Capítulo Único
31 de enero de 2026, 23:40
Notas:
En el capitulo del torneo, hay pequeñas partes en las que si miras de fondo, ves a Rynoh consolando a un muy desilusionado Zylus. Ahora que estoy volviendo a ver la serie, vi esta parte y no pude evitar pensar en lo tiernos que se veían en ese momento. Eso ha servido para crear este pequeño pequeño one-shot.
Admito que es divertido hacer estas pequeñas ampliaciones del universo de Redakai ¡Había tanto por contar! que no pude resistirme a crear esto.
Gracias por leer, espero pronto crear nuevas historias para este fandom olvidado ❤
La guarida de Lokar nunca se había sentido tan desolada como aquella tarde, cuando los E-Teens regresaron. Tras presentarse ante su maestro, derrotados, todos los equipos se retiraron en silencio a sus cuartos. Lokar estaba visiblemente decepcionado de sus estudiantes, por razones obvias, aunque fue un poco más indulgente con Zane y los demás Radikor por haber llegado a la final contra Ky.
El chico de piel verde había vencido a la princesa Diara y casi derrotado a Ky, de no ser porque este último usó su kairu interior para desviar el ataque. Aun así, Lokar elogió el desempeño de Zane frente a los demás E-Teens. Pero eso no eximió a los Radikor de irse a la cama sin cenar, como el resto de los adolescentes.
La humillación que sentía Lokar por la incompetencia de sus estudiantes era avasalladora, y se empeñaba en que lo sintieran a cada momento. Por eso los castigó con un mes entero de entrenamiento riguroso, sin misiones de búsqueda de kairu y con raciones limitadas de pan y agua. Quería que aprendieran a esforzarse, sudando y superándose cada día.
Los cuartuchos de los Battacor estaban en la parte más baja de la guarida, un sitio donde casi se podría considerar que eran las mazmorras, pero las autenticas estaban más abajo. Antes ocupaban un sitio en los niveles inferiores, al lado de los Imperiaz, pero cuando rompieron una ventana al estar jugando a la pelota espacial, Lokar los castigó con cuartos subterráneos.
Eran tres cuartos de la peor calidad. Paredes sin pintura, puertas que no cerraban bien o estaban desvencijadas al completo, corrientes de aire aunque no hubiera ventanas. Un camastro de madera como cama y cero comodidad. El poster de la striper de júpiter que Zylus pegaba en la pared se caía cada dos por tres y estaba lleno de mordiscos de ratón.
Los Battacor avanzaban por los pasillos oscuros arrastrando los pies, sin ánimo. En su grupo, Zylus había peleado contra Ky en las primeras rondas y fueron eliminados de inmediato.
—Ese tonto de Ky… estúpido niñato de pelo y ojos perfectos… —seguía rezongando Bash, con los puños enormes apretados— no hay forma de ganarle nunca.
—Tal vez si le dejamos caer una tonelada de roca en la cabeza, —sugirió Rynoh con desinterés, contemplando sus uñas mientras caminaba con lentitud— dejaría de verse tan perfecto.
—¡Oh! ¡Sería divertidísimo! —exclamó Bash, mirando un punto fijo como si ya lo estuviera imaginando— Seguro que ya no sonreiría tanto después de eso.
—Esa no es la idea, Bash —rodó los ojos anaranjados—. Si vamos a vencerlo, debemos aprender a usar el kairu de forma más eficiente. No estás siguiendo las rutinas de entrenamiento que te di, tienes que sacarle más provecho a tus brazos fuertes.
—El entrenamiento de Lokar nos servirá —se encogió de hombros el grandote—. ¡Entonces nadie podrá detenernos!
—¿Cómo esperas que nos pongamos fuertes con el déficit calórico al que nos va a someter Lokar? —resopló Rynoh, alzando las manos—. ¿Cuándo has oído que un verdadero guerrero sobreviva un mes a pan y agua? Nos desmayaremos de cansancio y falta de energía a la primera oportunidad si no hacemos algo inteligente. Necesitamos mínimo cuatro comidas al día, ¡con carbohidratos y proteína! Así es como se forma un verdadero guerrero.
—Pero yo creo que Lokar ni siquiera come —rezongó Bash, alargando las sílabas con fastidio—. Debajo de esa capa no debe tener más que huesos y pellejos viejos.
—¡Ahg, que horror! Pero seguro que así es. Puedes darlo por hecho —soltó Rynoh, riendo brevemente antes de quedarse en silencio.
Ambos chicos voltearon hacia atrás. Zylus caminaba unos pasos más lejos, con los hombros caídos y la mirada baja. No había intervenido ni una sola vez.
Rynoh torció el gesto y regresó sobre sus pasos para acercarse al líder de los Battacor.
