La chica del autobus

Het
G
Finalizada
1
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26 páginas, 11.476 palabras, 1 capítulo
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Capítulo 1

Ajustes
Ante los ojos del resto del mundo,Kanda Yu no es más que un adolescente atrapado en los engranajes de una disciplina asfixiante.Sin embargo,para él,la existencia no se reduce a una simple sucesión de tareas mundanas;es,en su esencia más pura,una ceremonia de supervivencia El autobús no funciona como un transporte ordinario,sino como un purgatorio de metal que detesta con cada fibra de su ser.El roce accidental de los hombros ajenos le resulta una agresión silenciosa,y el olor rancio del encierro se vuelve una carga difícil de ignorar.Para alguien que atesora el silencio como un santuario,el murmullo incesante de las conversaciones vacías es una intrusión intolerable,un ruido blanco que ensucia la quietud de la mañana y fragmenta su concentración No obstante,existe un anclaje que le permite tolerar el desorden.Soporta el estrépito y la invasión de su espacio personal por una única razón... Desde el inicio de la escuela secundaria,su rutina se ha convertido en una ley inmutable.A las seis de la mañana,cuando la alarma intenta fracturar el silencio,su mano la silencia antes de que el primer pitido logre completarse.Se mueve a través de la penumbra con la precisión de un mecanismo de relojería.El impacto del agua fría en la ducha termina de despejar sus sentidos y,minutos más tarde,ya se encuentra en la cocina.El desayuno no es un momento de disfrute,sino un trámite logístico:el amargor exacto del té verde,la textura rugosa de las tostadas y el eco de los asentimientos monosilábicos con los que despacha a su familia.En su mundo no hay espacio para las charlas banales ni las distracciones innecesarias A las siete en punto,el golpe seco de la puerta corrediza al cerrarse marca el final del primer acto.La cuenta regresiva hacia el autobús ha comenzado y,con ella,la espera del único elemento capaz de lograr que el resto del mundo deje de estorbarle Recorre las tres calles que lo separan de la parada con una cadencia metódica.El impacto de sus zapatos contra el cemento marca un pulso rígido que solo él parece percibir.No hay espacio para las distracciones:ignora el fulgor azul de las pantallas ajenas,los anuncios estridentes que empapelan los muros y los reflejos deformes en las vitrinas de los comercios que apenas comienzan a levantar sus persianas.Mantiene la mirada fija en la acera de enfrente mientras su mente,transformada en un metrónomo implacable,se limita a una única tarea:contar los pasos La apuesta es demasiado alta para permitirse el más mínimo error de cálculo.Si pierde ese autobús...no podra verla...a esa chica...la chica del autobus Desconoce su nombre.Ignora a qué curso asiste o cuál es el timbre de su voz.La única certeza que Kanda sostiene,inalterable tras casi cuatro años de silenciosa observación,es que ella representa la definición misma de lo que él considera belleza Todo se remonta a sus doce años,a aquel primer día en que se dirigía a la secundaria D.Gray;una institución que huele a linimento y sudor,donde los pasillos resuenan con el eco de los entrenamientos y el prestigio se mide en hematomas.Ella subió al autobús ese día:una figura esbelta envuelta en el uniforme impecable de la Black Order,una prestigiosa academia privada que parecía pertenecer a un mundo ajeno En aquel entonces,su cabello negro azabache le llegaba apenas a los hombros,cortado con una precisión que enmarcaba un rostro sereno.Cada movimiento suyo era fluido,una danza involuntaria que contrastaba con la rigidez del mundo de Kanda.Pero fue el instante en que sus miradas se cruzaron por accidente,en el reflejo sucio de la ventanilla,cuando el mundo,por primera vez en su vida,se detuvo por completo.Aquellos ojos de un violeta profundo lo deslumbraron Como es habitual,se confina en el fondo,en ese último asiento junto a la ventanilla.Permanece allí,inerte,mientras la vibración mecánica del motor asciende desde el suelo hasta sus pies.Toda su disciplina no es más que un escudo frágil;una cáscara insuficiente que intenta,sin éxito,contener la necesidad que lo devora por dentro Al principio,intenta persuadirse de que se trata de una tontería infantil,una fascinación fugaz que el paso del tiempo debería haber reducido a cenizas.Sin embargo,los años solo se encargan de demoler esa mentira.La punzada en su pecho se vuelve inconfundible,aguda y persistente:es una anomalía.Un sentimiento intrusivo que se le clava como una astilla bajo la piel y que resulta irritantemente real para alguien que desprecia cualquier rastro de vulnerabilidad Finalmente a las 07:32,el autobús se detiene con un suspiro neumático en esa parada específica Entonces,la ve Sus ojos,siempre afilados y entrenados para la observación,la capturan en el umbral.Pero antes de que ella ponga un pie en el primer escalón,se demora en la acera para despedirse.Un hombre la acompaña;es alguien mayor,de cabello oscuro y revuelto,con unas gafas que le otorgan un aire académico y distraído Otra vez,ese hombre Es demasiado joven para ser su padre.En los años que lleva siguiendo su rastro invisible,lo ha visto aparecer en el encuadre de sus mañanas más veces de las que quisiera admitir y,aun así,todavía no ha logrado descifrar el vínculo que los une Siente cómo la mandíbula se le tensa de inmediataprieta los dientes con tal fuerza que una punzada de dolor le recorre el rostro. ¿Sera un amigo? ¿Su pareja? Se detesta a sí mismo por ese arranque de posesividad absurda.Se odia por otorgarle tanta importancia a la vida de una completa desconocida mientras ella,ajena a la tormenta que desata en el último asiento del autobús,finalmente sube y acorta la distancia entre ambos Sin embargo,para él,ella parece ser la habitante de una galaxia lejana,protegida por un uniforme que marca una frontera invisible.No cualquiera logra cruzar las puertas de la Secundaria Black Order;para ingresar en ese recinto se requiere un apellido de peso o un intelecto que roce la perfección.Ella representa el estatus,la luz y una pureza que parece intocable desde su posición.Kanda,en cambio,se percibe a sí mismo como lo que es:un artista marcial taciturno,un alumno de la D.Gray,esa institución que posee mucha más fama por la dureza de sus puños que por la excelencia de sus libros El motor ruge y el autobús arranca con una sacudida brusca,un tirón violento que obliga a los pasajeros a aferrarse a los pasamanos para no perder el equilibrio.Ella,sin embargo,permanece de pie en el centro del pasillo,balanceándose con esa elegancia innata que parece no abandonarla jamás,incluso en el caos del trayecto Apenas diez filas los separan.Una dimensión física irrisoria que,para Kanda,se estira hasta transformarse en un abismo infranqueable.Diez filas que contienen mundos enteros de diferencia y un silencio que él no se atreve a profanar Ella permanece en su lugar habitual,en el medio del autobus,suspendida en el paisaje que se desliza tras el cristal,completamente ajena a la atmósfera viciada y al aire denso del vehículo.Es como si la realidad exterior,con sus luces matutinas y su desorden urbano,la absorbiera por completo,manteniéndola en un plano donde el estrépito del motor no logra alcanzarla Desde su trinchera en el último asiento,la observa de reojo.Aun conserva el cabello corto pero con un peinado diferente.Es dolorosamente consciente de la delgada línea que separa su admiración silenciosa de la intrusión.La tensión le recorre la columna,manteniéndolo rígido;el solo pensamiento de que ella voltee y descubra sus ojos azules clavados en ella le revuelve el estómago.Para alguien como él,cuyo orgullo es tan afilado como su propia disciplina,la idea de ser etiquetado como un acosador representa una ofensa intolerable Prefiere el tormento de la distancia al riesgo inminente de ser descubierto. Entonces,el autobús se detiene y las puertas se abren.Ella desciende.Kanda contiene el aliento mientras observa su figura alejarse con prisa,fundiéndose con la multitud que pulula por la acera.Su corazón da un vuelco violento,acelerándose de forma inútil contra las costillas en un compás que no puede controlar.La ve desaparecer,devorada por el movimiento incesante de la ciudad,hasta que no queda rastro de su presencia.Se ha ido.El vehículo retoma la marcha con una sacudida y Kanda,liberando un suspiro casi imperceptible,se reclina contra el respaldo.Los doce minutos de tregua han terminado;la magia se disuelve y él se entrega,una vez más,al retorno de su gris y metódica realidad Llega a la Secundaria D.Gray a las 07:50 mucho antes de que el estruendo de la campana logre fracturar el silencio sepulcral de los pasillos.Camina por los corredores desiertos,donde el eco de sus propios pasos es el único sonido que lo escolta.No se considera un erudito,ni tiene la menor pretensión de serlo.Para él,las aulas no son más que jaulas de cemento y los estudios académicos una sucesión tediosa de datos muertos,carentes de la "verdad cruda" que él necesita para respirar Sin embargo, esa misma disciplina férrea que se le resiste frente a los libros se transforma en una fuerza dominante en cuanto sus pies descalzos entran en contacto con el tatami.Allí,en el dojo,el aire cambia de densidad. Sin embargo,primero