ID de la obra: 1627

La Bestia del Este y La Bella de la Orden:Manual de un Matrimonio ¿Arreglado?

Het
PG-13
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planificada Mini, escritos 10 páginas, 4.264 palabras, 1 capítulo
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El eco de la firma olvidada

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El frío de Londres se filtra sin permiso por las rendijas de la ventana,reclamando cada rincón de la habitación.Lenalee se incorpora de golpe en la cama,con el corazón martillando contra sus costillas y la respiración entrecortada.El aire de la habitación es helado,pero en su piel todavía siente el eco de un calor sofocante,denso y cargado de un olor que no pertenece a este continente.Una mezcla punzante de incienso ceremonial y medicina amarga Lleva la mano a su mejilla y sus dedos encuentran el rastro húmedo de una lágrima que aún no se ha secado.El sueño siempre es el mismo,una película granulada que se corta justo antes del final.En ella,la Sede Asiática no es un centro de operaciones,sino un laberinto de miedo donde una figura se alza como su único escudo.Es una niña,apenas unos años mayor que ella,de cabello negro y corto,cuya sola presencia parece ser capaz de detener el mundo exterior. Lenalee cierra los ojos con fuerza,intentando retener esa imagen,pero el candado en su memoria es implacable.El trauma de sus primeros años en la Orden ha sellado los nombres y los rostros bajo una capa de olvido protector. Por mucho que se esfuerce,no logra ponerle nombre a su salvadora -¿Dónde estás?¿Quien eres?-susurra al vacío de la habitación,aunque la respuesta lógica de una exorcista siempre es la más amarga La habitación permanece en silencio,solo interrumpido por el silbido del viento contra el cristal.Se abraza a sí misma,sintiendo que el frío de Londres no solo está en el ambiente,sino que ha echado raíces en su propio pecho La imagen de esa niña sigue flotando en su mente como una brasa que se niega a apagarse.La última vez que la vio,Lenalee tenía apenas seis años,era una niña asustada,atrapada en un mundo de paredes blancas y experimentos que no comprendía.En aquel entonces,esa figura de cabello negro era su universo entero,la única barrera entre ella y el abismo.Aunque la lógica le dice que el tiempo habrá transformado a esa protectora.Puede que ella no la recuerde debido a sus traumas,pero la niña...ella podria reconocerla Sin embargo,la realidad es un golpe seco y constante.A lo largo de sus años como exorcista,ha recorrido medio mundo y ha conocido a decenas de mujeres en la Orden,guerreras de todas las ramas y nacionalidades.Siempre que llega a un nuevo destacamento,sus ojos buscan inconscientemente ese cabello negro y esa presencia protectora.Pero nunca ocurre.No hay chispas de reconocimiento,ni ecos de familiaridad en ninguna de las exorcistas que ha cruzado en su camino Las esperanzas de un reencuentro se desvanecen un poco más con cada amanecer.En la oscuridad de su cuarto,reconoce que es muy probable que esa niña ya no pertenezca al mundo de los vivos,en la Orden,la supervivencia es un lujo que pocos se pueden permitir.Aun así,el candado en su memoria le duele más que cualquier herida física Sabe que,en este mundo de guerra y sombras,el silencio de los años suele significar la muerte.Si esa niña estuviera viva,si hubiera sobrevivido a los experimentos y a las batallas,el destino ya las habría cruzado de nuevo.La convicción de que esa persona es ahora solo un fantasma en sus sueños le oprime el pecho,dejándola con una nostalgia extraña por alguien que,técnicamente,no recuerda No busca un rescate,ni siquiera recuperar el tiempo perdido.Su deseo es mucho más sencillo y,a la vez,más inalcanzable.Quiere recuperar su nombre.Necesita que el vacío en su mente sea llenado con un sonido,con una identidad,para poder dedicarle,al menos en sus oraciones,el "gracias" que la niña de seis años nunca pudo