Capítulo 1
28 de diciembre de 2025, 19:34
Sergio y Max son dos mejores amigos que comparten un pequeño espacio mientras asisten a la universidad.
Han estado tonteando el uno al rededor del otro en los últimos meses y ninguno de los dos da el siguiente paso.
Quizá se deba al hecho de que los dos fingen ser heterosexuales.
Era la última clase y los había llevado al auditorio para escuchar una plática de educación sexual.
No había nada más divertido que hacer durante una tarde de viernes, que sentarse y escuchar sobre algo de lo que todos creen saber.
Pero para hacer la dinámica más entretenida y fácil de sobrellevar, a la universidad no se le ocurrió una idea más brillante que la mujer que daba la plática, fuera una practicante del arte del placer.
“Les enseñaré a poner un condón con la boca”
Si Sergio y Max estaban durmiendose, eso definitivamente los despertó.
El alboroto que hicieron sus compañeros solo hacia la situación más incómoda, pero sumamente estimulante para aquellos con la mejor imaginación.
El rubio observó con atención, mordiéndose el labio ante una idea que pasó por su cabeza.
Sergio rápidamente se dio cuenta de que está situación había tenido un efecto en en su amigo, principalmente cuando vio cómo se marcaba algo en los pantalones del rubio.
Y ese algo lo hizo mantener la mirada en esa zona por varios segundos, mordiéndose el labio ante el deseo de ayudarlo si era necesario.
Ayudarlo.
Vaya que se habían ayudado las últimas semanas.
Todo empezó una tarde cuando entre broma y broma, ambos se masturbaron el uno junto al otro, fingiendo que no era algo tan personal.
Y así fue como buscaron excusas para repetirlo, todo con tal de exponerse el uno al otro en busca de que uno de los dos diera el siguiente paso.
Terminó la demostración pública, algo que los hizo encaminarse rumbo al piso que compartían desde que entraron a la carrera.
Llegaron y Max pronto inicio una conversación que terminaría en la habitación.
—Tal vez deberíamos practicarlo —Dijo el rubio, algo que llamo la atención de su compañero —Lo de poner el condón con la boca.
Eso era demasiado poco heterosexual.
¿Por qué querrías aprender a poner condón con la boca? Y, principalmente, ¿A quien se lo pondrías?
No fue un inicio muy brillante, pero si lo suficientemente atrevido como para que el pelinegro le siguiera el juego.
Una vez en la habitación, Sergio se paralizó un poco debido a los nervios, así que el su compañero se ofreció a ser quien se lo pusiera.
Definitivamente había estado fantaseando con eso desde que vio aquello en el auditorio.
La idea de chupársela a Sergio era algo que lo excitaba demasiado.
Así que comenzó a desabrochar su pantalón y lo bajo de golpe junto a sus boxers, haciendo que el rubio se relamiera los labios.
Max se puso de rodillas y coloco el condón en su boca, cuidando de no tragárselo en el proceso.
Acerco sus manos hacia el miembro de su compañero, deseando tocarlo lo antes posible.
Cuando sintió su cálida piel, no pudo evitar mover sus manos sobre su longitud, estimulandolo al mismo tiempo que la mano que tenía libre tocaba sus testículos.
¿Esta bien tocarlo así? Lo había deseado bastante tiempo, pero no sabía si se estaba propasando.
De todos modos iba a tenerlo en la boca, así que poco podía importarle los límites.
Y antes de que Sergio pudiera decir palabra alguna, Max llevo su miembro a su boca y poco a poco fue acomodandolo para que el condón entrara con facilidad.
Sergio ahogó un gemido que amenazaba con salir. No podían culparlo, ver a Max de rodillas metiendo su miembro a su boca era un espectáculo sin igual.
El rubio se percató de esto y decidió arriesgarse con esa línea borrosa que marcaba el límite de lo permitido, moviendo su cabeza para que comenzará a follar su boca.
Haciendo uso de una de sus manos para agarrarse de su cintura y con la otra acariciar sus testículos, Max dejaba que su carne llegara hasta su garganta y le provocará arcadas.
—Max... —Susurró Sergio mientras cerraba los ojos disfrutando de la sensación de su húmeda lengua —Era solo ponerlo...
Pero el pelinegro no dudo en poner una mano sobre la cabellera del rubio, invitándolo a tomar más de él.
No había necesidad de palabras, el rubio simplemente continuo dándole el placer que tanto deseaba.
Sacándolo de su boca para recorrer su longitud hasta llegar a la punta, chupando parte de esta hasta volver a pasar sobre aquellas venas que parecían estar a punto de explotar.
Levantó la mirada y se encontró con esos grandes ojos cafés con un poco de verde que tanto le gustaban.
Sergio realmente no esperaba que la situación escalara a tanto. Claro que debió suponerlo, pero hay una delgada línea que separa la fantasía de la realidad.
Y curiosamente estaba viviendo su fantasía más pecaminosa.
No pasaría mucho hasta que el pelinegro termino corriendose gracias al trabajo vocal de su compañero, haciendo uso completo del condón que la había colocado con la boca.
No supo cómo había logrado controlarse tanto en esa situación, pues deseaba tanto jalar de los cabellos a ese rubio pervertido.
Pero eso ni siquiera había terminado.
—Te he ayudado —Comenzó Max levantándose del suelo —Ahora te toca devolverme el favor.
Sergio asintió sabiendo a lo que se refería.
No lo iba a negar, se moría por tenerlo en la boca. Así que tomo el condón y se puso de rodillas frente al rubio.
Desabrochó su cinturón y bajo sus pantalones junto a su ropa interior. El miembro duro y necesitado de Max quedó expuesto ante él.