—¡Vamos, hombre! —exclamó en un murmullo, dándole un golpe amistoso en el hombro—. No es para tanto. ¿Cuántas veces hemos perdido contra esos idiotas?
—Muchas. —respondió Bash, unos pasos por delante.
—¡Se lo decía a él! —gruñó Rynoh antes de volver su atención a Zylus—. Y aun así, siempre seguimos buscando kairu como los guerreros que somos, ¿no es cierto?
—Claro. —se limitó a decir Zylus.
Bash ladeó la cabeza rubia— ¿Qué pasa, Zylus? No puedes estar así solo por eso, hombre. No es tu estilo.
—No estoy de ninguna forma, no exageren. —negó con fastidio, desviando la mirada— Solo estoy cansado.
Rynoh comprendió que esta situación había tocado una fibra sensible en el centro del líder y que probablemente estaría así un par de días amenos de que él hiciese algo. El chico de ojos anaranjados se volvió al grandote.
—Ve a tu cuarto, Bash, déjame hacer algo con Zylus.
El chico resopló— ¿Hablarán de sus sentimientos como un par de niñas lloronas?
—Mejor que eso —se sonrió con picardía— vamos a conseguir algo que comer.
La expresión en los ojos purpuras chispeó cuando su simple cerebro entendió eso. Zylus alzó la vista para mirar con desconcierto a Rynoh. Nunca se hubiera imaginado algo como eso.
—¿Como? —dijo sin pensar— Seguro Lokar cerró las cocinas y las despensas para que no encontremos ni un frijol en toda la guarida.
Rynoh sonrió con arrogancia, cruzándose de brazos con marcada altanería.
—Después de todo, soy su nutricionista ¿verdad? —los miró con complicidad— Lokar piensa que mantener estos músculos es fácil ¿eh? pues se equivoca. Ningún Battacor perderá masa muscular si yo puedo evitarlo.
—¡Genial! —se alegró genuinamente Bash, cuyo estómago estaba ya deseando comerse por lo menos sus calcetines— porque ver el torneo me dejó hambriento. No se tarden mucho.
Y sin pensarlo demasiado, dio media vuelta a las sombras del pasillo para ir a su cuartucho. Rynoh se sonrió antes de volverse a Zylus. El chico se había cruzado de brazos, pensando.
—¿De verdad irás a asaltar la cocina? —alzó una ceja, poco convencido— Harás que Lokar nos de una paliza por pasarnos de listos. Y yo no sé si voy a soportar más golpes hoy.
—Pues la verdad no sería una mala idea asaltar la cocina. Ahí estaban las verduras que son muy importantes por la fibra que necesita Bash. Por el problema de digestión, ya sabes. —bufó, pero no tardó en negar— Pero no. No nos arriesgaremos a algo tan imbécil. Ven, sígueme.
Zylus lo siguió, más por impulso que por obediencia. El pasillo estaba oscuro, silencioso, con ese eco húmedo que hacía parecer que la base misma estaba decepcionada de ellos. Ninguno habló hasta que llegaron a uno de los salones de entrenamiento vacíos. Las luces azuladas del techo apenas iluminaban las paredes metálicas.
Llegaron al nivel base, justo al salón que daba a la entrada, desde donde se podía salir hacia el hielo del exterior. Había unos ventanales velados por paneles de metal. Con una palanca, Rynoh abrió una de esas, para que el resplandor blanco nocturno llenase la sala. Para suerte de ambos, el ruido de esta era minimo y a esa hora nadie bajaría hasta la entrada para verlos.
—Puedes quedarte aquí a llorar todo lo que quieras mientras yo busco la cena. —se sonrió Rynoh, pero sin tanta malicia sino más bien como una broma suave.
Zylus le dio un empujón leve mientras permanecía de pie en medio de la sala. El chico alto salió por un pasillo aledaño. Al cabo de unos minutos, Rynoh regresó con unas latas de carne en conserva, dos pays de chocolate en recipientes de plastico y un paquete de cervezas.
—¿De dónde demonios sacaste eso? —preguntó Zylus. Si hubiera estado de mejor humor, se habría escandalizado, pero ahora solo sonrió—. ¿Asaltaste la despensa personal de Lokar?
—No. Lokar no debe ni de sospechar lo que es una cerveza o un pay. Mucho menos de chocolate. —respondió el chico alto, pasándole las botellas para que él las abriera con su gran mano verde—. A veces robo cosas durante las búsquedas de Kairu y las escondo detrás de las cajas en el almacén. El clima de este maldito cubo de hielo, es perfecto para conservar los alimentos... Es mi secreto... y ahora tú eres parte de él. De nada.
Zylus soltó una risa más animada, quizá por lo ilegal del asunto, o por lo absurdo de estar por consumir comida chatarra en medio del castigo más estricto de Lokar.