pronunciar El reloj marca el inicio de una nueva jornada y se desprende de sus pensamientos.Observa la esfera de cristal con resignación,es hora de comenzar su día como exorcista.A pesar de la carga que arrastra en el alma,su rutina comienza con un acto de cuidado.Llevarle café a su hermano,quien,con total seguridad,no ha pegado el ojo en toda la noche La oficina del Supervisor General es,por definición,un monumento permanente al desorden.Montañas de documentos sin firmar se tambalean peligrosamente sobre el escritorio,como rascacielos de papel a punto de colapsar.Tazas de café con colonias de moho decoran las esquinas de las mesas y piezas oxidadas de prototipos fallidos crujen bajo los pies de quien se atreva a entrar Lenalee cruza el umbral con el uniforme impecable.No hay una sola arruga que delate su cansancio o la agitación de sus sueños.Sostiene la bandeja con el café recién hecho con la destreza de quien ha navegado ese laberinto de papeles mil veces.Espera encontrar la imagen de siempre.A su hermano roncando ruidosamente bajo una pila de informes de la Sección de Ciencias,con las gafas torcidas y un lápiz en la mano Pero la escena que la recibe es radicalmente distinta y la obliga a detenerse.Sus ojos se abren con asombro al ver a Komui en un estado de agitación.Él no está durmiendo,está arrastrando los pesados sofás de cuero con una fuerza frenética,empujándolos para construir una barricada improvisada justo frente a la puerta,bloqueando cualquier entrada o salida Parpadea,tratando de procesar la construcción defensiva que su hermano está levantando -¿Hermano?-pregunta ella,con la voz suave pero cargada de desconcierto Se gira bruscamente,y la imagen que proyecta es,como poco,lamentable.Tiene los ojos inyectados en sangre,el cabello más revuelto que de costumbre (si es que eso es posible) y un pañuelo empapado en lágrimas que estruja entre sus dedos nerviosos hasta dejarlo irreconocible.En apenas unas horas,el Supervisor General parece haber envejecido diez años bajo el peso de una paranoia que solo él,en su mente sobreprotectora,comprende plenamente -¡¡Lenalee!!¡Mi dulce,pequeña e inocente Lenalee!-clama con un grito que desgarra el aire cargado de la oficina,haciendo que el café en la bandeja vibre Sin previo aviso,se lanza al suelo con la agilidad de un gato desesperado y se aferra a las piernas de su hermana.Se agarra a ella como si fuera un náufrago aferrándose al último madero en medio de una tormenta de dimensiones bíblicas -¡No dejaré que aten! ¡Sobre mi cadáver!-solloza dramáticamente contra el cuero de sus botas,su voz amortiguada por la tela del uniforme de ella -¡He activado al Komurin! ¡Nadie entrará ni saldrá de esta oficina hasta que cancelen esa locura de la Rama Asiatica! En un rincón,apoyado contra la pared y rodeado de planos desordenados que amenazan con sepultarlo,Reever observa la escena con una expresión de pura derrota.Se frota las sienes con una presión que parece buscar perforar su propio cráneo,exhalando un suspiro cargado con el cansancio acumulado de mil hombres.La paciencia de la Sección de Ciencias está,una vez más,caminando por la cuerda floja sobre el abismo del agotamiento -Komui,suelta a tu hermana antes de que pierda la paciencia y te patee ella misma-interviene Reever.Su voz suena seca,desprovista de cualquier asombro,cargada de esa autoridad que solo los años de lidiar con las crisis existenciales del Supervisor le han otorgado -Además,vas a hacer que tire el café y es lo único que nos mantiene cuerdos ahora mismo Reever aparta la mirada de su jefe y la fija en la joven.Su rostro se suaviza un poco,teñido de una seriedad profesional pero compasiva -Lenalee,justo estaba por llamarte.Siéntate,por favor-dice,señalando el único espacio libre de papeles en un taburete cercano -Esto va para largo Lenalee,que ha perfeccionado el arte de navegar las tormentas emocionales de su hermano con la paciencia de una santa,deja la bandeja de café sobre la única superficie que no parece a punto de colapsar bajo el peso del desorden.Con una mezcla de firmeza y cariño,empieza a despegar los dedos de Komui de sus tobillos.Lo hace con delicadeza,ignorando los hipos de angustia y los sollozos que emanan del hombre hecho un ovillo a sus pies -¿Qué pasa ahora?