Apego hielo, apego fuego.

Gen
NC-17
Finalizada
7
El trabajo participa en el concurso «Entre el Hielo y el Fuego»
Fechas del concurso: 02.03.26 - 31.03.26
Inicio de la votación: 16.03.26
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Tamaño:
11 páginas, 3.750 palabras, 1 capítulo
Descripción:
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Capítulo único.

Ajustes
Algunos datos temporales de este fanfic pueden no ser iguales a la obra original y los personajes pueden tener reinvenciones ligeras debido a que es un proyecto creativo de capítulo único. *** Shane ha estado pensando mucho en esto. Tanto que lo cree innecesario. No va a compartirlo con nadie nunca, su investigación —si se le puede llamar así—es nada más que conclusiones sacadas en base a su inseguridad. No es que no tenga asuntos más importantes de los que preocuparse, pero esto, esto era una molestia igual de incómoda que una piedra en el zapato o la picadura de un mosquito en la nuca. Persistente. Molesta. Angustiosa. Podría decirse que todo comenzó por algo sin sentido. Recordó la vez que visitó Rusia, ese momento en especifico en el que habló con Ilya. Se acercó para saludarlo, estar sentado observando un partido no lo ayudaba a distraerse, golpeo el zapato repetidamente en su asiento, y, antes de que su amigo le preguntase que era lo que le molestaba, él respingo de su asiento. La presencia de Ilya al otro lado de la zona de gradas lo llamaba como un imán, lucía igual que una pintura quieta, ajena a toda la cacofonía de bastones y pisadas sobre el hielo, ajeno al frío de las vayas de metal en las que descansaba las manos. Lo saludó, y de pronto tuvo esa sensación igual que cuando se es niño, y se hace algo mal. Ilya apenas lo miró de reojó, Shane se sintió como romper un cuadro. Como interrumpir una escena que no requería de su absurda presencia. —Solo quería preguntarte cómo estabas —le reclamó. Otro hombre no iba a despreciarlo así. Shane dio un paso adelante, Ilya apenas reaccionó, apretó la mandíbula y Shane tuvo esa sensación de desolación. Le importaba, maldición, más de lo que sabía cinco minutos atrás. —Vete, Hollander. —ordenó sin despegar la mirada del hielo, algunas personas abajo gritaron de emoción, un equipo había anotado un punto pero a Shane no podía importarle menos. Le importaba Ilya, le importaba saber que hizo mal para arruinar esa pintura. Finalmente, Shane deslizó las manos por los fríos barrotes, maldijo en silencio, odiaba discutir, y se fue totalmente humillado. Agradecía que nadie hubiera visto eso. De regreso en su asiento, su amigo comenzó a contarle de lo que se perdió con una emoción en suv voz que le dio celos. Solo recuerda haberse acurrucado de más en su asiento de vista al partido. Ahora, en el presente, el entrenador está anunciando que el próximo partido está cancelado. Sus colegas se quejan pero otros agradecen una noche más de descanso. Shane abre su casillero, su teléfono vibra y lo toma con ambas manos, preocupado de que alguien lo viera. Mira a los lados de reojo, todos estan cambiándose la ropa sudorosa, a nadie le importa más que a él. Ryan lo toca del hombro, le sonríe y Shane devuelve el gesto. —¿Quieres quedarte a cenar en casa? no es que podamos hacer mucho. Shane quiere, con todas sus fuerzas tomar el teléfono, llamar a Ilya y preguntarle cuando se verán la proxima vez. Pero en cambio cierra su casillero, el ruido le devuelve los pies a la tierra. —Claro —¿O tenias otros planes…? —pregunta Ryan, Shane se da cuenta que está mirando el teléfono que tiene apretado entre las manos. —No. —miente con un gesto tenso. —Para nada. Ryan sonríe y agita el puño en señal de victoria. —Genial, llamaré a mi esposa, “solo cómida de pájaros”. —dice tecleando con emoción. Es en ese momento que Shane desearía poder llamar a Ilya con la misma emoción, enviarle un mensaje rápido sin pensar, algo absurdo “Ilya, hoy cenaremos solo cómida de pájaros” piensa y, en automático recuerda que ellos no cenan juntos. *** Es cuando está sentado, cenando con la familia de Ryan que lo entiende. La única razón de que todas las parejas sean diferentes es un hecho crucial: Las formas de apego. Recuerda haberlo leído hace una semana en un post de Instagram: Todas las personas tienen distintos tipos de