto no dejaría pasar por alto. —Prepara las galletas conmigo, no quiero estar solo —Y Yuki no ayudaba. Le había pedido a todos los cocineros que se retiraran, ya que el prepararía el postre esa noche y no quería distracciones. Aunque ya tenía uno personal. Él sentía que su conexión con el alfa era algo especial y no estaba dispuesto a renunciar a eso. Todavía podía sentir su aroma a jengibre sobre él, lo que le dio la idea perfecta para convivir más tiempo. Así es como Pierre terminó haciendo una casa de galletas de jengibre junto al lindo Omega que se reía de sus tontos chistes. Quien restregaba su aroma sobre el suyo, teniendo esa fragancia de galletas de café en la punta de la nariz. Ya casi terminaban con la casa cuando Yuki tira por accidente las gomitas y, fingiendo recogerlas, toma su mano y la aprieta ligeramente. Al alfa se tensa, pero porque no sabe cuánto tiempo podrá controlar su actuar sobre el joven. Sin embargo, el omega desliza su mano por el brazo del mayor hasta llegar a su hombro y se detiene en su barbilla, acariciando la comisura de sus labios. Entonces Pierre pone sus manos en la cintura del pelinegro y lo acerca a su cuerpo, inclinándose hacia su rostro y probando sus dulces labios. El beso, que al principio fue algo tímido, poco a poco se fue profundizando hasta que el Alfa lo toma de la cintura y lo levanta, haciéndolo sentarse en la barra de la cocina. El joven Omega no deja pasar esa oportunidad y rodea su cintura con sus piernas, manteniendo una cercanía más íntima. Esto Pierre no se lo esperaba, y su aroma se intensifica al igual que el beso. Desea más y lo sabe muy bien, porque ambos quieren eso. Pero su mente hace clic de lo mal que está haciendo, ¿Cómo pudo olvidar que ese dulce Omega es el hijo de su jefe y socio? El Alfa se aleja bruscamente, y Yuki está a punto de protestar. Es entonces que escuchan ruido proveniente del living. Y el mayor aprovecha esto para marcharse. El joven omega se siente un poco afligido al verlo alejarse. Pero disimula bastante bien cuando se encuentra con su primo Oscar y a la pareja de este, Pato. Y si vienes tú le ayuda a distraer su mente, sabe que tiene que hablar con el alfa antes de que las cosas se compliquen más.  Pasaron un par de horas hasta que la cena finalmente llegó. Los invitados fueron llegando poco a poco, pero solo vi a uno que le interesaba a Yuki. Claro que le gustaba pasar tiempo con su familia, pues era algo que añoraba desde que era pequeño. Pero el asunto con Pierre reclamaba su atención en ese momento. No quería creer que habían perdido algo especial por el miedo. Conversa con su hermano Max, le hace mofa a su primo Oscar y disfruta de los mimos de Christian, su mami omega. Sin embargo, no deja observa la puerta esperando a que el Alfa llegue. Y así lo hace. Pierre saluda cálidamente a todos, conversa con Toto y comienzan a hablar de negocios hasta que Christian los regaña, diciéndoles que deberían disfrutar en familia. El omega se alegra de ver la excelente relación que tiene el alfa con sus padres, y quizá eso haría más fácil procesar la idea de un cortejo más serio. Luego lo observa conversando con un hombre mayor, alto y de cabello oscuro. El joven se pone algo celoso pero intenta controlarse, y al poco tiempo descubre que solo es un amigo. Cuando ve que el Alfa francés se aleja hacia el balcón, Yuki no duda en seguirlo y pronto los dos se encuentran solos. —¿Por qué te fuiste? —Es lo primero que dice apenas cierra la puerta —¿Hice algo malo? Pierre se gira a verlo apenas escucha esto. Puede ver lo afligido que está ante la idea de haber cometido un error, y su corazón se conmueve al ver el lado más sensible del Omega. —No hiciste nada malo —Afirma acortando la distancia inconscientemente —Soy yo quien estuvo mal. Eres el hijo de Torger, he faltado a su confianza al llegar tan lejos contigo. Yuki niega con la cabeza y se acerca a él. —Pierre, tú y yo tenemos un vínculo y lo sabes —Comienza mientras toma sus manos con delicadeza —¿En serio lo vas a ignorar? ¿Incluso cuando es muy obvio para ambos? El Alfa se resiste tanto como puede. —Yuki, soy mayor que tú —Le recordó —Tu padre me matara. El pelinegro suelta una pequeña risa nerviosa. —No lo negaste —Señaló —Nuestro vínculo, lo reconoces. Pierre siente sus mejillas arder al escuchar tal afirmación, y pronto su mundo se tambalea cuando siente esos dulces labios sobre los suyos. No puede seguir luchando contra si mismo y sus deseos de estar cerca del omega. Así que posa sus manos en su cintura y corresponde el beso, uno que resulta ser más tierno que el anterior. Una vez aclarado todo entre ellos, regresan adentro con una expresión boba en sus rostros. Se sientan el uno junto al otro, intentando controlar sus aromas al estar tan emocionados. La cena continúa con normalidad, aunque el alfa de vez en cuando busca la manera de hacer contacto físico con su omega. Yuki le dedica lindas sonrisas, que parecen pasar desapercibidas para los demás. Y, durante el postre, admiran la casita de jengibre que habían hecho juntos esa tarde. —Pinche casa toda culera —Suelta Pato a modo de broma. Oscar se muerde el labio para no reírse, pero sabe bien porque lo hace. A Yuki no le gusta que se metan con sus postres, así que está siendo provocado. Poco a poco comienza una discusión que por un lado es real, y por el otro un juego. El pelinegro se levanta de su asiento, cansado de la actitud burlona de Pato. Pero Pierre lo toma de la cintura y pega a su cuerpo, envolviendolo en un cálido abrazo a la par que deja que sus feromonas lo calmen. Actuando por instinto, pero delatandose frente a todos. Los padres de Yuki comienzan a hacerse muchas preguntas, lo que derivó en una conversación en privado entre Toto y Pierre. No podría decir que fue fácil. Luchar contra el vínculo que lo unía a Yuki no estaba en sus planes, y al final el mayor tuvo que aceptar la relación. Esto porque veía a su hijo muy feliz al rededor del alfa francés. Y sabía bien que este último era un buen hombre. Es así como su cortejo comenzó a ser más formal, abiertamente disfrutando de la compañía del otro. Porque era la manera que debía ser desde la primera vez que se vieron. Aquel vínculo que los unió a la distancia, y que los junto a la primera oportunidad que estuvieron cerca del otro, tropezando sobre si mismos para caer junto a su destinado. Y que con la llegada de la navidad, empezaría una nueva vida juntos y muy felices. 
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