ID de la obra: 1510

Be my boy~ᴾᵃᵗᵒˢᶜᵃʳ [ONE SHOT NAVIDEÑO 5]

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planificada Mini, escritos 8 páginas, 2.107 palabras, 1 capítulo
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Capítulo 1

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.  Óscar estaba nervioso. Estaba a unas cuantas horas de irse a casa de su tío Torger para una cena de navidad que pasarían en familia. Sus padres estaban muy ocupados y le agradaba la idea de ver a sus primos. ¿El problema? Simple, tenía que llevar a alguien. Todavía recordaba la conversación que tuvo por teléfono con su primo Yuki. “—Todos llevaremos pareja, ¿O sigues soltero? —Habia cierta burla en sus palabras —Si no llevas a alguien, nos burlaremos toda la noche” No le gustaba la idea de ser el primo solterón del que todos se burlan en la cena. Y termino diciendo que tenía un novio el cual había conocido hace unos meses. Con el reto de llevarlo a la cena para probar que no era imaginario, ahora debía encontrar una manera de ocultar su mentira. Así que decidió pedir ayuda a su mejor amigo. Pero no sería tan fácil como sonaba, pues aunque fueran mejores amigos, no estaba obligado a aceptar. Entonces le contó todo lo que le había dicho su primo y le ofreció un trato. —¿Que si puedo fingir ser tu novio a cambio de que hagas todas mis tareas? —Repitió Pato al terminar de escuchar el relato. Oscar asintió sumamente nervioso, él era su única opción. —Por favor... —Suplicó —Y te haré el proyecto final. Era una oferta tentadora. —Bien, lo haré —Afirma el Omega con una sonrisa amable. Lo que Oscar no sabía, era que su amigo hubiera aceptado sin pedir nada a cambio. Pero no iba a rechazar tan buena oferta. Se habían conocido hace dos años cuando ambos entraron a la NYU, conectando casi al instante. Rápidamente se convirtieron en compañeros de piso y sus horarios eran los mismos. Era raro ver a Oscar sin Pato, y viceversa. Pero tampoco era raro que pensaran que eran pareja. Esa cercanía y complicidad no lo compartían con cualquiera, y muchos llegaron a pensar que eran novios. Por esa razón a Oscar le fue fácil pedirle este favor a su amigo, sabiendo que si bien no era verdad, al menos era creíble. Se conocían bastante bien entre ellos que eso no sería un problema al momento de que les hicieran preguntas. —Solo serán unas cuentas horas —Afirmo Oscar mientras cerraba su mochila. Se habían alistado para llegar temprano a la residencia Wolff-Horner, y así pasar un tiempo con los primos de su amigo. —Relajate, te preocupas por nada —Pato se pone su chamarra y le sonríe cálidamente. Lo que el Omega no sabe es que su amigo ha estado enamorado de él todo este tiempo. Oscar no lo dirá, pero estaba embelesado con aquel lindo Omega de aroma a manguito con chamoy. Dios, Pato era el hombre perfecto. Guapo, inteligente, divertido. No se tomaba muchas cosas en serio, pero si lo hacía cuando era necesario. Ordenado, y tranquilo, le gustaba platicar mucho a lo largo del día. De pronto le salían las ganas por molestar a alguien, pero sabía bien cuando parar. Y lo consentía mucho. Pato siempre le compraba los dulces que le gustaban. Si iba a la tienda y miraba algo que le gustaba a Oscar, no dudaría en comprarlo. El Alfa sabía bien que un Omega asi era muy deseado por todo aquel que tuviera ojos y sentido común. Pero no se sentía digno de él.  Salieron de su departamento y se detuvieron a hacer unas compras de último minuto. Si irían a la cena, al menos comprarían unos regalos. —No estoy muy seguro de que le guste al tío Horner —Afirma Oscar sin dejar de observar cada objeto —Es tan complicado porque siento que no lo conozco lo suficiente. —¿Que tal un reloj? ¿O una lámpara? ¿Quizá un almohadón? —Pato comenzó a señalar objetos al azar. Esto hizo reír al alfa, quién al final decidio irse por el reloj. Hicieron un par de compras antes de continuar con su camino. Deteniéndose en un puesto de churros callejeros, comprando unos para acompañarlos con chocolate caliente. Pato tomó uno de los churros y se lo acerco a Oscar, quien le dio una mordida y ambos sonrieron. Les gusta mucho Nueva York, principalmente en esa temporada del año. La ligera nieve que cae del cielo y las cálidas luces iluminando las calles. Los villancicos y las risas. El movimiento podría ser agobiante, pero ellos están acostumbrados. Aman la ciudad, pero saben que estar ahí juntos es el plus que alegra todo. Pato se detiene a observar la vitrina de una tienda de peluches, mirando uno de un pato con sombrero.  