-pregunta ella,ladeando la cabeza con una serenidad que contrasta violentamente con el caos circundante -¿El Vaticano ha decidido recortar el presupuesto para el café? ¿O es que Jerry finalmente se ha rendido y ha presentado su renuncia? -¡Es mil veces peor!-solloza Komui Se limpia la nariz con la manga de su bata de forma poco digna,dejando escapar un quejido lastimero que resuena en toda la estancia.Su rostro es una máscara de tragedia pura mientras estruja el pañuelo empapado -Ha llegado una carta de la Rama Asiática.De Bak Chang.Ese traidor...¡Ese usurpador de afectos!¡Ese buscador de documentos polvorientos! Lenalee parpadea,confundida.La mención de la Rama Asiática suele implicar nuevos métodos de sincronización o,en el peor de los casos,una movilización masiva -¿La Rama Asiática? ¿Necesitan refuerzos para alguna misión?-aventura ella,tratando de encontrar una lógica profesional al colapso de su hermano -Puedo partir de inmediato si la situación es crítica... -¡NO!-el grito de Komui rebota en las paredes,haciendo que un par de tazas de porcelana vibren peligrosamente sobre la mesa -¡Tú no vas a ninguna parte!¡No permitiré que te alejen de mí por un trozo de papel amarillento! Komui vuelve a hundir el rostro contra la alfombra,emitiendo ruidos ininteligibles de pura desesperación,como si intentara fundirse con el suelo de la oficina.Ante la absoluta incapacidad del Supervisor para articular una frase coherente que no incluya amenazas de muerte hacia Bak Chang,Reever toma finalmente la palabra Se ajusta las gafas,que parecen pesarle más que de costumbre,y exhala un suspiro que parece llevarse consigo el poco optimismo que quedaba en la habitación.Cruza los brazos sobre su pecho,mirando a Lenalee con una seriedad que la pone en alerta -Lenalee...es un asunto legal,o al menos eso dicen los documentos que Bak envió adjuntos-explica Reever con extrema cautela,midiendo cada palabra como si caminara sobre cristales rotos -Al parecer...estás comprometida El silencio que sigue a las palabras de Reever es absoluto,denso como el plomo. Durante tres segundos exactos,el único sonido que se atreve a profanar la estancia es el rítmico tic-tac de un reloj de pared,sepultado en algún lugar bajo montañas de planos y prototipos.De pronto,la temperatura de la oficina desciende de forma drástica,el frío de Londres parece haber cobrado vida propia,instalándose con saña entre los cuatro muros de la habitación Lenalee no grita.No estalla en llanto.En su lugar,una sonrisa se dibuja lentitud en su rostro,pero es esa clase de sonrisa perfecta y carente de calidez que suele preceder a una activación violenta de sus Botas Oscuras.Es la expresión de un soldado que ha visto demasiadas batallas y ha sobrevivido a demasiados horrores como para dejarse amedrentar por un simple trozo de papel -¿Comprometida?-repite suavemente El tono de su voz es tan bajo,tan controlado,que resulta mil veces más aterrador que cualquier grito de furia -¿Yo? Da un paso al frente y el aire a su alrededor comienza a distorsionarse -Tengo dieciséis años-continúa,y cada palabra suena como un cristal rompiéndose -Soy un soldado de Dios en una guerra santa contra el Conde del Milenio y su ejército de Akumas.Me juego la vida cada vez que salgo por esa puerta... ¿Y me estás diciendo que estoy...comprometida? El aura de su Inocencia comienza a vibrar levemente,emitiendo un zumbido sordo que hace que los papeles del escritorio de Komui revoloteen.Reever retrocede un paso instintivamente,con una gota de sudor frío bajándole por la nuca,preguntándose seriamente si la oficina sobrevivirá a los próximos cinco minutos o si acabará reducida a astillas -¡Yo no lo aprobé!