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–Chicas, voy a salir. –avisó Tomoyo a sus empleadas mientras estas tenían un perrito cada una. –Por hoy no voy a volver, así que aseguraos de cerrar. –¿Ha ocurrido algo? –preguntó Meiling al ver a Tomoyo tan apresurada y vestida completamente de negro. –Wei Wang, el marido de Shigeyo ha muerto. Ya sabéis lo buenos clientes que son los Wang. Además, le alegrará saber que Ruby Moon está bien y que no debe preocuparse por ella. Shigeyo debe de estar destrozada. Y encima sigue ingresada en el hospital. Por eso he pensado en hacerle una visita para apoyarla en estos momentos tan duros. –respondió Tomoyo. –Así que por eso Shaoran no se ha pasado por aquí en estos últimos días –comentó Meiling, al saber que Shaoran conocía a Wei y estaba a cargo de Ruby Moon. Sakura se perdió en sus pensamientos. Si alguien sufrió la pérdida de Wei aparte de su mujer, ese fue Shaoran. No se le borraba de la cabeza la desesperación que mostró cuando Wei murió en sus brazos. –Sakura, ¿tú sabes algo? –preguntó Tomoyo sacándola de sus pensamientos. –No, nada. –mintió Sakura.00000000
Un joven entró a un oscuro callejón de los bajos fondos en los que se movía. Allí esperando ya había un camello que le pasó disimuladamente una papelina de droga a cambio de dinero. Cuando el camello se dio la vuelta confiado se vio arrastrado por una fuerza que lo tiró al suelo. Fue entonces que se dio cuenta de que esa fuerza era la de un hombre castaño que parecía estar de muy mal humor. –¿Qué haces? –preguntó el camello oponiendo resistencia. Como no se estaba quieto, Shaoran le inmovilizó los brazos y lo esposó mientras el camello se quejaba. –¿Dónde está Mizoguchi? –preguntó Shaoran. Sabía que la debilidad del asesino de Yukito y de Wei eran las drogas, por eso decidió ir a un lugar como aquel para obtener información. Si alguien sabía dónde estaba esos eran los camellos que le suministraban la droga. –¿Mizogochi? Nunca he oído hablar de él. –dijo el camello desafiante. Por eso, Shaoran decidió hacerle recordar propinándole un puñetazo. –Seguro que es cliente tuyo. –dijo Shaoran, pero el camello seguía sin responder, por lo que le dio otro puñetazo. –¡Ya te he dicho que no lo conozco! –reiteró el camello. Como a Shaoran no le gustó la respuesta, volvió a golpearlo. Quizás dijera la verdad, pero era tal el grado de frustración que Shaoran sentía que necesitaba descargar su ira con alguien, y en aquel caso, le tocó al camello. Shaoran lo golpeó hasta dejarlo inconsciente. Lo había golpeado tanto que hasta su puño se había llenado de sangre de su víctima. Tras quitarle las esposas, salió del callejón. A pesar de que le estaba sonando el móvil, Shaoran ni siquiera lo sacó de su bolsillo.00000000
Sakura colgó el teléfono de Mon Ange. No sabía por qué Shaoran no contestaba, si porque estaba ocupado o porque no tenía ganas de hablar con nadie. Recordando lo afectado que estaba cuando Wei murió en sus brazos, se temía que fuera la segunda opción. Tras colgar el teléfono, decidió llamar con su móvil a Kero, pero le salió el buzón de voz pidiéndole que dejara un mensaje. –Kero, ¿qué está pasando con el asunto de Mizoguchi? Llámame, corre prisa.00000000
Mizoguchi estaba en el apartamento de mala muerte que Kaito le había proporcionado. Estaba preparando una pequeña ballesta para no volver a fallar en el próximo intento. Entonces, la probó contra una lata de cerveza. –¡Ooohh! –exclamó contento y emocionado con el resultado. –¡Esto es fantástico!00000000
Ya estaba oscureciendo cuando Shaoran llegaba a su bloque de apartamentos. Yue, que lo esperaba en la puerta se fijó en su mano ensangrentada. –Shaoran, ¿qué te ha pasado en la mano? –preguntó Yue. Sabía que la muerte de Wei también le había supuesto un duro golpe a su amigo. Cuando Yue intentó acercarse, Shaoran lo apartó de mala manera. –Vamos Shaoran, vente conmigo. Finalmente accedió y lo llevó a su bar. –Tienes que calmarte. –le dijo Yue sirviéndole un vaso de agua, aunque Shaoran tuviera la tentación de beber algo mucho más fuerte. –Ponme alcohol. –dijo Shaoran. –Ni hablar. –¡He dicho que me pongas alcohol! –exclamó Shaoran lanzando el vaso de agua al suelo. Yue se agachó para recoger los cristales más grandes. –No te engañes, Shaoran. No eres el único que está sufriendo. Wei era mi tío. Tú eres policía y puedes hacer algo, pero ¿qué se supone que puedo hacer yo? –Aunque sabía que Yue tenía razón, Shaoran no contestó, estaba demasiado sumido en su dolor.00000000
