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Camula se acercó a la sala del trono con paso decidido y la cabeza en alto. Podía sentir a los espías de los Ancianos vigilando cada uno de sus movimientos, y sintió deseos de sonreír con burla ante lo obvio que resultaban para alguien experto en mantener la guardia alta ante cualquier enemigo como ella. Si la aprobaban o no le tenía sin cuidado. Se había ganado la confianza del Rey y eso era todo lo que le importaba. Por otro lado, las dudas de porque había sido llamada de vuelta a las Doce Dimensiones en ese momento no dejaban de molestarla. Kagemaru podía decidir pasar al ataque en cualquier momento, y era indispensable que el anciano no dudara de su lealtad, a fin de asegurar valiosos activos para su causa. Recuperar los Demonios Fantasma del mundo humano y traerlos de nuevo a las manos de Haou era su misión más importante hasta ahora. Por supuesto, en circunstancias normales el ir y venir desde la Tierra no habría sido un problema, salvo por el gasto de Energía de Duelo; pero desde que el rey envió a Judai a su misión a la Tierra, el tiempo del Reino de la Noche Eterna se había igualado con el del mundo humano. Había muchos rumores sobre como su alteza había logrado manipular el mismo flujo del tiempo. Incluso había quienes susurraban como era únicamente un fenómeno que se dio por coincidencia, y que el Rey se aprovechó de ello para adjudicárselo, a fin de afianzar su lugar como soberano ante una corte y un consejo que cada vez tramaban más a sus espaldas. Camula lo sabía mejor: Haou de alguna forma había logrado esa hazaña. ¿Cómo lo hizo? No estaba segura, y su lealtad le impedía hacer preguntas. Decirle o no era una decisión que correspondía únicamente a su alteza y ella respetaba eso. Los dos héroes malvados que custodiaban las puertas de la sala del trono, Malicious Edge y Colérico Gold, le permitieron el paso tras asentir brevemente con la cabeza hacia ella. Como era de esperarse, las presencias de los espías se desvanecieron cuando entró en la sala del trono. Por más que su lealtad a Haou fuera cuestionable, los Ancianos sabían que no estaban en condiciones de enfrentar directamente a su Rey, y no serían tan tontos como para colar a sus espías en la misma sala del trono, mientras su Alteza se reunía con uno de sus súbditos más fieles. Camula avanzó por la alfombra color rojo, sintiendo como el poder del Rey Supremo se extendía por toda la habitación de altos techos y viejos candelabros de araña. Las sombras siempre parecían tener vida propia en ese lugar, y seguramente muchos de los monstruos y espíritus más fieles a su Majestad —la mayoría de ellos antiguos ciudadanos del reino que gobernó en vida— esperaban allí vigilando cualquier amenaza potencial contra su rey. Llegó al pie de la sala del trono y se postró ante el Rey Supremo. Podía sentir los dos ojos dorados sobre ella, observando con detenimiento cada detalle de ella, el más mínimo movimiento, asegurándose de que conocía su lugar. Ser uno de sus más fieles sirvientes no significaba que el rey confiara completamente en ella. Ese honor solamente correspondía a Yubel y, en menor medida, a Judai. Camula esperó. Nadie que no fuera Yubel se atrevía a hablar allí si el rey no daba su permiso. —¿Cómo está Judai? —La voz de Haou era tan fría como siempre, pero el hecho de que lo primero que hizo fue preguntar por su joven Cría era la prueba de que se preocupaba por él antes que los objetivos. —Lo está haciendo de maravilla, su Alteza —respondió Camula sin atreverse a levantar su mirada—. Ha aprendido bien, sabe cómo mantener al Ganado fuera de sus asuntos. —¿Qué hay del niño humano con quien se ha estado reuniendo? Camula no se dejó sorprender por el hecho de que Haou supiera sobre Sho. Estaba segura de que tenía ojos por todo el mundo