Entre el caos y tú

Gen
PG-13
En progreso
0
Fandom:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 16 páginas, 2.800 palabras, 1 capítulo
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Capítulo 1

Ajustes
PROLOGO Ashley Graham La vida puede ser bastante cruel a veces. Aunque, claro… no puedo quejarme. Soy hija del presidente. Todo está planeado, todo está listo, siempre hay alguien cuidando de mí... Es cómodo. Mucho. Pero a veces es… monótono. Despertar, que todo ya esté hecho para mí, ir a clases, pasar por el centro comercial, hablar con mis amigas… lo de siempre. Supongo que en algún momento quise algo diferente. Algo fuera de la rutina. Aunque… bueno… ya sabes lo que dicen:“Ten cuidado con lo que deseas.” Otro maravilloso día en mi vida. Despertar, ducharme y desayunar. Suena banal… y lo es. Bueno, dejando de lado que mi baño podría ser fácilmente el cuarto de alguien más…y que todo ya está perfectamente en su lugar. --- Bajé por las escaleras. El aroma del café me recibió de inmediato. Me gusta ese olor… Me recuerda a cuando mi padre me dejaba entrar a su oficina. Me sentaba en su regazo y jugaba con sus bolígrafos mientras él trabajaba. Sonreí un poco al recordarlo. Al bajar. Miriam estaba ahí. Apenas me vio, su espalda se enderezó y su sonrisa apareció como siempre. Me agrada. Siempre es amable… bueno, supongo que tiene que serlo. —Buenos días, Miriam. —Buenos días, señorita Ashley. La mesa ya está servida… ¿qué le gustaría desayunar hoy? Ahí vamos otra vez… Puse una mano en mi mentón. —Veamos… omelette… no. Café y fruta… ugh, qué combinación tan triste. —Pan francés. Sí… eso suena mejor. —Tome asiento, por favor.—Jaló la silla para mí. —En un momento le traigo su desayuno ¿Café o té? —Leche. Bien fría, por favor. Por un segundo, levantó ligeramente las cejas… y luego sonrió. —Claro. Cuando se retiró, tarareé suavemente una canción. Miré la silla frente a mí. Vacía.…Claro. Había llegado anoche, ¿no? Tres días fuera… y ni siquiera pasó a verme. Bueno… tampoco es como si yo hubiera ido a buscarlo. El sonido de un plato sobre la mesa me sacó de mis pensamientos. —Señorita Ashley, su desayuno. Bajé la mirada. Pan francés, fruta fresca… y miel. Perfecto. —Y su leche bien fría. Sonreí. —Muchas gracias, Miriam. —Si necesita algo más, estaré en la cocina, señorita. Asentí levemente mientras se retiraba. Levanté la vista. Una mesa para doce personas… y solo estaba yo. No me molesta el silencio. Solo es… Ting Saqué mi teléfono. —¿Quién será ahora…? —murmuré. Abrí el mensaje. “Holaaaa, Ashley. ¿Podemos ir en tu coche a la fiesta de mañana?" Sonreí un poco. Claro… siempre terminamos usando el mío. “Qué pregunta tan boba, Abril. Obvio que sí.” Envié el mensaje y dejé el teléfono a un lado. Miré mi desayuno otra vez. Ah, cierto… Tomé el tenedor y comí un bocado. Dios… amo las cosas dulces. Terminé mi desayuno. Y me levanté de la mesa. Definitivamente no era bajo en azúcar… pero, hey, está bien disfrutar un poco. Al levantarme, solo escuché el sonido de los platos y el vaso siendo recogidos detrás de mí. Me dirigí hacia la salida, y me detuve un momento frente a la ventana. Era un día hermoso. El sol caía con fuerza sobre el patio delantero, iluminando las gerberas con tonos vivos. Son… realmente bonitas. Sacudí levemente la cabeza, saliendo de mis