Marioneta
Sus ojos se fijaron en la imponente figura del shichibukai que caminaba por la calle. Era guapo y atractivo, además, le rodeaba un aura de seguridad que la atrajo al instante. Viola había ido hasta allí dispuesta a acabar con él, sin embargo, verle le había hecho flaquear. ¿Cómo podía alguien tan atrayente ser el causante de su desgracia? Se aseguró de estar siempre presente cuando él pisaba las calles de la ciudad, intentando llamar su atención. Necesitaba acercarse a él, ese sería el único modo de lograr la venganza que perseguía. Y él se fijó en ella cuando empezaba a perder la esperanza, al preguntarle su nombre se paralizó. No podía creer que hubiera notado la presencia de alguien tan insignificante como ella, que de entre todas las mujeres presentes, su atención hubiera recaído sobre ella. Aclarándose la garganta contestó con timidez «Violet» y con ese nombre falso selló su destino. Al principio, Viola, casi flotaba alrededor de Doflafimgo, él la consentía, no sólo complaciendo sus caprichos también con mimos. Siempre parecía atento a sus necesidades y la colmaba de un afecto tan necesario como el aire que respiraba. La miraba a ella, a la chica más normal del mundo. Su atención era únicamente para ella. Viola empezó a dudar si aquel hombre era realmente el causante de la caída del reino de Dressrosa. Se preguntó si no estaría equivocada. Si acaso ese shichibukai era en realidad una persona maravillosa. Las dudas le vencieron y Viola confió. Cada vez que Doflamingo la convocaba, Viola, acudía sin dudarlo. Deseaba verle, complacerle en todo lo que pudiera y recibir a cambio su atención y mimos. Todo parecía perfecto, ya no dudaba respecto a lo equivocado de la información que había recibido. Doflamingo no podía ser el hombre que había sumido a la familia Riku en la desgracia, por eso aceptó mudarse con él al punto más emblemático del reino de Dressrosa. La primera noche se encontró con el sueño romántico de cualquier jovencita soñadora. Besos, caricias y el delicado estremecimiento del placer consumado. Viola se sentía plena y feliz. Aceptaba el mantenerse alejada cuando Doflamingo se reunía con hombres poderosos, él le decía que era por su bien, que deseaba mantenerla a salvo, que algo tan precioso y valioso como ella debía ser protegido y ella, por supuesto, le creía sin dudarlo por un segundo. Viola vivía en un sueño, incluso se planteaba decirle la verdad. Que su nombre no era Violet, sino Viola. Que le había buscado para vengar la caída de Dressrosa. Que lamentaba haber dudado de un shichibukai como lo era él. Que ahora que le conocía sabía que era una persona maravillosa. Con la idea de decirle la verdad y compensarle por ello en la cabeza, Viola, se adentró en el enorme cuarto que compartían y que era testigo de un amor floreciente e intenso. Doflamingo no estaba solo. Las miradas de hombres y mujeres se clavaron en ella que se estremeció sin moverse. Él alargó la mano hacia ella y, como si eso fuera lo único que podía hacer, avanzó hacia a él con la mano extendida deseosa por alcanzar la suya. Las mujeres la interceptaron con risitas escapando de sus labios. —Estoy aburrido de ese aspecto de niña mimada —soltó Doflamingo, su rostro seguía siendo amable, pero su tono la hizo estremecer—. Quitadle la ropa y cambiadle el pelo. Las risitas se extinguieron. Obedecieron como si bailaran a su alrededor, retirando piezas de ropa hasta dejarla desnuda y expuesta. Las lágrimas ardieron en los ojos de Viola. Fue el turno de los hombres de moverse, tocaron su piel, deslizando los dedos por ella, sin cuidado. Antes de lograr reaccionar nuevas telas cubrían su cuerpo y las tijeras cambiaban la forma del corte de su pelo. Cuando se quedaron a solas, Viola, lloró. Él no se rió ni burló, pareció desear consolarla besando su piel y ella, de nuevo, cedió a sus encantos. A partir de aquel día Doflamingo tanteaba sus límites, Viola, enamorada perdidamente cedía una y otra vez diciéndose que era un buen hombre, deseando creer en él. Se decía que si fuese un mal hombre no podría amarle como lo hacía. La situación fue escalando, se empeñaba en justificarlo, incluso se recordaba a sí misma que le quería. Hasta que fue tarde. El día en que se quebró, estaba ataviada con un vaporoso vestido absurdamente corto, el tipo de vestido que le gustaba a Doflamingo. Despreocupada cruzó los jardines para encontrarle. No estaba solo allí, con el recuerdo de lo acontecido en el cuarto no mucho tiempo atrás, se quedó quieta intentando escuchar a hurtadillas, una sola palabra llegó a sus oídos «marioneta». Dio un paso atrás dispuesta a alejarse, pero hizo ruido. La atención de los dos hombres se centró en ella y el desastre le sobrevino sin darle tiempo a reaccionar. El acompañante de Doflamingo se abalanzó sobre ella. —Ayúdame —rogó alargando la mano hacia a él. Doflamingo rió sin inmutarse cuando el hombre la derribó, rasgó su ropa y la toqueteó. Una mueca cruel decoró su rostro al acuclillarse a su lado. —Violet, Violet, Violet —murmuró sacudiendo la cabeza—. Mi estúpida Violet. Mi patética marioneta de la familia Riku. Viola. ¿Tan imbécil eres que esperabas que no te reconociera? Sus ojos se llenaron de lágrimas de dolor y rabia. —No la rompas —soltó palmeando amistoso la espalda del hombre que lamía sus pechos—. Hay más persona que desean jugar con esta marioneta. Le maldijo mientras se alejaba. Se maldijo por no haber querido verlo. Doflamingo era un monstruo y ahora ella era un juguete en sus manos. Había agitado el avispero y ahora lo estaba pagando.Fin
Notas de la autora: ¡Hola! Algo turbio para hoy. No recuerdo del todo el trasfondo de estos dos, más allá de que había tenido algún tipo de relación física y de lo que Doflamingo le hizo a la familia Riku. Siento si ha quedado OoC, Viola no se cuenta entre mis personajes preferidos.