Sakura estaba comprobando que no se dejaba nada encendido antes de marcharse, cuando Kaho Mitzuki llamó a la puerta del salón canino. –Tengo que preguntarte algo. –dijo Kaho en cuanto Sakura le abrió la puerta. Sakura la hizo pasar y preparó un par de cafés para hablar tranquilamente. La castaña intuía que Kaho había ido porque seguro que había descubierto que fue ella la que realizó la llamada para que la policía acudiera al almacén donde Mizoguchi mató a Wei. –Fuiste atacada por alguien que llevaba una máscara de un alienígena verde, ¿cierto? –preguntó Kaho. –Lo digo porque yo también fui atacada por la misma persona y casi me mata. –¿De verdad? –preguntó Sakura al no conocer aquella información. –Y eso no es todo. También atacó a unos amigos míos. Uno de ellos murió. –dijo Kaho refiriéndose a Wei. –¿Por qué eres la única que no ha resultado herida? –Eso es gracias a Shaoran. –respondió Sakura. Era totalmente cierto. Si no llega a ser por la providencial aparición de Shaoran, seguramente Mizoguchi habría acabado con ella. –¿Eso es todo? –¿No estarás pensando que yo los ataqué? –preguntó Sakura. –Sólo digo que es muy extraño que sólo tú hayas salido ilesa. –insistió Kaho, a sabiendas que fue Mizoguchi. Bien podría haberlo mandado ella. –Suenas como la policía. –¿De qué hablas? Eso no puede ser. –dijo Kaho, aunque Sakura sabía la verdad. –No intentes engañarme. Shaoran me contó que es detective. –confesó Sakura. Kaho no esperaba que Sakura estuviera al tanto. –Y tú eres su compañera, ¿me equivoco? Y también sé por qué sospechas de mí. Has comprobado la llamada al 110 que tuvo lugar cuando mataron a Wei. Pero no tengo nada que ver con ese asesino. –En ese caso, ¿por qué estabas allí? –preguntó Kaho. –No quiero contestar a eso. –dijo Sakura con sinceridad. Con aquella respuesta, Kaho no hizo sino sospechar todavía más de ella. –¿Qué estás tramando? –Señorita Mitzuki, usted ha tenido una vida feliz, ¿verdad? Me parece que para usted es fácil sospechar de la gente. –Sospechar de la gente es mi trabajo. –Qué trabajo más doloroso, ¿no? –dijo Sakura. La tensión fue rota por el móvil de Kaho. –Hola Yue, ¿qué pasa? –respondió Kaho. –Shaoran está aquí en mi bar, pero hay algo extraño en él. –dijo Yue, sosteniendo una carta del tarot que representaba a la justicia. Entonces, Shaoran se levantó para marcharse. –Shaoran. –¿Qué le pasa a Shaoran? –preguntó Kaho, pero fue lo último que escuchó, porque Yue había colgado para frenar al castaño. Para Sakura tampoco había pasado desapercibido que a Shaoran le ocurría algo a juzgar por la breve conversación telefónica. Kaho se puso su chaqueta para marcharse. –Volveré mañana. Y si sigues sin querer hablar, supongo que no te importará venir conmigo a comisaría, ¿no? Me aseguraré de destapar tu verdadera cara.00000000
Shaoran había conseguido convencer a Yue para que lo dejara marchar alegando que se iría a casa directamente. Mientras iba de camino, le sonó el móvil, que cogió desganado y sin mirar quién llamaba. –¿Quién es? –preguntó con voz grave. –¿Qué quién soy? No…no lo sé ni yo. –dijo una delirante voz masculina empezando a reír. –Mizoguchi. –lo reconoció Shaoran. Seguro que Kaito le había proporcionado su número. –¿Por qué haría una cosa así? Oh, estoy oyendo voces en mi cabeza otra vez. Estoy asustado. Estoy asustado, Shaoran. –Deja de fingir, Mizoguchi. –¡Y una mierda! De todas formas, no puedes arrestarme. Y aunque lo hicieras, volverán a declararme inocente y saldré de paseo otra vez. –dijo Mizoguchi sin soltar la ballesta. –Dime, Shaoran, si mato a la mujer que amas, ¿llorarás? –¡Bastardo!¡No juegues conmigo! –exclamó Shaoran. –Lo cierto es que me gustaría ver tu afligida cara otra vez. –dijo Mizoguchi riéndose de Shaoran. –Nunca te dejaré en paz. Cuando Mizoguchi colgó, Shaoran se prometió a sí mismo que acabaría con él. Esa llamada había sido toda una provocación y Shaoran cayó en la trampa, pero no le importaba. Lo que más deseaba en ese momento era acabar con él. Shaoran echó a correr. Necesitaba el coche con urgencia.00000000
Cuando Kaho se marchó, Sakura se fijó en que el ordenador del salón canino seguía encendido y en la pantalla estaba el vídeo en el que Ruby Moon estaba con sus cachorritos cuando nacieron y volvió a reproducirlo. Entonces recordó que cuando nacieron, Shaoran estaba con ella, hasta que el sonido del teléfono la sacó de su ensimismamiento. –Salón canino Mon Ange, ¿qué desea? –preguntó Sakura con profesionalidad. Pero nadie respondía. Tan sólo se escuchaba una especie de jadeo. –¿Hola? Sakura colgó. No le gustó nada esa llamada pero de momento no podía hacer nada. Apagó el ordenador, las luces, cerró el salón y se marchó, no sin antes mirar hacia todas partes. Al ver que no había nadie, Sakura salió. De su escondite, salió Mizoguchi y comenzó a seguir a Sakura armado con la ballesta que previamente había preparado en su cuchitril. Entonces, las luces de un coche la deslumbraron. Frente a ella, Shaoran bajó del coche con urgencia y la agarró del brazo. –Rápido, sube. –le ordenó Shaoran, consciente de que Mizoguchi quería hacerle daño a través de Sakura. –¿Qué?