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Hace tanto. Tanto tiempo… Pero en realidad no es tanto. Cinco años son mucho o poco según lo mires. Biel seguía dolido con Sako. Solo que lo afrontaba de una nueva manera, con una perspectiva más madura, o eso quería creer. Realmente lo quería consigo, pero era consciente de que no podía tenerlo. No hizo berrinches cuando Sako le dejó. No gritó. No le rogó. Algo dentro de Biel se rompió, sí. No volvió a ser capaz de amar. No como lo hizo antaño. Ahora sentía que el mundo estaba vacío salvo cuando estaba ensayando. Ares se convirtió en su mejor amigo, en su confidente, y en su compañero de noches de desvelo. Porque Ares, ese chico con cabello negro y ojos rojos, y una sonrisa con colmillos salientes, estuvo incondicionalmente para Biel. No era amor, pero era suficiente para aferrarse, para creer que en medio del dolor hay algo de luz. Era el contraste. Biel con su cabello gris y sus ojos plateado, parecía exento del color. Y solo cuando se perdía en los ojos carmesí de Ares se sentía con algo de color, era embriagador. Pero no lo amaba. No podía amarlo. Y, sin embargo, funcionaba. Coexistían en armonía sin doler. Así que no era raro para ellos besarse en cada rincón, pasar noches juntos y luego tratarse como simples amigos. Amigos que confían lo suficiente en que su relación, sea cual sea, es sólida. La confianza.***
Esa voz la reconocería en cualquier parte. Sako estaba en una cafetería con Inugami, Kaji y Hiragi, cuando una canción comenzó a sonar. Nada nuevo realmente. Pero esa voz. ¿Podría ser? Claro que era. Su nube de tormenta. Ese chico que alguna vez reinó en su corazón. Y ahora… Esa voz no era ajena a él. Entre esas notas melancólicas. Y estaba seguro de que mezclar rock con jazz era a propósito. ¿Sería ego pensar que era por él lo del jazz? Después de todo siempre fue el género musical favorito de Sako. Y Biel… ¿Cómo sería ahora? Mierda… Ese sentimiento de añoranza, nostalgia que lo invadía de nuevo. Para Sako Kota no fue fácil. No. Nada en estos años lo fue. Consiguió sus objetivos, más o menos. Pero sin Biel todo se sintió oscuro y vacío. Se agarró con ambas manos a sus propósitos y tuvo suerte de que sus amigos estuvieran a su lado, sobre todo Inugami quién parecía ser la voz de la razón, incluso siendo una bola de hiperactividad y caos. Sin embargo, no podía evitar sentirse solo sin Biel, porque seamos honestos, su tipo de caos y desenfreno eran adictivos, tantos que Sako alguna vez juró que iba a perderse entre excesos. Nunca quiso admitir que dejarle fue un error. Y que no buscarlo para solucionarlo fue estúpido. Y si lo pensaba… ¿Qué habría hecho si lo hubiera buscado? Tal como estaban las cosas hace cinco años no había posibilidad de que aquello funcionase. Y ahora se veía reflejado en las letras de esa canción. Ahora se sentía expuesto, miserable y sentía que el mundo está en su contra, otra vez. Porque las nubes traen lluvia, tormenta, granizo consigo. Y Biel era exactamente eso. Sako quiso mantener la calma. Fingir que esa canción no le afectaba. La taza de té temblaba en sus manos. Hiragi, el más analítico de sus tres amigos, lo notó de inmediato, pero respetó su momento crítico. Hablar en ese momento no acabaría bien. Inugami hablaba animadamente con Kaji. Casi parecía un cachorro buscando atención, y en cierta medida era adorable. Sako intentaba concentrarse en eso, en las conversaciones banales, en la risa de sus amigos. Pero no podía evitar sentir cómo sus entrañas se retorcían ante la voz cruda y a la par melodiosa de Biel. Y entonces… algo que había privado sentir a su corazón revivió como un ser de ultratumba. Ese amor. Ese insano amor. ¿Tendría la oportunidad de arreglarlo? ¿Sería acaso prudente regresar a la vida de Biel? Ni siquiera sabía dónde estaba ahora. Sería estúpido. Sería alocado, impulsivo, un error. Pero Biel era ese error que valía la pena cometer.