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Un nuevo día llegó y tras la rutina diaria de buscar lo que su nuevo físico requería, Shaoran bajó al taller y se puso a trabajar en sus muebles. Después de todo el día, se dispuso a mirar correos electrónicos para comprobar si tenía nuevos encargos cuando Eriol, un hombre de su edad real, moreno y con gafas entró al taller con una caja. Tras posarla junto a él, sacó lo que parecía ser un tirador de un mueble con cierto pesar, dando a entender que cualquier pomo valdría. Eriol es el único amigo que tengo. –Hay cierto diseñador que no es capaz de elegir un tirador y la producción entera está en espera. –se quejó Eriol refiriéndose a Shaoran. –Ya sabes de quién hablo, ¿no? Mira, no estamos haciendo tronos para la reina de Inglaterra. Eres Shaoran Li, diseñador y carpintero de muebles Clow. –Lo sé. Pronto decidiré cuáles usar. –dijo Shaoran interrumpiendo a Eriol, que además de su amigo, era su socio y el que llevaba la gestión del negocio. En caso de que hubiera alguna reunión, era él quien hacía acto de presencia. –Bonita cara, por cierto. Sería un desperdicio no divertirnos con ella. ¿Vamos? Tras sonreír, tomó una ducha, se vistió y se marchó con Eriol a algún local de moda. Aquella noche casi no le hizo falta hacer nada para que las chicas se interesaran por él. –¿Vienes mucho por aquí? –preguntó una joven que también estaba en la barra. –En realidad no, pero mi amigo sí. –respondió Shaoran. En realidad sí que solía ir por allí, pero como cada vez tenía una apariencia distinta, debía decir que no. –¿Cómo te llamas? –Shaoran Li. –respondió él. Siempre decía el mismo nombre. De todas formas, jamás lo volverían a ver. –¿A qué te dedicas? A esa pregunta, Shaoran cada vez respondía de forma diferente por diversión. Unas veces decía que era bombero, otras dentista, humorista, piloto, etc. –Tienes una herida en el dedo. –dijo la mujer al ver que Shaoran tenía una tirita y aprovechando para cogerle de la mano. –¿Nos vamos? Por su parte, Eriol estaba un poco más alejado con otra mujer. Aunque él siempre tuviera el mismo aspecto, no tenía problemas para hablar con mujeres, debido a que también era un hombre atractivo, aunque a veces solía estropearlo. –¿Sabes? Tengo un amigo que cambia de cara cada vez que despierta. –dijo Eriol. –Sí, claro. –dijo la chica riendo por la ocurrencia. –Te lo juro. Unas veces se despierta como hombre y otras como mujer. A veces es un viejo y otras una adorable ancianita. –insistió Eriol mientras la chica no dejaba de reír por la insólita historia de aquel tipo. –Así que, básicamente tengo un amigo distinto cada día. –Eso no es posible. –dijo la chica. –Te digo la verdad. –dijo Eriol. –Vale, lo que tú digas. Si me disculpas, tengo que ir a lavarme las manos. –se excusó la chica. –No olvides el abrigo. –dijo Eriol, que sabía que aquella mujer no regresaría y volvería a quedarse a dos velas. Eriol contaba aquella historia a cada mujer que conocía cuando salían a tomar algo. De todas formas nadie le iba a creer. Tenía la esperanza de que pensaran que era una persona muy creativa para contar historias divertidas e interesantes, pero esas mujeres eran una minoría y normalmente iban con algunas copas de más. Pero la mayoría pensaban que quien iba pasado de copas era él.0000000
Al día siguiente, cuando Shaoran despertó se sintió realmente cansado y al mirarse la mano, supo por qué. Como siempre, se marchó antes de que la muchacha con la que pasó la noche despertara. En el autobús probó su vista mirando el móvil. Hoy era un anciano con poco pelo y que parecía no llevar muy buena vejez. Ayer mi piel era tersa y mi vista era perfecta. Hoy apenas veo. Nunca puedo enamorarme por tener un rostro cada día. Cada día tenía la costumbre de grabar un pequeño vídeo con la webcam de su ordenador portátil, donde dejaba constancia de su voz y de los diferentes cuerpos que habitaba desde que sufría aquella condición. Siempre decía lo mismo. –Eso es todo por hoy. Continuará…