Good boys don't misbehave
22 de diciembre de 2025, 18:46
Max estaba muy agotado. La noche anterior había salido a divertirse, siendo una pésima idea. Simplemente no consideraba importante asistir a la escuela, no era necesario para él.
No cuando se es el hijo único de uno de los hombres más ricos del país.
Pero su padre, Christian, lo había retado varias veces debido a la cantidad de ausencias que tenia en Kingsley, la colegio privada al que asiste.
—Antes de irte, te recuerdo que esta noche tenemos una cena importante—Le dijo su padre, quien no desviaba la mirada del periódico.
—Si, como sea—Respondió el rubio restándole importancia.
Entonces Christian bajo el periódico y lo miró fijamente.
—Max, en verdad necesito que estes allí—Sonaba como un ruego.
El rubio realmente no podía llevarle la contraria a su padre cuando le hablaba cariñosamente.
—Estaré a tiempo, lo prometo—Respondió haciendo sonreír a su padre.
Max se apresuro a salir de casa. Mientras estaba en el elevador llamo a su amigo Lando para que fuera a recogerle, pero este no respondía.
Había contemplado dormir un rato en el camino, pero parecía que su plan no se iba a dar.
Frustrado, no tuvo más opción que tomar su propio auto y conducir hacia la escuela.
Cuando llego se puso unos lentes de sol para intentar disimular su mala cara.
En una de las mesas cerca del patio central vio a Sergio, quien estaba platicando alegremente con su grupo de amigos.
Max lo detestaba.
Ambos habían competido por ser el representante estudiantil. Y si bien no era su mayor sueño, ya que lo hacía por la atención que esto generaba entre sus compañeros, se molestó mucho cuando perdió ante el pelinegro.
“Todos lo ven como un chico bueno, un ejemplo a seguir” le dijo una vez su amigo Daniel.
El rubio no entendía porque lo miraban de diferente manera.
Todos parecían venerarlo de alguna manera. Además de que era el mejor amigo de Lewis, popular tanto con los chicos como con las chicas, era todo lo que un joven de su edad quisiera aspirar a ser.
Max vio a Sergio levantarse de su asiento, tomando sus libros en un brazo y caminando hacia su dirección.
La mente del rubio voló rápido.
“¿Viene hacia mí?” pensó “Quizá viene a presumir que volvió a ganar, otra vez”
Pero Sergio no podía estar más desinteresado.
El pelinegro había visto que su amigo Lewis iba entrando, así que se paró a saludarle.
Sin embargo, el rubio tenia otros planes. Este golpeo en el brazo del pelinegro cuando paso a su lado, haciendo que los libros se le cayeran al suelo.
—Lo siento, no te vi—Sergio comprendió que la voz del rubio no era en otro tono más que de burla.
El pelinegro se agacho a tomar sus cosas y luego volteo a verlo.
—No te preocupes, nos pasa a todos—Respondió mostrando su sonrisa más amigable, aunque por dentro tenía otros pensamientos.
Sergio no era tonto, y mucho menos patiño.
Conocía bien la rivalidad entre Lewis y Max, y como esto también lo arrastraba al conflicto.
Todos los chismes entre esos dos terminaban siempre en el mismo sitio: Good boys go bad.
Un blog en línea donde se publicaban distintos chismes y se exponían conflictos personales. No daban nombres directamente, sino todo por medio de apodos.
Lewis era el It boy al que todos amaban.
Max era representado bajo el sobre nombre de Bad boy, debido a su comportamiento temperamental y algo alocado.
Mientras que él, Sergio, era llamado Golden boy debido a su intachable personalidad.
Él no entendía por que las personas se interesaban tanto en sus vidas privadas. Pero esto lo hizo cuidar más su imagen fuera de la escuela, aunque eso llevara a las personas a pensar en él como alguien aburrido o soso.
Pero ese pensamiento no podía estar más alejado de la realidad.
Max se alejó rápidamente para no hablar más con Sergio.
Le parecía alguien hipócrita.
En todas las veces que salió de fiesta en el último mes, había visto a Sergio en más de una ocasión acompañando a Lewis en su propia diversión.
Max perdió por ser considerado demasiado fiestero, pero Sergio ganaba incluso teniendo el mismo comportamiento.
¿Realmente podía engañar a todos con tanta facilidad? Eso parecía en la mente del rubio.
—¿Estas bien? —Pregunto Lewis cuando se encontró con su amigo—Ese idiota lo hizo a propósito.
—No le des importancia—Respondió Sergio mientras sonería para apaciguarlo—Solo quiere atención.
—Tienes razón, ¿Quieres que los cargue por ti? —Pregunto señalando los libros y Checo sonrió aún más mientras asentía.
—Eres muy amable.
—Es lo menos que puedo hacer por quien me cuida cuando salgo de fiesta—Dijo Lewis mientras tomaba los libros de su amigo—No sé qué haría sin ti.
Checo era feliz con la más mínima muestra de afecto por parte de Lewis.
Estaba agradecido de que aun nadie se diera cuenta de sus sentimientos por su mejor amigo. O de lo contrario seria la bomba de Good boys go bad.
Era demasiado bueno manteniendo todo en secreto. Pero, lamentablemente para él, las cosas estaban a punto de complicársele.
Las vidas de Checo y Max no podrían ser más distintas, ambos llevaban su privacidad de diferente manera. Durante la escuela casi nunca chocaban o interactuaban entre sí.
