ID de la obra: 1514

Sergio's body

Slash
NC-17
En progreso
1
Fandom:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 10 páginas, 3.050 palabras, 1 capítulo
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
Compartir:
1 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Capítulo 1

Ajustes de texto
 En una zona apartada de una lujosa mansión, dos personas se ocultan en la oscuridad para repasar un macabro plan. —¿Estás seguro de esto? —Preguntó el rubio mientras tomaba el sobre —¿Y si sale mal? —Funcione o no, al menos estará fuera del camino —Afirmó el castaño con una sonrisa y le guiñó el ojo antes de marcharse. En ese momento el teléfono del joven comenzó a vibrar en señal de llegada de un mensaje. “Voy en camino” Esto lo pone nervioso, pero sabe que no hay vuelta atrás. Accedió a hacer esto, quiere ese asiento. Pocos minutos después lo ve a asomarse por las arboledas. Sergio camina a paso firme, todavía no sabe lo que le espera. Saluda al joven rubio, piensa que podrán arreglar sus diferencias. A veces tener un corazón tan bueno puede ser peligroso. —Y lamento mucho mi comportamiento —Liam terminó sus disculpas, parecía sincero. El pelinegro sonríe con amabilidad, puede justificar su comportamiento a base de su inmadurez. Pero aceptar el error es el primer paso, lo demás sería más sencillo ¿No? —Lo entiendo y espero que no vuelva a pasar —Responde para después estrechar las manos. Piensa que es el inicio de una nueva amistad. El joven traga en seco y sus manos tiemblan, puede detener eso pero no quiere. La ambición lo ciega demasiado. —¿Brindamos? —Propuso y el mayor asintió sin saber lo que eso significaba. Liam toma dos copas dos champagne que tenía en una mesa, respira profundamente y le pasa una. Sergio ni siquiera nota el ligero color diferente de su bebida. Chocan las copas y dan un trago. El rubio observa expectante la forma en cómo el pelinegro vacia el líquido en su interior. Sergio se relame los labios, y su visión se siente borrosa. Su cuerpo hormiguea y el mundo se mueve. Intenta decir algo, pero termina balbuceando y todo se vuelve negro. El joven se acerca y lo mueve para saber si sigue despierto todavía, pero termina comprobando que está inconsciente. Saca su teléfono de su bolsillo y confirma que todo salió como había sido planeado. Al poco tiempo llega su cómplice y este se pone muy feliz al ver al pelinegro tendido en el suelo. —Bien hecho, ¿Nadie los vio? —Preguntó y Liam negó con la cabeza —Entonces empecemos. Ven, ayudame. El castaño comienza a tomarlo de los brazos para intentar levantarlo o arrastrarlo, necesita moverlo. El rubio lo mira, pero todavía tiene dudas. —Lando, ¿Está seguro de esto? —Pregunta sabiendo que todavía pueden dar marcha atrás —Es muy riesgoso. —Tienes que arriesgarte para tener éxito —Señaló —Con su sacrificio yo seré campeón y tú tendrás su asiento. —Es muy probable que lo busquen y podrían atraparnos, y ninguno de los dos tendremos lo que queremos —Había mucha razón en sus palabras, pero esto no le gustó a su cómplice. —No seas cobarde, ¿Qué crees que pasará si se despierta? Sabrá que tú lo hiciste —Ahora usaba el miedo en su contra —No hay marcha atrás, tenemos que hacerlo ahora o nunca. El rubio asiente rendido. Se acerca y lo ayuda a arrastrarlo lejos de la propiedad. Es una zona boscosa, pero ya tenían todo listo. Un libro, velas y una tumba poco profunda. Había mucha planeación, sabían que podrían buscarlo y tendrían que asegurarse de que no la encontraran. Debían hacerlo rápido y con cuidado. Lo colocan sobre una mesa de piedra, prenden las velas y el ambiente se tensa. Lando toma el libro y comienza a recitar palabras extrañas que ninguno de los dos entiende, pero saben que son necesarias. En mantenerlo inconsciente facilitaba sus planes. Porque si hubiera estado despierto, Sergio habría hecho uso de su fuerza y se libraba de los dos fácilmente. Era la persona indicada para hacer su trato. O al menos eso creía Lando. Muy amistoso, tranquilo, confiado. Había afirmado en más de una ocasión que se mantendría virgen hasta el matrimonio, tal como un fiel católico lo haría. Liam observa como su cómplice toma un cuchillo y acaba con la vida del hombre inconsciente. Sonríe aliviado cuando las velas se apagan de golpe. Había funcionado. Lo ayuda a mover el cuerpo y lo dejan caer en aquella tumba. Están bañados en sangre, pero tenían un cambio de ropa