Obviamente no era la primera vez que lo miraba, pero nunca lo había tenido tan cerca de su rostro.
Abrió el empaque del condón y lo coloco en sus labios, algo nervioso por estar bajo la atenta mirada de su compañero.
Acercó su miembro a su boca y casi se ahoga cuando el rubio se movió para tocar hasta su garganta.
Esto lo llevo a soltar un quejido de placer, algo que se supone no debía hacer.
Sin embargo, rápidamente recobro la compostura y comenzó a lamer aquel miembro que lo excitaba cada vez que se masturbaba con su compañero.
La idea de tenerlo en su boca era simplemente embriagadora, deseando poder hacer esas "prácticas" más seguido.
Pero pronto su fantasía termino, pues Max lo tomo de los cabellos y lo obligó a sacarlo de su boca, haciéndolo levantarse del suelo.
—¿Qué pasa? —Preguntó el pelinegro algo confundido.
—Yo no quiero eso de ti —Afirmó el rubio y pronto sintió como su mano iba hacia su trasero y apretaba una de sus nalgas —Quiero algo más, algo mejor.
—Solo estamos practicando ¿No? —Respondió Sergio para después morderse el labio.
Max sonrió triunfante, y pronto tomo el bote de lubricante que estaba en un cajón donde siempre lo escondían.
El pelinegro se acostó en la cama de su compañero, abriendo su piernas para darle libre acceso a su cuerpo.
El rubio no tardó demasiado en untar el lubricante en sus manos, principalmente sus dedos, y se colocó entre las piernas de su compañero, acariciandolas en el proceso.
Sergio sintió un escalofríos cuando los dedos de Max se posicionaron en su entrada, haciendo uso del lubricante para comenzar a estimularlo.
El pelinegro se mordía el labio para intentar no dejar escapar algún gemido, se supone que no debería sentirse tan bien ¿No?
Max estaba más que cautivado por dicha situación, sintiéndose cada vez más duro entre más se resbalaban sus dedos sobre la apretada y caliente piel de su compañero.
Mientras que el más bajo no pudo evitar mover sus caderas al mismo tiempo que su compañero comenzaba a meter un dedo en la zona.
Mordió su labio para evitar dejar escapar un gemido, pero eso no fue suficiente para Max, quién comenzó a meter otro dedo.
Verlo retorcerse bajo su tacto era algo que encantaba al rubio, acariciando su miembro mientras lo penetraba con los dedos.
Moviendolos en su interior, jugando con su cuerpo y provocando sollozos de un placer ahogado.
—Uhm... Maxie... —Escapo de los labios del pelinegro, no podía concentrarse.
—¿Te gusta? —Preguntó Max sintiendo como sus dedos eran apretados por el agujero de su compañero —¿Quieres más?
—S-si... —Balbuceó con dificultad —Rompe ese condón dentro de mí y lléname con tu semen.
Los filtros se marcharon tan pronto Max coloco un tercer dedo, haciendo insoportable la situación.
El rubio estaba más que contento de saber que también lo deseaba, así que salió de él y lo obligó a ponerse en cuatro sobre la cama.
Tomo un poco más de lubricante y está vez lo paso por todo su miembro, más que listo para tomar aquello que tanto deseaba.
Se colocó en su entrada y comenzó a empujar poco a poco, cuidando de no lastimarlo.
Sergio dejo escapar un gemido ronco cuando sintió como su miembro entrabas en él y el rubio encajaba sus manos en sus nalgas, tomándolo con fuerza y marcando su piel.
No tardó mucho para que Max se sintiera cómodo y comenzará a mover sus caderas contra las del pelinegro, provocando un sonido pecaminoso.
El rubio lo tomo de la cintura y comenzó a embelesadas con algo de fuerza, haciendo gimotear al pelinegro y no pudiendo controlar más sus gemidos, dejándose llevar por el placer.
Se supone que solo era una práctica, pero a Max poco le importaba eso, ya estaba dentro de él ¿No?
Así que comenzó a jalarlo de los cabellos, haciéndolo moverse más rápido y pegándole una que otra nalgada.
El pelinegro se corrió por segunda vez.
Max no dejaba de golpear su ya estirado agujero, dando embestidas algo bruscas que solo enloquecían a su "pareja".
Pronto lo hizo girarse para poder observar su rostro mientras lo follaba, tomándolo de las piernas con fuerza e inclinándose lo suficiente hasta casi robarle un beso.
El pelinegro lo deseaba tanto, relamiendose los labios ante la idea de un contacto más personal y no tan sexual.
—Sergio... —Susurró Max mientras sus caderas chocaban y sentía su respiración en su rostro.
—Max... —Respondió Sergio en el mismo tono, mezclando sus respiraciones debido a la cercanía.
Fue entonces que el pelinegro lo tomo de los cabellos y junto sus labios en un desastroso pero muy deseado encuentro.
Aunque la conexión no duro mucho, pues el rubio se separó un poco para intentar recuperar el aliento.
Seguía moviendo sus caderas, buscando llegar al climax mientras besaba y lamía el cuello del pelinegro.
—Quitatelo, quiero tu carne dentro de mí —Rogó Sergio, haciendo que Max se quitará el condón y continuará embistiendolo.
No tardó mucho en llegar a su máxima excitación, haciendo gemir al pelinegro gracias a su líquido caliente.
Max salió de él y se acostó a su lado, sumamente agotado por lo que habían hecho.
Sergio se abrazo a su cuerpo, respirando profundamente hasta quedarse dormido.
El rubio lo envolvió en sus brazos, definitivamente esas ya no eran solo prácticas privadas.