¿Por qué? –preguntó Sakura sorprendida por las acciones del castaño. –Mizoguchi te ha puesto en el punto de mira. Me ha llamado y me lo ha dejado entrever. –respondió Shaoran mientras empujaba a Sakura hacia el coche. De hecho, antes de montarse, Shaoran miró hacia atrás y lo vio a entre la tenue luz de una farola. Parecía que se había dejado ver adrede, porque le sonrió y se fue por otra calle. Sin pensarlo dos veces, Shaoran sacó su pistola, y salió corriendo tras él. Al llegar a la esquina se detuvo y se asomó. Mizoguchi lanzó una flecha de su ballesta, pero falló, momento que aprovechó Shaoran para disparar, dando a Mizoguchi en un brazo y haciéndole caer contra una bicicleta que había apoyada en la pared de atrás. Shaoran fue hacia él y lo pateó sin dejar de apuntarlo en su burdo intento de huir como una vulgar rata. –¿Va en serio? –preguntó Mizoguchi desde el suelo. Entonces Shaoran le pisó la muñeca del brazo herido para hacerle ver que iba muy en serio. –¡Ahhh! ¡Está bien!¡Lo siento!¡Me equivoqué! –Cállate. –cuando Sakura giró la esquina, vio a Shaoran apuntando a Mizoguchi en la cabeza bien cerca para asegurarse de no fallar. –Ni siquiera pareces humano. –¡Para, por favor!¡No le dispares! –exclamó Sakura yendo hacia él y sosteniéndole de las muñecas para intentar arrebatarle el arma, aunque no lo consiguió. –¡Aparta! –exclamó Shaoran sin dejar de apuntar a Mizoguchi. –¡No lo mates, por favor! –dijo Sakura cogiendo a Shaoran de los brazos. –¡Él no merece vivir! –insistió Shaoran volviendo a apartar a Sakura para seguir apuntando a Mizoguchi. –¡Tú no debes matar a nadie! –dijo Sakura volviendo a interponerse. Mientras, Mizoguchi, sujetándose la muñeca se arrastraba intentando alejarse de Shaoran. –¡Tú eres diferente a él o a mí! Al decir aquello, con lo que Sakura prácticamente asumía que había matado, Shaoran se descolocó, momento que aprovechó Mizoguchi para levantarse y empujar a Sakura para que le sirviera de obstáculo a Shaoran para salir huyendo por un oscuro y estrecho callejón. Pero Shaoran volvió a salir tras él y apuntó al callejón. Sakura llegó y forcejeó con Shaoran. –¡Déjame! –exclamó Shaoran. Pero para cuando Shaoran consiguió deshacerse del agarre de Sakura, Mizoguchi ya había huido y sería imposible encontrarlo. Al estar cerca del salón canino, Sakura y Shaoran volvieron allí. –¡¿Por qué me has parado?! –preguntó Shaoran enfadado agarrándola de los hombros y acorralándola contra la pared junto a un ventanal, haciendo caer un jarrón que había sobre la repisa. –Podría haberme quitado ese problema de en medio. ¡Tenía que hacerlo!¡Se lo debo a Wei y a Yukito!¡¿Por qué no me dejaste hacerlo?!¡¿Por qué?! Mientras que no lo mate no se acabará y seguirá haciéndonos sufrir: a los padres de Yukito, a la mujer de Wei, a Yue, a todos. Sólo cuando lo mate acabará todo. –¡Te equivocas! –exclamó Sakura envuelta en lágrimas. –El sufrimiento no termina. Sé que te sientes responsable, pero si matas a Mizoguchi, el odio y la tristeza no desaparecerán. El dolor no hace más que aumentar. Pero no estoy diciendo que deba ser perdonado. Debe pagar por lo que ha hecho con su vida. Pero tú no debes convertirte en un asesino. Hay gente que confía en ti. No debes traicionarles. –Aún así, quiero matarle. –dijo Shaoran con lágrimas en los ojos. Shaoran estaba abatido y soltó a Sakura. Pero esta vez, fue Sakura la que puso su mano sobre su hombro y lo abrazó. Sakura sabía cuánto deseaba Shaoran acabar con Mizoguchi, pero precisamente porque lo comprendía a la perfección, no podía dejar que lo hiciera. Debía ser ella la que le hiciera pagar por todo lo que había hecho. De todas formas, ella ya había sido la responsable de varias muertes y su venganza contra Mizoguchi ya la tenía en marcha. No dejaría que Shaoran se manchara las manos de sangre.00000000
Cuando Kaho fue al bar de Yue, éste le explicó que Shaoran ya se había marchado y que le había prometido marcharse a casa pero ella no estaba muy convencida de ello. Suponía que antes tendría que ir a por Ruby Moon, por eso, mientras se dirigía a casa, decidió dar un rodeo por si se lo encontraba por la zona por casualidad. Fue entonces que vio una multitud agolpada tras un cordón policial y un coche patrulla. –Disculpe, ¿qué ha ocurrido? –preguntó Kaho a uno de los curiosos. –Parece que ha habido un tiroteo. –dijo el hombre. Fue entonces que Kaho se fijó en que había un coche con las luces encendidas. Conocía aquel coche y aquella matrícula a la perfección. Tanto ella como Shaoran utilizaban ese coche, ya que le pertenecía a la policía. Si Shaoran no estaba allí, sólo había un sitio en aquella zona en el que podía estar: en Mon Ange. Kaho se dirigió