Kinktober 2024

Het
NC-21
Finalizada
2
Tamaño:
52 páginas, 17.475 palabras, 18 capítulos
Descripción:
Notas:
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18. Ruptura mental

Ajustes
Hola: Tema del día 31. Agradezco su tiempo de lectura para éste fanfic. La verdad, me gustó mucho escribir el Kinktober, jamás me imaginé haciendo esto antes, pero fue muy divertido. Gracias por su tiempo y atención. Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión.

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Día 31: Ruptura mental/Mind break Cuando la persona entra en éxtasis total al punto de que la mente se le queda en blanco. [Minos x Anna] Inframundo, Ptolomea. Anna se encontraba limpiando los estantes de libros de la biblioteca del juez Minos. Ya había pasado una semana desde que le reveló su posible embarazo y ahora estaba a la espera de su próxima orden. El día de hoy, los tres jueces habían sido convocados por el señor Hades, lo que significaba que la guerra santa subió de nivel. Así que probablemente el Grifo recibiría nuevas instrucciones. En ese momento, se oyó la apertura de la puerta principal, Minos había regresado. Anna continuó sus labores, terminando de limpiar el escritorio, a la vez que escuchaba sus pasos metálicos acercándose. El ministro apareció en la entrada con una expresión serena en el rostro. —Hola Anna— saludó, acercándose y tomando asiento en su sillón. —Bienvenido señor Minos— hizo una pequeña inclinación. —¿Cómo le fue en su reunión? — se atrevió a preguntar. Él se alzó de hombros e hizo una sonrisa divertida. —El señor Hades quiere atacar el Santuario de Athena, así que me asignó dicha misión— hizo un ademán con la mano, llamándola. —Entonces, ha llegado el momento de ver qué haré contigo. — La monja se acercó, aceptando que el juez le rodeara la cintura, mientras la hacía sentarse en su regazo. —¿A qué se refiere? — —No vas a tener a mi hijo aquí, por lo que te llevaré al exterior, a un sitio donde puedas llevar el embarazo sin contratiempos— explicó él. La mujer hizo un gesto de asombro y una leve sonrisa. Aquellas eran las palabras que llevaba esperando oír desde hace unos días. —Señor, ¿Puedo hacer una sugerencia? — —Dime. — —En la isla de los Curanderos está la casa de mi abuela, ese podría ser un buen sitio, además, el pueblo tiene un dispensario con parteras experimentadas. — El juez levantó una ceja, la propuesta se le hizo conveniente, pues aquella isla había dejado de ser un puesto de avanzada para los Espectros luego de la derrota de Luco de Dríades. Además, los Santos de Athena no sospecharían de Anna, ya que su nivel de cosmos era muy bajo. —Interesante, creo que podría ser buena idea— aceptó Minos. —Pero dejemos ese tema para mañana, ahora quiero otra cosa— se acercó al rostro femenino, buscando besarla. La sierva aceptó el ósculo, contenta de saber que pronto abandonaría el inframundo. Tener que seguir complaciendo al juez Grifo, y darle herederos, no parecía un precio tan alto a cambio de obtener cierta libertad. … Aposentos de Minos. Después de una rápida ducha, ambos amantes danzaban entre las sábanas, acariciándose con intensidad. Minos estaba recostado, deleitándose con los pechos femeninos, palpando su redondez y pellizcando sus pezones. Por su lado, Anna lo cabalgaba con lentitud, disfrutando de la sensación que le provocaba su hinchada virilidad al entrar y salir de ella. Aquel ritmo pausado le permitía ejecutar una fricción detallada en las paredes de su intimidad, la cual controlaba a su antojo para ir aumentando el goce físico. Le agradaba esa postura, y que de vez en cuando el juez Grifo le permitiera cierta libertad al momento de fornicar. De pronto, las atenciones de Minos sobre sus pezones la hicieron estremecer incluso más. La estimulación de sus pechos con aquella boca y lengua era increíble, pues el Espectro sabía hasta qué grado lamer y morder su piel para hacerla delirar. Un trance onírico la fue envolviendo poco a poco, dándose cuenta que su culminación iba escalando con fuerza, lo que significaba que un potente orgasmo se aproximaba. El instinto la dominó, dejando de captar la realidad. La mente se le nubló y sólo se dejó llevar por aquel impulso sexual y primitivo. Sus uñas comenzaron a clavarse en la piel del torso masculino, al mismo tiempo que sus caderas empezaron a oscilar con mayor rapidez y brío. Su respiración se descontroló incluso más, tornándose voluptuosa. Minos sonrió con malicia, encantado de ver que la monja se entregaba por completo al ritual de la carne. Adoraba tocar su cuerpo, lamer su piel y probar sus recovecos. Le excitaba verla delirar, sentirla temblar y oírla gemir en lúbrico abandono. Pero, lo que más le provocaba satisfacción, era que Anna se rompiera cuando entraba en éxtasis total. Saber que todo su cuerpo se cimbraba y su mente se fracturaba en el punto más álgido de la cúspide sexual, era algo incomparable para el juez Grifo. Era demasiado vanidoso, y no había algo que le alabara más el ego, que ver a una mujer colapsando de placer gracias a sus habilidades en la cama. En ese instante, notó la presión de la cavidad femenina alrededor de su miembro. Un constreñimiento brusco y celestial que lo arrastraba junto a la monja hacia el clímax final. Se permitió disfrutarlo, justo en el instante en que Anna gritaba su delirio carnal. La mujer tembló con fuerza, sus uñas marcaron la blanca piel, entregándose al sublime placer. Su gemido agónico llenó la habitación, mientras su mente se desconectaba de la realidad. Minos la siguió un instante después con su propia culminación. Todo desapareció y ambos se permitieron caer en la relajación. … Tuvieron que pasar algunos minutos antes de que cualquiera lograse hablar, pues aquel encuentro había sido increíblemente satisfactorio. El juez se dio cuenta que ella no podría moverse para nada, y mucho menos irse a su habitación. Con algo de lentitud, hizo un esfuerzo por apartarla de encima, dejándola recostada a su lado. Bostezó con cansancio, así que sólo se acomodó un poco, para luego quedarse profundamente dormido. Anna soltó un suspiro bajo, acurrucándose contra él, sin prestar atención a nada más. Ser la concubina del juez principal tenía sus ventajas, y algunas de ellas, eran sumamente deliciosas.

=FIN=

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Muchas gracias por haber llegado hasta aquí. Ojalá haya sido de su agrado estos relatos y se animen a dejarme un pequeño comentario. Gracias por leer. 31/Octubre/2024
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