apego, está el apego seguro, el apego evitativo y desorganizado. Todo esto es según la persona y sus vivencias. Nadie ama de la misma forma ni se relaciona igual. Las parejas fallan cuando sus tipos de apego chocan entre sí. Igual que un apego ansioso choca contra un apego evitativo. Uno da lo que el otro no entiende y viceversa. Shane mira a Ryan sonreír al hablar con su esposa. Lucen tan tranquilos, Shane prueba un bocado de su ensalada. Le preocupa algo: si él y Ilya tienen tipos de apego diferentes, eso significa que no va a tardar mucho para que uno de los dos dañe al otro. Para que su farsa de relación intíma se caiga hasta los cimientos y solo quede lugar para el resentimiento. Él no quiere eso, no quiere volver a ver a Ilya y darse cuenta de que han perdido lo poco que tienen. Incluso si se trata de cuatro paredes en una habitación de hotel a oscuras en la noche. Quiere aferrarse a eso todo lo posible, quiere a esos ojos azules desnudándo más de lo que cree con la mirada. Ryan se da cuenta de que Shane está distraído, le habla tranquilamente de los planes a futuro del equipo mientras devora su cena. Shane sonríe de lado y aporta algo a la conversación debes en cuando. Si tan solo Ryan supiera que Shane tiene un secreto que podría cambiar el curso de todo ¿Que diría Ryan? ¿acaso lo aceptaría? ¿O negaria con la cabeza en señal de desaprobación? Igual que Shane está haciendo para sí mismo. Lo suyo no va a durar, lo sabe. *** Las últimas semanas hasta lo ve con sus padres. Ambos estan frente a él, sentados en la cafetería. Shane le explica a su padre algo sobre redes sociales y, su madre, un poco cansada, cambia el tema. Le pregunta si vio la última entrevista de Ilya, Shane niega con la cabeza aunque la vio dos veces esa mañana antes de entrenar. Sus padres concuerdan en una cosa: Ilya se cree mucho. Siempre confiado, sarscástico en cada entrevista, ajeno al odio o a la competencia, como si nada lo golpeara. Evitativo: Shane no puede asegurarlo —no del todo— pero puede suponer que Ilya evita las relaciones personales. Nunca comparte de su vida privada. Aunque Shane no odia las sesiones de sexo, siempre es él quien pregunta algo, antes o después. No quiere convertir su relación en un frívolo intercambio de sexo. En cierta forma ambos saben que eso no es lo único que los une. Si solo se tratase de sexo, Ilya conseguiría algo seguro: alguien que no sea su rival en la cancha. Y Shane se hubiera ido al primer destrato de Ilya: se hubiera molestado cuando Ilya lo comía con la mirada mientras se tocaba en la ducha la primera vez. Pero Ilya no lo admite en voz alta: claro, se ríe de él o bromea. Pero una pared los separa. —Vas a demostrarle que se equivoca. —dice su padre sin ánimos de presionarlo, pero es lo que logra. Shane se distrajo y no sabe de que estaban hablando sus padres. —Si, quien se cree que es. —dice en voz baja. “Quien se cree que es para dejarme así en Rusia” piensa con una parte muy adentro de él, herida. *** Su teoria da un vuelco completo la noche siguiente. Está en su cuarto, con su laptop reproduciendo un video que habla de su preocupación. La experta habla de un tipo de apego: las personas de apego seguro son capaces de relacionarse de forma sana y natural, no huyen de las relaciones interpersonales, son capaces de reconocer sus propios sentimientos en ellos y en otros, claro, si esto último es propicio. Shane casi salta de la cama. Aferra las manos a las cobijas suaves y blancas. La diferencia está en sus historias, Shane puede asegurar que sus padres lo aman, que a pesar de no haber tenido un conflicto con su sexualidad antes, es capaz de reconocer que no hace nada malo al estar con otro hombre. Lidia con la presión pero no igual que Ilya. Desconoce mucho de la vida de Ilya, pero sabe que Rusia no es igual que Estados Unidos, en su país, no todos los estados aprobaron el matrimonio igualitario, pero otros si y no es un tema prohibido. En cambio, en Rusia tan solo pronunciarse homosexual es un delito. A Shane se le encoje el corazón al imaginar la presión que siente Ilya en Rusia de ser arrestado. Diferentes formas de crecer: diferentes formas de amar. Es una catástrofe anunciada: Shane lo entiende. Cuando Ilya se de cuenta de que su relación es más que solo