ID de la obra: 1568

Perfecto amor

Het
NC-17
Finalizada
5
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
7 páginas, 2.943 palabras, 1 capítulo
Descripción:
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Capítulo único

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Notas:
Se habían visto en varias ocasiones. Se tomaban de las manos cuando no había nadie cerca y por las noches, no todas, sólo algunas escogidas, en las que se reunían en la cabina de control para darse un corto beso. Pues nada más podrían hacer. Pero esa tarde era diferente. Porque Topa y los demás, hasta Natalio y Josefina, iban a la ciudad por una noche a pasar el rato en una fiesta y regresar a la tarde siguiente. A Carlos le costaba mentir por lo que la treta la ingenió Lila. —Carlos, no puedo creer lo que hiciste— regañaba Topa una y otra vez, negando con energía —y mira que hacerlo tú solo... —Eso, Topa, regáñalo— fingía Lila, que se aguantaba la risa —se lo tiene bien merecido. Carlos se mantenía en su posición, cabizbajo y silencioso, era un muy buen actor en verdad. Lila estaba impresionada en todo sentido por su empeño en el personaje. —No volverá a pasar, Topa. Fue un descuido. —No, Carlos, no. Ya has roto el botón rojo de Lila en otra ocasión. Te mereces un castigo ejemplar, peor que el de tus hermanos. —Si me permites hablar, Topa— se entrometió Lila con media sonrisa y mirada ciertamente dulce —deberías negarle la visita a la ciudad. Topa asintió en ello. Era el castigo perfecto para que el rulo distinto comprendiese su error y en el futuro desistiera de hacer locuras parecidas. Unas horas más tarde la tripulación salía dejando solos a Carlos y Lila, dando el pésame al primero por perderse la aventura y a la segunda sus mejores deseos para soportar al rulo. —Que pena que no nos puedas acompañar, Carlos— mentía Rolando, vestido con su mejor ropa y con su perfume más fuerte —Aunque igual no sé qué habrías hecho, en la ciudad hay chicas con las que tú no podrías lidiar. —Y mucha comida— fantaseaba Ricardo suspirando —y chicas guapas. Y Harmony en la pista de baile... Carlos asentía sin mucha molestia a los recuerdos de esos comentarios mientras deshacía su rulo solo por esa noche. Él estaba consciente de que sus hermanos tenían mayor suerte consiguiendo chicas, pero cualquiera de ellas nunca se compararía con su Lila. —¿Carlos? La conductora apareció detrás suyo con una sonrisa dulce, se habían quedado solos al fin. Él sonrió enormemente explotando de felicidad silenciosa y sin dar previo aviso sus labios atacaron la suave y clara piel del cuello de Lila provocando un jadeo en ella. —Carlos— dijo en un suspiro cerrando sus ojos. —Espera un momento... Topa ha decidido quedarse también, no bajará del monorrail. —No se le ocurrirá venir a este vagón. Te amo, Lila... Quiero ser el único dueño de tus jadeos y gemidos— carraspeó siendo interrumpido por el húmedo ruido de sus besos en el cuello y clavícula de Lila. Ella soltó una risa jadeante —Lo eres. No se porque lo dudas, soy tuya así como tú también me perteneces— murmuró la mujer girando su cuello a una posición aún más cómoda, dándole el espacio suficiente para que Carlos lo pintara con sus labios. El rulo pelirrojo ronroneó gravemente mordiendo y dejando un chupón bajo la oreja y otro bajo la barbilla intensificando la fuerza y agresividad con la que sus labios y lengua jugueteaban con su tentadora piel cuando sentía la vibración que causaban sus gemidos. Con cuidado la empujó hasta tenerla contra la pared, donde ambos se dejaron caer suavemente hasta el suelo. Carlos dió él siguiente paso subiendo a horcadas casi sobre el regazo de su perfecta amante para poder besarla y sentirla mejor. Ella rió entre los besos y caricias. —Carlos, no bromeo al decir que deberías esperar... El rulo se detuvo un momento para darse cuenta de que realmente se había pasado de divertido esta vez, pero si hacía reír a Lila y hacerla sonreír, valía completamente la pena. Se desprendió de la garganta de su amante para callarla a besos. En tanto sus labios jugaban, sus manos cobraron vida, subiendo y bajando por la espalda contraria. Los peligrosos dedos de Lila se colaron por debajo de la tela de la playera de Carlos, llegando a sentir y acariciar su barriga con delicados movimientos