están las clases.Luego...el Taekwondo El Taekwondo no representa un simple deporte para Kanda;es su lengua materna,la única forma de expresión que prescinde de esas palabras que siempre le resultan insuficientes.No es solo que destaque en su disciplina:posee una precisión quirúrgica,siendo letal en cada giro y en cada impacto.Al ser el integrante más fuerte y,por encima de todo,el más obsesivamente dedicado de la institución,ostenta el título de Capitán del equipo con una autoridad que nadie osa cuestionar.Dentro del dojo,deja de ser el adolescente confundido por una anomalia;allí,se transforma en el dueño absoluto de su propio cuerpo y del espacio que lo rodea Al concluir las clases,aparta con un manotazo mental esa punzada de incertidumbre que lo ha perseguido desde el autobús y cruza el umbral del gimnasio El aire en el interior es denso,una masa pesada saturada con el olor acre del sudor antiguo y el caucho de las colchonetas.Para cualquier otro,este ambiente resultaría sofocante,casi irrespirable;para él,es el aroma reconfortante del hogar.Ocupa su lugar exacto sobre el tatami,el único punto geográfico en el mundo donde su mente —habitualmente un torbellino de obsesiones,horarios y rostros fugaces—halla finalmente un ancla sólida.El Taekwondo no es una actividad recreativa para él;es su vía de escape,su proceso de purga Comienza a moverse,ejecutando secuencias de patadas y bloqueos con una precisión brutal,casi inhumana.El chasquido seco y cortante de su uniforme al azotar el aire marca un compás frenético,similar al latido de un corazón que solo comprende la lucha.En este santuario,su mente se vacía de forma absoluta,relegando al olvido las dudas y los ecos del autobús.Su anatomía se transforma en la única herramienta necesaria;en el arma definitiva para validar su existencia.Aquí no existen abismos infranqueables ni uniformes de galaxias remotas;solo prevalece el movimiento,la fuerza y el silencio inquebrantable de la perfección Al caer la tarde,la voz rasposa del Maestro Sokaro fractura su concentración como un tajo seco.Sokaro,envuelto en su aura de violencia y bajo una mirada turbia,lo convoca sin preámbulos.En su universo no hay cabida para saludos cordiales;el tiempo es un recurso que no se desperdicia en formalidades vacías -Kanda,prepárate.En dos días tendras un combate de exhibición-sentencia el maestro,con los brazos cruzados y estudiándolo con una intensidad casi salvaje -Es una "cortesía" entre instituciones para fomentar la disciplina y el compañerismo inutil.Te enfrentarás a un alumno de otro instituto,por supuesto Kanda ni siquiera parpadea.Los desafíos son el oxígeno que alimenta su existencia;su reputación como el capitán más letal de la D.Gray no es un simple rumor de pasillo,sino un hecho consumado en cada hematoma de sus rivales Acepta con un seco asentimiento,sin mostrar el más mínimo rastro de curiosidad por quién se encontrará al otro lado.No le importa el nombre,el rostro ni la fama de quien tenga enfrente.Para él,el oponente no es una persona,sino un obstáculo abstracto:un saco de boxeo con pulso y movimiento Lo único que cuenta es la lucha misma.Se trata de otra rutina que domina a la perfección:enfrentar,quebrar y vencer Al amanecer,la disciplina de Kanda se manifiesta nuevamente como una armadura inflexible,blindada contra cualquier rastro de emoción o cansancio La alarma a las 06.00 desgarra el velo del sueño con una violencia puntual.La detiene de un golpe seco,antes de que el sonido logre colonizar el silencio de la habitación.El desayuno con su familia es,una vez más,una coreografía muda y monótona:el vapor del té verde ascendiendo en espirales,el choque sordo de los cubiertos y las voces de su padre y hermanos,que él procesa simplemente como ruido de fondo.A las 07:00, el chasquido de la puerta corrediza marca su partida Es un trámite necesario para alcanzar el único momento del día que posee un sentido real Se coloca a la cabeza de la fila en la parada a las 07:17, con el cuerpo transformado en una efigie de paciencia tallada en hielo.El autobús llega puntualmente a las 07:22.Cuando el vehículo alcanza la siguiente parada,el reloj de su muñeca marca las 07:32.Es el instante sagrado Ella asciende al vehículo.La observa y,por un instante efímero,el caos ensordecedor de la ciudad parece alinearse en una frecuencia perfecta.La contempla desde su rincón habitual;observa cómo desciende en su parada de siempre y,con esa imagen grabada a fuego en su retina,prosigue su camino hacia la D.Gray.Su mecanismo interno se encuentra renovado,listo para tolerar otra jornada gris entre sacos de boxeo y libros académicos tediosos Al amanecer siguiente,replica el ritual con la exactitud de un autómata programado para la perfección.El reloj marca las 07:00 en punto.Cruza el umbral.Alcanza la parada.Ocupa el primer lugar de la fila,como es costumbre,erigiéndose como una constante en un mundo que transmuta con demasiada prisa El transporte arriba con su rugido metálico de costumbre.Sube con zancadas decididas y reclama su asiento-fortaleza en el fondo,pegado al cristal empañado. El vehículo se detiene a las 07:32 frente a la Plaza Central.La marea humana fluye,asciende y desciende en un desorden que a Kanda le resulta insoportable Él aguarda,ignorando a la multitud,con la mirada perforando la puerta de entrada con una intensidad casi febril.Espera el destello azabache de ese cabello y ojos violeta que ya reconoce de memoria,el corte impecable del uniforme de la Black Order y esa distinción natural con la que ella se desplaza entre los mortales,como si sus pies no llegaran a rozar el suelo Sin embargo,la puerta se cierra con un siseo hidráulico que resuena definitivo,como una sentencia inapelable.El autobús arranca con un tirón brusco Ella no está El aire se le estanca en la garganta,densificándose hasta volverse un bloque sólido y gélido.El autobús continúa su marcha inexorable,sacudiéndose con brusquedad a través de las calles familiares,pero para Kanda el espacio ya no es el mismo.Ese fragmento de pasillo,diez filas por delante de su posición,se transforma en un cráter gélido;un vacío gravitatorio que devora el orden meticuloso de su mañana Parpadea,sintiéndose desorientado bajo su fachada de piedra.Su cerebro,entrenado para la precisión absoluta,comienza a repasar la secuencia de su rutina con la obsesión frenética de un programador que rastrea desesperadamente una línea de código corrupta ¿Un error en sus propios cálculos? Imposible.El segundero de su reloj marcaba las siete en punto cuando cerró la puerta de su casa.Sus pasos mantuvieron el ritmo de siempre;su cadencia no flaqueó ni una sola vez ¿Un cambio de horario en el transporte? Negativo.Al volante permanece el mismo conductor de semblante agrio de todas las mañanas,aquel que gruñe ante cada frenazo y maneja como si librara una batalla personal contra el asfalto.El autobús llegó a tiempo ¿Entonces,qué ha ocurrido? Las interrogantes comienzan a golpearle las sienes con una insistencia lacerante.¿Estará enferma? ¿O acaso el sujeto de la otra vez,el de las gafas y el aire académico,decidió llevarla en su automóvil hoy? La simple posibilidad de que aquel hombre haya interferido en su único resquicio de paz provoca que presione los puños sobre sus muslos hasta que los nudillos se tornan blancos El eje de su mundo,por primera vez en años,se ha fracturado,y el trayecto de doce minutos se convierte en una tortura de incertidumbre Cierra los ojos un instante,inhalando el aire denso.Se niega a permitir que la anomalía de la mañana lo paralice;para alguien como él,la disciplina no es una opción,sino un músculo que solo se fortalece bajo una presión extrema.Con una frialdad quirúrgica,se obliga a recuperar su centro,silenciando el estrépito de su propia mente.«Mañana la verás»,se repite como un mantra de supervivencia Hoy no hay espacio para las dudas ni para los asientos desocupados.Tiene una misión:la exhibición de Taekwondo La jornada transcurre en un piloto automático implacable,una sucesión de horas grises que culminan cuando las sombras de la tarde se proyectan sobre el instituto Llega el momento de la preparación.En la soledad del vestuario,el ritual de vestirse se transforma en una liturgia,un acto sagrado que lo distancia del resto de los mortales.Se enfunda en su dobok blanco,una prenda impoluta,rígida y perfectamente planchada que resplandece bajo el fulgor gélido de los fluorescentes.Ajusta la cinta negra alrededor de su cintura con un tirón firme y seco;percibe cómo la tela le oprime el abdomen,un recordatorio físico de que debe conservar el eje y la respiración bajo un control absoluto.El uniforme no es solo vestimenta;es su armadura de guerra Finalmente,sujeta su cabello con un ademán rápido y certero,tensando la coleta hasta que sus facciones quedan expuestas y rígidas.Cuando eleva la vista hacia el espejo,el rastro del adolescente ansioso que buscaba una mirada en el reflejo de una ventanilla se ha disipado por completo.El cristal solo le devuelve ahora la imagen del Capitán de la D.Gray:una mirada de acero,un cuerpo templado para el impacto y una voluntad inquebrantable Cruza el umbral del vestuario y sus pasos resuenan contra el hormigón del pasillo,un pulso rítmico y seco que precede a su figura.Cada zancada funciona como una afirmación de su propósito;ya no hay dudas,solo la inercia