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Día 28: Bukkake Práctica sexual que consiste en ser bañado o cubierto con la eyaculación de un grupo de personas. Desde hace miles de años, el esperma masculino se ha usado para tratamientos de belleza. Los egipcios creían que el semen poseía propiedades astringentes, rehabilitadoras y antioxidantes, por lo que, lo empleaban como hidratante natural. [Pandora] Italia, Castillo de Hades. La líder de los Espectros se encontraba en la amplia habitación de baño, preparándose para tomar una relajante ducha, apenas cubierta por una vaporosa y transparente bata. Pero antes de sumergirse en la cálida y fragante agua, era necesario llevar a cabo su ritual de belleza. Uno muy particular y excéntrico. Y para eso, los tres jueces del inframundo ya se encontraban ahí, desnudos y listos para obedecer a su señora. Minos, Rhadamanthys y Aiacos no cuestionaban en absoluto las órdenes de Pandora. Ellos estaban ahí para obedecer, y por muy extraña que fuese la solicitud, ni un sólo gesto de duda se reflejaría en sus estoicos rostros. Ni siquiera cuando ella les ordenó comenzar a masturbarse. Ellos únicamente demoraron un segundo en reaccionar luego de que Pandora, sentada en un taburete cerca de la piscina, les hiciera un ademán para que se acercaran y la rodeasen, a la vez que iniciaban el toque de sus miembros. Estos hombres, soldados de Hades, los más poderosos del ejército de Espectros, dignos de ser admirados por su imponente presencia y poder, comenzaron a estimular sus virilidades con tacto firme y preciso. La dama sonrió complacida, prestando completa atención a lo que hacían sus subordinados sin titubear, regodeándose con el espectáculo ante sus ojos. Cada uno de los jueces tenía alguna característica especial que provocaba en ella excitación. Minos poseía una mirada inquietante, pues sus ojos amatista eran perversos y crueles. Rhadamanthys presumía un semblante rudo, casi salvaje, que prometía asesinarte a la menor provocación. Aiacos, en cambio, demostraba una presencia maliciosa, la cual te hacía temer sus intenciones veladas tras su sonrisa torcida. Pandora se relamió los labios sin dejar de observar semejantes ejemplares de masculinidad. Todos eran dignos de admirar, con sus amplios y cincelados torsos, subiendo y bajando al ritmo de su respiración. Sus brazos fuertes, resaltando sus bíceps conforme el masaje se intensificaba. Sus vientres marcados, decorados con vello púbico de diferente color. Y finalmente, aquellos soberbios penes, que invitaban a besarlos, lamerlos y chuparlos hasta el hartazgo. Ella sólo necesitaba su semen para usarlo a modo de aceite cutáneo, pues hace tiempo había leído que en la antigüedad se empleaba para fines cosméticos y hasta medicinales. Pero eso no significaba que no pudiese divertirse un poco con estos hombres. De frente tenía a Rhadamanthys, a la izquierda a Minos y al otro lado, estaba Aiacos. Decidió que jugaría un poco, facilitándoles la tarea encomendada. Con ambas manos tomó el par de miembros laterales y comenzó a estimularlos con suavidad, luego, acercó la boca para atender al faltante. Los jueces apenas lograron contener un gruñido áspero. La dama resultó hábil con la caricia manual, logrando que los falos se endureciesen aún más, incitando la pronta aparición de la humedad seminal en sus enrojecidas coronas. Al menos eso pudo apreciar en las que tenía a la vista, porque la que se restregaba contra su lengua, ya le dejaba un intenso sabor salado. Los jueces comenzaron a jadear con mayor intensidad, apretando los puños a sus costados, intentando mantenerse firmes y serios. Algo imposible de conseguir cuando percibían que su carne se tensaba con doloroso placer. Pandora estaba encantada, y bien podría iniciar ahora mismo una orgía con sus tres jueces, debido a su excitación. No obstante, aquello no era prioritario, lo importante, era su ritual de belleza. Necesitaba una buena cantidad de semilla, así que no iba a desperdiciar el tributo masculino. Notó el temblor de sus cuerpos y el latido de sus virilidades a punto de estallar. Su estimulación manual y la felación aumentaron de ritmo, para lograr el impulso final y provocar su culminación. El clamor de los Espectros se tornó gutural en el instante que el orgasmo nacía en sus vientres. El potente espasmo recorrió sus miembros y las descargas sensoriales se distribuyeron a lo largo de sus columnas vertebrales. La mujer apartó boca y manos, para luego abrir lo suficiente su bata, dejando al descubierto cuello, hombros y pechos, mientras mantenía la lengua de fuera, esperando la descarga de aquel níveo semen. Los jueces ejercieron el último apretón en sus penes, a la vez que un intenso clamor compartido secundó la abundante eyaculación sobre su señora. Húmedo, tibio y resbaladizo, el esperma salpicó el cabello, la lengua y el resto de la piel de Pandora, quien de inmediato usó sus dedos para distribuirlo. Con masajes concéntricos, untó la espesa y gelatinosa semilla a lo largo de su rostro, mientras relamía los restos en sus labios. Su sonrisa vanidosa fue la clara señal para los jueces de que su líder estaba satisfecha con el resultado. Sin decir palabra alguna, los tres hombres hicieron una reverencia, y en silencio, se retiraron de la habitación de baño, dándole privacidad a la dama. Ella continuó embadurnando el semen hasta que éste fue secándose poco a poco sobre su dermis, dejándole un sutil brillo. Se puso de pie, para luego adentrarse en la piscina, dispuesta a bañarse. … Pandora abrió los ojos de golpe, sobresaltada y sudando frío. Se sentó en la cama y miró a su alrededor, estaba completamente sola en su alcoba. Le tomó un par de segundos comprender que todo había sido un sueño, o más bien, una perversa pesadilla. Ya no leería más libros de historia antigua antes de dormir, porque terminaban influenciándola de forma extraña. Usar semen de hombre para tratamientos de belleza, que locura.***
Gracias por leer. 28/Octubre/2024