ID de la obra: 1636

Manten los ojos cerrados || Shinran

Het
G
Finalizada
3
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
4 páginas, 1.644 palabras, 1 capítulo
Descripción:
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Capítulo único

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             Suspiró derrotado. A Ran le bastaba con hacer un leve puchero en sus labios para convencerlo. La miró malhumorado, tratando de ocultar vanamente el calor en sus mejillas, y en un murmullo cargado de orgullo accedió a cerrar sus ojos. Lo último que vio fue la sonrisa alegre de su novia quien, en un santiamén, dejó oír sus apresurados pasos alejándose al grito de un “¡Ya regreso! ¡No los abras mientras no estoy!” Se veía tentando a desobedecer aquella orden con tal de obtener cualquier mínima pista de lo que su novia estuviera planeando. Fingir sorpresa, luego, no sería ningún problema, pero sabía que ella ―en sus largos años de experiencia― lo descubriría con tal solo verlo a los ojos. Además, una parte de sí; la más sensata; quería ser cien por ciento sincero con ella. Tamborileó su pie contra el suelo en busca de apaciguar su ansiedad. Las cosas entre ellos se habían vuelto así desde su primera cita, aquella tan decisiva y especial, en Tropical Land. Aún podía oír los gritos en la montañana rusa aturdiéndolo, sentir el tacto dulce de la mano de Ran al posarse sobre la suya haciendo contraste con la barra, fría y metálica, de seguridad. Sí, aún podía recordar todo eso. En aquel momento creyó que no resistiría el fuerte bombeo de su corazón, ni cómo la sangre se había irrigado hasta sus mejillas tiñendo su pálida piel de rojizo mientras sus ojos no daban crédito a lo que veían. Ran, la chica de la que ha estado tan enamorado, entrelazaba sus dedos sobre los de él. La calidez de ella se transmitía a su tenso cuerpo que aún se estaba acostumbrando al entorno. Quiso que aquello fuera eterno y que, de ser un sueño, nunca despertar. Deseó, también, que fuera el primer paso de muchas muestras de afecto en el futuro. De pronto, la suave voz de ella movió su atención a su rostro. Escuchó como lo llamaba con nerviosismo y se preparaba para decir algo que él no llegó a oír. Su mundo perfecto se vio interrumpido por el funcionamiento del juego. A Shinichi se le instaló un sabor amargo en la boca al recordar la chica que lloraba al bajarse de la atracción. Ran había comentado que seguro era por algún problema amoroso y él, ante tal respuesta, no pudo hacer más que asentir. Después de todo, los asuntos del corazón quedaban fuera de sus manos ya que excedían su entendimiento. Más tarde supo, por el inspector Megure, que Ran había dado en clavo, pero que el asunto iba más allá de eso. Aquella joven mujer había planeado asesinar a su ex durante el funcionamiento del juego, pero antes de siquiera intentarlo, se vio envuelta en recuerdos que le llenaron los ojos de lágrimas y, finalmente, tras bajar decidió entregarse a la policía confesando todo. Su mente evocó dos figuras que no había vuelto a ver desde que descendió de la montaña rusa: dos hombres que vestían de negro. ¿Qué habrá sido de ellos? Por mucho que le insistió al oficial investigar, no halló ninguna información al respecto y el tema quedó disuelto en la nada. En Japón no sucedía nada tan peligroso y elaborado como una organización secreta internacional, que actuaba bajo sus propios fines y asesinaba a todo aquel que considerara un estorbo, como había llegado a creer su loca mente de joven detective. Pero lo mejor de aquel día no se había limitado al roce con Ran en la montaña rusa, ni al hecho de que ninguno soltó la mano del otro pese haber abandonado aquel juego hacía ya bastante tiempo. Lo mejor de la noche fue el momento en el que tomó valor y, deteniendo su andar, se animó a preguntar: ―Ran… ¿Qué fue lo que intentaste decirme cuando ―las palabras se le atoraron en ese momento y la pregunta perdió fuerza. Ninguno había comentado sobre el hecho de que aún se entrelazaban sus dedos y se negaba a ser el primero―, ya sabes… sucedió esto… A Ran le tomó un momento recuperar el aire en sus pulmones. Captando a lo que se refería, cerró sus ojos y apretó la mano de su acompañante con fuerza; el corazón le golpeó sonoramente el pecho y sus mejillas ardieron al rojo vivo; a Shinichi toda la situación le ponía tenso, pero ver cómo Ran abría sus ojos con decisión lo cautivaba por completo. De pronto, tras esa corta secuencia, la voz melodiosa de la joven inundó sus oídos. ―Que… me hacía mucha ilusión venir aquí contigo, Shinichi. ―Podía ver, a través de esos iris, el deseo de añadir algo más. La pequeña mordedura ansiosa en sus labios le confirmó su prematura hipótesis. Sonrió y aventurándose cuestionó: ―¿Solo eso? ―Ran no respondió― A mí también me emociona la idea de estar juntos. ―… estar juntos… en el parque de atracciones, ¿no? ―… Shinichi la atrajo hacia sí. ―… ¿no? ―Me gustas. Las luces de las maquinas iluminaron la escena con colores; la música se reducía al silencio mientras los pies de Ran se inclinaban en puntita para alcanzar el rostro de quién tenía en frente. El mundo se detuvo en el instante en que sus labios presionaron con suavidad la comisura de aquel castaño que tantas noches de insomnio le había provocado, y regresó a su andar cuando se miraron ―él aturdido por el beso que no esperaba, y ella dispuesta a dar uno más―. ―Entonces… esto nos convierte en… Él se inclinó y apretándole la cintura con seguridad, la besó. ―Novios. ―Novios ―repitió contagiandose de aquella empalagosa sonrisa. El eco de unos pasos firmes y alegres lo devolvieron a la realidad. Por instinto estuvo a punto de abrir sus ojos, pero una voz, que captó sus intenciones, se apresuró a ordenarle “¡Aún no!”. Cuando la respiración de ambos se convirtió en el único sonido que inundaba la habitación, supo que ella ya estaba en frente suyo. Y dedujo, con mucha certeza, que le sonreía. Todos sus esfuerzos por obedecer aquella orden se esfumaron cuando sus labios sintieron un leve sabor a cereza tras el choque con otros. Ran se había puesto labial mientras él la esperaba. ―¡Ahora sí! ¡Feliz cumpleaños! La vista de Shinichi descendió en paralelo a las manos de Ran que ascendían con un caja envuelta en un papel rojo ―¡Claro! Ese era el motivo por el cuál esa mañana ella le había preguntado “¿Qué color prefieres? ¿Rojo o azul?"― y decorada con un lazo. Como un niño emocionado se deshizo del envoltorio y sacó con prisa el contenido. Sus manos rápidamente sintieron la suavidad de una larga tela y el relieve de las costuras. Ante sus ojos estaba la vestimenta completa de Sherlock Holmes. Su rostro se iluminó y no tardó en probarse el sobretodo beige acuadrillado. Ran pensó que no existía en el mundo vista más hermosa que aquella que estaba presenciando: su novio sonriendo. Shinichi observó con mayor detenimiento el interior de la caja, donde reposaba el resto de ropa que complementaban la vestimenta junto a una pipa de madera en una de las esquinas. Moría de ganas de probarse todo eso ya mismo y su novia, que tan bien lo conocía, lo animó a hacerlo. Fue así como halló un pequeño sobre blanco oculto en uno de los bolsillos del traje mientras se cambiaba en el baño. Aquella chica no dejaba de sorprenderlo. En él solo había una secuencia de números. Ya vestido, dispuesto a lucir el traje hecho a su medida a la perfección, ingresó nuevamente a la habitación con la pregunta “¿Qué es esto?” mientras alzaba el papel. Pero nadie respondió. Miró a un lado, miró al otro. Estaba solo y por sobre su almohada descansaba otro trozo de papel. “Sr. Sherlock Holmes, si quiere saber qué está pasando, deberá reunir todas las pistas y posteriormente descifrar el código. Estaré esperando por nuestro encuentro. Buena suerte.” En el márgen inferior podía verse la marca de un beso color cereza. Ran había elaborado un pequeño caso para él, convirtiendo la casa de los Kudo en la escena de un falso crimen. Rio emocionado. Sus pasos no impidieron que su voz resonara en las paredes de la casa tras preguntar sin esperar respuesta: ―¿Cuál será la recompensa al encontrarla? ― Ya se imaginaba sintiendo una vez más el sabor de aquel labial rojizo de su novia, ese que tanto le fascinaba, hasta devorarlo por completo. Shinichi, sin dudas, tendría una larga y divertida noche de cumpleaños.