pensamientos. Tomé las llaves del auto…y dudé. Mmm. Con toda el azúcar que acabo de comer… debería caminar un poco. Además, sería un desperdicio no aprovechar un día así. Dejé las llaves sobre la mesa y me dirigí a la puerta. La abrí. Justo cuando estaba por salir, unos pasos apresurados detrás de mí me hicieron girar. —Señorita Ashley, olvidó su teléfono. Miriam extendió la mano hacia mí. Parpadeé, sorprendida, antes de sonreír y tomarlo. —Muchas gracias, Miriam. Ella sonrió… e hizo esa pequeña reverencia otra vez. En serio…? Pero enseguida se reincorporó, como si recordara algo. —Casi lo olvido. Su padre pidió que le avisara que tuvo que salir muy temprano esta mañana… y que regresará hasta el lunes. Claro. Otra vez. Sentí ese pequeño tirón en el pecho. Nada nuevo. —Oh… gracias, Miriam. Sonreí. Automático. Me di media vuelta sin decir nada más y salí. —Que tenga buen día, señorita Ashley.—Giré ligeramente la cabeza. —Nos vemos, Miriam. --- Comencé a caminar por las calles de Massachusetts. El día es hermoso, la brisa de la mañana me pega en el rostro, el sol cálido y brillante… ¿por qué no camino más? Es muy bonito hacerlo, además ver la ciudad me llena de vida. Seguí caminando rumbo a la universidad. Esta es la misma ruta que recorrería en el auto, pero verla desde aquí es una experiencia completamente diferente. Hay muchas cosas que no noto: los pequeños parques, los edificios, los nuevos negocios abiertos por el camino. Uno de ellos llamó mi atención: una tienda de ropa de temporada. Está por entrar el otoño y todo estaba plagado de café, naranja y tonos cálidos y tierra. Nada llamó mi atención en particular, a excepción de un bonito chaleco tejido, con un cuello en V y sin mangas. En un hermoso bitono: una base café con líneas blancas. Finalmente decidí llevarlo. Lo tomé y pasé a los probadores de la tienda. Sí, me queda de maravilla. Al pasar a pagar pasó ya lo típico para mí. —¿Encontró todo lo que buscaba, señorita…? La cajera levantó la mirada y se encontró con la mía. Me analizó de arriba a abajo, haciéndome sentir rara. —Oh, vaya… Pero si es Ashley Graham. La cajera sonrió con entusiasmo hacia mí, posó una mano sobre la caja y se recargó en ella. —Ah, sí. Soy yo, un gusto. Intenté parecer lo menos incómoda posible. Cuando era más pequeña adoraba esto: que me reconocieran con frecuencia, me trataran bien y siempre fueran amables conmigo. Pero ahora… no me disgusta, pero me hace sentir… diferente. Aunque una parte de mí sigue apreciándolo. La cajera tomó el chaleco que había posado en la caja, lo cobró y lo puso en una bolsa. —Aquí tiene, señorita Graham… Que tenga un excelente día. La cajera me entregó la bolsa con una gran sonrisa de oreja a oreja. —G-Gracias, muy amable. Tomé la bolsa, le extendí una tarjeta para que realizara el cobro. Otra ventaja de mi posición actual: simplemente veo algo que me gusta y… tada. Lo compro. Salí de la tienda y continué el camino hacia mi destino. Me entretuve un poco, pero aún voy a tiempo sin más distracciones. Me encanta caminar… debería hacerlo más seguido. Um… ¿qué es eso? Ahora recuerdo por qué casi nunca camino. Al otro lado de la calle, un hombre con una nada discreta cámara apuntando a mi cara. No era la primera vez… dudo que la última. Pero ya me he acostumbrado. Levanté la bolsa que llevaba en