Capítulo 1
26 de diciembre de 2025, 23:54
Eran las 11 de la noche de un domingo cuando Buttercup salió volando con sigilo de la habitación por la ventana circular. Ella ya no compartía cuarto con sus hermanas, sin embargo, el oído de ellas era algo a tomar en cuenta.
Buttercup sabía que a la mañana siguiente se arrepentiría de esto, porque las clases de la universidad comenzaban bien temprano, pero las ganas de ver a Ace (y a los demás miembros de la banda gangrena, pero sobre todo a Ace) eran más grandes que los posibles arrepentimientos.
Buttercup volando se acercó a la ventana del último piso de un departamento y tocó varias veces la ventana. Big Billy con su grande sonrisa le abrió la ventana y la dejó pasar.
En la sala estaban todos los miembros de la banda gangrena charlando y bebiendo directamente de botellas.
Al Ace ver que Buttercup había entrado al departamento a través de la ventana, dirigió su atención a ella.
—Buttercup —pronunció Ace con una sonrisa torcida—. Toma asiento a mi lado si gustas —dijo Ace señalando un espacio vacío al lado de él en el sofá.
Buttercup vergonzosamente se sentó al lado de Ace con obediencia, había sido una sugerencia, pero que sintió como una orden, podría ella no haber hecho caso y sencillamente quedarse parada, sin embargo, se hubiera visto fuera de lugar, estando todos sentados en sillones y sofás.
Sin contemplaciones, cuando Buttercup se sentó al lado de Ace, Ace puso su mano en la cintura de Buttercup, Buttercup se aguantó las ganas de dar un respingo y hacer una mueca, o de inclusive golpear a Ace. Se suponía que ella quería tener por lo menos un poco de contacto físico con él, ¿por qué su cuerpo lo sentía como una rápida invasión incómoda?
Una vez le había contado de eso a Robin en secreto, Robin le dijo qué tal vez era su heroísmo rechazándolo.
Todos hablaban de diversos temas, Ace bebía alcohol de una botella, le entregó a Buttercup un vaso vacío. Cada vez que alguno de los miembros de la banda gangrena decía algo chistoso, era imposible para Buttercup no reírse, Buttercup intentaba no reírse seguido por miedo a que los demás pensaran que su risa era forzada.
Luego Snake llenó el vaso de Buttercup con una botella de alcohol.
—Oh, no, no hace falta Snake —dijo Buttercup repentinamente negando con la cabeza y tratando de acercar el vaso a Snake para que se lo llevara.
Ace comenzó a reírse.
—¿Qué es un poco de alcohol para ti Buttercup? —cuestionó con sorna Ace.
Buttercup giró su cabeza en dirección a Ace.
—Nada —respondió Buttercup con soberbia.
Buttercup hasta ahora no había probado alcohol, pero ella suponía que por ser una chica super poderosa, ella no se emborracharía.
—¿Entonces por qué no tomas alcohol? —cuestionó Ace dejando de tocar la cintura de Buttercup.
Buttercup sintió como la calidez de la mano de Ace fue remplazada por el frío de la ausencia.
—Solo, no tengo ganas de tomar alcohol —respondió Buttercup frunciendo el ceño.
—Oh, cariño —dijo Ace con lástima—, ¿es por tus hermanas verdad?, tienes miedo de que ellas se enteren que quebrantaste la ley, porque al final del día ellas y tú son símbolo de la justicia y las leyes, ¿no es así?
El ceño fruncido de Buttercup se acentuó más, pero antes de que ella hiciera una acción impulsiva, como tomarse de un golpe el vaso de alcohol, para demostrarle a Ace que no tenía miedo, decidió reflexionar a regañadientes gracias a que Bubbles se la había pasado molestándola días con ello.
«Blossom y yo llegamos a la conclusión de que la mayoría de los villanos nos han ganado en algún momento gracias a sus manipulaciones y a nuestros comportamientos impulsivos, debemos reflexionar más» le había dicho Bubbles.
Era cierto, Ace tenía razón, maldita parte heroica y justiciera. En Townsville no se podía tomar alcohol a menos que tuvieras 21 años en adelante; en estos momentos Buttercup tenía 19 años. Buttercup podría aceptar el alcohol de la banda gangrena, pero la conciencia de Buttercup, no dejaba de imaginarse a Blossom y a Bubbles regañándola por dicha acción.
—Dime Buttercup —habló suavemente Ace—, ¿tú crees que soy un buen hombre?
Buttercup sonrió, le iba seguir el juego, cuál fuese.
—No, nunca has sido un buen hombre —respondió Buttercup con una pequeña sonrisa.
En el pasado Ace, en muy escasas ocasiones había mostrado amabilidad y sentido común, pero no era algo suficiente como para definirlo como un buen hombre. Ace trabajaba como barténder en un bar, sin embargo, tener trabajo tampoco era suficiente para considerar a alguien un buen hombre.
—Exacto cariño —siguió hablando con suavidad Ace—, y como no soy un buen hombre y tampoco soy un aliado de la justicia, no me importaría verte tomar alcohol, aunque todavía no tengas 21 años. No soy un delator Buttercup.
Ace le sonrió a Buttercup y le acarició la mejilla. Buttercup sintió la calidez de aquella mano callosa en su mejilla. Una pequeña descarga eléctrica viajó por la espalda de Buttercup. Buttercup comenzó a sentir su cara calentarse.
Buttercup sabía que Ace buscaba entablar mayor confianza con ella, para que así, al final ella se atreviera a darle un sorbo al vaso; eso hubiera funcionado con ella cuando tenía 5 años, inclusive cuando ella tenía 14 años, pero ahora dejarse manipular por lo mínimo, daría una mala impresión. Ella ahora tenía 19 años.
El sentido común de la chica súper poderosa le informó que era hora irse, así que le hizo caso, por más que ella quisiera pasar más tiempo con Ace.
Buttercup se levantó del asiento y dejó el vaso con alcohol en la mesa.
—Me voy, adiós a todos, hasta luego —se despidió Buttercup disimulando su sonrisa, rodeando la mesa que estaba en la sala y dándole la espalda a toda la banda gangrena.
—Hey Buttercup, no me digas que te ahuyenté, eso es capaz de lastimar el ego de cualquier hombre —dijo Ace con lo que le asemejó a Buttercup a una falsa decepción.
Buttercup se giró en dirección a la banda Gangrena, quedando cara a cara con ellos, quienes seguían sentados en los sillones y los sofás.
—No, para nada —respondió Buttercup con su sonrisa sin disimular—, solamente sé que es tiempo de irme.
Buttercup no sabía por qué ella estaba sonriendo, quizá porque Ace le había dado atención, pero nunca admitiría eso en voz alta.
Buttercup se dio la vuelta y salió volando por la ventana, rompiéndola.
Toda la banda gangrena se carcajeó, porque la forma en la que se había retirado Buttercup, era comedia pura, después dejaron de reírse.
—Mierda —dijo Ace reflexivo—, el arrendador nos va a cobrar la ventana rota.
La banda gangrena procedió a reírse otra vez.