al salón canino y abrió la puerta, encontrando a Sakura abrazando a Shaoran. Al escuchar el ruido de la puerta y ver quién era, Sakura rompió el abrazo. –Shaoran, ¿qué haces aquí? Volvamos a la comisaría. –dijo Kaho con aire preocupado mientras lo cogía de la muñeca, pero Shaoran la apartó y salió sin decir nada. Cuando Shaoran salió, Kaho le dio un bofetón a Sakura. –No vuelvas a acercarte a él de nuevo. Es tu culpa que esté así. No le traigas más desgracias. Tras decir eso, Kaho salió siguiendo a Shaoran que iba a buscar el coche. –¡Shaoran, espera! ¿Has disparado a Mizoguchi? –preguntó Kaho. –Lo siento. –¿No pretenderías matarlo? –preguntó Kaho intuyendo la respuesta mientras lo agarraba de los brazos. –Sí. –Debes recomponerte. ¿Acaso quieres arruinar tu vida por un desgraciado como ese? –preguntó Kaho. Pero Shaoran no tenía ganas de escuchar lecciones, apartó a Kaho y siguió caminando. –¡Sólo porque se trate de Mizoguchi no es motivo para matarlo! –¡¿Podrás decir lo mismo cuando empiece a matar a más gente?! –preguntó Shaoran con hartazgo. –Incluso así, no hay motivo para matarlo. –replicó Kaho. –Porque soy policía, ¿verdad? –preguntó Shaoran. Pero para Shaoran se había convertido en algo personal.00000000
Sakura se quedó en Mon Ange recogiendo los restos del jarrón que se había hecho añicos. Se sentía como si estuviera recogiendo los pedazos de Shaoran, que al igual que el jarrón, estaba roto de dolor. –Tengo que limpiar todo esto. –susurró Sakura, que no se refería precisamente al jarrón. Una vez que terminó de limpiar el destrozo, escuchó el móvil. Por fin Kero le devolvía la llamada.00000000
A la mañana siguiente, Sakura se dirigió al puerto. Kero la esperaba sentado en el muelle frente a algunos veleros que estaban atracados. –Hola, Sakura. Cuánto tiempo sin verte. –saludó Kero. –Por fin te has dignado a llamarme. –Pensé seriamente en lo de lavarme las manos de todo esto pero, inesperadamente tú y yo nos llevamos bien. Por eso me sabía mal negarme a tus peticiones. –dijo Kero en su tono alegre habitual. –¿Y? ¿Has encontrado algo de Mizoguchi? –Él me interesa tanto como una pelusa. Sólo te estoy ayudando para que completes tu venganza. –¿Y ese apósito de la cara? –preguntó Sakura, que al estar sentado, no lo había visto hasta que no la miró. –¿Esto? Sólo me he asomado por algunos lugares un poco peligrosos. –dijo Kero sin darle la mayor importancia. –Simplemente llegué a un punto en el que no podía avanzar más y me dejaron esto como aviso. Pese a todo, he descubierto algo bueno. Es sobre el caso de los pastelitos. No hay duda de que hay alguien más apoyando a Kaito. Y es alguien realmente poderoso. Sakura pensaba que Kaito era el último eslabón de la cadena, por lo que al decirle eso, se sentó al lado de Kero mostrando verdadero interés. –¿Quién? –No, no. Como te he dicho, no pude llegar a más. Es un mundo intocable. –dijo Kero. –Sería mejor que lo dejaras, Sakura. –Eso es algo que no puedo hacer. –En ese caso, deja a Mizoguchi fuera de esta historia. –le aconsejó Kero. –¿Qué? –Vas a todas partes con algo como esto. –dijo Kero extrayendo del bolso de Sakura lo que parecía ser una pistola táser. Cuando se había sentado la vio asomar de su bolso. –¿No me digas que pretendes usar esto contra Mizoguchi? Y si fallas, ¿qué vas a hacer? He estado a tu lado ayudándote en tus planes, pero esto no es algo que debas hacer por el bien de otros. Sakura cogió la pistola y la volvió a meter en su bolso. Se hizo con ella después de haber sufrido el primer ataque de Mizogchi. Desde ese momento supo que ese idiota podría matarla, y de hecho, lo habría conseguido de no ser por Shaoran. Por eso, decidió prevenir adquiriendo aquella pistola eléctrica. Quizás Shaoran no pudiera aparecer siempre. –Después de haber llegado tan lejos, no tienes derecho a decirme eso. –De acuerdo. Pero debes saber, que ahora sólo eres una asesina. –le dijo Kero más serio de lo normal. Tras decir aquello se marchó, sabiendo que aquellas palabras le habían dolido especialmente.00000000
En el cuchitril de mala muerte en el que se estaba refugiando gracias a Kaito, un tembloroso y nervioso Mizoguchi alcanzó a coger el teléfono para llamar a su valedor. El síndrome de abstinencia había comenzado a tomar el control sobre él. Sus reservas de droga estaban agotadas y el dinero que le había pagado Kaito por sus servicios también comenzaba a escasear. Además, sus camellos no querían venderle droga porque Shaoran los había estado presionando y sabían que Mizoguchi estaba en el punto de mira. No querían arriesgar su principal fuente de ingresos si los pillaban con él. Desde los hechos acontecidos en el almacén no supo nada de Kaito y tampoco le cogía el teléfono, por lo que ante la desesperación, decidió dejarle un mensaje a Kaito. –¿Dónde te has metido?¡Tráeme droga!¡Si estoy fracasando con tus recados es porque no tengo droga! –exclamó Mizoguchi. De esa euforia pasó a la debilidad, arrastrándose al suelo con la espalda apoyada en la pared. –Kaito, por favor, tráeme droga. Sin droga no puedo hacer nada.00000000
