- GX -
Sho avanzó lo más rápido que pudo por el sendero del bosque. Era complicado, ya que esa zona era tan poco transitada que la hierba había hecho desaparecer casi por completo el camino. No ayudaba que se hubiera hecho de noche en cuanto llegaron a esa otra dimensión. «Voy a la batalla contra la Luz», se recordó con el corazón latiendo en su pecho. Por fin llegó a uno de los senderos más cuidados. Este en específico iba hacia el río, a la zona de la catarata que estaba a unos metros de la central eléctrica de la isla. Rei los había llevado allí a él y a Judai una tarde calurosa un mes atrás. Judai detestaba la playa por obvias razones, así que Rei sugirió el río. El agua estaba fresca y, sumado a la sombra frondosa proyectada por el bosque, había sido un lugar maravilloso para nadar y refrescarse un poco. De igual forma, les gustó que no fuera un sitio muy frecuentado por los estudiantes, quienes preferían el sol, la arena y las olas de la playa antes que un tranquilo y agradable riachuelo de aguas cristalinas. Se detuvo un momento. Recordar esa tarde le trajo a la memoria otra cosa. Sacó el vial de cristal que Judai le había dado cuando llegaron a la isla. A pesar del tiempo transcurrido, la sangre dentro no se había coagulado o secado. Se preguntó si era debido a que el recipiente que la contenía evitaba que pasara, o porque era la sangre de un vampiro. Sho retiró la tapa y apuró el contenido en su boca. Al instante sintió como si un choque eléctrico lo recorriera, aunque no era desagradable. De pronto era como estar en el Beso de Judai, pero de forma más intensa. «¿Un beso indirecto versión vampiro?», pensó con diversión. Era casi como si la presencia de su novio lo envolviera como una suerte de burbuja protectora. «Judai», pensó. Casi al instante, a pesar de lo separados que estaban físicamente, sintió la respuesta de su amado. «Estoy aquí… ¿Estás listo?». Sho asintió con su cabeza, preparó su disco de duelo y continuó su camino hacia el dormitorio. Se sentía mucho más ligero, y a pesar de lo oscuro que estaba el camino, ya no necesitó que sus Vehicroid lo iluminaran para él. Llegó justo en el momento en que la Sociedad de la Luz rodeaba el dormitorio. Sus compañeros de Osiris estaban refugiados en la cafetería. Era fácil decir que los de grados superiores estaban al frente protegiendo a los de primero. Para su sorpresa, Hayato estaba de pie frente a Asuka, acompañado por Des Koala. Por lo que podía decir, el estudiante mayor estaba dispuesto a enfrentarse a la misma líder de la Sociedad con tal de proteger a Osiris. —¡Asuka Tenjouin! —la llamó Sho. La chica se giró y le miró con esos ojos carentes de toda expresión, salvo la furia. Los mismos que hacían que la mayoría apartaran la mirada para no tener que verlos. —Marufuji —escupió su apellido. —¡Te desafío a un duelo! —¿De verdad? —se burló una de sus guardaespaldas, la de cabello castaño tupido. Rei dijo que su nombre era Junko. —Muy bien —dijo Asuka dando un paso al frente. —No es necesario —la chica del cabello oscuro, Momoe, trató de convencerla. —He esperado esto. Kaiser casi logró que Edo Phoenix traicionara a nuestro Maestro, lo justo es que le arrebate a su hermano. Asuka pensaba que era fácil. Tal vez creía que era el mismo duelista que perdió muy fácilmente en contra de Chronos en su primer intento de entrar a la Academia. Muy bien, iba a demostrarle su verdadera fuerza. Ella podía ser considerada la Reina de Obelisco, pero él había luchado verdaderos duelos (de vida o muerte) en la Arena de la Noche Eterna. Asuka no tenía una sola oportunidad en su contra. —¡Duelo!- GX -