humano vigilando a Judai, además de a Yubel. Demasiado Ganado estaba dispuesto a vender su alma a los suyos por promesas vagas de obtener poder a través de su sangre. Más en estos tiempos, en que la gente estaba olvidando la fe en los viejos dioses, y se dejaba encandilar por nociones románticas de lo que era ser uno de los suyos, construidas en torno a la imagen que el cine y las novelas les dieron. —Es un Marufuji. —No pudo reprimir un escalofrío, a pesar de que al ser una vampira su cuerpo no debería poder sentir algo tan humano como eso, cuando la intensidad de la mirada de Haou se incrementó. —¿Estás segura? —Había un deleite malsano en la voz de Haou, en parte deseoso de que fuera verdad, en parte porque castigaría a Camula si resultaba que no era así. —Yo misma probé su sangre y confirmé que tiene inmunidad al Dominio en una etapa temprana. Coincide con todo lo que sabemos del perdido Séptimo Clan Samurái. —Camula volvió a esperar, por si Haou deseaba preguntar más al respecto. Cuando no sucedió de esta manera, se atrevió a hablar—: Judai quiere Engendrarlo. Silencio. Haou pareció pensar en sus palabras por una eternidad, antes de preguntar: —¿Son los únicos que quedan? —Rastreé a su familia desde que personalmente me interesé por su hermano mayor. Ellos dos y su padre son todo lo que queda del clan. —Ryo Marufuji, el llamado Kaiser. —Haou saboreó cada palabra con el mismo deleite con el que habló antes al preguntar sobre Sho—. ¿Dices que él es el mejor en la Academia Central? —Lo es. He tenido la oportunidad de verlo en acción por mí misma. Eso había sido a comienzos de año, cuando el director de Obelisco realizó un pequeño torneo privado entre los mejores de su grado para mostrar a los agentes que manejaban duelistas el nivel de los próximos graduados. Gracias a su conexión con Kagemaru, pudo asistir y ver con sus propios ojos el nivel de los duelistas de la Academia. Sólo Kaiser la había sorprendido, pero entonces no estaba al tanto de la conexión con el Clan Perdido, eso lo aprendió más tarde. Lo importante era que él sin duda recibiría una de las llaves espirituales. Era el único allí con la Energía de Duelo lo suficientemente alta como para manejar una. —¿Aún quieres Engendrarlo? —Lo deseo, si usted me lo permite. El Rey no podía intervenir en el derecho a un Hijo de la Noche a Engendrar, sin embargo, era uno de los últimos Marufuji de quien se hablaba. Sería una Cría de un poder inusual, así que era natural que Camula informara de sus planes a su Rey y solicitara su permiso, era una forma en la que demostraba que su lealtad hacia él era absoluta. —Hazlo —ordenó Haou. Camula se sintió muy feliz. Sin duda los otros ancianos estarían molestos. Como la última de su familia, el que Engendrara a una cría tan poderosa le daría un gran prestigio. Sería un nuevo renacimiento para los suyos si hacía las cosas de la forma correcta. Si ya la despreciaban por su lealtad infalible al Rey, y la influencia que tenía sobre el mismo Heraldo de la Oscuridad, cuando vieran a uno de los últimos Marufuji, y que además poseía el poder de los Ciber Dragones, inclinado ante ella se retorcerían de miedo y furia. —Regresa al mundo humano cuanto antes, y transmite esta orden a Judai: debe regresar cuanto antes y traer al otro Marufuji aquí a cualquier costo. Camula se sorprendió por esto, pero no dejó que se mostrara. —Así lo haré. —Asesina al padre. El Clan debe terminar con esta generación. Era algo que Camula ya esperaba. Aunque, por la furia que Judai mostró hacia el padre de Sho cuando se enteró de lo que había hecho, estaba segura de que no estaría contento de no participar en la desaparición de ese hombre. Él mismo había expresado su deseo de ir a drenarlo de inmediato. —Una cosa más. —Camula prestó especial atención a las palabras de Haou, la orden que seguía era importante—. Asegúrate de ser el último de los Asesinos en ser enviado a la Academia. Observa el desempeño de los otros guardianes. Si demuestran ser de utilidad quiero saberlo. —Se hará como desea, su Alteza. —Puedes retirarte. Camula se levantó, hizo una última reverencia a modo de despedida, y luego se dirigió lo más pronto posible a la puerta que conectaba ambos mundos.- GX -