Parecía que Kaho Mitzuki no le iba a dar tregua a Sakura porque cuando giró la última esquina que daba a la calle por la que se entraba al salón canino, la detective ya la esperaba con la espalda apoyada en el muro que aquella noche Shaoran y ella estuvieron limpiando de los grafiteros. Sakura hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo antes de entrar por la puerta exterior de Mon Ange, cuando Kaho la agarró de la muñeca. Para sorpresa de Sakura, Kaho no llevaba una actitud tan beligerante como la de la noche anterior. Ambas mujeres entraron a Mon Ange y se sentaron en los sofás. –Siento lo de ayer. –se disculpó Kaho refiriéndose al bofetón. –No importa. –se limitó a decir Sakura con la cabeza gacha, consciente de que todo fue producto de la tensión. –Sólo quiero asegurarme de si hay algún tipo de conexión entre Mizoguchi y tú. –dijo Kaho. –En absoluto. No tengo ningún motivo para querer lastimar a Shaoran. –dijo Sakura. No quería que Kaho pensara que Mizoguchi y ella estaban compinchados. –De acuerdo. Te creo. Eso es todo por hoy. Vendré otro día para seguir hablando. Era cierto que la creía aunque se había resistido a ello, quizás por celos. Fue ella la que rompió su relación con Shaoran, dinamitada por el trauma que le supuso al castaño la muerte de Yukito, pero eso no significaba que no lo quisiera y no soportaba que sufriera, y menos por una chica que estaba causando tantos problemas. Pero Kaho debía admitir que si Sakura realmente estuviera compinchada con Mizoguchi no habría llamado a la policía en el almacén y tanto Shaoran como Yue habrían muerto también junto con Wei. Qué mejor oportunidad que aquella para deshacerse de aquellos que la investigaban. –Señorita Mitzuki. –la llamó Sakura antes de que Kaho llegara a la puerta. –¿Qué? –¿Le gustan los perros? –Sí. –dijo Kaho desganada, sin comprender a qué venía aquella pregunta. –En ese caso, ¿puedo pedirle que cuide de Ruby Moon? –¿Qué? –No quiero tener más implicación personal con la policía más de la que ya tengo. Por favor, dígaselo a Shaoran. –dijo Sakura. ¿Acaso le estaba diciendo que renunciaba a Shaoran? –De acuerdo. –dijo Kaho. En cualquier caso, fue la misma Kaho la que le pidió que dejara a Shaoran en paz. Pero si estaba renunciando a él, ¿era eso una muestra de que lo quería? Kaho ya no sabía que pensar, pero intuía que aquella decisión no sería del agrado de su ex novio. Cuando Kaho abrió la puerta, se encontró a Meiling que también abría. –Sakura, ¿ha pasado algo? –preguntó Meiling al ver que Kaho salió de allí sin ni siquiera saludar. –No, nada. –Pero esa mujer que acaba de salir… –En serio, no ha pasado nada. –insistió Sakura. –Voy a limpiar las plataformas de los perros. Nada más entrar a la oficina para dejar sus cosas, le sonó el teléfono, pero quien fuera que llamara, lo hacía desde un número oculto. –¿Diga? –Buenos días. –al reconocer la voz de Mizoguchi, Sakura volvió a salir. –Meiling, tengo que salir un momento. ¿Qué pretendes hacer llamándome? ¿Cómo has conseguido mi número? –preguntó Sakura saliendo ante la atónita mirada de Meiling. –Sólo pensé que debía darte las gracias. Después de todo, me salvaste la vida. –dijo Mizoguchi mientras veía la cerilla que acababa de encender. Cuando se apagó, volvió a encender otra. –Dime, ¿quieres unirte a mí? –¿Por qué iba a hacer eso? –Bueno, después de todo, le guardas rencor a Kaito y yo me llevo muy bien con él. –dijo Mizoguchi con voz arrastrada. –Podría arreglaros un encuentro para que lo mates. –No es mala idea. –reconoció Sakura, que no esperaba que le brindara una oportunidad así, a pesar que sabía que no era de fiar. –¿Cuáles son tus condiciones? –Quiero droga. –dijo Mizoguchi, dispuesto a traicionar a Kaito por su dosis. –Ese detective amigo tuyo ha estado rondando a mis amigos y se resisten a venderme. Y también estoy sin blanca. –Si es por droga, podré conseguirte. –dijo Sakura, descubriendo así el punto débil de Mizoguchi. –¿De verdad? Sabía que podría confiar en ti. –Por supuesto que puedes. Los dos somos asesinos. –dijo Sakura. –He estado en prisión muchos años. Sé a qué puertas llamar. –¡Genial! –exclamó Mizoguchi con alegría. –Tal y como pensaba, pareces inteligente. Ya me extrañaba que siguieras las órdenes de Kaito. Aunque te relaciones con él, al final tendrías que matarlo. –Tienes razón. –Podrías alegar que era en defensa propia. –No pensaba que llevarme bien contigo sería mejor que con Kaito. –dijo Mizoguchi. –Deberíamos vernos hoy. Te diré cuál es mi lugar favorito. –De acuerdo.00000000
