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He vuelto… y con este hermoso señor, porque sinceramente amé la temporada de Ewan y Shuoren. Especialmente lo mucho que desarrollaron a Ewan; fue precioso verlo siendo estricto, pero siempre desde la protección. Por si se saltaron las etiquetas: esto es smut. Un smut un poco extraño, porque es slow burn y tiene una dinámica de poder que se dio de forma muy natural mientras lo escribía. Tengo otro fic más largo y elaborado de Ewan x MC/Reader en proceso… pero aún no lo termino. Ese hombre controlador exige que todo se haga como él dice, y ya me ha roto la escaleta cinco veces al momento de publicar este oneshot.No me extiendo mas, espero que les guste.──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────
Nos encontrábamos en mi oficina. Un nuevo caso acababa de llegar y estábamos analizando la información. Estaba por comenzar el informe preliminar. Cuando su voz me interrumpió.—Señor Ward, ¿puedo faltarle el respeto? Me quedé un momento con la cabeza baja, viendo los documentos que ya no leía. ¿Había oído bien? ¿O solo fue un malentendido? —Disculpa —dije un par de segundos después, con calma—. No te escuché, ¿me dijiste algo? —Sí —reafirmó—. Le pregunté si me permite faltarle el respeto. Mi quijada se tensó y me enderecé en mi puesto. Parece ser que había oído bien. Ella suspiró una risa. —Tomaré eso como un no —dijo con un tono que no supe descifrar y salió de mi oficina. Lo tomé como una broma y seguí con mis deberes. Algunos días más tarde. Estaba de nuevo solo con ella en mi oficina. Era mi mejor aprendiz. La conocía desde adolescente. Y debía admitir que su habilidad para el orden era excepcional. Aunque, claro, eso solo era superado por su habilidad en combate. Ya habíamos terminado de organizar un nuevo caso. —Perfecto —dije con orgullo—. Mañana podemos presentar las pruebas para continuar con el caso. —Sí —respondió ella—. ¿Le gustaría que les saque copias? —No te preocupes. Ya es tarde. Deberías irte. Ella inclinó levemente su cabeza. —Entiendo. Me retiro entonces. La seguí con la mirada y, cuando puso su mano en la manija, se giró con cierta duda. Nuestros ojos se encontraron. Mis cejas se levantaron un poco. —¿Pasó algo, agente? —Señor Ward… —¿Mmm? —¿Puedo faltarle el respeto? —preguntó con tono calmado. —No —respondí, y no sé por qué mi voz salió con duda. Ella volvió a sonreír y salió de mi oficina. Arrojé la carpeta que tenía en las manos sobre mi escritorio. —¿Por qué volvía a preguntarme eso? —pensé molesto e intrigado—. ¿Acaso algo le estaba molestando? Decidí cortar ese pensamiento ahí. Terminé de organizar todo para la reunión de mañana. No estaba entendiendo qué pasaba con mi aprendiz. Seguía portándose como siempre. Era eficiente en todo. Muy disciplinada. Me saludaba con una sonrisa cortés. No parecía que tuviese algún problema conmigo. Entonces… ¿Por qué? ¿Por qué quería faltarme el respeto? Esa tarde lluviosa, me estaba preparando un café cuando ella entró al cuarto de descanso, cerrando la puerta tras de sí. —El clima hoy ha estado terrible —comentó sirviéndose una taza de café. —Sí —respondí—. No ha dejado de llover. —Uh-hu —se paró a mi lado—. La entrega del artículo maldito se ha retrasado —la vi tomar un trago de café—. No se preocupe, ya estoy en eso. Ya lo resolví; en unas horas estará acá en el ministerio. —Vaya, si no lo mencionas. No me entero. —Trato de aligerarle la carga. —Lo agradezco. —Señor Ward… —Dime —y no sé por qué, bajé mi mirada para verla. —¿Puedo faltarle el respeto? —A diferencia de la vez anterior, su mirada estaba baja, como si se escondiera, pero su tono era totalmente neutral. Tomé un trago de café. —No —respondí—. No puedo permitirte eso. Si tienes algún problema laboral. Haz un reporte y lo hablamos formalmente —me empiné toda la taza, terminándome el café a prisa. Dejé la taza a un lado con más fuerza de la que me hubiese gustado y salí del cuarto de descanso. —No es algo laboral —le oí mientras abría la puerta, pero no me volví. Era obvio que no lo dijo para mí. Después de eso, comencé a darle aún más vueltas al asunto. Si no era un problema laboral, ¿era un problema conmigo? ¿Acaso lo que me tenía que decir no podía ponerlo en papel? Pero… Sin querer, me quedé observándola, hablando con Campbell y afinando detalles; pronto teníamos una importante misión. Ella notó que la observaba y me sonrió con calidez. Yo solo asentí y desvié la vista, continuando con mi trabajo. O al menos, fingiendo que lo hacía. ¿Por qué me sonreía, si tenía algún problema conmigo? No podía entenderlo. Esa noche, ella entró a mi oficina. Se veía agotada. Pero era normal. Estos últimos días todos hemos estado investigando mucho. Nada en esta misión puede fallar. —Aquí está mi resumen, señor —dijo dejando una carpeta sobre mi escritorio. —Gracias, agente —dije tomando otra carpeta y extendiéndosela—. Este es el mío. Ella lo tomó con ambas manos y luego lo abrazó contra su pecho, bajando la mirada. —Señor Ward… —Mi respuesta es no —le interrumpí y desvié la vista—. Ya te dije, si es un problema laboral, ponlo por escrito. —No es un problema laboral —dijo con calma, y salió de la oficina. Levanté la vista, dejando mi mirada fija en la puerta por la que había salido. ¿Por qué decía eso?──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────