del guerrero Cerca de la entrada principal del gimnasio,el Maestro Sokaro aguarda en silencio.No se encuentra solo;conversa con una mujer de cabello rubio y rostro marcado por cicatrices que parecen mapas de batallas antiguas.Ella viste un uniforme distinto,de una elegancia funcional que,sumada a su postura erguida y autoritaria,irradia el aura inconfundible de una maestra de élite.Al percatarse de la presencia de su pupilo,Sokaro interrumpe el diálogo con un gesto brusco,una orden silenciosa para que Kanda se aproxime Kanda obedece y acorta la distancia con pasos firmes.Su visión de túnel se activa de inmediato;ignora las gradas abarrotadas,el resplandor de las luces y el murmullo expectante del ambiente para enfocarse exclusivamente en el único objetivo que le resta hoy:la lucha.Se aproxima al grupo con la guardia mental en alto,aunque la identidad de su oponente sigue siendo un enigma.La figura del rival permanece parcialmente eclipsada por la espalda de la maestra visitante,dejando entrever apenas una silueta extrañamente esbelta,casi frágil en comparación con la robustez muscular que suele poblar los tatamis de la D.Gray La instructora de la escuela rival da un paso al frente y le extiende la mano a Sokaro.El pacto se sella con un apretón recio y profesional,un choque de voluntades entre dos instituciones que hoy han decidido medir sus fuerzas a través de sus mejores exponentes -Bien,Maestro Sokaro-declara la mujer,con una voz que exhala una profesionalidad académica y gélida -Que comience la exhibición de Taekwondo.La juventud de la Black Order contra la de D.Gray -Por supuesto,Maestra Klaud-responde Sokaro con un gruñido de anticipación Kanda se clava en el sitio como si sus pies se hubieran fundido con el suelo Black Order.El nombre retumba en su mente,provocando que el gimnasio entero parezca encogerse a su alrededor.Sus ojos,afilados por el instinto pero nublados por el asombro,buscan con urgencia la figura que finalmente emerge de la sombra de la Maestra Klaud para quedar,frente a frente,ante él Ella emerge hacia la luz,fracturando la penumbra que envuelve los límites del tatami con una seguridad que resulta desarmante.Viste un dobok de una blancura inmaculada,tan pura y pulcra como la del propio Kanda,resaltando con fuerza sobre el azul intenso de la lona.Su cabello oscuro,aquel que él ha memorizado a través del reflejo en el cristal,se encuentra ahora despejado y sujeto por una cinta roja que le rodea la frente,impidiendo que cualquier mechón rebelde entorpezca su visión Al quedar bajo los focos,su rostro queda expuesto por completo:no hay rastro de la joven etérea del transporte público.Lo que Kanda tiene frente a sí es una expresión de concentración absoluta;una mirada violeta afilada que mide el espacio y al oponente con una frialdad profesional.Ella se encuentra lista para el combate,con la musculatura en tensión y la respiración acompasada,totalmente ajena al caos interno que acaba de desatar en el pecho del capitán de la D.Gray Kanda Yu permanece petrificado en el centro del gimnasio.Su mente,esa maquinaria forjada a fuego para la reacción instantánea y el contraataque brutal,sufre un cortocircuito total.El oxígeno comienza a escasear en sus pulmones Es ella La chica de los doce minutos.La razón de su rutina.La desconocida del autobús que hoy no apareció porque,irónicamente,su destino final era exactamente el mismo que el de él Ella se mantiene allí,plantada con una firmeza que Kanda desconocía,enfundada en su uniforme de combate como si este fuera su verdadera piel.Sus ojos violetas,los mismos que él buscaba cada mañana a través de un cristal empañado,se clavan ahora en los suyos con una amalgama compleja de reconocimiento, asombro y una determinación gélida que jamás había vislumbrado en los trayectos del autobús En ese instante,la angustia sorda que arrastró durante toda la mañana se evapora.Se incinera bajo el calor de la concentración que emana de la joven frente a él.Ya no es una pasajera etérea ni un ideal de pureza inalcanzable;es una luchadora. Kanda ignora que ella también lo reconoce.Para ella,él es "el chico silencioso del fondo*,una constante muda en su propia rutina.Para él,ella es el eje de una obsesión de cuatro años.Sin embargo,todo aquello (el pasado,los nombres nunca pronunciados,el misterio acumulado) se reduce a cenizas en este metro cuadrado de tapiz.El abismo de seguridad que otorgaban las diez filas de asientos ha sido aniquilado por completo.En su lugar,solo queda el espacio vacío y vibrante de la lona:el único terreno donde el único lenguaje posible es la violencia Sokaro deja caer una mano pesada y rugosa sobre el hombro de Kanda,completamente ajeno al cataclismo interno que sacude los cimientos de su capitán.Para el maestro,esto es solo un trámite antes de la acción;para Kanda,es el fin del mundo tal como lo conocía -Kanda.Permíteme presentarte a tu oponente-gruñe Sokaro,y su voz retumba en el tórax del joven -Ella es Lenalee Lee,capitana del club de Taekwondo de la Black Order El nombre,finalmente pronunciado,lo golpea con más fuerza que cualquier impacto giratorio Ella ejecuta una reverencia de cortesía,un movimiento técnico y depurado que denota años de una instrucción de élite.Sin embargo,lo que descoloca a Kanda no es la maestría del gesto,sino sus ojos:esas esferas violetas no se apartan de las suyas ni por un segundo,sosteniendo una chispa de reconocimiento que él no esperaba encontrar -Un placer,Capitán Kanda-dice ella Su voz,que él había pasado años imaginando como una melodía suave y distante,hiende el aire con la autoridad y la firmeza de una atleta de alto rendimiento.No hay rastro de fragilidad;hay mando Kanda es incapaz de articular una sola sílaba.La garganta se le contrae,árida como un desierto,mientras su mente intenta procesar que la "luz" de sus mañanas se encuentra ahora a menos de dos metros,dispuesta a golpearlo.Su universo acaba de colisionar en un solo giro del destino y él ha quedado mudo,atrapado en el eco persistente de ese nombre:Lenalee Sin embargo,ella,ajena a la devoción silenciosa que Kanda le profesa,interpreta ese mutismo absoluto como una ofensa.Los ojos violetas de Lenalee se estrechan,brillando con una chispa peligrosa de indignación.Abandona la postura de descanso con un movimiento brusco y se cruza de brazos,alzando el mentón en un gesto de desafío puro -¿Qué sucede,Capitán Kanda?-Interroga ella,y su voz emerge ahora más incisiva,clara y afilada como una hoja de combate -¿Es que no me saludas por ser mujer? Kanda percibe el filo en sus palabras y comprende,con la contundencia de un golpe seco,la magnitud de su error.Su hermetismo,ese silencio que para él resulta tan natural como el oxígeno,acaba de ser decodificado como desprecio o,lo que es peor,como un prejuicio superficial que no le pertenece -No-responde Kanda.Su voz, grave y profunda, fractura el aire denso del gimnasio.Es la primera vez que se dirige a ella de forma directa,y el timbre de sus propias palabras le resulta ajeno,casi extraño -Lo lamento,Capitana Lee La revelación termina de asentarse en su conciencia mientras pronuncia ese nombre.Ya no es una entidad anónima,la "chica del autobús" o un ideal inalcanzable.Es Lenalee Lee.El nombre posee peso,tiene forma y una fuerza gravitatoria que lo obliga,finalmente,a reaccionar La indignación en las facciones de Lenalee se desvanece gradualmente,absorbida por el rigor del protocolo,y es sustituida por una concentración absoluta.Avanza un paso sobre el tatami,reduciendo de forma drástica la brecha física y emocional que los mantenía distantes en el transporte público -Espero que no te contengas-advierte con severidad,sosteniéndole la mirada con una intensidad violeta que parece escrutarle el alma -Porque yo no pienso hacerlo.Yo voy a dar lo mejor de mi Kanda asiente de forma mínima,un movimiento casi imperceptible.Su estoicismo regresa para cubrir su rostro como una máscara protectora,una armadura indispensable para ocultar el caos que ruge bajo su piel -De acuerdo En pocos minutos,el gimnasio se colma de espectadores.La atmósfera se satura de un estrépito ensordecedor y una expectativa que se vuelve casi tangible sobre la piel.Los alumnos de la D.Gray braman el nombre de Kanda con voces graves,rudas y rítmicas;un rugido colectivo que hace vibrar los cimientos del edificio.Por otro lado,el contingente visitante de la Black Order alienta a su capitana con vítores agudos,coordinados y perfectamente disciplinados Sokaro se aproxima a él,con el ceño hundido en una mueca de advertencia y la mirada clavada en la rival -Kanda,concéntrate-le sisea el maestro al oído -Esa joven no es solo discípula de Klaud,también es campeona de diversos torneos.He seguido sus movimientos;posee una técnica depurada.Es extremadamente veloz y ágil.No te confíes o te dejará contra la lona antes de que logres reaccionar Escucha las advertencias,pero su mente transita por un carril ajeno al informe táctico de Sokaro.