Shaoran se duchó y se vistió con total desgana después de una noche más de insomnio. Esperaba tener al menos un día más tranquilo, aunque sabía que no alcanzaría la paz hasta acabar con Mizoguchi y resolver los asuntos pendientes que tenía. Aún así, dudaba de que alcanzara la paz completa. Había recibido ya demasiados golpes y aunque las heridas se curaran, siempre le quedaría la cicatriz emocional. Cuando cogió la chaqueta alguien tocó el timbre. –¡Soy yo! –avisó Kaho. –¿Qué pasa ahora? –preguntó Shaoran. –Voy a cuidar de Ruby Moon. Sakura me lo ha pedido. –dijo Kaho entrando al apartamento con gran familiaridad hasta llegar a donde estaba Ruby Moon. –¿Y eso? –He tenido una pequeña charla con ella sobre Mizoguchi esta mañana y me dijo que no quería involucrarse personalmente con la policía. –informó Kaho. –Dime, ¿por qué le dijiste que eres policía? Shaoran no contestó. Tan sólo desvió un poco la mirada. –Por dios, Shaoran. –suspiró Kaho, confirmando lo que ya sospechaba. Shaoran estaba enamorado de la persona a la que había estado investigando durante todo este tiempo. –Por cierto, tú no lo sabes, pero fue ella la que llamó a la policía cuando murió Wei. –¿Es eso cierto? –preguntó Shaoran sorprendido. –Sí. No lo ha podido negar. Pero tampoco me ha dado un motivo por el cual estaba allí. –dijo Kaho. Shaoran no pudo evitar recordar lo que le dijo la noche anterior después de que Sakura evitara que él acabara con Mizoguchi. Flashback. –No estoy diciendo que deba ser perdonado. Debe pagar por lo que ha hecho con su vida. Fin del flashback. ¿Quería decir que había fijado a Mizoguchi como su próximo objetivo a pesar de que no estaba relacionado con el caso de los pastelitos? Y lo que es más, ¿lo hacía para que él no se convirtiera en un asesino? –No puede ser. –musitó Shaoran. –¿El qué? –preguntó Kaho sin saber a qué se refería. –¿Estaba en el salón canino? –preguntó Shaoran. –Sí. –entonces Shaoran salió con prisa. –¡Espera! Pero Shaoran no hizo caso. Nada más salir a la calle la llamó con su teléfono mientras se dirigía hacia Mon Ange, pero le salió el buzón de voz. –Soy Shaoran. ¿Dónde estás?¿Qué intentas hacer? Escucha, no debes acercarte a Mizoguchi bajo ningún concepto. –tras dejar esa advertencia, comenzó a correr hacia el coche.00000000
Sakura no había provocado ningún suicidio más, pero aún así, pasó un rato en el mirador al que solía acudir cuando actuaba. Se llevó la mano a su cuello tocando la pluma de cuervo que formaba la cadena y se puso a recordar a su hermano Touya. Si fue allí, era porque necesitaba la valentía que la impulsara a hacer lo que iba a hacer. Flashback. –Hola Sakura, llegas tarde. –dijo Touya, que estaba sentado con su madre tomando un té en casa. –Hermano. –dijo Sakura, alegre de que hubiera ido de visita. –Quería saludarte antes de irme. –dijo Touya. –Es increíble que llegues tan tarde. Seguro que has estado perdiendo el tiempo con esa gentuza con la que te mueves. –dijo Nadeshiko en tono de reproche. Para Nadeshisko, Touya siempre fue su ojito derecho, pero Sakura estaba acostumbrada a los desplantes de su madre. –Ya empiezan a haber rumores por el vecindario. Es tan embarazoso. –Mamá, no seas tan dura con Sakura. Sólo está trabajando a tiempo parcial. –dijo Touya defendiendo a su hermana pequeña. Él mismo encadenaba un trabajo tras otro antes de conseguir estabilidad e independizarse. –A saber si es verdad. –dijo Nadeshiko levantándose para ir a la cocina, dejando a una Sakura triste. Que estuviera acostumbrada a sus desplantes no quería decir que no le doliera cómo la trataba. –No le hagas caso, Sakura. Por cierto, tengo una cosa para ti. –Touya se sacó una cadena que llevaba la figura de una pequeña pluma de cuervo. –Pero te la daré sólo cuando pases los exámenes de estilista canina. –Touya, no hace falta. –Claro que sí. Es un símbolo de mi apoyo. Fin del flashback. –Lo siento, Touya.00000000
Shaoran entró a Mon Ange abruptamente como si el negocio estuviera en llamas y tuviera que salvar a alguien, ante la sorpresa de Meiling y Tomoyo. –Shaoran. –dijo Tomoyo. –¿Dónde está Sakura? –preguntó el detective. –Dijo que tenía que salir, pero todavía no ha vuelto. –respondió Meiling. –No hemos podido localizarla. Y el coche tampoco está. –añadió Tomoyo. –Quizás sería mejor que llamáramos a la policía. –sugirió Meiling. –No. Yo la buscaré. –dijo Shaoran. Tras pedirles la matrícula del coche, Shaoran volvió a salir igual que entró y mientras lo hacía llamó por teléfono a la comisaría. –Soy Li, de la Primera División de Investigación. Necesito de manera urgente que me localicéis un vehículo. La matrícula es Shinagawa 501, Ho 33-59. Mientras sus compañeros comprobaban la localización del vehículo, Shaoran