Capítulo 1
28 de diciembre de 2025, 19:35
—Es un pendejo —Dijo Checo tirando su casco hacia el sofá de su drivers room.
—No le hagas caso, es solo un niño berrinchudo —Fernando venía detrás suyo.
Se habían vuelto muy unidos desde el debut del más joven. Era reconfortante tener un amigo en la parrilla.
Fernando era el único que lo entendía, convirtiéndose su amistad en una relación padre-hijo.
Desde su debut, Sergio se había topado con varios periodistas que parecían desear verlo fracasar.
Luego, Max debutó y los dos no pudieron evitar chocar debido a sus personalidades.
Ambos eran jóvenes, ambiciosos y un muy peligrosos en la pista.
Al principio eran pequeños incidentes que no pasaban a más, incluso se habían tirado una que otra indirecta sobre el otro.
Sergio se reía de Max.
Le daba gracia su actuar tan impulsivo.
“Mad Max” como la prensa lo había apodado, normalmente no controlaba sus emociones cuando algo no salía como quería.
Y aunque la mayor parte del tiempo le dedicaba una sonrisa burlona y lo ignoraba, al pasar los meses y que las confrontaciones fueran haciéndose más constantes, el joven de 19 años no pudo evitar tenerle cierto desprecio al rubio.
Nadie podía decir que Max no se lo hubiera ganado.
—El accidente fue su culpa, no mía —Se defendió —Y luego en la radio no dejo de insultarme, y en las entrevistas seguía quejandose. Ni hablar lo que hizo después de que regresamos a boxes, estaba loco.
Ese día habían tenido un incidente en la pista.
Max intento rebasar a Checo y terminaron en un contacto que los dejo afuera de la carrera.
Era conocía su enemistad, pero ese día escalo a otro nivel.
El rubio de 18 años lo fue a buscar para encararlo. Lo empujó e insulto frente a todos, diciéndole que “Arreglaran las cosas como hombres”.
Esto provocó la risa de muchos de los presentes, pero Max casi lo golpea en la cara y eso llevo a que los separaran.
Pronto recibieron una notificación de los comisarios. Tenían que ir a declarar por lo ocurrido tanto en pista como fuera de esta.
—Lo sé, Checo, pero lo mejor que puedes hacer es ignorarlo —Dijo Nano sacándolo de sus pensamientos —Mira, tómalo de esta manera, él lo hace para llamar tu atención.
—Ya lo sé —Resopló el pelinegro —Pero como siempre, nunca le para la boca. Estoy tan cansado de esto, él puede decir toda la mierda que quiere de mi, pero si me defiendo soy el malo.
Ante los ojos de Checo, Max se había vuelto más altanero desde que ganó el gran premio de España y se lo restregó en la cara en repetidas ocasiones.
Los dos pilotos habían sentido que Max tenía algo en contra de ambos, siendo muy antipático con Fernando en presencia de Checo.
—Ambos sabemos que sus razones para actuar así contigo son tonterías —El mayor puso su mano en su hombro —Trata de calmarte antes de ir con los comisarios, y no dudes en decir la verdad de como ocurrió todo. Él fue quien te empujó y quiso golpearte, no al revés.
Sergio asintió y vio como su amigo se marchó para dejarlo solo.
Quería desvestirse rápidamente, sentía que el nomex lo ahogaba o quizá era el estrés que lo estaba consumiendo por dentro.
Por otro lado, Max estaba recostado en el sofá de su drivers room.
Su padre le había gritado por lo ocurrido, llamándolo con todos los insultos posibles.
Sabía que había sido un idiota al no poder controlarse, pero le costaba hacerlo en presencia de Checo.
Le molestaba demasiado y no sabía porqué.
Quizá se debía a que el mexicano no mostraba debilidad frente a él. No lo dejaba pasar fácilmente en pista ni se intimidaba cuando le decía de cosas.
Solo era un año mayor que él y se mostraba más maduro.
Eso era algo que le señalaban al rubio y lo hartaba.
Su odio se sentía como una mezcla extrana en su interior. Decía odiar a Checo pero no podía dejar de hablar de él.