exactamente igual a la que traían puesta. Saben que solo será cuestión de tiempo para ser recompensados. Hacer que se deshacen de toda la evidencia y regresan a la fiesta donde estaban. Poco sabían que esto apenas estaba comenzando. Al cabo de una hora la tierra comienza a moverse un poco, y unas manos salen y se arrastran para poder salir de ahí. Escupe aquellos residuos que quedaron en su interior. Sangre mezclada con tierra, hojas y pasto. Su cuerpo duele pero no tiene ninguna herida. Su pequeña mentira lo había traído de nuevo a la vida. O quizá había sido otra cosa. Estaba una fuerte bocanada de aire, ¿Por qué todo se siente tan fresco? Tan nuevo... Torpemente se levanta y poco a poco recupera la fuerza en tus piernas. Camino por el sendero que lo lleva de nuevo a aquella propiedad. No recuerda mucho de lo que pasó, solo la voz de Liam llamándole. Sube las escaleras de la arboleda y se detiene cuando ves su reflejo en el agua de la piscina. Está sucio, lleno de sangre. Por alguna razón esto no lo asusta, por el contrario, despierta una necesidad de limpiarse. Se va quitando la ropa de prenda en prenda, quedando completamente desnudo y se mete al agua, tiñendola de rojo. Una sensación de alivio lo invade y se sumerge completamente. Abre los ojos cuando está casi en el fondo, no tiene la necesidad de recuperar el aire. Las necesidades humanas ya no existen para él. Al menos no todas —¿Checo? —Una voz familiar lo haces subir y sacar la cabeza —¿Qué estás haciendo? Te he estado buscando por todas partes, pensé que te habías ido. Sergio sonríe al ver a su amigo en la orilla de la oficina. Un calor interno se apodera de él. Se siente hambriento. Sin decir nada, se acerca a la orilla y con sus fuertes brazos logra salir del agua. —Oh, vaya... —Es lo único que sale de los labios de Charles cuando observa su cuerpo desnudo. Intenta no mirar, pero su miembro erecto lo hace salivar. El pelinegro camina a pasó firme, no le da tiempo de reaccionar cuando junta sus labios en un acto desesperado. El castaño responde a su beso y lleva sus manos a su nuca para invitarlo a más. Siente las manos del mayor recorriendo su cuerpo, acariciando su pene sobre sus pantalones y mordiendo su labio inferior hasta sacarle sangre. —Quiero que seas mío —Susurró Sergio a su oído. Esto lo pone más que caliente. Empieza a desnudarse y el pelinegro lo hace sentarse a la orilla de la piscina, se sumerge en el agua y, como un tiburón, comienza a acechar a su presa. Su cálida lengua se desliza por el pene del castaño, lo hace soltar un gemido y sus labios se aprietan alrededor de su carne. Aún puede escuchar el ruido de la fiesta, pero esto solo hace el encuentro algo emocionante. Charles no duda en llevar sus manos a la cabellera del mayor y siente como el vaivén de su boca se hace más rápido, caliente, sucio. Lo saca de su boca y se desliza hasta llegar a sus nalgas, lo hace inclinarse hacia atrás y tiene acceso a su apretado agujero. El joven se muerde los labios cuando su lengua entra en él y lo llena con su saliva, se mueve en su interior y sus manos siguen estimulando su miembro. Hace que sus piernas tiemblen y suelte sollozos cada vez más sonoros. Sus codos duelen por la posición en la que se encuentra, pero no le importa porque la sensación es increíble. —Cógeme, soy tuyo —Suplica el castaño y el pelinegro mete un dedo, siente como su culo se aprieta y sigue moviéndose, tiene prisa. Charles siente que el aire le falta, pero no hace nada para detenerlo. Lo lleva deseando mucho tiempo. Otro dedo y piensa que va a enloquecer. Sus piernas se abren más, si es que eso es posible, y deja que meta otro dedo. Siente las lágrimas haciendo su vista borrosa, solo observa el cielo estrellado y desea tocarlo. Pronto los dedos dejan en paz su agujero, sus manos lo toman de sus piernas y lo jalan al agua. Charles no puede reaccionar ante esto, fue demasiado rápido. Lo abraza a su cuerpo y se acomoda en su entrada, no le avisa, solo se desliza en su interior. El castaño se aferra a su cuello y deja que use su cuerpo como quiera. Ese pedazo de carne lo está destrozando. Entra y sale a su antojo, sus uñas se ensartan en su piel y lo deja colorado. El monegasco no sabe cuánto tiempo podrá soportar. Incluso se sorprende porque nadie en la fiesta se haya dado cuenta de esto. No se calla, gime y grita de placer. Ojalá Max saliera para verlo, finalmente todo