Él ya lo sabe.No requiere que nadie le diseccione la fuerza de su oponente;ha estudiado la potencia latente en esas piernas durante años,cronometrando en silencio la fluidez casi coreográfica con la que ella se desplaza por el pasillo del autobús En lo más profundo de su conciencia,una certeza incómoda y viscosa se aloja en su estómago:esto es un error El es un guerrero,una herramienta forjada para la agresión pura y la victoria sin matices,pero en este instante,cada fibra de su ser se amotina.El instinto que lo empuja a destruir se estrella contra el muro infranqueable de su propia obsesión.No desea golpearla,y mucho menos verla caer sobre la lona.Ella representa la única fuente de luz capaz de perforar la monotonía de su existencia gris,y la idea de ser él quien intente extinguir esa chispa le resulta sencillamente insoportable Sin embargo,se halla cautivo de su propia circunstancia.El rigor del protocolo,el peso de su institución y su indomable orgullo lo mantienen encadenado al tatami.Solo le resta una alternativa que su mente califica como piadosa:será veloz.Pondrá fin al combate antes de que el dolor o la duda tengan oportunidad de florecer en el rostro de ella Sokaro emite la señal para que se acerquen Ambos combatientes,ya con sus respectivos protectores puestos,avanzan con una cadencia rítmica hacia el epicentro del tapiz.A medida que la distancia se reduce,el rugido ensordecedor del público comienza a desvanecerse en la periferia de su consciencia,perdiendo nitidez hasta degradarse en un eco distante y carente de significado.En su lugar,se instala un silencio cargado de una electricidad estática que le eriza el vello de los brazos y acelera el pulso de sus sienes En ese instante,el mundo exterior deja de existir.Ya no hay espectadores,ni mentores,ni instituciones enfrentadas.Solo prevalece el espacio mínimo que los separa y la inminencia absoluta del primer impacto En cuanto el árbitro emite la orden de inicio,el combate estalla con una vorágine que Kanda no logra prever.Comete el error más rudimentario y estupido de un guerrero:subestimar a su oponente Antes de que sus fibras musculares consigan ajustar la guardia,una patada lateral se estrella contra su pecho con la precisión de un latigazo.El impacto es seco,sólido y devastador;le vacía los pulmones de un solo golpe,arrebatándole el aliento y la compostura.Kanda se ve obligado a retroceder,arrastrando los pies sobre la lona en un esfuerzo desesperado por no perder el eje,mientras el eco del golpe todavía reverbera contra sus costillas Es formidable.No se trata simplemente de una cuestión estética o de desplazamientos fluidos;hay una potencia real,cruda y adiestrada fluyendo a través de esas piernas.La admiración silenciosa que cultivó durante años se transforma,en un parpadeo,en un respeto marcial teñido de asombro -Si te quedas quieto,te voy a ganar-lanza ella,rompiendo el silencio con una seguridad que lo desafía Su voz salva la brecha mínima que los separa,impregnada de un desafío juguetón que atraviesa la protección del casco y trasciende el mero respeto marcial.Existe una chispa de picardía en sus ojos violetas,una faceta vibrante y audaz que Kanda jamás pudo vislumbrar desde su refugio silencioso en el autobús. En ese instante,las comisuras de los labios de Kanda se curvan levemente.Es una sonrisa inusual,casi imperceptible;una de esas que solo emergen cuando se topa con algo (o alguien) que lo fuerza a entregar hasta el último aliento.A Kanda le fascinan los retos,y Lenalee acaba de encender una hoguera que su rutina monótona y gris desconocía por completo.El dolor en su estómago se transforma en adrenalina pura,un combustible que reconoce mucho mejor que la incertidumbre -Ya veremos...-replica él,con un hilo de voz que recupera su firmeza A partir de ese instante,se enzarzan en un intercambio furioso de técnica y poder.Combaten a la par,desplazándose sobre el tapiz como si fueran las dos caras de una misma moneda en conflicto perpetuo.Lenalee se manifiesta como un relámpago:es pura velocidad,ángulos imposibles y ráfagas de ataques que parecen emerger de todas partes en una danza de vértigo.Kanda,por su parte,se erige como una fortaleza de carne y hueso:una defensa que roza lo impenetrable y contragolpes cargados de una potencia pesada que busca fracturar la agilidad de la capitana Él logra conectar algunos impactos sólidos que ella absorbe con una resistencia inesperada;ella responde con una agilidad venenosa,esquivando y contraatacando en fracciones de segundo.Esta joven es una caja de sorpresas inagotable,un enigma viviente que Kanda,para su propio asombro,comienza a disfrutar descifrar sobre el tatami Súbitamente,el sonido agudo de la campana hiende el aire.El primer asalto expira en ese mismo punto,sin que ninguno de los dos haya conseguido doblegar la voluntad del otro.El silencio reclama el gimnasio por un breve segundo,fracturado únicamente por la respiración agitada y rítmica de ambos combatientes -¡Empate!-sentencia el juez,señalando el marcador con autoridad El segundo asalto,no obstante,se encarga de demoler el guion que Kanda ha trazado en su mente.En una grieta milimétrica,apenas una fracción de segundo en la que su guardia cede ante la curiosidad,un giro preciso y letal de Lenalee lo despoja de su equilibrio y lo desconecta de la gravedad Kanda cae Su espalda impacta contra el tatami con un estruendo sordo que reverbera hasta las vigas del techo.El gimnasio entero se sumerge,de súbito,en un silencio sepulcral,denso y saturado de incredulidad.A Kanda Yu nadie lo derriba;es una ley no escrita en la D.Gray,una constante universal que acaba de ser pulverizada ante cientos de testigos Lenalee,sin perder el ritmo ni la elegancia,se mantiene firme sobre sus pies y le extiende la mano para ayudarlo a incorporarse.Es un gesto deportivo,lógico y cargado de una nobleza que a Kanda le produce un ardor interno.Pero su orgullo es un animal salvaje que no acepta la piedad,ni siquiera de ella.Ignora la mano ofrecida con una frialdad cortante y se impulsa por su cuenta,poniéndose de pie con un salto explosivo.Se sacude una humillación invisible que le escuece mucho más que el impacto en la espalda -Debo admitir que eres buena-gruñe él,con la respiración agitada y los ojos fijos en la cinta roja de su rival -Qué halago,Capitán-responde ella,y una ironía fina,brilla en sus pupilas violetas La caída se convierte en el factor decisivo.Con Lenalee sosteniendo una clara ventaja técnica y el control absoluto del espacio,el segundo asalto llega a su fin El juez eleva la mano de la joven,declarándola ganadora indiscutible del periodo Kanda regresa a la esquina de la D.Gray con el ego magullado y la mente hecha un nudo de frustración y admiración.Se prepara para el tercer y último asalto,el definitivo,donde se juega mucho más que una simple medalla de exhibición.Sin embargo,antes de que pueda recuperar el aliento,la sombra del Maestro Sokaro lo intercepta.Su rostro es una tormenta de facciones endurecidas y mandíbula tensa que presagia un juicio mucho más severo que cualquier derrota física -¿Kanda,qué demonios estás haciendo?-Las palabras del Maestro Sokaro son un siseo venenoso,una vibración cargada de una frustración que le golpea el tímpano -Ella te derribó.Te estás conteniendo,lo huelo a kilómetros.¡Deja de lado esa cortesía inútil!Lucha como sabes hacerlo,a menos que desees que la Black Order te humille en tu propia casa Kanda apenas registra el regaño;él sabe que no se está conteniendo.El sonido de la voz de su maestro le llega como un eco distante y distorsionado.Sus ojos,desobedeciendo cualquier lógica táctica o advertencia,viajan hacia la esquina contraria Allí está ella.Lenalee bebe agua con movimientos pausados,completamente absorta en las indicaciones que la Maestra Klaud le susurra al oído.No existe el menor rastro de arrogancia en su postura;no hay sonrisas de triunfo superficial ni gestos de suficiencia por haberlo derribado frente a todo el instituto.Esa integridad profesional de Lenalee es,precisamente,lo que más lo descoloca Contrae la mandíbula hasta que los tendones de su cuello se tensan como las cuerdas de un piano.La imagen de la mano que ella le ofreció para incorporarse lo irrita y,de un modo que se niega a reconocer,lo perturba de forma profunda Representa una fisura en su coraza que no encuentra manera de sellar «¿Por qué no puedo concentrarme?»,se recrimina,mientras el sabor acre de la incertidumbre le recorre la lengua Con la mirada fija en su oponente,retorna al epicentro del tapiz.La atmósfera en el gimnasio se densifica,tornándose casi sólida en una anticipación palpable del desenlace.Aquel abismo de diez asientos del autobús,la frontera invisible que lo mantuvo a resguardo durante cuatro años,se ha desvanecido por completo.Ya no existen barreras,ni cristales empañados,ni rutinas de seguridad que le sirvan de refugio Ahora se encuentran a distancia cero El juez emite la señal y el tercer asalto estalla con la violencia de una tormenta Ambos se transforman en un vórtice de técnica sobre el tapiz.Los movimientos de Lenalee son ráfagas de aire que hienden el espacio con una agilidad vertiginosa;sus ofensivas parecen nacer de todos los ángulos de forma simultánea,desafiando la percepción.Kanda,en contraposición,se planta como un bastión de Taekwondo indomable:un guerrero tectónico que emplea su base inquebrantable y una fuerza bruta controlada con precisión para no permitir ni un solo resquicio en su defensa Los espectadores observan subyugados,atrapados en un hechizo donde la violencia se funde con la estética.Pese a la ferocidad de los impactos,una corriente de respeto implícito fluye entre ambos combatientes.Los vítores se apagan gradualmente;el único sonido que prevalece