ID de la obra: 1513

Friday the 13th (Maxie lives)

Slash
NC-17
En progreso
0
Fandom:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 6 páginas, 2.027 palabras, 1 capítulo
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
Compartir:
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Capítulo 1

Ajustes de texto
TW NSFW CONTENIDO ADULTO. Inspirado en Friday the 13th.Dónde un asesino acecha a los jóvenes de un campamento, pero no sabrás si toca filo o pito.  En el espeso bosque cercano al campamento Crystal Lake, una figura que se oculta entre los árboles observa a dos jóvenes escabullirse lejos del resto. Checo sostiene la mano de Lewis mientras suelta pequeñas risas y voltea a ver para asegurarse de que nadie los siga. El moreno rápidamente lo arrincona contra un árbol y besa sus labios, invadiendo su boca con su lengua y sus manos traviesas acarician su cintura. Se detiene en el elástico de sus shorts y se desliza dentro de este, sonriendo al sentir su suave y húmedo coño empapando su mano. Muerde ligeramente su labio inferior para después sacar su mano y llevarlo hasta una vieja mesa de picnic de madera que estaba cerca. Lo hace sentarse y con sus rápidas manos baja los shorts y se queda solo con la parte inferior de un bikini, a Sergio le gusta vestir así pero lo oculta de los demás. Con Lewis es diferente, aunque ha coqueteado con varios chicos, él ha sido el único que le ha seguido la corriente. Desde que llegó al campamento y este le dio las indicaciones a su grupo, se quedó completamente encantado con él y busco restregarsele tanto como le era posible. Por su parte, el moreno estaba aprovechando las vacaciones universitarias para ganar algo de dinero durante el verano. Se había estresado mucho cuando escuchó que tendría que convivir con jóvenes de preparatoria. Pero pronto eso se le pasó cuando vio a su pecoso entre los campistas, y el constante coqueteo que se tenían los llevó a ese encuentro en el bosque. El pelinegro solto un gemido cuando sus dedos se pasearon sobre la prenda delgada que lo separaba de su piel. —Que lindo coñito, debe saber delicioso —Dice Lewis cuando presiona con dos de sus dedos y observa como abre la boca para soltar un pequeño quejido —Déjame saborearte. Sergio asiente y el moreno remueve la estorbosa tela para mirar su rosado y húmedo coño, poniéndose de rodillas para verlo de cerca. —Hazme lo que quieras —Susurra el pelinegro y siente un escalofríos al momento en que la respiración de su amante choca con su sensible piel. Lewis no tarda en comenzar a acariciarlo, usa sus dedos para jugar con sus pliegues y el pecoso abre más las piernas, lo tiene prácticamente pegado a la barbilla. Entonces termina de cerrar el espacio y su lengua saborea cada parte de su coño, haciendo que el joven cierre un poco sus piernas al experimentar tal placer desconocido. Toma de los cabellos al moreno y este hunde su cara en sus pliegues, saboreando y respirando cada parte de su húmeda piel. Quiere más, así que comienza a mover sus caderas y Lewis entiende lo que le pide, así que lleva unos dedos a su entrada y mete uno, haciendo que suelte un gemido algo alarido y esto lo asusta. Nadie debería saber lo que están haciendo. Pero continúa tocado, lamiendo, presionando, penetrando con sus dedos y lengua, saboreando todos sus jugos y haciendo que pierda la cabeza. El observador nunca había presenciado algo así. Lo mira comiéndole el coño a aquel joven y no sabe porque eso genera una reacción en su cuerpo. Él solo sabe matar. Max había vivido mucho tiempo en una cabaña oculta en la parte más alta del bosque. No recuerda a su padre pero si a su sobre protectora madre. Cuando ella murió, él comenzó a matar a los campistas cada verano. Ni siquiera recuerda cómo inició, pero era lo único que hacía bien. El contacto con otros hermanos siempre había sido limitado, así que observar esa escena había despertado en él algo inexplicable. Siente su carne