Haou se reclinó en su trono mientras veía como Camula salía de la sala del trono. Tenía que pensar muy bien en que haría a continuación. No había sido su intención hacer volver a Judai tan pronto, pero la oportunidad de aplastar definitivamente al Séptimo Clan antes de que los otros supieran que aún existía no debía ser desaprovechada. Si además podía asegurarse la lealtad de los dos últimos miembros, ahora que eran jóvenes y no comprendían la importancia de su familia en el esquema de poder que regía las Doce Dimensiones, tanto mejor. Si no eran de utilidad, siempre podía usar sus almas para alimentar a «Súper Polimerización». —Judai desea Engendrar al menor —repitió. Judai era joven e impulsivo en muchos sentidos, así que tampoco le extrañaba. Si hubiera dependido de Haou, nunca lo habría Engendrado siendo aún adolescente. Él mismo había recibido la sangre de su Padre, un viejo vampiro que creyó podría controlar al Heraldo de la Oscuridad, con tan sólo veinte años y eso ya le ganó una reputación de ser muy joven. Judai era visto como un niño mimado y el poco respeto que inspiraba en los traidores se debía a su condición de Heraldo de la Oscuridad. El hecho de que hubieran atentado contra su vida, cuando había dejado claro que ninguno de ellos podía tocar siquiera uno de sus cabellos, era la muestra clara de qué tan lejos estaba llegando la traición dentro del Clan. No es como si importara, se recordó. Todos los Ancianos y sus leales serían alimento para «Súper Polimerización». Construiría un nuevo Clan de la Noche completamente leal a él. Entonces, cumpliría su promesa de desterrar la Luz para siempre de ese mundo, y de todos los mundos que existían en su universo. Sí, si ese chico Marufuji demostraba ser de utilidad, le permitiría a Judai Engendrarlo. Judai era leal a él, y no solamente por ser su Cría, sino porque lo veía como su salvador: quien le tendió la mano y le prometió justicia contra quienes habían asesinado a sus padres. Y lo mejor, a través del Vínculo que la sangre maldita del Clan de la Noche había creado entre ellos, le permitió volver a usar el poder de la Oscuridad, incluso cuando esta lo había abandonado hacía tanto tiempo. Sus planes resultarían. Con Camula infiltrada en el pequeño grupo de Kagemaru conseguiría traer a los Demonios Fantasma de regreso. Sus espías en el mundo humano además habían identificado al Campeón elegido por la Luz para hacerle frente, así que solamente era cuestión de sacarlo del camino para que no interfiriera con los planes que tenía en la Academia de Duelos. Un año y medio más, y tendría a los mejores duelistas de la Academia a su merced para usarlos en sus planes, mientras Seto Kaiba perseguía pistas falsas creyendo que su objetivo estaba en los circuitos de ligas profesionales. ¿Para qué perseguir a duelistas experimentados, si puedes asegurarte a toda una generación más joven a la cual educar para ser completamente leal a ti? —Pronto —susurró Haou— la noche será de verdad eterna.- GX -
