ID de la obra: 1592

En los siete mares, siempre tú | SuoSaku

Slash
R
Finalizada
4
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
4 páginas, 1.607 palabras, 1 capítulo
Descripción:
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Capítulo único

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Sakura Haruka odiabasu vida. Pero ni siquiera tenía derecho a quejarse pues era el príncipe y la mesura debía ser parte de su ser: no gritar, no mostrar molestia, esconder tus emociones como si estas no existieran. Así que, aunque se sintiera miserable, no podía verbalizarlo. Y no lo haría. Soñaba con huir: de las obligaciones como príncipe heredero, de las expectativas de su madrastra, de la indiferencia de su padre que a decir verdad era preferible a su crueldad. La vida era una aventura infinita para algunos, para Sakura solo era un castigo. Siempre había escuchado cómo le arrebató la vida a su propia madre, solo por nacer. La nueva reina no fue capaz de engendrar un varón así que siguió Sakura como heredero, claro que delegado a las sombras, olvidado por quiénes debían protegerlo. Y se sentía un asesino. Se sentía alguien indigno. Así que no se quejaba. Su cabello bicolor(negro y blanco) y sus ojos heterocromáticos (azul y dorado) le daban un aspecto singular y las finas telas con las que vestía terminaban de dar el toque delicado a su figura. Todo en él era perfecto, salvo porque no se sentía así en absoluto. Mientras entrenaba con espada, la única actividad que le llenaba la cabeza de algo más que no fuera miseria, se permitía fantasear con una aventura, con ir a un lugar donde lo acepten de verdad, donde no tenga que ver el desprecio en el rostro del rey. Rey, padre, daba igual porque nunca mostró interés en él. Sakura se sentía como una pieza que sería desechada en cuanto dejara de ser útil, porque era lo que pasaba en este reino todo el tiempo y él no sería la excepción. En el momento en que la reina o la concubina lograran tener un varón, se acababa el juego. Sí, el rey tenía una esposa oficial y una concubina. A Sakura le resultaba nauseabundo que el único propósito de tenerlas fuera que le dieran un hijo, otro heredero. Pero hasta ahora solo habían nacido niñas que eran descartadas rápidamente. Sakura podría decir que era cruel, que no le gustaba esa práctica, pero hubiese deseado ser descartado también. Era una forma de pensar deprimente, tal vez nunca se aceptaría a sí mismo. Sin embargo, Sakura aún albergaba algo de esperanza, aunque fuera ínfima.

***

Suo Hayato era un corsario,aunque personalmente a él le encantaba cuando lo llamaban “pirata” como si fuera un insulto. Se reía de todo aquel que se le acercara de forma presuntuosa, se reía de sus miedos y de esa alarma que sonaba en sus voces. Ni una sirena sería tan desagradable. Ah, sí. Una sirena con la que nadar y vivir un romance, el mejor romance del siglo. Bueno, ya estaba divagando otra vez. Por desgracia las sirenas no existían y la vida pirata podría resultar menos emocionante de lo que se pensara. Porque era un corsario, no un pirata. Daba igual. Por ahora debería concentrarse en planear su próximo saqueo. La tripulación ya estaba en marcha poniendo el barco al rumbo señalado. Un reino prominente del sur. Suo solo seguía órdenes. O tal vez existía el libre albedrío, aún tenía que descubrirlo, no estaba seguro.La vida del corsario podría ser anhelada por muchos, Suo solo se dedicaba a conseguir “tesoros” de dudoso valor. Pero esta vez iría contra un rey. Esperaba tener el mejor botín.

***

Llegar a al puerto del reino fue fácil. Tal vezdemasiado fácil. Suo enarcó una ceja, sintió el ambiente enrarecido y supo que había algo más en juego. Porque sino, de qué otro modo los guardias los dejarían entrar en el castillo casi dándoles la bienvenida a él y su tripulación. No tenía sentido. Nada de aquello. La sangre se derramó pronto. Y para sorpresa de Suo, fue a su favor. No había oposición y era como si ya esperaran el ataque.Había algo raro y su infinita curiosidad iba a descubrir qué. Los cuerpos de algunos guardias caían uno tras otro, pero desde luego no era la cantidad que Suo esperaba. Fue entonces que alguien de apariencia inusual se detuvo frente al chico del parche. Suo contuvo la respiración: esa heterocromía,esos ojos eran lo más bonito que había visto en su vida. Suo sonrió, porque cómo podría no hacerlo. —Eres el príncipe.—Afirmó. —Y tú un pirata.—Suo captó el desprecio en la voz del joven. —Sí. ¿Te molesta?—Preguntó Suo de forma condescendiente, ignorando deliberadamente que estaban rodeados de sangre y muerte. Sakura frunció el ceño. Este pirata era un idiota. Pero lo miraba como si fuera una persona, la primera vez en la vida de Sakura. —¿Te gustaría venir conmigo? Esto huele a trampa contra ti.—Volció a hablar Suo. —¿Por qué me ayudarías?—Estaba claro que Sakura no confiaba en nadie. —Porque eresguapo.—Dijo Suo con una sonrisa ladina. Sakura se sonrojó de inmediato, con la furia de quién nunca ha recibido halagos y menos algo tan descarado. Sakura pensó, intentando conectar su neuronas antes de un cortocircuito,cuáles eran los pros y los contras de irse con un pirata. Estaba seguro de que si iba a su padre solo conseguiría la pena capital. Quedarse no era una opción, habían contratado a un pirata para acabar con él, Sakura sabía que las cosas no irían a mejor y ahora ese mismo pirata parecía ser la única opción que le quedaba. Y quizá fue la locura del momento. —Iré contigo, pero borra esa sonrisa.—Dijo Sakura. —Buena elección,mi príncipe. Sakura no pudo evitar volver a sonrojarse. Iban a ser días largos, tal vez mataría a Suo por la noche si seguía sonriéndole de esa manera.¿Matar con espadas o a besos? Lo pensaría más tarde.