Giraban alrededor el uno del otro, pero sin siquiera tocarse.
Las únicas excepciones se daban cuando Max intentaba molestarlo debido a su pelea por ser el representante. Pero Checo lo pasaba por alto cada vez que eso sucedía.
Sin embargo, ese día todo era diferente.
El pelinegro sabia bien de que iba la famosa cena de esa noche. Había escuchado a su padre hablar por teléfono con otro hombre, y entendió bien quien era y que relación tenía con este.
Así que en la hora de la salida se apresuro a llevar a cabo su plan.
Sin que nadie lo viera, busco el auto de Max y perforo los neumáticos de su vehiculo.
Además, se las arreglo para que uno de sus maestros lo castigara. Checo era visto como un estudiante ejemplar y el favorito de los docentes. Los tenia en el bolsillo y podía convencerlos de cualquier cosa.
Max se molesto mucho cuando supo lo del castigo. No entendía por qué se la traían en su contra.
No saldría de la colegio hasta que dieran las seis, y la cena era a las siete. El rubio calculo que podría llegar a tiempo si conducía rápido y sin tráfico, lo que sería un milagro.
Checo sonrió triunfante cuando lo vio en la sala de detención.
Tirarle sus libros le saldría más caro de lo que pensaba.
Esa tarde el pelinegro se preparaba para ir a la cena. Le encantaba usar Jersey sin mangas, ya que lo hacían lucir más amable frente a los demás.
Cuidaba mucho su imagen.
—¿Estas listo? —Pregunto su padre del otro lado de la puerta.
—Voy en un momento—Respondió mientras tomaba su teléfono y mandaba un mensaje a uno de sus amigos.
“¿Sigue ahí?
-Checo”
No tardo mucho en recibir una respuesta.
“Atrapado como una rata
-Carlos”
Checo sonrió ante esto y salió en busca de su padre.
Max no sabia que hacer. Ya era tarde y todavía no salía de detención.
El rubio no tenia ni un pelo de tonto. Pues pudo percatarse de la presencia de Carlos observándole, pero no tenía tiempo para eso.
Dieron las seis en punto y salió casi disparado del aula. Pero sus esperanzas desaparecieron cuando vio que su neumáticos estaban arruinados.
Maldijo por lo bajo y se apresuro a encontrar un taxi.
—Bienvenidos—Dijo Christian mientras recibía a sus invitados—Mi hijo no ha llegado, pero de seguro no tarda.
—Él es mi hijo, Sergio—Toto lo presento y Christian extendió su mano para saludar.
—Es un placer conocerle—Dijo Checo respondiendo al saludo.
—El placer es todo mío—Respondió Christian muy animado por los modales del joven—Tu padre me ha hablado mucho de ti.
—Espero que cosas buenas—Bromeo haciendo reír a los mayores.
—Pero claro que sí, eres un ejemplo de hijo—Respondió Christian sumamente complacido por la clase de futuro hijo que tendría.
Max estaba atorado en el tráfico. Intento llamar a su padre, pero la señal era muy mala.
Estaba a unas cuadras, pero ya había perdido demasiado tiempo. Cuando se dio cuenta, eran las siete con cuarenta minutos.
Era correr o quedarse atrás.
—Es mi más grande orgullo—Explico Toto—Se esfuerza por lograr sus objetivos.
—Resultado de una buena crianza—Christian lo adulo, haciendo sonreír al más alto.
—Usted también debe estar orgulloso de su hijo—Dijo Checo y Christian se sintió un poco mal por la ausencia de su hijo—Me gustaría conocerlo pronto.
—Estoy seguro de que algo debió pasar—Intento excusarlo.
—Quizá debamos esperar un poco más antes de dar la noticia—Toto intento animarlo.
—No creo que tarde tanto—Christian intentaba mantener los ánimos, pero no podía creer que su hijo le estuviera fallando de esa manera.
—Tal vez yo pueda ayudar a encontrarlo—Se ofreció Checo.
—No, hijo, no es necesario—Intervino Toto—Es muy protector.
En ese momento el ascensor sonó anunciando la llegada de alguien. Pero la conversación no los dejo escuchar.
—¿En serio? —Pregunto Christian asombrado—Es adorable. Definitivamente eres el hijo perfecto.
Max apareció por el pasillo. Estaba sudado y cansado de tanto correr.
—¿Qué hace este aquí? —Fue lo primero que salió de sus labios.
—Max, hijo, ¿Qué te paso? —Pregunto un Christian muy preocupado por la apariencia de su hijo.
—¿Max es su hijo? —Sergio fingió estar sorprendido ante este dato.
—¿Todo bien? —Pregunto Toto acercándose.
—Perdón—Dijo Max a su padre, pero se dio cuenta de la decepción en su mirada.
—¿Podemos saber la noticia? —Insistió Sergio—Me dijeron que era importante.
—Si—Comenzó Christian mientras observaba a su hijo—Tu padre y yo nos casaremos.
Max, que apenas había podido recuperar el aliento, sintió que todo se desmoronaba frente a sus ojos.
¿Cómo podía? Tan solo pensar en Sergio como su hermano le daba rabia.
Ahora todas las piezas encajaban. El repentino castigo, sus neumáticos dañados, la vigilancia de Carlos. Era el plan de Sergio. Uno en donde Max quedaría como el hijo malo, mientras se alababa la perfección del pelinegro.
Tenia que hacerlo pagar. Lo haría arrepentirse por hacerle eso frente a su padre.