-se defiende Komui desde su humillante posición en el suelo Su voz suena ahogada por la alfombra y por el puro drama de su corazón herido -¡Es un acuerdo antiguo! ¡Un pacto arcaico de clanes que la Orden acaba de validar por conveniencia política! ¡Dicen que el novio ha estado esperando este día para transferirse aquí y "reclamar a su prometida"! Komui se incorpora solo lo suficiente para lanzar un quejido lastimero al aire,estrujando su pañuelo con fuerza -¡Es un bárbaro! ¡Un salvaje que viene a robarme a mi pequeña!-solloza,volviendo a hundir el rostro en el suelo Lenalee siente que una vena palpita con fuerza en su frente.El aura de calma que suele rodearla,su escudo de paciencia,se está resquebrajando bajo el peso de la absurdidad -Esto es ridículo-sentencia ella,cruzándose de brazos con una firmeza que no admite réplica -Es un matrimonio arreglado por esos viejos del Vaticano para asegurar el linaje de los Exorcistas y tenernos más controlados, ¿Verdad? Me niego.Absolutamente no Sus ojos,usualmente dulces,brillan con una determinación peligrosa mientras clava la mirada en Reever -Si ese tal... ¿Quién es el?-pregunta con desprecio,señalando la carta que Reever aún sostiene como si fuera una granada a punto de estallar Abre una carpeta de cuero desgastado,rescatada de los archivos más profundos y polvorientos de la Orden,y extrae un expediente que parece emanar un aura de antigüedad -Es un Exorcista de la Rama Asiática-dice,revisando los papeles con una mezcla de lástima y profesionalismo -Un tal Kanda El nombre flota en el aire pesado de la oficina,vibrando como una nota discordante que no encaja en ninguna parte.Lenalee frunce el ceño,buscando desesperadamente en los rincones de su mente.Alguna misión compartida,un informe de bajas,un cruce fugaz en los pasillos de la Orden...pero no encuentra nada.El nombre le resulta completamente ajeno,un sonido vacío que no evoca ni un rostro ni una emoción -No me importa si es el mismo Conde del Milenio-responde ella con una frialdad cortante -No voy a casarme con un desconocido solo porque un grupo de clérigos lo haya decidido en una oficina a puerta cerrada.Voy a escribir una carta de renuncia a este compromiso ahora mismo Reever se aclara la garganta.Evita su mirada,ajustándose las gafas con un nerviosismo evidente,lamentando ser el mensajero de lo que viene a continuación -Ese es el problema,Lenalee.No fue el Vaticano quien firmó el acuerdo-dice en voz baja,casi en un susurro -Fuiste tú El asombro de Lenalee se transforma en una parálisis.El mundo parece detenerse,incluso los hipos dramáticos de Komui se silencian por un instante -No...no puede ser-susurra ella,con la voz apenas audible,sintiendo cómo el suelo bajo sus pies se vuelve inestable Reever le desliza suavemente un papel amarillento.Lenalee lo toma con dedos temblorosos.Es un acta matrimonial antigua,redactada en un papel de arroz de alta calidad,con sellos oficiales de la Rama Asiática que ella apenas reconoce.El texto,escrito en una caligrafía elegante y tradicional,detalla la unión de dos linajes destinados a perdurar Y allí,al final del documento,aparece Lenalee Lee La firma no es la letra fluida y segura que utiliza ahora para firmar sus informes de misión.Es un garabato tembloroso,una mancha de tinta que intenta imitar caracteres complejos con la torpeza de quien apenas sabe sostener una pluma. Es la caligrafía de una niña de seis años,la marca de alguien que claramente no tenía idea de que,al trazar esas líneas,estaba entregando su futuro a un extraño A la derecha de su propia firma,descubre el resto del desastre.Justo al lado de su garabato infantil,aparece no un nombre sino una huella dactilar -¿Qué…?