—Chocolate ¿No eras tú el que sabía de nutrición? —lo miró con cierta desconfianza.
—El chocolate no le hace mal a nadie si no te excedes. Además, yo no digo nada si tú no dices nada —se encogió de hombros, sonriendo con picardía—. Pero si tanto te molesta, devuélveme la cerveza.
—Olvídalo, perdedor. —replicó Zylus, alzando la botella lejos del alcance del otro.
—Como quieras, sígueme, para tu suerte también tengo la tecnología para cocinar todo esto. —le sonrió con arrogancia mientras le hacía señas graciosas para que lo siguiera.
Zylus de verdad que estaba intrigado, así que lo siguió. Rynoh podía parecer tonto, pero en lo que le convenía, a veces podía ser toda una sorpresa. Pasaron del salón al área que iba al garaje. Este tenía un área pequeña, como de herramientas que comunicaba con el exterior.
Ahí, Rynoh sacó unos cuantos artefactos pequeños que conectó rápidamente unos con otros. De la nada, resultó que había logrado un microondas y con un mechero una pequeña área para cocinar. Lo siguiente duró apenas unos minutos, con Rynoh maniobrando como el buen nutricionista que era.
—Hombre, de verdad que estás loco. —se burló Zylus, pero tenía la boca hecha agua para cuando el aroma inundó el lugar— ¿No sabrán los demás de esto?
—No lo creo. Lokar no se pondrá a oler el aire así como así y además, estamos muy lejos de la torre guarida. Cualquier olor saldrá por esa ventana —le señaló hacia fuera, la nieve que se veía a través del vidrio— así que come y calla.
Al entregarle su plato, Rynoh se apoyó contra la pared, cruzando los brazos.
—Ahora ¿Vas a decirme qué tienes, o tengo que lanzarte un Neural Blast para que hables?
Zylus soltó una risa seca, pero no respondió. Caminó al centro de la sala y se dejó caer al suelo, sentándose con los codos sobre las rodillas. Había tomado el plato y ya estaba comiendo con un tenedor con lentitud.
—No tengo nada qué decir, no sé de qué hablas. —soltó con desgana— Más allá de que evidentemente como mujer eres muy fea, pero si sabes cocinar así de bien, no me importaría casarme contigo.
Rynoh le arrojó la lata vacía de la carne, pero Zylus la atrapó en el aire.
—Un simple gracias también me sirve ¿sabes? —torció una sonrisa— Me refiero al porqué esa derrota en el torneo te dejó tan alicaído.
—Yo no estaba alicaído. —evadió su mirada y buscó concentrarse en la comida.
Rynoh lo observó un instante. Luego caminó hacia él y se sentó también, más despacio, con su propio plato.
—No sabes mentir, idiota. —le dio un puñetazo amistoso en el brazo, tomando una buena porción con el tenedor mientras miraba hacia el exterior por la ventana semi abierta— ¿No que el gran Zylus nunca se rinde? —le dijo, sin burla, solo con una curiosa suavidad en la voz.
—No es por perder. —murmuró el otro, con el ceño fruncido.
—¿Entonces?
—Es porque esta vez sí quería ganar. No por Lokar, ni por el equipo. Por mí.
—¿Y? —se empujó un largo trago de la cerveza mientras lo miraba de reojo.
—Y fue como si ni siquiera estuviera cerca. Como si... no importara lo que hiciera. Siempre nos pisan. Siempre quedamos atrás. Lokar ya nos odia desde hace tiempo ¿viste como estuvo poniendo en un maldito pedestal a Zane? pues estoy seguro de que lo hacía para humillarnos más. Hay rumores de que nos echarán, a pesar de que somos el equipo que más a trabajado para Lokar... Y si yo, que se supone que soy el líder, no puedo cambiar eso... entonces ¿para qué sigo?
Nunca se había sentido tan vacío tras perder. Esta vez dolía distinto. Rynoh lo miró, sin ironía por primera vez en semanas. No dijo nada al instante, pero se inclinó un poco hacia adelante.
—¿Sabes por qué sigo en tu equipo?
Zylus lo miró, desconcertado.
—Porque tú no eres como Lokar, ni como ese psicópata de Zane que idolatra tanto. No eres como los demás. Tú puedes perder cien veces y sigues creyendo que la próxima es nuestra. Incluso cuando no lo dices. Incluso cuando pareces un idiota orgulloso que solo quiere verse bien en las fotos mentales que se hace Bash. Si seguimos adelante es porque tú nos inspiras hacerlo...
Eso sacó una sonrisa, pequeña, pero genuina, de Zylus.
—Toda estaba bien hasta que dijiste lo de "idiota orgulloso". —pero lo decía sonriendo.
