ID de la obra: 1601

Theon Fidejoy: Crónicas de la mayor vergüenza

Gen
NC-17
En progreso
0
Tamaño:
planificada Mini, escritos 12 páginas, 5.300 palabras, 3 capítulos
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
Compartir:
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Desfile en botas de lavanda

Ajustes de texto
La mañana en Fuerte del Pavor comenzo para Theon no con el canto de los pajaros, sino con una brusca patada en el costado. El barro del castigo «de las lombrices» de ayer todavia se mantenia en costras en su piel en algunos lugares, a pesar de que habia pasado toda la noche intentando quitarselo en el agua helada del abrevadero de los establos. Su nuevo nombre — Fidejoy — ya se le habia quedado grabado a fuego. Incluso los perros parecian ladrarle de una manera especial, burlona. Ramsay Bolton entro en el sotano donde Theon intentaba recomponerse. En las manos Ramsay no sostenia ni un latigo ni un cuchillo, sino una pesada caja de madera, decorada con tallas caprichosas y forrada de un cuero turquesa descolorido. — Levantate, Fidejoy, — mando Ramsay alegremente. — Tengo para ti una tarea que requiere delicadeza. Una pariente lejana por linea materna, de esos Bolton que una vez huyeron al otro lado del Mar Estreito y se establecieron en Pentos, me ha enviado un regalo. Se ve que piensa que en el Norte todavia andamos con pieles de mamuts sin curtir. — Puso la caja en el suelo con estruendo. — Aqui hay ropa de ultima moda de Essos. Sedas, encajes, algunas plumas… En fin, todo lo que te haria rey en las Islas Fidejoy, si no fuerais todos alli tan miserables. Tu tarea: limpiar mis botas de caza favoritas hasta que brillen como un espejo y, despues, organizar esta caja. Clasifica las prendas por tipos: los jubones con los jubones, los pantalones con los pantalones, los accesorios — por separado. ¡Y que no haya ni una arruga! Si veo una sola pluma doblada, te comeras esa pluma para cenar en vez de tus queridos fideos secos. — Ramsay salio, dejando a Theon a solas con las botas y el «tesoro» de Essos. Theon se puso manos a la obra. Sus dedos, a los que les faltaban varias uñas, temblaban mientras frotaba el cuero tosco de las botas. Intentando complacer al amo, utilizo los restos de grasa que encontro en un rincon, pero por el miedo confundio los botes y empezo a frotar las botas con algo que olia a lavanda y agua de rosas, al parecer algun tipo de unguento de la misma caja. Las botas pasaron a oler como un burdel de Lys, pero brillaban de verdad con intensidad. Luego paso a la caja. Cuando Theon abrio la tapa, le llego a la nariz un aroma de especias exoticas, naftalina y algo dulce. Nunca habia visto cosas asi. Dentro habia montones de telas de colores que en el Norte simplemente no existian: limon, fucsia, turquesa suave, dorado. El problema de Theon era que su trastorno de estres postraumatico y la humillacion constante habian convertido su mente en un mecanismo extraño que en todo buscaba una trampa o una orden oculta. Miraba aquellas cosas y no entendia que eran. En Pentos la moda era caprichosa y la pariente de Ramsay, por lo visto, tenia un gusto muy especifico. Theon saco algo parecido a una enorme falda rosa con muchas capas de encaje. «Esto debe ser una capa ceremonial para los hombros», penso Theon, recordando como los lores llevaban con orgullo sus mantos. Luego encontro unos pantalones de seda ajustados que tenian unas fendas extrañas en las caderas y estaban bordados con plumas de pavo real. «Grebas de combate», decidio Fidejoy. Pero lo mas dificil resulto ser el tocado. Era un enorme turbante, decorado con una pequeña ave del paraiso disecada e hilos de perlas colgantes. Theon le dio vueltas en las manos durante mucho tiempo. Recordo que Ramsay habia hablado de «clasificar». En su cerebro inflamado nacio una idea: para clasificar mejor las cosas y asegurarse de que no estaban arrugadas, debia… probarselas. No solo probarselas, sino demostrarle a Ramsay como llevar «correctamente» aquellos regalos de ultramar. Queria demostrar que era util, que entendia de lujo, al fin y al cabo una vez vivio en Invernalia. Dos horas despues, Ramsay Bolton regreso. Esperaba ver a Theon, hurgando tristemente en un monton de trapos o, en el peor de los casos, llorando sobre una seda arruinada. Pero lo que vio al abrir la puerta le hizo quedarse helado en el umbral. En mitad del sotano estaba Theon Fidejoy. Y aquel era el apogeo de su deshonra. En las piernas Theon llevaba aquellos pantalones de seda con plumas, pero se los habia puesto al reves, de modo que las fendas de las caderas dejaban al descubierto sus rodillas sucias y delgadas. Por encima se habia puesto aquella misma falda rosa de encaje, pero no en la cintura, sino que habia metido