ID de la obra: 1611

Todo lo que nunca quise decirte

Gen
R
Finalizada
4
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
3 páginas, 1.191 palabras, 1 capítulo
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Descripción:
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Capítulo 1

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Final Fantasy VII y sus personajes son propiedad de Square-Enix.

Todo lo que nunca quise decirte

Llevaba horas sentado en el solitario bar de Cañón Cosmo. El hielo en su vaso de whisky se había derretido hacía, por lo menos, una hora. Cid no había pedido que se lo cambiasen por otro y el barman no se atrevió a acercarse a él. Suponía que tenía una pinta extraña y horrible, que le toleraban sólo por ser uno de los compañeros de viaje de Nanaki. El mundo se estaba yendo a la mierda. Nunca había necesitado un trago tanto como aquel jodido día. Entró al bar dispuesto a ahogar la amargura en el fondo de una botella, pero no dio ni un sólo sorbo a su bebida, algo casi impensable. Tenía un problema con el alcohol, lo sabía y no le había importado hasta ese momento. Se llevó el vaso a la nariz y aspiró el conocido perfume a alcohol, madera, frutas, caramelo y hierba. Lo dejó de nuevo sobre la barra dando un golpe seco. —Eh, jefe —soltó llamando la atención del hombre que fingía limpiar vasos con un trapo—. ¿Tiene papel y boli? Vio la sorpresa pintada en su rostro de piel morena. Suponía que no era muy habitual que le pidieran algo así. El hombre se recompuso y sacó un maltratado bloc de notas y un bolígrafo mordisqueado que ofreció a Cid. —¿Va a escribirle un poema a ese whisky? —Algo así. Puede que se lo escriba al cabrón del meteorito que está a punto de aplastarnos. Las ganas de bromear abandonaron al barman que regresó a sus quehaceres en silencio. Supuso que le estaba maldiciendo en silencio, no le importó. Cid secó con la manga de la cazadora las gotas de la barra procedentes de la condensación de su vaso de licor. Abrió el bloc con cuidado y presionó la punta del bolígrafo sobre la blanca superficie. Shera: No sé por qué estoy escribiéndote esto. Al fin y al cabo, dentro de poco nada importará porque el meteorito aplastará nuestras malditas cabezas si no encontramos la forma de detenerlo. Llevo horas sentado en un bar con una copa delante sin darle un solo trago. Me duele el jodido trasero de estar aquí como un imbécil viendo el tiempo pasar mientras pienso en ti. Sé que me he comportado como un auténtico hijo de puta contigo y no voy a decir que no me daba cuenta de que lo hacía, porque lo sabía y mentirte sería insultar a tu inteligencia. ¿Te acuerdas del día en que nos conocimos? Eras poco más que una cría, jodidamente inteligente, pero una cría. Shinra te asignó al programa espacial porque esperaba que mi mal carácter te ahuyentase, Heidegger me lo contó entre risitas. Sin embargo, resististe. Te ganaste mi respeto y mi estima. El tiempo, antes del desastre, fue mejor a tu lado. Sé que lo sabes. Sé que también disfrutabas de mi compañía. Y sé que, por eso, decidiste jugarte la vida por mi seguridad revisando el estúpido tanque de oxígeno número ocho. Shera, el día del lanzamiento contaba con llegar al espacio exterior, ese era mi sueño. Hablamos horas sobre ello, no era ningún secreto. El trabajo de toda una vida, el sueño de un niño que deseaba explorar el cielo y las estrellas, el anhelo de un piloto que quería desentrañar los misterios del universo. Aquel día, con la cabeza llena de planes y sueños, Shera, sonó la maldita alarma avisando de que quedaba alguien en la zona de motores. Cuando oí tu voz casi me da un maldito infarto, nunca he tenido tanto miedo como lo tuve en ese momento. La cuenta atrás avanzaba, tú seguías con los estúpidos tanques de oxígeno y yo... Ese día podría haber permitido que Shinra lanzase el cohete. Podría haber llegado al espacio. Podría haber visto nuestro planeta desde la oscuridad infinita. Podría haber cumplido mi sueño. La tentación era tan grande. La vida de una chiquilla contra el sueño y el trabajo de toda mi vida. Supongo que depende de a quién le preguntes te dirá que la elección era fácil, que lo más sencillo habría sido permitir el despegue automático, al fin y al cabo, Shinra lo había programado así, la muerte de la operaria a bordo habría sido una desgracia, un accidente a causa de Shinra. También era tu voluntad, ¿verdad? Me dijiste que no abortase el lanzamiento sabiendo que morirías abrasada. Culpa de Shinra y tuya. Pero ¿sabes qué? Yo soñaba con ver el espacio exterior, sí, y también con poder contarte todo lo que había visto al volver. ¿Cómo podría explicártelo si estabas muerta, cabeza hueca? No sé con quién estoy más enfadado, si contigo por ser una estúpida que no valora su vida o conmigo por haber desperdiciado la oportunidad de ir al espacio. ¡Maldita sea, Shera! ¿De verdad esperabas que cargase con tu muerte en mi consciencia? ¿Pensabas qué diría algo como "a la mierda, esa imbécil se lo ha buscado ella sola, que se joda"? ¿Tan desalmado te parecía? ¿Tan egoísta me considerabas? No soy inocente, Shera, ni pretendo hacérmelo. Creo que tus palabras ese día junto con el sueño frustrado y la certeza de la pérdida fueron los que me empujaron a tratarte como lo he hecho y ahogarme en el fondo de una botella. No voy a justificarme, Shera. El espacio era mi sueño y lo perdí por salvar tu vida. Construir algo a tu lado también lo fue y lo rompió tu desprecio por tu propia vida. Entre tú y yo había algo, una química especial que no había sentido antes. Siempre te reías de lo mucho que farfullo y de la cantidad de palabrotas que digo, eso me gustaba de ti. No hacías aspavientos como una damisela remilgada, escandalizada por el piloto malhablado. Mierda. Hablar de sentimientos no es mi fuerte, no importa si lo entiendes o no. Sólo quería que lo supieras por si ese cabrón de meteorito nos parte las cabezas. Cid Highwind. Arrancó la hoja de la libreta y la dobló con cuidado para guardarla en el bolsillo interior de su cazadora. Empujó el vaso lo más lejos que pudo y abandonó el bar. Cuando regresasen a Ciudad Cohete para recuperar la materia enorme de las manos de Shinra dejaría esa estúpida carta sobre la mesa de casa. No se la daría a Shera en mano, ni siquiera tenía intención de verla. Se había portado como un cretino con ella, pero necesitaba sincerarse. Si Shera le perdonaba o no, si alcanzaba a entender el patético galimatías que le había escrito, era secundario. Quería volver a ser el hombre que era antes del lanzamiento fallido. Quería volver a ser quien la hacía reír. Si es meteorito se lo permitía dedicaría el resto de su vida a compensarla.

Fin

Notas de la autora: ¡Hola! Aunque Cid no es mi personaje preferido de Final Fantasy VII, le tengo una gran simpatía por lo malhablado que es. Una carta de disculpa para Shera es la primera idea que me vino para la actividad del Templo de los fickers. Espero que os haya gustado.
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