manos hacia mi cara. Tomando una ruta alterna… y adiós al hombre de la cámara. Ya me imagino el titular de mañana: “Ashley Graham, la hija del presidente, caminando en público… ¡ineditooooo!” O algo así funciona este medio, supongo. Otra pequeña desventaja de ser figura pública prácticamente. Doblé en la esquina, regresando a otra de las avenidas principales. Seguí caminando; rara vez paso por aquí. Hay muchas tiendas y comercios. Pasando al lado de una caseta de periódicos, escuché en la radio algo que llamó mi atención: “En las noticias globales, distintas agencias europeas investigan acontecimientos relacionados con grupos cultistas.” Eso sí que me suena. Cuando acusaron en artículos de chismes y conspiraciones a mi padre y su círculo cercano —incluyéndome a mí— de ser seres reptilianos… recuerdo que con Abril nos reímos y reímos de esos estúpidos artículos. Una pequeña risa salió de mis labios al recordarlo. Sin duda, es gracioso leer ese tipo de cosas. Continué mi camino, echando un breve vistazo de vez en cuando a las tiendas. No, Ashley, no. No más compras impulsivas. Otra de las razones por las cuales no camino. Aún falta un buen tramo para llegar. Decidí sacar mis audífonos. Los conecté a mi teléfono y reproduje mi canción favorita. No pude evitar ir tarareando y moviendo la cabeza al ritmo de la música… sin duda, de lo que más disfruto. Al llegar a un cruce, mientras esperaba el verde del semáforo, sentí un golpeteo en el pie. Bajé la mirada y… ¡Un perrito! Dios, es tan esponjoso… y me ve con esos ojos grandes. Estos peluditos son mi debilidad. No pude evitar agacharme un poco para acariciarle detrás de las orejas… —Hola, pequeño… ¿qué hace un cachorrito tan bonito como tú deambulando en la calle? Dios, es tan bonito… deja de verme con esos ojos o te robaré. —Ay… lástima que no traigo nada de comida conmigo. Para ti, pequeñín. Seguro que tiene hambre, el pobre. Repentinamente pude ver que sus orejas se levantaron, su cola dejó de moverse y dirigió su mirada a algo: un auto que pasó por el otro lado de la calle. Empezó a ladrar en su dirección. Tal vez tiene malas experiencias con ese auto… parece que sí. De seguro es de esos fantoches… a juzgar por su auto: un sedán viejo con los vidrios tintados en negro. Eso es ilegal. Vaya fantoche… El semáforo se puso en verde y, con una última palmadita en la cabeza, me despedí del cachorro. —Adiós, pequeñín. Di media vuelta, con una gran sonrisa en mi rostro. Seguí caminando tranquilamente. Cada vez falta menos para llegar… Tengo sed… de… algo dulce. Sí, definitivamente algo dulce. Pasé al lado de un callejón. Volteé hacia el interior… Espera… esa cafetería es nueva. O bueno, jamás la había notado. Se ve tan bonita… seguro que preparan bebidas riquísimas. Mmm… no debería. Ya voy tarde, pero… bueno, al final soy Ashley Graham… ¿qué clase de profesor no dejaría entrar a su clase a la hija del presidente? No me gusta usar mi estatus como arma, pero… cuando de una buena cafetería se trata, se justifica. Me adentré en el callejón. Es algo estrecho… Mmm, veamos… ¿un mocachino o un café moka? Sentí una sensación extraña. La misma que sientes cuando sabes que hay alguien detrás de ti… pero no lo ves ni lo escuchas. Volteé ligeramente hacia mi lado izquierdo. Vi una sombra moviéndose rápidamente. Una mano tapó mi boca. —Mhhmm… Un tirón brusco. El mundo se inclinó. Caí en algo. Sentí dolor. Mi hombro. Intenté levantarme. Un par de brazos me jalaron hacia abajo. Quise gritar… una mano me lo impidió. —Mmhhh… No puedo… no puedo respirar. Mi corazón latía con fuerza… No entiendo qué pasa. Sentí que algo tapaba mi vista. Oscuridad total. No entiendo nada que está pasando?