Al omega le encantaba coleccionar objetos relacionados a ese animal, así que Oscar no titubea ni un segundo y entra a la tienda. Toma el peluche y paga rápidamente, siendo visto por Pato desde afuera. —Toma —Dice el alfa extendiendo la bolsa de regalo —Por ayudarme está noche. El omega sonríe nervioso. —Pero no he hecho nada —Responde mientras toma la bolsa y saca el pequeño pato de peluche. Lo abraza contra su pecho y esto conmueve a Oscar, quién sonríe bobamente. Continúan su camino, tomando un taxi que los llevaría a la residencia de los Wolff-Horner, donde se realizaría el evento. Pato se pone nervioso, nunca ha convivido con la familia de su amigo. Solo ha escuchado historias de ellos. Sabe que tienen una dinámica familiar algo difícil, y que la distancia es algo que marca su actuar. El aspecto frío y solitario del lugar era iluminado por la decoración navideña y un rápido movimiento toma la mano de su amigo. Oscar reacciona ligeramente al contacto, jamás se habían tomado la mano de esa manera. —Debe ser creíble, ¿No? —Susurró el Omega, algo que apagó sus emociones. Entraron a la residencia Wolff-Horner, donde fueron recibidos por un mayordomo que recibió sus abrigos. Los jóvenes también entregan los regalos que compraron, y caminan por la enorme mansión esperando encontrar a alguien familiar. De pronto escuchan el sonido de una puerta cerrandose y ven a un hombre de unos treinta años caminando a pasó rápido. No los saluda, parece que tenía prisa por irse. —¿Quién era él? —Pregunta el Omega con timidez. El aroma de aquel alfa había impregnado la habitación, haciendo que pícara un poco. —No estoy seguro —Responde Oscar algo extrañado. Entonces Pato se pega a su cuerpo, intentando deshacerse de ese neusabundo aroma. Se refugia en sus brazos, deleitándose con su aroma de alfa, fresa con yerbabuena. Le encantaba el frescor de Oscar. Siempre que se sentía inseguro o molesto recurría a sus brazos, los cuales siempre lo recibían con calidez. En ese momento escuchan de nuevo aquella puerta, haciendo que ambos volteen a ver pero sin perder el contacto. —Yuki —Dijo Oscar cuando lo vio llegar hasta ellos —¿Todo bien? Al alfa le pareció curioso como el aroma a galletas de cafe de su primo tenía tintes un poco agrios. Y en su rostro se dibujaba una visible confusión. —Hola, si, estoy bien —El pelinegro hizo todo lo posible por controlar sus feromonas, y observó al acompañante de su primo —¿Él es tu novio? Oscar asiente y el omega castaño sonríe, separándose de su 'Pareja' para poder saludarlo con la mano. —Un gusto, soy patricio, pero me gusta que me llamen Pato —Dice el castaño mientras estrecha su mano con la del otro omega. —Es un placer conocerte —Afirma Yuki notando como los dos jóvenes parecían muy tensos. Esto lo llevo a sospechar un poco. —¿Y quién era él? —La pregunta de Oscar lo saca de sus pensamientos —Tengo la sensación de haberlo visto antes, ¿Es tu novio? Yuki le dedica una media sonrisa. Su jueguito burlón le había salido en contra. Y ahora era él quien no tenía ninguna pareja. —No, es el socio de papá, me llevó a casa desde el aeropuerto —Afirma el pelinegro y una idea se le cruzó por la mente —¿Y que tal ustedes? ¿Desde cuándo son novios? Alfa y Omega se miraron, los dos habían sido tan descuidados como para no ponerse de acuerdo en sus versiones. —Seis meses —Dice Oscar. —Cinco meses —Responde Pato al mismo tiempo. Yuki hace todo lo posible por ocultar una sonrisa. —Cinco meses, casi seis —El alfa se apresura en corregir el error. Sin embargo, ya es tarde para eso. Una serie de preguntas sobre el otro fueron bombardeadas