La misión resultó ser todo un éxito. Tanto el escuadrón de Potter como el mío hicieron un trabajo excepcional. Pudimos detenerlos a todos y, aún más, logramos conseguir pruebas contundentes sobre sus crímenes. Lo que nos permitió encerrarlos sin posibilidad de fianza hasta que se celebrara el juicio. Todos estábamos muy satisfechos y felices. El piso completo de aurores, era un escándalo de vitoreos y celebración. Solo por esta vez, lo dejaré pasar. Realmente fue un caso complicado. Necesitábamos relajarnos un poco. Alguien sacó una botella de whisky de fuego, y comenzó a repartir tragos y no sé cómo, pero de pronto había bandejas con bocadillos por las mesas. De alguna forma, se había armado una celebración improvisada y yo quedé en medio. Honestamente, no soy de estas cosas. Tomé un par de tragos y me alejé sutilmente de la multitud. El calor de la bebida comenzaba a subir a mi rostro. Y para una figura de autoridad como yo, no es bueno que mis subordinados me vean en ese estado. Busqué resguardo en mi oficina, terminando de tomarme el trago con calma.Dejé las luces apagadas mientras veía por la ventana, desde donde se podía ver el atrio. —Señor Ward —oí detrás de mí y me giré—. ¿Se encuentra bien? Era mi aprendiz. Había entrado a mi oficina y me veía preocupada. Asentí. —Sí —moví el trago en mi mano—. Es solo que tanta gente me abruma —bebí un sorbo. —Entiendo —dejó salir y asintió—. Lo dejo descansar. Cuando abrió la puerta para retirarse, la detuve. —¿No piensas preguntarme hoy? Ella se giró sorprendida y volvió a cerrar la puerta. —Pero su respuesta siempre es no. Me llevé el vaso a mi boca y tomé todo de golpe. Mis mejillas estaban calientes. —Estoy de humor para cambiar mi respuesta —le dije, dejando el vaso a un lado y apoyando mi cuerpo en el borde del escritorio. —Pero, con una condición. Lo que se diga acá, luego lo olvidamos. —¿Olvidarlo? —Sí, como si nunca hubiese pasado. ¿Estás de acuerdo? —Sí… —Acepto, pero no se veía muy conforme. —Tienes 5 minutos. —Pero… —comenzó y dio algunos pasos acercándose—. No se puede retractar y no intente interrumpirme. ¿Acepta? La miré cruzándome de brazos. Vaya que tenía agallas mi aprendiz. ¿Tantas ganas tiene de insultarme? Le concederé su deseo. No pude evitar sonreír. —Acepto. Ella caminó con paso lento hasta estar frente a mí. Y en un movimiento que me sorprendió, tomó mi corbata con firmeza, tiró de ella bajándome a su altura. —Señor Ward —susurró en mi oído y su aliento me hizo temblar—. Desde hace mucho quiero faltarle el respeto… de formas que no tienen nada que ver con el trabajo.Creo que dejé de respirar. Mis manos se aferraron al escritorio. ¿Qué demonios estaba diciendo esta niña? —Quiero acercarme sin pedirle permiso —continuó ella, apenas susurrando—. No quiero llamarlo “señor”, solo quiero decir su nombre.Tragué saliva con dificultad. Podía sentir el calor subiendo por mi cuello, el pulso golpeando en mi sien. Por un momento quise moverme, decir algo, pero prometí no interrumpirla.—Quiero ver qué esconde debajo de tanta —hizo una pausa, la escuché saborear— disciplina —sus dedos aún en mi corbata se tensaron—. Hacerle olvidar por un momento quién es.Mis dedos se aferraron aún más fuerte al escritorio. —Quiero tocarlo de formas tan sucias… —su voz bajó aún más— que harían parecer una canción de niños a las maldiciones imperdonables. Sus palabras me golpearon de lleno.Cerré los ojos un segundo, tratando de controlarme. Pero no funcionó. Cuando los abrí, mi respiración ya no era estable. Ella finalmente soltó mi corbata, despacio, y se alejó lo suficiente para poder vernos a los ojos.—Ewan —dijo con suavidad y mi cuerpo se tensó—. Ewan… Ewan… Ewan… Cada repetición era un golpe directo a todos mis sentidos. Mi mano tanteó sobre el escritorio y tomé el vaso, llevándolo a mis labios, tratando de calmarme. Pero no salió nada. Olvidé que estaba vacío. Y con ese mismo tono suave y provocador:—Quiero sentarme en su cara… y que su lengua no me deje decir otra cosa más que su nombre.Todo mi cuerpo se tensó. El pulso me retumbaba en los oídos. Ella volvió a sonreír, con suficiencia. —Ya terminaron mis cinco minutos —hizo una leve inclinación—. Gracias por su tiempo, señor Ward. Y con paso decidido, abrió la puerta y la volvió a cerrar, saliendo y dejándome allí con todos mis sentidos alterados y con más dudas que respuestas.──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────