***

La tripulación de Suo se llevo todo lo que fuera de valor del castillo y lo cargaron hacia el barco. Mientras, Sakura estaba apoyado en la baranda de la cubierta. Estaba complacido con las vistas del mar. El viento se sentía sanador, no sabía cuánto hacía que no iba al mar, tal vez nunca. Y ahora viviría en un barco. Era una locura. No estaba seguro de poder confiar en Suo, pero debía darle el crédito de haber sido su salvador, bueno, eso lo decidiría después. No tenía que ver con el brillo rojizo en ese ojo descubierto, ni la curiosidad por saber por qué llevaba parche. No, absolutamente no se quedaba por eso. Tampoco era que Suo fuera la primera persona que había sido amable con él, o algo así. No. Obviamente no. Sakura solo necesitaba descansar y reordenar sus prioridades. Podría haber muerto. Y cuánto más lo pensaba, menos le importaba. Aunque Suo a su lado, en un silencio cómodo, le hacía pensar en qué pasaría si se permitiera vivir.

***

Mientras los días pasaban en medio del océano en una travesía desconocida para Sakura, este se preguntaba muchas cosas: ¿Cómo serían las manos de Suo contra su cuerpo? ¿Y sus labios serían tan suaves como parecían?¿Qué se sentiría no dormir en su alcoba? Mierda. Sakura sentía que se enrojecía hasta las orejas. Suo le contaba anécdotas de la tripulación, las cuáles intercalaba con bromas y piropos. A Suo le encantaba poner nervioso a Sakura. Le gustaba llamarlo “guapo”, “chico bonito”, “Florecita” sin venir a cuento. Le encantaba ver la reacción del príncipe y cómo este intentaba no sonrojarse, perdiendo de manera deleznable. Suo quería hacerle cosas al príncipe que no serían propias para alguien de la realeza, pero Sakura ya no era un príncipe ¿no? Ahora era su pequeño corsario. El modo en que se quedaban juntos mirando el horizonte, cómo desde la proa se quedaban en silencio sin que resultara incómodo. Los días iban pasando, entre puerto y puerto ellos iban forjando una intimidad implícita. Algo que aún no decían, pero que estaba ahí. Suo nunca se había sentido tan atraído por nadie. Y Sakura merecía todo el amor, su amor. Suo se sonrojó al darse cuenta de sus sentimientos, como una verdad absoluta, como el reconocimiento de que ya no podría escapar ni quería hacerlo, quería continuar su vida en el mar junto a su nuevo compañero.

***

—¿Sabes que eres lo más hermoso que he visto en mi vida?—Dijo Suo una noche. —Cállate. —No, ese rosado en tus mejillas es demasiado bonito como para detenerme. La sonrisa de Suo le dijo algo diferente a Sakura esta vez. Iba totalmente en serio. El corsario, o pirata, o lo que fuera, Sakura no entendía de jerarquías del mar,hablaba en serio. Suo realmente estaba interesado en él. Era una absoluta locura. —¿Me querrías incluso si he asesinado a alguien?—Sakura no pudo detener sus palabras. Suo que sabía del pasado de Sakura, asintió sin duda en su mirada, con la sonrisa suavizándose. —Te querría, te quiero. Lo hago realmente.—Dijo Suo. Sakura se mantuvo en silencio unos segundos, como si estuviera internalizando lo que significaba aquello. —Entonces...—Comenzó a decir. —Entonces soy tuyo y si quieres eres mío.—Dijo Suo con una vulnerabilidad inusual. Se fundieron en un beso que comenzó Sakura para sorpresa de Suo. Fue torpe al principio, cargado de urgencia y amor. Suo colocó sus manos en la cintura de Sakura, no podía hacer más que atraerlo más a él.

***

Sakura sabía dos cosas: que Suo le había robado el corazón y que las caricias de este eran su adicción. La ternura y devoción con que Suo lo trataba contrastaba de su actitud despreocupada y cruel de normal. Descansó su cabeza en las almohadas. A su lado Suo dormía. Sakura se sentía por una vez amado, como si su existencia tuviera un sentido. Ser un corsario, amar a Suo, ser libre. Sí. Sonaba bien. Entonces... Sakura supo que en los siete mares serían siempre Suo y él.
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