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Para cuando la hora de la cena llegó, Sho se sentía tan hambriento como si no hubiera comido en días. La pérdida de sangre, sin hablar de otras actividades íntimas, podían hacer eso. Él y Judai se dieron una ducha antes de ir a la cafetería. Algo que Sho había aprendido tras todo ese tiempo rodeado de vampiros, era sobre la alimentación: sí que podían comer comida humana, lo que no podían hacer era digerirla. Y claro, para ellos no tenía sabor alguno. ¿Qué pasaba luego con esa comida? Pues, bueno, la regurgitaban como las aves. No todo en los Señores de la Noche era elegancia y seducción natural. Por supuesto, debido a esto, tendían evitar las situaciones en que ingerir comida humana fuera necesario para mantener el disfraz. La cafetería de Osiris era pequeña y ruidosa. Lo primero que notaron fue que Kenzan, a pesar de ser de Ra, y Rei se las arreglaban muy bien para mantener animados a todos por allí. Los de primero parecían mucho más relajados que horas atrás. —Se ve que se divierten mucho —dijo Judai sonriendo mientras se acercaba a la mesa dónde Rei y Kenzan disfrutaban de una agradable cena en compañía de un estudiante mucho más alto y robusto quien, curiosamente, parecía un Koala humano. —Hay que mantener el ánimo, ¡somos lo único que impide que los zombis de blanco tomen toda la Academia! —Sólo porque no creen que valga la pena siquiera ensuciarse los zapatos con nosotros —respondió el chico Koala. —¡Vamos, Hayato, no digas eso! —gritó alguien desde otra mesa. —¡El superior Hayato siempre se deprime al comienzo del año! —dijo alguien más—. En cuanto sea el primer día de sándwiches sorpresa en la tienda de la señorita Tome se le pasará. Hayato estaba muy rojo por la vergüenza. —¿Superior? —preguntó Sho. —Hayato lleva en Osiris más tiempo que nadie —le respondió alguien—. ¡Cinco años! Ya deberían ponerle su nombre al edificio. —¡Chicos, no sean así! —los reprendió Rei—. El superior Hayato se esfuerza mucho. Este año sin duda se gradúa. —¿Crees eso? —Hiciste dos años en uno solo —dijo Kenzan—. ¿Cuántas personas pueden decir eso? Hayato sonrió con timidez. —Bueno, entonces supongo que nos graduaremos juntos —dijo Sho sonriendo. —¿Juntos? —preguntó Kenzan—. ¿No son de primero? —Nos transferimos desde otra escuela —le respondió Judai encogiéndose de hombros. Kenzan pareció un poco malhumorado. —Vaya, y yo que pensaba que había encontrado a otros dos pupilos, pero resulta que están un año por delante de mí. —No te sientas mal, Kenzan, hay muchos de primero para que busques nuevos pupilos —dijo uno de los chicos que habían bromeado con Hayato—. Eso sí, no esperen ascender a Ra, a menos que les guste abusar del cloro y el blanqueador en su ropa interior. La sala se llenó de carcajadas. —Oh, llego a tiempo para la hora feliz de «qué bueno que no soy de los de blanco». En la puerta de la cafetería había un estudiante de Obelisco, probablemente a esas alturas el único que no llevaba uniforme blanco. —¡Escuchen, los de primero, conozcan al Rey Fubuki! —dijo alguien. —¿Por qué hay un Obelisco aquí? —preguntó alguien con timidez. —Porque, al igual que Kenzan allá, soy un Rojo honorario. —Fubuki les guiñó el ojo—. Ya, en serio, me duele la cabeza de solamente ver lo que es el ex dormitorio Azul en estos días, así que tuve que mudarme al rojo. Qué, y esto es entre nosotros, de todas formas, tiene mejor comida. —Y únicamente por eso el Profesor Chronos nos asignó más fondos, así que agradézcanselo. Tenemos pintura nueva y menos cucarachas gracias a El Rey Fubuki. —Oh, vamos, no es para tanto. —La sala volvió a estallar en carcajadas ante el exagerado gesto de Fubuki, como rechazando los halagos, aunque claramente pavoneándose de manera burlona. Sho notó que las miradas de Fubuki y Judai se encontraba un momento. Fubuki se puso serio y asintió una vez, luego se sentó en la mesa con Kenzan, Rei y Hayato para discutir sobre cómo habían ido sus vacaciones. Esa cena fue de las más divertidas que Sho había tenido en años. La camarería reinaba entre los de Osiris. Rei, Kenzan y Fubuki (los últimos dos llamándose a sí mismos Osiris honorarios) se encargaban de subir los ánimos a los de primero. Aunque, Sho no pudo evitar notar como, sutilmente, les indicaban que no buscaran el ascenso. Era como si hubiera una advertencia velada allí: mejor estar en la parte inferior de la escuela a perder la individualidad. El buen ambiente en la sala se cortó de pronto cuando las puertas dobles se abrieron de golpe. Cuatro estudiantes varones de Obelisco Blanco sostenían las puertas, mientras tres chicas de pie, en el centro, de tal forma que dejaba claro que ellos las escoltaban, miraron la sala con una mezcla de burla y asco. —¿Se te perdió algo, hermanita? —preguntó Fubuki, poniéndose de pie y avanzando en clara actitud protectora. Kenzan y Rei no tardaron en hacer lo propio, incluso con discos de duelo en mano. La chica de la derecha, una de cabellera castaña, frunció el ceño. La de la izquierda miró a Fubuki con reproche. La chica de en medio, una rubia, miró a Fubuki como si fuera basura. —Escuchamos que Sho Marufuji, el hermano menor de Kaiser Ryo está aquí —dijo la chica de cabello castaño—. Así que, en nombre de la amistad pasada de Kaiser con