acabaría para la pareja de Redbull y ya no tendría que estar mendigando el amor del mexicano. El ruido del agua es escandaloso. Sus gemidos son muy fuertes y el aire se le escapa. La respiración, eso, es eso lo que le falta a Sergio. Charles lo nota cuando se pega a su rostro y no la siente. Nada. Entonces observa con detenimiento y se da cuenta de que hay algo diferente. No lo notó segundos antes, porque esto solo ocurría al momento de fornicar con su víctima. Sus ojos eran rojos, y sus colmillos más grandes de lo normal. Tenía un aspecto hostil, extraño, diabólico. Se asusta e intenta separarse de él. Pero ya es demasiado tarde y este se percata de su cambio de actitud. —Bien, ahora voy a comer tu alma —Susurró haciéndolo horrorizarse. Pero era demasiado tarde para poder hacer algo, pues clavó sus dientes en su cuello, apretando y rasgando, callando. Charles se ahoga en su propia sangre, y lo último que mira es el cielo estrellado, ya no lo puede alcanzar. Sergio sigue mordisqueando pero nada de esto le resulta suficiente. Deja el cuerpo en la piscina y toma la toma la ropa del joven, vistiéndose para poder buscar algo o alguien que lo satisfaga. Continúa su camino y a unos pasos observa una figura masculina conocida. —Checo, ¿Has visto a Charles? —Pregunta Carlos acercándose a él —Ya estábamos por irnos pero no lo encuentro. Sergio lo observa de pies a cabeza y sonríe. —Creo que lo vi —Afirma y se relame los labios —Estaba por los rosales, vamos. Caminan el uno junto al otro hasta llegar a la zona señalada. El español se da cuenta de su mentira y se muestra algo molesto. Pero pronto pon atención a la ropa que lleva puesta. —Es de Charles... —Señaló observándolo detenidamente. —Ups, me equivoqué —Checo intenta ocultar una sonrisa antes de continuar —No me fijé lo que me puse después de coger. Esto aturde a Carlos, no sabe cómo responder ante tal afirmación. —¿No lo sabes? —Continuó el pelinegro —Vino a verme y me sedujo. Pero no te preocupes —Entonces se acerca peligrosamente a él y usa uno de sus dedos para recorrer su pecho de hombro a hombro mientras lo rodea —Puedes desquitarte conmigo... En la cama. La rabia se había apoderado del cuerpo del español. Sabía que su compañero, con quién tenía una relación algo confusa, se sentía atraído por su amigo. No tenía derecho a reclamar nada. Ninguno de los dos lo tenía. Y le gustaba la idea de desquitarse. Pronto estaban restregandose el uno al otro, acariciando sus miembros mientras se devoraban la boca. Sergio logro bajarle los pantalones y comenzó a estimular su entrada, las ganas lo estaban consumiendo. —Joder... —Susurró el castaño al sentir como usaba sus dedos en él. Se gira y le deja el culo al aire. Tan dispuesto como deseoso. El pelinegro no pierde más el tiempo y se adentra en él, embistiendolo con brusquedad y agarrandolo del cuello con fuerza. Sus pieles chocando hacen un sonido tan pecaminoso como obsceno, acompañados por los alaridos del español. Continúan con su vaivén de lujuria y Sergio siente que no es suficiente. No está satisfecho. Araña su espalda con violencia, buscando encender más las cosas pero esto solo provoca la molestia de su amante. Carlos se queja y se separa con brusquedad. Sentía el ardor en su espalda y toca ligeramente para observar la sangre en sus dedos. Levanta la mirada y mira el rostro de su amigo, ya no era él. —No debiste hacer eso —Susurró el mexicano antes de mostrarle sus colmillos. Repite lo mismo que con Charles, cortando la posibilidad de gritar por auxilio. Con dos víctimas en sus manos, continuo su camino con la ropa algo alborotada y ligeramente sucia. Llega hasta el estacionamiento y mira alguien caminando con las llaves en la mano. —¿Ya te vas? —Pregunta el sujeto y esto lo hace sonreír —Que te llevo, Checo, vamos. Se acerca lentamente, y la tensión aumenta. —¿No quieres quedarte conmigo un rato? —Proponé el pelinegro —Pero, si quiere, podemos hacerlo en tu auto. —¿Qué? —Suelta Alonso con cierta confusión —¿Estás ebrio? Sé que te peleaste con Max, pero si quieres desahogarte ve con Charles, como lo haces cada vez que te enojas con tu novio. Sabes bien que conmigo no harás eso. Fernando sube a su auto con cierta molestia y arranca sin mirar atrás. No estaba para esos jueguitos estúpidos. El pelinegro bufo molesto, no había podido atraparlo como a los otros dos. Regresa a la propiedad y entra por la puerta principal. No