endurecerse bajo sus pantalones, principalmente cuando tiene una gran vista de aquel coño rosado siendo maltratado por el moreno. Lo ve pararse y deshacerse de la parte baja de su vestimenta, observa como se acercó y se pega al más joven. Sergio se removió un poco al sentir la cabeza del pene del moreno rozando su coño, estaba tan mojado que solo quería dejarlo entrar y disfrutar de él. Sabía que eso se sentiría como una maravilla, pues era algo que sus amigos le habían contado. Pero nunca lo había hecho. —¿Quieres que te llene con mi polla? —Pregunta Lewis a su oído y este asiente. Lo toma de la cintura y decide jugar un poco, pasea su longitud entre aquellos pliegues y se excita al solo verlo moverse para tener más contacto. Se muere por cogerlo. —¡Lewis! —Escucha a alguien gritar y esto lo aturde, así que se separa rápidamente —¡Lewis! Lo están buscando y sabe que será cuestión de tiempo para encontrarlo en aquella situación tan comprometedora. —Dámelo —El pecoso rogaba, pero no tenían tiempo para eso. —Me encantas —Dijo el moreno para después juntar sus labios en un corto beso —Sabía que tenías un coño bonito, pero no esperaba que supiera tan bien —Pasa sus dedos por encima y lo hace temblar —¿Quieres que te haga sentir más rico? —Si, si quiero —Suplica, necesita más, mucho más. —Esperame en tu cabaña a la media noche —Respondió mientras tomaba sus shorts del suelo y comenzaba a ponérselos —Pero recuerda que esto es un secreto. Lewis pone uno de sus dedos sobre los labios del joven en señal de que debe guardar silencio y este asiente. Pero también lo hace lamerlo, así probando sus propios jugos. No tarda en irse y el joven todavía siente la adrenalina recorrer su cuerpo. Baja su mano y comienza a tocarse el coño, como siempre lo hace, deseando e imaginando que sea Lewis quien lo este haciendo sentir así de bien. El observador quiere acercarse, su víctima está solo pero no puede porque rápidamente escucha unas risas y ve como el pelinegro se viste rápidamente. —¡Vamos a nadar! —Grita Charles acompañado de Carlos y se llevan al joven con él. Tendrá que esperar. Así paso el día mirando a los jóvenes, acabando con algunos de ellos y escondiendo sus cuerpos. Pero se estaba desesperando. Para cuando cayó la noche, el misterioso hombre comenzó a seguir a Lewis para poder dar con la cabaña. Es entonces que lo silencia, lo necesita fuera del camino. Sus manos están teñidas de rojo, pero no le importa. Él va por su premio. Dentro de esta lo espera Sergio, quién se ha montado completamente desnudo sobre una almohada y mueve sus caderas intentando recrear las sensaciones que Lewis había provocado en él. Está de espaldas, gimiendo y con el trasero al aire. Sintiendo cómo sus pechos brincan con cada movimiento. Ciertamente era imposible negar su obsesión con el placer, y últimamente no era capaz de quitarse las manos de encima, mucho más después aprenderse a masturbar. Pero no sabe que alguien lo observa, hambriento y deseoso. Se limpia un poco las manos en el traje de su pantalón, pero no puede despegar la vista de ese trasero que se mueve como si estuviera invitándolo a adueñarse de él. Saca su miembro ya erecto y se acerca a él. —Si, que rico... —Susurrá el pelinegro mientras se sigue moviendo sin darse cuenta de nada —Más, si... Coloca sus manos sobre el redondo trasero y este detiene sus movimientos. —Llegaste —Sergio ni siquiera se molesta en voltear, solo le importaba aquel pene que rozaba con su coño y se sumergía en su húmeda piel —Menos charla y más acción. Mueve sus caderas hacia atrás, sintiendo la cabeza de aquel miembro casi entrando en él y se muerde los labios cuando aquellas manos lo toman con fuerza. Max se deja llevar por sus instintos y deja entrar su longitud en aquél húmedo coño, siendo abrazo por esa cálida piel que lo aprieta y lo lleva mover sus caderas para sentir más de él. El pelinegro ahoga un gemido y aprieta los dientes al sentir ese pedazo de