es el de la respiración compartida y el chasquido seco de los doboks al azotar el aire Cada bloqueo y cada desvío se percibe como una sentencia en una conversación brutal y muda.En este intercambio de golpes,están logrando decirse todo aquello que el abismo del autobús les prohibió durante años;es el único diálogo que sus naturalezas indómitas les permiten sostener De súbito,Kanda esquiva una patada alta;un arco mortal que pasa zumbando peligrosamente cerca de su oído.Representa un giro ambicioso,un movimiento de una belleza técnica impecable,pero Lenalee no consigue aterrizar con firmeza.Por una fracción de segundo,la gravedad le juega en contra y ella pierde el equilibrio Ahí está.El resquicio.El error fatal que define el destino de un combate Su instinto de capitán,forjado en el fragor de cientos de batallas en la D.Gray,asume el mando sin solicitar permiso.Kanda se proyecta hacia la victoria con la frialdad de una máquina de guerra.Ejecuta una patada rápida y potente,un proyectil de carne y hueso dirigido directamente hacia el abdomen expuesto de su rival.Es el golpe de gracia definitivo Sin embargo,en el último suspiro,una milésima de segundo antes del impacto,su mente traiciona a sus músculos.No.No puede No desea dañarla.Se niega a permitir que esa luz que lo guía cada mañana en el autobús se extinga bajo el peso de su propia fuerza.Su cerebro despacha una contraorden de emergencia a sus extremidades y la trayectoria,diseñada originalmente para impactar de lleno en el torso,se desvía apenas un milímetro Busca únicamente un roce;una advertencia de victoria desprovista de dolor Sin embargo,el destino actúa como un juez implacable.En un esfuerzo desesperado por recobrar su centro y evitar la caída,Lenalee se inclina hacia adelante con una celeridad asombrosa.Su cabeza se desplaza justo hacia la trayectoria del impacto desviado,encontrándose frontalmente con el golpe que Kanda,irónicamente,intentó suavizar El empeine del pie de Kanda conecta con una precisión que él jamás deseó.El impacto no halla el estómago,sino el rostro de ella de forma directa y brutal El sonido es seco;un chasquido perturbador que desgarra la atmósfera y provoca que el gimnasio entero contenga el aliento al unísono,como si un millar de pechos se hubieran quedado sin oxígeno de manera simultánea.Kanda aterriza,pero permanece petrificado en su posición de guardia,con la extremidad todavía vibrando por el eco del golpe.Un horror gélido le recorre la médula:él no buscaba esto.Su intento de piedad ha desembocado en una crueldad involuntaria y devastadora El juez reacciona con inmediatez,interponiéndose entre ambos con un ademán tajante para evaluar la gravedad del daño.Lenalee retrocede dos pasos vacilantes,mientras la inercia del movimiento todavía forcejea por derribarla,y se cubre la nariz con ambas manos en un gesto instintivo de protección Es entonces cuando se manifiesta:un hilo de sangre carmesí,denso y brillante,brota con celeridad.El líquido se desliza por su barbilla y comienza a gotear sobre la blancura inmaculada de su dobok,profanando esa pureza que Kanda tanto admiraba desde su refugio silencioso en el autobús El árbitro la sujeta por el brazo,examinándola con profesionalidad mientras le formula la pregunta de rigor -¿Puedes continuar? El corazón de Kanda se contrae como un puño lacerante,golpeando contra sus costillas con una frecuencia que le provoca mareo.Aguarda lo inevitable:el brillo de una lágrima,una mueca de agonía o cualquier señal de fragilidad humana que le brinde la excusa perfecta para deponer las armas,solicitar perdón y detener esta tortura de una vez por todas Sin embargo,Lenalee pulveriza sus expectativas con una ferocidad que lo deja mudo.Se limpia el rastro carmesí con el dorso de la mano en un gesto brusco,y alza la cabeza con una dignidad que parece incendiar el tapiz bajo sus pies.Al colisionar sus pupilas violetas con las de él,Kanda no halla rastro de reproche,dolor o debilidad.Solo encuentra un glaciar de determinación una voluntad de acero que lo reconoce no como un protector,sino como un igual al que se propone derrotar -Sí-sentencia ella,y su voz emerge clara y firme,sin un solo vestigio de duda -Puedo continuar En ese preciso instante,Kanda percibe cómo el impacto emocional se le clava de nuevo,más profundo y letal que nunca.Ya no se trata de esa fascinación ingenua,de la curiosidad de un adolescente por una joven atractiva en un transporte público;ahora es una reverencia.Es el reconocimiento ante una fuerza que no solo rivaliza con la suya,sino que lo obliga a cuestionar sus propios límites Lenalee no es solamente hermosa.Es,por definición propia,imparable Después de que la maestra Klaud limpiara la nariz de Lenalee,el árbitro concede la señal para reanudar el enfrentamiento,pero el cronómetro se erige como un tirano implacable.Antes de que sus cuerpos puedan colisionar una vez más,el estrépito metálico de la campana desgarra el aire,dejando la violencia suspendida en un estado de latencia vibrante,sin un cierre físico que libere la tensión acumulada El juez principal anuncia los resultados con una precisión matemática que contrasta,de forma casi insultante,con el incendio que todavía consume el tatami:el tercer asalto es para Kanda.La contabilidad final no permite interpretaciones:un periodo para él,uno para ella y el empate inicial.La exhibición concluye,oficialmente,en un empate técnico Mientras ambos maestros se congregan con el árbitro en una deliberación burocrática sobre puntajes y penalizaciones,los luchadores quedan aislados,detenidos bajo el fulgor del foco principal.En ese círculo de luz,el mundo exterior (con sus reglas y sus jueces) parece desvanecerse,dejando solo la realidad cruda de dos guerreros que acaban de reconocerse Lenalee y Kanda concurren una vez más al centro del tapiz.Ella conserva algo de sangre seca en el borde de su nariz,un recordatorio carmesí del impacto,pero su postura es la de una soberana en su trono.El estrépito de las gradas,los bramidos de la D.Gray y los vítores de la Black Order se disuelven en un zumbido blanco y carente de significado.El mundo exterior simplemente deja de existir;el universo se contrae hasta quedar reducido a ellos dos,al aroma del caucho y a una verdad que ninguno puede seguir eludiendo -Es una lástima que termine en empate-susurra Lenalee mientras ejecuta la reverencia protocolaria.Su voz suena ligeramente ronca,con ese matiz nasal provocado por el golpe,pero su columna permanece tan recta y firme como una vara de acero templado.No queda rastro de la joven que se extraviaba en el paisaje a través del cristal del autobús;ahora es pura presencia,un fulgor que exige ser reconocido -Tu nariz...-suelta Kanda La frase escapa de sus labios impregnada de una preocupación que su estoicismo no logra contener.Representa una fisura en su armadura de hielo,un desliz de humanidad que lo deja vulnerable ante esos ojos violetas que parecen escrutar su alma Lenalee curva los labios en una sonrisa desafiante;un gesto mínimo.Ese simple movimiento a Kanda le resulta más letal que cualquier impacto lateral que haya recibido en toda su vida -No es nada-replica ella con una ligereza que lo desarma por completo -Deberías agradecer que no fuera mi giro lo que te alcanzó El juez reclama la atención de ambos,disolviendo esa burbuja de aislamiento que los mantenía al margen de la realidad.Un murmullo inquieto,impregnado de una adrenalina casi tangible,recorre las gradas;el público percibe la efervescencia de una rivalidad eléctrica e intuye que estos capitanes no están satisfechos con un veredicto a medias.Para guerreros de su estirpe,el "casi" no es un consuelo,sino un agravio a su naturaleza competitiva El árbitro se dirige a ellos -Capitanes,el marcador permanece igualado. ¿Desean proceder con un asalto de desempate o prefieren que el encuentro se registre como un empate técnico? La decisión recae exclusivamente en ustedes Kanda fija su vista en Lenalee.Lenalee sostiene la mirada de Kanda.En ese cruce de pupilas las palabras resultan superfluas;no hacen falta rituales ni cronómetros para traducir lo que ambos sienten.Los ojos violetas de ella arden con la misma sed de batalla que calcina el tórax de él.El abismo de los diez asientos del autobús ha sido sustituido por una conexión,una sincronía que trasciende el tatami -Quiero continuar-sentencian al unísono Sus voces se entrelazan en una armonía perfecta de desafío y respeto,proyectándose con autoridad por todo el gimnasio de la D.Gray.Este desempate ha dejado de ser una simple acumulación de puntos o una búsqueda de medallas;es la necesidad imperiosa de concluir,finalmente,lo que comenzó en silencio hace cuatro años frente al cristal empañado de un autobús Ambos se retiran a sus respectivas esquinas,como dos mareas que retroceden antes del impacto definitivo.Kanda inhala profundamente,obligando al oxígeno a inundar sus pulmones en un esfuerzo por estabilizar su ritmo;siente cómo cada fibra muscular en sus hombros y piernas protesta bajo la tensión acumulada,y se obliga a estirarse con movimientos breves.Bebe agua con avidez,pero el líquido apenas logra mitigar la sequedad rasposa que la adrenalina ha tatuado en su garganta A su lado,el Maestro Sokaro murmura directrices técnicas sobre la guardia y los ángulos de ataque,pero sus palabras no son más que ruido blanco;un