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— Es un placer estar en Shishitoren, su alteza Sako. — Dijo Umemiya besando el dorso de la mano contraria. Sako contuvo una mueca. — El placer es mío de recibirlo en mi reino, su majestad Umemiya. Entre más frases predeterminadas con el respeto que indicaba en protocolo real, Sako y Umemiya avanzaron por el palacio. A pocos pasos detrás iban los ministros de Bofurin y entre ellos Hiragi Toma. Sako no pudo evitar sentir la mirada de este sobre él. Y fue la primera vez en mucho tiempo que Sako sintió emoción. Umemiya que era tan perspicaz e intuitivo supo de esta dinámica e ideó un plan que lo hizo sonreír genuinamente por primera vez desde que pisaron Shishitoren. — Y dígame, rey Kota. ¿Qué opina de la alianza? A Sako le tomó por sorpresa que lo llamara por su nombre y no por su apellido. Se recuperó en un instante y sonrió de la manera en que lo habían educado para aceptar los desafíos de la corte. — Es parte de mi deber. A Umemiya pareció no gustarle esa respuesta. El deber era una mierda, una imposición y algo que ni siquiera Umemiya aceptaba. En Bofurin funcionaban diferente y solo había aceptado este paripé de alianza por Hiragi, quién quería ver más de cerca al rey de Shishitoren. Pero a Umemiya quien le interesaba era Tsubaki, su segundo al mando y la persona con la que realmente se casaría. — Así que… por deber renuncias al amor. Sako se quedó helado ante estas palabras tan directas. — Te ofrezco un trato: deja que Hiragi Toma, mi ministro de guerra, te corteje y si todo va bien te cases con él. Y la alianza política se establecerá desde ya. — Añadió Umemiya. Sako se quedó en shock. ¿De verdad estaba proponiendo eso? Lo pensó, aunque no había mucho que pensar. — ¿Hablas en serio? Umemiya asintió. Sako miró a Hiragi un segundo antes de asentir también y decir: — Bien, acepto.***
Cuando Umemiya dijo que Hiragi lo cortejaría nunca pensó que hablaba tan en serio. Después de que Umemiya regresó a Bofurin, Hiragi se quedó. Sako aprendió varias cosas en este tiempo: Hiragi era alguien de paciencia, hasta cierto límite. Su dolor estomacal se debía a Umemiya y sus locuras. Recordaba todos los detalles de sus conversaciones con Sako. Y la sonrisa de Sako tenía un efecto relajante en él. Era elegante, pero no como los nobles que acostumbraba a ver, sino como alguien que irradiaba poder y que destruiría el mundo por lo que amaba. Y por suerte, Sako Kota estaba en el radar de Hiragi Toma como ese ser al que amaba. Antes se habían visto en eventos sociales, Sako recordaba que el anterior rey de Shishitoren, su padre, lo llevaba a muchas reuniones sociales y bailes, ahí vio a Hiragi varias veces. Nunca pensó que él le interesaría. Se equivocó y se alegraba de haberlo hecho. — ¿Por qué no lleváis el color natural de vuestro cabello? — Preguntó Hiragi. — Primero, tutéame. Segundo, ¿no te gusta el rubio? Hiragi soltó una risa ante el tono de orden de Kota. — Me gusta, pero recuerdo que el negro te quedaba perfecto. — ¿Sí? — Sí. Sako sonrió, esta vez con un leve sonrojo. — Parece que me tenías en la mira desde hace mucho. — Quizá. La sonrisa de Hiragi recordaba a un tiburón, en cualquier otro se sentiría fuera de lugar, pero en él era hasta atractivo. Y Kota no podía sentirse más satisfecho de hacer sonreír a este hombre.***
Entre flores y regalos importados de Bofurin, Hiragi llenaba de elogios y amor a Sako. La alianza se formalizó un año después del trato de Umemiya. Así que Sako supo que iba rumbo a una boda con el hombre que amaba y no por deber. La boda se realizó en primavera. Sako vistió con un traje blanco que lo hacía ver etéreo. Hiragi lo esperó en el altar, lo esperó como si hubiera estado toda una vida haciéndolo. Ahora Sako tenía el pelo negro natural y el blanco del traje resaltaba mucho más. Realizar los votos fue la parte más conmovedora. — Prometo amarte no porque sea mi obligación, sino porque es lo que elijo. Porque quiero despertarme cada día a tu lado y verme reflejado en esos ojos claros, y saber que no me he equivocado, que te elijo otra vez. Hoy se une mi reino con el tuyo, pero más importante, se unen nuestros corazones. — Dijo Sako con emoción. — Prometo amarte y protegerte, no solo a ti, sino a todo lo que representas. Prometo amar cada parte de tu ser, por más oscura que sea, ahí estaré. Hoy te juro que mi fuerza y lealtad están contigo, así como mi amor en su totalidad. — Dijo Hiragi. Y dichos los votos pudieron unir sus labios sellando esta unión. No era lo que Sako tenía en mente, siempre creyó que tendría que casarse por obligación, pero el curso de los acontecimientos cambió. Se dio cuenta de que tendría una oportunidad para ser feliz.