Al día siguiente me encontré con mi aprendiz en el ascensor. Cuando las puertas se abrieron. Ella estaba dentro.Estuve a punto de no subir. Me quedé congelado a medio paso. Ella me sonrió. —Buenos días, señor Ward —dijo cordialmente. Tragué saliva. —Buenos días —dije con tono neutro y entré, parándome a su lado, aunque manteniendo la distancia. —Vengo de sótano tres —comenzó. Llevaba varias carpetas en sus manos—. La Ministra Granger me dijo que quería una reunión con los escuadrones a las once. —¿Del caso que terminamos ayer? —Sí, señor Ward. Quiere una reunión en la sala de evidencias. —Entiendo, crearé un memo para todo el escuadrón —le respondí, y ella hizo malabares con sus carpetas y sacó un papel violeta. —Tenga —dijo entregándome el papel—. Ya lo redacté por usted. En ese momento, el ascensor se detuvo en nuestro piso. Ella salió caminando con calma. ¿Será que lo soñé? ¿Todo lo que ella dijo? No. Me acomodé las mangas de mi camisa y fui a mi oficina. Debía enviar ese memo. Después de la reunión con la ministra, nos dieron la tarde libre. Pues sabía de lo exhaustos que estaban todos los implicados en el caso. Pero yo prefería quedarme trabajando un poco más. Regresé a mi oficina. Tenía algunas cosas que ordenar. Y pronto apareció ella en el departamento de Aurores. Estaba con Campbell y alguien más… ¿Quién era ese chico? ¿Qué tanto hablaba con él? ¿Por qué se están riendo con esa facilidad? “Ewan…” El recuerdo de cómo decía mi nombre irrumpió en mis pensamientos. La observé más de lo que debía y su mirada terminó capturando la mía. Mi corazón se detuvo un segundo cuando ella me sonrió con cortesía, como siempre. Yo le devolví una mirada seria. No podía permitir que lo notara. Así que me levanté y cerré la puerta de mi oficina. Campbell volteó hacia mi puerta extrañada. —Parece que interrumpimos al señor Ward. —¿Tú crees? —la escuché preguntar—. Tal vez solo está cansado por todo el ajetreo. —Sí —comenzó Campbell aguantando una risa—. ¿Pero quién se atreve a hacerlo parar? Volvieron a reírse y luego se marcharon. Volví a respirar hondo, notando lo tenso que había estado. Tal vez… sí debía tomarme estas horas y descansar.──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────
Los días siguientes fueron más de lo mismo. No me refiero al trabajo. Hablo de ella. Todo seguía igual. Su eficiencia, su atención a los detalles y su orden. Su calidez, su amabilidad. Todo. Ella actuaba como si esa conversación jamás hubiese ocurrido. Y yo lo estaba intentando. ¿Será que… sí se tomó al pie de la letra que lo olvidáramos? Pero… yo no sabía que ella diría todo eso. O yo… —¿Tú qué, Ward? —me pregunté yo mismo—. ¿Ibas a lanzarte a ella… ibas a tomarla como te lo pedía? —No… ella es mi aprendiz, es mi responsabilidad. Hundí las manos en mi cabello y su voz vino de nuevo. “Ewan… Ewan…” —¿Por qué tenía que decir mi nombre de esa forma? Suspiré resignado. —¿A quién quiero engañar? Sí quiero… quiero tomarla —admití finalmente. Aunque me sentía frustrado. Estaba tan sorprendido en ese momento que no hice nada. ¿Por qué no hice nada? Oh… —Tal vez debería hacer algo —pensé, acomodando mi cabello y mi corbata con precisión. Sí, ahora era mi turno. Soy un caballero. Un hombre. Debería invitarla a salir. En ese instante, tocaron la puerta. Cerré los ojos un momento, recuperando la compostura. —Adelante. —Señor Ward —mi problema acababa de entrar—. Esto se lo envía el señor Potter —explicó, dejando sobre mi escritorio unos pergaminos enrollados y algunas carpetas. Cuando estuvo por marcharse, la detuve. —¿Tienes un minuto? —pregunté con cautela.Estuve a punto de decirlo. Invitarla. Pero— —De hecho, estoy bastante atareada. Negué con la cabeza. —Entiendo. No te quito más tiempo. Ella enseguida se fue. Y yo me puse a revisar todo lo que me envió Potter. Era bueno estar hasta el tope de trabajo. Hizo que su voz no se repitiera tanto.Algunos días más tarde, me topé con ella en la sala de descanso. Cuando entré, todo el cuarto olía a café recién hecho.—Buenas tardes, señor Ward —saludó llenando su taza—. No lo había visto en todo el día.—Buenas tardes… sí he estado bastante atareado —respondí mientras ella me mostraba la jarra de café. Yo asentí y le extendí mi taza.—¿Estás libre ahora? —pregunté mientras le ponía leche a mi café— ¿Tienes un minuto?—Uy, no. Señor Ward —respondió tomando sus cosas con prisa—. Necesito terminar este reporte antes de las cinco o la ministra me retará.Terminé de tomar mi café en la sala.Había vuelto a esquivarme.Tal vez es porque no sabe que quiero invitarla a salir.¿O sí lo sabe?Mi mandíbula se tensó.Esa noche no estaba tan tomado.Definitivamente, no lo imaginé.Cerré los ojos un segundo.“Ewan…”Sacudí mi cabeza hacia un lado con brusquedad.Dejé la taza en el fregadero.—No había forma de que me inventara algo así.Algunos días más tarde, ella volvió a entrar en mi oficina.—Señor Ward —dijo con un leve asentimiento.—Dime —dije sin mirarla.—Venía a informarle que el carguero con mercancía robada fue detenido.—Excelente.—Sí, ya están en el puerto. En unas horas estarán aquí —me informó y comenzó a buscar entre sus carpetas.—Agente… —la llamé y ella se detuvo, levantando su vista con calma.—Dígame, señor Ward.—¿Puedo invitarte a salir hoy? —pregunté rápidamente; mi corazón tropezó.Ella se rio con ligereza.—Señor Ward, ¿qué cosas dice? —dijo, y su mirada no cambió—. Hoy llega toda esta carga. Además, atraparon también a sus cómplices —ella volvió a reír—. No hay forma de que salgamos temprano hoy.—¿Y el sábado?—Iré a ver a mi familia —ella tomó una carpeta y la dejó sobre mi escritorio—. Esos son los presuntos ladrones. Potter le encargó los interrogatorios, ya que usted es bastante bueno en eso.Bajé la vista a la carpeta, tensando mi mandíbula.—Avísame cuando la sala de interrogatorios esté lista.—Por supuesto, señor Ward —respondió con una sonrisa y salió de mi oficina cerrando la puerta tras de sí.Resoplé frustrado, apoyando mi barbilla sobre mis dedos.¿Qué acababa de pasar?¿La invité a salir y dijo que no?No.Está ocupada. Sí, ella dijo que está ocupada.¿Verdad?Pasaron algunos días más.Ella no lucía alterada o molesta.¿Por qué solo a mí parecía afectarme?Iba bajando en el ascensor. Creo que es la primera vez en mucho tiempo que salgo del trabajo a mi hora.Suspiré aflojando un poco mi corbata cuando la puerta se abrió.Ella subió al ascensor.—Señor Ward —dijo ajustando su bolso—. Qué sorpresa.No respondí, solo asentí.Ninguno se miraba directamente, pero yo no podía evitar verla por el rabillo del ojo.Estábamos solos.Podía hacerlo.—Agente… —la llamé y pasé saliva.Ella se giró. Su mirada era inexpresiva.—No, señor Ward —dijo con voz calmada.Nos quedamos en silencio unos segundos.Viéndonos fijamente. Mi mandíbula se tensó y el aire se hizo difícil de respirar.El ascensor finalmente se detuvo, abriendo sus puertas. Ella salió con paso firme.A mí me tomó un segundo más recuperarme y salir.No pude volver a hablarle.Cada vez que lo intentaba, el recuerdo de sus ojos fríos me detenía.Algo estaba mal.Empecé a evitarla. Tomé un grupo de novatos para entrenarlos.Quería estar el menor tiempo en la oficina.Sin embargo, ella a veces llegaba a la sala de entrenamientos con una botella de agua y avisándome de algún documento que requería mi revisión.Me estaba quedando hasta muy tarde en la oficina, para poner al día lo que no hacía en la jornada normal.Por suerte, nadie lo veía extraño. Siempre me ha gustado mi trabajo.Pero esa noche, la oscuridad me había alcanzado sin notarlo.Levanté la vista, notando que toda mi oficina estaba en penumbras.—Como esa noche… —Murmuré.Ella había entrado, sin prender la luz y cerrando la puerta.“Ewan… Ewan…”Y luego ese recuerdo fue cortado por su fría mirada.Recosté la espalda en mi silla. Suspirando.¿Cuántas veces la rechacé?Me quedé analizando todas las veces en que ella me preguntó si podía faltarme el respeto.En todas, parecía calmada. Y probablemente no lo estaba.Pronto noté un patrón.Siempre que me lo preguntaba, la puerta estaba cerrada.Todas las veces, incluso en la sala de descanso.Ella cerró la puerta.Metí mi cara entre mis manos.—Soy un idiota —dije para mí mismo.Era obvio. Ella quería que pasara algo.Probablemente, ella quería que yo entendiera lo que estaba sintiendo.Me lo estaba diciendo a su manera… y yo no lo vi. Suspiré con pesadez.No podía sentirme peor.Si lo pienso bien, ella fue muy obvia y yo no lo quise ver.Probablemente la lastimé.La rechacé muchas veces, por no ver a tiempo sus verdaderas intenciones.Pero finalmente, tenía una pista de lo que debía hacer.“Ewan… Ewan…”Ya no lo puedo negar más, necesito oírla decir mi nombre de esa manera.──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────
Ese día había sido largo.Me había quedado hasta muy tarde procesando unos artículos malditos y, por supuesto, ella estaba conmigo.Su control de contramaldiciones es tan bueno como el mío.Al terminar, subimos a mi oficina. Me ayudó a dejar algunos documentos para organizar más tarde.—Esto es todo —dijo con un tono jovial—. Mañana terminamos el resto.Terminé de dejar una caja sobre el estante y me giré a verla.—Me retiro por hoy —se despidió.—Espera —salió de mi boca sin pensarlo.Ella se detuvo en seco.—Debo irme —dijo sin mirarme—. Me están esperando.—Necesito hablar contigo.—Estoy ocupada, señor-—¡Lo sé! —la interrumpí.Mis labios se apretaron y mis hombros se tensaron.—Entonces haré esto formal. Tómalo como una orden si es necesario. Te redactaré una carta que diga que te hice trabajar sobre tiempo —solté con prisa.Ella chasqueó con la lengua y cerró la puerta.—Diga lo que tenga que decir, señor Ward. —su tono fue tan frío, que por un momento me hizo dudar—. Lo escucho —soltó cruzándose de brazos.Me paré frente a ella, apretando los puños, tratando de mantener mi respiración estable.—Quiero pedirte perdón —dije y vi cómo su mirada pasó a sorprendida.—Yo no sabía de tus intenciones. Y me disculpo por no notarlo antes —bajé la mirada frustrado—. Si lo hubiese sabido, jamás te habría ofrecido olvidar esa conversación.Cerré los ojos con fuerza un segundo y luego levanté la vista para enfrentarla.—Sí me hubiese dado cuenta desde el principio, jamás te habría rechazado —suspiré, tratando de liberar un poco de tensión—. Sinceramente, te pido una disculpa.Ella descruzó sus brazos lentamente. Parecía ser que, después de mucho tiempo, logré que bajara la guardia.Nos quedamos sosteniéndonos la mirada por algunos segundos.Quería que me viese, que notara que no tengo dudas.Que estoy siendo honesto.Así que, en medio de este silencio, lo volví a intentar. —¿Puedo invitarte a salir? —pregunté y se me secó la garganta—. Quiero llevarte a un lugar especial —mi voz salió un poco rasposa. Ella se me quedó viendo unos segundos más. —¿Ya terminó de hablar, señor Ward? —su tono fue tan monótono que me hirió. Suspiré resignado. —Sí —bajé la mirada—. No te quito más tiempo. Ella salió enseguida. Incluso, creo que por primera vez, se fue con prisa. Tal vez era momento de rendirme. Volví a mi escritorio. Aún tenía mucho por hacer.──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────
Dejé de insistir desde ese día. Me limité a tratarla con respeto y con cordialidad medida. Igual que ella me trataba a mí. No sé si era lo mejor, pero al menos no interfería con nuestro desempeño en el trabajo. Ya lo había intentado todo. No pude arreglar lo que dañé. Ella había puesto su límite y debía respetarlo. Aunque doliera, incluso si su voz diciendo mi nombre continuaba irrumpiendo en mi cabeza. Esa noche, como ya iban varias seguidas, me había quedado hasta tarde en la oficina. Ya la oscuridad comenzaba a invadirlo todo. Justo cuando levanté mi varita para encender la luz, ella entró a mi oficina. Me congelé con la mano en alto al encender las luces. Ella me sonrió con suficiencia. Entró cerrando la puerta tras de sí. Camino con paso firme rodeando mi escritorio, y se recostó de este frente a mí. —Buenas noches, señor Ward —su voz salió dulce, aterciopelada. Hizo que mi respiración tropezara. —Buenas noches —contesté lo más calmado que pude. Ella levantó su varita y apagó las luces. Dejándonos en penumbras. Nuestras siluetas a penas se distinguían por la escasa luz que entraba por la ventana. Aún recostada del escritorio, se cruzó de brazos. —Dijiste que me llevarías a un lugar especial —comenzó con voz calmada—. Quiero elegir el lugar. —Di el nombre y te llevaré —dije tratando de imitar su calma, aunque mi respiración comenzaba a fallar. —Quiero ir a ese restaurante nuevo. El Mirador de Astrea. Sonreí. —¿Quieres ir a un restaurante donde es casi imposible conseguir una reservación? La escuché reír. Y luego vi su silueta acercándose a mí. —¿Puede llevarme? Abrí la gaveta de mi escritorio y saqué una tarjeta color crema con detalles en rojo. Y se la pasé con orgullo. Ella la tomó, alejándose con un dejo de extrañeza, inclinando la tarjeta hacia la ventana, para que la poca luz que entraba le permitiera leer. Las letras rojas brillaron. El Mirador De Astrea. Válido para: Dos personas. Ella bajó la tarjeta, y aunque estaba oscuro, podía distinguir su sorpresa. —¿Cómo lo adivinaste? —Soy buen oyente. Lo mencionaste varias veces el mes pasado. —¿Sabías que te aceptaría la salida? —No. Pero tenía la esperanza de que sí. Ella sacudió ligeramente la tarjeta en el aire. —¿Sabías que quería ir a este lugar y no de lo que siento por ti? —preguntó casi indignada. Me encogí de hombros. —Ese lugar lo verbalizaste, lo dijiste en voz alta. ¿Cómo iba a saber que… bueno, yo te gustaba? Ella frunció sus labios inconforme y me devolvió la tarjeta. —¿Entonces nos vemos el viernes? —pregunté con cautela. Ella sonrió, volvió a acercarse. Sentí su suave mano acariciar mi mejilla, mientras dejaba un beso en la otra.Simplemente cerré los ojos, disfrutando de esa caricia.Cuando se alejó, suspiró una sonrisa.—Por si tienes dudas, significa que sí.Reí torpemente. Su aclaración era totalmente válida.—Gracias por decirlo —dije bajito.Ella volvió a sonreír y salió de mi oficina. No sin antes prender la luz, dejándome ciego por un segundo.—No debería trabajar a oscuras, señor Ward, se dañará la vista —dijo con tono juguetón, antes de irse por completo.──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────
El restaurante estaba envuelto en una luz cálida, casi íntima. Había una música de piano al fondo, suave, tranquila.Apenas se escucha el sutil murmullo de la gente conversando y los cubiertos.Todo era demasiado tranquilo. Excepto yo. —Espero que el lugar sea de tu agrado —dije, acomodando la servilleta sobre mis piernas con cuidado. —Lo es —respondió ella, observando alrededor con interés—. Bastante… adecuado. Asentí, evitando mirarla más de lo necesario.El camarero llegó, tomó nuestros pedidos, y por unos minutos la conversación se mantuvo en terreno seguro: trabajo, el caso reciente, detalles sin peso. Comencé a relajarme.Todo parecía fluir perfecto.Cuando llegaron los platos, ella tomó el suyo con calma. —¿Qué opinas de mi vestido? —preguntó de pronto. Levanté la vista, sorprendido por el repentino cambio. Y aunque un poco extrañado, la recorrí con la vista. —Es… lindo —respondí, volviendo la mirada al plato—. Es apropiado para este lugar. Ella sonrió. —¿Apropiado? —Inclinó ligeramente la cabeza—¿Crees que combina? Fruncí el ceño. Cada vez estaba más confundido. —¿Combinar? —Sí —murmuró ella, apoyando el codo sobre la mesa—. ¿Crees que combina… conmigo? No supe qué responder a eso, solo estiré mi mano sobre la mesa, tratando de agarrar mi copa. Ella se inclinó ligeramente hacia adelante. Solo lo justo. —¿O con tus sábanas? —dijo con voz baja. El sonido seco del cubierto contra el plato rompió el momento. Me quedé completamente inmóvil. —Eso no es apropiado —dije, bajando la voz. Tomé la copa de agua, llevándola a mi boca para esquivar su mirada. —¿No? —respondió ella, tranquila—. Pensé que esto era una cita. Gire para verla. Ella me observaba con total calma. —Lo es —dije finalmente, tensando la mandíbula. —Entonces relájate —añadió ella con suavidad—. No estoy diciendo nada inapropiado. Volví a tomar mi copa, tratando de mantener la calma. —Deberías moderar ese tipo de comentarios —murmuré. —¿Por qué? —preguntó ella sin perder la sonrisa—. ¿No te gustaría llevarme a casa? Casi escupo el agua. Tomé la servilleta, limpiando mis labios. —Oh —dejó salir ella divertida—. Parece que mis comentarios te distraen. Ella tomó un sorbo de su bebida, como si celebrara.—Con esa boquita… —hice una pausa—. No te dejaría cruzar la puerta de mi casa. ¿Qué diría mi elfa si te escucha?Ella volvió a sonreír inclinando la cabeza.—Te apuesto que a tu elfa le encantaría escucharnos.El aire abandonó mis pulmones.Por instinto, volteé a ver a los lados, como si necesitara cerciorarme de que nadie había oído eso.—¿Puedes moderarte? —Me gusta cómo te ves justo en este instante —continuó—. Perdiendo un poco ese control. Apreté la copa con más fuerza de la necesaria. —No estoy perdiendo el control. Ella soltó una pequeña y suave risa. —Claro que no —pronuncio con ironía, viéndome directo a los ojos—. Ewan. Contuve el aliento, sosteniéndole la mirada. —Ewan —dijo de nuevo. Esta vez más lento. No pude evitarlo, cerré mis ojos un segundo. Me gustaba cómo se oía mi nombre de sus labios. —¿Recuerdas lo que te dije esa noche? —preguntó ella. —Sí —respondí, casi en un susurro. —Bien —dijo, recostándose nuevamente—. Porque yo también lo recuerdo.Ella desvió su mirada.—Todo el tiempo… —murmuró, casi para sí misma. El silencio que siguió fue insoportable. Mis manos estaban suspendidas en el aire sosteniendo los cubiertos.No estaba comiendo. No estaba escuchando. Estaba tratando de normalizar mi respiración y volver al presente. —No te preocupes —añadió ella con calma—. No voy a hacer nada… Se inclinó sobre la mesa apenas, lo suficiente para que su voz no saliera de ese espacio entre ambos. —A menos que me lo pidas. Dejé los cubiertos sobre el plato con lentitud, observándola. —No deberías decir cosas así —murmuré, limpiando mis labios con la servilleta. —Entonces no me mires así. —¿Así cómo? Ella sonrió. —Como si ya hubieras decidido que sí.──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────
No recuerdo exactamente en qué momento dejamos el restaurante. Solo recuerdo la luz de la calle reflejándose en el piso, su voz aún flotando en mi cabeza y la sensación de que cualquier palabra adicional habría sido un error. Ella caminaba a mi lado con una calma que no terminaba de entender. Demasiado tranquila. Demasiado consciente. —¿Siempre eres así de serio después de una cita? —preguntó, sin mirarme. Tragué saliva. —No suelo tener muchas. —Se nota —respondió, como si eso explicara todo. No supe qué contestar.Se colgó ligeramente de mi brazo, como si ya le perteneciera.—De ahora en adelante, tendremos muchas citas. Cuando me di cuenta, ya estábamos en mi casa.En algún momento, la abracé contra mí y el mundo se retorció a nuestro alrededor.La sensación de la aparición la sentí como nunca, como si mi propia urgencia se filtrara en el hechizo. Un segundo después, nuestros pies aterrizaron sobre la gruesa alfombra en medio del living, que estaba en penumbra, solo iluminado por la luna entrando a través de las ventanas. No encendí la luz. No sé por qué. O quizá sí.Me giré hacia ella. Estaba quieta. Mirándome en silencio, demasiado tranquila. Incluso parecía como si ya supiera exactamente lo que iba a pasar. —Ewan… —dijo, esta vez sin sonrisa. Pero no sonaba a provocación. Más bien, a que me daba permiso para acercarme.Sonaba a una decisión. Di un paso hacia ella, luego otro y ya no pude parar. No pensé más y, cuando la distancia dejó de tener sentido. La tomé de la cintura con firmeza y la besé. Una. Dos. Tres veces hasta que sus brazos se enredaron en mi cuello, y mi agarre en su cintura se cerró.Ya no es el casto beso de hace unos instantes.Es un beso hambriento, posesivo y profundo.Un beso que sabe a espera y a recompensa.La abracé con fuerza, levantándola un poco del suelo. Sintiendo cómo se aferra a mí para mantener el equilibrio, mientras la llevo lentamente al interior de la casa, sin romper el contacto. Al pie de las escaleras, la recuesto en la pared. Ella continúa aferrada a mi espalda, mientras inclino todo mi peso, juntando nuestros cuerpos.Aún besándola, aceleré el paso.La tomé de las caderas con fuerza, levantándola totalmente del suelo, para hacerla enredar sus piernas alrededor de mí.Me separé de la pared y la llevé en peso hasta el segundo piso.Recorriendo el pasillo en penumbras, besando sus hombros y cuello con cada paso, hasta la puerta de mi habitación.Retomé el beso, reclamando su boca con urgencia, mientras la presionaba contra la puerta con tanta fuerza, que estoy seguro de que podía sentir el latido frenético de mi corazón.Finalmente, entramos a mi habitación.La dejé sobre la cama con cuidado, pero no me alejé.Saqué mi varita y, con un movimiento, cerré las cortinas y la puerta.Desabroché los puños de mi camisa y desajusté mi corbata de un tirón.—Muffliato —conjure, moviendo mi varita—. Salvio Hexia… Protego Totalum.Ella me veía con una sonrisa irónica.—Incluso para perder el control… —dijo poniéndose cómoda—. Necesitas tener todo bajo control. Me incliné hacia adelante, juntando nuestros cuerpos, pero apoyándome sobre mis antebrazos a cada lado de su cabeza, atrapándola en el nido de sábanas. La observé un momento. Su respiración comenzaba a agitarse. Suspiré una risa.—Mi control… era lo único que mantenía esto en un nivel que podías manejar —le dije con mi mirada clavada en la de ella y mi voz un poco ronca.Su cuerpo tembló ligeramente y sus mejillas se pusieron rojas.Parecía que finalmente ganaba algo de terreno. Mis ojos no se apartaron de los suyos, pero mi mano sí. Subí lentamente desde su cintura, recorriendo su costado con una calma que contrastaba de forma cruel con el ritmo desbocado de mi pulso. —¿De verdad? —murmuró ella, apenas en un hilo de voz, aunque su sonrisa decía otra cosa. Deslicé los dedos por su brazo, hasta entrelazarlos con los suyos, sujetándola contra la cama. —Sí —respondí, inclinándome lo suficiente para que sintiera mi respiración—. Pero parece que llevas toda la noche intentando comprobarlo. Ella dejó escapar una risa suave. Me incorporé, recorriéndola con la mirada mientras desabrochaba mi camisa. Sus ojos se clavaron en mí cuando la tela cayó por mis hombros. Pasó la lengua por sus labios.Y lo disfruté más de lo que debía. —Creo que te equivocaste… —murmuré, quitándome la camisa por completo. Su ceja se alzó. —¿Ah, sí? —respondió con cierto desafío, sin apartar la mirada. —Tu vestido… —bajé la voz— no combina con mis sábanas. Ella levantó su vista sosteniéndome la mirada. Sus ojos brillaban. No dijo nada, pero no retrocedió. Al contrario, extendió la mano y me recorrió con una lentitud deliberada. —Oh… —soltó sonriendo. Se aferró a mí, incorporándose con calma. Sus manos subieron a mi cuello y luego acariciaron mi cabello. —¿Harás algo al respecto? Solté una risa baja. —Por supuesto —afirmé, y mis manos descendieron por su espalda—. Voy a tener que corregir eso. Ella no dijo nada, se recostó en mi pecho, mientras yo abría el broche de su vestido y luego bajaba el cierre. El vestido cayó a un lado.Ella volvió a recostarse en la cama, sin apartar la mirada. Seguía desafiándome.Pero su cuerpo ya no mentía. Sus mejillas estaban encendidas y su pecho subía y bajaba con rapidez. Me acerqué despacio, iniciando un beso lento pero cargado. Pronto la tentación me superó. Abandoné sus labios para recorrer su cuello, sus hombros, memorizando cada reacción. Sus manos no eran pacientes. No lo eran nunca. Firmes, seguras, reclamando.Aprendiendo demasiado rápido. El sonido de la hebilla al soltarse me devolvió al presente. Sus dedos, apresurados sobre mi cinturón, me arrancaron el aire. Tomé sus manos, ayudándole a deshacerse del resto. Y cuando ya no hubo nada entre nosotros, mi cuerpo respondió sin pedir permiso. Finalmente, nuestras pieles se encontraron. El calor subió. La besé otra vez, más profundo, más cerca de perderme. Recorrí su piel con precisión, arrancándole reacciones que se clavaban en mí. No era suficiente. Nada lo era.La urgencia me superó. Tomé sus piernas, separándola y hundiéndome en ella. El sonido que salió de sus labios fue lo más hermoso que he oído. La sujeté con fuerza de los muslos, y sus dedos se enredaban en mi cabello. Todo era un cóctel de estímulos a mis sentidos. No pasó mucho antes de volver a oír su deliciosa y delirante voz. —Ewan… Su espalda se había arqueado y jalaba mi cabello, sin fuerza, solo lo suficiente para indicarme que parara. Levanté la cabeza y, cuando nuestras miradas se encontraron, mis labios se curvaron. Estaba apoyada en sus codos. Era un hermoso desastre. La pasión estaba en sus ojos y su boca ligeramente abierta, tratando de recuperarse. —¿Por qué me detienes? —pregunté con cierta ironía—. O será que… ¿realmente prefieres sentarte en mi cara? Sonrió satisfecha. No le molestó mi broma. —Te quiero a ti, Ewan —dijo en un suspiro y se dejó caer en la almohada. Algo en mi pecho se tensó.Una especie de gruñido salió de mi garganta, y me volví a acomodar cerca de ella. Hundiendo mis dedos con precisión y una suavidad tortuosa. Mi mandíbula se tensó ante sus espasmos. Pero debía concentrarme. No podía precipitarme. —Ewan… No… —dijo retorciéndose—. Quiero que seas tú… Exhalé un suspiro. Su voz me afectaba. Más de lo que quería admitir. —Ewan… —Insistió, tomando mis hombros, tratando de jalarme hacia ella. —Silencio —murmuré con autoridad—. Necesitas que haga esto… ten paciencia. —No quiero tener paciencia —me exigió, mientras su espalda volvía a arquearse—. Necesito sentirte ya. Resoplé. Tenía que ignorarla. Debía continuar con mi labor. Pero ella… ella jamás se quedaba tranquila sin pelear. —¿Sabes qué creo? —soltó y en su voz había cierto veneno. Me detuve un segundo, enfocándola. —Que estás dejando que tus dedos hagan todo el trabajo… porque no tienes suficiente aguante… Mi poca cordura se perdió. Retiré mis dedos lentamente. —¿Tengo poco aguante? —siseé bajando la voz—. Tus provocaciones llegaron al límite. Tomé sus muñecas y las anclé al colchón sobre su cabeza con fuerza, mientras presionaba mi cuerpo al de ella, eliminando cualquier espacio. Ella dejó escapar un quejido que terminó en una suave risa. —Muy bien —sentencié—. Vas a asumir la responsabilidad de tus palabras. Me acerqué a su oído y me humedecí los labios en anticipación. —Te lo advierto —murmuré—. No me pienso detener. Sin más preámbulos, me abrí espacio de forma lenta, pero decidida. Un gemido de puro dolor salió de su boca. Era demasiado para ella. Entre más profunda se hacía nuestra conexión. Más se clavaban sus uñas en mi espalda. Traté de no moverme de una vez, pero habían sido tantas sus provocaciones y la espera, que todo mi cuerpo temblaba al intentarlo. No podía contenerme. —Te lo advertí —mi voz salió como un gruñido. A pesar del dolor inicial, poco a poco fue cediendo, y mis movimientos aumentando. Pronto el placer suplantó al dolor. Y de nuevo de sus labios salían los sonidos más hermosos que había podido escuchar. Y yo finalmente me dejé llevar. Reclamé su cuerpo como mío. Verla retorcerse de placer podría convertirse en mi nueva obsesión. —No… más —pidió con sus ojos cerrados. —¿No puedes más? —dije sin detenerme—. ¿Quién era el que tenía poco aguante? —Tú… —respondió mientras su cabeza se iba hacia atrás. ¿Cómo es que incluso así lograba desafiarme? Me incorporé y la tomé de las caderas con fuerza, jalándola hacia mí. Hice mis movimientos un poco más lentos, pero solo para asegurarme de que fuesen más fuertes y más profundos. La forma en que sus dedos apretaron las sábanas. Su cuerpo tensándose, cediendo, respondiendo. Me dejó claro que eso era lo que quería. —Ewan… —soltó con su voz cargada, mientras todo su cuerpo se contraía disfrutando de su propio placer. No me detuve. La reclamé hasta que mi límite me alcanzó y mi propio éxtasis me frenó. Todo mi cuerpo se contrajo, mis movimientos se volvieron erráticos y cada vez más lentos. Hasta sentir cómo todo mi cuerpo se liberaba. Terminé apoyándome en las palmas de mis manos. Mi cuerpo temblaba y mi respiración era errática. Ella me veía sonriendo, exhausta. Y aun así, disfrutando del desastre que yo era en ese momento. Me dejé caer a su lado. Necesitaba reponerme. Ella se giró, quedando sobre su costado. Estiré mi brazo y la atraje hacia mí. Ella se recostó en mi pecho. —Así que… —murmuró, dibujando círculos sobre mi piel—. ¿Este es el Ewan sin control? No respondí. Seguía respirando agitado. —Creo que me gusta mucho. Solté una risa baja. —Tú realmente disfrutas volverme loco. —Por supuesto. Apreté su cintura. —Mañana lo vas a lamentar. —No te dejaré saberlo. —No es fácil ocultarlo. —¿Es un desafío? —No —cerré los ojos—. Solo duerme. Su suave risa fue lo último que escuché.──── ∗ ⋅✧⋅ ∗ ────
La luz del sol apenas se filtraba por las cortinas. Ella seguía dormida. Me levanté. La habitación era un desastre. Recogí la ropa… y noté el vestido. Roto. Perfecto. Lo dejé aparte y fui a ducharme. Cuando regresé, ella despertaba. —Buenos días —murmuró. Se incorporó con naturalidad, como si nada. —Buenos días —respondí acercándome a la cama. Ella se puso de pie, poniéndose su ropa interior. Yo no podía dejar de mirarla. —¿Y mi vestido? —preguntó, viéndome divertida. —Tuvo un accidente —aclaré—. Ya está en camino al sastre. Ella sonrió con malicia. —Parece que tendré que quedarme así. —Desde luego que no —dije y al siguiente segundo tenía en mis manos una pijama negro de seda y una bata. —No vas a exhibirte por mi casa —puse la ropa sobre la cama y me crucé de brazos. Unos minutos después, bajamos a la cocina. Sobre la mesa de roble, el desayuno estaba servido: huevos escalfados, tostadas, jugo de naranja y café recién hecho. Sin embargo, se me hizo extraño que fuese exactamente el desayuno del día anterior, pero para dos personas. —¡Mipsy! —llamé a mi elfa doméstica. Con un suave ¡Pop!, se apareció frente a mí, hizo una reverencia y sus largas orejas tocaron el suelo. —¿El amo Ewan ha llamado? —El menú es repetido —dije, recuperando mi tono estricto. —¡Mipsy lo siente! Mipsy intentó preguntar anoche, pero el amo estaba… ocupado… Me quedé inmóvil. —Mipsy entró a verificar… y vio que el amo estaba muy ocupado —continuó mi elfa, bajando la mirada—. Mipsy no quiso interrumpir. Así que Mipsy decidió repetir el menú para no molestar. Cerré mis ojos, frotándome el puente de la nariz. Esto no podía estar pasando. —Buenos días, Ama. —dijo girándose hacia ella. Casi dejo caer la taza que había tomado. Me enderecé de golpe, mirando a mi elfa. —¿Ama? —El amo nunca ha traído a una bruja. Mipsy asumió que se casó. —respondió mi elfa— ¡Mipsy está muy feliz de tener una nueva ama! Con otro ¡Pop!, Mipsy desapareció para buscar más servilletas, dejando un silencio en la cocina. Le di un sorbo a mi café, tratando de esconderme. Esto tenía que ser una maldita broma. Ella, por supuesto, soltó una risa traviesa, apoyando la barbilla en su mano, mientras me observaba con pura malicia. —Parece que al final acerté —afirmó con una sonrisa pícara—. Le encantó oírnos y hasta nos vio… Bajé mi café. Era obvio que no iba a poder tomarlo con calma. —Olvida eso —solté un suspiro resignado tomando una tostada de pan. —Oh… —ella también comenzó a servirse—. ¿Quieres que lo olvide todo y que haga como que nunca pasó? Solté mi cuchillo, que hizo un ruido horrible contra el plato. —No —dije de inmediato—. Ni se te ocurra. Volví a tomar el cuchillo. —Por Merlín. No vuelvo a decir esa palabra. Ella volvió a reírse. —Tranquilo… solo bromeaba —y le dio una mordida a su tostada. —Eres imposible… —No te vas a deshacer de mí. —Jamás lo haría. —Y yo jamás te lo permitiría —me respondió con seriedad. Le sostuve la mirada un segundo. No había nada de broma en sus palabras. Me acerqué rápido y besé sus labios. —Me alegra que estemos de acuerdo en eso. Ella levantó su ceja, con media sonrisa, y me extendió su mano. —¿Tenemos un trato? La miré sonriendo y tomé su mano. —Es un trato.—Fin—