zumbido remoto incapaz de fracturar su visión de túnel.Kanda ya no escucha a nadie más Su mente se ha sintonizado en una única frecuencia absoluta,repitiendo en un bucle obsesivo la promesa que ella le lanzó: "Yo daré lo mejor de mí" Desde su rincón,la observa de reojo.Lenalee también se hidrata,pero la elegancia etérea del autobús se ha desvanecido por completo.Su cabello corto está revuelto,con mechones rebeldes adheridos a la cinta roja por el sudor,y la inflamación en su nariz es ahora una marca evidente que tiñe su piel de un rubí alarmante.Pese al rastro de sangre y el agotamiento,su postura mientras atiende a la Maestra Klaud permanece inquebrantable;emana una dignidad que el solo logra definir como la de una reina guerrera dispuesta al sacrificio El árbitro alza el brazo,fracturando la tregua efímera,y los convoca una vez más al epicentro del tapiz.La multitud brama con una ferocidad que hace estremecer los muros del recinto;un clamor ensordecedor que se amalgama con el latido frenético en las sienes de Kanda Ya no existen los doce minutos de trayecto,ni el refugio del autobús,ni la distancia de seguridad que lo mantuvo a salvo de sí mismo.Todo se reduce a este metro cuadrado.El combate definitivo estalla Ambos agotan sus reservas por completo,liberando hasta el último vestigio de energía en un despliegue de voluntad indómita que ioniza el aire.Lenalee se transmuta en una tormenta ofensiva absoluta;sus giros se tornan ilegibles para la percepción humana y sus impactos son apenas borrones cinéticos,ráfagas de velocidad pura que pulverizan cualquier intento de predicción Kanda,en una réplica desesperada y sublime,se erige como un bastión de carne y hueso.Se manifiesta como un muro de poder y determinación granítica que contesta cada acometida con ataques altos de precisión,mientras sus bloqueos reverberan en el recinto con la contundencia de detonaciones secas.En este punto,ya no pelean por una escuela o una medalla;pelean para descubrir quién es el otro cuando las máscaras caen y solo queda la verdad del cuerpo en movimiento Son dos minutos de puro vértigo.El nivel técnico que despliegan es algo que pocas veces se ve en una competencia de secundaria;se trata de una danza de guerra donde el tapiz vibra bajo sus pies descalzos con cada desplazamiento explosivo.El choque rítmico de las protecciones y el eco de los impactos resonando en el recinto se transforman en la única melodía relevante:una sinfonía brutal donde convergen la violencia,el respeto y una destreza técnica impecable Cuando el combate finalmente agoniza y el cronómetro alcanza el cero,el juez no eleva la mano de ninguno de los contendientes.En su lugar,extiende los brazos hacia las gradas en un ademán de reconocimiento,exigiendo un aplauso unánime por la exhibición de espíritu y maestría que todos acaban de presenciar El veredicto no toma a nadie por sorpresa,pero satisface incluso al espectador más exigente:una vez más,el resultado es un empate La ovación del público es un estrépito ensordecedor,un rugido que sacude los cimientos mismos de la D.Gray.Sin embargo,en el centro exacto del tapiz,el estruendo no logra penetrar.Lenalee y Kanda habitan una frecuencia aislada,envueltos en su propio silencio jadeante y completamente ajenos al caos exterior.Sus miradas permanecen entrelazadas,reconociéndose finalmente más allá de los cristales empañados de un autobús El árbitro se aproxima una última vez para consultarles si desean proceder a la muerte súbita.Ante el mutismo de ambos,retrocede unos pasos,otorgándoles un espacio privado para que sean ellos quienes decidan el desenlace -Mira-comienza Lenalee Se esfuerza por mantener la voz bajo control,aunque su tórax se agita con una violencia rítmica en una búsqueda desesperada por el oxígeno que sus pulmones le reclaman -Reconozco que eres fuerte,Capitán Kanda.Pero no puedo seguir Ella realiza un microajuste casi imperceptible en su postura; una corrección de apenas milímetros que solo un ojo experto como el de Kanda es capaz de detectar.Intenta disimular el peso muerto que carga sobre su pierna izquierda,pero la verdad se filtra irremediablemente por las grietas de su armadura de capitana -Me he torcido el tobillo-confiesa ella,permitiendo que su guardia se desmorone por primera vez en todo el encuentro.La vulnerabilidad asoma en su voz, tiñendo sus palabras de una honestidad amarga -Sucedió en el tercer asalto,cuando me descuidé...Me esforcé al máximo hasta aquí,pero ya no puedo continuar.Que te otorguen la victoria a ti Kanda no responde de inmediato.En su lugar,escudriña a Lenalee con precisión.Sus ojos,adiestrados en la lectura del cuerpo y gélidos como el acero,ignoran la oferta de triunfo.No busca la gloria,sino la verdad física que ella intenta ocultar tras los restos de su orgullo.Su mirada desciende,anclándose en el nacimiento del pie izquierdo.Allí, la evidencia es irrefutable:el tobillo comienza a deformarse,inflamándose con una celeridad alarmante bajo la tela blanca y tensa del dobok.Nota,además,el relieve de un vendaje previo que ella ha intentado disimular «¿Por qué no lo vi antes?»,se recrimina él internamente -No parece que fuera en el tercer asalto.Ya estabas lesionada-dictamina,más como una acusación que como una observación. -Tuve un pequeño esguince en un torneo anterior-admite ella,sosteniéndole la mirada a duras penas -Además ya tenía el alta.En el tercer asalto me resentí,pero pude luchar bien hasta ahora... La voz de Lenalee se apaga,pero la determinación en sus ojos permanece intacta Kanda la observa en silencio,y un rechazo visceral crece en su pecho.Triunfar de ese modo le sabría a ceniza amarga,a un resto insípido de lo que debería ser un combate auténtico.Para el capitán de la D.Gray,una victoria cimentada en la lesión del oponente no representa un éxito;es una deshonra que su orgullo no está dispuesto a cargar.Él no desea su rendición a través del dolor o el infortunio;exige su paridad absoluta en el centro de la lona.Si ella no está al cien por ciento,el resultado carece de valor -No-sentencia Kanda La palabra cae entre ambos con la contundencia de un bloque de plomo,firme y sin un ápice de vacilación -Dejémoslo en empate Sin esperar una réplica,se aproxima un paso,fracturando la distancia de combate.La sostiene con una mirada fija y penetrante,ignorando por completo el murmullo creciente de los jueces y el público que,desde la periferia,aguardan impacientes una resolución oficial que él ya ha decidido dar por terminada bajo sus propios términos -Cuando te hayas recuperado,lo terminaremos. ¿Qué te parece? Lenalee lo observa,sorprendida por la propuesta y,sobre todo,por la preocupación que se filtra sin permiso en la voz grave de él.Entonces,una sonrisa radiante quiebra la severidad de su rostro;es un gesto luminoso,la misma expresión exacta que Kanda ha atesorado en secreto desde la distancia durante años,y que ahora,por primera vez,brilla con exclusividad para él -¿Buscas una revancha?-pregunta ella,arqueando una ceja con picardía.El dolor punzante del tobillo queda relegado a un segundo plano,eclipsado por el desafío que vuelve a encenderse en sus ojos violetas -Claro-afirma Kanda con honestidad -Me has ganado un round.Eso no me había sucedido jamás...y pretendo ganarte todos los rounds la próxima vez Lenalee suelta una risa,un sonido limpio y cristalino que Kanda percibe por primera vez de cerca.Es una melodía que se graba instantáneamente en su memoria,desplazando el estruendo del gimnasio y las voces distantes de los maestros -Entonces entrena más,Capitán-lanza ella con un tono juguetón Ella extiende la mano.Ya no es el gesto de piedad de hace unos minutos para ayudarlo a incorporarse;es un apretón de manos entre iguales,un pacto de respeto entre dos atletas de élite que se han reconocido en el fragor de la batalla.Esta vez,Kanda no vacila ni un segundo.Acepta el gesto y experimenta el contacto real:su mano grande y callosa envuelve la de ella,más pequeña pero firme,cálida y llena de vida -Eso haré-responde él,sosteniéndole la mirada -Y tú también El contacto es efímero,apenas un roce de palmas y voluntades,pero la promesa posee el peso de una sentencia inamovible.Aquel encuentro fortuito y mudo en el autobús,limitado por cristales empañados y una distancia de seguridad de diez asientos,se ha transformado finalmente en un desafío frontal Kanda Yu comprende que su conexión con Lenalee ya no depende de esa frágil ventana de doce minutos.El destino ha dejado de ser una coincidencia matutina para convertirse en una deuda de honor;una cita pendiente que ahora late con fuerza propia.Esta nueva certeza se instala en su pecho como un ancla,una motivación mucho más poderosa y real que cualquier código de conducta o disciplina marcial que haya seguido hasta ahora Con el empate anunciado oficialmente y el pacto de la revancha sellado en el aire todavía ionizado,ambos se retiran de la lona.Los estudiantes comienzan a desalojar las gradas y el gimnasio empieza a vaciarse con lentitud.La adrenalina,antes abrasadora,se disipa para dar paso a un cansancio sordo que gravita sobre los hombros.El eco de los aplausos se desvanece entre las vigas del techo,permitiendo que el silencio del atardecer se filtre por los ventanales altos,tiñendo el recinto de sombras alargadas y una calma crepuscular Kanda camina hacia el vestuario,pero se