-Lenalee siente que el calor le sube de golpe a las mejillas,tiñéndolas de un rojo intenso que contrasta con la palidez de su piel -Esto…esto tiene que ser una broma de Bak.No puede ser real.Yo no recuerdo haber firmado algo así…jamás.Y ni siquiera hay una firma de ese tal Kanda,¡Es solo una huella! ¿En serio esto es legal? ¿El Vaticano acepta un dedo manchado como consentimiento matrimonial? Reever exhala un suspiro cargado de resignación y,le entrega a Lenalee el grueso fajo de documentos que componen el expediente del "matrimonio".La chica los recibe con las manos frias,sintiendo el peso del papel como si fuera plomo.Sus dedos recorren los bordes amarillentos mientras comienza a hojear las páginas con urgencia,buscando desesperadamente cualquier vacío legal,cualquier error de forma o una firma mal puesta que invalide semejante locura -¿Un "Acuerdo de Vinculación"?-Lenalee lee el encabezado del documento principal en voz alta,su voz apenas un hilo de incredulidad El título está sellado con un lacre rojo intenso que brilla bajo la luz de la oficina como una herida abierta.Sus ojos escanean las líneas con una rapidez eléctrica,pero las palabras clave saltan a la vista,grabándose en su retina como si estuvieran escritas en fuego:Matrimonio,Exorcista,Transferencia Permanente. Cada término se clava en su mente con la fuerza de un clavo,aumentando esa asfixiante sensación de irrealidad que inunda cada rincón de la habitación -Hermano,¿Qué es esto exactamente?-pregunta ella,girándose hacia él en busca de una explicación lógica,de un "es solo una broma" que no llega Komui,sin embargo,es totalmente incapaz de articular una sola palabra coherente.Está ovillado en el suelo,mordiendo un pañuelo con una desesperación cómica,emitiendo gemidos de agonía que parecen de ultratumba. Su juicio como Supervisor General está completamente nublado por la espesa niebla de la sobreprotección fraternal;para él,ese papel no es un contrato,es una sentencia de muerte Ante el colapso absoluto de su superior,Reever se ve obligado a intervenir una vez más.Se ajusta las gafas con un tic nervioso,evitando a toda costa mirar directamente a los ojos de Lenalee,cuya Inocencia sigue vibrando en el aire -Es una orden formal,Lenalee-explica él con voz grave,cruzando los brazos para ocultar el ligero temblor de sus manos -Al parecer, toda esta documentación fue archivada hace diez años en la Rama Asiática por los ancianos del clan.No es algo que se haya decidido ayer.Tenía una cláusula de activación automática programado para el momento exacto en que cumplieras los dieciséis años. El silencio que sigue es pesado.Lenalee mira de nuevo el contrato.Sus dieciséis años,la edad que debería representar su madurez como exorcista,han activado una trampa tendida por su propio pasado olvidado. La reacción de Lenalee es visceral,un reflejo puro de la guerrera que habita tras su apariencia dulce.Sus dedos se cierran con una fuerza impropia de su figura,arrugando el papel amarillento con un crujido seco.El sello oficial de lacre,ese círculo rojo que pretendía dictar su destino,se quiebra bajo la presión de su puño,deshaciéndose en fragmentos escarlatas que caen sobre su regazo como gotas de sangre seca. -¿Y el Vaticano aprobó esto sin decirme nada? ¿Para preguntarme si estaba lucida en ese momento?-su voz empieza a subir de tono, cargada de una indignación que hace vibrar el aire viciado de la oficina -¿Me están vendiendo como si fuera ganado para... qué? ¿Para asegurar la lealtad de la Rama Asiática o por alguna oscura política de linajes? -No...no es exactamente así-dice Reever,dudando,mientras se recoloca las gafas con un gesto nervioso Él también sospecha que hay algo profundamente turbio en la legitimidad de un contrato firmado por una niña de seis años,pero en el mundo de la Orden,los sellos son leyes y la burocracia es implacable cuando se trata de sus "activos" más valiosos.Especialmente si esos activos son dos de los exorcistas con Inocencia Cristalina -El punto crítico aquí es que la otra parte ha solicitado formalmente el cumplimiento del contrato-continúa Reever,bajando