circulares. —Deberíamos ir al vagón descanso— jadeó Carlos, contrayéndose ante las caricias. La conductora sonrió, riendo silenciosa entre los brillantes y delgados labios del rulo. —Ya lo hemos hecho aquí antes. Sin embargo ambos veían hacia la compuerta, observando las uniones de ésta, con el terror de verlas u oírlas moverse. —Estamos en la cabina, pu-pueden encontrarnos así... Y yo no sabré que decir. Carlos no podía parar, hace un rato que se había dejado llevar y para este momento ya no le importaba tanto ser descubiertos. Sin hacer mucho caso a Lila, sus besos se trasladaron a su estómago y, cuando logró sacarle la camiseta y sostén, también a sus pechos. Carlos atacó los suaves pesones de Lila, con la mayor lentitud posible besó y acarició ambos, alternando entre uno y otro. Observaba las reacciones que su mujer presentaba y eso lo alentaba a seguir sin parar. Gimoteó su nombre unas veces más hasta que su deseo lo hizo apartarse de ella y con cuidado llevar ambas manos a los muslos de la joven separándolos levemente a pesar de seguir escondidos por la falda roja y las medias. Le estaba pidiendo permiso. —Hazlo... Pero insisto en que lo más sensato es... No pudo continuar, no hubiera podido aunque quisiera realmente porque Carlos había bajado hasta su vientre y ahora dejaba un camino de besos hasta el comienzo de la falda, que se deslizó hasta el suelo seguida por las medias. Ahí estaba, la mujer que amaba, desnuda ante él. Ruborizada por la intensidad de los besos y la situación de verse al completo descubierto frente a ella. Ambos sonrieron. Pero era una de esas sonrisas dulces que expresaban mil sentimientos y mil palabras de amor. Carlos bajó hasta la altura de su piel tibia y se dio a la tarea de besar y lamer con mucha lentitud la acaramelada piel de sus muslos. Lila se había cubierto la boca por la fuerza de los gemidos y el miedo que le producía la idea de ser descubierta así, siendo amada de esta tan dulce forma. De un momento a otro Carlos llegó al punto donde Lila había estado aguardando su llegada, lo recibió con un respingo de placer. Carlos actuó primero con sus labios y luego con su lengua, saboreando su intimidad, torturandola con sus labios dándole dulces succiones. Lila se retorcía de placer teniendo a Carlos entre sus piernas. Todo el sabor prohibido de la situación y la pasión de esos labios jugueteando tan alocadamente con ella eran suficientes razones. El rulo llevó sus manos a la pequeña cintura de la joven mujer para sostenerla mientras la devoraba, delineando sus curvas. —Carlos... —Comenzó a repetir, aún con la boca cubierta por ambas manos. Solo retirandolas para volver a hablar— por favor, vamos a otro sitio. Se detuvo al darse cuenta de que las palabras de Lila tenían mucha razón. Topa aún andaba por esos rumbos y si no tenían más cuidado, probablemente los encontraría. Y la verdad que no era su idea recibirlo con la escena de su prometida siendo devorada por uno de sus mejores amigos. —Apa... Bien, tú ganas— murmuró levantándose y ofreciéndole su mano para ayudarla a incorporarse también. A pesar de lo sexual y el calor del momento, los amantes caminaron hasta la cabina donde todos dormían, que tenía sus divisiones para cada tripulante. Escogieron la de Lila que era de esas únicas que solo poseían una cama. Tomados de las manos, enfrascados en un remolino de besos y jadeos tiernos. Carlos hubiese querido cargarla hasta la cama como todo el caballero que era, pero sabía a ciencia cierta que ella no se dejaría humillar así. Más si estaba desnuda, como en este momento. Lila, riendo muy apenada, pasó normalmente, como si nada estuviera ocurriendo. Carlos se detuvo a mirarla caminando lentamente como si su piel tibia y tentadora no estuviese al aire y ante sus lujuriosos ojos. Ella se recostó en el centro de la cama y le dedicó una mirada apasionante y lasciva. El rulo jadeó arrancándose la camiseta y los vaqueros sin apartar la mirada de su perfecta amante desnuda. Sin perder tiempo se subió sobre ella para disfrutar de sus labios de nuevo. Pero en el momento en el que él planeaba comenzar con la parte interesante Lila hizo de pronto un giro brusco y salió de debajo de él. —Te amo tanto, Mayden... Él torció una sonrisa encontrándose ahora abajo de ella —Yo te amo