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Muy pocas veces se tenía una oportunidad como esa. Gracias a un informante anónimo el departamento de policía tenía una certeza, uno de sus peores criminales se reuniría con sus adeptos en un almacén abandonado por la madrugada, para preparar una oleada de crímenes que abarcaría las zonas más acaudaladas de la ciudad, de entre los cuales robar no era el peor delito, sino incendiar una gran hilera de casas del mejor vecindario.
Gran parte del departamento de policía se encontraba rodeando el almacén y sus calles cercanas. Un enorme grupo de hombres con armas y chalecos antibalas se mantenía con la mirada en alto pero con un enorme miedo latente. Miraban a los tejados aledaños, esperando que su héroe fuera a acabar con todo de una vez, para dejar de pensar en la cantidad de posibles muertos que tendrían esa madrugada. El jefe oficial de toda la operación levantó un megáfono. – Los tenemos rodeados, salgan con las manos en alto y nadie saldrá herido. La estruendosa voz no levantó ningún movimiento. El oscuro almacén todavía estaba silencioso como si allí dentro no hubiera una cantidad considerable de criminales con armas de fuego. Los siguientes dos minutos fueron los más largos. El encargado volvió a hablar a través del megáfono – Si no salen en ocho minutos, entraremos a la fuerza. No lo hagan más difícil de lo que es. Esta vez, cierto hombre se encontró parado en el edificio que daba al frente del almacén. Algunos policías notaron su presencia pero poco le importó. Contó para sí mismo cada segundo. Hasta que la cuenta finalmente tenía diez segundos para acabar. Tomó un atajó y aprovechando su límite de tiempo descendió hasta el interior del almacén empujando todo su cuerpo contra los vidrios del interior. Lanzó algunas bombas de humo antes de que las personas dentro del almacén pudieran saber de quién se trataba. Dejó el resto del trabajo para los oficiales cuando abrió la puerta del interior, no eran los criminales fáciles de atrapar lo que le preocupaban. Se tendió nuevamente sobre el edificio y observó una delgada silueta conocida escabulléndose por un callejón oscuro a la vuelta del almacén. Corrió con todas sus fuerzas hasta posicionarse sigilosamente en el espacio sin salida que su mente criminal parecía querer utilizar. “Joker” Susurró para sí mismo. El hombre estaba de espaldas, arrastrándose hasta el enrejado que tenía enfrente como si tuviera una posibilidad de escapar. Comenzó a reír pero no hizo más que dar dos pasos ignorando al hombre. Cuando Bruce se acercó a él para sostenerlo del brazo e inmovilizarlo, un aroma que jamás esperó sentir en esa situación se coló en su pecho de una forma muy molesta. Observó callado. El inusual aroma comenzaba a mezclarse con el de la ciudad y eso solo lo hacía todavía más real. Aroma a omega. “J..” Estuvo a punto de decir cuando sintió la presencia de una enorme fila de uniformados detrás de él. La policía estaba esperando a que se corriera del camino para poder arrestar al villano que yacía en el suelo emitiendo lo más cercano a una risa forzada. Tal vez el aroma fresco y, de cierta forma, inocente hizo que Bruce dejara de lado la actitud fuerte y por un momento creyera lo que estaba sucediendo frente a sus ojos. Joker era omega, y estaba enfermo. Su olfato nunca fue capaz de saber cuál era el subgénero de Joker y por varios años creyó que el villano era una loca excepción a ser alfa o omega, por Dios, tenía casi asegurado que él era un beta. Pero de un segundo a otro saber aquello se sintió que lo cambiaba todo. No solo era un omega, sino que se encontraba gravemente enfermo, lo cual pudo saber gracias a su perfecto olfato que podía predecir hasta el subgénero de alguien que veía de lejos, un enfermo omega tan grave era fácil de reconocerse para un alfa puro como lo era en este caso. Dio unos pasos atrás, y justo cuando la policía comenzó a acercarse también inhibidos por el aroma suave, el hombre en el suelo dijo de una forma ronca. — ¡La fiesta no termina! Y de un segundo a otro, el ahora omega estaba de pie con una cuchilla en sus manos, siendo lo suficientemente rápido para rajar la mejilla del caballero oscuro, quitándole algo de sangre en el proceso. No conforme con eso, se acercó rápidamente al policía que se veía más cerca (y más asustado) e intentó clavar a medias la cuchilla oxidada en su torso, retorciéndola con los últimos milisegundos que le quedaban antes de que Batman le propinara una paliza suficiente para devolverlo al suelo. No podía creer que él hubiera hecho todo eso tan enfermo. Al agacharse para inmovilizarlo y colocarle unas esposas, el aroma parecía darle una bofetada. Joker decía incoherencias a las que el héroe no estaba realmente interesado. Aún así inmovilizarlo fue igual de difícil que cualquier otra ocasión. Hubo mordidas e intentos de patadas, y todo eso salía del mismo hombre que desprendía un aroma que ahora parecía caer debido a la enfermedad. Los policías que se atrevieron se acercaron para sostener a Joker de los brazos y llevárselo lo más antes posible. Bruce los siguió hasta la patrulla notando claramente que el villano era arrastrado para caminar. — Está enfermo, deben llevarlo al... El jefe de policía, un beta, se le adelantó con la mirada fija sobre él. — Lo sabemos, ahora nos encargamos a nosotros, Batman. Su forma de hablar fue un vano disimulado intento de decirle que se fuera de una vez de la escena, como si ellos hubieran sido quienes atraparon al mayor criminal y se deshacían de las molestias. Bruce lo ignoró, ni siquiera tuvo tiempo de detenerse en las palabras del oficial porque ahora mismo estaba perdido mirando a una sola cosa. El joker con la cabeza gacha dentro del vehículo, las luces iluminando su cabello, y la sensación de que cada parte de ese criminal estaba muriendo poco a poco. Tan… extraño. y preocupante. Desapareció cuando el oficial se dio la vuelta a repetirle que se vaya.***
