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Al día siguiente Regulus seguía con la mente dándole vueltas. Quería mostrarse en su forma animago ante Severus, pero eso sería peligroso. Caminando por el castillo tenía que fingir que entre él y Severus no pasabanada.Eso le molestaba muchísimo y todo era culpa de Sirius y de Potter. Menos mal que se iban a graduar ese año, aunque eso significaba que Severus también se iría, a veces olvidaba que era un año menor. Fue hacia el jardín durante el descanso antes de la cena. Bajo un árbol estaba Severus tan hermoso como siempre con esa nariz aguileña y su mirada enfrascada en un libro de pociones avanzadas. Comenzó a acercarse y entonces los vio: los merodeadores yendo hacia Severus como si él fuera su presa. Sin pensarlo dos veces decidió distraerlos de su objetivo así que se transformo en su versión felina. Un hermoso gato de pelaje negro y ojos grises demasiado brillantes para ser parte de esta realidad tenía sus patitas sobre la hierba. Comenzó a correr hacia los merodeadores, en pocos segundos tenía su atención. Sevrus se sorprendió, pero captó que ese gato era Regulus casi al instante. James Potter y Sirius comenzaron a perseguir al gato dejando sus intenciones de molestar a Severus de lado. Regulus trepó hacia el árbol bajo el que estaba Severus. Decir que estaba disfrutando de ver a esos idiotas frustrarse porque no podía ganarle a un gato era poco, Severus comenzó a reír sin poder aguantarse y entonces el gato saltó hacia el regazo de este. Severus no dudó en acariciar el lomo de su salvador felino. Sirius y James se fueron bajo la reprimenda de Remus Lupin por ser demasiado infantiles. Severus pudo respirar tranquilo una vez se fueron. —¿Sabes? No deberías haber hecho eso. El gato le miró con curiosidad, como si no entendiera, pero Severus sabía que ese era su Regulus y que entendía exactamente a lo que se refería. —No te expongas así, ni siquiera por mí. Regulus respondió con un ronroneo. —Eh, eso no es una respuesta válida. Regulus volvió a trasformarse en humano. La imagen del perfecto Regulus Black con el uniforme hecho un desastre y sus rizos hechos un alboroto hizo reír a Severus con tantas fuerzas que Regulus se habría sentido ofendido, de no ser porque disfrutaba de su risa. Con las manos Regulus intentó arreglarse el uniforme. No había remedio. —¿Nos vemos después del toque de queda?—Preguntó Regulus. —Claro, siempre es un placer saltarse las reglas contigo. Regulus sonrió con una de esas sonrisas que solo Severus conseguía sacarle y que solo estaban reservadas para este. Tras percatarse de que los merodeadores no hubieran visto la escena, ambos se encaminaron hacia el gran comedor donde la cena esperaba. Su relación era un secreto solo para algunos. En realidad, solo era un modo de preservar la privacidad, porque entre besos en la torre de astronomía y escapadas nocturnas, ambos se sentían más unidos y eso no necesitaban exponerlo a todos. Severus arregló el uniforme de Regulus con un hechizo y entraron juntos al gran comedor. Ambos Slytherins sonrieron sutilmente ante las miradas inquisidoras de los merodeadores. Seguro que se preguntaban qué había pasado con el gato... Bueno, eso era una historia para otro día, o quizá... Nunca.Capítulo único
14 de abril de 2026, 4:36
En el corazón de la torre de astronomía las estrellas presenciaban un encuentro entre susurros y secretos.
Habían sido días difíciles para Regulus Arcturus Black. Ahora era oficialmente el heredero y su hermano ya no era más su hermano, borrado del tapiz familiar para siempre. Era una situación que le causaba profundo dolor, que le quemaba por dentro, dividido entre el deber y lo que realmente deseaba.
Y nunca creyó que en esos días encontraría apoyo en quien menos esperaba: Severus Snape.
Al principio fue sutil, un acercamiento que ninguno de los dos vio venir. Empezó con miradas que duraban más tiempo de lo necesario, compartir un asiento en clase de pociones, alabar la inteligencia del otro, roces de manos que distaban de ser casuales.
Y ahora, en esta noche estrellada, Severus compartía más de sí mismo con Regulus.
Daban pequeños pasos en su relación, si es que se podía llamar a esto una relación, ellos no sabían aún que eran. Estaban en ese proceso de descubrimiento. Lo que nadie podía negar era que ambos al mirarse se reconocían, sabían que eran el uno para el otro incluso si nunca habían pensado en ello antes.
Severus siempre había visto a Regulus como el hermano menor de Sirius, y eso siempre lo echó para atrás, juzgándolo en silencio por los pecados de su hermano.
Regulus, en cambio, siempre admiró a Severus, claro que en silencio, su orgullo sangre pura nunca le permitió verbalizar lo que sentía con honestidad.
—¿Ves esa estrella?—Preguntó Regulus mirando al cielo.
—¿Cuál? ¿Esa?—Señaló Severus torpemente con un dedo.
—Sí, esa es Dubhe, de la constelación Osa Mayor, y esa un poco más abajo es Merak, con ambas encuentras la estrella polar.
—Hermoso.—Murmuró Severus sin mirar al cielo, sino que miraba a Regulus.
Regulus le miró con sus ojos felinos, Severus juraba que podía atravesarle con esa mirada y moriría en paz.
Era como ver la mirada juzgona de un gato, a veces Severus pensaba que Regulus era como un gato, en sus movimientos flexibles y elegantes, con esos ojos grises, seguro que si fuera un gato sería un gato negro de ojos plateados.
Un golpecito de Regulus en la frente ajena sacó al otro de sus pensamientos.
—Severus, presta atención.
—Bien, pero ¿si fueras un animago qué animal serías?—Preguntó Severus de repente.
Regulus frunció el ceño. Era imposible que Severus sospechara que era un animago ilegal. Fuera como fuese no quería mentirle, y los ojos cargados de ilusión de Severus no le permitían responder con evasivas.
—Un gato.
—LO SABÍA. OJALÁ VERTE COMO UN GATITO.
—Ya Sev, no pensé que te emocionaría tanto.—Dijo Regulus con una sonrisa genuina en sus labios.
Bajo las estrellas como testigos Severus dejó un beso en los labios contrarios. Ambos sonrieron bajo esa noche que debería ser eterna.