volvió a ir a los bajos fondos donde atrapó a un camello. Vestía con ropa de marca pero de forma muy hortera y llamativa. Estaba claro de dónde salía el dinero para costearse el chándal de marca y las joyas que llevaba. Le hizo creer que iba a comprarle droga, pero cuando fueron a un rincón junto a una valla, Shaoran lo estampó contra ella. –¡¿Qué haces?! ¡No he hecho nada! –dijo el camello comprendiendo que era policía. Shaoran metió una mano en un bolsillo del camello y extrajo una bolsita con droga. Sabía que si seguía buscando encontraría más, pero simplemente se la puso junto a la cara que tenía contra la valla para que el camello la pudiera ver. –Dime dónde se esconde Mizoguchi. –dijo Shaoran. Al ponerle la droga junto a la cara, le estaba advirtiendo sin necesidad de decir nada que lo detendría por posesión y tráfico de drogas si no confesaba. –¿Quién es Mizoguchi? –preguntó el camello. Shaoran lo presionó todavía más contra la valla. –¡Te he dicho que no lo sé! –Shaoran, estás muy cabreado. Parece que vayas a estallar. –dijo Kero, que surgió casi como una aparición mariana al otro lado de la valla como si nada. –¿No será que te quedan restos de gasolina sobre el cuerpo? Porque estás en llamas. Lo último que le apetecía escuchar eran las impertinencias de Kero, pero soltó al camello y se dirigió al periodista. Parecía muy bien informado de lo que ocurrió en aquel almacén. –¿Qué sabes de eso? –preguntó Shaoran. –Tengo mi propia red de inteligencia por toda la ciudad. No puedes engañar a mi comunidad. Dime, ¿cómo fueron los últimos instantes de Wei? Shaoran decidió marcharse para no seguir escuchando y caer en las provocaciones de Kero, porque si no, estaba seguro de que lo mataría. –¿Sabes? Sakura me ha preguntado por Mizoguchi. –dijo Kero. Aquello hizo que Shaoran se detuviera. Estaba claro que Kero sabía que teclas pulsar para captar su atención. –¿Dónde está? –preguntó volviendo hacia él y estampándole la espalda contra la reja. –Está bien, te lo diré. –dijo Kero. –Está en un depósito de contenedores metálicos. Es una chatarrería de Nishi Inagi-shi, en Motomiya. Shaoran lo soltó y echó a correr. –Llega a tiempo, Shaoran. –le deseó Kero aunque Shaoran ya no lo podía escuchar. Shaoran fue hacia donde tenía el coche aparcado cuando recibió la llamada de comisaría. –¿Habéis encontrado el coche? –preguntó Shaoran. Cuando le dijeron dónde estaba, contrastó que la información que le había dado Kero era cierta. Era una suerte que los coches en Japón tuvieran los avances necesarios para geolocalizarlos. Colocó la sirena y se dirigió hacia el depósito de contenedores a toda velocidad.00000000
Cuando Sakura llegó al lugar acordado con Mizoguchi, vio que aquello era una especie de desguace donde había todo tipo de chatarras. Mientras caminaba, se aseguró de tener a mano la pistola táser por si tenía que hacer uso de ella. Había aceptado la propuesta de Mizoguchi sólo para acercarse a él. La decisión de acabar con él ya la tenía tomada de antes, pero él mismo se había puesto a tiro y decidió aprovechar la oportunidad. –Te estaba esperando. –dijo Mizoguchi, que estaba al otro lado de un toro hidráulico. A Sakura le pareció que a Mizoguchi le costaba mantener el equilibrio. Debía tener cuidado. Si ya de por sí era peligroso, con síndrome de abstinencia podría serlo más. –¿Dónde está mi droga? –Antes de dártela, quiero preguntarte algo. –dijo Sakura. –Adelante. –¿Por qué matas a gente? –preguntó Sakura. –¿Eso? Mmmm…, porque quiero hacer algo diferente a los demás. Algo guay. Pensé que convertirme en el asesino fantasma sería algo genial. –respondió Mizoguchi cogiendo una goma circular del toro hidráulico mientras jugueteaba con ella. –Pero ¿cómo podría hacerlo y que me declararan inocente? –Entonces, ¿nunca has tenido ningún trastorno mental? –preguntó Sakura al comprender que lo hacía por diversión. –Por supuesto. Si no hacía parecer estar loco, no me habrían declarado inocente. –dijo Mizoguchi sin dejar de sonreír. Si había algo que le gustara tanto como la droga era matar. –Por eso tomo la droga justo después de matar. De esa forma me consideran un enfermo drogadicto. ¡Ja, ja, ja! Al final se ha convertido en un hábito. También me encanta ver las expresiones de miedo de la gente a la que quemo. La droga y matar son la combinación perfecta del placer. Y dime, ¿tú por qué matas? –Para hacer justicia. –respondió Sakura. –¡Eso es genial! –dijo Mizoguchi aplaudiendo y sonriendo mientras se colocó delante de Sakura. –Gracias. –dijo Sakura devolviéndole la sonrisa. –Tal y como pensaba, no nos llevaremos bien. –dijo Mizoguchi. De la nada sacó una navaja que intentó clavarle a Sakura pero que esquivó. Al esquivarlo, acabó delante de un contenedor. Sakura sacó la pistola táser. –Sabía