Epílogo: Un amor eterno
22 de diciembre de 2025, 18:51
Un silencio mortal inundaba las calles del reino.
Michel había terminado de empacar todas sus cosas, cuando escuchó que alguien estaba parado detrás de la puerta de su habitación.
Esto lo tenso demasiado, sabía bien que no se trataba de Emilian.
Él temía que eso sucediera.
Por eso quería irse, porque sentía que un cuchillo manazaba su cuello cada vez que pasaba cerca del Palacio.
Y todo empeoró esa tarde cuando el príncipe se fue.
Si se hubiera marchado esa misma noche, muchas cosas habrían sido diferentes.
Pero había pasado bastante tiempo para darle a sus enemigos la ventaja.
No quería abrir, pero los golpes se intensificaban con el pasar de los minutos.
De pronto, el ruido cesó y finalmente fue aturdido por un golpe que abrió la puerta rápidamente.
Michel suspiró pesadamente.
Los hombres del Rey estaban frente a él.
Tres tipos encapuchados, pero muy bien vestidos, habían llegado a su habitación y no tenían buenas intenciones.
Comenzó a pensar en una forma de escapar pero era imposible dada la situación.
Estaba rodeado, no tenía salida, ya no había futuro.
Cada hombre era más intimidante que el anterior. Lo miraban con desprecio y furia.
Lo obligaron a sentarse y le presentaron dos opciones:
La primera era morir por sus propios medios
La segunda, era menos agradable, si es que podía serlo.
Si Michel no bebía el veneno, ellos se encargarían de volverlo comida para perro.
No quedaría nada de él, sería irreconocible.
Y correrían el rumor de que simplemente se escapó después de robarle a un hombre rico.
Al compositor esto lo frustraba.
Cualquiera de las dos opciones será el fin de su vida, pero él decidía que historia se contaría.
No quería que Emilian creyera que lo había abandonado.
No quería que su amado pensará que había robado y huido.
No quería desaparecer así de su vida.
Deseaba que hubiera una tumba donde pudiera llorarle.
Donde pudiera recordar su amor.
Con pesar y lágrimas en los ojos, sabiendo que el fin se acercaba, Michel tomó el frasco de veneno y lo bebió hasta la última gota.
Rogaba para que todo fuera rápido y sin dolor.
Pero sus plegarias no fueron escuchadas.
Una agonía se apoderó de su cuerpo, sintiendo como algo en su interior se quemaba.
Quería gritar de dolor, pero uno de sus captores obligó a guardar silencio poniendo su mano en su boca.
Su cuerpo temblaba, ardía y dolía. Era como ser cocinado desde adentro, desde sus entrañas.
Quería arrancarse la piel en ese instante y comenzó a toser una saliva espumosa.
Sus ojos se tornaron rojos, su piel colorada y sus encías palidecieron.
Pronto su agonía llegó a su fin, abandonando ese plano terrenal donde solo conoció el dolor.
Y sus únicos buenos recuerdos, aquellos que siempre atesoraría su corazón, quedarían grabados en sus canciones, evidencia de un amor tan intenso como prohibido.
Deseaba que en otra vida, tal vez mucho tiempo después, pudiera reencontrarse con aquel joven que le había robado su corazón.
Y que entonces, solo entonces, pudieran estar juntos y ser felices.
Le rogaba a Dios, la Luna, el Sol y las estrellas, que pudiera volver a estar con su amado.
De nuevo en sus brazos.
Aquellos que lo rodeaban con una calidez poco conocida.
Y que su lo último suspiro, que llevó su nombre, llegar hasta su corazón recordándole cuánto lo amaba.
Cuando su cuerpo finalmente dejó de moverse, cuando el dolor llegó a su fin, fue colocado en su cama junto a una carta donde confesaba haber tomado la salida fácil debido a muchas deudas de juego.
Cuando en esa mañana, tan fría y solitaria, el rumor de su muerte se hizo presente, muchos quedaron impactados al saber cómo el joven y talentoso composito, había terminado en aquella situación.
Y si bien su muerte fue impactante, nada los preparó para la siguiente noticia.
El príncipe Emilian, quien había caído en un estado de locura, escapó del palacio y se refugió en una posada vieja y de mala muerte.
Ahí acabó con su existencia sin ninguna explicación.
Los hombres del Rey lo habían estado buscando desde que se escapó, y cuando finalmente dieron con su cuerpo, el posadero creyó que su negocio estaba maldito.
Muchas preguntas comenzaron a hacerse alrededor de esas dos muertes.
¿Qué había pasado en esa habitación?
Se entendía que Michel era el favorito del príncipe, entonces ¿Emilian se había suicidado por él?
La familia real quedó impactada al recibir las noticias de la muerte del heredero.
No hacía falta conectar los puntos, era muy obvio porque el príncipe había tomado esa decisión.
La princesa Jane cayó enferma al darse cuenta de lo que habían provocado sus acciones.
No había sido su intención que eso terminara así.
Sin embargo, había movido las piezas suficientes para llegar a esa situación.
Ella pensaba que un matrimonio haría reflexionar a Emilian sobre su particulares gustos.
Pero no deseaba el mal a ninguno de los dos.
Ni siquiera entendía bien que había pasado con Michel cuando recibió la noticia de la muerte de su hermano.
Pero ahora ya no había tiempo de arrepentimientos, tenían que arreglar el problema en el que se habían metido.
El rey buscó callar todas las habladurías que decían que el príncipe y el compositor habían mantenido una relación en secreto, y que al ver que no podían estar juntos, decidieron hacer un pacto para acabar con sus propias vidas.
Muchos tomaban esto como una historia de amor imposible, mientras que otros cuestionaban la naturaleza de la familia real.
Fue entonces que se tomó la decisión de correr el rumor de que el príncipe Emilian había ido a despedirse del compositor, cuando un bandido lo atacó y lo mató.
Castigaban a todo aquel que mencionara algo sobre el estado de locura en el que había caído el heredero después de enterarse de la muerte de su posible amante.
Ahora Jane tenía que cargar con el peso de dar un heredero para que su familia pudiera continuar en el trono.
Y mientras pasaban los años, era muy difícil que las personas olvidaran la historia de amor que pudo haberse dado en aquella posada, donde solo las paredes fueron testigos de lo que ocurrió esa fría noche.
Donde dos corazones unieron y se fueron de ese mundo.