No lo diría frente a nadie, pero llegó a pensar que se había obsesionado con él.
Esa tarde, cuando lo enfrentó, sintió un escalofríos recorriendo su espalda al tocar su pecho para empujarlo.
El sudor cayendo por el rostro del mexicano solo lo hacia parecer más “interesante”.
Si, a Max le parecía “Interesante”.
No encontraba otra forma de llamarlo, quizá todo eso había sido culpa de Horner y su estúpida broma.
El team principal de Redbull había hecho un chiste respecto a Checo.
Se llevaba muy bien con el mexicano a pesar de que su piloto parecía odiarlo.
Así que un día contó lo que supuestamente había escuchado que significaba el nickname de Checo y esto estaba relacionado al "gran tamaño" del miembro del mexicano.
Horner lo dijo entre risas, pero esa conversación no abandono la mente de Max.
Y, por alguna razón, pronto se encontró a si mismo buscando comprobar si esto era cierto.
Su mirada se desviaba a esa zona.
Queriéndolo o no, siempre miraba ahí.
Y era mejor cuando tenía el nomex puesto, podía ver cómo se acomodaba esa parte de su cuerpo.
Tal vez era mejor alejar esos pensamientos de su mente. Y en un intento por hacerlo, Max recordó el incidente en pista.
Horner le advirtió que debía disculparse con Sergio por el enfrentamiento que casi termina en golpes.
No quería hacerlo, pero termino caminando hacia el drivers room del mexicano para intentar entablar una conversación que podría ayudarle a evitar un castigo mayor ante los comisarios.
Deseaba no encontrarlo con Fernando, ese tipo siempre le robaba su atención y los miraba demasiado juntos.
Incluso llegó a pensar que tenían algo, haciéndolo molestarse una vez más.
Ni siquiera se molestó en tocar la puerta, abrió y entro sin permiso alguno.
—¿Qué carajo...? —Soltó Checo volteando a verlo, tenía el cierre de su nomex a medio bajar y se sorprendió al ver al rubio frente a él.
Max estaba estático.
Podía ver cierto paquete marcándose entre las piernas del pelinegro, casi haciéndolo salivar frente a este.
—¿Eres idiota o qué? Lárgate —La voz del mayor lo saco de sus pensamientos pecaminosos.
—No quiero irme, tenemos que hablar —Max se mantuvo firme en su decisión.
—No te estoy preguntando si quieres irte o no, estoy diciendo que te vayas —Insistió Sergio mientras volvía a subir el cierre —Vete.
En ese momento Checo que no había nadie más y lo empujó, imitando el actuar del rubio horas antes.
Max sonrió, le gustó la sensación de sus manos en su pecho.
Pero se negó a salir, algo que llevo al pelinegro a repetir su actuar.
—Deja de ser tan idiota —Dijo Checo, algo que realmente lo molesto.
El rubio ni siquiera había dicho mucho cuando entro, y ahora su rival seguía insultandolo.
Esto claramente lo ofendió porque, según su perspectiva, él quería ser el maduro.
—Ya deja de empujarme —Contesto Max empujándolo de vuelta con tanta fuerza que cayó sobre el sofá.
Sergio ni siquiera había sido tan rudo, solo quería sacarlo de su drivers room.
—No quiero pelear contigo, vete —Insistió el pelinegro levantándose y mostrándose un poco más sereno.
Esto provocó la risa del rubio.
—Me empujaste y ahora te haces el buenito —Se burló —Eres un cobarde, ni siquiera pudiste defenderte allá fuera y aquí te sentiste muy valiente hasta que respondí.
Ahora fue Sergio quién comenzó a reírse.
—¿Quieres que sea rudo contigo? —Respondió en el mismo tono —No podrías manejar mi fuerza, idiota.
—Hazlo, intimidame —Lo retó tomándolo del cuello de su traje y pegándolo a su cuerpo.
Sergio lo empuja y Max lo retiene, comienzan a forcejear y ya no saben quién está pegandosde más al otro.
La tensión se vuelve más extraña a pesar de los insultos que están lanzando al otro, pues Max comienza a hacer caso a sus deseos y busca la forma de mantener la cercanía.