más. Sentándose a horcadas sobre él, dejando que su erección rozase su vientre a través de la tela, sintiendo el calor y la necesidad del cuerpo contrario. Suspiró sintiendo las manos de esta mujer deshaciéndose de la última prenda que se interponía entre ambos para envolver su órgano y, con sutiles movimientos, comenzar a moverlas con caricias dulces a las que Carlos no podía resistirse. Debían guardar silencio o Topa los descubriría, por más que el quisiese gruñir y suspirar en voz alta. Por más que quisiera tomar a Lila y hacerla suya inmediatamente y de modo salvaje. Él, presa de esta sensación empezó a empujar levemente en cada carrera descendente de las pulcras manos de uñas roja, aa lo que ella pintó una sonrisa de esas de entre vergüenza por sus propios arrebatos y verdadero orgullo por tener a su amante tan colgado a sus caricias. —Carlos... Quiero ser tuya...— rogó con la voz quebrada por la desesperación. El rulo sin rulo, reprimiendo un gemido, la miró a los ojos enternecido por semejantes palabras. Subió a sus labios pero no fue necesario que hiciera nada más ya que Natalia tomó las riendas del asunto. La joven mujer empujó con cuidado en el abdomen de piel extraordinariamente blanca del chico distinto para dejarlo recostado de nuevo. Con cuidado lo guió a su entrada sin perder el penetrante contacto visual entre sus miradas de las que brotaba un deseo parecido. Carlos se sonrió, como sólo él sabe hacerlo y que casi nunca hace, alzando los brazos tras su cabeza y poniéndose cómodo para su parte favorita, sabía que Lila era de esas mujeres que preferirían el placer ajeno antes del propio y eso le garantizaba varias horas de verdadero gozo. La imperiosa y centrada conductora no pudo evitar que sus ojos se cerraran con fuerza frunciendo sus castañas cejas y mordiendo sutilmente su labio inferior al ir bajando lentamente hasta tener todo dentro y sintiendo un absoluto contacto entre ambos. Las manos de Lila buscaron a ciegas las de su compañero de vida para tener ese punto de apoyo y algo que presionar para comenzar a moverse. —Cómo te había estado deseando, Carlos... —dijo jadeante mirándolo por fin ruborizada pero con una enorme sonrisa en el rostro y con el cabello revuelto cayendole salvajemente por la cara, el original, el castaño. La peluca corta y pelirroja yacía a unos metros de la cama. —Algo tengo seguro— murmuró él —esta noche soy el hombre más feliz del mundo contigo. A tal respuesta Lila empezó a moverse lentamente, de arriba a abajo con suavidad sin importarle que estuviera mordiéndose los labios para no gritar por el placer y la situación. Carlos hacia otro tanto también parammantener el silencio perosus gemidos suaves no se hicieron esperar al contemplar a la mujer que más amaba moviéndose tan bien sobre él, simplemente increíble. —Eres tan hermosa— alcanzó a decir —tan mía. Lila bajó a sus labios con desesperación y se fundieron en un beso dulce y apasionante en el que se oían de fondo los quejidos, gemidos y jadeos de ambos. En esta posición a ella le era más complicado moverse sobre Carlos, por lo que en cuanto se dio cuenta él comenzó a bombear hacia ella con igual pasión. Llegado ese punto, Lila se abandonó a las acciones de Carlos, algo inexpertas pero maravillosas, y se concentró en el beso mientras él la abrazaba con fuerza contra él, amándola. Carlos pudo sentir como la espalda de Lila se arqueaba y como separaba sus labios de los suyos para pronunciar una palabrota en voz verdaderamente alta en el instante del clímax. Por lo que le fue fácil acelerar el ritmo de las embestidas hasta que se escuchó el típico sonido húmedo que evidenciaba la verdadera excitación de su novia. Él capturó sus labios otra vez, ya que no había otra forma de callarla y la sintió llegar a uno de los orgasmos más fuertes de los que solo él le podía ofrecer. Lila se desplomó sobre él, que sonrió y le beso la frente. La respiración estaba agitada y muy poco profunda y se apretaba a él como si su cuerpo necesitara plena y unicamente su calor, Carlos comenzó a besar su cuello y lentamente, mientras ella se recuperaba, se volvió a colocar sobre ella. Sus labios atacaron sus pechos de nuevo, o más bien, los tomaron con la dulzura característica de ese joven hombre y les dieron un tratamiento especial. Había