Burn the house down
22 de diciembre de 2025, 18:47
Max no supo cómo reaccionar cuando el hombre mayor ya lo tenía del cuello de su camisa.
Sintió un dolor en su espalda cuando fue arrojado contra la pared. Batallando para mantenerse en pie.
—¡Aléjate de mi hijo!—El grito de Toto alertó a todo el que estuviera cerca.
El hombre estaba hecho una furia.
—¡Papá! ¡Basta! —Grito Sergio cuando vio como su padre le daba un puñetazo en la cara al rubio.
Max no pudo hacer nada más que gemir de dolor. Ni siquiera podía meter bien las manos para intentar cubrirse de los golpes.
Entonces Toto se sorprendió cuando sintió como su propio hijo lo empujaba.
—¡No te metas, Sergio!—Le ordenó el mayor, todavía desconcertado por el actuar de su hijo.
—Este no es el lugar para estos escándalos—Interrumpio el director de la institución —Retirense, ahora.
Toto tomó del brazo a Sergio y lo arrastró hacia fuera del baño.
Lewis no podía contener la sonrisa en su rostro.
—Vaya reunión familiar —Se burló el moreno.
Entonces el pelinegro no pudo controlarse más y termino golpeando en la cara a su ex mejor amigo.
—¡Maldito!—Soltó Lewis mientras ponía una mano en su mejilla, donde lo había lastimado.
—Esto aún no se acaba, tengo mucho más que decir sobre ti—Sergio estaba más que decidido a arruinar la vida del moreno.
Toto se llevó a rastras a su hijo, evitando que volviera a golpear a Lewis.
Tenían que hablar seriamente, y para eso debían ir a casa.
Así que lo llevo hasta el auto, en donde lo subió a la fuerza a pesar de las súplicas del pelinegro por no querer dejar atrás a Max.
El rubio salio del baño un poco adolorido, pero hecho una furia.
No le importaban las miradas sobre él. Las únicas opiniones que le importan eran las de su padre y, claro, la de Sergio.
Tomo su auto y condujo a una velocidad peligrosa, solo quería llegar a casa.
—Puedo andar por mi cuenta—Dijo Sergio con molestia.
Su padre no soltaba su brazo desde que salieron del instituto.
—Eres un idiota si crees que te voy a dejar solo.
Nunca había visto a su padre tan molesto. Ni siquiera la noche anterior a esto.
Era como si lo odiara.
Subieron al elevador y llegaron a su piso.
Christian estaba esperándolos en la sala, pero no tenía idea de lo que pasaba.
Toto se había ido molesto después de ver su teléfono. Ni siquiera sabía que había pasado, y tampoco le dijo nada.
—¿Qué pasa?—Dijo Christian acercándose —Hijo, volviste.
El rostro alegre de Christian duró poco.
La expresión molesta de Toto le había dejado en claro que algo no estaba bien.
Entonces el más alto obligo al pelinegro a sentarse en el sofá, empujándolo con tanta fuerza que sintió su cabeza doler.
—¡¿Qué carajo crees que haces?!—Grito Christian horrorizado al ver a Sergio caer de esa forma.
—Mira—Respondió Toto lanzándole el teléfono.
Christian apenas atrapó el teléfono y vio en pantalla un correo con la fotografía de Sergio y Max besándose.
—¿Qué es esto?—Pregunto mientras se recargaba en el sofa—¿Cómo?
La última pregunta iba dirigida completamente hacia Sergio.
—¿Por qué te quedas callado? Habla—Ordeno Toto está vez más calmado, pero manteniendo su voz autoritaria que ponía nervioso a más de uno.
Sergio no sabía que responder.
Todo había pasado muy rápido
—Sergio, ¿Qué significa está foto?—Christian insistió mientras lo veía fijamente —Creí que Max te odiaba, me alegre cuando vi que se llevaban bien. Pero no pensé que era por esto.
—¿Cómo es posible tanta indecencia en esta casa?—Reclamó Toto—Será mejor que seas honesto. No más mentiras.
