Unión

Mezcla
NC-17
En progreso
2
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 4 páginas, 1.512 palabras, 1 capítulo
Descripción:
Notas:
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Capítulo 1

Ajustes
Mi padre me había contado de su experiencia de pasar de una vida a otra. Como es que Pandora era más que un lugar en una luna lejana llena de ecosistemas diferentes y únicos o de criaturas impresionantes, si no que era un hogar que nunca creyó encontrar. Era la plática común que nos narraba cuando nos reuníamos alrededor del fuego en las noches para cenar, como ocurrió su segundo nacimiento, su forma de adaptarse a su nuevo aspecto, su nueva razón al ser aceptado al clan y volviéndose parte de él. Nos enseñaba y trataba de explicarnos la diferencia de su primera vida a esta, como es que temía despertar y perder nuevamente sus piernas e incluso como sus miedos se iban transformando conforme pasaba el tiempo en Pandora y con mi madre. También tenía una forma peculiar de sentir, una que ninguno de nosotros llegamos a comprender del todo, ya que sin ser el guía espiritual juraba poder escuchar a Pandora y a Eywa… tenía una conexión única. Mis hermanos conforme pasaban los años se aburrieron de las historias y con ellos el clan también dejo de escucharlas, pero mi padre tenía algo cuando nos narraba sus recuerdos que me encantaba oírla una y otra vez, me daban ganas de sentir lo que el sintió, poder ser parte de eso. Pero muchas cosas cambiaron después de la guerra contra los hombres del cielo. -Levántate. – Ordeno de forma grave, sabiendo con seguridad de que ya se había sentado en el suelo. -La luz ni siquiera ha llegado al lugar acordado, aún no es tu descanso. -Al diablo. -Muevo mis orejas contra el extraño insulto, algo de la vida pasada de nuestro padre que Lo’ak no soltaba. -Estoy cansado. -No puedes descansar ahora. -Tomo uno de los arcos que traje por si avanzábamos en el entrenamiento, sosteniéndolo un momento para girarme a ver a mi hermano que no tenía intensión de pararse. -Tu cuerpo pide que pares, pero tu pueblo grita de que no los dejes. -camino con tranquilidad a su alrededor, notando su cola moverse con curiosidad. -Te rindes y sin esperarlo, uno a uno comienza a matar a tu gente. Sin previo aviso le doy un golpe áspero en su espalda con mi arco, intentando que se levante. Solo lo veo quejarse, siseando de forma baja por el golpe y lo vuelvo a golpear, golpe tras golpe hasta que se molesta, levantándose de golpe para golpearme y retrocedo, tensando el arco contra mi flecha apuntando a Lo’ak que se queda quieto. -No es justo. -Se queja. -En la guerra nada es justo. -Tenso aún más el arco al verlo en conflicto. -Un Olo’etyktan descansa hasta que su pueblo está a salvo. -Lanzo mi primera flecha, viéndolo esquivarlo. Su rostro demuestra lo confundido que esta, probablemente esperaba que solo fuera una forma de molestarlo. -Neteyam… - ¡Ataca! -Gruño, tomando otra flecha de mi espalda. -Papá… Nuestro padre ¿Era así de duro contigo? -Eso me toma desprevenido, causando que baje lentamente mi arco un tanto inseguro sobre seguir presionándolo. -…No… -Tardo un poco en contestarle, bajando del todo mi arco. -Fue peor… -Confieso, sonriéndole un poco al notar su expresión de preocupación por mi actitud. -Agradece que soy yo el que te esta entrenando. -Lo siento… - ¿Mi pequeño skxawng por fin maduro? -Me relajo después de horas de estar entrenando. - ¿Por qué lo sientes? -Por tomar tu lugar en el pueblo. -Murmura como si le avergonzara el solo decirlo y mis orejas bajan ante su tono. Paso mi mano suavemente sobre la suya, tanto de calmarlo. -Si no hubiera sido por… -Voltea a ver la cicatriz pálida en mi pecho. Habían ocurrido demasiadas cosas en la guerra, mi cuerpo termino herido tras una bala que me alcanzo al intentar salvar a uno de mis hermanos. Mi espíritu por días floto entre la vida y la muerte, mientras que mi cuerpo quedo bajo las olas del clan Metkayina, siendo sostenido por Eywa, hasta que decidió mi destino. Un mes después de haber estado entre las almas, pude salir del agua, pero ya nada era igual. El primer cambio que sentí fue de lo que mi padre siempre trató de explicarme; Era capaz de sentir todo a mi alrededor respirando conmigo, los latidos de Pandora mezclándose con los míos. Yo ya no era un oyente de las historias, era parte de ellas. Pero no todo fue bueno, tan pronto pude llegar al clan Metkayina, caí