íntima, intentará terminar con Shane. Lo verá como una molestia, lo dejará, lo ignorará. Todo por miedo, miedo a lo que puedan ser en el futuro. Y cuando eso pase, Shane quedará a la deriva, extrañando algo que nunca tuvo realmente. Tal vez buscando sin éxito el reemplazo de Ilya, porque maldición ¡el no quiere alguien similar, él quiere la mente y palabras de Ilya! Quiere envolverse en sus brazos en la noche. Quiere mirarlo cuando ve por las ventanas en la oscuridad. Quiere que le ordene quitarse la ropa. Pero sobre todo, quiere todo lo que involucre la palabra Ilya Rozanov. Shane cierra su laptop, se lleva el pulgar a los labios totalmente ido. La única forma de terminar con eso es decirle que no quiere verlo más. Antes de seguir encontrándose con alguien que no lo vé igual. Antes de perder la cabeza y el orgullo. Su investigación ha terminado. *** Estan sobre el escenario: es la noche de la entrega de premios. Shane y Ilya usan trajes negros. Ambos deben presentar al próximo ganador con la carta sellada en color oro. Siente el perfume de Ilya sobre él pero poco le importa. Está frente a las cámaras y con un público bastante extenso. No se le puede escapar ni una mirada lastimera. A excepción de la mueca de incomodidad, pero eso es parte de la escena prefabricada que les pidieron hacer. —¿Puedo tomarme una foto contigo? —pregunta Ilya con esa voz sarscástica, a Shane le encanta en el fondo. —Si… supongo. —dice frunciendo el ceño. —Si no hay otra opción... Ilya se acerca, saca la foto mientras desliza su mano desde su espalda hasta donde puede ir abajo sin que nadie lo note. Le agradece con una sonrisa, y Shane detesta admitir lo mucho que le va a costar olvidarse de eso. El público ríe, Shane odia eso. Odia que la gente pueda ver su relación de forma tan superficial, que no vean lo difícil que es separarse uno del otro, que vean solo dos rivales haciendo escenas para los fans, y no un desastre a punto de explotar. Cuando salen del escenario es rutinario: Ilya le dice el nombre de su habitación de hotel, como si no se lo hubiera enviado por mensaje rato atrás. Shane no responde, tampoco cuando espera la entregade premios, tampoco cuando tiene un mensaje leído de él. “Si yo gano, harás lo que diga, si tú ganas, haré lo que digas” En la mesa del bar, Shane se despide de todo lo que han tenido. No se encontró con Ilya y no quiere hacerlo. Shane perdió en la entrega de premios y perdió en muchas otras maneras que aun no entiende. Si hubiera ganado le hubiera pedido a Ilya que su relación no se acabe, que cambie por el bien de ambos. Es absurdo todo el trabajo emocional que invirtió en él sabiendo que no iba a terminar bien. Ryan se sienta a su lado, con una copa del mismo tono cobrizo que la decoración. La luz marca los labios apretados de Shane, quien tiene una copa en la mano más que nada por aparentar que está haciendo algo. Ryan le pregunta si se siente bien, Shane asiente moviendo la copa en sus manos. Ni siquiera toma whisky. —Será el próximo año. —dice palmeando su espalda. El mismo lugar donde Ilya lo tocó antes. Shane le da la razón. Pero sabe que no habrá otro año así, no tendra otro momento de ahogar sus penas como esté. Bebe toda su copa, el alcohol le quema la garganta. Los oídos le zumban por la música, su estómago está encogido. —Será el próximo año. —repite. Y ambos chocan sus copas. *** Abre la puerta del dormitorio. Lo supuso, todo está a oscuras a excepción de una lámpara azul. La silueta de Ilya esta parada junto al ventanal enorme, lleno de luces de la ciudad. Su trofeo está sobre una mesa ratona, junto a una copa de champagne en la oscuridad. Su pajarita está abierta sobre su cuello. Shane suspira, entra pisando la alfombra delicada que recubre todo el suelo. —Felicidades, —dice Shane sin poder mirarlo. Ilya ladea la cabeza con indiferencia. Los premios son solo concursos, objetos decorativos que poner a tomar polvo detrás de la vitrina. Ilya empieza a quitarse la chaqueta de su traje, la tira al suelo. Todo está en silencio, Shane parece de nuevo, alguien fuera de lugar, y lo seguira estando si sigue mirando como Ilya se quita la ropa. —Venía a despedirme –informa. Ilya se queda a la mitad de desabotonar las mangas de su camisa. Frunce el ceño esperando respuestas. —Esto