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Todos se preguntaban por qué Alioth parecía inmune a todo, incluso a su príncipe. Parecía una faceta estructurada y trabajada al detalle para no mostrar la verdad, pero nadie se atrevía a decir nada. Loki, sin embargo, podía exigir respuestas, aunque no las necesitaba, él ya sabía todo lo que necesitaba saber. Era de noche, pasadas las doce, y Alioth se encontraba en ese instante en la torre más alta del castillo, sentado en el borde del mirador observaba las estrellas. Loki se acercó sigiloso, aunque no era necesario, Alioth lo había notado dese el primer paso. Era algo innato en el midgardiano, saber que Loki estaba presente parecía parte de sus sentidos naturales. Loki se sentó a su lado, aun manteniendo el silencio y con una tensión palpable que emanaba de él. El ambiente se cargó de la magia de Loki, casi como si quisiera demostrar que el que tenía las riendas de todo lo que allí pasara era él y que eso incluía a Alioth. Alioth tragó saliva sabiendo que vendría una conversación que había estado evitando durante meses. Desde que llegó a Asgard lo había sentido, una afinidad hacia Loki, la certeza de que él nunca le hará daño. Pero nunca quiso ponerle nombre a esas sensaciones ni quiso pararse a pensar en los sentimientos que iban creciendo con el tiempo, haciéndose más fuertes, más evidentes. —Siempre pensé que no durarías ni un día aquí. La voz de Loki sonó como un susurro gélido, pero Alioth sabía que eso solo era su coraza, la defensa de alguien que ha sido traicionado y roto varias veces. —Pero estoy aquí. —Sí, y eso es lo que no logro entender.—Dijo Loki con una risa corta, amarga. —No hay mucho que entender.—Dijo Alioth encogiéndose de hombros.—Me gusta estar aquí, la paga es buena y el trabajo no es tan aburrido como parece. Loki soltó un bufido. —¿Solo eso? —Solo eso.—Afirmó Alioth aunque era obvio para ambos que omitía detalles importantes. De pronto Loki se giró para mirarlo directamente a los ojos, verde contra ámbar en un duelo silencioso. —Si vas a intentar mentirme a mí deberías ser más convincente. Una sonrisa se formó en el rostro de Loki, aunque no era feliz, era peligrosa, depredadora. Alioth sintió que no había más escapatoria. —Bueno, estoy seguro de que ya sabes mis motivos.—Masculló Alioth. —Pero quiero que lo digas. Loki vio a Alioth tensarse, pero se mantuvo impasible, no iba a parar hasta que el mortal, su estrella de midgard, dijera en voz alta lo que guardaba en el fondo de su ser, todo aquello que sentía. Porque Loki lo sabía, claro que sí, pero necesitaba escucharlo. —Creo que siento cosas por ti. Loki sonrió ahora más suave. —¿Qué tipo de cosas? —Cosas...—Alioth hizo una pausa respirando hondo.—Cosas como que me gustas, como que te amo. Loki lo tomó de las mejillas con ambas manos y lo miró con más intensidad que nunca, algo que rozaba lo febril. La magia en el ambiente comenzó a sentirse como electricidad. —Así que mi pequeña estrella de Midgard me ama.—Dijo Loki con un deje de orgullo en su voz.—¿Sabes lo peligroso que es eso?—Preguntó al vez que acariciaba con sus pulgares la piel ajena. —Lo sé. Lo sé y no me importa. —Imprudente.—Dijo con una risa genuina Loki.—Siempre lo has sido, desde el momento en que aceptaste venir a Asgard para servirme. Ahora Alioth pudo sentir la magia de Loki envolverle de manera cálida. El silencio se apoderó del momento. Alioth no sabía qué decir, sus defensas bajaron completamente haciéndolo sentir expuesto. Loki no dejó de acariciar sus mejillas en un movimiento casi hipnótico. Alioth sintió que el sueño le invadía y entonces Loki le besó. Un beso corto y suave que lo dejó aún más aturdido y luego solo cayó profundo en la inconsciencia del sueño.***
Alioth despertó a la mañana siguiente. Estaba en su habitación habitual, todo era normal, como siempre, pero en su interior todo se sentía diferente, como si la noche anterior lo hubiera trastocado todo. Se llevó los dedos a sus labios al recordar el beso antes de dormir. No tenía ni idea de cómo iría todo a partir de ese momento, quizá podría bajar sus barreras un poco, ya no tenía sentido fingir que no sentía nada.Quizá esto no cambiaba nada en realidad. Pero eso no evitaba que Alioth se sintiera confundido, aturdido y deshecho por sensaciones que ahora eran más intensas, más reales. Loki era su perdición en muchos sentidos y también un amor que no debería darse. Sin embargo, ya no podía evitar la mirada de Loki y el reconocimiento en esos ojos verdes como piedras preciosas. Alioth seguiría su rutina haciendo como que no se da cuenta del coqueteo de Loki. Mientras que Loki sabría la verdad por mucho que Alioth tuviera dudas de la naturaleza de su relación, siempre podría ver a través de él.