por Yuki, en su afán de demostrar la falsedad de esa relación. Pero ellos respondieron todas las preguntas bien, gracias a lo mucho que conocían el uno del otro. No fue hasta que Yuki les señalo algo que colgaba en el techo, que las cosas comenzaron a tensarse. Un muérdago. Yuki sonreía esperando a que se besaran frente a él. Sabía bien que Oscar nunca había besado a nadie y pudo ver la mirada nerviosa en el alfa. Pato se acerca el rostro del joven, quién se queda estático sin saber que hacer. Se supone que debería ser creíble. Pero Oscar no quiere que su primer beso sea así, y esto su amigo lo nota rápidamente. Yuki estaba a punto de decir que ya era suficiente. Que no tenían que probar nada. Solo quería reírse un poco antes de la cena. Pero el Omega castaño toma de la cintura al alfa y lo acerca a su cuerpo, haciéndolo inclinarse hacia aún lado y ocultando el beso de la vista del pelinegro. Esa pose hacia parecer que se habían besado, pero en realidad sus labios solo tocaron su mejilla. Ambos se reincorporan y Yuki ya no insiste más con el tema. Poco a poco los invitados irán llegando y tiene que enfocar su atención en ellos. Alfa y Omega se dirigen a la sala, sentándose en uno de los sofás. Ambos están en silencio, que si bien no es incómodo, los invita a abordar un tema importante. —Hice lo que pude —Confiesa Pato algo desanimado —Entiendo bien que el primer beso es importante y no quería tomar eso de ti. Oscar toma su mano y levanta la mirada, siente que ya no puede ocultarlo más. El casi beso hizo revolotear su corazón. Pero se había sentido afligido ante la idea de que su primer beso fuera uno falso, fingido. No porque fuera Pato el que se lo daba, sino por la falta de realidad en lo que estaban viviendo. Quería que Pato lo besara, pero porque él quisiera, no porque se lo hayan pedido. —No estarías robando nada —Afirma el joven acercándose —Porque me gustaría que fuera contigo, no con alguien más. Pato siente sus mejillas arder y su aroma se vuelve más dulce. Pensar en él alfa más allá de ser un amigo, realmente había hecho latir su corazón con fuerza. Y no se había dado cuenta de lo mucho que quería besar esos labios. Entonces se inclina hacia adelante, cortando el espacio entre ambos y juntando sus labios en un dulce encuentro. Oscar sabe que es bien correspondido, y no duda en impregnarlo de su aroma, mezclando el frescor de las fresas con yerbabuena junto al mango con chamoy. El beso no dura demasiado, pero si lo suficientemente para alejarlos de ese mundo y entregarse a sus sentimientos. Cuando se separan ambos sonríen, Pero Oscar vuelve a juntar sus labios en un beso fugaz, recordándole cuanto le quería. Así llegó el momento de la cena, donde Pato decide tomar venganza por el actuar del otro alfa que se miraba demasiado contento y acaramelado con Pierre, el socio de su padre. Ahora sabe bien que ambos habían estado en la cocina esa tarde, y que, a palabras de Christian, habían hecho el postre. Entonces observa que ella casita de jengibre torpemente decorada. Pierre no era muy bueno con las manualidades. —Pinche casita toda culera —Suelta el Omega con una pequeña risa. Su actuar toma desapercibido a todos los presentes. Pero Óscar sabe bien que es un chiste algo pesado. Yuki se enoja y comienza a elevar la tensión. Pato no lo toma en serio, solo está jugando con él. Hasta que finalmente Pierre calma a su Omega usando sus feromonas después de envolverlo en un cálido abrazo. El omega castaño sonríe al saber que los a metido en problemas, principalmente después de ver como Toto y Pierre se marchan para hablar en privacidad. El actuar del socio del señor Wolff fue lo suficientemente llamativo como para distraerlos de lo hecho por Pato. Así que Oscar toma su mano con delicadeza y le da un tierno beso. Aunque si había algo que debía agradecerle a Yuki, era que su intervención los ayudo a aclarar sus sentimientos el uno por el otro. Ellos ya actuaban como una pareja enamorada. Y quizá solo necesitaban confirmar algo que ya sabían. 
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