carne en su interior, tomándolo, llenándolo. Con sus manos fuertes sosteniéndolo de la cintura y pegando su cuerpo a él, sus testículos golpeándolo con cada embestida, sus gruñidos en su espalda y sus uñas ensartandose en su piel. Es una sensación resbaladiza por su cuerpo, como si algo lo estuviera mojando, pero lo ignora porque la sensación de su miembro en él es maravillosa. —Lewis, si, cógeme más fuerte —Ruega y esto hace enojar al rubio, quién lo agarra con más brusquedad y lo jala de los cabellos. Esto le duele al joven y le da un manotazo para hacerle saber que no aprueba ese trato. Entonces escuchan algo caer y esto llama la atención del pelinegro, quién se gira para ver de qué se trata. Al voltear, se lleva la sorpresa de que su amante no era Lewis sino un hombre rubio con aspecto desalineado. Bastante guapo, pero con una mirada asesina que le ponía los pelos de punta. Lo ve morderse el labio inferior mientras sigue embistiendolo, y esto lo excita. Observa su cabello alborotado y con algunos mechones pegados a su rostro debido al sudor. Si bien no es Lewis, se sentía muy complacido por la forma en cómo se asueñaba de su cuerpo y lo marcaba en el proceso. Pero Sergio se echa hacia adelante y esto claramente no le gusta porque lo obliga a salir de él, pero el joven tiene otros planes. Se gira y abre sus piernas para hacerle saber que debe continuar. Max se desnuda apresuradamente, jamás se había sentido más bienvenido. Termina de acomodarse entre sus piernas y acomoda su miembro para entrar una vez más. El joven enreda sus piernas en su cintura y siente al hombre casi dejando caer todo su peso sobre él. Su respiración choca en su rostro mientras sus caderas chocan y los dos no dejan de gemir por el otro. El rubio usa su mano para acariciar sus pechos, le gusta como saltan y se agacha un poco para llevar uno a su boca. El pelinegro toca su coño al mismo tiempo que es embestido por el hermoso extraño. —¿Q-quien eres? —Balbucea con cierta dificultad y siente que las palabras le fallan. Max recuerda vagamente la conversación del joven con el otro tipo, sabe que le gustó lo que le dijo y decide hablarle de la misma forma. —La polla que te llenará todas las noches —Afirmó haciéndolo sonreír. Para alguien tan obsesionado con la idea del placer, esto fue como una maravilla siendo anunciada. —Entonces lléname bien, hasta desbordarme —Retó. El rubio se reincorpora sin salir de él, ha aceptado el desafío. Levanta sus piernas hasta colocarlas sobre sus hombros y comienza a moverse con mayor rapidez. Quería tener acceso total a su cuerpo, y lo tendría. El pecoso gime y se deja llevar por el placer, entregándose completamente a aquel hombre. Baja un poco la mirada para observar ese miembro colorado que entra en él tanto como se le antoje. Pero algo llama su atención, ese peculiar tono rojizo sobre su propia piel. Fresco, resbaladizo. El hombre lo ha estado cubriendo con este líquido durante todo su encuentro y ni siquiera se había dado cuenta. Pasa sus dedos sobre su abdomen y recoge un poco, lo acerca su rostro y se da cuenta de lo que es. Sangre. No es suya, no creo que sea del tipo. Pero una fuerte embestida lo altera al punto de olvidar como pensar. Max aprende rápido y sus movimientos se vuelven tan precisos que lo hacen enloquecer, y el joven pierde el control de su cuerpo, soltando una gran corrida al mismo tiempo que arquea la espalda. El rubio se excita ante esto y no para, no hasta que finalmente él alcanza su propia excitación y termina de llenar el coño del pecoso. Sus respiraciones se entre mezclan y sienten sus cuerpos vibrar, fueron demasiadas emociones al mismo tiempo. El pecho de Max sube y baja lentamente, está cansado pero disfruta de ver al pelinegro tan extasiado como él. A Sergio le encanta su polla, y realmente no le importaría ignorar unos cuantos asesinatos con tal de volver a sentirlo adentro.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)