hay nadie más ahí. Solo una figura conocida sentado en una mesa solitaria. —¿Solo quedas tú? —Pregunta el rubio levantando la mirada —Todos se han marchado, pensé que te habías ido cuando discutimos. Habían peleado por algo estúpido, igual que siempre. Después de eso fue a ver a Liam y todo se vuelve borroso. —No podía irme y dejarte aquí —Afirmó Sergio sentándose a su lado —Tengo mucha hambre. Sin esperar respuesta, se acerca su rostro y devora sus labios. No hay resistencia, solo deseo. Sus manos recorren su cuerpo y ambos se levantan, están demasiado desesperados. El pelinegro lo empuja contra la mesa y comienza a desnudarlo, tirando del pantalón junto a la ropa interior, dejando al descubierto su miembro erecto. Max sonríe al ver el deseo en su pareja. Recordaba la primera vez que lo habían hecho, rompiendo su promesa de castidad. Su lengua se desliza en su interior y él acaricia sus oscuros cabellos mientras siente como lo devora. Le gusta la forma en como se lo come. Lo pellizca y maltrata, nalguea y muerde, es su forma de ser. Se retuerce sobre aquella mesa y arquea la espalda al sentir sus dedos en su interior. —Mierda, amor, me encantas —Afirma Max mientras deja escapar uno que otro gemido —Hazme el amor, te lo ruego. Sergio sonríe y se acomoda entre sus piernas, la sensación de calidez es inmediata y su agujero lo aprieta tan bien que siente sus necesidades casi llenarse por completo. Lo toma de la cintura y hace que su trasero rebote en sus bolas. Max siempre está abierto para él. Continúa golpeando su interior, aumentando el ritmo en un vaivén lleno de deseo y lujuria. El rubio siente que perderá la razón por la manera en como lo agarra, follandolo desesperadamente. Max grita y siente que su garganta se desgarra, pequeñas lágrimas se escapan de sus ojos y siente que está viendo estrellas. El pelinegro se pone casi encima suyo y su amado lo rodea con sus piernas, abrazándose a él. Continúa moviendo sus caderas hasta que siente que no puede más. Sale de su interior y lo hace arrodillarse para usar su boca como el recipiente de su semen. Lo toma de sus rubios cabellos y lo hace mover la cabeza de la manera en que él quiere, sintiendo su lengua resbaladiza y sus calidad paredes vocales apretándolo. Hasta que finalmente suelta todo y lo llena con su líquido caliente, uno que lo quema mientras se desliza por su garganta y lo hace toser. Max esta muy colorado, sudado y cansado. Disfruto mucho lo que habían hecho, pero eso no fue suficiente para el apetito voraz que tenía su pareja. Sergio miraba aquel miembro con deseo, su punta rosada y esas venas que sobresalían, lo estaba provocando. Lo toma de la mano y lo hace levantarse del suelo, besa sus labios y lo recuesta en la mesa. Pronto se sube encima suyo y lo deja entrar en él. No necesitaba preparación alguna, había estado hambriento por eso desde el principio. El rubio poso sus manos en la cintura de su novio y su respiración volvía hacerse pesada con cada embestida. Checo brincaba sobre su polla, gimoteando y sollozando arriba suyo. Apretando su carne mientras se desliza una y otra vez. Moviendo sus caderas para aumentar el placer, gritando por más. Max no se sentía bien, no por el sexo, sino por el semen en su interior que lo estaba quemando y asustando. Sentía su cuerpo tembloroso, disperso. Algo le estaba pasando. —Checo... —Susurra antes de correrse dentro de este y observar su rostro extraño. Todo se vuelve oscuro. Cuando el rubio recupera la consciencia, todo era diferente. Se levanta con cuidado de la mesa y siente sus piernas temblar, pero poco a poco la energía vuelve a él. Pasa sus manos por su cara, y el mundo da un poco de vueltas. —Despertaste —Dijo Sergio a su espalda —Al principio se siente extraño, luego te acostumbras. —¿De que hablas, amor? —Max parecía un poco confundido ante lo ocurrido. —Ahora eres como yo —Señaló —Me comí tu alma, y nos convertimos en uno. Entonces escuchan el sonido de un auto a toda velocidad deteniéndose bruscamente fuera de la propiedad. —¿Cómo carajos olvidaste nuestros teléfonos junto al cuerpo? —Escuchan la voz de Landó acercarse a la puerta. —Estaba muy nervioso, me confundí —Habló Liam visiblemente molesto. En ese momento abren la puerta y se encuentran de frente con la pareja. El pelinegro voltea a ver a su novio y finalmente dice: —¿Tienes hambre?
1 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)