***

• E X T R A •

      Ran era excelente para esperar, había desarrollado aquella habilidad tras el (no) divorcio de sus padres. Pero su novio la había malacostumbrado a las resoluciones rápidas. Es por eso que empezó a preocuparse cuando notó que llevaba diez minutos escondida y aún no había escuchado los pasos de su pareja cerca. Estaba segura de que el caso no era tan difícil para una mente como la de Shinichi, entonces ¿por qué aún no aparecía? Si las pistas no eran suficientes para revelar su escondite, el olor a comida casera debía serlo. Mordió sus labios y alisó su vestido. Decidió esperar cinco minutos más, pero nada pasó. Claro, había olvidado otro detalle: era buena esperando, pero aún mejor escondiéndose. Suspiró y dobló la carta que aguardaba en sus manos. El juego no terminaba al encontrarla a ella. Había pistas por toda la casa, incluso en la comida que tanto se había esmerado en preparar. Rogaba que su novio no descifrara todo antes de lo planeado porque, si tenía algo de suerte a su favor, podría proponerle a Shinichi ser algo más que novios a partir de esa noche. Solo esperaba que ese bendito anillo aún se hallara oculto donde lo dejó. Cerró sus ojos y así los mantuvo en espera de alguien que ya llevaba un buen rato contemplándola en silencio mientras sonreía embobado.

🦋 F I N 🦋

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