que no podría confiar en ti. Mizoguchi hizo el ademán de lanzarse hacia ella y Sakura retrocedió un poco, fue entonces que Mizoguchi le dio una patada en la mano, haciendo que la táser cayera al suelo, dejándola completamente desarmada. Entonces Sakura comenzó a utilizar su bolso como escudo, poniéndolo delante cada vez que Mizoguchi realizaba un ataque. Sakura se lo lanzó a la cara y comenzó a correr huyendo de él. Pero Mioguchi, que conocía bien aquel lugar, tomó un atajo y llegó al otro lado por el que Sakura pretendía salir entre dos contenedores. –Te encontré. Sakura se metió por los diferentes callejones que formaban los bloques de contenedores mientras que Mizoguchi la seguía. Finalmente, la atrapó y la tiró al suelo. Sakura volvió a levantarse. –¿Qué pasa? No hace falta que corras. –decía Mizoguchi. Entonces, agarró a Sakura y la acorraló con la espalda contra un contenedor. Sakura logró hacer que la navaja de Mizoguchi cayera al suelo. –Qué fuerte eres, ¿eh? Tras varios forcejeos, Mizoguchi la llevó hacia dónde él quería. Un lugar donde había varias garrafas de gasolina. Aquello era una pira. Incluso había cavado y había puesto madera y otros materiales combustibles. Aunque le gustaba el hecho de matar, no había forma que le produjera más placer y satisfacción que quemando viva a la gente. –Lo siento, pero se ha terminado el juego. –dijo Mizoguchi. Por su parte, Shaoran por fin llegó al desguace, dejando el coche justo al lado del coche del salón canino. Sacó su arma y entró para buscar a Sakura. –¡Mizoguchi! –gritó Shaoran para que contestara. Quizás por la voz podría encontrarlo antes que merodeando entre todos los contenedores. Tal y como pensaba, Mizoguchi emitió una fuerte carcajada al pensar que así podría matar a dos personas, con lo cual la diversión sería doble. –Por fin ha llegado. –dijo Mizoguchi. Sakura comprendió que había sido todo una estrategia para atraer a Shaoran. –Tenía tantas ganas de que llegara para que te viera arder. Era lo que pretendía todas las veces que he intentado cazarte. Mizoguchi le dio un puñetazo en el estómago para doblegarla y ponerla en la pira. Una vez que cayó al suelo, cogió una garrafa y comenzó a verter el combustible sobre la pira y la propia Sakura. Shaoran, que avanzaba con precaución entre dos contenedores, vio a Mizoguchi vertiendo gasolina sobre el cuerpo de Sakura mientras ella intentaba retroceder, saliendo de lo que parecía ser una pira. Aunque no importaba, el efecto iba a ser el mismo porque estaba cubierta de combustible. Aquello era una auténtica pesadilla. No podía permitir que volviera a ocurrir lo mismo que con Yukito. Incluso él mismo estuvo a punto de acabar ardiendo si Sakura no hubiera llamado a la policía. Shaoran tenía un dilema. Si disparaba podría provocar la chispa para que ardiera todo. –¡Mizoguchi, para! –exclamó Shaoran sin dejar de apuntarlo con el arma. Mizoguchi vació la garrafa, la tiró y encendió un mechero. –Es hora de que empiecen los fuegos. –dijo Mizoguchi. –¿Vas a dispararme? Si este mechero cae lo envolverá todo en llamas, incluida a tu novia. Shaoran, lo cierto es que te envidio. Vas a volver a presenciar el espectáculo de alguien que te importa por segunda vez. Entonces, Mizoguchi puso la misma cara sádica que puso cuando soltó la cerilla que condenó a Yukito a las llamas. Sakura aprovechó ese instante para sacarse del bolsillo de su chaqueta un espray de autodefensa y pulverizarle en los ojos. Pese a al escozor, Mizoguchi tenía atrapada a Sakura, que comenzó a forcejear con él. Sakura consiguió empujarlo, haciendo que tropezara con chatarra que había allí, cayendo en la pira junto con el mechero. Mizoguchi comenzó a gritar de dolor al estar quemándose vivo. Finalmente, fue él el que estaba viendo los fuegos en primera línea. No sólo los veía, sino que los estaba sintiendo en sus propias carnes. Él mismo se había labrado su propio infierno. Shaoran se acercó sin dejar de apuntar, aunque era obvio que ese sería el fin de Mizoguchi. Sakura se quedó de rodillas en el suelo. Cuando los gritos de Mizoguchi dejaron de escucharse, comprendieron que ese había sido su fin. Había sido una experiencia durísima, pero Sakura logró lo que quería conseguir desde el principio: que Shaoran no se convirtiera en un asesino como ella. Shaoran se guardó el arma y se acercó a una afectada Sakura. –Es mi culpa. –dijo Shaoran. Estaba dispuesto a cargar con las culpas de lo que había pasado allí. Tras decir eso, Shaoran la abrazó, con el fuego ardiendo junto a ellos. –No estás sola. Asomado de detrás de uno de los contenedores, Kero presenció el protector abrazo de Shaoran. Un abrazo con el que Sakura se dejó llevar y las lágrimas comenzaron a escapar de sus bonitos pero tristes ojos verdes. Continuará…