los brazos por ella, decidiendo que era un complejo cuello de chorreras. Como resultado, la falda colgaba de sus hombros como un enorme y ridiculo capullo, del que asomaba su cuello demacrado. Pero la joya de la corona era el turbante. Theon se lo habia calado tanto que el ave disecada colgaba justo sobre el puente de su nariz, y con cada movimiento los ojitos de cristal del pajaro miraban a Theon a los ojos. Para «completar» el conjunto, se habia envuelto el cuello con una larga bufanda naranja de tela semitransparente, cuyos extremos se arrastraban por el suelo como el rabo de un perro apaleado. En las manos Theon sostenia solemnemente las botas de Ramsay, que ahora perfumaban todo el sotano con olor a rosas. — Amo… — grazno Theon, intentando ensayar una reverencia majestuosa. El pajaro del turbante se balanceo y le dio un picotazo en la frente. — He… he clasificado. Esto es el atavio de combate de los grandes principes de Oriente. Lo he preparado para vuestra grandeza. — Ramsay miro aquel espectaculo durante unos diez segundos en absoluto silencio. Su cara primero se alargo, luego se puso roja y los ojos le empezaron a lagrimear. Theon, tomando aquel silencio por ira, empezo a temblar, por lo que los encajes rosas de sus hombros empezaron a agitarse como las alas de una gigantesca y ridicula mariposa. — Tu… tu… — acerto a decir Ramsay. Y entonces el silencio de Fuerte del Pavor se rompio con una carcajada como aquellas paredes no habian oido desde su fundacion. Ramsay no solo se reia, sino que aullaba. Se agarro la barriga, doblado por la mitad. — ¡Fidejoy! — gritaba Ramsay entre lagrimas. — ¡Oh, dioses, tu… pareces una mezcla de una vieja de Lys y un pavo real desplumado! — Theon, sin entender que pasaba, intento dar un paso mas para entregar las botas, pero se enredo en la bufanda naranja y cayo de rodillas. La falda-chorrera salio volando hacia arriba, cubriendole la cabeza por completo. Ahora, de entre el monton de encajes, solo asomaban las piernas con los pantalones de plumas y las manos, que seguian apretando las botas. Ramsay se reia tanto que las piernas se le doblaron de verdad. No pudo sostenerse y literalmente se desplomo en los escalones de piedra del umbral, respirando con dificultad y sin dejar de sacudirse por las convulsiones de la risa. Se le puso la cara carmesi, se golpeaba el muslo con la palma de la mano, incapaz de parar. — ¡Yo… queria matarte hoy, lo juro! — gemia Ramsay, limpiandose las lagrimas con la manga. — ¡Queria quitarte la piel de los talones por oler a lombrices! Pero esto… ¡esto es oro! ¡Theon, eres la criatura mas graciosa de Poniente! ¡Has superado a todos los bufones del rey Joffrey! — Theon asomo con cuidado la cabeza de debajo del encaje rosa. El pajaro disecado de su turbante se habia ladeado y parecia que el ave estaba borracha. — ¿N-n-noo… no me va a pegar? — pregunto en voz baja. Ramsay, todavia resoplando de risa, se limpio la cara y miro a Theon. La ira se habia evaporado por completo, sustituida por una especie de extasis perverso. — ¿Pegarte? Fidejoy, si te pego, puedes dejar de ser tan idiota, y no quiero perderme un espectaculo asi. No, hoy te quedaras asi. ¡Todo el dia! Andaras por el castillo con ese… traje oriental. ¡Y las botas! — Ramsay volvio a bufar. — ¡Botas con olor a rosas! Las llevaras delante de ti en un cojin, como si fueran reliquias sagradas. — Se levanto de los escalones, todavia tambaleandose un poco por lo mucho que le faltaba el aire. — Ve, Fidejoy. Ve y enseña a todos en el patio la «moda de Pentos». Si alguien pregunta, di que es tu traje oficial para comer fideos. ¡Dioses, es el mejor dia de mi vida! — Theon, tambaleandose bajo el peso del capullo rosa y el turbante, se encamino a la salida. Las perlas de su cabeza tintineaban melodiosamente y las plumas de pavo real de sus pantalones barrian el suelo. Habia sido deshonrado como ningun otro lord en la historia, pero esta vez estaba vivo. Cuando salio al patio, los soldados de los Bolton primero se quedaron callados y luego, uno tras otro, empezaron a caerse al suelo de la risa. Theon caminaba con las botas que olian a lavanda en alto, y tras el se arrastraba la cola de seda naranja. Era Theon Fidejoy. Y aquel dia su unica arma contra la muerte fue su propia ridiculez llevada al absoluto. Se convirtio en un chiste viviente, en una leyenda de la deshonra, en un hombre-fideo con plumas de pavo real del que se reian hasta las piedras de Fuerte del Pavor. Y Ramsay, mirandolo desde la ventana, todavia se estuvo frotando la barriga, que aun le dolia de tanto reir, pensando que, tal vez, Jaime Lannister le habia hecho un gran favor al convertir a Greyjoy en aquel magnifico y absurdo nada.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)