Notas
Bosque ha sido un reto de principio a fin, porque me ha obligado a trabajar de un modo diferente al habitual. Me ha hecho tener que trabajar a ciegas, montando cada capítulo en base a un fragmento de una historia de terror, fragmento que, evidentemente, echaba por tierra la pequeña idea que tenía en mente; teniendo que adaptarme y readaptar la idea inicial un sinfín de veces. Buscar la esencia del fragmento y mezclarla en mi cerebro hasta darle forma a algo decente. También ha sido un reto, porque me ha hecho trabajar en orden. Los que hace años que me leéis, me habéis preguntado o bien leíais mi antiguo blog de escritura —los que no lo descubriréis ahora—, mis historias jamás empiezan por el inicio. Normalmente parten de una pequeña escena —o una frase suelta— que me hace pensar «ese sería un final genial para una historia», la transcribo y a partir de ahí empiezo a añadir cosas, desordenadas, escenas que me gustaría que se relacionaran con el final; de ahí al principio de la historia siempre hay un gran trecho. En definitiva, me ha sacado de mi zona de confort y me ha gustado. Además, me ha permitido reconectar con el género de mis amores, el que me hizo empezar a escribir. El que me hace perder la noción del tiempo cuando abro un libro. Por otra parte, me ha dejado jugar con las leyendas de Catalunya, con las que he crecido. Normalmente no las utilizo, porque me parecen algo tan puro —no se me ocurre un adjetivo mejor—, que nunca me he atrevido a hacer nada con ellas aparte de mencionarlas, hasta ahora. En Bosque se mezclan varias leyendas, en una entrada de mi blog, ya comenté la leyenda de Sant Quirs y Rose. Para los que no lo habéis leído hago un copia pega. Hay tres versiones diferentes de la misma historia, las tres se cuentan en Esterri d’Àneu indistintamente. A continuación, os dejo las tres versiones de la leyenda:I
Se cuenta que hace muchos años, a las afueras de Esterri d’Àneu, había un pueblo llamado Sant Quirs ubicado en el bosque de Rose. En el pueblo la peste se extendió con gran rapidez aniquilando a toda la población, menos a una mujer llamada Rosa, que viéndose sola decidió buscar refugio en algún pueblo cercano. Sin embargo, Rosa no tuvo suerte, y allá donde iba se negaban a acogerla por temor a la enfermedad. Cuando empezaba a perder toda la esperanza, llegó a Esterri y allí aceptaron que se quedase. Como muestra de agradecimiento ella, a su muerte, legó al pueblo todas sus posesiones. Desde entonces Rose, Sant Quirs, y todo su término pasó a formar parte de Esterri.II
Hace muchos años, en el bosque de Rose, había un pequeño pueblo llamado Sant Quirs. La peste acabó con todos sus habitantes, a excepción de dos mujeres, que encontrándose solas y desprotegidas marcharon en busca de asilo. Una de ellas fue acogida por las gentes de Esterri d’Àneu, la otra por las de Son. Ambas mujeres eran muy ricas y como pago por sus cuidados. A Esterri le dieron el bosque de Rose y a Son el bosque de Son.III
Cuentan que hace ya muchos años, en el bosque de Rose se alzaba orgullosa una gran casa. En ella vivía una mujer sola. Su marido y ella habían levantado aquella casa con sus manos tiempo atrás, pero la muerte se lo llevó y durante años, ella se había esforzado por sobrellevar la soledad. Su edad avanzada le impedía valerse por sí misma, del mismo modo en que lo hacía antes, aún y así se negaba a abandonar su amada casa. Pero enfermó. Fue entonces cuando los ciudadanos de Esterri, extrañados de que ya no bajase a comprar al pueblo, fueron a su hogar a buscarla y la llevaron al pueblo para cuidar de ella. La mujer dejó en herencia a Esterri, por haberla acogido y cuidado, el bosque de Rose que era de su propiedad. Más allá de Sant Quirs, también se entremezcla con las leyendas de brujas de la zona de las Valls d’Àneu. No hay referencia concreta a ninguna de ellas, porque todas tienen un denominador común y es que, cuentan, que se vengan haciendo desparecer a la gente e, incluso, pueblos enteros si entras en su territorio sin su permiso. Lo que le ocurre a Júlia, perderse, llegar de Àrreu a Sant Quirs sin saber cómo, tiene base en una leyenda sobre la montaña de Montserrat. Sí, Montserrat pertenece a Barcelona y no a Lleida como las Valls d’Àneu, pero es algo con lo que he vivido mucho y necesitaba plasmarlo. Montserrat, aparte del famoso episodio del oro de los nazis, de su peculiar forma, de su mágica abadía y de su licor de hierbas; es famosa también por las múltiples desapariciones de senderistas y peregrinos. Y digo desapariciones en vez de muertes, porque jamás han encontrado el cadáver de nadie que se haya perdido en ella. Se cuenta que, todo aquel que entre con la duda en el corazón, se perderá para siempre en la montaña de Montserrat. Que su magia te envuelve desde que estás en su falda y te protege hasta llegar arriba siempre que no oses a dudar, porque si dudas su magia se vuelve en tu contra y te devora. La primera vez que oí esa leyenda era muy, muy pequeña, tenía 3 años, y recuerdo que me impactó muchísimo. Miraba la montaña con un respeto tremendo, pensando que se me comería y escupiría mis huesos cuando nadie mirase. La he subido a pie un sinfín de veces, algunas haciendo el Camino de Santiago, otras por el puro placer de recorrerla. Y aquí reconectamos con Júlia y su pérdida: una de las veces, yendo sola, empecé a subirla; no estaba en uno de mis mejores momentos, por temas personales y laborales. No sé exactamente en qué punto fue, pero empecé a dudar, a pensar que tal vez la “culpa” de mis problemas era puramente mía; seguí caminando, pensando, en un momento dado dejé atrás las dudas y entonces me vi a mí misma al otro lado de la montaña sin saber cómo había llegado allí sin pasar por la cima y en tan poco tiempo —apenas estuve 1 hora caminando—. Fue algo que me marcó y que me ha influido bastante, así que Bosque fue mi excusa para plasmarlo. Hay alguna pincelada folklórica más, pero las dejaré entre la niebla. Gracias por haberme leído.