En ese momento el sonido del ascensor los alarmó a los tres.
La apariencia de Max asustó a Christian. Pues el joven tenía el labio partido y un moretón en su mejilla, evidencias de la violencia ejercida por la pareja de su padre.
—Hijo, ¿Qué te paso en la cara?—Preguntó Christian mientras corría hacia él.
—Él me golpeó—Respondí el rubio mientras señalaba al culpable.
—¿Quién te crees para golpear a mi hijo?—Christian estaba hecho una furia.
—Lo encontré tocando a mi hijo de una manera inapropiada, ¿Cómo esperabas que reaccionará?—Toto se defendió, pero pronto sintió un golpe en el rostro.
Christian lo había golpeado con todas sus fuerzas, haciendo que el hombre se tambaleara.
—Nunca más vuelvas a ponerle una mano encima—Amenazó—Y ustedes dos será mejor que hablen.
Sergio y Max intercambiaron miradas entre ellos.
—Yo hablaré—Ofreció el rubio—Deben saber que fui yo quien empezó todo.
—Max—Sergio comenzó a negar con la cabeza, pero el rubio le hizo un ademán con la mano para pedirle que se calmará.
—Lo sabía—Dijo Toto poniéndose enfrente de él, como si estuviera restándole—Te pedí que no perjudicaras a mi hijo.
—No quiero lastimarlo, estoy enamorado de él—Confesó el rubio.
—Ambos lo estamos —Se unió el pelinegro.
Toto sonrió incrédulo.
—¿Es una maldita broma?—Comenzó mientras mantenía esa sonrisa incómoda en su rostro—¿Ustedes dos enamorados?
—¿Desde cuándo?—Chirstian intentaba mantener la calma.
—Después de la boda—Continuó el rubio—Se que fue imprudente de nuestra parte...
—¿Se han acostado?—Preguntó Toto, haciendo que los dos jóvenes se quedarán sin habla—Porque vi donde ponías tu mano.
—Eso no es asunto tuyo—Interrumpio Sergio, molestando al más alto.
—No me hables de esa manera—Exigió.
—¿O sino qué? ¿Vas a golpearme?—Retó el pelinegro.
—No puede ser...—Dijo Christian mientras se sentaba en el sofá —Ustedes dos si se acostaron.
—Eso no importa ahora—Respondió Max, pero sería difícil salir de ese tema.
—Claro que importa—Replicó su padre—Llevaron demasiado lejos este capricho.
—Y se terminó—Añadió el más alto—Lo que había entre ustedes, todo, se acabo ¿Entendieron?
—No—Respondió Sergio de manera desafiante.
—¡Se terminó!—Toto gritó intentando imponerse ante el joven.
—¡No!—Gritó de vuelta el pelinegro.
—Ya dejen de gritar los dos, estoy harto de esto—Christian estaba llegando a su límite—Lo mejor que pueden hacer es terminar. Olvidaremos que todo esto ocurrió y seguiremos adelante.
—No voy a hacer eso—Respondió Max—No me preguntaste que opinaba cuando te comprometiste con este sujeto, no esperes que yo te de ese derecho.
—Yo no voy a dejarle—Sergio se paró al lado de Max y tomo su mano con delicadeza —Será mejor que lo acepten, o no podremos llamarnos familia.
Toto estaba harto de esa fantasía de amor.
Le parecían un par de idiotas actuando como eso, idiotas.
Pero si había algo en lo que creía, era que Max fue el pilar más importante para que eso sucediera.
Tomo el brazo del pelinegro y lo jalo con fuerza a su lado, Max intentando defenderlo pero solo recibió un empujón del mayor para tirarlo lejos de él.
Christian se apresuró a defender a su hijo, pero no había nada que pudiera detener al más alto de la decisión que acababa de tomar.
Si Max era el problema, entonces separaría a su hijo de esa mala influencia.
Un tiempo lejos lo haría reflexionar sobre esa tonta relación. Y de esta forma, solo de esa manera, volvería a ser el niño dorado que siempre apreció.