Asuka, ha decidido invitarlo personalmente unirse a nuestro selecto club. —¿Te cortaron la lengua? —preguntó Fubuki a la chica rubia—. ¿Por qué no hablas por ti misma y no a través de tus lacayos? —Asuka no tiene por qué dirigirte la voz mientras te niegues a reconocer la verdad. —¿Qué verdad? ¿Qué el blanqueador causa daño cerebral irreparable? Unas pocas personas se rieron, pero eso no disipó la tensión que se había formado en la sala. La chica de la derecha activó su disco de duelo, sólo para que, con un gesto de la rubia, retrocediera. —Vinimos aquí a ofrecer una invitación cordial a Sho Marufuji para unirse a la elite de la Academia. —La voz de la chica rubia era extraña: una mezcla de amabilidad y respeto, no obstante, en el fondo se sentía mal, como si fuera una suerte de mensaje subliminal. Era parecido al Dominio de Judai, aunque mucho más abrasivo. Dónde Judai buscaba simplemente persuadir, esta persona atacaba como si quisiera derribar las defensas de un castillo—. Sé que tu hermano no querría que perdieras el tiempo con la basura. Sho miró a Judai, quien parecía estar distraído en otra cosa más interesante. Claro, todo eso era una simple actuación: estaba escuchando todo con atención y analizando todo lo que pasaba. Sho le apretó la mano por debajo de la mesa, y luego se puso de pie. —Muchas gracias por la invitación, pero no creo que a Ryo le importara si soy parte de la elite o no. De hecho, estoy más que seguro que él reprobaría a su… ¿Secta? Después de todo, él siempre fue partidario del respeto entre duelistas. Al menos en sus días de estudiante. —Muy bien —dijo la rubia tras un momento—. Sin embargo, Kaiser no está aquí para protegerte. Dicho eso, dieron media vuelta y abandonaron la habitación.- GX -
La cena no volvió a animarse luego de eso. Tras unos minutos, todos comenzaron a retirarse. Los estudiantes de Osiris compartían una habitación común junto a la cafetería, en dónde pasarían la noche durmiendo en futones. Casi a las doce, Kenzan por fin les dijo buenas noches y se retiró a dormir. Incluso el personal se había ido hacía horas. Sólo quedaban Sho, Judai, Rei y Fubuki. —Así que esa es Asuka Tenjouin —dijo Judai con voz despreocupada. Sho frunció el ceño. Había algo más allí: una sensación de amenaza oculta. —La orden de su majestad es observar lo que ocurre, al menos de momento —dijo Fubuki. Judai golpeó la mesa con su puño. —Ella asesinó a Camula —dijo ya sin ocultar la furia en su voz. Rei parecía lista para salir corriendo. —Su majestad —habló Fubuki con el tono de voz más tranquilo que pudo—. Sé que está furioso, pero… —Es tu hermana. —Y me siento responsable. Quizá si hubiera sido honesto con ella, si yo la hubiera presentado con Lady Camula antes de que… Judai suspiró. Sho sostuvo su mano hasta que se relajó. —¿Cuál es la orden de mi padre sobre esta Sociedad de la Luz? —Observar e informar todo lo que pasa —le respondió Rei—. Quiero asegurarnos de que Osiris sea una resistencia que, cuando llegue el momento, pueda hacerles frente. Fubuki asintió con la cabeza. Judai permaneció pensativo por un momento. —Entiendo. —Se giró a ver a Sho—. ¿Tienes las maletas con las cartas que te di? Sho asintió. Unos días antes de zarpar, Judai había mandado las maletas con todas las cartas raras que había reunido en Ciudad Domino cuando se conocieron, y algunas más que ni siquiera existían en el Mundo Humano. —Vamos a armar a esta pequeña resistencia —dijo—. Comenzando por los más confiables. —Hayato y Kenzan —se apresuró a decir Rei—. Hayato no es un duelista de gran calibre, pero en la teoría pocos le ganan… mientras esté motivado. Incluso el Profesor Chronos admitió que es el mejor diseñador de cartas que esta Academia ha tenido, con todo y un puesto esperándolo en Ilusiones Industriales cuando se gradúe. Los ojos de Judai brillaron con interés. —Ya veo. ¿Es un Maestro de la Creación nato? —Lo es, y el único que queda en el Mundo Humano además del mismo Pegasus J. Crawford. Sho miró a Judai con curiosidad. —Alguien que nació con el don innato para crear cartas, y sellar a los espíritus en ellas —le explicó—. Son raros en las Doce Dimensiones, en el Mundo Humano surge alguno cada cien generaciones. Puedo ver que a mi padre le interesara tenera este. Sho no pudo evitar estremecerse. Nunca se acostumbraría a como los vampiros veían a los humanos como herramientas y posesiones. Incluso uno que era decente como Judai. Durante la siguiente hora, Rei y Fubuki pusieron a Judai y Sho al tanto de todo lo que pasaba en la Academia.- GX -
Al mediodía, cuando la Isla Academia comenzó a ser visible, Sho se paró en la proa del barco para verla. Judai estaba con él, a pesar del sol. Sho no pudo evitar sentir algo de tristeza. Dos años atrás había imaginado la Academia como un paraíso dónde los duelistas podían aprender y crecer juntos. La Academia a la que estaba llegando era un campo de batalla en el que pronto estallaría una guerra. —Descuida, terminará pronto —le aseguró Judai—. Además, no significa que no habrá tiempo para divertirnos. Sho asintió. Judai lo atrajo en un abrazo, y Sho se permitió cerrar los ojos, relajándose respecto a sus dudas y miedos con la sensación de seguridad que Judai le daba, y el suave movimiento de las olas, que casi parecía arrullarlo.