detiene un instante antes de trasponer el umbral.Mira hacia atrás,buscando la silueta de la capitana de la Black Order entre la penumbra.Sabe que,a partir de mañana,el autobús ya no será el mismo El cristal ya no será una barrera,sino un recordatorio de que la "luz" que observaba desde el fondo es,en realidad,un incendio que está deseando volver a enfrentar Retoma el camino hacia el vestuario con pasos que aún conservan la cadencia rítmica del combate.El aire denso del recinto ha mutado;ya no exhala simplemente ese aroma a sudor rancio de los entrenamientos mundanos.Ahora está impregnado de una vibración distinta,una amalgama eléctrica de adrenalina residual y una satisfacción que le ensancha el tórax de forma inusitada Se despoja del dobok blanco y se viste con su uniforme escolar.Cada movimiento es metódico (la camisa,el pantalón,los zapatos),pero la coreografía habitual de su rutina se siente sutilmente fracturada.La irrupción de Lenalee en su mundo blindado ha provocado una grieta que el tejido del uniforme no logra cubrir.Ella ya no es un concepto lejano;es una realidad que le duele en los músculos y le arde en la memoria Antes de que pueda cerrar su casillero,la figura imponente del Maestro Sokaro aparece en el umbral.El hombre lo observa con una mezcla inusual de severidad y aprobación -Buen combate,Kanda-gruñe el maestro,cruzándose de brazos -Debo admitirlo:esa mujer,Klaud,ha forjado a una discípula excepcional.Esa chica tiene un espíritu que no se ve todos los días Kanda asiente en silencio,procesando el inusual cumplido de su mentor hacia un rival.Sokaro,sin embargo,no permite que el momento de reflexión se extienda demasiado.Le da una palmada brusca en el hombro,empujándolo de vuelta a la realidad -¡Pero muévete,Kanda! No te quedes ahí pasmado-le ordena con su vozarrón -¡A seguir adelante,que esto no termina aquí! ¡Mañana entrenarás el doble! -Sí,maestro.Adiós... Traspasa el umbral de la Secundaria D.Gray en el instante preciso en que el ocaso incendia el firmamento.El cielo sangra en tonalidades anaranjadas y violetas profundas;una paleta cromática que,de manera inevitable,le evoca el destello de la mirada de ella.Se percibe extrañamente vital,como si el impacto recibido en el rostro y el rigor del empate hubieran reiniciado su engranaje interno.Ha combatido,ha sido desafiado y,lo primordial,ha hecho añicos su propia inercia de autómata Ahora el vacío tiene un nombre:Lenalee Lee.Tras haber colisionado físicamente con ella,tras haber sentido la vibración de sus impactos y contemplado esa sonrisa dirigida exclusivamente a su persona,la distancia física de la parada se transforma,de pronto,en una carga insoportable.Su lógica de guerrero le dicta que el combate ha derribado los muros de forma definitiva,ahora,bajo el cielo encendido por el ocaso,posee el permiso implícito para quebrar el silencio Pero...esperaba verla al día siguiente no en ese mismo instante... Mientras avanza,la localiza entre la pequeña multitud de la parada.Se encuentra a escasos metros,apoyada con una elegancia descuidada contra el poste de la señalización.Su cabello oscuro todavía permanece atrapado bajo la cinta roja que utilizó sobre la lona;un detalle que actúa como un puente entre la luchadora inclemente y la joven que ahora espera el transporte La garganta de Kanda se torna árida al instante.Traga saliva,un gesto de nerviosismo que detesta por considerarlo una debilidad indigna de su disciplina,pero que le resulta imposible de reprimir ante su cercanía.Se obliga a dar un paso al frente,fracturando finalmente la línea invisible que lo mantuvo como un espectador pasivo durante cuatro años Llama su atención con una voz que suena mucho más firme de lo que su interior,convulso por la adrenalina y la expectación,realmente se siente -Lee Ella gira de inmediato al percibir el sonido de su voz.La luz agonizante del sol la golpea de perfil,encendiendo sus iris violetas con destellos dorados y otorgándole una cualidad casi irreal,como una aparición surgida del propio ocaso -Kanda-responde ella sin vacilar Pronuncia su apellido con una naturalidad asombrosa,con una familiaridad repentina que le acelera el pulso de forma peligrosa.Para Lenalee,él ha dejado de ser el extraño del fondo del autobús;ahora es el oponente que la obligó a emplearse al límite,el capitán que le ofreció un empate por honor y el hombre que,finalmente,se ha atrevido a fracturar la distancia -¿Esperas el autobús?-pregunta él Tan pronto como las palabras abandonan sus labios,Kanda percibe el peso de una estupidez soberana.La interrogante se erige como un monumento a la redundancia;es una obviedad absoluta,pues ella permanece de pie exactamente bajo la señal de la parada.Kanda no es un hombre de palabras vacías;de hecho,no suele interactuar con nadie a menos que sea estrictamente necesario para la supervivencia o la disciplina del combate.El esfuerzo de entablar una charla trivial se le antoja una tarea alienígena,una acción tan forzada y antinatural como intentar doblegar una barra de acero con sus propios dedos Se tensa de inmediato,con las fibras musculares todavía encendidas por el rigor del combate,aguardando que ella le dedique una mirada de desdén o lo juzgue como a un estúpido por su torpeza social.Sin embargo,Lenalee no lo hace.En su lugar,permite que una risa aflore de sus labios.Es una carcajada ligera,fresca y cristalina que disipa la densidad del aire al instante,como si una brisa repentina barriera la pólvora de un campo de batalla recién abandonado -Claro que sí,Kanda.Tú también,supongo-contesta ella,con un matiz de diversión Posteriormente,añade una frase con una serenidad tan demoledora que lo desarma por completo, con una contundencia mucho mayor que cualquiera de sus impactos giratorios -Tomamos el mismo autobús desde hace tiempo El dato lo golpea en el pecho con la fuerza de un impacto certero.El mundo de Kanda se tambalea sobre su propio eje.Ella estaba al tanto de su existencia.Él no era simplemente un espectro invisible refugiado en las penumbras del asiento trasero;ella lo había registrado,lo había ubicado en su espacio y en su cronología cotidiana.Durante esos cuatro años de observación unilateral,Lenalee también había estado mirando hacia atrás -Ehm...sí-balbucea él El capitán de la D.Gray,el guerrero de voluntad inquebrantable que no retrocedió ante la furia del Maestro Sokaro,se encuentra ahora sin defensas,balbuceando palabras inconexas frente a una chica que acaba de demoler la barrera de su anonimato con una sola frase Kanda se siente torpe,profundamente incómodo bajo la luz violácea del ocaso,pero al mismo tiempo se descubre embriagado por la revelación.La barrera de cristal que los separaba no solo se ha fracturado;jamás fue tan sólida como él imaginaba Lenalee avanza un paso hacia él,con una cojera apenas perceptible para no castigar más su tobillo lesionado.Es un movimiento valiente,cargado de una determinación que Kanda comienza a comprender como su rasgo distintivo -Con el autobús tan saturado no podía acercarme-explica ella,sosteniendo su mirada violeta sobre la de él,sin rastro de vacilación -Te sientas muy al fondo.Quise saludarte en diversas ocasiones,pero siempre hay demasiada gente de por medio El muro defensivo que Kanda ha edificado minuciosamente alrededor de su obsesión silenciosa se desmorona,piedra a piedra,ante el peso de esas palabras Durante cuatro años,se ha refugiado en la idea de que habitaban mundos distintos,orbitando en galaxias remotas que solo se rozaban por azar geográfico.Resulta que el abismo de los diez asientos no era una fosa infranqueable dictada por su timidez,sino un espacio que ella también había anhelado cruzar La férrea disciplina de Kanda se cimbra ante el impacto de esta verdad.No se trata solo de que ella lo notara;se trata de que ella lo buscaba de forma activa Lenalee ha fracturado el hielo con la precisión de un golpe de gracia.Ahora,bajo el firmamento que se torna cada vez más sombrío,se encuentran inmersos en una conversación real,tangible y cargada de una electricidad que no guarda relación alguna con el combate.Es un escenario que Kanda Yu jamás consideró posible fuera de sus fantasías más privadas;el aire del crepúsculo le resulta insuficiente para mitigar el incendio que recorre sus pulmones -Me siento cómodo atrás-responde él Se esfuerza para que su voz suene casual,casi indiferente,aunque la realidad es que la última fila del autobús constituye su fortaleza personal,su torre de vigilancia privada.Representa el único punto estratégico desde el cual puede observar cada uno de los movimientos de ella sin el riesgo de ser detectado.Sin embargo,bajo la luz mortecina del atardecer,esa muralla defensiva parece estar fabricada de papel Lenalee inclina la cabeza ligeramente hacia un lado mientras lo estudia.Su mirada no es crítica ni burlona;posee una curiosidad desarmante que lo ancla al presente,impidiéndole refugiarse en su mutismo -¿Puedo preguntarte algo? ¿Por qué llevas el cabello tan largo?-suelta ella de improviso Kanda lleva una mano a su coleta oscura,cuyos mechones caen con peso más allá de sus hombros.Es una interrogante que casi nadie en la D.Gray se atreve a formularle directamente por temor a su temperamento volátil.Se mantiene en silencio un instante,buscando una razón lógica que,en realidad,no posee -No lo sé...Me gusta,supongo-responde con una brusquedad defensiva que intenta ocultar su desconcierto -Mi hermano también solía tenerlo largo-comenta Lenalee con una sonrisa cargada de nostalgia -Después decidió cortárselo -¿Hermano?