no funciona. —dice nervioso. —¿Que no funciona? —pregunta Ilya, fingiendo que el aire no se le acaba de escapar del cuerpo. —Maldición, esto, esto no funciona. —agita la mano molesto. No puede creer que eso sea una pregunta. Lo supuso, Ilya ni siquiera tuvo la consideración de ponerle un nombre a su relación. Ilya sonríe forzadamente. Deja de desabotonarse los puños y se cruza de brazos. —¿Que mierda quieres, Hollander? La pregunta, entre demandante y harta le sobresalta. Nunca lo pensó realmente, porque nunca imaginó que Ilya cediera, tampoco lo espera ahora. Pero ¿que es lo que quiere? ¿Una relación como la de Ryan? ¿O algo inusual pero funcional? —Que seas sincero… maldición. —dice llevándose una mano a la nuca. Decir lo que quiere es quedar aun más humillado ante él. Al demonio, si van a terminar hará su mejor esfuerzo. —Nunca me hablas de tí, me mantienes siempre al borde. —explica Shane —No quiero una relación en la que follar sea lo único que nos mantiene. Ilya lo medita. Asiente en silencio bajando el rostro. Chasquea la lengua alzando los brazos, la delicada tela se contrae alrededor de sus músculos. —¿Y que carajos quieres? ¿sonreír y salir en la televisión como una pareja? Dolor. Algo en Shane le duele. Estan tan lejos de eso que es doloroso. Ilya parece notarlo quedándose callado. —No voy a estar contigo si es solo por el sexo. —dice Shane. —Si es lo único que esperas de esto, entonces me voy. Y te dejaré en paz con tu premio. Señala el trofeo a un lado. Ilya se pasa la mano por el cabello. Toma una copa sobre la mesa ratona. La bebe hasta el final. Golpea la copa contra la mesa haciendo sobresaltar a Shane. Ilya toma su trofeo con ambas manos, brillante en un tono bronce reluciente. Vuelve a los ventanales, más específico, a la zona de una ventana mediana que si puede abrirse. Shane lo mira estupefacto. Ilya pone el trofeo fuera de la ventana, lo sostiene pero con una mano. —¿Crees que me importa? podría lanzarlo por la ventana y no me preocuparía. —explica Ilya determinado. Shane da dos pasos con las manos temblorosas. —¿Que haces? ¡no lo sueltes.! Ilya parece distraido con la expresión de horror de Hollander. Mueve la mano con el trofeo disfrutando oscilar el objeto entre el aire. Eternos segundos dan lugar al evento trágico: Ilya tiró su trofeo por la ventana. Luego la cierra con indiferencia, Shane se acerca sin poder creerlo, lo agita de la camisa molesto. —¡¿Que carajos te pasa Ilya?! ¿y si alguien se entera que lo tiraste? Ilya se ríe, se ríe y se ríe. Shane quiere golpearlo. No puede creerlo, por lo que lleno de rabia se dirije hasta la puerta. Ha visto demasiado esa noche. Su corazón está a un segundo de un paro cardíaco. Tal vez encuentre el trofeo abajo antes de que alguien se de cuenta. Ilya le cierra la puerta. —¿Que más quieres, Hollander? ¿que más…? su voz suena a súplica. Shane está a punto de llorar, pero Ilya lo ve impaciente, traga saliva con un ligero tic en el rostro. Nunca se dio cuenta de lo expresivo que es cuando está ansioso. —Quiero que tengamos algo, no se como llamarlo, pero algo real… ¡que no te vayas, dios! Entre las sombras, puede verse como la sangre le subió al rostro. Ilya detesta, detesta tener que decirlo en voz alta. Admitirlo es reconocer que esto no solo depende él para que funcione. Depende de que Shane no lo abandone a mitad de camino, de que acepte el desastre silencioso con el que Ilya lidia todos los días de su vida. Es cederle parte de él para que haga lo que quiera. Aunque viéndolo de esa forma, él supone que perdió la cabeza cuando decidió tocarse frente a él en las duchas. Ilya se ríe en seco. Alza el rostro en busca de aire. Vuelve a mirarlo a sabiendas de que su risa molesto a Shane. —Si no fuera así, no hubiera tirado ese maldito trofeo por la ventana… —explica con seriedad y una pizca de dolor por haberlo echo. —Son como ¿doscientos? o trescientos dólares tirados a la basura. Da igual, el valor de la moneda estadounidense no me importa. Shane lo medita en silencio. Saca la mano de la perilla de la puerta. Ilya se acerca con cuidado. Juntan sus frentes, Ilya lo sostiene de la nuca con dedos ágiles. Shane respira hondo. Puede decirle de nuevo que es muy tarde, que nunca van a cambiar. Explicarle su teoría del apego y como eso los llevará a la ruina antes de siquiera comenzar. Aprovechar el último instante de cercanía, la respiración caliente de Ilya cerca de los labios. Está a punto de besarlo, pero aleja un poco su frente. Ilya suspira en silencio, acaricia su nuca de forma inquieta, le está rogando que no se vaya. Acaba de tirar su premio para demostrarlo. Shane lo entiende, y sonríe de lado, aun no ha terminado de joderlo cuando le dice: —Es bronce, cuesta alrededor de veinte mil dólares… Y Ilya aprieta los dientes en señal de dolor. De nuevo a mano. *** Ilya toma a Shane de las caderas sobre la cama. Se miran una fracción de segundo para asegurarse de que todo marcha como lo esperan. Ilya se acerca desesperado: lo besa profundamente sosteniendo con delicadeza su cuello, esperando sentir la forma en que la nuez de Shane sube y baja cada vez que se toman segundos cortos para respirar y volver a besarse. Shane toma la libertad de tomar el cabello rubio de Ilya con desespero. Entierra las manos en él. Maldición, lo extrañaba todo. Ilya le quita la camisa y Shane lo ayuda complacido. La ropa está esparcida por todo el cuarto, pero nadie lo sabrá. Es su lugar, sus cuatro paredes, el mundo que no quieren perder. Ilya lo besa en el cuello, besos húmedos que bajan de a poco hasta sus clavículas. Shane espera que continúe pero se detiene, esa sensación dolorosa se acrecienta en sus pantalones. Ilya se posiciona sobre la luz roja que proyecta la lampara de lava que está en el escritorio. Su pierna roza la erección de Shane, disfrutando de oír ese jadeo accidental. —Acordamos que si yo ganaba… —dice Ilya mordiéndose el labio, refiriéndose a la apuesta. Shane jadea apreciando ese rostro sobre la luz roja. Vuelve a enredar los dedos sobre el cabello de Ilya, esta vez con un poco más de fuerza. —Pero perdiste tu trofeo ¿o no? Ilya gruñe volviendo a besarlo. Luego abre la cremallera de Shane con rapidez, ansioso de tenerlo de nuevo sobre su mano. Shane se inclina un poco hacia adelante. Es cierto: sus formas de apego son un problema para su relación. Ilya coloca sus labios, y Shane siente que está a punto de llegar, pero se controla mordiéndose la lengua. Aunque sus formas de apego sean diferentes, tal vez no todo esté perdido. Tal vez no se trate de ser exactamente iguales. Sino de sobrellevarlo con el tiempo. Ilya va a cambiar, Shane apuesta su carrera en eso, no va a permitir que eso lo destruya. No ahora. Es obvio que el agua apaga al fuego, pero en ciertas circunstancias, el agua puede dispersar el combustible, extendiendo el fuego en vez de extinguirlo. Shane se aferra a las sábanas jadeando de placer. Está seguro de que se trata de esa clase de circunstancia. *** Ambos durmieron juntos, lo cual no es algo que hagan seguido. No pueden permitirse los rumores ni olvidarse algo de ropa en la habitación de hotel. Pero ambos están juntos, a medio dormir por el alcohol de la fiesta que les da vueltas y, por el clímax final del sexo. En un perfecto equilibrio de serenidad y lejos, muy lejos del mundo real. El teléfono fijo del dormitorio los saca de su momento. Shane lamenta tener que moverse de su lugar, en especial ahora que Ilya considero incluso acorralarlo contra su lado de la cama. Atiende el teléfono dándose cuenta de su grave error, se supone que es el cuarto de Ilya. Solo escucha y después de unos segundos corta el teléfono. Ilya lo observa, Shane toma parte de las sabanas y se acuesta dándole la espalda. Ilya se preocupa cuando escucha sollozos de Shane. Le pregunta que pasa. Nada. Shane no le quiere responder, solo solloza tapándose la boca. Ilya se lleva la mano a la frente y destapa parte de las sábanas. Shane no puede más, y lo que Ilya consideró un llanto silencioso se transformó en una risa. Shane luchaba por no reírse. —¿Qué demonios, Hollander? —La seguridad encontró el trofeo. Preguntan si pueden quedarse con el bronce golpeado que parece un bate de beisbol. Ilya se lleva las manos a la cara. El trofeo tiene –o tenía– la forma de un jugador de Hockey sobre el hielo. Shane no para de reír al imaginarse ese trofeo totalmente distorsionado de su forma inicial. Con el tiempo Ilya también se ríe de si mismo. Será una larga temporada. ¡Gracias por leer!
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