Camula sintió el aroma de Sho Marufuji en cuanto pisó la mansión. Sonrió feliz con ese desarrollo. Era más que perfecto. Subió las escaleras en dirección a la pieza de Judai. Lo encontró sentado en el sofá que había frente a su cama. Sho estaba profundamente dormido con su cabeza descansando en el regazo del joven vampiro. El piso de la habitación estaba lleno de bolsas de frituras vacías y había una botella grande de refresco a medio terminar en la mesita de café frente a ellos. —¡Camula! —exclamó Judai, Sho se removió en su lugar, pero no terminó de despertar. Judai se apresuró a pasar su mano por su frente para hacerlo dormir de nuevo. —¿Cómo va todo? —Mejor de lo esperado —le respondió Judai—. Sho está bajando la guardia. Logré ponerlo a dormir. Volvió a acariciarlo con los dedos, esta vez pasándolos por sus mechones de color celeste, mientras lo miraba con cariño. Camula encontró esto muy conveniente. Para alguien con la herencia de Sho, el quedarse dormido en presencia de un vampiro, es decir, quedar completamente indefenso ante un enemigo natural para él, significaba que le estaba entregando su confianza. Era una lástima que posiblemente lo que harían ahora la destrozaría, no obstante, no dudaba de que Judai podría convencer al niño de entregarse voluntariamente a su causa. Tenía un don para despertar lealtad en las personas, si de verdad se lo proponía. —¿Qué estaban haciendo? —preguntó al ver que la TV estaba encendida. Aunque no tenía sonido, la pantalla mostraba el canal de duelos. Que ella supiera, no había eventos importantes esa noche. —Hoy fue el duelo inter escolar. Por primera vez fue televisado. —Judai sonrió feliz al decir eso, aunque claramente deseaba haber sido él quien luchara esa noche en duelo representando a la Academia—. No vimos al hermano de Sho, pero fue un duelo excelente. Este año se decidieron por un duelo Tag: los mejores dos novatos de cada escuela, y ningún equipo decepcionó. Judai iba a contarle, aun así, decidió que lo mejor era que lo viera. Lo había grabado para poder repetirlo si resultaba que era un buen duelo. Representando a la Academia Central había un estudiante de Ra, Daichi Misawa, y una chica de Obelisco, Asuka Tenjouin. Por su parte, representando a la Academia Norte, había dos duelistas muy interesantes, ya que a juzgar por la forma en que se comportaban, podían ver a los espíritus. Uno de ellos era Jun Manjoume, según Judai, el hijo menor de una familia muy poderosa de Japón, y el otro un chico nórdico llamado Johan Andersen. Este último era el más interesante: tenía a las raras Bestias de Cristal. El duelo terminó en un triunfo para los del Norte. Siendo la única decepción de la noche que el «Dragón Arco Iris» no hiciera acto de presencia. —No lo tiene —aclaró Yubel, al parecer intuyendo lo que estaba pensando—. El mazo es poderoso sin él, pero cuando lo tenga, será imparable. —Oh, quiero luchar con él —dijo Judai emocionado. —Tendrás tu oportunidad pronto —le prometió Yubel. Judai apagó el televisor y miró al espíritu con un gesto de confusión. Yubel no dijo nada más, así que el joven vampiro suspiró exasperado. —Bueno, creo que debo despertar a Sho y llevarlo a su casa. —No lo hagas —le interrumpió Camula. Yubel enarcó una ceja, mientras Judai la miraba con curiosidad. —¿Trae sus cartas con él? —Siempre, es una de las primeras cosas que grabé en su mente: un duelista nunca deja su mazo atrás. Camula asintió de acuerdo. —Muy bien, reúne todo lo que fuiste enviado a buscar aquí. Es hora de volver a casa. Judai sonrió feliz. Luego su ceño se frunció. —¿Qué hay de Sho? —La orden de su Alteza es clara: Sho Marufuji, como uno de los últimos miembros del Séptimo Clan Samurái, debe ser llevado al Reino de la Noche Eterna. Judai parecía menos feliz con eso de lo que pensó. —¿Qué pasará con él? —Judai sabía cómo suponía su alteza, y quizá intuía que Sho no estaba listo para enfrentar directamente a Haou. Tal vez tenía la idea de que podría convertirlo en uno de los suyos, antes de tener que presentarlo ante su Padre en la Sangre. —Eso lo decidirá su Majestad —respondió Camula optando ser sincera—. Es un activo demasiado valioso como para que sea de otra forma. Por el bien de Judai, esperaba que no le rompieran el corazón.