estado deseando volver a besarlos después de haberlos visto saltando hace un momento. Lila tenía los ojos cerrados aún, pero su rostro no mentía, amaba cada acción de ese hombre para amar su cuerpo. Lo que el rulo pelirrojo mejor sabía hacer era lo que iba a ser a continuación. Con cuidado se acercó a su cuello y comenzó a besar la tibia piel. Ella casi ronroneó de placer volviendo a envolverlo entre sus brazos. Fue aumentando el ritmo lento de besos a uno apasionado y frenético de mordiscos y besos lujuriosos. Lila alzó sus piernas para enredarlas en las caderas del hombre sobre ella. El miembro de Carlos cosquilleó deliciosamente en el suave vientre y sin pensarlo inició una sesión de leves movimientos con los cuales comenzóa frotarse contra ella. Lila, no pudiendo esperar más, bajó una mano a la zona de ambos centros y guíando de nuevo el órgano viril, estaba dispuesta a reiniciar el acto. Carlos rió entre dientes que rozaban su piel donde había dejado un chupón muy visible, y se separó completamente de ella. Sus manos se engancharon a la cintura de la mujer tirando de ella hasta el borde de la cama donde él ya la esperaba de pie. —Eres maravillosa. La joven mujer suspiró ansiosa mientras reía mirándolo hacia arriba. Estaba al merced de las travesuras de éste hombre hermoso y perfecto que sabían que aunque fuera un castigo, lo iba a disfrutar. —Tú lo eres mucho más, amor. Comienza ya, no me hagas esperar. Ambos rieron por la estupidez que estaban recreando. Sin previo aviso y sin perder el contacto visual, Carlos irrumpió en el interior de Lila con suavidad. Empujó en bombeos lentos e intermitentes hasta que estuvo totalmente dentro de ella, que se deshacía en gemidos suaves de vivo y latente placer. Carlos llevó sus manos desde los muslos hasta el interior de las rodillas sin perder la oportunidad de acariciar la suavidad de esa piel blanca e inmaculada que era toda suya y comenzó a embestir la en serio. Era interesante pero, Carlos no necesitaba mucho para excitarse tanto si la mujer que estaba desnuda a su lado era Lila. Solo sus suaves suspiros y sus delicados quejidos lo hacían ponerse duro, era lógico que ahora estuviera a nada de llegar. A todo esto, ella ya había tenido otros dos orgasmo frenéticos y maravillosos en los que sus gritos que habían sido amortiguados por los labios de Carlos que cada tanto bajaba para callarla a besos. En un momento ella misma salió de él y se puso boca abajo sobre la cama, la posición favorita de ambos. Carlos rió por la forma en que Lila sabía lo que él quería y cuando lo quería, esta sin duda era la forma de cerrar con broche de oro. Y era que el pelirrojo no podía tener piedad ante la mujer tendida frente a él. Esta vez, dedicó unos segundos a contemplar como su orgullo masculino desaparecía dentro de su preciosa novia y el sonoro gemido que esto le arrancó. Ya nada importaba, si se había dado cuenta Topa, eso ya no les molestaba. Carlos se recostó sobre ella, sabía que no había nada que calentara más a Lila que sentir levemente su peso sobre ella y embestidas profundas y rápidas en su intimidad. —Carlos... No tenía piedad en esta ocasión ni la tendría nunca con ella si era posible. Era suya, esta mujer era solo para él y no la desaprovecharía nunca, sus hermanos nunca lo sabrían pero aún así se sentía orgulloso de tener a Lila entre sus brazos. Las estocadas fueron pronto tan desesperadas de parte de ambos que se oían los gemidos y gritos placenteros en todo el monorrail. Lila empezó a arquear su espalda y sus uñas se clavaron en las manos que acabada de atrapar. Carlos supo que también era su momento y aprovechó para voltearla en el último segundo, quedando él de pie y ella boca arriba y dio rienda suelta a sus deseos.

***

Sutiles toques de base color piel eran ahora difuminados en torno al cuello y hombros de Lila. Golpes suaves y rítmicos alrededor de las marcas de algo que sucedió la noche anterior. Las dos jóvenes mujeres, mejores amigas de la conductora, sonreían con algo más de una mirada cómplice. —Dime otra vez como te hiciste esos moretones en el cuello, Lila. La chica se ruborizó violentamente mientras sonreía nerviosamente y tanto Doris como Josefina se partieron de risa y felicidad por su amiga.
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