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La alarma sonó en el departamento de Misterios del ministerio de magia de Londres. Era una de esas alarmas que solo tenían por protocolo y que nunca en la vida había sonado, pero ahora lo hacía. Una anomalía interdimensional. Era teóricamente posible, sin embargo, en la práctica no tanto. Así que no entendían si era un error del sistema. Allí los aurores James Potter y Sirius Black observaban la alerta con sospecha. La anomalía había surgido en Edimburgo. Alguien o algo había sido capaz de romper las barreras y entrar en el mundo mágico. Pero lo inquietante fue que tan pronto como sonó la alarma, se apagó. La anomalía desapareció aparentemente, aunque estaban seguros de que seguían ahí. Que quién fuera solo se había escondido.***
Regulus estaba en Grimmauld Place 12 cuando las barreras mágicas temblaron. Al principio pensó que era solo allí y que alguien intentaba entrar, pero no. Fue en todo el mundo mágico. Aunque él no sintió solo eso. Primero fue la intromisión en el mundo y luego vino el tirón, como si alguien acabara de atar su corazón con un cordel y estuviera estirándolo. Con la duda creciente fue por polvos flu al ministerio. Cómo esperaba: todo era un caos. Fue directo hacia el departamento de Misterios. Allí se encontró a su hermano y a Potter rodeados de papeles que parecían análisis de la frecuencia que se había detectado. — ¿Reg, qué haces aquí? — Preguntó Sirius. — La anomalía. Se ha sentido en todo el país. — Bueno, no puedes hacer nada más que lo que podamos hacer nosotros. — Dijo James. — No sabemos aún el origen. Regulus frunció el ceño. Aún sentía el tirón en su corazón guiándolo hacia alguien desconocido. Decidió guardarse esa información. — Bien. Pero quiero estar informado. — Reg, no podemos… — Comenzó Sirius. — Me informaréis. Soy lord Black y no dudaré en usar mi poder en el ministerio para saber todo acerca de esta investigación. — Cortó Regulus. — ¿Pero por qué te importa tanto? Te lo estás tomando como algo personal. — Dijo James con tono de queja. Regulus solo se encogió de hombros y salió por la puerta con su aire elegante habitual. Sabía que esto era importante para él, no entendía cómo, pero lo sabía y era mejor estar al tanto.***
Mientras… en algún lugar de Londres muggle. Nicte se instaló en una casa temporal, puso barreras protectoras con magia ancestral, ocultó su magia a cualquiera que quisiera rastrearla. Eso debía bastar por el momento. Podría decirse que se borró del mundo. Solo había un problema… En la muñeca izquierda de Nicte apareció la marca de alma gemela con el nombre de: Regulus Arcturus Black. Eso era un problema. Nicte suspiró. No estaba contenta con el cambio de mundo, se sentía una traidora. Y ahora tenía una pareja predestinada en este lugar. Eso explicaba por qué nunca apareció en su mundo, muchos creyeron que podrían reclamarla al no tener la marca. Ahora comenzaba a entender. Pero no era agradable. Ella era la culpable de la guerra, o al menos así lo sentía. Las lágrimas cayeron de sus ojos violetas. Lester entró en la habitación en ese momento. Él también había recibido una marca de alma gemela, bueno, dos. Barty Crouch Jr y Evan Rosier. Así que entendía la confusión de Nicte porque él también lo sentía. Estar unidos a personas que antes no sabían ni que existían… había mucho por asimilar. Sin embargo… no tendrían tanto tiempo para aceptar la nueva situación. Ahora no eran el caballero de la corte y la princesa. Eran solo dos personas perdidas en un lugar donde solo eran extraños. Pero Lester no se arrepentía. Era la única opción para seguir vivos.