… ¿dónde estoy…? Sentí un nudo en la garganta. Mis dientes tiritando. Se liberó la presión en mi boca… Pero regresó. Diferente. Húmedo. Inhale. Arde… mucho. Tengo miedo… La conciencia abandonó mi cuerpo, finalmente… caí rendida. --- Abri los ojos... agh luz. Me duele el cuerpo, me siento mareada. Abrí los ojos lentamente e intenté tomar aire. ¿Por qué arde? Miré a mi alrededor. ¿Qué es este lugar? ¿Dónde estoy? No es mi habitación. —Mhmmm… Intenté sentarme. Me duele el hombro. Oh… ahora recuerdo. Iba a esa cafetería… y entonces... ¿Por qué mi corazón late tan fuerte? Siento que no puedo respirar… me hormiguea el cuerpo. Puse una mano en mi pecho. Por favor… respira. Intentaba con todas mis ganas respirar. El aire no entraba. —Ah… jum… ah… Miré a mi alrededor de nuevo… Nada está bien. Nada, nada. Se me hizo un nudo en la garganta. Me empezó a doler el pecho. Esto no puede estar pasando. ¿Qué está pasando? Respiré. No es suficiente. Necesito más… aire. Miré a mi alrededor de nuevo… Miré mis manos. Me siento mal, muy mal. Quiero estar en casa. Escuché una puerta abrirse. Volteé. Mi cuerpo se movió solo. Me hice para atrás. En una esquina, me abracé. Por favor… no me hagan daño. Dos hombres entraron. El latido de mi corazón resonaba en mis oídos. —Menos mal ya está despierta. —Traje esto para nada. No, no… aléjense. No me toquen. —¡No…! La luz desapareció. Dos sombras se posaron frente a mí. —Perfecto, está lista. ¿Qué dijo? No entiendo qué dice. No puedo moverme. Quiero gritar, huir… no puedo. —Llevémosla abajo, entonces. No, no, no… ¡No me toquen! Me abracé con más fuerza, presionándome contra la esquina. —Vamos, ven aquí. Sentí un par de manos tomándome. Aléjense… aléjense… —Vamos ya, anda. No logro entenderlos… ¿me harán daño? Por favor, no… déjenme… déjenme… —¡Suéltenme! Forcejeé. La voz salió de mi garganta. No fue suficiente. —Anda, calla ya. Mi estómago sintió un vacío. Me levantaron. Intenté resistirme… Mis pies arrastran. Comencé a caminar. No… no… detente. Más luz… mucha… Entrecerré los ojos. ¿Qué es este lugar? ¿Quiénes son ellos? —Servirá para algo más grande. —Algo grandioso. Sentí sus voces y miradas hacia mí… ¿qué están diciendo? No los entiendo… ¿qué me harán? —¿Qué harán conmigo…? Apenas pude pronunciarlo. —Por favor… déjenme… Mi respiración se agita cada vez más… necesito… necesito más aire… Escaleras… No… no bajes. Opuse resistencia. Planté mis pies en el suelo. —Agh… vamos, jala con fuerza. —Ya está… una, dos… Sentí presión en los brazos… Pateé. —¡No, no, déjenme! ¿A dónde me llevan? ¡Por favor, suéltenme! Intenté soltarme de su agarre… es inútil. Son demasiado fuertes. —Agh… joder. Basta ya. Sentí dos manos tomando mis tobillos. Esta sensación de estar flotando…Ya no puedo moverme. Solo veo el techo… Intenté voltear… ¿qué es esto? ¿Quiénes son ellos? Una luz de colores entró en mis ojos. Levanté la vista… ¿Vitrales? ¿Por qué estoy en una iglesia? Sentí un golpe seco en mi espalda… está