-repite Kanda,completamente descolocado El término resuena en su mente con la contundencia de una campana. -Sí.Lo habrás visto conmigo en la parada en algunas ocasiones La revelación lo golpea con la fuerza de un impacto directo al mentón.La imagen del hombre de las gafas,aquel sujeto al que Kanda había catalogado en su fuero interno como un rival potencial,un obstáculo o algo mucho más íntimo,adquiere un significado completamente nuevo.No era una amenaza;era su hermano Aquellos celos silenciosos que lo habían carcomido durante meses en el fondo del autobús se evaporan,dejando en su lugar una mezcla de alivio y una vergüenza sorda Kanda percibe cómo un calor molesto e indiscreto le asciende por el cuello hasta las mejillas;es el rubor punzante de haber sido un idiota celoso en la más absoluta de las soledades.Cuatro años de sospechas infundadas se disuelven en un parpadeo,dejándolo vulnerable ante su propia torpeza emocional +Creo que sí-murmura apenas,tragándose su propio desatino mientras el transporte emerge finalmente al final de la avenida Un silencio se instala entre ambos,pero ha perdido sus aristas hirientes.Es una quietud liviana,compartida,que los envuelve como una tregua necesaria mientras aguardan.El rugido del motor anuncia su arribo al doblar la esquina con la puntualidad de una sentencia.El vehículo se detiene con un siseo neumático y ambos suben,dejando atrás el asfalto teñido por los últimos restos del violeta crepuscular Para sorpresa absoluta de Kanda,Lenalee no busca un espacio solitario ni permanece de pie en la sección central.Camina con paso decidido y algo cojo hacia el fondo,invade su santuario habitual y se acomoda a su lado,justo en el asiento junto a la ventana.El roce accidental de sus brazos al sentarse envía una descarga eléctrica directa a la columna vertebral de Kanda,quien permanece petrificado ante una proximidad que desafía toda su lógica previa.El abismo de diez asientos ha quedado reducido,finalmente,a la nada El silencio lo envuelve,denso y asfixiante,atrapándolo en una parálisis social que le resulta más difícil de gestionar que un combate a muerte súbita.Una parte de su ser ansía desesperadamente conocerla,formular las mil interrogantes que han orbitado en su mente durante años,pero el temor a articular una insensatez que fracture la magia del momento le ata la lengua con nudos marciales Finalmente, el recuerdo vívido de su error sobre el tapiz le ofrece un asidero,una justificación para quebrar el hielo antes de que la atmósfera se torne irrespirable -Lamento haberte lastimado la nariz-suelta,manteniendo la vista anclada en el respaldo del asiento delantero para evitar,por un segundo,la intensidad de su mirada Lenalee lo observa de reojo y se roza el puente nasal con suma delicadeza,evaluando la zona inflamada con las yemas de los dedos -¿Qué? Oh,carece de importancia-responde ella,restándole trascendencia con un ademán rápido y una sonrisa que,pese a los vestigios de agotamiento,ilumina el rincón del autobús -Son artes marciales.Cuando practicas,aceptas los riesgos de antemano,y más aún cuando ostentas el cargo de capitana.Sabía perfectamente a lo que venía -Sí,es verdad-asiente Kanda con una seriedad casi solemne Siente que el diálogo comienza a agonizar una vez más.Sus recursos sociales,crónicamente escasos,se agotan frente a la presencia vibrante de la joven que,hasta hace apenas unas horas,no era más que un reflejo distante en el cristal de este mismo vehículo Pero entonces,Lenalee sonríe.Es una expresión que parece iluminar el interior lúgubre del autobús con una intensidad mucho mayor que la de las luces amarillentas que desfilan de forma intermitente por la ventanilla -Lenalee Lee-dice ella de improviso -¿Qué?-Kanda parpadea,confundido por la interrupción de su propio torbellino interno -No nos hemos presentado de manera formal-aclara ella,girándose en el asiento para encararlo,reduciendo todavía más la distancia física entre sus hombros -Soy Lenalee Lee,y tengo quince años -Yu Kanda,dieciséis Ella ríe de nuevo,liberando ese sonido limpio que a Kanda,para su propia sorpresa,comienza a resultarle adictivo.Es una melodía que desearía proteger del estruendo del mundo exterior -Bueno,ahora ya conozco el nombre de mi compañero de autobús-comenta ella con una chispa de picardía en la mirada Le obsequia una última sonrisa y el corazón de Kanda,habitualmente un bloque de hielo forjado en la disciplina espartana de la D.Gray,amenaza con derretirse en ese mismo instante.Percibe una urgencia punzante en la garganta,una presión que le exige articular palabras más allá del protocolo.Es el momento Sabe que poseen una cita de combate pendiente,un pacto sellado con sangre y sudor sobre el tapiz,pero comprende que eso ya no es suficiente.No desea únicamente una rival;siente la necesidad imperiosa de conocerla,de conversar sobre cualquier asunto que no involucre patadas,bloqueos o estrategias de la Black Order -Lenalee…-comienza él,con la voz ronca,imbuida de una determinación que apenas está descubriendo Pero el tiempo,ese juez implacable que ha regido su rutina durante cuatro años,se agota de golpe.Los doce minutos mueren en un suspiro.La observa recoger sus pertenencias con la agilidad de una atleta;el autobús frena con un gruñido hidráulico familiar y las puertas se abren con un siseo metálico.Han llegado a su parada.El refugio efímero del asiento trasero llega a su fin y ella está a punto de descender Maldición Kanda se sumerge en un silencio de aceptación,resignado a que la oportunidad se haya filtrado entre sus dedos como arena fina.Lo intentará en otra ocasión,se dice a sí mismo,mientras recupera su máscara de estoicismo.Se prepara para volver a ser el observador solitario,el chico del fondo que ve cómo la luz se aleja por el pasillo Pero justo cuando ella se pone en pie,altera el guion de forma definitiva.Lenalee se detiene,gira sobre sus talones desafiando el dolor de su tobillo y le extiende la mano.En la palma abierta,pequeña y firme,descansa un trozo de papel cuidadosamente doblado -Toma,Kanda Él acepta el papel con una cautela reverente,como si sostuviera una cuchilla afilada capaz de herirlo o un tesoro demasiado frágil para el mundo exterior.Sus dedos rozan los de ella por última vez en este trayecto;es un contacto eléctrico que parece detener el cronómetro dentro de la cabina -Es mi número-dice Lenalee.Su sonrisa se transforma; ya no es la mueca desafiante de la capitana ni la cortesía del tapiz.Es una expresión suave,intima,despojada de cualquier rivalidad -Hablemos-añade con una sencillez que lo deja sin aliento Le dedica una última mirada,una amalgama de familiaridad y promesa silente,y se da la vuelta.Su figura se desliza por la puerta del vehículo y,en apenas unos segundos,desaparece por la acera... Las puertas se cierran con un siseo metálico que resuena como un veredicto definitivo.El autobús reanuda su marcha monótona,pero Kanda permanece inmóvil en el asiento trasero.El papel que sostiene pesa más que cualquier medalla obtenida en la D.Gray;marca el fin de cuatro años de silencio absoluto y el inicio de una historia que ya no transcurre a diez asientos de distancia El vacío que suele acompañarlo ya no se siente frio.El espacio que Lenalee ocupó hace apenas unos instantes todavía conserva un rastro de su energía,una estela de calidez que desdibuja la soledad habitual de su trayecto.Con lentitud extiende los dedos hacia el pequeño trozo de papel.Lo desdobla con un cuidado aplicando la misma precisión que emplea al vendarse las manos para un combate,como si temiera que el mensaje pudiera evaporarse al entrar en contacto con el aire.Siente que entre sus manos custodia mucho más que una simple nota;sostiene el secreto de un universo que se le ha negado durante cuatro años Bajo la luz parpadeante y amarillenta del interior del vehículo,emergen dos líneas trazadas con una caligrafía pulcra,firme y elegante: Lenalee,la chica del autobús [Número de teléfono] Al leerlo,sonríe.Es una expresión mínima,apenas una tensión sutil en la comisura de sus labios que nadie más advierte,pero es genuina y profunda.La firma que ella ha elegido representa el golpe de gracia definitivo a su anonimato;es el reconocimiento de que ambos compartieron el mismo código secreto durante todo este tiempo.Ella también lo sabía.Ella también era,para él,la chica del autobús El ritual sagrado de los diez asientos,la observación silente y la rutina imperturbable de los doce minutos han caducado para siempre.El muro de cristal,ese límite invisible que sostuvo su mundo,se desintegra finalmente bajo el peso de un nombre.Deposita el papel en el bolsillo de su uniforme,justo sobre el latido de su corazón,mientras contempla a través de la ventanilla cómo las luminarias de la ciudad se difuminan en la lejanía El trayecto físico prosigue su curso,pero el destino ha mutado de manera absoluta.El autobús sigue su ruta habitual,pero el camino de Kanda Yu ya no es el mismo.Ya no hay más esperas en la penumbra ni más secretos protegidos por la distancia Este no es el cierre de un trayecto.En realidad,ahora es el comienzo
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