Sergio se siente nervioso, nunca se había planteado la idea de tener tan cerca a ese joven que lo hacía enojar en cada carrera.
Entonces llega a flaquear y termina observando sus labios, gruesos y colorados, con un lindo lunar que llama su atención.
Max se da cuenta de esto y se decide por arriesgarlo todo.
El rubio lo toma con fuerza del cuello de su nomex y junta sus labios en un torpe y brusco encuentro.
Esto aturde a Sergio, pero pronto lleva sus manos a las mejillas coloradas del rubios y hace que abra la boca para poder usar su lengua en él.
Pronto todo hizo click en su cabeza.
Ese recelo, la forma molesta en como lo trataba. Los constantes desplantes y la necesidad de llamar su atención.
Quizá todo ese odio era un deseo sexual reprimido.
Max se relajo un poco cuando sintió como le correspondía, llevando sus manos a su cintura y pegándolo más a él.
Pudo sentir como algo duro chocaba con su pierna, no se había dado cuenta que el rozar de sus cuerpos durante el forcejeo había provocado una erección en su rival.
Quizá era inapropiado o no, realmente no le importaba, así que llevo una de sus manos hacia esa zona para saciar su curiosidad.
Acarició suavemente sobre la prenda que lo cubría, y delineó su forma con sus dedos.
—Es gruesa, ¿No? —Susurró el rubio en sus labios.
Checo no pudo evitar soltar un quejido de placer al sentir la mano de Max sobre su miembro, tratando de estimularlo sobre el nomex.
—¿Deberíamos estar haciendo esto? —Cuestionó el pelinegro intentando pensar con claridad.
Pronto sintió como los labios de Max volvieron a posarse sobre los suyos y está vez atrapó su labios inferior con sus dientes, presionado ligeramente hasta dejarlo ir.
—Quiero chuparte la verga, ¿Eso no te queda claro? —La falta de filtros del más joven solo hacia de esa situación algo mucho más vulgar.
Y la simple idea de tenerlo entre sus piernas solo hizo calentar la cabeza del pelinegro.
Fue entonces que se alejo de sus agarre y bajo el cierre de su nomex, quitándose lo hasta llegar a la cintura y comenzar a tocarse a si mismo, siendo observado por el otro.
—Entonces arrodillate —Ordenó.
Al rubio no le gusto el tono que uso con él, pero prefirió seguir adelante con todos eso. Había estado deseando eso desde que Horner dijo ese tonto chiste.
Dejo ir un poco su nomex, revelando la parte baja de su fireproof y mostrando su marcada erección.
Max se relamio los labios al ver la forma de su pene, deseaba chuparlo, lamerlo y brincar sobre este.
Con sus manos comenzó a recorrer sus piernas, tocando cuidadosamente sobre su nomex hasta llegar al fireproof y acariciarlo en su entrepierna.
El miembro de Sergio era grande y grueso, se marcaba perfectamente en su ropa y Max no podía quitarle las manos de encima.
Checo se mordía el labio al verlo en esa posición. Arrodillado y sumiso para él, adorando su verga que ni siquiera había podido tocar fuera de la tela.
—Creí que tú no eras un cobarde —Comenzó el pelinegro —¿Por qué tan tímido? Sácalo y mételo en tu boca.
Max cerró los ojos con una evidente molestia.
No le gustaba que usarán sus palabras en su contra.
Y sabía que no era un cobarde.
Acercó su boca hacia el pene de este y con su lengua dio una lamida que hizo que Sergio sostuviera la respiración.
Con sus gruesos labios comenzó a besar sobre el fireproof, usando su lengua para humedecer más la zona al mismo tiempo que seguía acariciandolo con sus manos.
Observaba el atisbo de placer en el rostro del mayor, entre abriendo sus labios para dejar escapar unos pequeños quejidos que le hacían saber su buen trabajo.
El rubio bajo el fireproof, jalando consigo la ropa interior del pelinegro y dejando a su vista ese miembro que lo hacía babear.
Uso sus manos para acariciarlo desde los testículos hasta la cabeza del pene, manchando sus dedos con su líquido preseminal y usándolo para estimularlo, haciendo ruidos obscenos.
Las venas se marcaba en su carne, el tono rojizo en la punta llamaba su atención y no pudo evitar acariciar sus bolas que colgaban entre sus piernas.
Checo mordió su labio intentando controlarse, pero no pudo aguantar un gemido que escapó cuando sintió la cálida y húmeda lengua del rubio recorriendo su falo.
—Uhm.. si...—Susurró el pelinegro cuando los labios de Max se posaron en la punta de su pene y comenzó a dar un largo chupete.
Ver al rubio en esa posición le dio el valor para hacer la siguiente pregunta.
—¿Qué tanto piensas? —Cuestionó al notar lo concentrado que estaba lamiendo su miembro —¿Te gusta?
Había notado lo mucho que le gustaba esa parte de su cuerpo.
—¿Crees que... —Comenzó el rubio metiendo la punta del pene del pelinegro en su boca y le dio una rápida chupada para después sacarlo —...Me gusta?
Volvió a meterlo a su boca mientras lo miraba fijamente a los ojos, apretando los paredes vocales y cerrando fuertemente sus labios.
Arranco un gemido agudo del pelinegro, quien puso una de sus manos en su cabellera rubia y con la otra se sostenía de un mueble cercano a él.
—Muestrame esa lengua —Pidió y Max obedeció sacando la carne de su boca y mostrando su húmeda lengua.
Entonces Checo puso la otra manos en su cabeza y lo hizo meterse el miembro a su boca, casi llegando a tocar su garganta y provocándole arcadas.
Max lo miraba intentando concentrarse en no flaquear en ese instante, envolviendo su lengua alrededor del grueso pene y sus colorados labios reteniéndolo en su interior.
Pronto Sergio lo obligó a sacarlo y se tambaleó al perder un poco el equilibrio, se estaba cansando y Max lo noto.
—Deberías sentarte —Propusó.
El pelinegro no lo dudo, así que se sentó en el sofá y tiro su casco a un lado para que no lo estorbara.
Max se colocó entre sus piernas, y lo ayudo a terminar de bajar su nomex y el fireproof con sus boxers, quitándole sus zapatos y arrojandolos a un lado.
Checo se quitó la parte de arriba del fireproof y dejo ir su cabeza hacia atrás cuando sintió como Max volvía a meter su miembro a su boca.
Dejaba que su cuerpo se relajara sobre aquel sofá, posando sus manos en el mueble y moviendo sus caderas para llenar la boca del rubio.
Este último tenía otros planes.
Comenzó a acariciar sus piernas y llegó a moverlo ligeramente hasta casi recostarlo en el sofá.
Su boca chupaba y lamía su miembro, pero sus manos bajaban de sus bolas hasta su apretado agujero.
Sergio se removió un poco cuando sintió sus dedos divagar por allí abajo, pero no pudo evitar lamer su labios al sentir la doble estimulación que estaba recibiendo.
Pronto Max saco la carne de su boca y comenzó a dejar un camino de besos por lo largo del falo hasta llegar a sus testículos y lamerlos uno a uno.
Su húmeda lengua pronto comenzó a buscar la entrada del mayor, haciéndolo abrir más la piernas e invadiendo su interior con esta.
Checo gemía y su respiración se agitaba cuando la lengua entraba y salía de él, mientras que las manos del rubio masturbaban su falo.
Pudo notar lo colorado que estaba Max, pues todavía llevaba su nomex puesto y comenzó a sudar por el calor que había.
—Vamos a la cama —Pidió el pelinegro —Yo también quiero chupartela.
Fue entonces que Max lo dejo en paz, sabiendo muy bien que iban a disfrutar mucho lo que estaban por hacer.
No tardaron mucho en quitarle toda la ropa al rubio hasta dejarlo completamente desnudo.
La habitación se llenó del sonido de sus respiraciones agitadas y el obsceno ruido que generaban con sus lenguas al tener la carne del otro en la boca.
Max estaba acostado en la cama mientras que Sergio se encontraba arriba suyo.
Sus manos y bocas estaban ocupadas estimulando al miembro del otro, mientras hacían todo lo posible por no caerse de esa posición.
Las manos del rubio acariciaban las piernas de Sergio y este último llevaba su boca con el miembro de Max, era del mismo tono que sus rosados labios.
Tampoco perdió el tiempo al estimular el apretado agujero del rubio con sus dedos, haciendo que se retorciera por sus caricias y gimiera casi ahogándose con su miembro.
Checo movía sus caderas para follar la boca del rubio, algo que solo excito más a su rival y lo hizo abrir las piernas para indicarle lo listo que se encontraba.
El pelinegro se levantó de la posición en la que se encontraban, hizo que Max abriera más la boca y dejo ir su carne para empezar a follarlo con mayor comodidad.
El rubio parpadeo un par de veces y sentía que se derretía al ver la maravillosa imagen de Sergio arriba suyo.
Ya no podía soportarlo.
Levantó sus piernas hasta que sus manos alcanzaron sus rodillas y se abrió tanto que hizo que Sergio volteara a ver lo que hacía.
—¿Así de fácil? —Se burló el pelinegro levantándose para acomodarse entre las piernas del rubio —¿Por qué no mejor giras un poquito esas caderas y me dejas ver tu lindo trasero?
El rubio obedeció al instante, girándose lo suficiente para dejar esas pálidas nalgas al aire y ver cómo la mano de Sergio se posaba en una de ellas.
Poco a poco la mano del pelinegro fue descendiendo hasta llegar al apretado agujero del rubio y con uno de sus dedos se abrió paso a su interior.
Max suspiro pesadamente al sentirlo dentro suyo, y pronto esa sensación se intensificó cuando otro dedo se hizo presente.
Mordía su labio inferior intentando mantener la calma. Pero pronto notó como Sergio se estaba masturbando mientras que con sus dedos lo estaba penetrando.
Esto lo llevo a poner su mano sobre su pene y comenzar a masturbarse al mismo tiempo que el pelinegro.
—¿Estás seguro de que quieres esto? —Preguntó Sergio con una voz tan seductora que le erizo la piel.
Max asintió pero no fue suficiente.
—Muestrame lo mucho que lo quieres —Continuó el pelinegro sacando sus dedos de su interior.
Entonces el rubio puso una de sus manos sobre su nalga y la levantó ligeramente para dejar expuesto su muy estimulado agujero.
Checo se relamio los labios al ver esa colorada entrada, tan lista y abierta para él.
Así que se acomodo detrás de él y comenzó a estimular su miembro con la entrada del rubio, moviendolo hasta que siente como la cabeza entra pero rápidamente la saca. Provocando un puchero en el otro.
—P-por favor... —Suplicó el rubio.
—¿Recuerdas como me llamaste por la radio? —Comenzó el pelinegro — “Puto idiota” así me llamaste
Max lo miró confundido, no entendía a qué iba todo eso en ese momento.
—Quiero que lo digas —Continuó Checo—Dime que eres mi puta.
El rubio sabía que su forma de expresar su frustración no era la mejor. Pero no esperaba que Checo tuviera tanto resentimiento.
Sin embargo, el calor podía más.
—Yo... —Comenzó dudando un poco de lo que iba a decir —Por favor.... —Suplicó pero no tuvo efecto alguno —Te deseo tanto, Checo.. —Era inevitable —Por favor, lléname con tu verga como tu puta que soy.
Finalmente lo dijo para la satisfacción del otro.
Entonces Sergio comenzó a entrar en él, haciéndolo gemir entre suspiros.
—Tan estrecho... —Se quejó el pelinegro a punto de retroceder en sus acciones.
Pero Max lo tomo del brazo, suplicándole que no se detuviera.
—Más... —Pidió.
Fue cuando se sintió con la confianza de continuar. Moviendo sus caderas hasta que ambos se sintieran cómodos con la posición.
Pronto el calor volvió a hacer de las suyas, y ahora ambos se dejaban guiar por sus bajos instintos.
Max gimoteaba con cada embestida, mientras que Checo se agarraba fuerte de sus caderas.
El pecho y brazos del rubio se habían tornado en un rojo llamativo debido al calor y esfuerzo que habían estando teniendo.
—¿Así querías que te pegará? —Preguntó el pelinegro mientras lo sostenía con fuerza de la cintura y le daba otra embestida —¿O así?
En ese momento le dio una nalgada tan fuerte que marcó su mano sobre la pálida piel de este, dejándolo colorado.
—S-si... —Balbuceó Max —Si, papi, pégame...
Sergio sonrió triunfante, dándolo repetidas nalgadas que hacían gemir al otro y dejaban su piel tan roja como un tomate.
—Que rico, papi, cógeme más fuerte —Pidió casi en una súplica.
El pelinegro no pudo evitar excitarse al escucharlo hablar de esa manera, y esto lo llevo a ser más brusco al momento de mover sus caderas.
Entonces lo hizo ponerse en cuatro para agarrarlo con más brusquedad. Al rubio le gustaba la manera ruda en que lo trataba.
Movía sus caderas con cada embestida, buscando más contacto y dejándose llenar por aquel miembro que le había estado robando sus pensamientos.
Mordía la almohada bajo suyo, intentando ahogar sus gemidos y chillidos de placer.
Sergio había marcado sus piernas y nalgas de una rojo carmesí. Marcando cada parte de su piel para dejar en evidencia su presencia.
Sus manos viajaron desde sus caderas hasta sus nalgas, tomandolas con fuerza y abriéndolo más para que recibiera toda su carne.
—Oh... Mierda... —Susurró Max cuando sintió como su excitación manchaba su abdomen y las sábanas bajo su cuerpo.
Pero el pelinegro no se detuvo hasta llenarlo con su líquido caliente y ver cómo este se escurría entre sus piernas.
Checo finalmente dejo su trasero en paz y se retiró para acostarse a su lado.
Se miraba muy cansado, pero Max no quería que eso terminará ahí.
Una vez recuperaron el aliento, el rubio comenzó a recorrer su cuerpo con sus manos y notó la respuesta positiva del pelinegro.
—Te quiero coger —Confesó Max mientras paseaba su mano cerca de su cintura —¿No quieres tenerme dentro de ti?
Sergio comenzó a observar el cuerpo desnudo del rubio, deteniéndose en aquel rosado pene que sorprendentemente se mantenía erecto.
Notó el semen en su abdomen, y se relamio los labios ante de la idea de limpiarlo con su lengua.
—¿Y como quieres que me ponga? —Soltó, haciendo que el rubio sonriera.
—Quiero que te sientes en mi verga —Pidió.
Pronto Max sintió como Sergio se subía sobre él y vio como limpio su excitación con sus dedos para después llevarlos a su boca.
El pelinegro se relamio los labios para después sonreír burlonamente.
Comenzó a mover sus caderas sobre las de Max, frotando su entrada con el miembro de este.
El rubio acariciando sus piernas y daba pequeños pellizcos.
Sus respiraciones pronto se sintieron pesadas, principalmente cuando Sergio le permitió entrar poco a poco, acomodándose para evitar ser lastimado.
Max lo había estimulado muy bien con su lengua, dejándolo listo y caliente para su miembro.
Una vez cómodo, Sergio posó sus manos en los pechos de Max y se ayudó para montarlo, moviendo sus caderas en un vaivén que lo estaba volviendo loco.
El rubio gemía al sentir como sus paredes lo apretaban y sus piernas chocaban con su piel desnuda.
—Me tomas tan bien... —Susurró Max mientras Checo seguía moviéndose sobre él.
Pronto su mente comenzó a hilar ideas.
Sergio era bueno en eso, demasiado bueno.
Sus celos se hicieron presentes y eso lo llevo a tomarlo de las caderas y mover las suyas con tal brusquedad que golpeaban con rudeza el interior de su rival.
—Oh, Maxie...—Soltó el pelinegro y esto solo provocó que el rubio moviera más sus caderas.
Ese apodo saliendo de la boca de Sergio lo ponía demasiado duro.
Pero no soportaba la idea de pensar que Fernando estuviera con Sergio y fuera la razón por la cual era tan bueno montandolo.
No, él quería tenerlo solo para si mismo.
Así que continuó follandolo para hacerle saber que era suyo. Que solo él podía cogerselo de esa manera.
Le gustaba marcar territorio, era natural en él.
—Papi, di que eres mío —Pidió mientras lo embestia.
Checo estaba un poco confundido ante esa petición. Pero le gustaba la sensación de su verga entrando y saliendo de él, que no tuvo más opción que ceder.
—S-si... —Respondió —Soy tuyo, Maxie.
Esto solo lo animo a continuar follandolo.
Viendo como los pechos de Checo temblaban con cada ida y venida sobre su miembro.
Pronto sintió los dedos del pelinegro pellizcando sus pezones. Haciéndolo soltar un gemido ronco y le dio una nalgada como respuesta.
—Uhm, bebé, que rico me coges —Dijo Sergio en medio de su calentura.
Max sonrió ante esto.
Le gustaba que le hablara con cariño, a diferencia de cuando se lo cogió y lo trataba con cierto desdén.
Sentía como su excitación estaba llegando su punto máximo y no dudo en correrse dentro del pelinegro.
Este último no dejo de moverse a pesar de sentir el golpeteo de líquido caliente de Max en su interior.
Estaba tan cerca de hacer lo mismo, y el rubio lo noto.
Fue entonces que lo hizo levantarse para ponerse entre sus piernas y comenzar a chuparlo con la lengua.
Max quería que se corriera en su boca.
Chupaba, lamía y succionaba, le daba pequeños mordiscos y apretaba sus labios para invitarlo a llenarlo con su semen.
Sergio gemía y respiraba agitadamente.
No terminaba de recuperar el aire cuando sentía la lengua de Max delineando las venas de su miembro.
Fue entonces cuando sintió una opresión familiar en su abdomen, y finalmente dejo salir todo en la boca del rubio.
Max sintió su lengua bañaba en aquello que tanto había deseado recibir.
Continuo chupando el miembro de checo, limpiando cada parte que pudiera estar bañada de eso que tanto le gustaba.
Ambos estaban exhaustos.
Se acostaron en la cama, el uno al lado del otro y se quedaron así hasta que finalmente sus respiraciones se calmaron.
Max se acercó a su rostro y le robo otro beso de sus labios. No quería romper ese momento entre ambos.
Para su buena suerte, Sergio le correspondió y siguieron besándose. Acariciándose más con ternura que con deseo, a diferencia de momentos previos entre ambos.
El rubio sonrió al ver que ahora todo tenía un tono distinto. No tan posesivo sino más íntimo.
Fue entonces que el golpeteo en la puerta los paralizó a ambos.
En ese momento Sergio miró el reloj en la pared y se dio cuenta de que ambos iban tarde a la reunión con los comisarios.
—Voy, estoy cambiándome —Dijo el pelinegro levantándose de la cama.
Se miró al espejo y era un desastre.
Estaba sudado, sonrojado y despeinado.
Su cuerpo estaba cubierto de una mezcla de fluidos corporales tanto suyos como ajenos.
Max estaba peor.
Su pálida piel lo hacían ver cómo un tomate con patas.
Estaba más que sonrojado, bañado en sudor y su cabello ni siquiera tenía forma.
Checo lo tomo del brazo y lo arrastró hasta la ducha.
Se bañaron tan rápido como pudieron y a Max no le quedó de otra que usar la ropa que le dio Sergio.
Checo salió del drivers room completamente solo, no quería llamar la atención.
Aunque no sabía si habían escuchado todo su escándalo.
Max salió a los minutos y corrió para intentar alcanzarlo en la oficina de los comisarios.
Esa tarde la reunión fue incómoda, rara por decir lo menos.
Pero la resolución fue rápida al momento de escuchar a ambos pilotos.
Esta vez se mostraron más amables y abiertos a la conversación el uno con el otro.
Max reconoció su error y recibió la penalización que merecía, a petición suya.
Salieron de ahí con una sonrisa traviesa en los labios.
Nadie sabía cómo dos pilotos que parecían odiarse, habían terminado arreglando sus problemas en privado.