frío. —Agh… Sentí dolor en mis muñecas y tobillos. Intenté levantarlos por instinto. Sentí presión. No puedo. Las manos que me sostenían ya no están. Intenté mover la cabeza y ver qué pasa. ¿Quiénes son ellos? ¿Por qué me tienen aquí? ¿Me harán daño? Una luz blanca entró. Escuché un par de puertas. Un sonido de madera… Tac… tac… tac… Intenté voltear, pero no pude. Vi a mis lados… Todos se arrodillan. Una voz… muy grave. —Vaya, vaya… por fin. Abrí los ojos, sorprendida… lo entiendo. Sentí una sombra posándose sobre mí… Un hombre se colocó en mi campo de visión, mirándome fijamente. —¿Quién eres? ¿Por qué estoy aquí? No pude formular más palabras. —Jum… jum… jum… Vas a servir para algo superior… un propósito. No logro comprender de qué habla, de que propósito habla? Intenté levantarme de nuevo… —Agh… agh… por favor… déjame ir… no me hagas daño… Mi respiración volvió a ser agitada. —¿Daño? Claro que no… no puedo permitírmelo. Por el contrario… siéntete afortunada… de recibir nuestro don… ¿Don…? ¿De qué está hablando…? El hombre se apartó… Volteé. Escuché algo metálico. ¿Qué me hará…? —Por favor… por favor no me hagan daño… Intenté suplicar entre mis lágrimas… ni siquiera me miró. Sentí unas manos en mi cabeza. Con fuerza expusieron mi cuello. —¡No, no, no! ¡Por favor, suéltenme! Es inútil. —Pásamela… No puedo ver qué pasa. Solo veo el techo. Mi pecho late con fuerza. Las lágrimas salen de mis ojos. No puedo moverme. No puedo dejar de respirar agitadamente. Sentí un dedo en mi cuello… presionando un par de veces… —Por favor… Sentí un fuerte pinchazo en mi cuello. Duele… mucho… Mucho… Mucho… —¡Aghhhh! No pude evitar llorar con más fuerza. Siento algo fluyendo por mi cuello. Arde mucho. El dolor se desvaneció… Pero siguió algo peor. Caliente… ¿Qué me hicieron? ¿Qué me inyectaron…? Me siento mareada. Solo puedo sentir mi corazón acelerado… mi respiración agitada… —Está hecho… Al fin soltaron mi cabeza. Me siento mal… mucho… Todo da vueltas… los oídos me zumban… La presión que sometía mis extremidades se liberó… Me siento rara… Dejé de llorar… No puedo mirar hacia otro lado. Me levantaron… sentí que flotaba nuevamente… Sentí como subíamos las escaleras. Escuché la puerta abrirse. Mi cuerpo tiembla… Intento moverme… No puedo… ni siquiera puedo hablar… Sentí cómo mi cuerpo era dejado en el suelo. El suelo está frío. Escuché la puerta cerrarse… Estoy sola. ¿Qué me hicieron? ¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Qué quieren de mí…? Por fin logré moverme. Siento náuseas… quiero vomitar… Pero no puedo. ¿Cuánto tiempo llevo sin comer…? Me senté contra la pared… Esta habitación… vieja… Llena de barriles… Esa pequeña ventana… De ahí viene la luz. Miré a mi alrededor… paredes viejas… hay arañas en el techo… Me asustan las arañas… Tengo calor… Mucho Tengo sed. Quiero irme a casa… Subí mis rodillas hasta mi pecho… me abracé de nuevo… Quiero irme a casa… Siento un nudo en la garganta… la vista se me nubla… Papá… por favor… ayúdame… ¿Sí…? Comencé a llorar. ¿Por qué…? ¿Por qué? ¿Por qué…? Estoy sola… aquí… ¿Qué pasará conmigo…? Estoy… tan cansada… Entre los sollozos, mis ojos se cerraron… —No quiero… morir aquí… Susurré, intentando mantenerme despierta… Pero la somnolencia se apoderó de mí... ---
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección