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Día 23: Voyerismo/Vouyerism Fetiche por observar actos sexuales ajenos. [Lune] Inframundo, Corte del Silencio. Lune de Balrog era muy dedicado a su trabajo. Disfrutaba demasiado lo que hacía, pues leer los pecados de los demás era morbosamente entretenido para él. No podía negar que era un vicio inconveniente, pues en más de una ocasión, el juez Minos lo reprendió por no apresurarse con las sentencias, debido a que perdía el tiempo leyendo detalles irrelevantes. No obstante, dicha manía, podía ser tolerada sin tanto problema por los tres líderes. Lo que jamás le perdonarían, si lo descubrían, era su otro vicio. Un fetiche que había desarrollado desde la niñez, y que era más problemático que leer obsesivamente los secretos de los demás. En ese instante, escuchó la llegada de alguien en la puerta principal. Al levantar la mirada, vio que se trataba de Violeta de Behemoth. La mujer subió al estrado e hizo un saludo formal, pues él era su superior también al ser un juez interino. —El señor Aiacos me ha convocado— dijo a modo de explicación. Lune asintió e hizo un ademán hacia la puerta de piedra en el muro a sus espaldas. La mujer atravesó el umbral y se encaminó a los pasillos posteriores. El interino sonrió complacido, pues ese día no esperaba tener la oportunidad de divertirse. Pero ahora que Behemoth estaba aquí, sabía que ella y el juez Garuda le darían el entretenimiento que tanto disfrutaba. Esperó unos cuantos minutos, en lo que finalizaba su reporte del día, ya que no quedaban almas para juzgar. Posteriormente, se levantó, dirigiéndose también a la puerta de piedra. … Llegó justo a tiempo para el espectáculo. Lune ya sabía de la relación ilícita entre Aiacos y Violeta. Pero se había mantenido al margen, pues realmente no le importaba, y podía usarlo a su favor. A decir verdad, los tres jueces tenían su pequeño sucio secreto. Entonces, escuchó los gemidos de la pareja, pues ya estaba cerca de la puerta del despacho. Se acercó en silencio, manteniendo imperceptible su presencia, pues en ese momento no utilizaba su Sapuri. Caminó un poco más, hasta la habitación contigua, la cuál era un almacén pequeño donde se guardaban los insumos. Entró en la oscuridad del lugar y avanzó hasta el fondo, donde había un lienzo colgado en la pared a modo de decoración. La falta de luz no le preocupó, ya que sabía moverse en aquel sitio. Retrajo la tela despacio, la cual cubría una pequeña rejilla de ventilación. La vista daba directo a la estancia, donde se ubicaban los sillones. Ahí, la pareja se demostraba el amor y el deseo que se tenían. Lune sonrió con malicia, pues ambos estaban tan concentrados en el acto, que difícilmente se darían cuenta de que alguien los observaba desde aquel espacio en el muro, camuflado por las sombras. Contemplar el apareamiento humano posee un tinte morboso, pues son de las pocas especies que lo practican sin intenciones reproductivas. Sólo por mero placer carnal. El juez interino también experimentaba un tremendo goce al mirar semejante escena. Él no miraba a su superior acariciando a su compañera de armas. Él no oía los gemidos de ella en sincronía con el sudor que resbalaba por su piel marcada. No. Lo que Lune observaba y escuchaba, era todo en conjunto. Era la danza de dos cuerpos desnudos, fusionados a nivel sexual. Era el sonido lascivo de dos humanos que experimentaban el placer sensorial. Era la imagen sicalíptica de un acto tan antiguo como la vida misma. Y aquello tenía un extraño efecto en él. Si bien, Balrog conocía el sexo, y de vez en cuando se divertía en sus misiones en el mundo mortal, éste particular fetiche le proporcionaba mucha más satisfacción. Desconocía el motivo, y poco le importaba en éste momento, cuando el acto de fornicación estaba alcanzando su punto más álgido. Entonces, se dejó llevar por su propio deseo. Una de sus manos se deslizó por su costado, para luego alzar el lateral de su túnica y acercarse a su entrepierna. Las prendas que vestía fueron bajadas lo suficiente para tomar su miembro, ya palpitante y ansioso por aquel lascivo masaje. El lúbrico jadeo de los amantes y su impetuosa danza, fue el estímulo final que detonó la lujuria de Lune. Su mano subió y bajó, estrujando su endurecida virilidad, obteniendo un intenso goce. Sus ojos no perdían detalle de la situación, y su cuerpo simplemente respondió al estímulo al que ya estaba acostumbrado. Las sensaciones escalaron vertiginosas, y sin proponérselo, su orgasmo estalló simultáneo a la culminación de la pareja. Algo que no se esperaba, pero que tampoco le importó demasiado. Y menos cuando su semilla se derramó con fuerza en su mano, otorgándole una celestial agonía. Tuvo que morderse el labio para no delatarse, pero su rostro ahora era una máscara de satisfacción imposible de disimular. Les dio una última mirada, Aiacos y Violeta continuaban besándose, pero el acto principal había finalizado. Lune salió del almacén y se alejó en silencio. Regresó al estrado, acomodó un par de documentos, y luego se encaminó a la salida del Tribunal. Llevaba una sonrisa divertida en los labios, pues mañana era el turno de Rhadamanthys para juzgar almas, y pasado mañana, el de Minos. Sabía que ambos recibirían visitas femeninas, lo que se traducía en más diversión para él.***
Gracias por leer. 23/Octubre/2024