Cobra gruñó cuando Haou pasó su mano enguantada por su rostro como quien acaricia a un cachorro. Los dos orbes amarillos que eran los ojos del Rey Supremo lo miraban con cruel diversión. —Tengo que admitir que hiciste un buen trabajo. Pero esto únicamente fue el comienzo. Hay una razón por la que te elegí. —Cobra sintió como algo intentaba entrar en su mente. —¡Dijiste que nuestro trato me haría inmune al Dominio! —reclamó. —No mentí. Ese contrato ya se ha cumplido. Tu hijo, Rick, está despierto y viene en camino a verte, eso gracias a los secretos de la magia de este mundo. Además, abriste la puerta y me trajiste mi nueva Academia a su nueva ubicación. La sonrisa de Haou creció más. —Ahora, sé un buen soldado y no te muevas. No pienso hacerlo placentero para ti, después de todo, ya estás acostumbrado al dolor. Cobra quiso moverse, el Círculo Atahechizos se lo impidió. Tampoco pudo hacer nada cuando Haou lo tomó por el cabello para inclinar su cabeza hacia atrás y tener acceso al cuello. Lo último claramente se debía al Dominio de Haou invadiendo sus pensamientos. —¿Qué es lo que quieres de mí? —se atrevió a preguntar con la poca voluntad que le quedaba. —Me trajiste a mis tropas, sólo que no están entrenadas. La mayoría. Judai es bueno haciendo su trabajo y, aunque le falta un poco de disciplina, sabe ganar la lealtad de sus soldados. —Haou lo miró con una intensidad que no le gustaba provocándole un escalofrío. La risa burlona de Yubel solamente lo hizo peor—. Lo que quiero de ti, Cobra, es que entrenes a mis tropas. Por supuesto, necesito tu lealtad completa. No dudaste en traicionar a Seto Kaiba o al resto de la Academia. No quiero que esa historia se repita. Por fortuna para mí, la Sangre hace imposible para una Cría el desafiar a su Padre; al menos cuando es engendrada para servir a su Maestro. Cobra sintió el miedo deslizándose por su estómago. Nunca, en todas las guerras en las que participó, a pesar de las atrocidades que había visto y cometido, lo sintió de esa forma. No era el miedo a la muerte, sino el miedo a convertirse en un ser carente de toda voluntad. —Mira las cosas por el lado amable —dijo Yubel, aunque su tono burlón hacía complicado tomarlo de esa manera—: nunca tendrás que separarte de tu hijo de nuevo. Ambos podrán quedarse aquí y dirigir la escuela por toda la eternidad. El militar intentó con más fuerza resistirse al agarre del Rey de los Vampiros, sin éxito. «¡Rick!», fue su último pensamiento antes de que el dolor estallara en su cuello. Minutos más tarde, Haou se relamió los labios mientras se acomodaba la manga de su camisa. Cobra estaba inconsciente. Permanecería así por un largo rato hasta que su Maestro lo llamara. Desactivó el Círculo Atahechizos ahora que ya no lo necesitaba para contenerlo y el cuerpo del profesor se deslizó pesadamente en la piedra caliza de las ruinas. Haou se puso su levita de nuevo, la cual Yubel sostuvo para él mientras Engendraba a su nueva Cría. Era una elegante prenda de color rojo con botones de camafeo plateados y bordados de oro. —¿Tras quién vamos ahora? —Quiero ver al portador del Ojo —respondió Haou—. ¿Sigue en combate? Yubel se concentró para sentir su energía de duelo a través de la Biobanda. —Fubuki aún lo mantiene entretenido. Sin embargo, está casi agotado. —Deja de drenar su energía. —Yubel asintió—. De hecho, desactiva todas las Biobandas, excepto las de los miembros de la Sociedad de la Luz. Luego, levanta a los que cayeron. Hay que mantener ocupados a los posibles obstáculos. Yubel sonrió con diversión. Muchos de los caídos estaban en la enfermería, según lo que Daitokuji dijo. Esa iba a ser una sorpresa desagradable para el personal de la Isla Academia. Le habría encantado estar allí para ver sus expresiones cuando sus propios alumnos se alzarán contra ellos convertidos en sus marionetas.- GX -
La conmoción estaba en pleno apogeo cuando Judai, Daitokuji y O’Brien salieron del pasaje secreto en el recibidor de la Academia. Era el ruido inconfundible de los duelos, así como los gritos de las personas, de sus profesores, hablando sobre contener a alguien o a algo. —¡Imposible! No importa cuántas veces los derribes, siguen levantándose —escuchó la voz chillona del subdirector Napoleón. O’Brien preparó su disco de duelo y Judai estaba por hacer lo mismo cuando Daitokuji los detuvo. —Son aliados —aclaró—. Una vez que llegamos a este mundo, las Biobandas de Cobra dejaron de cumplir su función como recolectores de energía de duelo. Ahora, en lugar de eso, lo que hacen es lo contrario: permiten que la energía de este mundo se filtre hacia ellos. Pero, eso no es todo, su Alteza Yubel, ha infundido su propia voluntad en esa