Aquella noche no durmió bien, o lo poco que se esperaba que pudiera hacer con seis horas de sueño en una semana caótica como todas las demás. En las noticias locales, solo se informó acerca de la captura de uno de los mayores villanos de la ciudad, por suerte de Bruce, en ningún momento los artículos mencionaban algo acerca del subgénero del villano y eso le transmitió una cierta paz al saber que los involucrados en las fuerzas policiales eran más bien discretos. O eso esperaba. Por otro lado, esa mañana se dirigió a su escritorio y antes de que saliera el sol, escribió en su computadora con información de Joker. “Es omega” Tecleó y se quedó en su silla mirando a la computadora como si acabara de ver algo muy relevante. Tratándose de un hombre del cual nunca supo exactamente ni su edad ni su verdadero nombre ese era un paso muy grande en saber acerca de él. Y se trataba de un omega, el subgénero más bajo en la sociedad, el tipo de personas relegadas a ser amas de casa y vivir bajo el acecho de quien sea que quisiera aprovecharse de seres tan indefensos. Y ahí tenía un asesino en serie de sangre fría, esparciendo hormonas como si fuera normal. Existían mil intrigas dentro de él ¿Por qué ahora? Después de años de luchas y de heridas que dejarían agotado hasta a un buen alfa, en ningún momento Joker se dio la vuelta para decirle que se tomaría un descanso a su manera. En ninguna pelea sintió sus feromonas ni algo parecido, incluso cuando lo intentó. ¿Por qué explotaba en este momento? Cuando escuchó la voz de Alfred llamarlo para que de una vez fuera por su desayuno, sus pensamientos se dispersaron brevemente. Luego justo cuando estuvo a punto de apagar su computadora, otro recordatorio, Joker está enfermo, gravemente enfermo. Sabe que si sigue ahí, de pie perderá tiempo valioso de su mañana, pero sabe que no puede permitirse quedarse sin visitar a Joker aunque sea una sola vez, y luego se dice a sí mismo. “No estoy preocupado, solo lo visitaré porque los médicos podrían haber descubierto algo acerca de su condición, y la información es poder” Al bajar las escaleras ve su plato de desayuno y decide empezar la mañana, quitándose de la cabeza que anoche arriesgo su vida destapando otra red criminal. Comienza a beber de su vaso de jugo de naranja, lo suficiente entusiasmado para empezar su día. Pero incluso ahora mismo cuando lo bebe, el jugo se siente como una roca pasando por su garganta, debido a que tiene la mirada de Alfred sobre él como si lo estuviera juzgando duramente con los ojos. Deja su vaso — ¿Qué sucede? Alfred dice sin rodeos. – Los “criminales” que atrapó anoche, señor, no eran criminales. Y de pronto el rostro de Bruce se tornó pálido y como si lo hubiera esperado hace rato, Alfred prende la televisión frente a ellos que quedó pausada con las noticias del último momento. Se muestran imágenes del almacén abandonado que visitó anoche, los supuestos criminales con armas a los que no les prestó mucha atención, eran en realidad civiles inocentes con máscaras y armas de fuego atadas a sus manos con cinta de embalar. Lo que le hace recordar a Bruce, que lanzó una bomba de humo a personas amenazadas por quedarse quietas en un lugar con poca ventilación. Se lleva las manos a la cabeza y mira hacia abajo mientras en las noticias se reproduce la entrevista a una de las víctimas de Joker desde la camilla de un hospital. “Batman nos lanzó bombas de humo a nosotros ¡Civiles inocentes, por dios!” –Me temo, que esa no es buena publicidad– lanza Alfred, mientras apaga el televisor para dejar solo a Bruce, quien no puede creer que no lo notó, piensa como pudo ser que estuviera distraído como para no fijarse primero, y de pronto, recuerda que estuvo distraído por Joker. Se maldice internamente. El resto de la mañana se dedica a inspeccionar los informes de su empresa. Todo acerca de las nuevas inversiones y un informe abreviado pero detallado acerca de sus ingresos, y por suerte a diferencia de su carrera como héroe, todo marcha con absoluta normalidad. Mientras se encuentra revisando informes y pasando de junta en junta decide prestarle más atención a los hombres y mujeres de traje que trabajan en su empresa. Nunca antes se había parado a pensar en cuantos alfas ocupan grandes puestos de trabajo, pero en su empresa los hay y nunca se tomó el tiempo para pensar en la desigualdad de condiciones, lo cual lo mantiene un poco apenado. pero lo toma como otra oportunidad para cambiar algunas cosas en su empresa, al igual que cuando donó a refugios para omegas en situaciones difíciles. Exactamente un mes después, Bruce se pone el traje, y decide salir un poco más temprano esa noche. Se dirige al asilo de Arkham, solo para verlo una vez más.