la vista hacia el expediente para evitar la mirada fulminante de la chica -El Vaticano solo ha dado el visto bueno,pero el novio es quien ha insistido en que se cumpla la peticion Lenalee siente que un fuego frío,una mezcla ponzoñosa de rabia y desconcierto,le sube por el pecho hasta la garganta,dificultándole la respiración -El novio-repite ella,saboreando la palabra como si fuera veneno puro,como algo que no pertenece a su realidad -Yu Kanda.Segundo Exorcista de la Rama Asiática-lee Reever, pasando a la hoja de servicios del individuo -Según el informe de movimientos que recibimos hoy mismo,rechazó todas las misiones de largo plazo asignadas para este mes.Su único fin,según sus propias palabras en el registro,era preparar su traslado inmediato a Londres.Viene específicamente para...esto.Para reclamar el vínculo.Para bueno...casarte contigo Lenalee suelta una risa seca,un sonido cortante y carente de cualquier rastro de humor que hace que Komui se estremezca de nuevo en el suelo -Así que él está de acuerdo.Él realmente pretende seguir adelante con esto Se queda en silencio un momento,mirando la firma torpe de su infancia.El candado en su memoria vibra con fuerza,golpeando las paredes de su subconsciente -No recuerdo nada,Reever...-susurra,y por primera vez la rabia deja paso a una vulnerabilidad inquietante -¿Y si me obligaron a firmar esto? ¿Y si solo era un juego para él y ahora es una obligación para mí?¿Y si es un plan de la Orden? -Bueno...lo cierto es que él mismo inició el proceso de reclamo legal en cuanto se cumplió el plazo de tus dieciséis años-admite Reever,cerrando el expediente con un golpe seco que suena a veredicto final -Esta en camino hace semanas.Mañana,cuando el barco atraque,y cruce la gran puerta,sabremos qué tipo de hombre es el que viene a casarte contigo Hace una pausa,ajustándose las gafas mientras una sombra de preocupación cruza su rostro -Y te advierto una cosa,Lenalee.Según los registros de combate de la Rama Asiática,no solo es uno de los exorcistas más fuertes,también es el más huraño y difícil de tratar de toda la Orden.Y sobre todo...-Reever baja la voz,enfatizando la gravedad del asunto -Posee una Inocencia de tipo cristalina,exactamente igual que tú Esa última revelación cae como un balde de agua fría en la habitación.Lenalee siente un escalofrío que no tiene nada que ver con el clima de Londres.La Inocencia cristalina es una rareza,una evolución de la forma física que solo ocurre en casos de sincronización extrema.Que ambos compartan esa naturaleza no puede ser una coincidencia La imagen mental se forma de este tal "Yu Kanda" es instantánea y,por supuesto,nada favorecedora.En su mente,visualiza a un hombre mayor,consumido por un sentido del deber rancio y polvoriento,alguien que vive anclado en leyes de clanes que ya no deberían existir.O quizás imagina a un joven arrogante y cargado de prejuicios tradicionalistas,alguien que cree que puede cruzar medio mundo para reclamar una esposa como quien recoge un paquete extraviado en la oficina de correos Pero hay un pensamiento aún más oscuro que empieza a cobrar forma en su cabeza,uno que la hace apretar los puños hasta que sus nudillos se vuelven blancos.Si ambos poseen esa Inocencia tan especial,el compromiso podría ser algo mucho más siniestro que un simple pacto antiguo ¿Y si la intención oculta de los altos mandos es cruzarlos para intentar crear al "ser perfecto"?.La idea de ser utilizada como un experimento biológico para engendrar una nueva generación de armas para la Orden le revuelve el estómago.La posibilidad de que el Vaticano esté jugando a ser Dios con sus vidas,buscando un linaje de guerreros definitivos,le parece la mayor de las traiciones -¡Es un pervertido!