energía como lo haría un vampiro a través del Dominio. Judai lo entendió de inmediato. A partir de ese momento, todo aquel que cayera inconsciente por causa de las Biobandas se levantaría convertido en una marioneta para que Yubel la usara. Imaginó que estaba empleando Magia de Ilusión para eso. Por lo que sabía, su efecto para repeler los ataques enemigos era una combinación de Ilusión y magia Demoniaca, así que tenía sentido que pudiera hacer eso a través de las Biobandas. Estaban por dirigirse a las escaleras para subir hacia la oficina del director, cuando las puertas de cristal del recibidor de la Academia se abrieron. Judai reconoció de inmediato a Takuma Saio, el verdadero líder de la Sociedad de la Luz. Jun Manjoume, todavía bajo el control de la Luz, estaba con él. El que Johan los acompañara le hizo saber al instante que el estudiante Nórdico no había conseguido vencer a Manjoume. Aunque tampoco parecía haber sido asimilado. Sus ojos se posaron en la cuarta persona. Era un chico de la edad de un estudiante. Vestía un elegante traje de color blanco y llevaba su cabello plateado pulcramente peinado. Ese era Edo Phoenix. Le llamó la atención el hecho de que tenía los brazos cruzados sobre el pecho y lo miraba con una extraña mezcla de escepticismo y presunción, como si no lo considerara una gran amenaza. —¡Judai! —lo llamó Johan mientras se apartaba de los otros y caminaba hacia él—. ¿Qué sucedió? ¿Dónde está el resto? ¿Lograron detener a Cobra? O’Brien se interpuso en su camino apuntándolo con su disco de duelo. —¿Qué es lo que pasa? —Es tal como dije —lo interrumpió Saio. Luego miró a Judai—. Imagino que llevaste a los líderes de Osiris a una trampa. Cobra trabajaba para ti todo el tiempo. Todo era parte de tu plan. Johan entrecerró los ojos. —Es mentira, ¿verdad? Tú no… La conmoción estalló en un pasillo cercano. Al menos una docena de miembros de la Sociedad de la Luz inundaron el pasillo. —No son los nuestros —dijo Jun Manjoume activando su disco de duelo y parándose frente a Saio. Los estudiantes de blanco estaban muy pálidos, con gruesas bolsas oscuras bajo sus ojos y la mirada perdida. Caminaban casi como sonámbulos, con sus discos de duelo activados. —Es el momento —le indicó Daitokuji. Judai asintió y lo siguió escaleras arriba, O’Brien se aseguró de cubrirlos en caso de que trataran de seguirlos. Los estudiantes de blanco convertidos en Zombis se interpusieron en el camino de Johan, Edo y los dos miembros (sirviente y líder) de la Sociedad de la Luz. —¡Judai! —Johan lo llamó intentando llegar a él, solamente para ser detenido por los Zombis de Duelo. Antes de eso, notó que O’Brien permanecía en el descanso de la escalera, claramente listo para enfrentar a cualquiera que pasara a los zombis. Johan se sorprendió cuando el Dragón Armado LV 3 de Jun arremetió contra los zombis derrumbándolos. —Han ido en busca de los Demonios Fantasmas —dijo Saio. Johan se giró notando que Saio sostenía una carta de Tarot en su mano derecha—. Si consiguen esas cartas, será el fin de la Academia y del mundo. —¿Qué dices? —lo cuestionó Edo, quien acababa de derribar a tres zombis de duelo con un combo OTK. Johan volvió a sentir que podía confiar en ese hombre. —¡Voy tras de ellos! —anunció y corrió hacia la escalera aprovechando que los zombis derribados por el dragón de Jun no se habían levantado todavía. Tuvo que saltar atrás cuando O’Brien le disparó una de sus cartas. Casi al instante, Manjoume se interpuso entre ambos. —¡Maestro, siga al objetivo! Yo entretendré al enemigo. Johan miró a Jun con tristeza. Era su amigo, no debería llamarlo «Maestro». Se sentía mal en muchas formas. Sin embargo, no había tiempo para lamentarse. Viendo que los Zombis de Duelo protegieron la huida de Judai y Daitokuji confirmó que Saio decía la verdad. Tenía que detener a Judai. Con eso en mente, subió las escaleras esperando alcanzarlos. En todo momento, tuvo la impresión de que alguien susurraba en su oído diciendo que camino debía seguir. No parecía que fuera una de sus Bestias de Cristal, aunque no tenía duda de que esa voz pertenecía a alguien conocido. Casi se sentía como familia.