Rynoh rodó los ojos y siguió comiendo, observando la nieve caer más allá del cristal de la ventana.
—¿Y si mejor te digo “idiota valiente”? —ladeó una sonrisa.
—Tampoco me encanta. Pero… suena mejor.
Hubo un silencio cómodo entre ellos. El tipo de silencio que no exige palabras, porque todo lo importante ya está dicho, aunque nunca se haya pronunciado en voz alta. Ambos sabían que Zylus no diría "gracias", pero tampoco era necesario. Entre ellos, esas cosas no se pedían ni se ofrecían: simplemente se hacían.
Durante el torneo, Zylus había sido, como siempre, demasiado cabezota. Obstinado, confiado, incapaz de escuchar. Rynoh lo sabía, y Zylus también. Pero Rynoh no se lo diría; no por miedo, sino porque entendía que Zylus ya estaba cargando con el peso de su propio orgullo herido. No necesitaba más.
Esto, todo esto—la comida robada, la cerveza caliente, el momento a solas bajo el frío techo metálico—ya era suficiente. De alguna forma, estos gestos pequeños, casi tontos, habían sido lo justo para hacer que el chico del brazo verde se sintiera un poco mejor consigo mismo.
Y eso era lo que hacía que siguieran siendo amigos, más allá del equipo o las órdenes de Lokar. Porque, pasara lo que pasara, incluso cuando el mundo se les venía abajo, siempre se encontraban el uno al otro. No necesitaban decirlo. Lo sabían.
—Escucha, —volvió a decir el chico de ojos anaranjados— esto no es el fin. Solo ha sido un estúpido torneo. Habrán más. Así como los campeonatos de pelota espacial.
—Lo sé. —fingió irritación, mientras se empujaba otro trago— No sé ni porqué me sentí mal antes... supongo que quería ganar con demasiadas fuerzas.
—La próxima vez haremos papilla a Ky ¿Estás dispuesto? y si Lokar nos termina echando de verdad, todavía seguiremos siendo un triunvirato genial... Solo habrá que seguir incentivando a Bash, por supuesto —se encogió de hombros— pero fuera de eso, tenemos el potencial de derrocar a Lokar de su puesto y ser nosotros los maestros pronto.
—Por supuesto. —alzó el puño para chocarlo con el de Rynoh en señal de camaradería.
Ambos rieron suavemente. Todo estaba bien ahora.
Al terminar la comida improvisada, Rynoh escondió en su bolsa otra lata en conserva para Bash, aunque a él le destinó una botella de agua en vez de una cerveza. Eso fue otra cosa que hizo reir a Zylus, otro pequeño secreto tonto que compartían en esa secreta complicidad de amigos.
—Vamos. —Rynoh le dio un leve empujón con el hombro— Antes de llevarle esto a Bash, te enseñaré una rutina perfecta para dejar de pensar. Vas a sudar hasta el orgullo.
Empezó a dar pequeños saltitos para calentar, moviendo los hombros en circulo y sacudiendo los brazos. Sonriendo, se tronó el cuello antes de adoptar una posición de defensa de artes marciales.
—¿En serio crees que entrenar ahora servirá de algo?
—No lo sé. Pero servirá para que dejes de mirarte los zapatos como si te hubieran roto el ego a patadas, hombre.
Zylus se puso de pie, estirando los brazos y flexionando los dedos, abriendo y cerrando las manos. Si la pequeña cena clandestina no hubiera servido, esta pequeña idea de descargar su ira si funcionaría. Zylus era más fuerte, pero Rynoh era más ágil y rápido, por lo que siempre habían tenido peleas duraderas y difíciles, pero muy muy muy divertidas.
—Prométeme que no dirás nada de esto a Bash.
—¿Qué te venceré en menos de dos movimientos? —le sonrió con confianza, achicando sus ojos naranjas con picardía— Lo juro por mi Spykor.
Zylus se refería a su decaimiento y debilidad, pero no insistió. Tampoco importaba.
Ambos salieron de la sala, con paso más firme que antes. Es por esto que eran amigos, porque a pesar de todas las complicaciones y malos ratos, seguían de alguna forma estando el uno para el otro. Y eso ni Lokar, ni Ky, se los podrían arrebatar. Esta vez había perdido, pero no estaba lejos el día en el que se ganarían todas las batallas.
Notas:
Este es un one-shot un poco improvisado, por lo que no dudo que encontrarán errores. Lo he escrito un poco sobre la marcha y pienso editarlo con más tiempo una vez publicado. Así que, pido disculpas por cualquier error, pasa el tiempo y yo me sigo sintiendo una escritora experimental.
Gracias por leer, cualquier voto o comentario será profundamente apreciado ❤