enfermo, una fiebre que según Lo’ak duro días y por lo que todo el mundo se descontrolo. Eywa me había regresado a la vida, pero todo mi sistema se vio cambiado por los dones que me otorgo. -No fue tu culpa…- Contesto sin dudarlo, presionándome contra él, admirando en el hombre que se era. -De nadie. -Aprieto su mano, notando su molestia. Spider ya no era aceptado en ningún clan después de lo sucedido. -Éramos niños en una guerra que no nos pertenecía y tu querías salvar a nuestro hermano. -Esa cosa no es mi hermano. -Lo es… -No, ustedes son mis hermanos, a quienes debía defender. -Se aparta de mí, luciendo aún más incómodo. - ¡Lo’ak! – Regaño por su tono. -Nos defendiste… - Intento detenerlo, poniéndome enfrente de él para evitar que se vaya, su energía no lucia bien. -Nunca te he culpado por lo que decidiste en ese momento y nunca lo haré. -Sostuve su rostro con cuidado, sonriendo ante sus ojos tristes. -Te tenía celos… -Susurra como un niño. -Nuestro padre te adoraba, eras su hijo guerrero que nos protegía y… pensaba que salvando a ese… ¡Alienígena! -Lo’ak te Suli Tsyeyk'itan. -Lo detengo, sin querer que ese odio lo domine. -No uses mi nombre completo, suenas como mamá… -A veces mamá tiene razón. -No quería que nada de esto pasara. -Escucho su murmuro dolido, notando como baja su rostro. -Lo sé. -Paso mi mano por su nuca, obligándolo a presionar su rostro en mi hombro y la sensación de sus lagrimas en mi piel no tarda. -Lo sé, hermanito. -A veces Lo’ak se veía tan imponente en las reuniones, era el heredero, pero en momentos como este podía ser lo que realmente era, un niño asustado que necesitaba llorar. -Esto era tuyo y debería seguir siéndolo. -Sostiene el collar en su cuello, las cuentas que un Olo’eyktan lleva con orgullo desde el día de su sucesión hasta el día de su muerte, algo que use por un muy corto periodo de tiempo. -Son tuyas… -… ¿No te arrepientes de todo esto?... -Regresa su atención a mí. Por años evitamos tantas platicas que creaban una brecha tan amplia, que el verlo siendo honesto era refrescante. -No, en realidad no. -Bajo mi mano, siendo yo el que se aleja ahora. -Este no era mi destino. -Presiono el collar en su cuello. -Y Eywa lo sabía… -Pero todo es un desastre… -Lo que paso no estuvo en nuestras manos, pero si lo que pasara. -Sonrió de lado, tratando de animar el ambiente. -Y no me gustaría perderme como mi patético hermano, inmaduro, torpe y desaliñado se vuelve un buen líder. -… ¿Soy patético? -Sonrió al por fin escucharlo reír. - Si no lo recuerdas, soy Lo’ak te Suli Tsyeyk'itan, hijo del gran Toruk Makto y la poderosa heredera del clan Omaticaya, próximo líder y guerrero que defenderá al clan de las personas del cielo, destruyéndolos y exiliándolos de los bosques, mares y… todos los biomas donde haya vida. Sabía que mis ojos reflejaban un cansancio ante el tono burlón de mi hermano y su título. -Por favor no humilles al clan usando ese titulo tan absurdo. -Lo empujo, alejándome de el lo suficiente para tomar mi arco del suelo. -Todos deberán usar ese título. -Si me derribas, aunque sea una vez… -Tomo una de mis flechas, jugando un poco con ella entre mis dedos. -Te llamare por ese torpe y ridículo título. Hace días que no lograba ver a mi hermano así de relajado, su rostro reflejando la seguridad que necesitaba. Estiro la flecha, tensando el arco, preparado para soltarla, teniendo a Lo’ak atento para cualquier cosa. Pero nuestra practica se vio interrumpida por la sensación que me recorría la columna, algo peligroso. Baje un poco el arco, girándome a unos árboles, esperando en silencio, hasta que nos cubren levemente unas sombras amplias. En lo alto, más arriba que las hojas de los árboles pasan en toda velocidad varios Ikranes que se mueven en grupo, siendo liderados y mi vista pasa con ellos, notando como van en dirección al nuevo árbol de la vida, nuestro refugio. -Llama a tu Ikran… -Ordeno a Lo’ak que luce igual de desconcertado que yo. - ¡Ahora Lo’ak! Asiente, creando un chiflido agudo con sus dedos, una que le enseño nuestro padre y su Ikran aparece frente a él, esperando su mando. Paso mi arco por mi cuerpo, llevándolo por si acaso y corro hasta donde esta, tomando su mano cuando su Ikran comienza el vuelo, subiéndome como puedo detrás de él, sosteniéndome en lo que empieza su vuelo para ir detrás de los Ikranes, rezando que no sea nada grave.
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