-grita Komui,recuperando milagrosamente el habla por la pura fuerza de su indignación -¡Seguro que te ha estado espiando desde las sombras todos estos años! ¡Lenalee,no hay otra opción:nos fugaremos! Él se levanta del suelo con una agilidad desesperada,agitando los brazos como si ya estuviera empacando sus pertenencias -¡Viviremos en una cueva,comeremos raíces y cambiaremos nuestros nombres! ¡Nadie encontrará a mi pequeña allí! ¡Yo seré 'Juan' y tú serás...'Margarita'! Lenalee ignora las divagaciones de su hermano como quien ignora el monótono ruido de la lluvia contra el cristal.Con un gesto metódico y elegante,alisa los pliegues de su falda,eliminando cualquier rastro de la agitación anterior.Su expresión,que hasta hace un momento era una mezcla de incredulidad y bochorno, se transforma radicalmente.Sus facciones se endurecen y una calma aterradora se instala en su rostro,dándole una autoridad que silencia incluso los sollozos de Komui -No nos iremos a ninguna parte,hermano-sentencia ella Con un movimiento seco y decidido,deja caer el documento arrugado sobre el escritorio de Komui.El papel aterriza sin ceremonias sobre una pila de informes olvidados,con el sello de lacre roto esparcido como cenizas -Deja que venga -¿Eh?-Komui parpadea,deteniéndose en mitad de un gesto dramático mientras se seca las últimas lágrimas con el puño de su bata - ¿Lo... lo aceptas? ¿Te vas a casar con ese bárbaro de la Rama Asiática sin más? -Por supuesto que no-responde Lenalee Camina con paso firme hacia el gran ventanal de la oficina,ignorando con una elegancia gélida el desorden de prototipos oxidados,planos amontonados y tazas con moho que salen a su paso.Su zancada es rítmica,la de un soldado que ha recuperado el centro de gravedad tras el impacto inicial de una emboscada Desde allí,observa el patio principal de la sede de la Orden Negra.Bajo el perpetuo cielo gris de Londres,los carruajes y los trenes de vapor llegan y parten constantemente,soltando bocanadas de humo blanco que se pierden en la niebla.Es un hervidero de actividad,pero la mirada de Lenalee se proyecta más allá de las murallas,hacia el horizonte donde el Támesis se funde con el puerto -Voy a esperar a que llegue ese tal Kanda-continúa,y su tono se vuelve más afilado,despojado de toda la suavidad que suele dedicar a su hermano o a sus compañeros Sus manos se apoyan en el marco de la ventana,apretando la madera con una fuerza sorda. -Y cuando lo tenga frente a frente,le voy a dejar muy claro lo que pienso de sus "Acuerdos de Vinculacion".Si cree que puede cruzar el mundo y obligarme a casarme con él solo porque un trozo de papel firmado por una niña de seis años lo dice,se va a llevar una sorpresa muy desagradable. Entrecierra los ojos.Por un instante,el reflejo en el cristal muestra algo inquietante.Sus pupilas violetas parecen brillar con una intensidad sobrenatural,alimentadas por la chispa de su propia Inocencia,que reacciona a su indignación -Te estaré esperando en Londres,Yu Kanda-susurra para sí misma,con un aliento que empaña brevemente el vidrio.Es un desafío lanzado al viento,una declaración de guerra personal -Prepárate Mientras tanto,a miles de kilómetros de distancia,la bruma marina golpea con fuerza la proa de un navío que surca las aguas del Índico.En la cubierta,la figura solitaria de un espadachín de cabello largo azabache,recogido en una coleta alta,se recorta contra el horizonte plateado.Sus ojos azules,frios y profundos como el océano que atraviesa,observan la distancia con una intensidad que podría cortar el acero No hay rastro de duda en su rostro,solo una determinación sombría que hiela la sangre de cualquier tripulante que se atreva a cruzarse en su camino.Sus dedos,callosos por años de empuñar a Mugen,rozan por un instante el frío metal de su espada antes de ajustarse los guantes del uniforme.El tiempo de la espera ha terminado,el mecanismo que él y ella pusieron en marcha hace una década finalmente ha llegado a su hora cero.Con la calma tensa de quien se dirige a un campo de batalla,el espadachín se prepara para cumplir su promesa
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